Bases para una reforma de la difusión cultural en Navarra

En noviembre de 1979 redacté el presente informe dirigido al Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Navarra de la que dependían las Salas de Cultura de Pamplona, Burlada, Estella, Sangüesa y Tudela, adscritas a la Obra Social de la entidad. Reflejaba en él mis propias inquietudes y las de mis compañeros con respecto al funcionamiento de estas Salas con la pretensión de buscar una mejoría en su rendimiento. Este informe finalmente no se cursó, pero refleja una reflexión sobre el estado de la difusión de la cultura en Navarra, entonces centrada en España en la labor de las Cajas de Ahorro, cuando todavía en nuestra Comunidad Foral no habían desarrollado todo su potencial en este campo ni la Institución Príncipe de Viana ni los ayuntamientos. Al mismo tiempo es un testimonio de la incipiente labor de los agentes socio-culturales, entonces llamados “animadores culturales”,  carentes aún de un estatus apropiado a su función.

Introducción

Varias son las razones que justifican el presente Informe. De un lado, la transformación socio-política de España en los distintos años ha alumbrado un pluralismo ideológico, político y de opinión, que mueve a las masas a un ritmo dinámico por la vía de la democracia, que deja rápidamente atrás esquemas de funcionamiento hasta hace poco útiles y hoy inadecuados. De otro, nos hallamos al filo de una nueva década, la de los Años 80, pre-determinadora del siglo XXI y, seguramente, de un nuevo espíritu, si no de una nueva civilización, que nos empuja -querámoslo o no- a una reconsideración del pasado inmediato. La nueva década anuncia, además, el ingreso de España en la Comunidad Económica europea, lo cual, no sin las debidas adecuaciones económicas, comerciales y culturales, se llevará a cabo en un plazo corto. Y decimos “adecuaciones culturales”, dándole toda su importancia. España, país miembro del Consejo de Europa desde hace varios años[1], deberá ir asumiendo paulatinamente lo criterios que, en materia de política cultural, el Consejo de Cooperación Cultural del Consejo de Europa va recomendando a los países que aspiran al concierto internacional.

Para Navarra tiene una singular importancia esta coyuntura. Su situación estratégica como “puerta de Europa”, función que bien ha probado a lo largo de los siglos, hace de ella una región que deberá “reciclar” todos sus sistemas de vida antes que ninguna otra región española, lo que ha de suponer un esfuerzo de sus hombres en todos los ámbitos de la vida social, en los próximos años. Su autonomía económico-administrativa y su proyecto de reintegración foral, que es de esperar traiga mayores competencias de autogobierno, dan los medios ideales para comenzar esta amplia tarea, la de extender el universalismo.

En lo que concierne a nuestro trabajo, hemos de empeñar el esfuerzo en obtener una reestructuración interna que posibilite una labor coherente de difusión cultural en Navarra, que sea ampliamente popular, superando el concepto de cultura “tradicional”, identificable con las Bellas artes y poco más, para abrazar abiertamente una “democracia cultural”, acorde con la situación política nacional y supranacional -europea-, en que vivimos.

Este deseo, incubado en nosotros hace tiempo al contacto con la experiencia de la animación cultural, es resultado de una autoevaluación e interrogación permanente que nos lleva a exigirnos cada día más, a replantearnos nuestra actividad, para lo cual hemos firmado este Informe, producto nada más de nuestra sana insatisfacción profesional, sin la que nunca podría entenderse el espíritu de superación.

Las hojas de este Informe desean preparar las Bases de una renovación, que la Caja de ahorros de Navarra deberá estudiar en profundidad, de cara a replantear toda la actividad cultural de la Institución, para un futuro inmediato.

En la aprobación del informe que comienza, nosotros, como Encargados de las salas de Cultura de Navarra, hemos participado movidos por nuestra responsabilidad moral de animadores culturales, conscientes de la importancia que nuestro trabajo tuene hacia la sociedad que nos rodea, y a la que pretendemos transformar.

El Informe se compone de siete capítulos, bajo los siguientes epígrafes:

  1. La referencia europea como base de un ordenamiento difusor de la Cultura.
  2. Las implicaciones de una política de animación socio-cultural, en sí misma y en los agentes que la llevan a cabo.
  3. Examen crítico de la intervención cultural de la Caja de Ahorros de Navarra a través de sus Salas de Cultura.
  4. Una necesidad de cara a la superación de los errores en el futuro: planificación y organización de las actividades culturales.
  5. Los grandes objetivos de nuestra política cultural.
  6. Adecuación a la Nueva Cultura mediante una estructura apropiada: un Departamento Cultural con libertad de gestión y autonomía.
  7. Conclusión.

Capítulo 1º

La referencia europea como base de un ordenamiento difusor de la cultura

La animación-socio-cultural en Europa

Transformación del concepto de cultura

Puede decirse que el término “cultura” tiene tres significaciones en el continente europeo. Una primera de significación tradicional, que concierne al desarrollo de las llamadas facultades superiores del hombre: la inteligencia, las capacidades estéticas, y que en el área de la difusión abarca la literatura, las artes y el espectáculo, con sus desarrollos contemporáneos. Una segunda acepción es la de cultura como pasatiempo, entendiendo por tal aquella que comprende las actividades fuera del horario del trabajo y que tienden a compensar el carácter “deshumanizador” de este último. Hoy, los sociólogos han demostrado que la cultura no puede reducirse a un dominio limitado a las actividades artísticas, sino que constituye un proceso global creador de los modelos de comportamiento, de las actitudes, de los valores y de las prohibiciones, así como el fondo común de los datos intelectuales y afectivos que forman el marco de vida de todo hombre y de toda mujer en todo lugar y en todo tiempo. He aquí, pues, el tercero de los sentidos de cultura, el de cultura-animación. Este concepto alude a las experiencias específicas de los diversos grupos sociales y les ayuda a situarse y reaccionar en lo tocante a las esferas de existencia más importantes, tales como el trabajo, el hábitat y la educación.

En consecuencia, el campo de la política cultural tiende a ampliarse en Europa y a cubrir sectores nuevos de la actividad social. El sistema económico, la educación, la información, el urbanismo, la política social y otros temas, aparecen como determinantes esenciales de los comportamientos sociales, y comprendidos en el área cultural. El papel de los responsables de la cultura debe ser reevaluado en este contexto. No se trata solo de favorecer una creación artística, se trata de integrar la política cultural en el conjunto de las alternativas de la sociedad.

Debate sobre la cultura en los encuentros internacionales

A partir de 1970 y bajo el impulso del Consejo de Cooperación Cultural del Consejo de Europa, se organizan en el viejo continente una serie de encuentros que versan sobre la difusión cultural, con el fin de profundizar en los criterios de planificación cultural en los países miembros del citado organismo.

Las conclusiones a las que llegan estos encuentros, de manera resumida, son estas:

  • Symposium de Rotterdam (Holanda): los expertos internacionales de la difusión cultural plantean por primera vez la expresión “democracia cultural”, es decir, aceptación del principio de pluralismo cultural en los programas de animación cultural de los países miembros del Consejo de Europa.
  • Symposium de San Remo (Italia). Tema de los debates: “Animación, equipamientos y democracia cultural”. Se concluye en esta reunión que “la animación socio-cultural es un campo de actividad de importancia política y socio-económica primordial, a la que los gobiernos deben aplicar una política precisa, alimentada por recursos suficientes”.
  • Coloquio de Arc-et-Senans (Francia). Se recomienda en él la “creación de lazos mayores entre las instituciones culturales y las fuerzas sociales, como medio para triunfar en una situación en la que la diseminación de la cultura establecida es tan extraña a la mayor parte de la población como a los inmigrantes”; y como movimiento hacia “una democracia cultural descentralizada y pluralista, donde el individuo pueda jugar un papel activo”.
  • Symposium de Bruselas (Bélgica), sobre “Los agentes de una política de animación”, tratándose los temas de la selección, estatuto, formación y deontología de los animadores socio-culturales.
  • Mismo año. Coloquio de Núremberg (Alemania Federal). Se plantea la conveniencia de la descentralización cultural: los ciudadanos deberán de tomar decisiones en lo tocante a sus medios educativos, culturales y socio-culturales.
  • Symposium de Siena (Italia). Se trata el tema de la formación de educadores adultos.
  • Mismo año. Conferencia de los Ministros de Cultura europeos en Oslo (Noruega). Se concluye que la política cultural debe ir hacia una “democracia cultural”, reconociendo la pluralidad de las sociedades; y que la política cultural debe preocuparse de la calidad de la vida: no puede limitarse a medidas a favor de la promoción y de la divulgación de las artes. Esta Conferencia fue la causa de la reestructuración interna del Consejo de Cooperación Cultural del Consejo de Europa, para funcionalizar lo más posible su trabajo, de acuerdo a la nueva filosofía.
  • Symposium de Reading (Reino Unido), sobre “Animación en las nuevas ciudades”.
  • Symposium de Lyon (Francia): “Los gobiernos estiman -se dijo- que la animación socio-cultural es el justo corolario de la educación permanente”.

Necesidad de la “democracia cultural”

La “democracia cultural” -de la que venimos escribiendo- no es lo mismo que la “democratización de la cultura”. Expresa la diferencia entre la defensa de una política cuyo objetivo es la vulgarización de las artes, y la defensa de otra política cuyo objetivo es el sostén de ciertas formas de arte popular. En otros términos, no es necesario restringir la cultura al patrimonio artístico y dársela a la sociedad de consumo como alimento,, sino reconocer una acepción mucho más amplia, que, comprendiendo todo el patrimonio artístico, la vea también como un proceso creador continuo, no exclusivo de los artistas, sino propio de todos los grupos sociales. La “democracia cultural” tiende a estimular el esparcimiento personal, pero también la comunicación entre las personas y los grupos, y el cambio de opiniones y de ideas. No es utópico pensar que esto traerá como consecuencia el nacimiento de un espíritu de participación constructiva en las actividades de la comunidad.

Definición de “animación socio-cultural”

Queda claro que la labor de animación no debe ocuparse tan sólo de desarrollar el conocimiento y la difusión de las artes. Por eso, desde este momento, definiremos la animación como socio-cultural. Entendemos por animación socio-cultural aquel estímulo mental, físico y emocional que -en un sector dado- mueve a las gentes a emprender toda una gama de experiencias que les permitan expansionarse mejor, expresar mejor su personalidad, y que desarrollan en ellos el sentimiento de pertenecer a una comunidad sobre la que pueden ejercer una influencia.

Espíritu del Consejo de Cooperación Cultural, del Consejo de Europa, acerca de la animación socio-cultural en los países miembros

La animación socio-cultural como respuesta al “vacío cultural” de nuestra época.

La animación se concibe desde esta perspectiva como una respuesta a un grave problema de nuestra época: el “vacío cultural”, esta profunda hendidura entre la competencia socio-cultural y el hándicap social. Además de ofender nuestro sentido de la justicia social, este “vacío” mina el efecto de las medidas económicas, políticas y educativas que tienden a asegurar una mayor igualdad y a reforzar la democracia.

En Europa, en los últimos cincuenta años, el largo proceso de emancipación jurídica y política ha sido coronado por el acceso a una libertad económica bastante grande. La productividad, debida al progreso tecnológico, y las políticas seguidas en materia de fiscalía, de educación y de seguridad social, permitieron a los pueblos de los países europeos una mayor libertad en la elección de las actividades personales y sociales que constituyen el estilo de vida.

Sin embargo, no todos los individuos aprovechan esta circunstancia a su favor, sino que la mayoría se atiene sólo a un área estrecha de experiencia y de expresión, y rechazan, como si no fuera para ellos, toda la gama de satisfacciones y de medios de expresión que les corresponden por derecho, como parte de su herencia cultural.

La animación socio-cultural factor de cambio social

De ahí que uno de los aspectos más fundamentales e indisociables de la animación socio-cultural, es la participación más completa posible de las colectividades en los planes de difusión cultural. La animación socio-cultural implica, además, una modificación de las relaciones entre los diversos grupos sociales, favoreciendo los intercambios entre las personas, actuando sobre todos los planos. Por lo tanto, la animación pasa por ser un método y una técnica, para revestir su verdadero significado: la de ser un modo de transformación social. La animación trata de devolver al hombre el dominio de su vida.

En el espíritu del Consejo de Europa, el área de acción del animador comprende tres grandes puntos:

  • La palabra cultura no designa sólo a las letras y las artes, sino a todas las formas de expresión y de comunicación.
  • No se trata de difundir un conjunto de experiencias particulares, sino de ampliar el repertorio de las experiencias accesibles a todos.
  • Toda persona, independientemente de su estilo de vida, debería poder participar en un diálogo social constructivo, sobre la base de una igualdad real.

Capítulo 2º

Las implicaciones de una política de animación socio-cultural, en sí misma y en los agentes que la llevan a cabo

Animación igual a actitud

Es preciso dejar bien sentado, primero, que la animación socio-cultural no se distingue tanto por unas actividades específicas cuanto por el modode llevarlas a cabo.

La animación es más una actitud que una acción específica, una manera de obrar más que el contenido de una acción.

Animación que abarque la vida del hombre mismo

El problema de la acción cultural ha sido históricamente confundido con el de los pasatiempos. El mito de la “cultura para todos” y el del tiempo libre para disfrutarla, son las dos caras inseparables de la misma moneda.

Sin embargo, la realidad es que el tiempo libre no libera, más aún, aliena. La sociedad de consumo debe dar salida a sus productos y el tiempo libre le abre un mercado extraordinario.

La mayor parte de los actos culturales se dirigen al hombre que dispone de tiempo libre, liberado de las exigencias de trabajo. A este hombre el animador le debe ayudar a respirar, a expresarse, a reconquistar su autonomía y su identidad.

Hoy el animador cultural debe entender su actividad sobre todo lo que comprende la vida del hombre, que él reencuentra, con el que dialoga. El animador deberá sopesar cada acto y cada palabra en función de un objetivo global y de una visión de progreso.

La “toma de conciencia”, objetivo básico.

Toda animación debe poner en marcha hacia los grupos sociales una acción de sensibilización hacia la realidad, de toma de conciencia que favorezca el compromiso y la responsabilización de estos grupos en el seno de la colectividad a que pertenecen.

Por otro lado, la animación tratará de renovar constantemente su método de acción, de forma que no llegue a “esclerotizarse” y se convierta en instrumento de manipulación.

El animador y la colectividad

No hay animación sin un grupo o una colectividad humana, de la clase que sea. El animador tiene un responsabilidad moralpara con él: su acción debe orientarse al desarrollo del poder potencial del grupo y de sus miembros, y no del suyo propio, lo que exigirá de su parte mucha lucidez y personalidad. Es preciso que el animador sepa penetrar en el espíritu de los actos culturales que programe: el montaje de una obra teatral no tiene el mismo sentido si se tiende a un producto terminado (la representación, el espectáculo, por ejemplo), que si se plantea como la expresión de un grupo, la puesta en tensión de una reflexión colectiva.

Es preciso dar una significación amplia y englobante a la animación, siempre al servicio de la comunidad.

El animador, revelador de conflictos sociales

Bien a menudo se contrata a un animador para hacer frente a una situación de conflicto, bien sea por la carencia de actos culturales en un lugar determinado, o para evitar la marginación de sectores, etc. Porque la acción misma del animador consiste en permitir a los miembros del grupo, al identificarse con sus conflictos, de forma que se vean más reales, se desvelen.

El animador es, por su acción directa, más que un creador, un revelador de conflictos.

El animador y el poder

El animador está dotado de un poder importante, inherente a su formación específica, a sus técnicas y a sus métodos, por su conocimiento de los mecanismos de grupo, etc.

Simplemente, la acción del animador no es la de transmitir un poder, sino la de multiplicarlo.

Se toca aquí el problema crucial de la democracia, en este caso, cultural. Porque si la democracia es el ejercicio del poder por todos, entonces el animador es el agente por excelencia de la democracia.

Animador y libertad

Se comprende fácilmente que el animador es un factor de la libertad, pues abre la vía a la imaginación creadora de la colectividad, del grupo, de la persona; favorece las condiciones de libertad.

El animador debe disfrutar de las mismas garantías de libertad en su trabajo que el investigador, ya que ambos trabajan en un proyecto que se va desvelando a medida que se abren horizontes. Cuando se ha comprendido el interés que encierra la concesión de libertad al investigador, sus progresos son más rápidos ¿No ocurrirá lo mismo con el animador? El animador es una persona comprometida en un proyecto de investigación.

Una puesta a punto constante

Aspecto éste que ya hemos tratado parcialmente, pero sobre el que conviene insistir: el animador debe estar en situación de cambio permanente, para huir del peligro de esclerosis intelectual o de los malos hábitos contraídos en el ejercicio de la dinámica de grupo.

Espíritu de búsqueda, de imaginación, de concepción

El animador debe huir de la rutina, de un espíritu repetitivo. Fuera de los actos administrativos -que lastran su actividad a menudo-, el animador debe estar imaginando constantemente nuevas formas de acción y de reflexión, correspondientes a las nuevas fases de sus proyectos.

Trabajo en equipo de animación

Ya hemos tenido presentes los riesgos de manipulación que conlleva una acción animadora irresponsable. Riesgos que son aún mayores en el trabajo con marginados (inmigrantes, ancianos, niños o jóvenes…), lo que a menudo ocurre. Pues bien, cuando el animador trabaja en equipo, la mente se clarifica, las responsabilidades pueden ser compartidas y los riesgos menores. Se comprenderá el interés que puede tener la colaboración estrecha de unos animadores entre sí y con otros honorarios o semi- pagados, especialistas de su campo privado.

Animación y política

El animador debe respetar en todo momento la neutralidad más estricta en el ejercicio de sus funciones, y respetar las opiniones de los diversos participantes o grupos implicados en la tarea de animación. Esto no puede implicar la desaparición de la ideología del animador, que es un derecho elemental de la persona. Reconocemos por otra parte que la animación cultural en último extremo es también política, pero se puede exigir al animador una forma de trabajar que garantice la apertura a unas concepciones políticas diferentes y el respeto de estas concepciones. Un criterio justo de actuación sería el de que todo animador respetara las leyes vigentes, emanadas de la Constitución nacional.

Disponibilidad y tiempo en su trabajo

La dimensión fundamental de la animación es la duración. El caminar de un grupo y de las personas que lo componen es lento e irregular: hay bruscas aceleraciones y lentitudes. El animador puede tratar de buscar la progresión, pero no puede evitar los riesgos de la irregularidad. El criterio más justo para medir la dedicación del animador depende más, en la práctica, de la demanda del público que de la exigencia del patrono o de la institución que le contrata. Por otro lado, consideramos que el animador ama su trabajo, es un hombre vocacionalmente llamado a la animación, y, por lo tanto, tiene una disponibilidad de espíritu total para su grupo.

Varios aspectos más deben tenerse en cuenta: el animador debe estar justamente retribuido por su trabajo; las horas de su dedicación profesional deben ser acordes al volumen de su trabajo y a los medios disponibles; y el animador, como persona, tiene derecho al descanso, a la vida familiar y al ocio.

Este punto es de gran importancia, porque de ello depende el éxito de la animación. Poco éxito puede alcanzar una animación cultural si el agente que la lleva a cabo padece de “surmenage” o no siente valorada su actividad por el escaso apoyo de quien le paga.

Administración y gestión

Esta es un área en la que el animador no se siente nunca a gusto. El animador debe liberarse de la carga administrativa para dedicar su tiempo a la pura tarea de animación, que le exige estar libre de preocupaciones de este tipo, para planear, pensar y conectar con los grupos sociales. Por ello, el animador deplora el tiempo consagrado al acto administrativo y lo considera como tiempo perdido.

El apatrono debe comprender que es en la animación donde el animador debe invertir lo esencial de su tiempo y debe descargarle en lo posible de los cuidados administrativos.

El animador, por su parte, debe ejercer el control sobre la gestión administrativa.

Estatuto jurídico del animador

Una vez que la sociedad ha reconocido el interés de la función del animador, y que el patrono ha decidido contar con los servicios de éste, no hay razón para que el animador no goce de un estatuto jurídico peculiar que contemple todos los puntos específicos de su actividad, que venimos considerando. El animador no es un empleado más de la empresa: requiere tener una formación acorde a su función, y sus estudios universitarios deben reconocerse, así como sus méritos y “curriculum vitae”. El empresario debe valorar, asimismo, la consideración y prestigio social del animador.

El animador actualmente es estimado un personaje subsidiario, cuyas prestaciones son controladas por administradores culturales según criterios de gestión y no de animación.

Si todo agente del desarrollo culturales s llamado al trabajo de animación, importa que posea una cualificación relativa al conjunto de la política de animación socio-cultural.

La formación de los agentes de animación implica una puesta a punto continua, no sólo en los dominios de su preocupación dominante, sino en la problemática de otros polos de animación.

Como cualidades del animador destacan en primer lugar las personales (creatividad, flexibilidad, compromiso, equilibrio, “estilo asociativo”, humildad, disponibilidad, capacidad de diálogo, etc.) y a continuación las aptitudes técnicas. La función del animador requiere una multiplicidad de especializaciones, de aptitudes y de competencias de diferentes personas.

Esto debe valorar el estatuto jurídico del animador cultural. Este estatuto deberá ser lo suficientemente flexible como para contemplar todos los aspectos de la práctica del animador.

Cap. 3º

Examen crítico de la intervención cultural de la Caja de Ahorros de Navarra a través de sus Salas de Cultura

Hechas estas precisiones, es oportuno examinar ahora, con ánimo crítico, cómo valoramos nuestra experiencia cultural a través de las Salas de Cultura de la Institución.

Se hará patente enseguida que llamamos la atención sobre omisiones, errores, malos planteamientos e incoherencias. Afortunadamente, es justo decirlo, no todo ha sido negativo en el quehacer cultural de la Caja. Muchas personas así lo estiman -y nosotros los primeros-, así como los medios de comunicación social y los círculos cultivados de Navarra o fuera de ella. Podemos asegurar. Sin margen de error, que Navarra debe mucho de la mejoría de su nivel cultural a las Salas de Cultura de la Caja de Ahorros de Navarra.

Mas ahora conviene plantear las limitaciones de nuestro trabajo, precisamente porque así lo exigen las circunstancias de cambio que vivimos. Esperamos, con ello, dar un paso adelante en la superación de los problemas, que dificultad nuestra labor de animación socio-cultural.

El personal

La Caja de Ahorros de Navarra inició hace unos diez años su intervención cultural, creando los locales precisos para esta acción y nombrando los primeros animadores, que pasaron a ser empleados de nómina y plantilla de la Obra Social de esta Institución. El hecho era muy oportuno, aunque tardío, y venía a llenar parcialmente una necesidad acuciante, la de la difusión cultural por Navarra. De momento, era necesario empezar a trabajar por algún sitio, y así se hizo.

Con el paso de los años la actividad cultural fue despertando en el público, a quien iba dirigida, un interés creciente, de modo que la demanda de actividades culturales arreciaba desde puntos dispersos de Navarra. Esto último es hoy aún más sensible, lo que incide en que vaya multiplicándose el trabajo en el interior de las Salas de Cultura. Otro factor de exigencia personal en el trabajo de animación, y que importa sobremanera, es la presión psicológica que los medios de comunicación social y los círculos culturales de Navarra ejercen sobre los agentes del quehacer cultural, obligándoles indirectamente a mejorar cada vez más su programación de actos culturales, lo que prestigiaría en último término a la Institución para la que trabajan. Resulta entonces que nosotros, como sujetos de esta animación, nos vemos obligados a luchar en varios frentes: 1º en el de nuestra propia exigencia interior para el trabajo; 2º en el del mantenimiento de un alto nivel de calidad a satisfacción de los medios de comunicación social, los cuales con su juicio crítico influyen en la colectividad e incluso en la opinión de la propia Caja, no siempre con espíritu constructivo y a veces con intención deformante; 3º en el de la animación cultural de la sociedad a quien nos dirigimos; y 4º en el de nuestro trabajo como Encargados de las Salas de Cultura, es decir, como operarios de la Caja de Ahorros de Navarra, a quien debemos un rendimiento que sea de su agrado.

Mucho esfuerzo y difícil tarea. Se comprenderá que trabajamos por la cultura “a presión”. Más si tenemos en cuneta que comenzamos la animación cultural cuando acabamos de dejar otro empleo u otras obligaciones, con el cansancio subsiguiente, que en nada potencia nuestra labor, sino que la frena. Ocurre esto porque nuestro trabajo está conceptuado erróneamente por la Caja de Ahorros de Navarra como complemento auxiliar de la actividad regular de una persona, cuando lo preciso es que se de a la animación de las Salas de Cultura una dedicación plena, y no de subempleo como hasta hoy, más en consonancia con las necesidades reales de esta función.

Por ende, somos pocos los animadores para tan vastas necesidades, quienes -por encima del trabajo administrativo de nuestras oficinas- debemos multiplicarnos y llevar sobre nuestras espaldas otros aditivos.

Se adolece de competencias claras: ¿quién debe coordinar la acción?, ¿quién establece los contactos previos a las actividades que itineran por Navarra, y los trabajos posteriores de prepararlas?, ¿quién lleva sobre sí la responsabilidad de la programación de extensión por la provincia? Toda coordinación entre nosotros es buena, pero ocurre con frecuencia que las actividades de una o dos salas e cultura benefician a las demás: este ejercicio de compañerismo es bueno, pero -mirando el asunto por su otro lado- ¿no es menos cierto que el trabajo de unos facilita el de otros?

Por encima de ello no hay una planificación global de actividades, ni un ente pensante de las necesidades culturales reales de navarra. Este es un esfuerzo que exige de por sí una liberación de otras actividades, para dedicarse a la reorganización y terminar con la dispersión de esfuerzos.

A menudo necesitamos asesoramiento de especialistas, y muchas veces este asesoramiento se hace crónico por las propias necesidades de programación. Estos asesores son completamente benévolos, a no ser que participen directamente en los actos, pues entonces se les compensaría económicamente, mas no como asesores sino como actores de la programación. Esta situación absurda dice poco a favor de la Institución y contribuye a desprestigiarla, al tiempo que enrarece nuestras relaciones con ellos.

Per, sin duda, nuestro mayor problema es la falta de autogestión para llevar a cabo la animación cultural. Es decir, y con otras palabras, nuestra dependencia de la Jefatura de Obras sociales. Creemos que es muy loable la labor subsidiaria que la Caja de ahorros de Navarra realiza a través de sus centros ocupacionales de servicio humanitario y social -centros alguno de ellos especializado, que cuenta con su propio director-, pero la administración y gestión de estos centros en poco o nada tiene que ver con la tarea cultural que nosotros desempeñamos. Los Encargados de Salas de Cultura dependemos directamente de la Jefatura de Obras Sociales, sin un estamento inferior competente en la labor cultural, por lo que muy a menudo nos encontramos infravalorados, poco potenciados, incómodos. Y repetiremos aquí lo que ya hemos apuntado antes: “no se puede valorar el ejercicio de la animación cultural bajo un criterio de gestión administrativa; es preciso valorarlo bajo un criterio exacto de animación”. Y eso sólo lo puede hacer quien sea competente en la materia, y conozca a fondo todas las implicaciones de una política de animación socio-cultural.

Programación y alcance de la difusión cultural

La programación, con ligeras excepciones, ha entrado en el campo que ya hemos definido como cultura “tradicional”, es decir, cultivo y extensión de las Bellas Artes. Se ha pospuesto una verdadera cultura de “animación”, pues ello requiere una dedicación y un esfuerzo mayores, incompatibles con un horario de trabajo reducido, la sobrecarga administrativa y la multiplicidad de funciones encomendadas al Encargado de la sala de Cultura: toma de contactos sociales, relaciones públicas, correspondencia, diseño de carteles y catálogos, colaboración en los medios de comunicación social, montaje de exposiciones etc.…., lo que limita en mucho el tiempo destinado a la pura animación. Ocasionalmente se han preparado actos de animación, pero haciendo tabla rasa de otras obligaciones personales o profesionales del animador, lo que no tiene por qué suceder.

Se han omitido muchos campos de acción socio-cultural, y dentro de esta omisión incluiremos a los niños, a los ancianos (“ocupados” sin más en centros de acogida social), a los minusválidos, a los inmigrantes, a los marginados de la cultura que habitan los barrios o nuestros pueblos. Insistiremos: estos campos no se han omitido totalmente, sólo se han tocado asistemáticamente, lo que comporta una pérdida de la rentabilidad del trabajo.

Esto nos lleva a otra consideración: la falta en todo momento de un plande acción cultural, conforme a criterio. Estamos llegando al punto de educar a los ya educados, y además con esa cultura “tradicional” de que venimos hablando, no rechazable, por supuesto, sino ampliable a otros sectores de la intervención humana. Urge un plan de extensión culturalde carácter rural y de barriada, para llegar a los desheredados o manipulados de la cultura, para llegar a ellos con la ortodoxia de una Sala de Cultura no politizada, de garantía y estable. Estos planes de acción deben ser racionales y adecuados a nuestra situación socio-cultural, programados a corto, medio y largo plazo, de forma coordinada y eficaz. Si esto no se resuelve, seguiremos desarrollando una labor de impulso libre y, por ello, incoherente, vaga, poco profunda. La responsabilidad está en nuestras manos.

Otro tema urgente: se impone la coordinación de actividades culturales con aquellos órganos que se hallan empeñados en la misma tarea de divulgación cultural por Navarra: léase Institución Príncipe de Viana, Conservatorio de Música de Pamplona, Museos de Navarra y Diocesano de Pamplona, Dirección de Educación y Comisiones de Especialistas de la diputación Foral de Navarra, Delegaciones Provinciales de los Ministerios, Aulas Tercera edad, Cine-clubs, etc. Debemos tener muy presente que todos trabajamos por Navarra y no cada uno por libre: de esta forma inadecuada nos desunimos, se mal pierden los recursos económicos. La competencia, por lo general mal entendida, lleva siempre al fracaso.

Para poner remedio a estos errores ya no sólo son necesarios otros medios, sino un nuevo espíritu.

Medios económicos

Hablamos de medios. No cabe duda que todo plan ambicioso los sobrentiende. Actualmente, los medios económicos de que nos valemos no son proporcionales al crecimiento de la demanda social de cultura.

Estos medios, que no son gestionados directamente por nosotros, podrían ser mejor administrados con una planificación previa de las actividades. Podrían, incluso, ser mejoradas las inversiones.

Interesa, también, que en los lanzamientos publicitarios de la caja de Ahorros de navarra, que importan un gasto considerable, fuera generalizándose una difusión mayor de la cultura, lo que -creemos- no restaría interés popular a los mismos.

Equipamiento

Toda acción cultural sistemática requiere unos espacios y equipamientos adecuados: ahora mismo faltan en la Caja de Ahorros de Navarra los locales necesarios para hacer frente a la demanda socio-cultural, y los existentes son insuficientes.

La fuerte inmigración y el éxodo rural hacia la capital de Pamplona, motivados por el desarrollo industrial de las últimas décadas, han hecho crecer desmesuradamente a la principal ciudad navarra. Este acontecimiento, que ha planteado no solo graves problemas urbanísticos y de servicios, ha traído nuevas necesidades culturales, que no alcanza a satisfacer la actual Sala de Cultura de la calle Mártires de la Patria 39, ante el volumen de la animación socio-cultural a realizar, por su ubicación y reducido espacio de que dispone. Por esa razón, la Caja de ahorros de Navarra hizo bien en pensar la creación de otra Sala de Cultura en la ciudad, destinando para ello la planta baja del edificio conocido como Antigua Sala de armas de la Ciudadela de Pamplona. Este edificio, heredado por el Ayuntamiento de Pamplona por el deseo del Ministerio del Ejército conforme a las cláusulas ya especificadas en su momento, que preveían el aprovechamiento cultural del recinto amurallado o su reversión al ramo de Guerra, fue restaurado por la Caja de Ahorros de Navarra y la Diputación Foral de Navarra, bajo acuerdo tomado corporativamente y con la venia del Ayuntamiento de Pamplona (acuerdo de la Comisión de Relaciones y Cultura de 22 de agosto de 1973), lo cual data ya de hace varios años. Sin embargo, y a pesar de los prescrito por el Ministerio del ejército y de la oportunidad cultural de su entrada en funcionamiento, la Sala de Armas no ha terminado de ser equipada y adaptada por la caja de Ahorros de Navarra para su destino de Sala de Cultura. Y ello aunque desde 1977 existe la persona encargada de su dirección, por nombramiento del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Navarra (de 10 de marzo), y que desde el 1 de marzo de 1978 ha venido y viene realizando servicios interinos en la sala de Cultura de Pamplona, primero, y de Burlada, en la actualidad.

Como ya hemos mencionado, y a excepción de Burlada que puede entenderse como una conurbación con Pamplona, tampoco existen salas de Cultura en el extrarradio de la ciudad, abandonada aquí la animación cultural a su suerte.

Otro caso digno de recuerdo es el de la casa de Cultura de Tudela. En la actualidad no existe un edificio específico de la Caja de Ahorros de Navarra para esta función, y los actos de cultura deben realizarse en lugares alquilados o prestados: Sala de Arte Castel Ruiz (para exposiciones), Salón del colegio de los P.P. Jesuitas (para proyecciones) e Iglesia de la Magdalena (para audiciones). Ello a pesar de ser esta ciudad la segunda en población de Navarra y de que a ella afluye gran cantidad de población de la comarca. Y a pesar, también, de que en Tudela existen aún -para nuestra suerte- bellos edificios del tipo casa-palacio (como el de los Marqueses de San Adrián, empolvado y triste, con bellas grisallas en sus paredes), todavía recuperables para este fin.

En Tafalla, la Sala de Cultura se ha cerrado, limitándose las actividades culturales a la animación cinematográfica, sujeta a la disponibilidad temporal de las personas. Este hecho ha traído las protestas de los tafalleses, y el deseo de los olitenses de hacer en la antigua capital de la Corte de Navarra, una Sala de Cultura para ellos, donde por cierto existen locales apropiados y un creciente interés por la cultura.

Y añadiremos, para terminar, que toda la mitad norte de Navarra, con puntos estratégicos como Alsasua, Elizondo o Aoiz, y sus valles y comarcas, está desatendida casi por completo, a no ser por los conciertos musicales que de tiempo en vez se programan en aquellas zonas.

En cuanto a las Salas de Cultura y equipamientos de la Caja de Ahorros de Navarra para la difusión cultural por Navarra, podemos sacar la conclusión de que son insuficientes: en su número, en su dispersión geográfica y en su espacio.

Cap. 4º

Una necesidad de cara a la superación de los errores en el futuro: planificación y organización de las actividades culturales

Ha quedado claro que la labor de difusión cultural de la Caja de Ahorros de Navarra puede ser mejorada. Pues bien, la única vía para ello es la planificación y organización previa de las actividades socio-culturales.

Para llegar a esta deseable meta debe seguirse el esquema operativo que proponemos a continuación.

Criterios de selección de actividades

A la hora de pensar cuáles pueden ser las actividades socio-culturales posibles y deseables, es necesario tener en cuenta una serie de criterios de selección. Entre ellos pueden enumerarse los siguientes:

Necesidad de calidad e importancia de los contenidos

La acción socio-cultural en sí misma, el esfuerzo de expresión y comunicación que encierra la propia experiencia socio-cultural, son ya un valor y quizá sea este el valor fundamental. No obstante, también es verdad que unas actividades son preferibles a otras en función del contenido que en ellas se pone o que en ellas se transmite. Existen productos culturales que, aún siendo estimables por su belleza o perfección estética, no aportan nada por sus ideas o contenidos al proceso de dignificación y liberación humana. En cambio, hay otros productos que, además del valor estético, tienen unos contenidos que son una aportación positiva en pro de la liberación humana o como simple expresión de deseos o problemas más humanos. Hay que atender pues a los contenidos y a los mensajes que se transmiten en las actividades socio-culturales.

No se trata de censurar, prohibir o eliminar determinadas manifestaciones culturales -la libertad de expresión es un principio irrenunciable y la cultura verdadera es siempre pluralista-, sino de saber elegir y seleccionar. Frente a la oferta de productos culturales, a veces tan grande, una vez que su calidad formal está asegurada, hay que preguntarse por su contenido, por su valor liberador, por su profundidad y significado humanos.

Prioridad a lo colectivo y participativo

Las actividades socio-culturales pretenden promover la comunicación entre los individuos y los grupos, la experiencia activa de todos y la participación. Debe darse, pues, una prioridad a la dimensión colectiva en la forma y en los contenidos de las actividades a desarrollar, y selección preferente de aquellos que posibiliten, faciliten o promuevan la participación.

Las necesidades más urgentes para los individuos de nuestras sociedades se refieren fundamentalmente al aislamiento dentro de la multitud y a la dificultad de elegir en sus gustos, valores y actividades. Básicamente, tales necesidades son: la aptitud para informarse, una mayor facilidad de expresión y de comunicación, la aptitud para comprometerse y aceptar responsabilidades y la capacidad de actuar sobre su ambiente; en una palabra, a los individuos les apremia la necesidad de aprender a participar como responsables en la vida comunitaria.

Atención a las distintas clases de destinatarios

Es evidente que existen distintas clases de públicos, que requieren tratamientos distintos. Gente del campo, trabajadores de la industria, ciudadanos, ancianos, jóvenes, niños… no pueden ser destinatarios de las mismas actividades socio-culturales, concebidas y puestas en práctica de la misma manera, cuando se da el caso de que significan un sector específico de la sociedad, con un nivel cultural, unos problemas y unas expectativas determinadas. La participación que se pretende originar requiere una presentación adecuada.

Esto no significa sólo una llamada a la pedagogía en la presentación de unos contenidos de forma que éstos sean fácilmente asimilados. Se trata, además, de lograr una comunicación con el público -cultivado o no- para lograr incorporarlo a la acción cultural.

Para conseguir esto habrá que fijarse objetivos claros y diversificar las acciones según sean los diferentes grupos sociales. Habrá que informarse de cuáles son sus “necesidades” y estudiar las posibilidades reales que tienen estos grupos de participar en la acción socio-cultural. Este estudio y esta búsqueda del público es una labor fundamental, a lo que pueden colaborar asociaciones en instituciones preocupadas por estos temas.

Debe tenerse cuidado en no “animar” aquello que ya está animado, pues es el riesgo frecuente de las Salas de Cultura. El problema está en desarrollar una acción cultural que, en lugar de favorecer a los ya favorecidos, se oriente preferentemente hacia la población con menos medios para desarrollarse culturalmente.

Es muy importante en la acción socio-cultural la reflexión sobre esta escala de valores.

Urge, pues, un Proyecto de extensión Cultural.

Lugares y espacios

Un punto muy importante -más de lo que a primera vista pareciera- son los locales y el lugar en que se organizan las actividades socio-culturales. Las salas de Cultura tienen la ventaja de no tener connotación política y en ese sentido aparecen como neutrales, y accesibles a toda clase de público, sin distinciones. A esto anotaríamos que las Salas de Cultura estén adecuadamente dotadas para su función: no sólo para conferencias o reuniones, sino para representaciones teatrales, conciertos, exposiciones artísticas, proyecciones, etc.

Actividades preparatorias para la elaboración de un programa de acción socio-cultural

Después de establecidos los criterios de selección de actividades, hay que proceder a la elaboración de un programa de animación socio-cultural. Como pasos previos y puntos más importantes del mismo, pueden señalarse los siguientes:

Estudio de las necesidades:

Para realizar un estudio de las necesidades en vista de una acción socio-cultural, hay que tener en cuenta los siguientes criterios:

  • Estudiar, en primer lugar, las necesidades reales de la colectividado de los grupos sociales en cuestión, así como las posibilidades reales que existen -personales y sociológicas- de promover un desarrollo cultural, para orientar la labor de animación socio-cultural hacia objetivos claros e importantes.
  • Para este estudio hay que reunir toda la información y documentaciónposible, investigando si existen experiencias en este sentido y sus resultados, y procurando llenar huecos realmente vacíos y no cubiertos por otras instituciones o grupos.
  • Tener, finalmente, en cuenta los datos que pudieran encontrarse en informes de carácter sociológico. Asimismo, conviene tener presentes los conocimientos y experiencias que hayan podido recoger y sistematizar otros grupos o instituciones.
Fijación de objetivos. Establecimiento de prioridades

A la vista de las necesidades detectadas, hay que estudiar cuáles son las más urgentes o las más importantes a corto, medio y largo plazo. En el proceso de capacitación cultural para la plena participación en la vida ciudadana -objetivo fundamental de toda animación- hay momentos y pasos más trascendentales que otros. En una comunidad dada, puede ser más importante lograr que la gente se exprese oralmente que la labor de expresión artística, o bien al revés. Por eso hay que marcar unos objetivos concretos y claros, en función de las necesidades que se han ido encontrando, y establecer una prioridad entre ellos, en función de la mayor o menor importancia de esas necesidades.

Por otra parte, los objetivos que se van fijando en cada actividad, con el orden o jerarquía previstos, deben materializarse en una serie de tareas concretas, que sean otros tantos caminos de alcanzar dichos objetivos. Con ello se planificará la actividad socio-cultural en sus distintos momentos, funciones y elementos.

Inventario y búsqueda de medios adecuados

Una actividad socio-cultural puede abocar a un rápido fracaso por algo tan fundamental como la falta de medios indispensables, que pueden ser: humanos o de personal, económicos o materiales. No todas las actividades requieren los mismos medios y esto hay que estudiarlo antes de embarcarse en una aventura de final rápido. Pero por encima de los medios económicos y materiales hay que valorar primero los medios humanos: sin la entrega e imaginación de las personas implicadas en la tarea de animación, se malogran los objetivos.

Las personas implicadas

Lo que acabamos de escribir es cierto: lo más importante en una actividad socio-cultural es el conjunto de personas implicadas en la acción que se desea llevar a cabo: animadores, especialistas asesores, ponentes o conferenciantes, público o destinatario, y otras personas que participen como coordinadores, planificadores o gestores. Es importante que todas estas personas participen en el proceso de realización socio-cultural.

Y no debe desdeñarse -como venimos diciendo- la cooperación con otras organizaciones o instituciones que realizan actividades afines.

Llegar al público. Difusión de las actividades

El público debe estar representado de alguna manera en la actividad que se desarrolla, y hacer oír su voz sobre las necesidades o carencias que hay que remediar.

Pero, además, esta tarea orientada a la búsqueda y contacto de representantes del público, hay otra específica: la de hacer llegar a este público la noticia de una actividad y la invitación a participar en ella, motivándole de alguna manera. Hay que informar adecuadamente, hay que invitar a la gente a asistir y hay que motivarla a que se transforme en protagonista y participante de la actividad socio-cultural.

Cap. 5º

Los grandes objetivos de nuestra política cultural

Resumiremos todo cuanto llevamos dicho, aún a costa de mayor abundamiento, indicando una vez más que el mayor objetivo de una política de animación cultural es el asegurar la igualdad en el acceso a la cultura a todos los hombres. En el terreno de la cultura “tradicional”, diríamos que poner las obras de arte bajo todas sus formas a disposición de la mayoría, y asegurar a todos las posibilidades de crear.

Una política cultural que se precie de estar al nivel de las exigencias actuales de animación, debe estar dispuesta, también, a superar el limitado marco de la cultura “tradicional” y a considerar la importancia que tienen nuevos sectores de la actividad social, tales como la economía, las ciencias naturales, la historia, la antropología, la sociología, la psicología, y todas las ciencias que estudien los problemas de nuestro tiempo.

Sin embargo, no por ello hay que despreciar las artes, que representan lo que de más creativo tiene la naturaleza humana, y que nosotros englobamos dentro de la cultura “tradicional”. El mundo misterioso, inquietante, complaciente o cuestionador del arte estimula la sensibilidad, que es una de las bases del conocimiento humano, necesario para la mejora de las relaciones humanas.

De ahí que deseemos preparar la estrategia para la futura difusión de las artes, valorando las posibilidades formativas de cada una de ellas.

Los monumentos y lugares históricos

Deben ser custodiados y mantenidos por los organismos estatales o paraestatales, pero las Salas de Cultura pueden promover la “participación” de los ciudadanos en los mismos, mediante jornadas de animación que conduzcan a la valoración popular del patrimonio artístico y al conocimiento del pasado histórico-artístico, condiciones necesarias para la defensa de los mismos.

Los archivos

Encargados de recoger, de clasificar y de conservar los documentos que tengan un valor histórico, están a disposición del público y, especialmente, de los investigadores. Pero es un hecho que el público que asiste a ellos es muy restringido. Por consiguiente, las Salas de Cultura pueden organizar exposiciones de documentos que logren interesar al público en este tema. Lo mismo puede hacerse con las bibliotecas de conservación.

Los museos

La dificultad de montar exposiciones itinerantes a partir de los fondos de un museo es patente. Pero los medios de difusión, tales como el vídeo-tape o el cine documental pueden acercar los museos a un amplio margen social, a lo que pueden colaborar las Salas de Cultura con su red de distribución y los animadores colaborando estrechamente con estas entidades.

El teatro

Difícilmente rentable en el plano económico, el teatro es un instrumento privilegiado de comunicación cultural e incluso de animación, gracias a su movilidad y a su capacidad de interpelación del espectador. Es preciso vigilar la formación del público desarrollando la educación teatral, y promoviendo y amparando grupos teatrales.

La música

La música, la danza, el arte lírico o coral, la música del folklore, presentan similares problemas de financiación y de organización a los del teatro. Es un campo de la cultura que no puede abandonarse, sin olvidar que toda difusión musical pasa primero por una formación e información musicales.

El cine

A pesar de estar asentado sobre una base industrial y comercial, el cine se encuentra en una crisis crónica que ha requerido el proteccionismo de los Estados. El cine, por su valor de impacto, es un artículo más de la sociedad de consumo, pero una buena educación cinematográfica del público determinaría el nivel cultural de la difusión de los films.

El libro

Se debe difundir lo más posible a través de exposiciones, discusiones, presentaciones de obras literarias, recitales de poesía, etc., actividades todas que se centran en el libro. La letra impresa es, además, un complemento necesario a otras actividades artísticas, como por ejemplo exposiciones de arte. En tal caso, hay que procurar que lo que se escriba sea útil y comprensible por el público. En el caso del libro, como en el del teatro u otras manifestaciones artísticas, es preciso velar porque las iniciativas de personas o grupos con preocupación literaria no fracasen por falta de apoyo por nuestra parte.

La arquitectura

Debe popularizarse a través de exposiciones, proyecciones o visitas. La caja debe apoyar a los artistas plásticos encomendándoles la decoración interior de los edificios de su propiedad, ya que estos tienen una incidencia determinante sobre la calidad de vida de los habitantes de pueblos y ciudades.

Las artes plásticas

La divulgación de las artes plásticas implica varios puntos. Por un lado es necesario informar al público sobre la historia del arte, deteniéndose especialmente en los movimientos contemporáneos, cuya complejidad habría que exponer no sólo oralmente, sino ante las propias obras o mediante films documentales. Des esta forma, el espectador es capaz de entender lo que ve ante sus ojos y valorar después de penetrar en el significado. Esta labor de divulgación es oportuna en todo momento, pero aún más entre los niños y los ancianos; en los primeros porque el conocimiento del arte desde muy jóvenes les puede conducir a la creación, y en los segundos porque la disponibilidad de tiempo libre les hace poder ser más contemplativos ante la belleza.

Otra forma de favorecer las artes plásticas es la de crear talleres artísticos o de experimentación de nuevas formas, bien como terapia ocupacional para la tercera edad o para artistas o simples personas interesadas en la práctica del arte plástico. Podría intentarse la creación de uno de estos talleres con carácter de centro piloto para evaluar la experiencia y resultado.

Otras acciones que podrían emprenderse dentro de esta divulgación serían las de proteger el trabajo de artesanía (mediante exposición de trabajos o demostraciones públicas tendentes a dignificar este modo de vida), desde amparar el mercado de arte y favorecer la integración del artista en la sociedad, sin reducir a cambio su libertad de expresión: en esta línea, podían emplearse diversos medios como la concesión de créditos a bajo interés para la instalación de “estudios” o terminación de proyectos, compra de obras de arte, etc.

Hemos mencionado “amparar el mercado de arte”. Una de las formas de divulgar la obra de arte es el facilitar que esta pueda ser adquirida por cualquier personas, cualquiera que fuere su economía. Para eso puede establecerse el llamado “credi-arte”, concediendo a quien lo solicite un crédito de interés mínimo con el fin de conseguir un objeto artístico. Esta medida sería muy oportuna para proteger a los artistas navarros, que de esta forma podrían imponerse mejor en el mercado y asegurar su porvenir.

En fin, entre los muchos modos de favorecer el arte y los artistas (no sólo plásticos), deben contarse los certámenes, las becas, los concursos, las bolsas de viaje, etc.

La fotografía

La fotografía, como medio de captar la realidad, se halla ampliamente popularizada, y al alcance de cualquier economía. Por el contrario, la fotografía como medio de expresión y de representación creadora, pugna por situarse a la altura de las artes plásticas y hacer su propio mercado, más accesible al gran público que la pintura o la escultura por su facultad de reproducción ilimitada. Debe, pues, generalizarse en nuestras exposiciones, y no sólo por esta razón, sino por su capacidad de llegar fácilmente al espectador.

La fotografía, además, tiene una validez extraordinaria como material auxiliar de documentación, que da didactismo y comprensibilidad a cualquier acto de animación cultural.

Los medios de comunicación social

Los medios de comunicación social -hoy por hoy prensa y radio, pero bien pronto televisión en Navarra- pueden llegar a ser lugares de creación y vehículo de los medios de expresión, así como de información. Su impacto considerable en la difusión constituye un medio esencial de poner en contacto a la población con las formas de expresión que se difundan a través de nuestras Salas de Cultura. No pueden dejarse de lado, aludiendo a los costes de la colaboración.

Los deportes y actividades al aire libre

Acciones que tienden a unir los diversos grupos sociales en torno a intereses comunes, de honda dimensión popular. En este apartado no sólo caben los ejercicios físicos, sino todas aquellas prácticas que ayuden a redescubrir la naturaleza.

Capítulo 6º

Adecuación a la nueva cultura mediante una estructura apropiada: un Departamento Cultural con libertad de gestión y autonomía

La puesta en práctica de una política cultural realista y de nivel europeo, conforme a las exigencias de una animación socio-cultural basada en la “democracia cultural”, liberada de las limitaciones o desviaciones con que ahora trabajamos en el seno de la Caja de ahorros de Navarra, requiere como única vía de solución la reestructuración interna de nuestras funciones culturales en el marco de un Departamento Cultural de nueva creación.

El establecimiento, por parte de la Dirección, de este Departamento, debe ser un objetivo prioritario de la Caja. Se le ha de dar una gran libertad de gestión y autonomía, y para ayudar a este fin hemos elaborado el esquema orgánico que representamos a continuación.

Organigrama ideal del nuevo Departamento Cultural de la Caja

Comentario general al Organigrama

El nuevo Departamento Cultural dependería directamente de Dirección, porque entendemos que sus funciones y competencias particulares no son clasificables en ninguna sección o jefatura de la Caja, y por las razones ya expuestas de necesidad de autonomía y autogestión. Se ha concebido el mismo como un todo coordinado que trata de implicar a todos los miembros del Departamento en la acción cultural, con el fin de formar un equipo de gestión que trabaje al unísono en la planificación de los programas y de las actividades culturales.

Este Departamento Cultural tendría los siguientes estamentos, cada uno con sus funciones específicas:

Coordinador General:

Debe ser el responsable máximo del Departamento, así como su constante impulsor. Más que un jefe autoritario, deberá ser un animador-coordinador o animador-de-síntesis que conozca a fondo las necesidades, los medios y los objetivos de una difusión cultura realista; asimismo deberá entender de metodología de la animación, de procedimientos de administración y de gestión, de técnicas de relaciones públicas y -lo que es más importante- del trabajo en comité. Desde este punto de vista, se requiere a un hombre sociable, racional y disciplinado, pero flexible, y capacitado -naturalmente- para la tarea de su cargo.

Animadores de las Salas de Cultura:

Formarían, junto al Coordinador General, el equipo de gestión cultural de la caja de Ahorros de Navarra. Si el Coordinador general se responsabiliza de todo el equipo, los animadores de las Salas de Cultura serían unos animadores globales o “animadores-coordinadores” de otros animadores locales repartidos por cada una de las Merindades de que se responsabilizan.

Estos “animadores-coordinadores” permanecerían en sus puestos de las Salas de Cultura, desarrollando en ellas su labor de animación, pero complementando este trabajo con el no menos importante de coordinar la difusión cultural por los pueblos de su Merindad.

Animadores locales:

A diferencia de los anteriores, estos animadores serían benévolos, es decir, no serían profesionales de la animación y se reclutarían preferentemente entre el personal dinámico y activo de los pueblos, con deseos de difundir la cultura.

Su función será la de responsabilizarse del trabajo de extensión cultural de sus localidades, canalizando las inquietudes y demandas culturales de sus vecinos hacia el animador-coordinador de zona (o Merindad) y, a través de él, hacia el Coordinador General.

Estos animadores locales podrían formarse adecuadamente a los fines de su función.

Animadores monitores:

Estos animadores son colaboradores de la acción cultural, que intervendrían en aquellos actos en los que se requiera a personas que ayuden a la animación en sectores específicos (por ejemplo, el teatro, la pintura, etc.). Deberán conocer a fondo un tema y su pedagogía, así como suscitar el interés de público hacia él. Por su trabajo deberán percibir un pago, pero su colaboración puede no ser constante, y siempre dependerá de la llamada de “coordinador de zona” ( o de Merindad). El animador-monitor es un especialista.

Comisiones asesoras:

No puede pretenderse que el animador sea un especialista de todas las áreas del saber humano, y, ya que no lo es, necesitará del consejo de las personas apropiadas en cada circunstancia. Por eso hemos creído conveniente fijar en el Organigrama la presencia de unas comisiones asesoras competentes en historia, economía, arte, literatura, etc., cuya función sea la de aconsejar al animador en el momento de la programación cultural. Los comisionados integrantes de ellas podrán actuar como animadores-monitores o como profesores de la Oficina de estudios, pero al margen de esta circunstancia tendrán derecho a percibir una gratificación por su trabajo de consejeros. Aunque dependan del coordinador General, estarán al servicio de los animadores del departamento.

Oficina de estudios o de formación:

La misma calidad de la animación socio-cultural necesita no sólo de una autoevaluación constante, sino de una formación permanente de los agentes que la llevan a cabo. La misión de esta Oficina de Estudios o de Formación sería la de poner a punto los conocimientos indispensables de los animadores. Se constituiría anual o esporádicamente con el fin de organizar un curso o cursos para la preparación no solo de los animadores de Merindad, y del propio Coordinador, sino de los animadores locales e incluso monitores. Los mismos cursos servirían para un intercambio global de experiencias y una puesta en común de los problemas y de las dudas encontradas a lo largo de la animación, lo que estimularía el espíritu de cooperación y de sistematización programática a desarrollar en el futuro.

Banco de datos o Centro de documentación:

A lo largo de la animación socio-cultural son muchas las exposiciones de obras de arte, actuaciones de grupos musicales o teatrales, recitales, conferencias etc., que se producen y que, a menudo, tienen lugar sin más. Se trataría ahora de almacenar toda la información que se vertiera en esos actos, para clasificarla adecuadamente y ponerla al servicio de la documentación del Departamento Cultural, o bien a disposición de los futuros investigadores.

El hecho reviste una grandísima importancia para todos aquellos actos que hicieran referencia a la cultura de Navarra.

Esta importante labor podría ser canalizada por los Animadores de la Salas de Cultura hacia el Coordinador General.

Publicaciones:

Las publicaciones serían otra de las misiones importantes que podría desarrollar este nuevo Departamento. Publicaciones de interés científico (como las que podrían emanar del Banco de Datos) o divulgador. Aquí convendría considerar la importancia del fomento de la cultura navarra y la no interferencia con los programas de otras editoriales. Sería responsabilidad del Coordinador General.

Personal administrativo:

Tanto el Coordinador General como los Animadores de las Salas de Cultura dispondrían de él, dependiendo cada uno de su jefe inmediato y, en última instancia, del Coordinador General. Serían necesarios tantos auxiliares administrativos cuanto mayor fuera el volumen de trabajo.

El Departamento Cultural, así concebido, aparece funcional y dinámico, extendiéndose la colaboración de arriba abajo y de abajo arriba, con la intención de cubrir con eficacia todas las necesidades culturales de Navarra y con la mayor garantía de alcance difusorio. Está programado en orden a que el esfuerzo del personal y la aplicación de los medios materiales produzcan su mayor efecto, con el consiguiente ahorro de energías y la mayor rentabilidad cultural.

Capítulo 7º

Conclusiones

A la vista del Informe que suscribimos como Encargados de las Salas de Cultura de la Caja de Ahorros de Navarra y de acuerdo a nuestra función de animadores socio-culturales, juzgamos necesarias las siguientes puntualizaciones.

Considerando la urgencia de un nuevo planteamiento y de una renovación de los esquemas y criterios vigentes hasta ahora en cuanto a la extensión cultural; considerando la necesidad de potenciar el desarrollo cultural de Navarra; considerando la conveniencia de ir equiparando nuestros métodos de acción cultural a los que rigen en Europa, como medida preventiva ante el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, instamos al Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Navarra a que estudie detenidamente el presente Informe, y tome las medidas que crea más adecuadas en orden a:

1º La adopción del nuevo espíritu de democracia-cultural en el ejercicio de la animación.

2º La valoración, en todas sus implicaciones, de la labor de animación socio-cultural, dando consecuentemente al animador el “estatus” que merece.

3º La planificación de las actividades culturales en diversos plazos, colaborando con otras Entidades y respetando sus áreas de intervención cultural, y partiendo de un análisis real de las necesidades culturales de Navarra.

4º El respaldo de los grandes objetivos de nuestra política cultural.

Y 5º la creación de un Departamento de Cultura responsable de la planificación y extensión de las actividades culturales por Navarra, según el organigrama ideal que hemos presentado.

Imagen de la portada: Edificio central de la Caja de Ahorros de Navarra en Pamplona

Notas

[1] España ratificó el estatuto de dicho Consejo mediante Instrumento de Ratificación de fecha 22 de noviembre de 1977, y aprobó la representación permanente de España en él por Decreto de fecha 1 de diciembre de 1877.