Retrato de Félix Ayesa pintado por Adela Bazo

Uno de los cuadros a sumar al conjunto de la obra pictórica de Adela Bazo y Cunchillos conservada en el Museo de Navarra (España), es el Retrato de Félix de Ayesa Rubio, de cuya existencia he sabido por medio de su nieto Horacio Mariano, que como primer apellido lleva el de su abuelo paterno y reside actualmente en la República de Argentina. Fue pintado por Adela Bazo en 1967, en la ciudad de Mar de Plata (Municipio de General Pueyrredón) a la que ella acudía para sus estancias veraniegas y en la que el efigiado cuenta con un paseo dedicado por la municipalidad, en una circunvalación que rodea la Laguna de Los Padres, paraje de esparcimiento muy concurrido a diez kilómetros de la urbe marplatense.

El porqué de esta distinción lo explica su biografía.

El personaje retratado

Nació en el seno de la familia constituida por Saturnino Ayesa Arizmendi y Carmen Rubio Andía, el 18 de mayo de 1904, en la ciudad navarra de Olite, en España. Como tantos paisanos de su tiempo, los Ayesa Rubio decidieron emigrar a la Argentina buscando la prosperidad, llegando a Buenos Aires a bordo del Principesa Mafalda II el 20 de junio de 1910, para trasladarse cinco días después a Mar del Plata, donde se radicaron en una finca de la calle 9 de Julio, en el barrio ferroviario de La Estación, donde su hijo Félix convertirá, salvo en escasos periodos de tiempo, en lugar de residencia permanente. Sus primeros estudios primarios los realizó en la Escuela Nº 14 de la calle Patagones y los secundarios en el Instituto Peralta Ramos, regentado por los H.H. Maristas.

Félix Ayesa Arizmendi

Félix Ayesa Rubio

Después de empeñarse en distintas tareas, a partir de 1937 se inició en el periodismo. Explicó en cierta ocasión: “Mi padre me inculcó el amor a la lectura. Todas las noches yo tenía la obligación de leer La Prensa, sobre todo cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. Me enseñó a leer intelectualmente, es decir, a entender la lectura”. En cambio, su motivación por la investigación y la Historia le surgieron por medio de su maestra Lía Cacheiro, punto de partida de su formación autodidacta consecuencia de una curiosidad saciada con la asistencia a cursos sobre metodología del planeamiento urbanístico, desarrollo de Mar de Plata y su comarca, bibliotecología, arquitectura contemporánea, simbolismo en la literatura contemporánea y sociología, impartidos por profesionales reconocidos. Esta formación la verterá en la docencia en varios centros oficiales y privados de Mar de Plata y Buenos Aires.

Se empleará como redactor del diario El Trabajo y, sucesivamente, como cronista de los diarios La Capital, El Atlántico, La Revista de Mar del Plata, La Mañana, Euzko Deya y El Tribuno de Dolores. La agencia Telpress lo tuvo como corresponsal, y condujo programas radiofónicos como “La Hora Baska” y “Mensajes de Nuestra Tierra” (LU9 Radio Mar del Plata) y “Tribuna de la Educación” (LU6 Radio Atlántica), con guiones propios.

En 1957 integrará el grupo fundador de la Escuela de Periodismo “Domingo Faustino Sarmiento”, creada por la Asociación de Periodistas, en la que se desempeñaría como profesor, secretario, vicedirector y director. También será profesor de Historia en la Escuela de Arte “Rogelio Irurta”, de la Dirección de Cultura de la provincia de Buenos Aires.

Dos años más tarde le convocará la municipalidad de Mar de Plata para encomendarle diversos cargos, siendo nombrado jefe del Departamento de Relaciones Públicas del Consejo Municipal de Planeamiento y, más tarde, la Dirección del Cementerio de La Loma. En su papel de secretario coordinador del Consejo Municipal de Planeamiento, formó parte del equipo de estudio de la Reestructuración del Catastro Municipal y el de elaboración de las bases del Anteproyecto de Urbanización de la Reserva de Laguna de Los Padres, además de ser nombrado secretario-administrativo del Departamento de Topografía.

Muchas instituciones de la ciudad marplatense contaron con su apoyo y colaboración, entre ellas el Centro Vasco Denak-Bat, el Instituto Municipal de Estudios Superiores (IMES), la Casa del Folklore, y otros de carácter nacional como el Instituto Belgraniano, la Sociedad Argentina de Escritores, la Asociación Cooperadora del Instituto Saturnino Unzué, la Comisión de Cultura del Automóvil Club Argentino (A.C.A.) y la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires. Presidió el Gabinete Marplatense de Estudios Históricos Regionales, fue integrante de la Comisión Municipal de Preservación del Patrimonio Cultural Urbano y Arquitectónico, y también fue Socio Vitalicio de la Sociedad Argentina de Historiadores.

Entre las distinciones a su fecunda labor cívico-cultural se cuentan el Premio Hipocampo (en tres oportunidades), Premio Lobo de Mar, Pluma de Oro de la S.E.P. (Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires), Faja de Honor de esta misma entidad, Diploma de Honor de la Liga Pro Comportamiento Humano, y Medalla de Personajes de mi Ciudad, entre otros galardones.

Participó además en congresos, jornadas y encuentros nacionales, regionales y locales, sería jurado en numerosos concursos de artes plásticas y literarios, a la vez que asiduo conferenciante en establecimientos culturales. Sus publicaciones, artículos y colaboraciones son tan diversos como correspondía a su saber enciclopédico, desde ensayos sobre García Lorca, Sarmiento, Picasso, a otros sobre religión, plástica, folklore, industria, municipalismo, conservación del patrimonio y, por supuesto, Historia, o también la descripción de la flora y fauna de la época jesuítica. En Apéndice se ofrecen sus publicaciones y trabajos inéditos, según la lista por él mismo redactada, por nosotros ampliada. Es reseñable que las obras de Félix de Ayesa no están sistematizadas en un catálogo único accesible en línea, y muchas aparecen dispersas en referencias sobre la historia de Mar del Plata y el Centro Vasco Denak-Bat, de Mar de Plata, combinándose en el listado obras de mayor profundidad con artículos de prensa y monografías breves difíciles de localizar.

Se había casado con Verónica Jasa Arto en 1927 de la que tuvo dos hijos: Héctor Aitor y Horacio Demóstenes Argentino. Félix de Ayesa falleció en Mar del Plata el 7 de abril de 1996 [1]. El 12 de mayo de 1994 había sido declarado “Ciudadano Ilustre” por su trascendente tarea cultural en beneficio de la historia y la identidad marplatense.

Por su parte, el itinerario seguido por la pintora Adela Bazo desde su nacimiento en la villa navarro-española de Cascante hasta su llegada a Argentina, era lógico que terminara por confluir con el de Félix, al que convirtió en sujeto de su retrato, firmado en Mar de Plata el año 1967.

La pintora Adela Bazo

Nacida en 1905, Adela Bazo y Cunchillos es recordada por su figura discreta y, a la vez, tenaz, que, tras formarse en Ciencias Exactas en la Universidad Central de Madrid, y su posterior docencia en el Instituto de Enseñanza Lope de Vega, en Madrid, haber vivido anteriormente en su pueblo natal y San Sebastián, se entregó casi en silencio a la pintura inducida por la luminosidad de los muelles del Riachuelo bonaerense, una vez afincada en aquella tierra sudamericana, y eso sin estar condicionada por antecedentes artísticos familiares, sí en cambio por su fina inclinación a la belleza.

Adela Bazo

Adela Bazo

Previamente, tras una primera experiencia como copista en el Museo del Prado (Madrid) [2] se había abierto paso en el panorama pictórico español con obras que enlazaban devoción religiosa con investigación plástica, como era “El Sermón de la Montaña”, que le valió una medalla en la Exposición Nacional “Estampas de la Pasión” (1942), y “La Vitrina”, merecedora de la prestigiosa Beca Conde de Cartagena de la Real Academia de San Fernando (1944). Su “Paisaje gallego” que obtuvo la Tercera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1945) anunciaba ya una inclinación inequívoca al paisaje como escenario íntimo donde las vacaciones escolares se transformaban en jornadas de trabajo silencioso frente a los acantilados de Galicia o las riberas de Pasajes de San Juan en el litoral guipuzcoano. En el catálogo de aquella Exposición Nacional consta que era discípula del pintor Enrique Martínez-Cubells y Ruiz Diosayuda, cuando él ya era artista reconocido en España e Hispanoamérica, de quien heredó su predilección por los asuntos marinos y portuarios ligados al costumbrismo social, interiores y retratos, con inclinación al natural [3].

Su viaje a Argentina, en 1948, parece nacer de una decisión práctica: aceptar la herencia de su tío Antonio Cunchillos que había hecho fortuna en Jujuy. Sin embargo, el devenir político y económico del país de adopción, unido a la muerte de su hermano Manolo, convirtieron lo que pudo ser un paréntesis en un destino irreversible: Buenos Aires dejó de ser una escala para transformarse en ciudad de adopción, donde la artista acabó sus días en 1989, casi sola, sostenida por una pensión española y por la obstinación del trabajo. Es probable que sintiera también una atracción especial por el país, pues su maestro le habría hablado de sus dos exposiciones individuales en Buenos Aires el año 1918.

Lejos de su tierra, Adela se arraigó en la capital bonaerense introduciéndose en dos mundos que dialogaban entre sí: por un lado, la colonia diplomática española, que le confió sus retratos y la introdujo en bienales y salones; por otro, las calles, los puertos y las iglesias argentinas, que alimentaron su imaginería y devoción pictórica.

Su obra entre puertos, interiores y devociones

La pintura de Adela Bazo parece tejerse mediante varios hilos complementarios: retratos penetrantes, escenas religiosas que condensan su honda fe, paisajes rurales y marinos, bodegones delicados e interiores llenos de silencio. En los paisajes denotaba la diversidad de atmósferas, desde los Pirineos recios a las colinas verdes de Galicia o las sierras andaluzas en España en su juventud y, ya en América, desde la luz cambiante del Río de la Plata hasta la vida abigarrada de La Boca. Allí, en el barrio portuario bonaerense, sus lienzos representaron el vaivén de las aguas, las barcas gastadas, los astilleros y la quietud del descanso marinero, con pinceladas sueltas, casi impresionistas, que preferían sugerir antes que detallar, ganando frescura donde se perdía la exactitud.

Sus interiores pictóricos son habitaciones habitadas por la luz y los objetos: sillones vacíos, estanterías ordenadas, figurillas discretas que parecen sostener una conversación muda con la penumbra. En ellos, la artista vuelca algo de sí misma, de esa vida solitaria y laboriosa que encontraba refugio en los rincones domésticos, mientras su imaginación se permitía viajes más libres: balcones navarros recordados desde la distancia, Pirineos evocadores, flores y libros que se mezclaban con figuras orientales en composiciones de suave exotismo. No faltaba en su paleta la pintura religiosa monumental, como los frescos de la iglesia de la Virgen de Luján, ni el gesto ritual de donar cada año un cuadro al Centro Navarro de Buenos Aires por San Fermín, como si la fiesta pamplonesa siguiera marcando, desde el otro lado del océano, el ritmo de su calendario vital.

Huella, memoria y dispersión de sus pinturas

El itinerario de Adela Bazo se lee también en la geografía dispersa de sus lienzos, hoy repartidos por museos, iglesias y colecciones privadas de Europa y América. En Buenos Aires, sus cuadros cuelgan en la iglesia de Santa Clara y en el Círculo Diplomático; en Madrid, pasaron all Museo de Arte Moderno, a la Real Academia de San Fernando (el titulado “Capilla”) y al Instituto Lope de Vega donde enseñó matemáticas en el pasado; en San Sebastián y Pamplona, el Museo de San Telmo y el Museo de Navarra custodian parte de un legado que sus herederos donaron animados por las instituciones navarras. La memoria familiar confirma lo que su biografía deja entrever: “era raro el diplomático español que pasara por Buenos Aires al que no hubiera retratado”, recuerdan sus sobrinos, que la evocan como “Adelita”, una mujer piadosa, severa, algo aventurera, a la que le costaba desprenderse de sus cuadros, quizá porque en ellos se jugaba, una y otra vez, el ida y vuelta entre la patria dejada atrás y el aire bonaerense que respiró.

Sus retratos y en particular el de Félix Ayesa Rubio

La crítica destacó en sus retratos la capacidad interpretativa, esa manera de captar el carácter del retratado sin estridencias, dentro de un lenguaje figurativo [4]. Así, en los años treinta, los rostros de su padre Pascasio Bazo Revuelta y de su hermano Manolo, o la sencilla sardinera vasca que dona al Museo de San Telmo (tras haber participado en la exposición inaugural de Artistas Vascos en 1931), se convierten en los primeros territorios de una mirada que aprende a fijar lo cotidiano. En los fondos del Museo de Navarra llaman la atención varios de ellos -los de “Mi madre”, “Maestro Chi-Lui”, “La modelo” y “Jaimito el riojano”- todos pintados al óleo sobre lienzo de formato medio (60×50 y 38×46 cm. los habituales) abordados casi siempre a demanda de los interesados, a excepción del primero de los mencionados escogido por propia voluntad en homenaje a la para ella persona más querida: su madre Carmen Cunchillos Moreno. Retratos fueron también los que presentó a la mencionada exposición del Museo San Telmo, “Mi hermano» [5] y “Don Luis Irastorza”, y otro, no titulado en la información que manejamos, para el Salón de los Artistas Rechazados (1934), del Teatro Alcázar de Madrid, y, entre los femeninos, el de “Amparo Urdanbidelus”.

A ellos hay que añadir el que representa a don Félix Ayesa Arizmendi y Rubio Andía -con todos sus apellidos como le gustaba identificarse- firmado Adela Bazo y Cunchillos / Mar de Plata /1967, en el ángulo inferior derecho según la mirada del espectador. Como es frecuente en ella la pose elegida para el retratado es la de medio cuerpo ligeramente movido a su lado derecho y al parecer sentado, destacándose la figura sobre un fondo claro manchado con pinceladas diluidas para alcanzar un grado neutro que permita destacar en el espacio la figura bien perfilada, aunque sin dureza de trazo, ante un fondo luminoso de tonos claros. Se le representa con los brazos cruzados, vestido con camisa blanca, matizada en su modelado con ayuda de azules semi transparentes en contraste con el gris de sus pantalones, tan solo sugeridos, y ocres de la anatomía al desnudo en brazos y cabeza, donde se hace hincapié en la tez morena conseguida con tonos marrones. Por lo que sabemos, Adela Bazo descansaba por el verano en Mar de Plata, de modo que la tez morena del retratado nos induce a pensar que el retrato fue realizado en esa época del año. La camisa de mangas cortas, el cuello de la prenda abierto al desgaire, su color blanquiazul y la luminosidad del conjunto, además, no hacen sino corroborar esta sospecha.

Destacó en su tiempo la publicación Faro de España, que la calidad pictórica de sus retratos estribaba en la manera de saber captar el parecido físico, el alma, la psiquis y la personalidad del retratado” [6]. En el caso de Félix Ayesa es retratado como un hombre de 63 años que conserva todavía el vigor de una constitución fuerte, casi impropia de una persona que se acerca a la vejez, con una pipa en sus finos labios, de la que escapa un hilillo de humo, que le da un tono de cierta jovialidad, mirada penetrante tras sus gafas ahumadas, mentón bien formado, aunque partido en armonía con la nuez marcada de su recio cuello, y con una frente despejada delimitada por un cabello corto donde asoman las primeras canas. La sensación que genera en quien contempla este retrato es la de una persona activa, intelectual, de carácter determinado, con ideas propias, que se compadece bien con la biografía que hemos descrito anteriormente.

Puede afirmarse que el “Retrato de Félix Ayesa” mantiene las características estético-formales propias de la pintora Adela Bazo: calidad interpretativa, fuerte protagonismo del rostro, composición clásica sin elementos accesorios (objetos que distraigan de lo esencial), cierta dosis de ingenuidad, variada gama cromática sin estridencias, armonizada con sombras y luces muy matizadas, resultado de una pincelada delicada, que evita el detalle minucioso para sugerir más que describir en adecuada combinación de línea con modelado  en conjunción con el sabio uso de las veladuras, predominio de la naturalidad más inclinada a la intimidad que al dramatismo, con modelos serenos  en línea con el tono sobrio general de su pintura. Y sin rehuir los tipos populares, parece ser que sus personajes preferidos para el retrato fueron las personas de cierto relieve, especialmente del mundo de la diplomacia y de la cultura. Es una pintura sincera que rechaza lo que ella tildaba de “jeroglíficos absurdos”, al referirse a las tendencias vanguardistas [7].

Escritos de Félix Ayesa [8]

Editados

San Miguel de Aralar, 1945.
Sarmiento periodista, 1951.
Tárrega, el poeta de la guitarra, 1954.
La Gesta de Amayur, 1955.
García Lorca, poeta y mártir, 1956.
La canción popular española, 1956.
De Parpalló a Picasso, panorama de la pintura española, 1956.
Periplo de la poesía vasca, 1956.
Ciencia y religión en la escuela común, 1956.
Mariano Moreno periodista, 1958.
Francisco de Asís, el precursor, 1958.
Evaluación de la pintura argentina, 1958.
El arte en nuestros días, 1958.
El toro en el arte, 1958.
Sarmiento educador, 1958.
Panamericanismo y prensa, 1959.
Función lúdica de la poesía, 1960.
El arte como factor de humanización, 1960.
Martín Fierro y “el inglés sangrador”, 1960.
Martín Fierro, literatura de protesta, 1960.
Martín Fierro, literatura de frontera, 1961.
Proyecto de nomenclatura de las calles de Mar del Plata y otros núcleos urbano-rurales, 1966.
Carácter dominial de los cementerios y proyecto de Ordenanza General de cementerios, 1966.
El turismo como empresa, 1967.
El boleto de compra y venta y el Colegio de Martilleros, 1967.
Colaboración vecinal en el proceso de ordenamiento urbano, 1967.
Mentalidad de nuestra industria turística, 1968.
Poetas marplatenses en la lírica telúrica, 1968.
Itinerario poético de Alex Urrutia Artieda, 1968.
El símbolo en la pintura de Elvira Fenoglio, 1968.
Subastas y loteos y el ejercicio del poder de policía municipal, 1968.
Un hogar vasco en Mar de Plata, 1968.
Aberri Eguna de 1969 (Día de la Patria Vasca), 1969
Contenido americanista de la epopeya sanmartiniana, 1969.
San Martín y los vascos, 1970.
Radiografía de Indoamérica, 1971.
Debe dejarse de lado la política de improvisación, 1972.
Mar de Plata tendrá su frontón, 1972.
La Chanson de Roland y la batalla de Orreaga, 1973.
Mar del Plata y sus mitos, el “complejo Petit Mónaco”, 1974.
Participación de la comunidad en el proceso de ordenamiento urbano, 1972.
Tiempo de angustia, tiempo de poesía, 1974.
Presencia de la mujer argentina en las letras, 1975.
Presencia de la mujer en la lírica patagónica, 1975.
Conflicto entre España y Portugal en el siglo XV por las tierras descubiertas, 1975.
Don Bernardino y sus 17 nombres, 1977.
Gargantúa, Rabelais y el euskera, 1977.
Udalpe Batza y el arte de buen comer, 1977.
Jacinto Olave, 1978.
Kepa de Embeita, urretxindorra. El ruiseñor de Euskadi, 1978.
San Martín y los vascos, 1978.
Acotaciones al centenario de la creación del partido, 1979.
La Atlántida, ¿mito o realidad?, 1980.
La Atlántida, nuevas interpretaciones, 1981.
Mariano Moreno, hombre de Mayo, 1982.
Disquisiciones históricas regionales, “El almirante Brown no fondeó frente al actual Cabo Corrientes”, 1982.
La cuestión del almirante Brown y el Cabo Corrientes, 1982.
Pedido formal a la comuna por un geotopónimo, 1982.
Así lo quiero, así lo ordeno, 1983.
Desconocidas reliquias históricas, 1983.
De historietas, mitos, despropósitos y otras yerbas, 1983.
Algo más sobre el supuesto “lugar histórico”, 1983.
Así se escribe la historia, Consejo de Turismo Comunal, 1983.
¿Quousque tandem?, 1983.
Conferencia 40 aniversario del Centro Vasco de Mar del Plata, 1983.
La estatua de Colón, Aitor responde a R. B., 1983.
Esteban de Andoain, el siervo de Dios, 1984.
La verdad sobre Cabo Corrientes, 1984.
Los ochenta años del coro Denak-Bat, 1984.
Mirar por el telescopio sin telarañas en los ojos, 1984.
San Martín sembrador de cultura, 1985.
Jesús de Galíndez, 1986.
Simbolismo y vigencia de la ikurriña, 1986.
Jesús de Guridi Bidaola en el centenario de su nacimiento, 1986.
Gernika, un símbolo, 1987.
Cultura y creatividad al servicio de la paz, 1987.
Plano de Buenos Aires, 1988.
El mote de mi viejo, 1988.
El primer monumento a Colón en América fue erigido en la entrerriana ciudad de Villaguay, 1988.
¿Quién fue José de Ariztimuño?, 1988.
Reflexiones sobre tradición y folklore, 1989.
Alfredo Otarola, la lengua madre y el euskera, 1989.
Soñar vale la pena, 1989.
Leizaola con la lealtad del viejo roble, 1990.
Yrigoyenismo y cultura nacional, 1989.
La danza de las cintas, un antiguo tenor y el Denak-Bat, 1990.
Elkano 90, el Guipuzkoa y Mar del Plata, 1991.
La vuelta a casa de Arkupaak, 1991.
Vindicación del indio, 1991.
Juan B. Justo, 1865-1928, 1990.
Civilizaciones americanas precolombinas, 199…
De la zanja al alambrado. El alambrado de púa y el chiripá, 199…
De la pulpería al autoservicio, 1991.
Postas, mensajerías y diligencias, 1991.
De la aguada y el jagüel al riego por aspersión, 1991.
Fauna y flora en la época de los jesuitas, 1991.
Mar del Plata, origen de su nombre, 1992.
“Día del Indio” y el 500 aniversario, 1992.
Jesús de Galíndez y “La Era Trujillo”, 1993.
Los cincuenta años del Denak-Bat, 1993.
La verdadera historia de Mar del Plata, 1994.
Teodosio de Goñi (El Dragón y San Miguel de Aralar), 1998.

Inéditos

Presentados en el Primer y Segundo Congreso de Historia Regional Marplatense, 1986 y 1987:
Cabo Corrientes no es el punto más avanzado de nuestro litoral marítimo.
Aciertos y yerros en Mar del Plata y su Región.
Sobre declaración de Lugar Histórico de Cabo Corrientes y Laguna de Los Padres.
Origen y vigencia del zoónimo Lobería en la toponimia de la región.
Ubicación geográfica de las Reducciones del Pilar y de Los Desamparados.
Los jesuitas del Volcán y la Ciudad Encantada de los Césares.
Cuatro hitos en la toponimia del litoral marplatense.
Canto, narración y drama en el Martín Fierro.
Martín Fierro ¿Realidad o mito?
Martín Fierro, “me gusta pa la carona”.
La aportación de los vascos a la Ciencia del Derecho.
Contribución de los filósofos vascos a la filosofía cristiana en los siglos XVI y XVII.
Tres relatos y uno más.
La cultura vasca en el Paleolítico.
Renacimiento cultural vasco.

En preparación sin concluir

El oratorio de la Inmaculada Concepción, cátedra de simbolismo religioso.
Cartografía y toponimia regional marplatense.
Mito y realidad en la llamada “Reconstrucción de la Reducción del Pilar”.
Presencia vasca en la región sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Origen atlante de los vascos.

El autor agradece las informaciones facilitadas por Horacio Mariano Ayesa, nieto del retratado por Adela Bazo y Cunchillos, que figura como imagen de la portada.

Notas

[1] Datos extraídos de ÁLVAREZ, Adriana (2002) Historia del Centro Vasco Denak-Bat Mar de Plata. Vitoria-Gasteiz, Gobierno Vasco. Col. Urazandi, núm. 7, pág. 86; ARRONDO, César Aníbal (2005) “Félix de Ayesa, un vasco al servicio de la cultura”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, Universidad Nacional de La Plata, Buenos Aires, (5), págs. 257-291; y del blog ANTES DE SER CALLE. PARA SABER POR DÓNDE TRANSITAMOS. CALLES DE ARGENTINA. “Félix de Ayesa, un incansable trabajador por la identidad marplatense”, 27 de junio de 2016. Acceso: https://antesdesercalle.wixsite.com/antesdesercalle/post/2016/06/27/félix-de-ayesa-un-incansable-trabajador-por-la-identidad-marplatense;

[2] AZANZA LÓPEZ, José Javier (2022) “El Museo del Prado en la formación de las pintoras navarras a través de los libros, registros e índices de copistas”, Ars bilduma: Revista del Departamento de Historia del Arte y Música de la Universidad del Pais Vasco/Euskal Herriko Unibertsitateko Artearen Historia eta Musika Saileko aldizkaria,  Nº. 12, 2022, págs. 119-120.

[3] MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL (DIRECCIÖN GENERAL DE BELLAS ARTES) (1945) Catálogo oficial de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1945. Madrid, Blass. Palacio de Exposiciones del Retiro, Pág. 12. Sobre su maestro consultar REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. HISTORIA HISPÁNICA (2022) Enrique Martínez Cubells y Ruiz Diosayuda. Enlace a: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/29437-enrique-martinez-cubells-y-ruiz-diosayuda

[4] L. P. de C. (1938) “Notas de arte. La pintura sincera de Adela Bazo”, Mi Revista, 1 de octubre, pág. 25.

[5] Posiblemente Antonio.

[6] I.M. en “Galería de Arte Goya”, Faro de España, Buenos Aires, segunda quincena de octubre de 1975, con motivo de la exposición de Adela Bazo en esta Sala. Y en esa misma dirección se pronunciaba Isaura Muguet en “El arte de Adela Bazo”, Faro de España, Buenos Aires, 15 de noviembre de 1965, p. 6.

[7] La sinceridad en la pintura de Adela Bazo, en especial en sus retratos, es una nota destacada por L. P. de C.: “Notas de arte. La pintura sincera de Adela Bazo”, Mi Revista, 1-10-1938, pág. 25.

[8] En libros, folletos, fascículos, diarios y revistas o en conferencias y disertaciones.