Adecuación del Palacio de los Reyes de Navarra a Museo “Gustavo de Maeztu” (Estella)

Tras la realización en 1985 del Catálogo del Museo Gustavo de Maeztu, en Estella (Navarra, España), redacté a petición de María Ángeles Mezquíriz Irujo, a la sazón Jefa de la Sección de Museos, Bienes Muebles y Arqueología, del Gobierno de Navarra a quien se había dirigido el Ayuntamiento de Estella, titular de los fondos donados por el pintor, un titulado “Informe sobre adecuación del Palacio de los Reyes de Navarra a Museo “Gustavo de Maeztu”, redactado en 1989.

Transcurridos casi treinta años de su ejecución me ha parecido interesante darlo a conocer, dado que este museo ya goza de una trayectoria consolidada.

El “Informe” dice así:

El suscribiente, Doctor en Filosofía y Letras e historiador del arte contemporáneo, conocedor de la obra pictórica de Gustavo de Maeztu y Whitney, procede a emitir informe técnico sobre el modelo que a su juicio es considerado como ideal, de cara a facilitar una más amplia información del M.I. Ayuntamiento de Estella, en su interés por configurar definitivamente el Palacio de los Reyes de Navarra como sede final del Museo dedicado a este pintor estellés.

A tal efecto estructura el informe de acuerdo al siguiente guión:

  1. Tendencias museológicas actuales
  2. El caso particular del Museo especializado
  3. Objetivos ideales del Museo “Gustavo de Maeztu”
  4. Observaciones acerca de su propiedad y emplazamiento
  5. Organización interna del edificio museable
  6. Condiciones óptimas para una buena instalación museográfica
  7. El equipo humano del Museo
  8. Conclusión.

Tendencias museológicas actuales

La primera reflexión que debo hacer a los destinatarios de mi Informe, es que la renovación o re-constitución de un Museo en los tiempos actuales, debe, lógicamente, basarse en criterios considerados hoy como indispensables para satisfacer la creciente demanda cultural de la sociedad.

Ello obliga a plantear el tema de la llamada “democratización cultural”, potenciada desde el Consejo de Europa, cuyo sentir es generalizado en el mundo occidental. Se trata, en el caso concreto de los museos, de ir más allá del “centro conservador de obras de arte”, configurando un espacio organizado con dinamismo para llevar a cabo las funciones que ahora se consideran esenciales: educación y enseñanza.

Singleton, en la revista Museum de la Unesco, expone que el museo actual ha pasado de la “era de la adquisición” a la de la “utilización”, en la que lo primordial es la explotación máxima de los materiales artísticos, precisamente por ese empuje democratizador, al que nos referimos, que no considera a la obra de arte ya como el producto aislado del genio, sino como integrante-exponente de la actividad social de todos.

Así, se pretende ahora que la visita al Museo no suponga un frío monólogo de obras alejadas del público en el tiempo y en el espacio, sino una aproximación gradual a un diálogo abierto entre la obra y el espectador, mediatizados ambos por el papel intermediario del Museo y sus dirigentes.

La moderna museología ha recogido estos criterios y trata de ponerlos en práctica. Va sustituyéndose el Museo tradicional por otro “multimedia” (cuyo paradigma sería el Centro Pompidou de París), entendido como una especie de “ágora” o lugar de encuentro entre la cultura y el público, ideal no sólo para el aprendizaje sino para la expansión humana, tan necesaria en nuestros días.

Este concepto nuevo de Museo ha repercutido en la legislación. La vigente Ley española de Patrimonio Histórico Artístico, de 25 de junio de 1985, define a los museos como “instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben para fines de estudio, educación y contemplación conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural”.

Es decir, se consideran tan urgentes y prioritarias las tareas de conservar e investigar, como las de comunicar y exhibir, no sólo para fines de estudio, sino de educación y contemplación. En parecidos términos se expresan los estatutos del Consejo Internacional de Museos (I.C.O.M., 1974), de la U.N.E.S.C.O.

Y no parece que estas tareas vayan a decar en el futuro, sino al contrario, se estimulen aún más.

Gráficamente podemos plasmar lo dicho, así como las expectativas futuras, del siguiente modo:

Museo-hoy_web

El caso particular del Museo especializado

Por otra parte, hay una realidad que se impone como condicionante al Museo que se quiere reinstalar: el de su carácter monográfico o especializado.

Habrá que conocer entonces sus características y atribuciones, que es lo que pretendemos exponer ahora.

Según Benoist, se trata de un centro considerado como “irreemplazable” para un país, un hombre o un arte. El Museo “Gustavo de Maeztu” entra de lleno en esta categoría por corresponderse con la existencia de una colección homogénea de cuadros de un pintor individualizado.

Un Museo de esta naturaleza, antes de su instalación museográfica, requiere un plan orgánico, un esquema teórico previo y una línea coherente, que contemple básicamente:

  1. Una selección de las piezas a exponer o guardar en reserva: pues su misión es doble, educativa por un lado (a través de las salas abiertas al público) y científica por otro (por medio de la sala reservada para la investigación). Esta selección debe plantearse conforme a criterios artísticos y didácticos, buscando exponer al público las obras significativas en cuanto a relieve iconológico (temas) y trayectorias estilística-técnica del autor. Y no contemplando únicamente su maestría o su cantidad, que a menudo suponen al espectador dosis difíciles de digerir.
  2. Y el material auxiliar que acompaña a la obra expuesta: debe ser lo más exhaustivo posible (textos sobre arte, juicios de los contemporáneos del artista, cuadro sinópticos, influencias sobre pintores posteriores, etc.) Existe el peligro de “raquitizar” el Museo ciñéndolo exclusivamente a su contenido específico; por el contrario, se puede y se debe activar en él una política museológica de mayor amplitud de onda que acoja las expresiones culturales que rodean al tema monográfico. Así por ejemplo, el Museo Rodin, de París, es un centro artístico cultural de la información monográfica sobre el artista, su vida, su obra, su pensamiento y relación con su época, que lo convierte en un instrumento de estudio insustituible.

Museo Vostell. Malpartida (Cáceres)

La situación en España respecto a los museos especializados en pintores contemporáneos (siglos XIX y XX) es la siguiente: hay 23 centros museísticos, según la guía oficial del Ministerio de Cultura, redactada por Consuelo Sanz Pastor en 1986.

Las circunstancias de cada uno son diferentes, pero es posible sistematizar varios modelos de museo monográfico especializado, que sirvan de referencia:

  1. La simple colección en exposición permanente (que propiamente no es un museo). Modelo: la Colección “Benedito”, de Madrid.
  2. El museo constituido por decisión del pintor o de sus herederos, que principalmente conserva y exhibe los fondos (Modelos: “Krekovic” de Palma de Mallorca, “Romero de Torres” de Córdoba, “Zabaleta” de Quesada en Jaén, “Sorolla” de Madrid. Este modelo en ocasiones asocia sus fondos pictóricos a otros suntuarios procedentes de la colección del pintor (Modelo: “Cau Ferrat” de Rusiñol de Sitges en Barcelona), y excepcionalmente va unido a una biblioteca especializada sobre el autor y su época (Modelo: “Picasso” de Barcelona).
  3. El museo inicialmente monográfico de un artista unido a otros fondos contemporáneos (Modelo: “Evaristo Valle” de Gijón, en Asturias), que en algún caso termina por transformarse en museo de arte contemporáneo regional (Modelos: “Carlos Maside” de Sada en La Coruña y “Jaime Morera” de Lérida).
  4. Museos monográficos convertidos en centros culturales dotados de salas de exposición temporal, exposición ambientada en la época del artista y centro de documentación regional (Modelos: Fundación “Joan Miró” de Barcelona, “Vostell” de Malpartida en Cáceres).

A mi juicio este último modelo es el preferible como tal museo especializado, porque concentra toda la información sobre o referida al artista, porque responde a las exigencias museológicas actuales y beneficia culturalmente a la sociedad con mayor intensidad que el museo tradicional. Forman lo que se llama un “museo vivo”, que tiene un peso específico y una función bien justificada dentro de la colectividad humana.

Objetivos ideales del Museo “Gustavo de Maeztu”

Teniendo en cuenta lo dicho, considerando la alta sensibilidad por la cultura de la ciudad de Estella y la existencia de un amplio edificio como el Palacio de los Reyes de Navarra para su destino a nuevo Museo de Maeztu, nos inclinamos personalmente a concebirlo cono un centro cultural (no exclusivamente un museo “a la manera tradicional” y mucho menos una mera “colección en exposición permanente”).

Según esto, adjudicamos al nuevo Museo “Gustavo de Maeztu” dos finalidades:

Una preferente:

  • reunir, catalogar, conservar, investigar, comunicar, divulgar, enseñar e incrementar la obra pictórica y gráfica de este pintor estellés (valorando también sus objetos de uso personal y mobiliario);
  • recoger cuantos datos existan sobre su personalidad creadora y humana, estudiarlos y darlos a conocer (aquí entraría su faceta literaria);
  • ampliar este trabajo a su familia y época, con especial atención a la Pintura;
  • constituir para ello un centro de documentación que albergue los datos recogidos (biblioteca, hemeroteca, fototeca…).

Y otra complementaria:

  • servir a la par de centro de datos sobre artistas estelleses contemporáneos;
  • Colaborar a la promoción cultural de la ciudad y de Navarra mediante actividades surgidas de los servicios propios del Museo (exposiciones temporales, cursos, espectáculos, conferencias etc.), desarrolladas en sus instalaciones auxiliares (salón de actos multifuncional, biblioteca, dinamuseo…).

La ciudad de Estella hoy

Observaciones acerca de su propiedad y emplazamiento

Se cuestionará si este modelo de Museo es factible o no presupuestariamente. Consideramos más urgente y fundamental definir qué tipo de Museo queremos, en comparación a los existentes. Porque una vez que nos satisfaga el modelo, podrán buscarse los recursos conforme a objetivos claros.

Un repaso a los museos especializados españoles desvela que muchos de ellos son de propiedad municipal, habiendo sufrido sus fondos vicisitudes parecidas a las del Museo “Maeztu”, muy probablemente por problemas financieros. Esto explica que se hayan adaptado orgánicamente a esta situación buscando el amparo de patrones, constituyéndose como fundaciones, lo que ha permitido salvar museos a punto de extinguirse, garantizándose su futuro.

Aconsejamos al Ayuntamiento de Estella recurrir a procedimiento similares en el caso de que se produzca una carestía de recursos. De lo contrario, los recortes presupuestarios van a devaluar el papel del Museo o muy probablemente afectarán al personal a su servicio, lo que obviamente desaconsejo.

Dos soluciones a este hipotético problema son:

  • buscar el auxilio de subvenciones privadas, lo que no impediría la propiedad municipal de inmueble y fondos artísticos;
  • acordar algún tipo de colaboración con el Gobierno de Navarra, por ejemplo que dicho Museo entrara a formar parte de la red foral de museos, beneficiándose de subvenciones, coordinación museológica y atención técnica (restauración etc.).

Lo que decimos respecto a defender la viabilidad del Museo “Maeztu” como centro cultural, está en consonancia con su inmejorable emplazamiento.

Se trata de un museo urbano, que ofrece condiciones favorables para realizar sus funciones, al estar en contacto con entidades que ayudan a estos logros, prudentemente distanciadas y diseminadas por el casco urbano, mediante ejes de comunicación funcionales, zonas verdes y de expansión peatonal, el río Ega y el Parque de los Llanos.

De tal modo que hay una continuidad lógica entre espacios escolares-Conservatorio de Música “Julián Romano”-Biblioteca Municipal “José María Lacarra” y parte histórica donde se ubicará el Museo “Maeztu” y se encuentra la Casa de Cultura “Fray Diego”, en un entorno artístico monumental de interés turístico.

La futura sede del Museo -Palacio de los Reyes de Navarra, edificio románico de carácter civil, edificado en tiempos de Sancho VI el Sabio-, ofrece la ventaja de encontrarse en un lugar relativamente céntrico pero en la periferia urbana (con mayor tranquilidad, menos incidencia de la contaminación acústica y atmosférica, menor aglutinación demográfica, espacio suficiente etc., que favorecen actitudes de contemplación relajada). Es el sistema de emplazamiento preferido por los museos norteamericanos.

No obstante, deben preverse en sus proximidades un estacionamiento para vehículos, una parada de transporte público y señalizaciones.

El Museo de Maeztu. Fachada principal

Organización interna del edificio museable

Acceso

El acceso a la zona museal no debe ser inmediato, lo que en este caso se cumple perfectamente, a través de la Plaza de San Martín, predisponiendo al transeúnte a la contemplación relajada. Lo ideal sería convertir este entorno en zona peatonal, con acceso sólo a vehículos de carga-descarga.

Espacios internos

Estos deberían ser elásticos y extensibles para prever:

  • la ampliación de los fondos (futuras salas y sala de fondos en reserva que no se expongan al público, cuyas dimensiones teóricas deben ser del doble del espacio destinado a exposición pública);
  • el acrecentamiento del público;
  • nuevos planteamientos museológicos;
  • necesidad de futuros servicios.

Esto implica adaptar la estructura rígida de un edificio histórico no previsto para estos menesteres, con las nuevas funciones que se le imponen, evitando al propio tiempo la pérdida de “historicidad” del inmueble. A tal fin debe guardarse un equilibrio exquisito entre la instalación museográfica y el Palacio románico que hará de continente, y -por qué no- de auténtico “museo de arte arquitectónico”, como sucede en el caso del Museo “Picasso” y el Palacio gótico de Aguilar, en Barcelona. Esto quiere decir que el propio carácter monumental del edificio (declarado M.H.A. por D. de 3 de junio de 1931), obliga al Ayuntamiento estellés a encargar las adaptaciones necesarias a un arquitecto especialista en la materia.

Creemos que estas adaptaciones deben aprovechar la planta libre del edificio, para compartimentar el espacio mediante sencillas divisiones modulares (fácilmente transformables), apoyadas sobre otras instalaciones complementarias (rieles, focos desplazables, paneles plegables etc.), que permitan:

  • un montaje relativamente sencillo de la obra artística;
  • una óptima iluminación (de la que hablaremos más adelante);
  • una visión de conjunto sobre la exposición;
  • una libertad de movimientos de los visitantes;
  • en suma, una distribución funcional de los objetos y una integración humanizadora del espectador dentro del ámbito flexible del Museo.

Entrada

Hará de distribuidor hacia las diferentes estancias, salas de exposición y servicios del Museo, para lo que contará con un plano de fácil lectura que advierta con claridad de la ubicación de cada uno de los departamentos, el material que alojan y las diferentes soluciones de circuitos sugeridos al público visitante.

Utilización del espacio interior

Sector objetual o instalación museográfica propiamente dicha

Se propone una distribución de las obras por procedimientos técnicos (obra gráfica y pictórica) y ordenación temática o iconológica. No por cronologías, que de momento se desconocen, al menos en sus grandes rasgos. Aunque la exposición funcional de los cuadros permitiría, en el momento en que se conociese la evolución estilística del pintor mediante dataciones seguras, una nueva distribución de la obra.

El criterio no debe ser rígido: por ejemplo, puede ser oportuno, a nivel didáctico, mostrar las diferentes resoluciones técnicas de un mismo tema (visto en el óleo, el boceto preparatorio o el grabado). La exposición puede asociarse a vitrinas donde se muestren los escritos del pintor, dada la estrecha relación entre las varias manifestaciones creadoras del artista. Y, aleatoriamente, unirse a los objetos que fueran de su propiedad.

No debe exponerse al público la totalidad de los materiales, sino aquellos que sean más significativos, lo que puede favorecer:

  • primero, una visión selectiva y profunda de la obra (el abigarramiento lleva al desinterés, a la pérdida de concentración ante la obra expuesta);
  • una renovación periódica del Museo;
  • mayor y mejor utilización del espacio expositivo, dedicándolo en parte a otras actividades: exposiciones de la época del pintor, monografías de otros artistas etc.;
  • disponer de espacios cómodos para una instalación museográfica realmente pedagógica (con la información aneja suficiente para comprender la obra);
  • intercambio periódico de fondos en reserva con otros que interese exponer al Museo (procedentes de colecciones públicas o privadas).

El material artístico guardado en reserva debe estar bien acondicionado para poder ser estudiado por los especialistas, garantizándose además su conservación.

Sector social o de actividades humanas, que atañe al público y su esparcimiento

Si se concibe el Museo como un centro cultural -que sería lo deseable- deberá contar con dos tipos de ámbitos sociales:

De mero servicio social:

  • área de descanso: en el interior de las zonas muertas del edificio o en el exterior del inmueble, por ejemplo en la Plaza contigua de San Martín, que debería adaptarse a esta finalidad con algún restaurante-bar;
  • servicio telefónico, guardarropía, stand para la venta de libros y reproducciones, aseos, quizá guardería, etc.

Y también de infraestructura cultural de apoyo al Museo:

  • sala de exposiciones temporales;
  • biblioteca-archivo-centro documental;
  • sala multiusos dotada con material audiovisual para conferencias, proyecciones, etc.;
  • área de sensibilización para experiencias con los niños en torno al Museo (dinamuseo).

Básicamente se trata de elementos a los que se confía la comunicación-acción cultural del Museo.

Sectores especiales

Considerados como tales los administrativos (secretaría, despacho de dirección…), sala de recepción de las obras y de embalaje, sala para fondos en reserva, laboratorio-sala de consulta de materiales, almacén, quizá también vivienda del conserje etc. No sería necesario contar con laboratorio de restauración o de revelado fotográfico, pues estos servicios podrían encomendarse a especialistas, ocasionalmente.

Debe pensarse en la interconexión de estas áreas entre sí, si bien el sector burocrático debe ser independiente del resto. No debe olvidarse la instalación de un ascensor-montacargas, ni las rampas, para evitar barreras arquitectónicas a las personas o a los objetos en su desplazamiento.

Es importante que todas estas áreas formen un ambiente cálido, donde el visitante se halle cómodo y en disposición de aprender (será preciso acotar distancias, bajar techos, instalar hilo musical, distribuir racionalmente los servicios, “humanizar” discretamente el pétreo edificio con plantas etc.)

Aplicación de estos criterios al Palacio de los Reyes de Navarra

El Palacio de los Reyes de Navarra, con sus tres plantas y sótano, ofrece la posibilidad de llevar a término nuestra idea de museo-centro cultural, posibilitando, además, la reserva de espacios para futuras ampliaciones, que con el paso del tiempo habrán de ser necesarias.

Por lo tanto, nuestro proyecto contempla la previsión de todo el edificio al fin museístico que planteamos, aunque en principio solo se usase una parte del mismo. No estaría de más que los responsables del Municipio estuvieran atentos a la posibilidad de adquirir el inmueble adjunto a dicho Palacio, o en su defecto el solar resultante, porque este espacio favorecería la futura expansión del Museo por ese lado.

Si fuéramos a ubicar las áreas descritas en los apartados precedentes, dentro del Palacio de los Reyes de Navarra, lo haríamos de la siguiente manera:

Sótano:

  • salón de actos
  • servicios generales de mantenimiento
  • almacenes
  • dependerá de las condiciones ambientales el que se ubique aquí la sala para fondos en reserva (de no ser idóneos, será preferible instalarlas en la planta baja; la sala de exposiciones temporales podría situarse en el sótano de trasladarse a la planta baja la sala de reservas);

Planta baja:

  • entrada
  • servicios de atención al público (información, guardarropía, librerías, aseos etc.)
  • área de sensibilización o dinamuseo
  • biblioteca-centro de documentación
  • reservas y/o sala de exposiciones temporales y/o salón de actos.

Se pretende que la zona de mayor utilización pública forme un bloque separado -pero no independiente- de las salas de exposición permanente y dirección;

Planta primera:

  • salas de exposición estable (hasta cuatro)
  • despachos en uno de los extremos de la U del edificio
  • aseos (que ya hay)

Planta segunda:

  • salas de exposición estable (al menos tres)
  • quizás vivienda del conserje (lo que ofrece pros y contras)

Las salas peor iluminadas naturalmente, son preferibles para la exposición de la obra gráfica (que así padece menos el deterioro de la luz) y las más luminosas son más aptas para mostrar la obra pictórica de Maeztu y/o de sus contemporáneos.

Este esquema, con algunas alteraciones menores, es el que sigue en su distribución el Rijksmuseum “Vincent Van Gogh”, de Amsterdam.

Condiciones óptimas para una buena instalación museográfica

La iluminación

Debe ser resultado de combinar la luz natural con la artificial. Esta última tiene mucha importancia en un edificio antiguo, no previsto inicialmente como Museo y, por tanto, carente de los suficientes vanos para acceso de la luz exterior. La iluminación deberá ser dosificada y filtrada para favorecer al objeto sin deslumbramientos ni brillos, y será preferentemente de origen cenital. Intentará crear un ambiente relajado en las salas de exposición. Para ello nada mejor que imitar la luz natural.

La coloración de las paredes

Tendrá muy en cuenta el grado de iluminación de las salas. Dado que predominará en estas la iluminación artificial, habrán de ser pintadas con una entonación clara y alegre, de gama neutra. Caben combinaciones de tonos según las slas, para restar monotonía al conjunto; puede entelarse alguna sala o forrarse de corcho, etc. Se evitarán los fondos pétreos, demasiado fríos y secos, que contrastan excesivamente con los lienzos y no reflejan la luz.

Los suelos

En ellos caben mezclas de piedra, moqueta o madera, que psicológica y físicamente descansan al espectador.

La infraestructura eléctrica

Debe prever suficientes tomas de corriente por todas las salas, que permitan diferentes instalaciones y aprovechamiento de los medios audiovisuales. En un plano ideal no debe olvidarse la instalación de altavoces para ambientación musical. Las alarmas contra incendios y robos son muy aconsejables, si no obligatorias, en estos lugares.

La humedad y la temperatura

Deben ser idóneas, para evitar la destrucción de los bienes culturales por cualquiera de los agentes que los amenazan. Esto obliga a establecer un sistema de climatización garante del equilibrio ambiental (humedad, temperatura, polución, renovación del aire). Las salas deben disponer de un higrómetro y termostato para el control de la humedad y temperatura ambiente.

El montaje de las piezas

El montaje de las piezas en exposición cara al público se hará de la siguiente manera:

  • En cuanto a las pinturas: hay dos sistemas recomendables, los raíles y barras metálicas con pinzas, sobre el paramento; y los tabiques móviles, más caros pero transformables.
  • En lo concerniente a dibujos y grabados sobre soporte de papel, pueden exponerse enmarcados, pero también es recomendable hacerlo en el interior de vitrinas de luz graduable o, mejor aún (por la máxima garantía de conservación), en paneles extraíbles mediante deslizamiento por raíl, como si se tratase de un fichero.

En la sala de exposiciones temporales interesa disponer de paneles móviles, que permite adaptar la sala a fisonomías diversas.

Los fondos de reserva

No deben estar amontonados simplemente porque no se ofrezcan al público. Todo lo contrario, deben estar en su sala correspondiente clasificada y ordenadamente expuestos, con ayuda de un montaje metálico de paneles que se deslicen por raíles, con sus tiradores, de tal manera que puedan ser localizadas en breve tiempo las obras y, en su caso, sean accesibles a los investigadores o personal del Museo. La sala dispondrá de iluminación adecuada, mesa de trabajo, sistemas de seguridad y control ambiental como en el resto del Museo. Su puerta será resistente e ignífuga. Se ubicará en planta baja o sótano, cerca de la puerta principal, facilitando el acceso y evacuación en caso de peligro.

Los altos costes impuestos por la infraestructura dicha pueden ser compensados por la economía de espacios destinados a la presentación de las obras, puesto que lo importante es que la obra artística se conserve en el ambiente más beneficioso.

El equipo humano del Museo

Un museo no es una exposición permanente de una colección pictórica. Ya nos hemos referido a que las exigencias de un museo actual van desde reunir los objetos artísticos, hasta conservarlos, documentarlos, investigarlos, comunicarlos, divulgarlos y enseñarlos. Es obvio que estos objetivos no sólo exigen unas instalaciones adecuadas y un presupuesto para su funcionamiento (y no solo para la instalación museográfica propiamente dicha). Demandan también un personal capacitado en lo profesional, que haga realidad estos fines.

Conviene recordar, antes de entrar en el tema, que los fondos de este Museo son, de partida, 152 óleos, temples, acuarelas y gouaches; así como 252 dibujos y 35 litografías. Fondos que no se deben confiar a personal no especializado.

También debe hacerse una consideración previa sobre la situación orgánica del Museo. Una dependencia de la red foral de museos podría posibilitar la coordinación con los servicios centrales del Museo de Navarra, lo que habría de simplificar la plantilla de trabajadores de este Museo, quizás reduciendo el número de los dependientes del Ayuntamiento estellés y, desde luego, evitando la duplicidad de servicios (por ejemplo, restauración, transporte, fotografía y diseño gráfico, filmación etc.)

No obstante no puede prescindirse de un director-conservador, ni de un animador cultural, ni de un equipo administrativo mínimo, ni de un servicio de vigilancia, que garanticen el normal funcionamiento del centro. De lo contrario se devalúan las atribuciones que le son asignadas por el Consejo internacional de Museos (I.C.O.M.), dependiente de la UNESCO, según sus Estatutos de 1974, suscritos por España.

En mi opinión, según el tamaño medio de este Museo, serían necesarios:

Un director-a conservador-a

Con capacidad administrativa, ejecutiva y pedagógica. Con probada trayectoria investigadora y a ser posible especialización en arte de los siglos XIX y XX. Sería ideal que fuese experto en Pintura y conociese la obra de Gustavo de Maeztu. Serían aconsejables en su persona dotes de relaciones públicas, pues uno de sus objetivos habría de ser coordinar la acción cultural del centro y constituir una asociación de amigos del Museo, entidad que se ha demostrado como muy eficiente para divulgar y sostener el centro. Su titulación debe ser superior: licenciatura en Bellas Artes o en Filosofía y Letras (ramas de Historia y de Arte). Aunque personalmente consideremos más idóneo al historiador, más afín a la tarea investigadora que le concernirá.

Un animador-a cultural

Que eventualmente sustituyera al director, pero cuyas funciones básicas fueran las de dinamizador cultural y pedagogo, ocupándose de programar las actividades y exposiciones temporales del Museo, redactar planes de intervención pedagógica, publicidad, atención a los grupos de visitantes etc. Se requeriría a esta persona titulación universitaria a nivel de diplomatura en Humanidades. No sería estrictamente necesaria la experiencia profesional.

Personal administrativo

Sería necesario por lo menos un auxiliar/oficial administrativo, a jornada completa.

Personal auxiliar

Un conserje responsable de la seguridad y mantenimiento del edificio, con conocimientos de electricidad, mecánica y montaje de exposiciones; dos vigilantes, uno por cada planta de exposición.

Eventualmente, el Museo podría contar con personal becado en prácticas profesionales y estudiantes-cicerones de temporada.

Conclusión

El modelo más aconsejable de museo especializado, hoy, es aquél que junto a la conservación y divulgación de la obra de un artista, ofrece toda la información sobre su persona, ambiente y época. La forma ideal de conseguir esto es mediante el centro cultural, porque completa en todo momento la imagen del artista y, además, contribuye mejor a irradiar socialmente los mensajes del Museo, desde una actitud realmente pedagógica.

Llevado el modelo al futuro Museo “Gustavo de Maeztu”, vemos que exige de toda la amplitud del edificio “Palacio de los Reyes de Navarra”, si quiere cumplir con las funciones encomendadas.

La instalación museográfica debe satisfacer las recomendaciones culturales de la Ley española de Patrimonio Histórico Artístico, de 1985, y del Consejo Internacional de Museos, que piden a esta clase de centros no sólo reunir objetos artísticos, sino conservarlos, catalogarlos, investigarlos, comunicarlos, divulgarlos y enseñarlos.

El Museo “Maeztu” no puede convertirse, por tanto, en una simple exposición permanente de una colección pictórica.

El modelo de Museo que presentamos requiere, además, un personal mínimo irrenunciable. De plantearse problemas económicos que obstaculicen el normal desenvolvimiento del centro, sería preferible su conversión en fundación codirigida por un patronato, que garantizase la integridad de sus funciones.

Por último, la instalación museográfica inicial debe encomendarse a un arquitecto especializado, que actúe en colaboración con el arquitecto municipal, coordinados por el director-conservador del Museo, cuyo nombramiento sería la principal garantía para que el Museo “Gustavo de Maeztu” fuese realidad a corto plazo.

Pamplona, Veintinueve de Mayo de Mil Novecientos Ochenta y Nueve.