El Misterio de Reyes en la ciudad navarra de Sangüesa

En el calendario litúrgico de la Iglesia católica, el Tiempo de Navidad se extiende desde la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, en la noche del día 24 de diciembre, hasta la solemnidad del Bautismo del Señor, el domingo después de la Epifanía o su manifestación a las naciones, el 6 de enero, a partir de la que dará comienzo su vida pública en un nuevo ciclo conmemorativo, el Tiempo Ordinario. En esa fecha del 6 de enero se celebra la Adoración de los Reyes Magos al Niño Jesús recién nacido en un portal de Belén. Esta fiesta, de honda raigambre en el devocionario popular, se ha conmemorado tradicionalmente con las cabalgatas de Reyes la noche del día 5, víspera de la festividad, celebración que aún mantiene su arraigo en gran parte del país y llena de ilusión la espera de los niños que confían en su “rey favorito” la traída de los regalos esperados. En muchos pueblos de Navarra, España,  los niños metían ruido golpeando cacerolas por la calle, o por otros procedimientos, para llamar la atención  de los Magos de forma que no pasasen de largo sin dar satisfacción a sus deseos.

Antes de que las cabalgatas se popularizaran en el siglo XX, los relieves y pinturas de la Adoración de los Reyes, presentes en claustros, portadas y retablos de los templos, cobraban especial significado. Piezas de orfebrería, joyas, cetros, cálices, junto a una vestimenta vistosa, distinguirán a los Reyes Magos en sus representaciones en las artes figurativas tanto en la pintura románica como en la gótica, renacentista y naturalista del siglo XVII. A las celebraciones litúrgicas en torno a los Magos hay que sumar en el folclore navarro la elección del “rey de la faba” y su derivado familiar de “echar el reinau”, incluso dances en el interior de los templos, que conformaron unas vivencias muy profundas ligadas a la historia antes de la llegada de las cabalgatas en el siglo XX [1].

José de Legarda

Una de éstas es la representación del Misterio de los Reyes Magos en la ciudad de Sangüesa/Zangoza, que se desarrolla por las calles de esta localidad de la Navarra media oriental tan unida al Camino de Santiago en la mañana del 6 de enero, Epifanía del Señor en el calendario cristiano, con la participación de los vecinos del lugar. La iconografía de los Reyes presente en su patrimonio eclesiástico [2], que ha familiarizado a sus moradores  con dicha temática, se fusionó con su gusto por la música y la dramatización teatral [3] que hallaron su cauce de expresión en el texto escrito por el fraile capuchino José de Legarda [4], que lo versificó en 1900 para los auroros (“rosarieros”) [5] de Sangüesa, que venían haciendo su espontánea escenificación del misterio, tal como nos describe Iribarren, según el cual éstos tributaban a un Nacimiento que instalaban bajo el portal “de Carajeas” de las antiguas murallas, con sus canciones y panderetas, hasta que en dicho lugar les salía al encuentro el cabrero apodado “Garulo”, quien ofrecía al Niño Dios un cuenco con leche del que todos bebían. “Seguidamente, los rosarieros dirigían al Niño unas cuantas improvisaciones, en prosa o en verso, según la inspiración o la vena poética de cada cual, y la función terminaba con un almuerzo en el que los cofrades se encajaban una buena fritada de cordero o una sartenada de migas”. Andando los años, se literaturizó esta ingenua representación, embutiéndole poesías, algunas compuestas por Sotero Cuella, el mayoral de los rosarieros; se introdujeron los Reyes Magos representados por tres mozos a caballo y a uno de los balcones del trayecto se asomaba Herodes quien detenía a los Reyes y entablaba con ellos un diálogo [6].

El texto originario

El texto del padre Legarda, “Misterio de Reyes”, se perdió, aunque perduró en la copia manuscrita en 1912 por el padre capuchino Sebastián de Asiáin, que lo tituló “Los Reyes Magos. Escena breve y sencilla expresamente compuesta para los auroros de Sangüesa”. El sacerdote Vicente Villabriga incluyó el texto completo en su obra “San Francisco de Asís en Sangüesa”, titulándola “Auto Sacramental los tres Reyes Magos. Escena breve y sencilla compuesta expresamente para los auroros de Sangüesa por el Padre José de Legarda, Guardián de Sangüesa año de 1900”. En la obrita del padre Legarda no hay alusión alguna a Sangüesa, sólo se fijó en la idea de San Francisco, sacada de los Evangelios y del Belén de Greccio. El texto, como es comprensible en una manifestación popular, fue sufriendo cambios conforme pasaron los años con la sustitución de algunos de los villancicos de entonces. Quizás pudiera escribir el padre Legarda su texto durante su estancia de formación en Cataluña, tan familiarizada como estaba esta región por las representaciones populares de la Pasión en Cervera y Esparraguera. El padre capuchino Lucio Aranguren duda entre esta hipótesis y otra, quizás más plausible, que lo escribiese para los auroros sangüesinos que -como explica Iribarren- ya venían escenificando a un nivel todavía elemental la Adoración de los Reyes, como también se deduce del título de la portada de la copia del texto originario realizada por el padre Asiain [7]. Lo cierto es que esta representación escénica es una de las escasas que han resistido el paso del tiempo, pues apenas se conocen otras similares a excepción de las que se celebran en varios enclaves de la huerta murciana, las más famosas la de Aledo, que se remonta a finales del siglo XIII, y de Churra, al XVIII; también se representa el Misterio de Reyes en El Viso (Córdoba) y Cañada (Alicante) desde el siglo XVIII; en Vianos (Albacete) y Los Gallardos (Almería) desde el siglo siguiente, mientras que en el pueblo alicantino de Gata se inició hacia 1969. El Misterio de Sangüesa tiene su reflejo en el pueblo navarro de Castejón, donde desde 2012 se escenifica siguiendo el mismo texto del padre Legarda. El acto da comienzo a las once de la mañana en la Plaza de los Fueros,  con la participación de unas cuarenta personas, continúa por las calles y termina en la iglesia de San Francisco Javier, donde se despide a los Magos de Oriente. Sus organizadores son los Amigos castejoneros del Misterio de los Reyes Magos.

El profesor de literatura Carlos Mata ha abordado el estudio del texto mistérico sangüesino desde un punto de vista lingüístico-literario [8]. Precisa, en primer lugar, que a la representación escénica no debe llamarse “auto sacramental”, como de hecho algunos lo llaman,  pues, aunque coincide con él al ser una composición de un solo acto y con asunto religioso, difiere en su objeto que no es la exaltación eucarística, sino la Epifanía o Adoración de los Reyes. Su denominación exacta sería, pues, la de “Auto (Misterio o Representación) de Reyes”.

El texto del padre Legarda se inserta dentro de una tradición dramática recibida del Auto o Representación de los Reyes Magos, que data del siglo XII o principios del XIII en lengua castellana, que es de autor anónimo, descubierto en un manuscrito de la Catedral de Toledo, y que se  basa en el pasaje evangélico de San Mateo, 2, 1-12, después abordado por infinidad de poetas y dramaturgos desde el Renacimiento a nuestros días.

El Misterio de los Reyes de Sangüesa, tal como se representa en la actualidad, tiene el inconveniente -desde el punto de vista de su valoración literaria- de ser un texto debido a varias manos y sobre el que se han operado numerosas intervenciones. La primera parte -texto primitivo del Padre Legarda- en la que aparecen como protagonistas los Magos, ofrece una mayor coherencia dramática, no exenta tampoco de ingenuidad en su construcción, pero interesante por la voluntad de estilo que presenta en algunos recursos retóricos y también por medio de la adjetivación, en su mayor parte epítetos del tipo “nube fatal”, “traición abominable y horrenda”, “innoble crimen” etc. En la segunda parte decae la calidad literaria y métrica por la diversidad de procedencias de los versos añadidos, aunque destilan candor e ingenuidad aquellos entonados por los pastorcillos y niños en sintonía con la espontaneidad popular. En esta parte se subraya el localismo con varios diminutivos en -ico que alternan con algún arcaísmo de la lengua castellana en que están compuestos. En modo alguno, sin embargo, opina Mata, estos impedimentos empañan la magia de la palabra representada y el colorido del folclore tradicional que son las bases de este espectáculo.

La representación del Misterio

La representación del Misterio viene precedida, al romper el día, de los auroros, que recorren las calles cantando antiguos villancicos. Uno de los más arcaicos es el que relata la actividad de San José y la Virgen:

“Ay, ay, ay, San José, cuánto madruga usted. / Madrugo porque tengo los pollos en el corral / y la vecina de enfrente me los quiere robar. / Allá arriba, arribita, la Virgen lavaba / los pañales del Niño en rica colada. / En un seco romero los ha tendido / y como eran del Infante han florecido”.

Al dar las once y treinta minutos todo está preparado. Ya habían ensayado todos la actuación una semana antes en Casa Chaparro (hasta las décadas 1950-60) y limpiado el recorrido de barro y nieve pese al intenso frío de esas primeras décadas del siglo XX. La marcha del cortejo de los Reyes Magos a caballo, con sus pajes y el pueblo acompañante se ha ido retrasando con el paso de los años, pues en origen comenzaba a las siete de la mañana y, a fines de la década 1960, a las ocho, pero el riguroso clima del pasado fue obligando a demorarlo con tiempo más conveniente. Los “rosarieros” abrían la mañana del día de Reyes cantando la Aurora al pie del cuadro de la Virgen del Rosario bajo las Arcadas del Ayuntamiento, asistían después a su misa en la iglesia de San Salvador, tras lo cual iban al Carmen (antiguo Hospital), donde volvían a cantar la Aurora  y recibían un refrigerio preparado por las monjas del convento de San Nicolás “para sacarles el frío” antes de participar en el Misterio de Reyes [9].

Cantaban los auroros el villancico:

“Ya vienen los tres Reyes, / ya vienen a adorar / al Niño Jesús / que está en el Portal. / El uno es Melchor, / el otro Gaspar,  / y al otro le llaman / el rey Baltasar”

En la primera de las nueve escenas de que consta el Misterio, los Magos y sus pajes contemplan la estrella de David cuya estela les guiará desde el palacio del Príncipe de Viana, lugar de partida de la comitiva, pasando bajo las Arcadas, donde escucha los villancicos de los auroros, para dirigirse por la calle Mediavilla hasta la Plaza de la Abadía. El recitado versificado del Padre Legarda pone en labios de Melchor las siguientes palabras que auguran un feliz desenlace:

“La Providencia que vela / por el hombre desde el cielo / nuestros pasos guiará,  / premiará nuestros esfuerzos”

Pero antes, en la segunda escena, se detiene ante el simulado palacio de Herodes que es el Palacio de Vallesantoro (con su vieja denominación “de las Marquesas” hoy Casa de Cultura municipal), pues una nube oculta la luminosidad del astro y en él un centinela de Herodes les echa el alto. Sale Herodes en persona precedido del sonar de tambores y trompetas y, hecho el silencio, entabla un tenso diálogo con Melchor (caracterizado en el texto como de raza negra) para sonsacarle el lugar del nacimiento del Niño-Rey espetándole el Mago aquello de “leo en tus ojos traición abominable y horrenda”. Por la calle Amadores continúa la tercera escena y Baltasar comunica a los otros Magos que un ángel se le apareció mientras dormía informándole de las malas intenciones de Herodes respecto al futuro del Niño. Una vez localizada de nuevo la estrella, en la cuarta, llegan los Reyes por la calle Amadores al portal de Belén sito en la Plaza de la Abadía, dando muestras de gran alegría por haberle encontrado. Los auroros cantan:

“Venid hombres todos / venid al Portal / y allí profundamente / al Niño adorad…”

Quinta escena de la representación de 1995

En la quinta, los Magos cambian impresiones sobre la pobreza de su morada en compañía de los pastores y zagales. En la Plaza de la Abadía les espera un Belén viviente al que asisten zagalicas ataviadas con traje tradicional y pastores a la vieja usanza que se acercan a San José, la Virgen María y el Niño Jesús para presentarle sus ofrendas (corderitos, conejos, gallinas, castañuelas y cestos con frutos y cántaros de leche). En las escenas sexta y séptima se producen situaciones y diálogos entre los pastores y los Reyes, antes de adorar al Niño ofreciéndole sus presentes de oro, incienso y mirra. Es en la octava cuando un zagal y una zagala recitan sencillos y emotivos versos para animar al Niño Dios. En la última escena, el Ángel Mensajero advierte a los Magos que no vuelvan a Jerusalén para informar del nacimiento a Herodes. Finalmente, actores y público, invitados por el rey Baltasar, participan en una emotiva misa, una hora más tarde, que es la duración del espectáculo, en la iglesia de Santiago (a la que llaman “la  misa de Reyes”), presidida por los protagonistas del Misterio y en la que los miembros de la Asociación Auroros “Virgen del Rosario” de Sangüesa, con acompañamiento de instrumentos de cuerda y acordeón, vuelven a interpretar diversos villancicos después de haberlos cantado ante el Nacimiento. Y como fondo del evento la ciudad convertida en un gran escenario natural adaptado según las exigencias del guión por la colaboración unánime del director de escena, el medio centenar de actores y figurantes, modistas, maquilladoras, iluminadores, expertos en sonido, carpinteros…  que aportan su experiencia para mantener viva una tradición que fue reconocida en 2012 como Bien de Interés Cultural y distinguida doce años antes con el Premio Nacional de la Asociación Española de Belenistas por el trabajo de sus organizadores, los miembros de la Asociación Cultural Misterio de Reyes de Sangüesa [10] que se constituyó en 1989, a su vez continuadora de la Agrupación Misterio de Reyes que venía existiendo desde 1967.

Primeros componentes del Misterio, 1919

Componentes del Misterio en 1926

Como es lógico suponer, en casi un siglo y cuarto de existencia, en que el Misterio se ha celebrado cada 6 de enero con escasas interrupciones, la escenificación ha sufrido cambios [11]. El primero de ellos ha sido el recorrido, pues en sus primeros años el cortejo discurría por la calle Población, con Casa Nagoro como Palacio de Herodes, hasta el Portal de Carajeas donde se montaba un tablado junto a la tapia de las huertas representando al Nacimiento con estatuas del Niño, la Virgen y San José (hasta 1936). Una de las intervinientes de la primera época del Misterio, María Taboada, recordaba en 1999 que “al final de todo, y a los gritos espontáneos de la gente se ofrecía leche, de Casa Garulo, a los reyes, y una torta grande, de casa Ruesta, a los organizadores del Misterio, más tarde, estos refrigerios se convirtieron en un acto más del Misterio” [12]. A partir de 1940 y hasta 1966, el recorrido se iniciaba en el Portal de Carajeas durante unos años y desde el Convento del Carmen, en otros. Transcurría por la calle Población representándose la escena de Herodes en la “tiendica” de Beorlegui, para finalizar en la antigua Plaza de Toros, junto a la Casa de Leandro Górriz, alias “Chaparro”. En 1967, se cambió el recorrido por tercera vez en su historia. Daba comienzo en el Palacio del Príncipe de Viana, y por la Galería, Arcadas del Ayuntamiento, calle Mayor y Mediavilla, se presentaba la escena de Herodes en la todavía llamada Casa de las Marquesas, hoy Palacio de Vallesantoro, continuando hasta el atrio de San Salvador, donde sobre una plataforma se colocaba la representación del Nacimiento, acompañado por los pastores y pastoras que intervenían. A continuación, se celebraba la Misa de Reyes en la iglesia de San Salvador. A partir de 1977 y hasta 1993, se mantuvo este recorrido, pero tras la escena de Herodes en Vallesantoro se desviaba la comitiva por la calle Amadores hasta la Placeta de Santiago, representándose el Portal de Belén sobre una plataforma montada en el rincón de Caballero. De nuevo en 1994, se volvió a modificar el recorrido anterior en cuanto a su itinerario por la calle Alfonso el Batallador hacia el Palacio de Vallesantoro y la terminación de la representación en la Plaza de la Abadía, donde se representan las escenas finales del Misterio de Reyes.

El vestuario fue enriqueciéndose con el paso del tiempo. Los primeros años, el vestuario de los reyes consistía en unas simples capas de torear, por lo que se recurrió a la aportación popular para dignificar su vestimenta, que confeccionó Nicolasa Laborra imitando las figuras de la baraja. Los versos que se declamaban también sufrieron cambios, porque algunos agradaban y otros cansaban por su longitud, de modo que han sido varias las personas (sacerdotes, religiosas, algún médico y gente llana del pueblo) quienes los han sustituido por otros -se supone- más inspirados. Uno de ellos es éste en que un zagal ofrece al Niño Dios un platillo [13]:

“Hermoso niño hechicero, / rey del mundo universal, / hoy a tus plantas se acerca / este pobrico zagal.

 Míralo. Y cómo llora de frío / el pobrecico. / Yo haré fuego, rico mío, / para calentarte los pies.

 Yo traeré más cordericos / alrededor del portal. / Los dejaré comiendo / y entraré contigo a jugar.

 Los reyes te ofrecen joyas, / los pastores cordericos, / y yo, pobre zagal, / yo te traigo estos platillos.

 Mira que yo en la majada / también me divierto así. / Y si lloras, que tu madre / te toque así, chiquitín.

 También tengo en la majada queso / que el pastor me dio. / Te lo daré todo entero, / aunque no lo pruebe yo.

 Adiós, divino niño. / Adiós, rey inmortal. / Adiós y no te olvides / de este pobre zagal”.

Y este otro, en que una zagalilla le ofrece a su vez un sonajero:

“Amante Niño Jesús, / bendita Virgen María, / ved a vuestros pies postrada / a esta humilde zagalilla.

 ¿Llorando estás, niño hermoso? / ¡Cielo mío!, ¡querubín! / yo te callaré bien pronto, / ven conmigo, chiquitín.

 Mira, escucha qué ruidico hace / esta hermosa sonaja. / Escucha los cascabeles. / ¿Te entretienes, chiquitín?

 No me hagas más pucheritos, / que me vas a hacer llorar. / Cuando la pena te aflija, / tocaré y te callarás.

 Son tus lágrimas cual perlas / que recoge esta zagala / para que endulce mis penas / de esta mi vida amarga.

 Adiós, prenda mía. / Hazme un sitio en el cielo / para estar en tu compañía. ¡Adiós!”

Y así termina este Misterio sacro que resume en su forma y en el fondo el auténtico significado que encierra la Navidad para el pueblo cristiano de Sangüesa.

Satisfechos los moradores de la ciudad, terminan la fiesta, como es costumbre en nuestra tierra, en torno a unas migas, costillas y roscos del día.

Bibliografía

DOMENCH GARCÍA, José María. Navarra y sus tradiciones. [Córdoba], Almuzara, 2018, págs. 26-27.

FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo. “Imágenes de la Epifanía”, in Diario de Navarra, 5 de enero de 2018, págs. 56-57.

FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo. “Evocaciones en las representaciones de la Epifanía”, in Diario de Navarra, 4 de enero de 2019, págs. 64-65.

FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo. “Miscelánea en torno a la fiesta de Reyes”, in Diario de Navarra, 3 de enero de 2020, págs. 64-65.

IRIBARREN, José María. De Pascuas a Ramos. Galería religioso-popular-pintoresca. Pamplona, Editorial Gómez, 1946.

LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz. “Sangüesa”, in Panorama, núm. 22. Pamplona, Gobierno de Navarra, 1994.

NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000). Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1999.

NAVALLAS REBOLÉ, Arturo. “El arte y la religiosidad de Sangüesa”, in Zangotzarra, Año 14, nº 14, 2010, págs. 115-216.

Imagen de la portada: Pastores y zagalas en la representación de 1958. Todas las imágenes han sido tomadas del libro dirigido por Arturo Navallas Rebolé Sangüesa. El Misterio de Reyes, 1900-2000, citado en la bibliografía.

Esta investigación forma parte de la redacción del Calendario tradicional festivo y religiosidad popular para el Atlas etnográfico de Vasconia, en preparación por el grupo Etniker de Euskalerria.

Notas

[1] FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo. “Imágenes de la Epifanía”, in Diario de Navarra, 5 de enero de 2018, págs. 56-57; y, en el mismo periódico, “Evocaciones en las representaciones de la Epifanía”, 4 de enero de 2019, págs. 64-65; y “Miscelánea en torno a la fiesta de Reyes”, 3 de enero de 2020, págs. 64-65.

[2] En el patrimonio monumental sangüesino aparece la representación de la Epifanía en  las portadas de las iglesias de Santa María (siglo XII) y del Carmen (siglo XIV), así como en los retablos  del primero de los templos citados, del siglo XVI, y el de la iglesia del Salvador, del siglo XVII.

[3] Los sangüesinos son muy dados a las representaciones, así el Auto de los Peregrinos, en Año Jacobeo; las Rutas de las Estrellas y las Rutas de los Puentes, en la festividad de Santiago; la Ruta del Sol, cuyo escenario invariablemente es la calle; así como la celebración escenificada de las Siete Palabras en Semana Santa, cuyo antecedente fueron las representaciones de la Pasión sobre guión de Lucas Fernández y la Pastoral de Navidad de Xenaro Xavier Vallejos, hoy precedida de la lectura del Pregón encomendado a una personalidad destacada. Detrás de todas estas actividades se encuentra la Agrupación local Misterio de Reyes (NAVALLAS REBOLÉ, Arturo. “El arte y la religiosidad de Sangüesa”, in Zangotzarra, Año 14, nº 14, 2010, págs. 115-216).

[4] Melitón Artajona Lizarraga nació en Legarda (Navarra) el 10 de mayo de 1871 y falleció en Viña del Mar (Chile), el 23 de octubre de 1947, adoptando el nombre de José de Legarda tras ingresar en la Orden Capuchina el 21 de marzo de 1887. Fue ordenado sacerdote en 1895. Fue primer guardián del refundado convento de Sangüesa desde 1900 a 1903. Destinado como misionero a Chile fundó en Viña del Mar el convento capuchino y, anteriormente en Navarra, las escuelas seráficas de Estella y Alsasua. Ocupó en su orden diversos cargos: profesor de latín, filosofía e historia eclesiástica; vicario, guardián, definidor provincial y cronista del convento de Tudela (Navarra). Fue nombrado custodio de Chile y Argentina. Destacaron sus dotes de gran predicador, organizador y administrador (in Boletín Oficial de la Provincia Capuchina de Chile, vol. II, núm. 11, pág. 181, nov. de 1947; in Verdad y Caridad, núm. 146, 1936).

[5] Así llamados por su costumbre de cantar el Santo Rosario diariamente en la misa de la Aurora (o Misa de los Rosarieros) y en las procesiones por las calles de la ciudad.

[6] IRIBARREN, José María. De Pascuas a Ramos. Galería religioso-popular-pintoresca. Pamplona, Editorial Gómez, 1946, págs. 118-120.

[7] ARANGUREN, Lucio. “Crónicas del Convento de Sangüesa”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1999, págs. 18-20.

[8] MATA INDURÁIN, Carlos. “El texto del Misterio de Reyes”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), cit. págs. 21-29.

[9] Según refiere Pilar Iso en 1999 que hizo el papel de ”pastorcica” en los primeros años de la década 1920 (OVIDE CODINA, Ana. “La pastora más antigua, años veinte”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), cit. págs. 63-65).

[10] Para ampliar datos puede acudirse a las publicaciones de LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz. “Sangüesa”, in Panorama, nº 22. Pamplona, Gobierno de Navarra, 1994; y NAVALLAS REBOLÉ, Arturo. “Misterio y Centenario”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), cit., págs. 3-5; y NAVALLAS REBOLÉ, Arturo. “El arte y la religiosidad de Sangüesa”, in Zangotzarra, año 14, nº 14, 2010.

[11] Que fueron obligadas por la Guerra Civil (1936-39), la llamada “gripe española” (1918), y los años de 1964 y 66.

[12] ECHEVERRI, José Luis. “Crónicas del Misterio”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), cit. pág. 57.

[13] Este y el siguiente poema están sacados de ECHEVERRI, José Luis. “Crónicas del Misterio”, in NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (dir. ed.). Sangüesa. El Misterio de Reyes (1900-2000), cit., pág. 59.