Asociaciones religiosas infantiles y juveniles en Vasconia

No vamos a referirnos en este artículo al espíritu asociativo que con motivo de fiestas populares, mantenimiento o recuperación de prácticas culturales o afinidades por la edad, se dan en el amplio ámbito del territorio estudiado, por más que su celebración tenga lugar al amparo de la festividad religiosa del calendario cristiano. Tales son la institución social de la mayordomía, muy presente en Navarra (Valles de Arce, Erro, Elorz…); los grupos de danza, orientados a la conservación, fomento y difusión de la danza tradicional vasca, a los que acceden niños y jóvenes, tal como sucede en algunas poblaciones vizcaínas; las asociaciones de mocería o grupos de edad, como quintos de Santa Águeda o simplemente “quintos”; las cuadrillas de jóvenes solteros a partir de los 16 o 17 años (muy arraigadas en Navarra); los saragi mutilek de Busturialdea (Bizkaia en adelante citada con una simple B) encargados de iniciar las fiestas locales previa compra a escote de un pellejo de vino para el consumo de chicos y chicas; modos de socializar que diversos investigadores han documentado en sus escritos, y cuyo interés no es despreciable [1].

Trataremos, en este trabajo, de aquellas asociaciones infanto-juveniles surgidas al calor de la Iglesia católica orientadas al perfeccionamiento de la persona y al apostolado, buscando la santificación individual y la mejora de la sociedad.

Para estudiar el caso que nos proponemos, hemos tenido presente las puntualizaciones de Julio Vidal [2], para quien  cualquier asociación no puede ser analizada fuera del “sociosistema” en que nace y se desarrolla, pues frecuentemente están imbricadas dentro de contextos jurídicos e instituciones particulares -como es la Iglesia en este caso-, y aún dentro de ella, en el seno de institutos religiosos con sus propias normativas no fáciles de desentrañar. Además, la asociación es un cajón de sastre donde han cabido muchas entidades distintas que progresivamente se van emancipando o de ellas surgen otras nuevas que recogen parte de su espíritu. No obstante, hemos preferido titular este artículo con el nombre de “asociaciones” y no de movimientos, agrupaciones, congregaciones, círculos, voluntariados etc., que tales pueden darse, por considerar que la denominación escogida es la que más globalmente integra todas estas iniciativas grupales.

El mismo autor nos recomienda analizar el fenómeno dentro de la contextualización socio-religiosa que las rodea, y es lo que vamos a hacer con referencia a Vasconia en el periodo 1900-2020 [3]. Esto nos explicará cómo han evolucionado estas asociaciones en el tiempo.

Un marco socio religioso sometido a cambios profundos

Vascongadas y Navarra se perfilan como un bastión defensivo de la fe, respondiendo a una fama anterior que se mantendrá incólume durante toda la primera mitad del siglo XX y que venía del arranque mismo del XIX. Su religiosidad era ya proverbial. Pudiera calificarse incluso de fanatismo en el caso de la de los navarros, según creía el progresista Pascual Madoz en 1849 [4]. En las Cortes Constituyentes de 1869 el canónigo Manterola aseguró que la mayoría de los campesinos guipuzcoanos seguía pagando diezmos a la Iglesia, nada menos que treinta años después de que hubieran sido abolidos. Y bien entrado el siglo XX, en 1912, un periodista militante en el catolicismo social, José de Posse y Villelga, afirmaba que en Vizcaya y Guipúzcoa la gente de campo permanecía ajena a las corrientes socialistas y más aún a las anarquistas; que en Álava no se sabía más que de una asociación libertaria de obreros agrícolas y que en Navarra sólo se había notado algún chispazo en algunos pueblos de la Ribera del Ebro, es decir, al sur, que, sin embargo, “al ligero soplo de sanos principios católicos fue apagado” [5]. Navarra era en 1912, en palabras de su obispo, una de las diócesis más católicas de España, donde prácticamente el cien por cien cumplía con el precepto pascual en el primer tercio del siglo y seguiría alcanzando cotas muy altas hasta los primeros años sesenta. Todavía en 1918 asistirían treinta mil bilbaínos a la misión cuaresmal que organizó el obispo, y veinte mil en San Sebastián [6]. Y en plena República, 15 de octubre de 1931, no menos de 16.000 guipuzcoanos se congregaron en la campa de Ezkioga para ver si Ramona Olazábal, una niña de Beizama, recibía el regalo milagroso -unas llagas- que la Virgen, decía, le había prometido [7].

Todo esto lo explica el número de almas por parroquia que era de 508 en Navarra a principios del siglo XX; que la extensión diocesana de las parroquias, en 1929, era de menos de 10 km2 en Vascongadas y de 11 a 20 km2 en Navarra; que con frecuencia en todo el territorio y mismo año en cada parroquia había más de un sacerdote (en la diócesis de Pamplona por término medio correspondían a cada sacerdote 277 almas), si bien la población era más densa entonces; a estas cifras hay que sumar hacia 1900 en Vascongadas 50 comunidades de religiosos/as establecidos/as y en Navarra 25, cifras que aumentaron en 1929 a 300 y 50 respectivamente, lo que esclarece que en las descripciones de la época se califique a las pequeñas y medianas urbes de Vasconia como “levíticas”. Se decía de Pamplona que en esa época, en la Plaza del Castillo, centro neurálgico de la ciudad, a la luz del día siempre era posible ver coincidir a un cura, un militar (por ser plaza fuerte) y un perro.  Las misiones que con regularidad tenían lugar en pueblos y ciudades acrecían el número de comulgantes (el Domingo de Resurrección de 1888 comulgaron en Gallarta (B) 6.000 fieles tras la misión del padre José Conde).

Procesión del Corpus Christi en el Hospital Psiquiátrico de Pamplona, 1958 (Foto: Galle)

No obstante, se dieron brotes anticlericales en poblaciones industrializadas y obreras como en Bilbao, donde en 1901 se tuvo un encuentro sangriento entre los peregrinos al santuario de Begoña y grupos anticlericales republicano-socialistas. La preguerra y la guerra civil trajeron un descenso fuerte de sacerdotes. De 27 ordenaciones por cada 100.000 habitantes en 1929 se pasó a 12 entre 1944-46. No se recuperaría el nivel de sacerdotes hasta 1961, con 33.351 contando seculares y regulares. La explosión vocacional se daría en la década de 1950, para estancarse en la siguiente y hundirse tras el concilio Vaticano II. En Bilbao se inauguró un seminario con capacidad para 300 alumnos. En 1960, 15 de cada cien religiosos navarros salieron para misiones, principalmente con dirección a América, y también en proporción menor de Vizcaya y Guipúzcoa. En el semillero vocacional de Navarra se pasó de 28 ordenaciones en el curso 1964-65 a ninguna, por primera vez en su historia en el de 1969-70, en relación inversa al número de secularizaciones en la década 1970, al tiempo que el clero en activo se envejecía [8]. Se visibiliza esta situación también en el devenir del Seminario Conciliar de Pamplona, con 940 seminaristas en el curso 1964-65 y cerrado en 1969-70. Se palió en parte la situación encargando parroquias a religiosos. Las órdenes religiosas fueron más resistentes al cambio, si bien las aspirantes a novicias decrecieron. En el País Vasco, y en concreto Bizkaia, la situación era tensa por la radicalización del clero en torno a la defensa de la identidad cultural del pueblo vasco, y del sacerdote mismo, así como del modelo de iglesia que se deseaba alcanzar [9].

Para el obispo Fernando Sebastián, en 1990, las causas del paso en España de una cultura confesional a otra predominantemente laicista, eran: la protesta de la sociedad española contra la situación anterior; el rechazo  en los años 70 de fórmulas políticas o sociales un tanto asfixiantes derivadas en una opción por la ruptura, que iba más allá de la política y en la que se incluía a la Iglesia católica, a la que se identificaba con la opresión y el inmovilismo. Otra causa fue el progresivo enriquecimiento de los españoles, que aceleró la llegada de la sociedad de consumo, identificada con una sociedad mejor incluso más feliz. “Los católicos españoles  son católicos tradicionales que viven confiados en su catolicismo pero que van adoptando poco a poco formas de vida que conducen a la indiferencia religiosa”, añadía. Junto a ello la pervivencia de testigos de un laicismo tradicional que viene desde la posguerra y encuentra reconocibles representantes admirados por la sociedad, como es el caso del catedrático socialista  Tierno Galván, autor del libro “Qué es ser agnóstico” [10]. Agnosticismo que para el obispo de Calahorra en 1991, Ramón Búa Otero, iba más allá: se trataba de un  ateísmo militante y anticatólico en las esferas gubernativas.

La división de los españoles en torno al aborto evidenciaba en una parte del pueblo un relativismo moral creciente (falta de conciencia del pecado)  y discusión entre lo que dice la moral católica, la ley natural y la opinión de la mayoría en una sociedad democrática (mayoría igual a verdad) posmoderna. En paralelo, por contra, persistía la eficacia de los contemplativos y el resurgimiento de movimientos seglares en pos de un renacimiento espiritual.

La secularización de la sociedad española ha avanzado en las últimas décadas, hasta el punto de que en 2020, según un estudio de la Fundación Ferrer i Guàrdia, los ateos, agnósticos o no creyentes en Navarra llegan al 41% (como en Cataluña, ambas comunidades a la cabeza del Estado en este aspecto)  y en el País Vasco al 37,8%, en segundo lugar. La fundación Ferrer i Guàrdia recalca que en el año 2000 tan solo había un 13,2 % de personas declaradas con opciones de conciencia no religiosa. El informe Ferrer i Guàrdia señala el aumento en el número de estudiantes de primaria que cursan actividades alternativas a la religión hasta el 35,9% [11]. Un botón de muestra de la situación actual lo aporta el Club Atlético Osasuna que en 2020 ha roto con la tradición de rogarle al Santo Patrono de Navarra, San Francisco Javier, en el santuario de su nombre, por el feliz desenvolvimiento de la temporada futbolística.

Además de lo dicho, otro fenómeno se añade al estado de la religiosidad en el ámbito de estudio, que el tiempo dirá de que manera lo estará condicionando, y es la paulatina extensión de otros credos, como es la religión musulmana inseparable de la población inmigrante. Un ejemplo, en la Navarra de 2021 viven unos 24.000 fieles de religión musulmana, disponen de 34 mezquitas y de espacio para inhumar a sus difuntos en el cementerio de Pamplona [12].

Este es el marco donde encuadraremos nuestra consideración de las asociaciones infantiles y juveniles en Vasconia. No son demasiados los datos provenientes de encuestas etnográficos, ni siquiera los datos ofrecidos  por otras fuentes (monografías, artículos o páginas web), pero intentaremos aproximarnos lo más fielmente a su historia.

Asociaciones religiosas infantiles

La Santa Infancia

La Santa Infancia, también llamada Infancia Misionera, es una Obra Pontificia de la Iglesia que se creó a mediados del Siglo XIX cuando informaciones provenientes de China denunciaron infanticidios de niñas. Trataba de fomentar rezos y obtener limosnas entre los niños para financiar orfanatos y las compensaciones que los misioneros debían dar a los padres a cambio de las niñas por ellos rechazadas. En Irún (Gipuzkoa en adelante señalada con un G), se realizaba una procesión específica, en la que unos niños se vestían de santos evangelizadores y otros de indígenas de diferentes culturas. Se pretendía así escenificar la acción de cristianizar a aquellos pueblos que aún no conocen el Evangelio [13].

Dos instantáneas de la Procesión de la Santa Infancia en la Pamplona de 1927 (Foto: Galle)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

España se adhirió a la Obra de la Santa Infancia en 1852, cuando Isabel II firmó el Real Título que aprobaba el establecimiento de la Obra en España, convirtiendo a su hija Isabel, la Princesa de Asturias, en la primera asociada.

En 1926, se instituyó el Domund (Domingo Mundial de las Misiones), jornada de recogida de donaciones celebrada el tercer domingo de octubre, en el que los niños de hasta 14 años de edad se encargaban ellos mismos de recoger donativos para este fin con las famosas huchas de porcelana que reproducían a color cabezas de nativos del Tercer Mundo entre familiares, vecindario y en la misma calle haciendo agitar su contenido para hacerse notar de todos con su sonido característico, así como mediante procesiones misionales, rifas u otros procedimientos promovidos por las parroquias. En los colegios de Jesuitas, la Jornada del Domund venía precedida por charlas de misioneros a los escolares, acompañadas en ocasiones por proyección de imágenes y la venta de un calendario-almanaque del año entrante, que se recibía con gran alborozo por las imágenes tan vistosas que presentaban de las misiones de la India (Ahmedabad en el Gujerat…), cuyos fondos iban destinados a la Santa Infancia. Yo mismo recuerdo el interés que despertaban entre los alumnos del Colegio San Ignacio de Pamplona a mediados del pasado siglo esas charlas, primero porque interrumpían por unas horas las clases, segundo porque nos admiraba el exotismo de aquellos misioneros vestidos de blanco, con largas barbas y rostro cetrino, de pastores viajeros a lomo de sus motocicletas, finalmente porque esperábamos dar una sorpresa a nuestros padres llevándoles aquel calendario en forma de taco ilustrado a color, cuyas páginas pasábamos una y mil veces.

Recuerdo de modo especial cómo nos aleccionaba con la vida del misionero jesuita Tomás Esteban, el postulador de su beatificación, padre Víctor Aguinagalde, del que había en el Colegio una pequeña exposición con los objetos personales usados bajo su cautiverio en la China comunista [14].

Número 0 de la revista Aguiluchos

La obra misional de la Santa Infancia se proponía, como otros de sus fines particulares, ayudar a los educadores a despertar en los niños una conciencia misionera universal infundiéndoles un espíritu de entrega a los desfavorecidos, llamando su atención sobre otras realidades desconocidas en su vida ordinaria, dejando en ellos la semilla de -quién sabe- una futura vocación misionera. La revista Aguiluchos, editada por los Misioneros Combonianos, aparecida en 1957, ayudó desde entonces a muchos niños, usando la historieta en forma de tebeo, a sensibilizarse con el trabajo de los misioneros en los continentes subdesarrollados.

En la actualidad las colectas del Domund se canalizan a través de las parroquias o colegios concertados de la Iglesia con destino al organismo Obras Misionales Pontificias, existiendo múltiples ONGs que apoyan, con espíritu humanitario aconfesional, similares fines.

La Archicofradía del Niño Jesús de Praga

La devoción al Niño Jesús de Praga la fomentaron los padres carmelitas por medio de una archicofradía que lleva su nombre.

El origen de esta devoción se remonta a 1620, cuando Fernando II, Emperador de Alemania, para manifestar su gratitud a Dios por la victoria alcanzada en una batalla, fundó en la ciudad de Praga un convento de Padres Carmelitas. La princesa Polixena Lobkowitz, sintiendo las apremiantes necesidades de los Carmelitas, les entregó una pequeña estatua de cera que representaba un hermoso Niño Jesús, haciéndoles ver en ese momento que sus necesidades se solucionarían dirigiendo a ese Niño sus oraciones.

Avatares diversos hicieron que la imagen se perdiera, pero tras ser recuperada y restaurada fue entronizada en un santuario erigido en 1644 a expensas de la donante.

Procesión del Niño Jesús de Praga en San Sebastián, 1923 (Foto: Kutxa Fototeka, Ricardo Martín)

Tenemos noticias de que en San Sebastián (G) se celebraba en 1923 una solemne procesión infantil llamada “del Niño Jesús de Praga”.

Se celebró el primer domingo de mayo. Estuvo organizada por la Comunidad de Carmelitas de la ciudad, siguiendo un itinerario que se iniciaba en la iglesia de la calle Pedro Egaña, seguía por la calle Urbieta, Avenida de la Libertad y  la calle Easo, para terminar nuevamente en el punto de partida. En este año de 1923 acudieron niños procedentes de diversos colegios religiosos y catequesis de la ciudad, identificados por sus estandartes, así como las colaboraciones especiales del Colegio de la Sagrada Familia que aportó una niña María rodeada de un grupo de ángeles y niños vestidos de cardenales; el Colegio San Bartolomé, con las imágenes del Sagrado Corazón, de Santa Teresa y de la Virgen del Carmen, además de los estandartes de cada una de las clases del colegio. También participaron en la procesión un grupo de 160 niñas vestidas de blanco y otro de 24 niños portadores de estandartes con diversas alegorías del Niño Jesús, quedando en lugar preferente la imagen del Niño Jesús de Praga escoltada por un piquete de Miqueletes con su fusil con bayoneta calada al hombro. Cerraba la procesión un grupo de alumnos cantores del Colegio del Sagrado Corazón que entonaban el himno «Divino Infante», niños vestidos de cardenales, la bandera del Niño Jesús de Praga, la Comunidad de Padres Carmelitas y la Banda Militar del Regimiento de Infantería de guarnición en la capital [15].

La devoción al Niño Jesús de Praga llegó también a Pamplona (Navarra en adelante señalada con su N), a través de los padres carmelitas, quienes crearon en la ciudad una archicofradía con su nombre en 1908, asumiendo su dirección el padre Carmelo de Jesús Crucificado.

Desde entonces siguen haciendo -y todavía se mantenía a principios de este siglo- una celebración, alrededor del Niño Jesús, la tarde del tercer domingo de cada mes, con su rifa de regalos al terminar la sesión.

Manolo Gil, que fue Cofrade del Niño Jesús de Praga hacia 1942-43, recordaba aquella su experiencia un 10 de agosto de 2018: “reunían los carmelitas los domingos a la tarde a los niños en el seno de esta archicofradía donde pasábamos las horas al calor de la calefacción, que muchas casas no tenían, y nos entretenían con rifas. A mí me cayó en una de ellas un año un aro, pero sin la guía, que me la tuve que fabricar con alambre en casa; también rifaban unos corderos vivos  que despertaban la envidia de los no premiados; les pagaba una cuota de 0,10 cts.” Se refiere a dos corderos que se otorgaban, uno en la rifa de los niños y otro en la de las niñas, aparte otros muchos regalos que también se sorteaban. Otro informante, Julio Fernández San Emeterio, apuntaba en 2017: “el primer domingo de mayo había procesión; en la procesión cantábamos: “Niño de Praga canten a una voz, ángeles y niños tu reino de amor etc”;  todos los domingos había película; yo del cordero no me acuerdo, pero sí que en Navidad rifaban cestas… ¡qué recuerdos! ….y éramos felices” [16].

Fermín Mugueta, en su libro dedicado al Padre Carmelo, nos da más detalles del inmenso éxito que tenían esas celebraciones del tercer domingo de cada mes:

«Desde que a Pamplona llega, en 1930, el P. Carmelo se hace cargo de la Archicofradía del Niño Jesús de Praga. Se las compone admirablemente con la devota chiquillería. Y sabe platicar con ellos y para ellos de manera sencilla y eficaz. Un revoloteo de inquietudes infantiles le cerca en cada tercer domingo, creciendo a su alrededor el número de archicofrades. Y el desfile procesional con que termina la función de la tarde es de una vistosidad extraordinaria. A la salida de la iglesia, ¡qué invasión hacia las estrechas calles cercanas! Más de una vez sale a verles salir —grave de porte y en extremo comprensivo— el P. Prior, Fabián de San José; y les llama, cariñosamente, la rebañada del P. Carmelo. Disfruta con el vistoso espectáculo” [17].

La procesión con la imagen del Niño Jesús de Praga se hacía en el interior del templo del convento de los Padres Carmelitas de la calle pamplonesa de Carmelitas Descalzos.

Los niños cantaban: “De Jesús soy soldadito / ¡Viva Jesús! / Es mi estandarte la cruz / ¡Viva Jesús! / Siempre mi grito de guerra / Ha de ser ¡Viva Jesús! / ¡Viva Jesús! , / ¡Viva Jesús!”. Con ocasión de los 25 años de existencia de la archicofradía se dieron de alta en ella varios cientos de niños y personas mayores, que también tenían cabida en ella.

En 1975 el periódico anunciaba el “solemne triduo infantil” de la archicofradía para los días 17 a 19 de enero, con alocución a los niños del Padre Jesús Arrieta y reparto a todos ellos de los números de una rifa a celebrar como conclusión del triduo [18].

Pero la celebración en torno al Niño Jesús no se celebraba únicamente en el templo de los padres carmelitas. Durante las Navidades de la década 1950, los niños de la Parroquia de Jesús y María (actual albergue de peregrinos de la calle Compañía) asistían a la “Novenica del Niño Jesús” en presencia de “otro Niño distinto al Niño Jesús de Praga, que tenían los carmelitas”. Patxi Mendiburu recuerda el villancico entonces cantado, que hoy mantiene en su familia: “Todos te regalan algo. ¿yo que te regalaré? (bis) Un pucheru de manteca y un tarritu de miel (bis)  Tirurirurí, tirurirurá… tiruriruriruriruri… “(se repetía casi indefinidamente hasta que el seminarista encargado de dirigirlo lo cortaba) [19]. La Novenica del Niño la instauró en Añorbe (N) un hijo del pueblo, el carmelita Fray Juan de Jesús San Joaquín, en fecha tan temprana como 1631, y es bastante seguro que fuera la primera en rezarse en el Viejo Reino, y aún se mantiene en vigor [20]. Hoy se celebra en las parroquias pamplonesas (en la del Corazón de Jesús viene precedida del sorteo entre los infantes de un Niñico Jesús).

Tarsicios Eucarísticos y Angelicas

Los Tarsicios Eucarísticos, comúnmente “Tarsicios”, es la sección infantil de la Adoración Nocturna, cuyo modelo a imitar es Tarsicio, el niño romano mártir en 268 a manos de otros niños que buscaron arrebatarle, sin conseguirlo, la Sagrada Comunión que llevaba a unos cristianos presos en tiempos del emperador Valeriano. Este santo fue adoptado como patrono de monaguillos y acólitos.

Esta sección estaba formada por niños que habían hecho la Primera Comunión, entre los 6 y 12 años de edad. Las niñas se encuadraban en la Asociación de Hijas de María, que consideraremos más tarde. Los Tarsicios tienen como compromiso formarse en la fe cristiana y adorar al Señor, presente en la Eucaristía. En la vida diaria deben guardar obediencia a los padres, cumplir con sus deberes y estudios, respetar a sus amigos, compañeros y mayores… , para a través de estas cosas pequeñas llegar a ser santos como el modelo al que tratarán de imitar. Su festividad es el 15 de agosto.

En Navarra, los Tarsicios gozan de tradición. En 1908 los fundó en Pamplona el sacerdote Cipriano Olaso Aranguren, que impulsó también su creación en los pueblos de Aibar, Sesma, Allo y Abáigar. A los de Pamplona, todas las semanas les preparaba para confesar y comulgar en la iglesia de las Salesas, donde bajo su dirección tenían los Jueves Eucarísticos [21]. Con ellos visitaba al Santísimo en la iglesia de la ciudad donde estuviera expuesto, así como en los pueblos, o visitaba con ellos alguna casa de caridad o los llevaba de paseo con una sencilla merienda. Aprovechaba para hablarles del abandono en que los hombres dejan al Santísimo y sobre la necesidad de desagraviarle. Esta labor con los niños la continuaba luego con ellos como “luises” en la Congregación Mariana, de la que más adelante trataremos. En 1912 se fundaron en Fitero, para refundarse en 1984 y ser en la actualidad el único grupo activo de la Comunidad Foral de Navarra. Que sepamos, también han existido Tarsicios en otras poblaciones navarras como Cintruénigo, Huarte-Pamplona y Obanos, villa ésta en que se creó la sección en 1954 con treinta niños llamados a cubrir en el futuro las bajas de la Adoración Nocturna. Hacían una hora de adoración después del Rosario los últimos sábados del mes. Para mantener activa la fe de los niños en uso de razón hubo costumbre, al menos hasta 1936, de celebrar la víspera de Reyes la Fiesta de la Santa Infancia, en que solían comulgar todos [22].

Por su lado, Cintruénigo formaba una especie de cofradía muy cerrada con los monaguillos, a la que no era tan fácil ingresar. Entre ellos se iban enseñando un poco de latín y lo elemental para «ayudar en las misas». En Semana Santa salían en la procesión formando la “cofradía de los Apóstoles” [23].

En Huarte-Pamplona, los Tarsicios encabezaban la marcha del Viático por las calles precedidos por su estandarte.

Los niños Tarsicios se integraron en la Hermandad Eucarística de Pamplona, creada por el nombrado Padre Olaso para reforzar la devoción al Santísimo. La estableció en la iglesia de las Salesas, en la calle de San Francisco, el 7 de mayo de 1911. Constaba de tres secciones: niños, jóvenes y hombres. Los niños podían pertenecer a ella desde su Primera Comunión hasta los quince años; los jóvenes desde los quince a los veintidós años; y la de hombres, desde los veintidós en adelante. Su lema: Todo por el Corazón Eucarístico. Su objeto era procurar a Jesús Sacramentado toda la gloria posible, fomentando para ello la comunión frecuente, la Misa diaria, la visita diaria al Santísimo, la adoración nocturna, la vela diurna, el acompañamiento a los Viáticos, el esplendor de las procesiones eucarísticas, el decoro de los templos y el remedio de las iglesias pobres.  Y el ideal al que habían de aspirar los hermanos era consagrarse al Corazón Eucarístico de Jesús por María. La publicación El Mensajero Eucarístico fue el órgano oficial de la Hermandad, que era una especie de Cofradía del Santísimo Sacramento [24].

En el artículo correspondiente a la Fiesta de las Mayas, publicado en esta web, ya nos hemos referido a un tipo de iniciativa que correspondía a las niñas que aún no habían recibido la Primera Comunión, las llamadas “angelicas”, quienes, vestidas de blanco, en dos filas de a cuatro, con ramos de flores en sus manos, bajo la dirección de las Hijas de María, las ofrecían a la Virgen Inmaculada en la función de los sábados del mes de mayo. Consta que existieron en Huarte-Pamplona y otras muchas localidades navarras. En el ofrecimiento cantaban “Venid y vamos todos, con flores a porfía, con flores a María, que Madre nuestra es…” [25]

Participación de niños y jóvenes en las Terceras Órdenes

En la historia de la Iglesia, junto a la existencia de las órdenes religiosas, hubo también desde la Edad Media asociaciones de fieles ligadas a ellas y bajo su guía espiritual para ejercer el apostolado desde la personal perfección, y así surgieron las terceras órdenes de franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas, servitas, y trinitarios, entre otras instituciones religiosas. Su origen se encuentra en San Francisco de Asís, quien hacia el 1212 comenzó a admitir a seglares que, sin abandonar su propio género de vida, se incorporaban de alguna forma a la Orden Franciscana como “terciarios seculares” [26].

En la Edad Moderna surgen otras formas asociativas, cada una con sus peculiaridades, como es el caso de las Congregaciones Marianas, bajo el impulso de la Compañía de Jesús, y diversos institutos apostólicos a considerar por nuestra parte.

Todas estas órdenes terceras están integradas en la Unión Nacional de Apostolado Seglar.

Las Congregaciones Marianas: estanislaos o kostkas y luises

Tomamos las referencias históricas siguientes de la fundamental Historia de la Compañía de Jesús en la España Contemporánea, obra del jesuita Manuel Revuelta [27].

Entre todas las asociaciones dirigidas por la Compañía de Jesús las Congregaciones Marianas se han destacado por su originalidad e importancia. El Padre Juan Leunis, profesor de Gramática, fundó la primera de ellas en el Colegio Romano de la capital italiana en 1563, bajo el nombre de Congregación de Nuestra Señora, para ejercitar actos de piedad y caridad con sus propios alumnos al terminar las clases y de acuerdo con el espíritu apostólico e iniciativas pedagógicas de la misma Compañía. La iniciativa fue aprobada por el papa Gregorio XIII en 1584. Tres años más tarde, el Padre General Claudio Aquaviva promulgaba las reglas comunes de la Congregación, que a partir de 1599 se instala en los Colegios de los Jesuitas, aunque no se redujeron a niños y estudiantes, sino que se dirigieron también a adultos, sacerdotes, casados, incluso a determinadas profesiones y oficios.

Desde 1751 se permitió también la formación de congregaciones para las mujeres, aunque ostentarán diferentes nombres, el más común el de Asociación de Hijas de María. Pero todas ellas compartían unas características comunes:  sólida vida espiritual nacida del espíritu y la práctica de los Ejercicios Espirituales ignacianos y tierna devoción a la Virgen y variada actividad apostólica.

Las Congregaciones Marianas han tenido importancia en el fomento de la piedad y acción cristiana de los seglares en la sociedad contemporánea, pese a sentir los vaivenes de la propia Compañía en su historia: supresión de 1773; restauración y recuperación entre 1814 y 1884; desarrollo de 1884 a 1910 bajo el amparo del papa León XIII para contrarrestar los efectos anti cristianos de la masonería y cristianizar a la sociedad; equiparación a otras asociaciones apostólicas como la Acción Católica en la constitución Bis Saeculari promulgada por Pío XII en 1948 en un tiempo (1910-1948) caracterizado por la uniformidad, la expansión y revisión de lo recibido, así como la competencia de otras asociaciones, la principal de ellas la Acción Católica. El Padre Revuelta establece un cuarto periodo entre 1948 y 1968 de renovación y esplendor coincidentes con el papado de Pío XII [28], seguido de crisis en la década de 1960 simultánea al desarrollo de los postulados del Concilio Vaticano II (1968- ) y la reorientación de las congregaciones tradicionales hacia las Comunidades de Vida Cristiana, autónomas en su funcionamiento aunque bajo la asesoría religiosa de un Consiliario nombrado por el obispo de la diócesis. El Padre Revuelta las considera iguales a las Congregaciones Marianas renovadas a la luz del Concilio Vaticano II.

Andrés-Gallego y Pazos explican que en la transición de la década 1960 a la siguiente, el marxismo prende entre los miembros de la Congregación Mariana Universitaria y en las Vanguardias Obreras dirigidas por jesuitas que habían surgido en 1954 en el seno de la misma Congregación, al igual que penetraría por entonces en la Juventud de Estudiantes Católicos (JEC), rama de la Acción Católica, que por entonces buscaba reencontrar su identidad (entre 1964 y 1978 dejan la Acción Católica 95 de cada 100 miembros y no pocos dejan también la Iglesia y pierden la fe).

Hay que recordar que el asociacionismo se convierte, desde mediados del siglo XIX, en un cauce imprescindible para organizar y propagar las ideas políticas, las actividades culturales y las reivindicaciones sociales, pero también las religiosas. Quedan relegadas, entonces, las viejas cofradías dedicadas al pietismo y no tanto al activismo de los seglares, que asumen ahora un protagonismo no exclusivo de los sacerdotes.

Orgánicamente las Congregaciones Marianas de cada lugar tenían una estructura jerárquica: los congregantes elegían a sus jefes, el órgano ejecutivo era la junta y en la cúspide estaba el Padre Director, sacerdote encargado de comunicar la misión apostólica a los congregantes seglares, a su vez eslabón con la Compañía de Jesús (con frecuencia era el Padre Espiritual quien era la cabeza y alma de la Congregación).

Atendiendo a su tipología, las Congregaciones Marianas se distinguen, en primer lugar, por la diferenciación de sexos y edades de los congregantes. La mayor parte de ellas estaban dedicadas a la juventud, desde los niños hasta los jóvenes maduros solteros, universitarios o profesionales y, desde principios del siglo XX, para obreros.

Las congregaciones de los colegios tenían un fuerte carácter escolar, pues estaban integradas en el centro y subordinadas a él. Eran congregaciones con una clientela fácil y asegurada, tenían poca autonomía y su acción exterior era escasa, se reducía su actividad casi exclusivamente al cultivo de la piedad y a los actos de devoción prescritos y no escapaban al clima de emulación característicos de la pedagogía jesuítica: mientras unos congregantes podían merecer su ingreso en el grupo de selectos, otros podían verse excluidos del grupo de los privilegiados, con la amargura consiguiente. En ello residirá su mayor diferencia con la estructura orgánica de la Acción Católica: ésta admitía a jóvenes que trataban de ser buenos cristianos, elegían democráticamente a sus dirigentes y ponían su esfuerzo al servicio de la actividad externa, social o cultural.

Para ser elegido congregante era indispensable la buena conducta, pero en algunos colegios se exigía también un buen aprovechamiento en el estudio. En general, la congregación servía para la buena marcha del colegio.  La mística congregacionista que podían sentir los adolescentes se veía reforzada por el atractivo que producían las ceremonias y los símbolos: la espera y aprendizaje de los aspirantes, la fiesta de admisión de los congregantes, la consagración a la Virgen, la imposición de insignias y medallas, la inscripción en el Libro de la Congregación, la identificación con banderas o imágenes peculiares, la recepción del diploma, la aparición en listas, cuadros y catálogos, las plegarias y cánticos de la función sabatina, el acceso a la sala, capilla, biblioteca y otros lugares propios, constituían poderosos alicientes para entusiasmar a los colegiales. Los que además eran elegidos para la Junta de la Congregación  recibían una dignidad muy estimada.

En los primeros años del siglo XX algunas congregaciones empiezan a practicar actividades caritativas y sociales fuera de los colegios. Los congregantes de Deusto (B), que eran universitarios, mantuvieron interesantes contactos con sectores difíciles y marginados, como los presos, a quienes visitaban, hacían regalos y preparaban para la comunión pascual, o los pobres a los que invitaban a comer varias veces al año. La Congregación de Deusto contaba además con la Academia Literaria de San Luis, que era un academia estable, con sesiones regulares, al estilo de las establecidas en las congregaciones universitarias. La Congregación de San Luis se organizó en Deusto durante el curso 1892-93. Eran 70 congregantes entre 255 alumnos, el 27,5%. Había entonces otras dos asociaciones, la del Sagrado Corazón, a la que pertenecían todos los alumnos, y las Conferencias de San Vicente, con 50 jóvenes excelentes, que precedió a la Congregación Mariana y le transmitió la costumbre de visitar y atender a los pobres.

La Congregación Mariana en la Escuela Apostólica y Seminario Menor de Javier (N) no se estableció hasta el curso 1928-29, con un notable retraso respecto a la fundación de la Apostólica, posiblemente porque la Congregación no parecía necesaria en alumnos espiritualmente tan cultivados, en opinión del padre Revuelta [29].

La Congregación Mariana del Colegio de Jesuitas de Orduña (B) se fundó en 1871 y la de San Estanislao de Durango en 1881. La de la Universidad de Deusto (B) en 1893, aunque la Universidad se estrenó en 1886. La de Tudela (N) en 1893, dos años después de la creación del Colegio, al mismo tiempo que se funda el Apostolado de la Oración entre los alumnos. En ocasiones existían en el mismo colegio varias Congregaciones, bien fuera para alumnos internos o externos. Así, por ejemplo, en Orduña hubo “Luises” (los jóvenes universitarios) y “Kostkas” (los niños y adolescentes) hasta 1892, año en que se añadió una tercera de San Juan Berchnmans, pero las tres se fundieron once años más tarde. En cambio no ocurrió esto en la de Durango, que sólo mantuvo una.

Los Jesuitas también dirigieron otras congregaciones para jóvenes fuera de los colegios, una de ellas en Loyola, Azpeitia (G), antes de la revolución de 1868, refundada en 1899. Eran congregaciones abiertas a niños y jóvenes de origen diverso (para niños y estudiantes de bachillerato, seminaristas, jóvenes obreros…, por lo que a veces se aconsejaba su división en secciones, su segregación o fusión tal como pasó en la de Bilbao en 1890) Junto a la Congregación de San Luis Gonzaga solía establecerse entonces la de San Estanislao de Kostka, la “mayor” y la “menor”, como solía decirse. La segunda actuaba como vivero de la primera y ésta como estimulante de vocaciones al sacerdocio. En el primer tercio del siglo XX tendrán su eco los “estanislaos” del padre Ángel Basterra, en Bilbao, y la del padre Nemesio Otaño en San Sebastián.

Nos centraremos en aquella que atendía de manera especial a la niñez y primera adolescencia (hasta los 14-15 años), que tenían como segundo patrono a San Estanislao de Kostka, por lo que sus congregantes recibían el nombre de “estanislaos”, también simplemente “kostkas”. Ambas se generalizaron en prácticamente todas las ciudades con residencias jesuíticas, incluidas, por supuesto, las del territorio estudiado.

La edad para ingresar en los “estanislaos” era variable, aunque su límite estaba en los 14-15 años. Podían serlo desde los 10-12 años, desde los 7 a los 9 o después de la Primera Comunión; si eran de edad inferior se les consideraba “aspirantes”, en tanto los demás eran “numerarios”, con obligación de asistir a los actos de la Congregación.

Las prácticas devotas de las congregaciones de niños eran las prescritas en las reglas comunes: los domingos y días de fiesta asistían a la Misa y a la plática, a distintas horas que los “luises”, de los que también solían distinguirse por el color de la cinta de la medalla. En vez de rezar, como los mayores, el oficio parvo (que les resultaba ininteligible), los pequeños rezaban el rosario o entonaban los cantos de la sabatina. Un domingo al mes tenían comunión general y cada año solían hacer ejercicios espirituales. El mes de mayo y las fiestas de San Estanislao y de la Inmaculada solían celebrarse con magnificencia y fervor.

Procesión de la Asociación de Jóvenes de María Inmaculada y San Luis Gonzaga en Pamplona, 1894

“Luises” era el nombre que todos utilizaban para designar a los congregantes “mayores”, si bien su denominación verdadera era la Asociación de María Inmaculada y de San Luis Gonzaga. Reunía a jóvenes estudiantes, bachilleres y universitarios, pues también había entre ellos jóvenes profesionales, incluso trabajadores, pues había una mezcla de clases sociales entre ellos, si bien a la larga la juventud congregada sería mayoritariamente de la clase  media y acomodada, aquellas que en la óptica jesuítica estarían llamadas en el futuro a ocupar puestos decisivos en la sociedad. Los luises practicaban una vida piadosa activa, parecida a la de los jesuitas, contemplativos en la acción. Su objetivo era “formar jóvenes, que sean hombres de convicciones profundas, de carácter esforzado, útiles a la Iglesia y a la sociedad” [30]. Se organizaron como verdaderos centros de formación (en sus llamadas Academias tenían lugar ejercicios literarios y oratorios), en los que los jóvenes eran reeducados en la fe, en la doctrina y moral de la Iglesia católica, en el carácter y en el complemento de su formación intelectual. Bajo el impulso de la encíclica Rerum Novarum, los “luises” no fueron ajenos a la cuestión social. De este modo se ocupaban de acciones caritativas y benéficas: visitas a enfermos y presos en hospitales y cárceles, la enseñanza del catecismo, práctica de la limosna, visitas a los pobres, creación de centros que actuaban como escuelas con clases nocturnas para los trabajadores, locales recreativos y servicios de mutualismo.

La Congregación como tal no tenía una filiación política definida, pero de algún modo se les entrenaba en la lucha política, a la que luego serían llamados. En cierto modo era escuela de políticos, porque les proporcionaba el bagaje ideológico y el dominio de los medios de comunicación (de ella salieron líderes políticos como José Antonio Aguirre del PNV, Gil Robles en la CEDA, Onésimo Redondo en las JONS y otros).

En el ámbito estudiado, antes de 1906, existieron numerosas Congregaciones de “luises” dirigidas por jesuitas (con la observación de que también solían existir en sus centros congregaciones de San Estanislao, tal como hemos explicado, como preparatorias de la mayor):

  • Azpeitia-Loyola (G), creada en 1874, la dirigió originariamente el padre Pedro Garagarza. Se refunda en 1891 bajo la dirección del padre Pedro Echevarría, alcanzando los 23 coros. También existían las congregaciones de San Estanislao y de las Hijas de María.
  • Durango (B), fundada en 1876, aunque más bien es la fecha de su restauración por el padre Aizcorbe, aunque fue fundada por el padre José María Lasa y el sacerdote don Carlos Orue en 1861, con aprobación del obispo de Calahorra, don Antolín Monescillo. Continuó a pesar de la disolución de la Compañía en 1868, pues los jesuitas no salieron de Durango. Tenían sus cultos en la iglesia de San Agustín, y dirigían las Congregaciones de los Sagrados Corazones y la de San Luis y San Estanislao. En 1873 la Congregación se dispersó, pues la Iglesia fue convertida en cuartel y casi todos los congregantes (chicos entre 16 a 24 años) se fueron voluntarios a las filas carlistas. Al reorganizarse la Congregación en 1876 se trasladó a la iglesia de Santa Ana. En 1881 se fundó en el Colegio la de San Estanislao.
  • Bilbao (B), nace en 1878. Antes de la llegada de los jesuitas había en Bilbao una Congregación de San Luis, cuyas reglas se conservan con el título de “Reglamento para los jóvenes congregantes de la Purísima Concepción y San Luis Gonzaga de la villa de Bilbao, aprobado por el Ilmo. Señor D. Diego Mariano Alguacil, Obispo de Vitoria” (Bilbao, Euscalduna, 1864). Constan en este Reglamento las tres clases de congregantes (colaboradores, de número y honorarios) y las cuatro clases de juntas (directiva, administrativa, reunión de ambas juntas y junta general), pero el director es la cabeza única al que todos debían obedecer. Con motivo de la gran misión popular que predicaron en Bilbao los padres Maruri, Arcos y Aróstegui, en abril de 1878 se fundó la Congregación de San Luis, a la que se apuntaron 320 congregantes. En 1881 consta como su director el padre Celestino Suárez. Los “luises” de Bilbao destacaron por la valentía y eficacia de sus acciones de propaganda y caridad. Al comenzar el siglo XX, bajo la dirección de los padres Vilariño y Reyero, impidieron que los anticlericales asaltaran la residencia de los jesuitas (en octubre de 1903), convocaron la peregrinación a Orduña en el cincuentenario de la Inmaculada (1904), organizaron obras de caridad, catequesis y propaganda, enseñaron en las escuelas del patronato de obreros, y pronunciaron conferencias sociales para contrarrestar -según dice una crónica- la perniciosa influencia de Perezaguas, Madinabeitia, Iglesias y la “comparsa” socialista [31]. Publicaron en distintos momentos La Semana Católica de Bilbao, Azul y Blanco, y colaboraban en La Gaceta del Norte, y en el periódico anti-socialista El Pueblo. Sus inquietudes culturales se manifestaban en las veladas literarias y musicales. A principios del siglo XX la congregación de Bilbao se había convertido en una de las más modernas y eficaces de España. Era una congregación muy sensible a las tensiones políticas y religiosas de aquella ciudad, como lo demuestran sus réplicas ante el desafío socialista, que en los años siguientes pudieron favorecer actitudes nacionalistas. No en vano José Antonio de Aguirre, primer lehendakari en 1936, había sido prefecto de los «luises» bilbaínos [32].
  • Murguía (Álava en adelante mencionada como A): en 1887-88 se funda la Congregación de los “luises”, como asimismo la del Apostolado de la Oración, pero sin intervención de los jesuitas, por medio de una de las numerosas misiones populares que se daban en la época.
  • También existieron congregaciones de “luises” en Vitoria (nacida en 1864); Tolosa (1871); y Pamplona (1898), en cuyo Centro Mariano-Luises se fundó en 1957 el Cine-Club Lux, uno de los más dinámicos y veteranos del Estado, y dio cobijo y apoyo al Club Deportivo Pamplona, pionero en España en la práctica del béisbol. Su impulsor ha sido un jesuita, el padre José María Íñiguez de Ciriano, que vio en el deporte una manera de ejercer el apostolado entre los jóvenes.

Las Congregaciones Marianas alcanzaron su apogeo en la década de 1950. En la siguiente década la Confederación Nacional de Congregaciones Marianas agrupaba a 1.420 congregaciones (479 en parroquias, 25 en seminarios, 435 en casas de religiosos y 377 en casas de religiosas). Se calcula que en 1968 llegaban a 200.000 el número de congregantes españoles de ambos sexos, en número solo superado por la Acción Católica. Según José Manuel Ribera, “fue la Congregación Mariana, junto a otras organizaciones de apostolado seglar, uno de los pocos reductos donde podía llevarse a cabo, en la dictadura, una cierta vida intelectual por el cambio radical de entender la fe cristiana y su proyección apostólica gracias a la influencia fundamental del papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II” [33]. Sin embargo, en información de Manuel Revuelta, se iniciaba entonces un rápido descenso en el número de congregantes especialmente universitarios, de 3.000 a 1.200, motivado por las enseñanzas del Concilio Vaticano II en torno a responsabilidad de los laicos en la Iglesia, las nuevas corrientes pastorales y la nueva mística comunitaria basada en el diálogo y en la colaboración (de igual modo en la Acción Católica los 7.000 miembros de 1962 habían desaparecido en 1968). José Manuel Revuelta [34], destacado congregante de Madrid, señala como explicación de esta disminución desencuentros con la Compañía de Jesús, secularizaciones de los padres consiliarios e interés por el contexto socio-político de sus miembros con el cambio de régimen de la dictadura a la democracia. Fue entonces cuando se realizó la reconducción de las antiguas congregaciones por el cauce de las Comunidades de Vida Cristiana (1968-   ), cuyo espíritu se inspira en los Ejercicios ignacianos acomodado a las circunstancias del mundo actual a la luz del Concilio Vaticano II [35], bajo la dirección de un grupo apostólico que elige de entre sus miembros  a su presidente, en tanto el obispado nombra su representante en la persona de un consiliario por lo general jesuita (como asistente eclesiástico) Se exige a sus miembros vida espiritual seria, gran libertad en la estructura de los grupos y acción social efectiva.

Las Hijas de María

La Asociación Hijas de María nace muy ligada a la Compañía de Jesús. Su punto de referencia más importante, que ha servido para su mayor difusión, ha sido la Congregación Mariana creada por el jesuita padre Juan León Flaminger en el Colegio Romano en 1563 (aprobada por Gregorio XIII en 1584), que sirvió de modelo para las múltiples agrupaciones de Hijas de María autónomas instituidas en colegios y parroquias. En 1830, la aparición de la Virgen Inmaculada a una Hermana de San Vicente de Paúl, Catalina Labouré, en París, indicándole que sería de su agrado la acuñación de una medalla para sus Hijas representándola tal como aparecía, con los brazos abiertos emitiendo rayos como símbolo de las gracias que derramaba sobre el mundo, impulsó definitivamente la Asociación, dotada ahora de una “medalla milagrosa” [36]. En España, las Hijas de María eran la congregación femenina más numerosa, que ya se había implantado en casi todas las ciudades y pueblos mayores al terminar el siglo XIX, también en muestro ámbito de estudio, pues en Azpeitia (G) se funda la Asociación en 1874, en Bilbao en 1877, en Tudela en 1879 y en San Sebastián en 1905 [37]. Esto era fruto de las misiones populares predicadas por religiosos, aunque sin parangón en cuanto a florecimiento con las de estudiantes de bachillerato (Kostkas) y de universidad (Luises). A la Asociación Hijas de María, a las órdenes de los párrocos, se debe el haber sido instrumento eficaz de piedad, de culto y de cantera de apóstoles y de catequistas [38].

Al Papa Pío IX le corresponde el haber autorizado su creación como asociación piadosa el 20 de junio de 1847, a instancias del Superior General de los Paulinos y de las Hermanas de la Caridad, padre Jean-Baptiste Étienne, equiparándola a las Congregaciones de los Jesuitas en cuanto a la concesión de indulgencias [39]. El mismo Pontífice definiría el 8 de diciembre de 1854 el dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen mediante la bula Innefabilis Deus. Coadyuvó a su divulgación la propaganda de los párrocos y misioneros, de manera que no todas las asociaciones se establecieron en las casas de la Compañía ni fueron orientadas por jesuitas, pese a lo cual se ha dado el nombre de Hijas de María a las jóvenes solteras pertenecientes a las Congregaciones Marianas al considerarlas como una rama de aquellas [40].

No tenían voto alguno, de manera que disponían de libertad para abrazar el estado que creyeran mejor para alcanzar su perfección humana y espiritual. Lo habitual era que en los ejercicios colectivos las Hijas de María usaran velo blanco o se revistieran incluso con una túnica blanca con ceñidor, señales de su modestia y pudor. El distintivo general era la medalla con la efigie de María Inmaculada que se comprometían a llevar pendiente de una cinta al cuello en todo momento como aviso de los compromisos contraídos ante la Madre de Dios. Esta cinta era de color verde esperanza para las aspirantes durante el tiempo de prueba antes de ser admitidas en que la cambiaban por otra de color azul, “emblema del cielo a que aspiran y color del manto de la Inmaculada a quien se consagran” [41]. En muchos pueblos ser niña equivalía a ser Hija de María hasta el día de su boda. Como en el caso de las Congregaciones Marianas, desde 1968 se hallan integradas en las Comunidades de Vida Cristiana, con un año de prueba de los aspirantes antes de entrar a formar parte de ellas [42].

Se organizaban en coros o grupos de 30 asociadas, divididas en tres secciones o grupos de diez, con una directora o celadora al frente de todas. Se obligaban al ejercicio devoto de la visita mensual a la Virgen, bien individual o colectiva,  en el día que le señalaba la celadora y con el tiempo dirigieron también su atención al apostolado. A ello se añadía la comunión general una vez al mes, en un domingo determinado; reunión que en unos sitios era semanal, en otros más espaciada;  brillante celebración del mes de mayo y de la fiesta de la Inmaculada con su novena.

Bonifacio Iráizoz, que fue organista de la Asociación en Pamplona, nos da conocer el Himno A las Hijas de María cantado por ellas en esta capital.

Decía así:

¡Cantemos a María Inmaculada el himno del amor! / ¡Bendita para siempre y alabada tu pura Concepción! / Gloria eterna a María Inmaculada la Virgen del amor. / ¡Bendita para siempre y alabada la Madre del señor!

 ¡Oh estrella matutina de místico fulgor! / ¡Oh fuente cristalina del agua del amor! / ¡Purísima doncella, fortísima Judit! / ¡Oh Virgen la más bella, honor y gloria a Ti! / ¡Honor y gloria a Ti!, Virgen María, Madre de mi Jesús! / ¡Bendita y alabada, Madre mía, bendita seas Tú! / ¡Honor y gloria a Ti, Virgen María, Madre de mi Jesús! / ¡Bendita y alabada, Madre mía, bendita seas Tú!

[Canta primero el CORO y responde con la misma frase el PUEBLO]

Bendita sea tu pureza, eternamente lo sea. / Pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. / A Ti, celestial Princesa, Virgen sagrada María, / te ofrezco desde este día alma, vida y corazón: / Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, / no me dejes, Madre mía.

Su organización, vida y espíritu quedó fijado por el padre Ángel María de Arcos en el Reglamento de la Hijas de María en 1880. Este les inculca las virtudes de pureza, caridad y humildad (que se concretaba en modestia y recato en el vestido y, a veces, prohibición de bailes y espectáculos mundanos) En aquellas congregaciones bien organizadas existía una junta que se elegía cada año, se componía de presidenta, secretaria, tesorera, bibliotecaria, instructora de aspirantes y camarera de la Virgen, que a su vez tenía camareras auxiliares y adornistas que se encargaban del aseo y ornato del altar de la Congregación. Como causas de expulsión se señalaban la infamia pública, la rebeldía obstinada, el ser chismosa y sembrar desunión y el darse a tratos, diversiones, lecturas o bailes escandalosos. Se sostenía con limosnas, sin por lo general exigirse cuota, lo que explica que fuera  interclasista (aunque las había específicas para sirvientas y determinadas profesiones como, por ejemplo, modistas), si bien dominaba en ellas un mismo espíritu familiar por su devoción a la Virgen María. En otras regiones existieron variantes de esta Congregación, como las Hijas de Nazaret, en Andalucía, las “agnesetas” (inesitas) de Manresa, Cataluña, para jovencitas obreras bajo la protección de Santa Inés, patrona de la ciudad, la Corte de María, en Madrid, etc.

Las encuestas etnográficas realizadas hasta el momento nos informan de la existencia de Hijas de María en la Navarra Alta y Baja (I en representación de Iparralde), en Álava y Bizkaia.

En Navarra la Asociación ha estado muy difundida. Es el caso de la Valdorba, donde las muchachas creían que era una manera de “ayudarse a mantener la pureza y virginidad antes de casarse”, algo muy apreciado antaño, “pero ahora se ha pasado del poco o nada a encontrar curas que mantenían que los novios debían probar un año convivencia antes de contraer matrimonio”. En Solchaga, uno de los pueblos pertenecientes a este valle, “cada domingo, después del rosario, una niña le hacía una oración a la imagen de la Inmaculada”, práctica que se mantenía hasta el momento de casarse. “A la izquierda del altar estaba la imagen del Corazón de Jesús y a la derecha la de la Inmaculada, imágenes que estaban al cuidado de dos casas diferentes”. Las Hijas de María se ocupaban de mantener limpio y ordenado el altar. En Iracheta, el pueblo más alto del valle, confirmaron las encuestadas que también hacían ejercicios espirituales, pero fuera de la localidad, en su caso en Tudela. En otra de las poblaciones, Sánsoain, el cura del pueblo les daba “vela”, es decir “unos cursos para recordar la doctrina y lo hacía a la noche después de volver de sembrar” [43].

No muy lejos, dentro del Valdizarbe, en Enériz, a las Hijas de María se las llamaba adoratrices, haciendo una comparación con los adoradores nocturnos. “Compraban una medalla ovalada con la inscripción Congregación de Hijas de la Purísima e Inmaculada Virgen María, que llevaban colgando al cuello con una cinta azul. También tenían una bandera para llevar en las procesiones. Había una presidenta y una junta de cuatro socias. Había misa todos los días por la mañana (misa del alba) y rosario por la tarde. Los domingos ellas se sentaban juntas, hacían las peticiones y a la hora de comulgar hacían una fila en el pasillo y comulgaban en parejas. Por la tarde del domingo rezaban otro rosario y unas oraciones. Periódicamente, especialmente en el mes de mayo, organizaban fiestas especiales, y conmemoraban el día de la Inmaculada, 8 de diciembre, con aurora, misa y una rifa”. En 1956 se dice en las actas de la Asociación que las adoratrices también suministrarán las formas a la parroquia [44].

En la próxima villa de Obanos, se despedía el mes de mayo con una comunión general de las Hijas de María en la segunda misa, la de las 8 (pues la mayor era a las 10,30). Por la tarde, a las 5, con el canto de «Venid y vamos todos», tenían lugar el Rosario, la Novena de la Virgen de Soterraña (sin cantarla) [45], el Ejercicio de Mayo, las Flores, cantando «Dulcísima Virgen», procesión y plática. En la década de 1920, el 30 de mayo se celebraba la Santísima Trinidad. Era entonces cuando la Asociación Hijas de María tenía su solemne función. Por la tarde salía la procesión de la Virgen del Amor Hermoso, que durante todo el mes de mayo recibe culto público en la Iglesia Parroquial. El 8 de septiembre, festividad de la Virgen Soterraña de Nieva, guardaba fiesta todo el pueblo. En la segunda misa comulgaban todas las Hijas de María. A las 10,30 era la misa mayor, con sermón a cargo de un predicador venido de fuera, con asistencia del Ayuntamiento. Se siguió nuevamente la costumbre de acudir a la Casa Parroquial, volver a la media hora a la Parroquia y salir en procesión, terminándose el acto litúrgico con el canto de una Salve popular. Por la tarde, a la hora acostumbrada, se cantaban las vísperas y rezaban el rosario y las preces por las vocaciones sacerdotales, acabando con el himno de la Asociación de Hijas de María [46].

En Huarte-Pamplona las Hijas de María se colgaban del cuello la “medallica” con una cinta azul, en tanto“las de la presidencia, que eran seis, la llevaban blanca” [47]. El plan diario consistía en “acudir a misa a las 6 (6,30 en invierno), comulgar todas; a las 10 misa mayor porque teníamos que cantar; a las 12 reunión con don Leandro: a las 4 el rosario; a las 6 reunión con don José; las de Miral (la Genoveva) nos llevaban a visitar hospitales; el último domingo de cada mes teníamos nuestro día, pasábamos la bandeja [el cestillo], o sea que si nos moríamos teníamos ganado el Cielo”, en palabras de Luchy Navarro [48]. Solían pasar el cestillo con el pan bendito, que retiraba la gente, y ellas elaboraban en casa con una plancha de dos mangos: a una rebanada de pan se le hacían cuadros, lo bendecían y pasaban por los bancos para que la gente los cogiese [49]. En Izal (Valle de Salazar, N), según testimonio de Asunción Palacios, también se ha conocido el pan bendito: los domingos, por turno, una familia era la encargada de llevar un pan a la iglesia, que, ya bendecido en la misa, se repartía entre los asistentes [50].

Informa don Luciano Lapuente que en las Améscoas de Navarra las Hijas de María ingresaban en la Asociación siendo niñas de diez a doce años y pertenecían a ella mientras permanecían solteras. Eran las mantenedoras de las fiestas de la Virgen, especialmente la de la Inmaculada Concepción y del “Mes de Mayo”, en el que diariamente se hacía el ejercicio de las flores que consistía en un recital de oraciones que terminaba con un canto a la Virgen. En los domingos y fiestas el “ejercicio” se realizaba con la presencia de niñas vestidas de blanco “para echar las flores”. Portando un ramo de flores se acercaban hasta el altar de la Purísima y al ritmo del canto se levantaban en alto en ademán de ofrecerlo a María” [51].

Nos adentramos en Tierra Estella, y en un pueblecito del Valle de Guesálaz, Guembe, nos informan de que las Hijas de María del lugar, el último domingo del mes de mayo, antes de la misa, cantaban por las calles esta aurora [52]:

Un lucero aparece en el cielo / Anunciando el día que es, / Es María la reina del cielo, / La más hermosa rosa del Edén. / A ti, ¡oh, madre! / Todas te pedimos / En el nombre de esta asociación / Que triunfes siempre / Y no te olvides y eches a este pueblo / Tu fiel bendición.

En la Cuenca de Lumbier – Aoiz, en los valles de Lónguida y de Arce, también en las poblaciones próximas de Aoiz y Oroz-Betelu, en mayo llevaban flores a la Virgen; lo hacían las niñas que contaban entre siete u ocho años; colocaban su imagen en el altar y las chicas más mayores vestían la imagen de la Purísima con sus ropajes azules y blancos de seda, y bajaban un dosel, también azul y blanco, y la corona dorada (esto en Villanueva de Arce); después la adornaban con flores y guirnaldas que ellas mismas habían realizado en papel de seda; en estas fechas se cantaba mucho a la Virgen. El 8 de diciembre, Purísima Concepción de María, “era día de fiesta grande, con misa, procesión, buena comida y estreno de ropa”. Las Hijas de María habían celebrado su novena con antelación a ese día [53].

Las asociadas del valle de Arakil el último domingo del mes de mayo y el 8 de diciembre, preparaban la Inmaculada en andas y se organizaban sendas procesiones que seguían el recorrido tradicional (esto en los pueblos de Irurtzun, Echarren y Ekay). Tenían comunión general los primeros viernes y domingos del mes. En las fiestas de la Virgen hacían la visita a Ntra. Señora. Los primeros domingos por la tarde tenían conferencia o retiro espiritual (en Zuazu y Ekay). Celebraban con fervor el mes de mayo y la novena de la Inmaculada comenzando el 30 de noviembre para terminar el día de la fiesta con un triduo solemne, con confesor y predicador extraordinario. El último domingo de mayo y el día de la Inmaculada adoraban la medalla y salían en procesión. El dinero de las limosnas y de las cuotas lo destinaban a financiar los gastos del predicador del triduo y el adorno de la Virgen. Todos los años se renovaban los cargos eligiendo mediante votación a la Presidenta, a la Tesorera y a la Secretaria (tal sucedía en Irurzun) [54].

En Lantz, esta Asociación se constituyó previo tridium de preparación en mayo de 1908. Las obligaciones que constaban en el reglamento propio eran las de confesar y comulgar mensualmente en el día que señalase el director, y visita a la Virgen en el día y forma que se prescribe en la Cédula de la Congregación debiendo hacerlo los domingos y festivos en comunidad. Diariamente al levantarse debían hacer el ofrecimiento de obras. Llevar una vida acorde. No era obligatorio pertenecer a esta Asociación pero solían ser todas las mujeres solteras. Para entrar en ella se hacía una ceremonia especial: el cura bendecía y colocaba las cintas azules que después se pondrían con su medalla para la Visita y para comulgar. Se nombraba una junta para su dirección que se renovaba cada dos años y constaba de presidenta, directora, tesorera y secretaria [55].

Medalla de las Hijas de María de Mélida (Fuente: J. M. Garde Garde, cit.)

Hay constancia de que en varias localidades de la Ribera del Ebro, en Navarra, también han tenido presencia las afiliadas a esta Asociación. En Olite tenían sus oraciones en la parroquia de San Pedro durante el mes de mayo, de donde salían en procesión encabezadas por su bandera, que portaban las más destacadas y el resto con sus cintas azules y medalla al cuello. También las hubo en Mélida y en Cintruénigo, donde un párroco mediado el siglo XX se dirigía a ellas en una octavilla que trae a colación Paz Larraondo recomendándolas celebrar con toda devoción y solemnidad “su fiesta”, el 8 de diciembre, día de la Concepción Inmaculada de María, para lo que les pide “comulgar en la misa, sin que exista razón para lo contrario. Levantaos prontito, desayunad cuanto antes, tenéis tiempo para tomar desayuno sólido hasta las ocho, pues la comunión no comenzará antes de las once, cumplidas vuestras obligaciones en vuestras casas, y a las diez, todas a la misa solemne de la Virgen”, y continúa: “Madres interesaos para que así lo hagan vuestras hijas. Señora: interesaos para que así lo hagan vuestras sirvientas, seguras todas de que la Virgen os lo sabrá recompensar. ¿No queréis hijas buenas y sirvientas fieles? pues poned los medios y ayudadme a conseguirlo para bien vuestro. Vosotras sirvientas, no abuséis de la bondad de vuestras señoras. ¡Todas a misa mayor! Debe ser una misa de gloria, como lo quiere la Iglesia. Veis qué bien han resultado las misas en el Santuario de la Purísima? Seguid obedeciendo como lo habéis hecho durante todo el mes. Ya sé que por la tarde acudiréis al Ejercicio de Flores y procesión”. En la Asociación de Hijas de María se pagaba una cuota.

En Cintruénigo, los primeros domingos de cada mes había misa por la mañana y por la tarde ejercicio (Rosario y plegarias a la Virgen) en la parroquia. Los últimos domingos se convocaban juntas de las directivas para entregar cuentas, examinar cómo iba la Asociación etc. En el mes de mayo había misa todos los días a las ocho de la mañana, y por la tarde «función de las flores» (preces, letanías y cánticos a la Virgen). El último domingo de mayo tenía lugar la procesión con la Inmaculada y el estandarte propio portado por una de ellas, y dos niñas que habían hecho la Primera Comunión ese año sujetaban las cintas que pendían del mismo [56].

Desde 1876 celebraban en Mélida las Hijas de María sus flores de Mayo ante la imagen de la Purísima ya adquirida para su veneración, cuya devoción venía de antiguo. En este caso no se pagaba cuota alguna por pertenecer a la Asociación, aunque con lo obtenido en los sorteos y comedias que montaban pudieron ayudar a la parroquia, a los damnificados por el incendio de Santander de 1941 y mantener la imagen de su patrona. Para celebrar el mes de Mayo trasladaban la imagen de la Virgen desde su retablo al altar mayor, posándola sobre una peana en el lado del Evangelio y adornándola con flores silvestres, asfódelos o gambones, por ellas recogidas. En las tardes de mayo acudían a la iglesia para rezar el rosario y rezar “las flores de mayo” los domingos. Según testimonio de Carmen Esparza “en el templo, las muchachas se disponían y avanzaban por el pasillo central hasta el altar. Al llegar frente a la Virgen, derramaban flores sobre la imagen y recitaban poesías en su honor, retornando después a su bancada”. En 2015, la octogenaria Dolores Garde Soroa todavía recordaba los versos que recitó en una ocasión:

“Veo tristes vuestras caras / amigas, en esta tarde, / ¿por qué no venís con gozo / al altar de vuestra madre? / Porque se termina mayo / Y nos causa sentimiento / No poder traerle flores / A la Reina de los cielos”

Tras el rosario, las chicas que pertenecían a la Asociación permanecían en la iglesia y confirmaban los votos. El último domingo de mayo, la Inmaculada era sacada en procesión por las calles del pueblo, lo mismo que el 8 de diciembre, su festividad, asistiendo todas ellas con su bandera y en el cuello su medalla con su cinta azul, tras lo cual se celebraba una misa cantada en su honor.

La Asociación tuvo su apogeo en la década de 1940 con 190 miembros, prácticamente todas las muchachas solteras de la localidad, pero veinte años más tarde se inició su decadencia, hasta su definitiva desaparición unos años más tarde [57].

De la existencia de Hijas de María en la Baja Navarra (I) nos informa don José Miguel de Barandiarán, al mencionarlas en su estudio de la vida popular en Heleta, que realiza en 1937  pero publica cincuenta años más tarde [58].

En Álava, las Hijas de María han tenido un papel destacado. Se ha podido referenciar la Asociación en San Román de San Millán [59], en Berganzo [60] y en el ayuntamiento de Zigoitia, que agrupa a 16 concejos [61]. En todas estas poblaciones las Hijas de María se mostraban muy activas. En Berganzo junto a otras niñas “echaban versos a la Virgen de Estíbaliz y flores durante el recorrido” por su término en la procesión itinerante de la imagen por los pueblos de la zona media alavesa. Lo mismo se hacia en el vecino Ocio. En Peñacerrada entonaban canciones marianas durante la procesión con la imagen de la Virgen en la romería a la Ermita de Urizarra, el último domingo de mayo, y el 1 de noviembre dirigían el rosario tras la visita del pueblo al cementerio. En Zambrana, en la festividad del Corpus las Hijas montan un altar en el recorrido del Santísimo, en el que colocan la imagen de la Inmaculada Concepción, decorándolo con flores, sobrecamas y alfombras. En el amplio municipio de Zigoitia, cantaban villancicos mientras se daba a besar el Niño el día de Navidad, 25 de diciembre. Después del rosario, el día de Reyes, ponían en el pórtico de la iglesia, en forma de lotes, las bolsas con frutas (naranjas, manzanas, peras, nueces, castañas), miel y roquillas que habían preparado las vecinas, que hasta ese momento habían estado al lado del nacimiento navideño. El sacristán, después de cortar la baraja, enseñaba un naipe al azar tras decir “oros, copas, espadas y bastos”, y a quien daba cinco céntimos le enseñaban, quien recibía un as cogía una de ellas. Esta costumbre sólo se mantiene en Apodaca. El Domingo de Ramos y Pascua de Resurrección las Hijas de María reforzaban el coro de hombres. Colocaban el tabernáculo para la adoración al Santísimo el Jueves Santo. En Mayo, durante el rezo del rosario cantaban a la Virgen:

Venid y vamos todos  / con flores a porfía / con flores a María  / que Madre nuestra es

Tomad Virgen Pura  / Nuestros corazones, / No nos abandones, / Jamás, jamás / No nos abandones  / Jamás, jamás

También vendían los boletos de una rifa para animar el traslado de la patrona de Álava, la Virgen de Estíbaliz, en su recorrido por los pueblos del municipio.

Con motivo de la fiesta de las Hijas de María, el último domingo de mayo, ellas mismas se ocupaban de limpiar la iglesia de víspera y la adornaban. El día señalado acudían a misa con sus mejores galas, se colocaban en  bancos reservados y cantaban en la función alternando  con los cantores del coro. Llevaban la medalla colgada al cuello con un lazo azul. Proseguía su fiesta por la tarde, con el rezo de  vísperas cantadas, sermón de un predicador invitado ex profeso, rezo del rosario, exposición del Santísimo y procesión alrededor de la iglesia, acompañada de volteo de campanas y disparo de cohetes. La Inmaculada era llevada a hombros por los mozos. Después de la procesión se celebraba la rifa de una licorera, una tarta, un juego de vasos y cosas así.  A esta función, en el pueblo de Apodaka, asistían las cuadrillas de jóvenes de los pueblos próximos, así como los mayores, y celebraban los curas de Antezana, Foronda, Aranguiz, Echabarri-Ibiña y Letona. La iglesia se llenaba a rebosar.

Hubo Hijas de María en  las merindades vizcaínas de Zornotza y Busturia, donde la edad de ingreso en la Asociación variaba, pues podían hacerlo tras la Primera Comunión (en el caso de Ajangiz y Arratzu), sobre los 12-13 años (en Mendata y Nabarniz) o bien  entre los 14-15 años (en Gernika-Lumo), incluso “después de salir de la escuela” a los 16 años (en Muxika), aunque en todos los casos debían ser solteras y se obligaban a abandonar la Asociación al contraer matrimonio. Las prácticas seguidas eran iguales en todos los casos (oración personal, asistencia a pláticas sacerdotales, al rosario y misa diarios, confesión y comunión mensual, asistencia a funerales de compañeras, así como a la procesión de la Patrona con el estandarte al frente, en algunos casos también a la procesión del Corpus Christi, arreglar la iglesia…) Se les prohibía terminantemente bailar “al agarrao” en las romerías (“pecado sin absolución” informan en Nabarniz y Huarte-Pamplona), aunque sí a “lo suelto” [62]. A quienes no observaban la prohibición se les quitaba la medalla.

La Congregación del Corazón de Jesús, el Apostolado de la Oración y el Movimiento Eucarístico Juvenil

La propagación del culto público al Corazón de Jesús tiene su origen en las revelaciones místicas que Margarita María Alacoque comenzó a experimentar en Paray-le-Monial desde 1673 hasta su muerte en 1690. En las revelaciones que recibió se encomendaba a la Orden de San Ignacio el encargo de propagar la devoción al Sagrado Corazón. Tres jesuitas -San Claudio de la Colombière, su director espiritual, y los padres Juan Croiset y José de Galliffet- entre los siglos XVII-XVIII divulgaron aquella devoción, que comenzó a concretarse en la fundación de algunas cofradías del Sagrado Corazón en el siglo XVIII, pero no fue sino hasta el papado de Pío IX cuando se extendió la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús a todo el orbe católico (Decreto de la Congregación de Ritos del 23 de agosto de 1856), lo que quedó corroborado con el acceso a los altares de Santa Margarita en 1864. En el calendario litúrgico cristiano, esta fiesta se celebra en el mes de junio, el viernes siguiente a la Octava de la festividad del Santísimo Corpus Christi. El culto a al Sagrado Corazón de Jesús adquirió todo su esplendor entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. María Antonia Herradón alarga la etapa de esplendor de esta devoción hasta 1970, en que se sucedieron sin solución de continuidad numerosas iniciativas tendentes a reforzar su culto o afirmar su presencia [63]. El papa León XIII dispuso en la encíclica Annum Sacrum (1899) la consagración de toda la humanidad al Corazón de Jesús [64].

El Apostolado de la Oración como tal nace en Francia en 1844, se organiza en España en 1866 gracias al sacerdote catalán José Morgades y pasa a la dirección de los jesuitas españoles en 1883, aunque no en exclusiva. A partir de ese año, en España, pueden distinguirse dos fases: hasta 1883 prevalecen las Congregaciones del Sagrado Corazón (es el caso de la del noviciado de Loyola) y, a partir de 1883, es el Apostolado de la Oración el que predomina, que se funde con las cofradías del Sagrado Corazón y hasta cierto punto las integra en su seno (es el caso de la Archicofradía del Sagrado Corazón fundada en Roma [65], que tuvo presencia en localidades navarras como Pamplona, Valle de Arce, Aoiz y Lantz): se establecen en las casas de la Compañía en Durango, donde la crea el padre Leonardo Olano en 1844; en la de Bilbao el padre Niceto Aróstegui en 1877-78 (Bilbao sería la capital donde radicaría la dirección de la Congregación y su revista); en la de Tudela, el mismo curso; en la de Orduña en 1872; en la del Noviciado de Loyola, en 1899 (agregándosele el Centro del Apostolado de la Oración); en la Universidad de Deusto, donde se asocian todos los alumnos al Apostolado de la Oración en 1886; en la del colegio de Orduña, en que aparece la congregación del Sagrado Corazón en 1881 y el Apostolado de la Oración dos años después; en la del Colegio de Tudela, con la del Sagrado Corazón en 1877 y la del Apostolado de la Oración en 1883; y en las Residencias jesuíticas de Bilbao, con la Congregación en 1877 y el Apostolado en 1883; Durango, con la Congregación en 1844 y el Apostolado en 1883; San Sebastián, con la Congregación en 1904; y Javier, con el Apostolado en 1905, curso en el que se inicia la Escuela Apostólica. A ellas pertenecen no exclusivamente alumnos sino que son abiertas a otros interesados, sin selección previa (no como en las Congregaciones Marianas más elitistas).

Medalla del Apostolado de la Oración de Mélida (Fuente: J.M. Garde Garde, cit.)

Entre los jesuitas que propagaron su culto por España hubo varios de origen o ascendencia vasco-navarra: los padres Agustín de Cardaveraz (Hernani, 1703-Bolonia, 1770), Pedro de Calatayud (Tafalla, 1689-Bolonia, 1773), Juan de Loyola (Valmeo, Santander, 1686- Valladolid, 1762), Pedro de Peñalosa (Segovia, 1682-Bolonia, 1772), profesor de Teología en Pamplona, y Francisco Javier Idiáquez (Pamplona 1711-Bolonia 1790), destacando en esta misión de  modo especial los dos primeros. El padre Cardaveraz, en particular, sembró de cofradías corazonistas muchos pueblos de Vasconia, en donde misionó durante veinte años (1736-1755) y el Padre Sebastián de Mendiburu erigió un sinnúmero de congregaciones en Navarra y Gipuzkoa. El rey Fernando VII restableció en España la Compañía de Jesús el año 1815, tras la expulsión de Carlos III (decreto de 27 de febrero de 1767), de modo que retornó con normalidad el asociacionismo corazonista. La devoción culminaba el 30 de mayo de 1919 con la consagración oficial de España al Sagrado Corazón de Jesús en la inauguración del monumento erigido en el Cerro de los Ángeles (Madrid). Según Andrés-Gallego y Pazos, el peso de los centros del Apostolado de la Oración en Vascongadas y Navarra, en 1886, era “aplastante” en comparación con los existentes en el resto del Estado [66].

El Apostolado de la Oración estaba abierto a todas las gentes, comprometidas a rezar la oración diaria de ofrecimiento de obras, el rosario, la comunión frecuente (especialmente en los primeros nueve viernes de mes), la oración ante el Santísimo Sacramento, las jaculatorias diarias y cánticos (“Corazón santo, tú reinarás, tu nuestro encanto siempre serás…”), la celebración anual de la fiesta del Sagrado Corazón precedida de su novena en el mes de junio y su solemne procesión por las calles engalanadas con colgaduras y corazones.

D. Cipriano Olaso en su despacho del Círculo Mariano. Pamplona

De preparar con solemnidad la celebración de la festividad del Sagrado Corazón de Jesús en Pamplona se encargaba el sacerdote Cipriano Olaso Aranguren, director de la Congregación Mariana que abarcaba a Tarsicios y Luises. En el primer tercio del siglo XX, en la tarde del jueves víspera del Primer Viernes de Mes o celebración del Sagrado Corazón de Jesús, se celebraba una Hora Santa, a las ocho de la tarde, en la que participaban, además de los Tarsicios de la Adoración Nocturna, los socios y socias de la Archicofradía de la Guardia de Honor al Sagrado Corazón de Jesús y las Religiosas de la Visitación de Santa María (Salesas), en cuya iglesia del Sagrado Corazón, sita en la calle San Francisco, se celebraban esta y otras Horas Santas (como la muy celebrada del Jueves de Pasión) El día lo abría la Procesión de la Aurora, con principio y final en la iglesia de las MM. Salesas, que recorría diversas iglesias en homenaje de amor, gloria y reparación al adorable Corazón de Jesús. Durante el resto del día había exposición solemne del Santísimo Sacramento y vela constante por turnos de socias de la Guardia de Honor. Ya en la iglesia, había comunión general, fervorines dirigidos por el sacerdote, conclusión de la Novena, procesión por los distintos altares con el Santísimo y sermón del celebrante sobre la doctrina de Santa María de Alacoque, el amor al Sagrado Corazón, la modestia cristiana, el alejamiento del mundo, la vida de familia, el recogimiento, la oración, el amor a la cruz y al sacrificio, la conformidad con la divina voluntad, la humildad y la dulzura de corazón, cerrando el acto una especialísima bendición a los asistentes. Durante algunos años se celebró una procesión por la ciudad de niños y niñas con la imagen del Sagrado Corazón. Salía del convento de las Salesas, participaban los Tarsicios con estandartes y en andas pequeñas llevaban imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y del Purísimo Corazón de María; en la Plaza del Castillo se hacía la consagración de los niños al Divino Corazón, al final de ella se les repartían caramelos y estampas; terminada la procesión, en las Salesas se rezaba la novena  al Sagrado Corazón y, al anochecer, salía la procesión de los hombres [67].

Orientativamente, sobre la difusión de la implantación del Apostolado de la Oración en Navarra, puede servirnos de ejemplo la existencia en la villa de Lantz de una Archicofradía del Sagrado Corazón de Jesús, fundada en 1889, integrada por todas las familias del lugar; en 1906 había hasta siete coros, tres de hombres y cuatro de mujeres, además de uno de jóvenes. Se ingresaba  tras la Primera Comunión y recibían una “cédula de agregación”. Se obligaban a rezar particularmente cada día un misterio del Rosario. En 1945, al cumplirse el centenario del Apostolado de la Oración, volvió a renovar la villa su consagración al Sagrado Corazón. Pero dejó de existir hacia 1960 [68].

Placa con el «Bendeciré» en una vivienda del Casco Viejo de Pamplona

La iconografía corazonista encontraba su puesto de honor en la instalación de estatuas del Sagrado Corazón en pueblos y ciudades, placas en las puertas (con la expresión “bendeciré” o “reinaré”  las casas en que “la imagen de mi corazón sea expuesta y honrada”), su entronización en los hogares incluso en edificios públicos (como Ayuntamientos) y en objetos como escudos y benditeras o bien de uso personal como estampas, escapularios y detentes (“Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”, protector sagrado para colocar sobre el lado izquierdo del pecho), donde la imagen de Cristo muestra o insinúa su corazón o bien éste aparece aislado [69].

Los centros del Apostolado no se limitaban a los actos de devoción y a las vistosas procesiones con himnos, medallas y estandartes. Incluían también acciones caritativas, que los convertían en asociaciones benéficas. Los jesuitas difundieron por todas partes el Apostolado de la Oración y propagaron la devoción al Corazón de Jesús, a través de la revista Mensajero del Corazón de Jesús.

En el Apostolado de la Oración se podían inscribir los niños (varones) como “cruzados eucarísticos”, práctica seguida en los colegios de la Compañía de Jesús -también los situados en nuestro ámbito de estudio- con aquellos que hubieran hecho su primera comunión, práctica todavía vigente en la década de 1950. El Cruzado de la Eucaristía, se decía en el título extendido a sus miembros:

  • “tiene un deseo grande, que es el ideal de su vida: ¡VENGA TU REINO!, que Jesús reine en todos, especialmente en su corazón y en su familia;
  • cumple sus cuatro consignas para conseguir este Reinado: ¡ORAR! ¡COMULGAR! ¡SACRIFICARME! ¡SER APÓSTOL!
  • Ofrece todas la mañanas sus oraciones, obras y padecimientos al Corazón de Jesús;
  • Ama tiernamente a su Madre del Cielo, la Virgen María;
  • Es puro y alegre, obediente y piadoso;
  • Ama al Papa y a las Misiones;
  • Conoce y cumple su Reglamento”

 

 

 

 

 

 

 

 

El Cruzado Eucarístico, antes de ser nombrado como tal, debía asumir la “promesa del cruzado”: “Orar, comulgar, sacrificarme y ser apóstol”. Pero lo ordinario es que mayoritariamente sus miembros fueran antiguas Hijas de María que tras casarse se inscribían en el Apostolado de la Oración, es decir era un asociación piadosa de adultos. En Mélida (N), que nos sirve como ejemplo, las tardes de junio las asociadas rezaban el rosario en el templo y en el último domingo del mes se sacaba en procesión la talla del Corazón de Jesús por las calles de la villa. Talla que ocupaba en este mes el lugar preferente que en el altar había ocupado la Purísima Concepción, que ahora volvía a su retablo. Todas acudían a la procesión con enorme recogimiento y las mayordomas desfilaban portando un gran escapulario. El resto de asociadas portaba una medalla prendida de cinta roja o pequeños escapularios, siempre con la imagen del Corazón de Jesús [70].

El Movimiento Eucarístico Juvenil, para niños y jóvenes de ambos sexos desde los 5 a los 25 años, nace en Francia en 1962 sobre la base del Apostolado de la Oración renovado  pero con método y espíritu semejantes: la celebración de la Eucaristía de cada día precedida del ofrecimiento de obras por la mañana y el examen a partir de lo ofrecido por la mañana, asociando oración y vida a donación amorosa a la humanidad, según el esquema Oración / Comunión / Sacrificio / Apostolado. La Virgen María, está presente y acompaña este itinerario espiritual. Sus santos patrones son San Francisco Javier y Santa Teresita de Lisieux. Su manera de organizarse es en torno a parroquias y centros de enseñanza, proponiendo a sus integrantes diversos medios para conseguir esos ideales a través de la vida de equipo, encuentros, cantos, liturgias, retiros y campamentos [71].

La Juventud Católica

En España la organización de la Juventud Católica como rama juvenil del nuevo modelo de Acción Católica que trata de organizar las bases promulgadas por el primado Reig i Casanova en 1927, era la traducción del modelo europeo de Juventudes Católicas basado en el triple ideal de Piedad-Estudio-Acción y en el método formativo del Círculo de Estudio [72]. Los primeros pasos de la Juventud Católica se habían dado por iniciativa de algunos miembros de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, antiguos congregantes “luises” de Madrid, fundada por el padre jesuita Ángel Ayala en 1910, y presidida en ese momento por Ángel Herrera Oria, y en contacto con la asociación internacional. Pero es a partir de las bases promulgadas por el primado Reig cuando se impulsa una organización unitaria seglar, dependiente de la jerarquía diocesana, sobre la base de fusionar o coordinar las asociaciones y organizaciones juveniles preexistentes, con el deseo de recristianizar una sociedad donde el laicismo bajo la República se hallaba en auge: así los patronatos y centros de juventud obrera, las Congregaciones marianas, las Juventudes Antonianas, las Juventudes Salesianas y los Antiguos Alumnos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La Acción Católica buscaba formar a sus miembros jóvenes en principios morales básicos “apolíticos” (es decir apartidistas), según el esquema propuesto por el papa Pío XI.

La Acción Católica tuvo varios cauces conducentes a la democracia cristiana: el político, constituido por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), con José María Gil Robles a la cabeza, y el sindical, especialmente en el ámbito de la juventud obrera y campesina, siguiendo el modelo de la “especialización” por sectores productivos que se estaba desarrollando en Bélgica. Es así como entre 1913 y 1914 se funda en Bilbao la Unión Obrera Católica que agrupaba a sindicatos católicos de oficios varios (uniones profesionales), dependientes del comercio, ferroviarios y tranviarios de Bilbao y el metalúrgico de Sestao, además del de costureras y modistas. Pero no olvidemos otro de sus cauces, éste de carácter apostólico, que en esencia era formativo, bajo la presidencia de Ángel Herrera.

Pasos importantes de la época en que se consolida la Juventud Católica en el ámbito estudiado fueron, en 1933, la fundación del Instituto de la Unión de Juventudes Católicas de Vizcaya, y en julio de ese año la influyente Asamblea de Cuestiones Sociales celebrada en el Seminario de Vitoria a iniciativa de la Juventud Obrera Católica, que abordó cuestiones candentes como la formación de un frente sindical unitario antimarxista, junto a los temas tradicionales de la doctrina social de la Iglesia sobre la propiedad, el salario y la participación en los beneficios, y la organización corporativa, según el planteamiento de las semanas sociales formativas teniendo como horizonte la doctrina social de la Iglesia en las encíclicas Rerum Novarum y Quadragessimo Anno. En ella intervinieron el canónigo Blas Goñi Atienza, promotor del sindicalismo Católico Libre en Navarra; el jesuita, profesor en la Universidad de Deusto, Joaquín Azpiazu Zulaica, que con sus escritos y conferencias defendía el derecho a la propiedad y al trabajo desde el punto de vista de su función social a la luz de la doctrina católica; y el dominico José Gafo Muñiz, patrocinador del Bloque de Unión Sindical católica. Asimismo, las Conversaciones Católicas Internacionales de San Sebastián bajo el impulso del padre marianista Carlos Santamaría, iniciadas en 1935, reanudadas en 1947, que duraron hasta 1960, para la formación doctrinal de consiliarios y dirigentes de Acción Católica [73].

En 1936 se encuadraban en las Juventudes Masculina y Femenina de Acción Católica de todo el Estado 60.000 miembros (en 1.100 centros de Juventud Católica masculina y 266 centros de Juventud Católica femenina) Sin  embargo, el verdadero desarrollo de los movimientos juveniles de Acción Católica con su propia metodología (basada en la revisión de vida) y dinámica de compromiso social se alcanzará en las décadas de 1950 y 60 [74]. En los 60, los miembros de la Acción Católica irán mudando su mentalidad hacia el compromiso temporal y la progresiva toma de distancia crítica respecto de la dictadura franquista y la relación concordatoria Iglesia-Estado, a la luz del apostolado laical planteado por el Concilio Vaticano II y del aperturismo al diálogo propuesto por la encíclica Ecclesiam Suam de Pablo VI [75].

Algunas investigaciones etnográficas realizadas en Navarra se refieren a la vida en las décadas de 1930 y 40 de las juventudes católicas de Azagra, Cintruénigo e Irurzun, así como a las concentraciones de jóvenes de Acción Católica en la sierra de Urbasa [76].

Formación en el tiempo libre

Existen entidades  que hacen del tiempo libre de niños y muchachos ocasión para fomentar su maduración humana y espiritual en sintonía con la Iglesia católica, que vamos a considerar a continuación. Tales son, entre otras, las actividades formativas desarrolladas por la Orden Salesiana, los PP. Capuchinos, la Prelatura del Opus Dei y el Movimiento Scout Católico. Se pueden considerar en este artículo en cuanto que se desarrollan en grupo y exigen un espíritu asociativo. Todas tienen en el ámbito de estudio su proyección.

El Oratorio Salesiano

La Sociedad de San Francisco de Sales -Padres Salesianos- congregación religiosa fundada por San Juan Bosco para la enseñanza y formación profesional de la juventud, en ambientes populares relacionados con la industrialización, tiene fuerte presencia en Vasconia, tanto en Álava (colegio de Zuazo de Kuartango), Bizkaia (colegios de Barakaldo, Cruces y Deusto), Gipuzkoa (colegios de Urnieta, Intxaurrondo y Azkoitia), como en Navarra (donde su Escuela Profesional se implanta en fecha tan temprana como 1926, con centros también en Estella, Corella, Cintruénigo y Tudela).

Llevado de la preocupación por atender a los jóvenes “traviesos” (birichini), Don Bosco no se contentó con procurar su educación formal sino integral, creando para ello, según la tradición oratoria italiana, un centro peculiar, el Oratorio Festivo Salesiano, modernamente llamado Club de Tiempo Libre, en el que desea ofrecer a sus muchachos un espacio acogedor y familiar, complementario de la enseñanza impartida durante las horas de clase, que haga posible una educación religiosa, social y cultural de los jóvenes en edad crítica, fomentando en ellos un espíritu de superación que continuarán como ex alumnos en el futuro (promoviendo viviendas sociales o competiciones deportivas como el Trofeo Futbolístico Boscos fundado en 1957 por Juan José Armendáriz en Navarra).

Se servirán para lograrlo de agrupaciones de teatro (la Galería y Librería Salesiana de Teatro), bandas musicales, orquestas, coros juveniles, excursiones para el disfrute y respeto de la naturaleza, cine-foros, y el ya mencionado deporte.

La Juventud de San Antonio

Desde su fundación en San Sebastián en 1935 y su irradiación por los diferentes  territorios, la Juventud Antoniana fue la vía instrumental para la catequesis de jóvenes dentro del espíritu franciscano de los padres capuchinos. Su actividad fue muy intensa en el pasado, a juzgar por los actos culturales, deportivos y religiosos organizados. En San Sebastián sus miembros formaron la Escolanía de Nuestra Señora de Lourdes, que dejó de existir en 1970. En el aspecto cultural, contaban semanalmente con reuniones en equipo, cine-fórum, conferencias y conciertos, pero lo más destacado fueron las obras teatrales que montaron los jóvenes socios con un cuadro de actores de destacada categoría cuyas representaciones se celebraban los domingos. Algunas salieron del club para ser representadas en el Teatro Gran Kursaal o en el Victoria Eugenia, incluyendo zarzuelas. También era obra de la Juventud Antoniana el club deportivo Gaztedi, que en 1985 mantenía sus actividades. En 1951 los jóvenes de la Juventud Antoniana del Carmelo de Begoña, en Bilbao, fundaron su propio grupo de danzas. Por su parte, la Sociedad Juventud de San Antonio, de Pamplona, se orientó hacia la práctica del baloncesto, balonmano y patinaje, con la organización del Circuito Internacional de Patinaje San Antonio, primero a escala europea en su especialidad. Entre las restantes actividades culturales desempeñadas es destacable la organización del desfile popular “Olentzero”, cada 24 de diciembre, por las calles del Ensanche de Pamplona.

El Opus Dei

La Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, Fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928, que tiene como fin difundir, en todos los ambientes de la sociedad, la llamada universal a la santidad tanto en el estudio como en el ejercicio del trabajo profesional ordinario (con el ejemplo de vida y la palabra), como es natural, no fue ajena al apostolado entre los más jóvenes, chicos y chicas. De suyo, en su estructura organizativa, tienen cabida los jóvenes desde los 16 años y medio en que pueden solicitar su ingreso cautelar en el Opus Dei con autorización de sus padres, hasta cumplir los 18 en que ya podrán optar, en el futuro, a las diferentes categorías previstas en la Prelatura: miembros laicos numerarios, agregados y supernumerarios o bien sacerdotes.

Tanto en los colegios confiados a la dirección espiritual de la Obra como en los clubs privados asimilados a su espíritu, los niños y jóvenes tienen la oportunidad de profundizar en su formación religiosa cristiana, mejorar su formación cultural, y aprender a relacionarse socialmente por medio de la amistad, en un ambiente acogedor y familiar, con el incentivo de múltiples actividades y la invitación a la práctica del apostolado.

El Opus Dei tiene mayor proyección educativa en Bizkaia (abre su primer centro en Bilbao en 1945), Gipuzkoa y Navarra (inaugura el Estudio General de Navarra, germen de su Universidad, en Pamplona el año 1952).

El Movimiento Scout Católico

Teodoro Iradier

La idea del escultismo llegó España en 1912 de la mano del vitoriano Teodoro Iradier Herrero, capitán del arma de Caballería, y del periodista catalán Arturo Cuyás Armengol, que se entusiasmaron con las posibilidades educativas que ofrecía el libro Escultismo para muchachos publicado en lengua inglesa por Robert Baden-Powell en 1908 y su posterior Manual del lobato, para los boy-scout más pequeños, ambientado en El libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling [77]. Ambos reunirán al inicial grupo de jóvenes en un  campamento para formar lo que sería la primera tropa scout española en octubre de ese mismo año. Iradier trasladó al rey Alfonso XIII su propósito de “hacer de los muchachos verdaderos ciudadanos útiles a la sociedad”, convenciéndole de tal manera que aceptó convertirse en protector de la naciente asociación Exploradores de España. De esta manera se extendió el embrionario escultismo con sorprendente rapidez por el Estado: Burgos, Madrid, Zaragoza y Barcelona. Durante los siguientes veinte años, el escultismo se expandió por toda Europa y por América Latina, incluso la Real Academia de la Lengua, en 1928, admitió el vocablo “escultismo”, definiéndolo como “movimiento de juventud que pretende la educación integral del individuo por medio del contacto con la naturaleza”. De este refrendo a las ideas de Baden-Powell, surgirán en España tres expresiones entre sí complementarias aunque no exactamente iguales: el Movimiento Scout Católico (MSC), objeto de nuestra consideración detallada; los Scouts de España vertebrados en asociaciones entre sí federadas (ASDE, Asociaciones de Scouts de España), que no se han integrado en la estructura diocesana de la Iglesia católica, aunque en su misión  ayudan a sus miembros a “establecer un sistema de valores basado en principios espirituales” [78]; y las Guías de España, que forman lo que se denomina Guidismo, inspirado por Agnes Baden-Powell, hermana menor del fundador, del que originariamente formaron parte niñas y muchachas jóvenes, aunque posteriormente admitió al sexo masculino.

El propagador del escultismo en San Sebastián fue José María Aristiguieta a partir de 1929, con un grupo de los hoy considerados pioneros “Pañoletas Blancas”; en el Estado Francés se extendieron con rapidez en la década siguiente, incardinándose en Bayona, Pau y Biarritz en las asociaciones católicas Scouts et Guides y Scouts Unitaires de France [79]; en 1959 la Asamblea de Asociaciones Diocesanas de Escultismo de Euskal Herria (con sede central en Bilbao) crea la federación Euskalerriko Eskautak con delegaciones en los cuatro territorios de Vasconia peninsular, e integra a día de hoy 27 grupos vizcaínos, 5 alaveses, y 7 navarros, con una cantidad de miembros estimada en 3.500; en Gipuzkoa existe una Asociación de Guías y Scouts Adultos de Gipuzkoa, que incluye 5 grupos [80], pero no figura de manera oficial en Euskalerriko Eskautak. En octubre de 2016 se desgajan de aquella federación los grupos Jairoi e Ibaialde, a los que se unirá Nuestra Señora del Huerto, que en adelante adoptarán el nombre de Scouts de Navarra, y permanecerán como independientes otros como La Paz, San Pedro, Santa Teresa y Doniantzu, todos ellos formando parte del Movimiento Scout Católico. Se mantienen en Euskalerriko Eskautak los grupos navarros Baracea, Dendari Izar, V Tropa, San Andrés, Mikael, Gundemaro y Lykos. Tanto unas como otras formaciones vasco-navarras llevan una vida más libre con respecto al resto de tropas scouts del Estado, que, externamente, se manifiesta en la ausencia de uniforme a excepción de la pañoleta y emblemas característicos.

Durante el franquismo el escultismo tuvo que coexistir con la Organización Juvenil Española (OJE) incluida en el Frente de Juventudes, considerada como un “movimiento fundado para la hermandad y entrenamiento de los jóvenes que deseen hacer de su vida un permanente acto de servicio a la justicia y a la Patria, dentro del espíritu cristiano de nuestros mayores” (en 1960)​, alusión religiosa que en 1974 se cambió por “los ideales que inspiran los Principios del Movimiento Nacional” [81]. La Iglesia tuvo que actuar, pues, como un paraguas para amparar las iniciativas de asociación que pudieran ser reconocidas como ilegales por el régimen político, máxime teniendo en cuenta que progresivamente iba abriéndose en ella un proceso de renovación abandonando la influencia del nacional-catolicismo para abrirse a las problemáticas sociales al compás del papado de Juan XXIII y el desarrollo del concilio Vaticano II, clausurado por Pablo VI en 1965, mutación que también afectó a otras entidades como las Juventudes de Acción Católica.

Celebración del X Aniversario del Escultismo en Navarra, en la concentración de Olza (Navarra, 1967) (Fuente: Asociación Antiguos Scouts de Navarra)

La Iglesia española vio en el escultismo una extraordinaria vía para ejercer su pastoral juvenil, de manera que el 6 de julio de 1973 la Conferencia Episcopal erigió canónicamente como asociación pública de fieles al escultismo como ejemplo de movimiento de apostolado seglar. Había nacido el Movimiento Scout Católico. Era un reconocimiento oficial, pero en realidad el desarrollo se había fraguado durante las dos décadas anteriores, al irse generando una corriente proclive en distintas ciudades (Barcelona, San Sebastián, Bilbao, Vic, Girona, Vigo, Zaragoza, Pamplona, Sevilla, Valencia, Mallorca…) El MSC es por tanto el movimiento responsable del escultismo católico en España, estructurado organizativamente como una federación de asociaciones scouts confesionales católicas. En la actualidad agrupa a más de 28.000 niños, niñas, jóvenes y educadores scouts de toda España repartidos en cerca de 500 Grupos Scouts, que interesan a más de 12.000 familias. Está presente en todas las comunidades autónomas y en la mayoría de las diócesis españolas. Ello no obsta para que pervivan iniciativas de escultismo aconfesionales, puramente cívico-sociales, o seguidas por países de diversas creencias, coincidiendo todas en el deseo que movió a Baden-Powell al pensar en sus primeros exploradores, que con sus actuaciones dejaran un mundo en mejores condiciones que las recibidas.

Cholvy, al historiar los movimientos juveniles cristianos franceses, resume los objetivos que Baden-Powell puso en marcha en la educación de los exploradores, como fueron:

  • El desarrollo simultáneo del carácter y la inteligencia
  • La salud y el vigor físico
  • La habilidad manual
  • El servicio al prójimo y a la ciudad mediante la buena acción
  • La felicidad o el sentido de Dios, por consiguiente una dimensión espiritual.

Misa Scout en la concentración de Olza (Navarra, 1967)

Aspecto este último sobre el que llama la atención el fundador del escultismo con estas palabras: “el conocimiento de Dios es el quinto y último fin del escultismo, aquel al que deben conducir los otros cuatro” [82]. Jesús María Guisado, presidente del MSC español en 2017, lo concreta en “el desarrollo de los aspectos de la persona relacionados con el conocimiento y comprensión de la herencia espiritual de la comunidad y el desarrollo de la relación con Dios, que da sentido a todo, y su repercusión sobre la propia vida, desde el respeto a las demás opciones…” ; “… el escultismo católico aporta un nuevo sentido a la propuesta scout, invitando a que el proyecto personal de vida se desarrolle desde la perspectiva completamente nueva que nace del encuentro con Jesucristo” [83]. Además de esta vital consideración, el escultismo católico aprobó en su asamblea de octubre de 2009 su “carta”, según la cual el Movimiento Scout Católico es un movimiento educativo que propone a sus miembros asumir el protagonismo de su propio desarrollo; una hermandad universal que comparte un ideal de vida, un método de trabajo y una misión: contribuir a la construcción de un mundo mejor; forma parte de la Iglesia Católica, un buen lugar que invita al encuentro transformador con Dios en el que todas las personas que quieren desarrollar su dimensión espiritual son acogidas; y un movimiento comprometido con el entorno natural, social y cultural propios [84].

Recordemos que el método de Baden-Powell, tal como se recoge en su fundamental libro Escultismo para muchachos se basa en dos principios: la Ley y la Promesa.

La Ley Scout consta de diez artículos que proponen a sus miembros vivir las virtudes del honor, la lealtad, la habilidad, el servicio a los demás, la amistad, la fraternidad, la piedad, la alegría, la laboriosidad y la limpieza de vida:

Dice así:

El Scout es digno de confianza.

El Scout es responsable con lo que se compromete y consecuente con lo que piensa.

El Scout es constructor de un mundo más perfecto.

El Scout es solidario con las personas más necesitadas y se compromete con ellas.

El Scout respeta profundamente a las personas que comparten con él el mundo.

El Scout ve en la naturaleza la obra de Dios, y la protege.

El Scout nunca deja las cosas a medias.

El Scout supera las dificultades con alegría.

El Scout es económico, trabajador y cuidadoso de los bienes.

El Scout es sano.

La Promesa es un acto voluntario por el cual el muchacho se incorpora al movimiento Scout con una breve y emotiva ceremonia, cuya fórmula, en esencia, es la misma para todos los países, pero puede sufrir ligeras adaptaciones:

“Prometo por mi honor y con la ayuda de Dios hacer cuanto de mí dependa por cumplir mis deberes para con Dios y mi Patria; ayudar al prójimo en toda circunstancia y cumplir fielmente la Ley Scout”.

De acuerdo con la edad, los chicos y jóvenes, de ambos sexos, se distribuyen en cinco unidades o ramas, que según las delegaciones provinciales o grupos se adaptan a sus circunstancias, pero en general podemos hablar de: castores (entre 6-8 años), lobatos (9-11 años), exploradores (12-14 años), pioneros (15-17 años) y rutas o rovers (de 18 en adelante), según el cuadro adjunto que asigna las edades a los cursos de estudios. En paralelo a estas ramas está la originariamente femenina de las Muchachas Guías. El Guidismo lo fundó en San Sebastián en 1929 María Abrisqueta Delgado [85], en 1966 se legalizó la Asociación Guías de España y actualmente las Guías se encuentran en varias Comunidades Autónomas, incluido el País Vasco peninsular y continental.

RAMA Castores Lobatos Exploradores Pioneros Rutas o Rovers
EDAD 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23
CURSO
ESTUDIOS Primaria ESO Bachill. Grado Máster

Pero verdaderamente las células vivas del escultismo son la seisena para los lobatos, la patrulla para los scouts y el equipo para los pioneros y rutas que son para ellos como pequeñas comunidades de autogobierno y cogestión, en un clima de iniciativas personales y de libertad responsable. Las cuatro unidades, o al menos dos de ellas, forman un grupo scout, que es dirigido colegiadamente por el jefe de grupo y los jefes y ayudantes de cada unidad, constituidos en consejo de grupo. Pero antes de tomar decisiones deben oír a los seiseneros, guías de patrulla y jefes de equipo, constituidos a su vez en gran consejo, consejo de tropa y consejo de clan respectivamente. Estos mismos consejos, cuando tienen que tratar asuntos de disciplina o de espíritu se constituyen en cortes de honor [86].

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VIDAL FERNÁNDEZ, J. (1988) Análisis de clase del asociacionismo juvenil católico en la España de los años 90. Madrid,  Universidad Complutense de Madrid. Tesis doctoral dirigida por el Dr. Julio Carabaña Morales.

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Esta investigación forma parte de la redacción del Calendario tradicional festivo y religiosidad popular para el Atlas etnográfico de Vasconia, en preparación por el grupo Etniker de Euskalerria.

Foto de la portada: Título de Cruzado de la Eucaristía. Colegio San Ignacio, Pamplona 1959.

La imagen de la Procesión del Niño Jesús de Praga en San Sebastián, 1923, procede de Kutxa Fototeka, Fondo Ricardo Martín, extraída de GureGipuzkoa.net))

Notas

[1] Véanse los trabajos de: AICÚA MARÍN, 1990: 128-131;  ARAMBURU URTASUN, 1989: 361-363; JIMÉNEZ, 1991: 55-56; LARRINAGA ZUGADI, 2004: 101-119.

[2] VIDAL FERNÁNDEZ, 1998: 29-30.

[3] ANDRÉS-GALLEGO Y PAZOS, 1999: II, 60, 134, 162, 270-274, 278-279, 281-282, 288-290, 394; CHRISTIAN, 1997; MARCELLÁN EIGORRI, 1988; ARBELOA y VESPERINAS, 1986: 51; CÁRCEL ORTÍ, 1997: 528; NAVARRA.COM 01.10.2020; y elaboración propia.

[4] En la voz “Navarra” in Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Cit. por ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS.

[5] Boletín oficial eclesiástico del obispado de Pamplona, 15 de julio de 1912. Cit. por ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS.

[6] “Ante el proyecto de Ley de asociaciones. Exposición de nuestro Excmo. Prelado al Sr. Presidente del Consejo de Ministros, 1º de octubre de 1912”, in Boletín oficial  eclesiástico del obispado de Pamplona, 1912, p. 394. Cit. por ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS.

[7] CHRISTIAN, 1997.

[8] ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 1999: II, 162. “Las secularizaciones fueron, más claramente que el descenso vocacional, un reflejo del cambio eclesiológico. La revaluación del papel de los laicos fue interpretado por muchos como un vaciamiento del sentido del sacerdocio; se replanteó, de hecho, la vieja idea de la ordenación de hombres casados. De facto, no pocos de los sacerdotes secularizados tendieron a continuar vinculados profesional y económicamente a la Iglesia” (p. 165).

[9] Como botón de muestra el siguiente: En 1960, 339 sacerdotes de las diócesis vascongadas y de la de Pamplona firmaban un escrito en el que denunciaban al Estado español por “su política de preterición, de olvido cuando no de encarnizada persecución de las características étnicas, lingüísticas y sociales que Dios nos dio a los vascos” y a la jerarquía eclesiástica “por la contradicción constante entre la Doctrina de la Iglesia y su incumplimiento por un régimen que oficialmente se dice católico y al que presta su apoyo decidido”. Cfr. CÁRCEL ORTÍ, 1997: 528. Cit por ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 1999: II, 134

[10] ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 1999: II, 317-318.

[11] “Un estudio desvela que cuatro de cada diez navarros son ateos, la mayor cifra de ‘no creyentes’ en toda España. El informe resalta que los jóvenes son el grupo de edad menos religioso y que Cataluña, al igual que la Comunidad foral, encabezan estos datos”. Navarra.com, 01 octubre, 2020 .

[12] Fuente: Diario de Navarra, 17.01.2021.

[13] CASTILLO, 2020: 222.

[14] Nacido en Sesma (N) el 23 de septiembre de 1879. A los doce años fue al colegio de Irache, después de tres años pasó al Seminario de Pamplona. Ya sacerdote, estuvo cinco años en la Parroquia de Mendigorría. Habiendo conocido a los Jesuitas en el Seminario de Pamplona, decidió entrar en la Compañía  de Jesús. Tras su formación teológica en Oña y profesor de latín y griego en Durango (B) y su probación en Manresa, pidió ir a  China y con cinco compañeros salieron a ese destino el 24 de agosto de 1917. Hizo su labor misionera en Wuhu y Yingshan. El 17 de noviembre de 1931 fue apresado por los comunistas. Murió en la prisión de Jiangxi en diciembre de 1933. La causa de su beatificación está incursa (O’NEILL – DOMÍNGUEZ, 2001: II, 1337)

[15] Información recuperada de: URL: http://www.ingeba.org/argazkia/guregip/procesion.htm

[16] MENDIBURU: S. a.

[17] MUGUETA, 1960.

[18] Diario de Navarra, 16.1.75, p. 8.

[19] Recuperado de: http://patximendiburu.blogspot.com/2018/08/el-p-carmelo-2-nino-jesus-de-praga.html. Consulta: 28.08.2020.

[20] URRICELQUI, 1999: 571-592.

[21] San Pío XI, Pontífice entre 1903 y 1914, impulsó la participación del pueblo en la Celebración Eucarística y la Comunión diaria. Siguiendo las exhortaciones papales, el capuchino español Juan de Guernica fundó en 1907 la Obra de los “Jueves Eucarísticos”, obra que floreció con rapidez y se propagó por toda España. La finalidad de esta Obra era la adoración a Jesús Sacramentado. Como actividad principal, todos los jueves -en conmemoración de la Institución de la Eucaristía, se reunían en grupos o “coros” de doce personas como doce fueron los apóstoles- para rezar y meditar ante el Santísimo (la “hora santa”). La celebración se completaba con una Misa en la que todos los Hermanos recibían la comunión (GARDE GARDE, 2015: 70)

[22] BEGUIRISTAIN GÚRPIDE – ZUBIAUR CARREÑO, 1990: 458.

[23] LARRAONDO NAVASCUÉS, 1990: 224-225.

[24] ANÓNIMO, 1953; CHÁVARRI REMÍREZ, 1941: 58-59.

[25] AHECHU – NAVAZ – JAMAR: 2011

[26] FUENTES, 1991: 229-232; ECHEVERRÍA, 1992: 301-303.

[27] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 447-528.

[28] En 1960 existían en España 1.420 congregaciones marianas, con unos 200.000 congregantes en 1968 (REVUELTA GONZÁLEZ, 1995: 40).

[29] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 476.

[30] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 506.

[31] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 517-518.

[32] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 517-518.

[33] RIBERA CASADO, 2005: 351.

[34] RIBERA CASADO, 2005: 358.

[35] REVUELTA GONZÁLEZ, 1955: 30-42. Mucho se ha hablado de la incidencia “negativa” del Concilio Vaticano II sobre el Catolicismo en general y español en particular. A este respecto Joaquín Ruiz-Giménez aporta las que a su juicio fueron las circunstancias que produjeron un cambio en la actitud religiosa de los fieles: el despertar de la conciencia crítica al contacto con la realidad -una España dividida por una guerra civil que no pudieron evitar las partes enfrentadas- y las vivencias emanadas del mismo Concilio, en particular el diálogo con los cristianos de Iglesias disidentes no católicas y el diálogo con los católicos de los marxistas, comunistas o socialistas, no sólo directo sino a través de publicaciones como “El Ciervo” y “Cuadernos para el Diálogo”; la exigencia de reconciliación, de diálogo y de concordia entre todos, creyentes y no creyentes para superar la pugna secular entre las dos Españas; y la forja de una sociedad civil y de un Estado plural, pero democráticamente conjuntados (RUIZ-GIMÉNEZ CORTÉS, 2005: 23-34)

[36] CHÁVEZ, 1892: 9.

[37] No tenemos datos de la implantación de la Asociación en Iparralde, aunque sabemos que en 1952 en Francia existían 1.650 grupos de Hijas de María, llamadas aquí Enfants de Marie (CHOLVY: 1999, 240).

[38] RODRÍGUEZ, 1991: 794.

[39] Las Hijas de María tenían indulgencia plenaria el día de su recepción y a la hora de la muerte; la tenían en las fiestas de la Natividad y de la Ascensión del Señor, en las de la Concepción y Natividad, Anunciación y Asunción de Nuestra Señora; la tenían una vez por semana en sus reuniones y otras dos en la fiesta del titular de la asociación y del patrono secundario, así como cuando hacían ejercicios de cinco o más días, y cuando el Director las visitaba en la enfermedad, si comulgaban (CHÁVEZ, 1892, 19-20).

[40] CHÁVEZ, 1892: 10-11; REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 603-633.

[41] CHÁVEZ, 1892: 16.

[42] RODRÍGUEZ, 1991: 794.

[43] MIRANDA – RECALDE: S. a.

[44] LÓPEZ VELASCO, 2005: 262-263.

[45] Nuestra Señora de la Soterraña de Nieva de Cameros que comenzaba el martes anterior a la Semana del Corpus, para acabar el día antes de esta Fiesta en miércoles.

[46] BEGUIRISTAIN GÚRPIDE – ZUBIAUR CARREÑO, 1990: 452 y 454.

[47] Testimonio de Ana María Campos Villanueva (nacida el 10.02.1931). AHECHU – NAVAZ – JAMAR: 2011.

[48] Testimonio de Luchy Navarro Arroqui (nacida el 15.12.1932). AHECHU – NAVAZ – JAMAR: 2011.

[49] Testimonio de Esther Gorraiz Navaz (nacida el 21.08.1925). AHECHU – NAVAZ – JAMAR: 2011.

[50] En otras poblaciones, fuera de la demarcación estudiada, también se ha conocido el pan bendito: cuando llega San Blas, en Yecla (Murcia), es típico comer este bollo. Según cuenta la tradición, si comes un trozo de pan bendito y rezas un padrenuestro, San Blas te librará de los males de garganta por todo el año; en Albacete este dulce tan sencillo como delicioso consiste en una torta de masa de pan elaborada con aceite, harina y agua que se cubre con miel, anises y matalahúva y se clavetea con almendras antes de ser horneado. En sus orígenes se elaboraba sólo en enero para honrar a San Antón y, una vez bendecido en la Iglesia, era llevado en cestos para ser vendido por las calles del pueblo al son de tambores y dulzainas. Tradición que aún hoy se mantiene pero pudiendo adquirirse también durante todo el año en las panaderías del pueblo.

[51] LAPUENTE MARTÍNEZ, 1990: 212.

[52] ÁLVAREZ VIDAURRE, E. – ORDUNA PORTÚS – ÁLVAREZ VIDAURRE, P., 2013: 41.

[53] SÁEZ DE ALBÉNIZ, 2012: 188, 204 y 2014.

[54] RICO ALDAVE, 2004.

[55] CASIMIRO ITURRI, 1990: 337.

[56] LARRAONDO NAVASCUÉS, 1990: 224-225.

[57] GARDE GARDE, 2015: 185-188.

[58] BARANDIARAN, 1978: 67.

[59] GONZÁLEZ DE LANGARICA Y RUIZ DE GAUNA, 1990: 156.

[60] OCIO VALLEJO, 2012.

[61] SÁENZ DE URTURI: S.a.

[62] LARRINAGA ZUGADI, 2001: 225-291; LARRINAGA ZUGADI, 2004: 207-268.

[63] HERRADÓN, 2009: 193-218.

[64] REVUELTA GONZÁLEZ, 2008: III, 365-444.

[65] Al acabar el siglo XIX había captado a su manera en torno al 10% de la población española (ANDRÉS-GALLEGO – PAZOS, 1999: 297). El dato procede de  El Mensajero del Corazón de Jesús, VII (1889), pp. 105-106.

[66] ANDRÉS-GALLEGO / PAZOS, 1999: II, 298-299.

[67] CHÁVARRI REMÍREZ, 1941: VIII; HERRADÓN, 2009: 202-216.

[68] CASIMIRO ITURRI, 1990: 337.

[69] Don Cipriano Olaso destacó por su celo en la entronización del Sagrado Corazón en los hogares de las familias cristianas de Pamplona. En 1905 fue nombrado  por el obispo director diocesano de la Obra de Entronización del Sagrado Corazón de Jesús en los Hogares. En su apostolado logró 1.929 entronizaciones en esta ciudad y 5.079 que se hicieron en los pueblos, aunque su número real fue superior. Hubo pueblos en que se entronizó en todas las casas (ANÓNIMO, 1953: 31-32)

[70] GARDE GARDE, 2015: 189-192.

[71] MEJ. Movimiento Eucarístico Juvenil. Manual internacional. Recuperado de: https://www.redoraciondelpapa.es/MANUAL%20INTERNACIONAL%201NOV17%20DEF-1.pdf. Consulta: 25.09.2020.

[72] Según quien fue Vicario General de la Diócesis de Vitoria, Eugenio Beitia, el círculo de estudio es “una reunión de amigos celebrada periódicamente, para estudiar en común y, mediante la aportación del esfuerzo personal de cada uno de sus miembros, temas de formación para el apostolado en un ambiente de cordialidad y bajo la dirección de uno de los circulistas, que preside y dirige la labor” (BEITIA, 1939).

[73] MONTERO, 2007: 69-96; MONTERO, 2017: 213-219; RUIZ SÁNCHEZ – NAVARRO DE LA FUENTE, 2017: 237-256.

[74] ALONSO LOBO, 1991: 111-114; ANDRÉS-GALLEGO  y PAZOS, 1999: II, 58 y 339; ANÓNIMO, 1938: 1017-1019; FULLANA – MONTERO, 2003-2004: 33-51; MONTERO, 2017, 203-219; REVUELTA GONZÁLEZ, 1995: 37-38; RUIZ SÁNCHEZ – NAVARRO DE LA FUENTE, 2017, 237-256.

[75] MONTERO, 2017: 213-214.

[76] BEGUIRISTAIN EGUILAZ, 1950; LARRAONDO NAVASCUÉS, 1990; RICO ALDAVE, 2004.

[77] WIKIPEDIA (2020 F).

[78] WIKIPEDIA (2020 B).

[79] El escultismo prendió con fuerza en Francia, de manera que en 1.936 había ya en el país 51.000 scouts (los Scouts de France de inspiración católica, no los Éclaireurs de France laicos), de ellos 22.000 lobatos, y en 1940 la cifra había aumentado hasta los 72.000, de ellos 7.458 rutas, 30.000 scouts, 24.300 lobatos y 6.352 jefes y enlaces (CHOLVY, 1999:  91).

[80] Son 3 grupos en San Sebastián, 1 en Irún y 1 Tolosa. La Asociación se forma con antiguos scouts conocidos como “pañoletas blancas”, a imitación de los que existieron en Francia, dedicados a la ayuda y asistencia a enfermos bajo la organización de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de San Sebastián, dependiente de la Diócesis.

[81] WIKIPEDIA (2020 E).

[82] CHOLVY, 1999: 188.

[83] GUISADO, 2017: 14.

[84] Carta aprobada en la 51ª Asamblea General Ordinaria del Movimiento Scout Católico. Madrid, 24 y 25 de Octubre de 2009: Recuperado de: https://scouts.es/media/2015/03/1-carta-movimiento-scout-catc3b3lico1.pdf.  Acceso: 21.09.2020

[85] Más conocida como María Abrisqueta de Zulueta, el apellido de su marido (WIKIPEDIA, 2020, C).

[86] POVEDA LONGO, 1991: 830-831.