El interés por recoger por escrito la devoción popular de los cristianos en las romerías tradicionales de Navarra, ligadas estrechamente a las ermitas y santuarios de esta comunidad histórica española, en lo que a la memoria de los dos últimos siglos se refiere, se aviva en la década de 1940 con los libros a ellas
dedicadas por Dolores Baleztena y Miguel Ángel Astiz (Romerías navarras, 1944) y José María Iribarren (De Pascuas a Ramos. Galería religioso-popular-pintoresca, 1946). Dolores Baleztena publicará en solitario Navarra por santa María en 1976. Dos décadas después de las primeras aportaciones, José Luis Larrión Arguiñano recogerá el testigo para abordar de nuevo el tema (Romerías, 1969) en la serie Navarra, temas de cultura popular, que tantos e interesantes datos aportará en lo que a la vida piadosa de nuestros pueblos se refiere.
El marco arquitectónico de tales ermitas y santuarios, y la devoción popular vivida entre sus humildes muros, será objeto de catalogación por Tomás López Sellés entre 1972 y 1975 bajo el título de Contribución a un catálogo de las ermitas de Navarra, que aparecerá en la revista de la Institución Príncipe de Viana Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, y permitirá ahondar más en el conocimiento de tan religiosas costumbres. Lo actualizará, en una versión divulgativa, Fernando Pérez Ollo (Ermitas de Navarra, 1983) resumida siete años después en la Gran Enciclopedia Navarra. En 1973 aparece el librito de José María Jimeno Jurío Al airico de la tierra, primero de una serie de estudios acerca de las romerías navarras que va a sintetizar en publicaciones posteriores a lo largo de la década 1990 en la consideración del Calendario festivo y su repercusión en la ordinaria vida de nuestros pueblos, con un avance previo (Antropología navarra, 1987), que incluirá en sus Obras completas.
La década 1990 abre el tiempo de las primeras síntesis: de José María Jimeno Jurío en la Gran Enciclopedia Navarra (1990) y de Jesús Arraiza (Religiosidad popular) y Jesús María Usunáriz (Romerías y rogativas) en la Etnografía Navarra de Diario de Navarra, bajo la dirección de Mª Amor Beguiristáin (1996). En el presente siglo, Maite Mauleón ofrecerá en sus Cánticos de devoción populares en Navarra (2009) una recopilación de algo tan sustancialmente unido al alma popular como es el cancionero. Y en 2021 sale a la luz, después de una paciente elaboración sobre el terreno de ocho años de duración, el compacto tomo Romerías de Navarra, obra de Arturo Navallas encomiable por la síntesis general que ofrece sobre bases preexistentes, pero que completa y actualiza en la grata compañía de un sinfín de fotografías a color[1].
Sobre el caudal de datos por estas publicaciones aportado, surgen de manera regular reseñas puntuales de romerías localizadas en lugares concretos, que resultan valiosas para definir mejor el entramado de estas devociones populares, que figuran con sus autores en la bibliografía final.
Lo que ahora me propongo es un enfoque del asunto desde el punto de vista de la “devoción popular”, considerando como algo menor el aspecto gastronómico y bullicioso que acompaña a toda celebración tan especial como es la ocasión en que se venera a las advocaciones particulares de cada pueblo, aun considerándolos como inseparables del mismo, pues estimo que, despojada de estos aspectos, quedará más diáfana mi contribución. Contribución que pretende acumular materiales para un aporte de mayor envergadura, como es el segundo tomo, dedicado al ciclo de primavera, del Calendario festivo tradicional del Atlas Etnográfico de Vasconia, a cargo de los grupos Etniker de investigación etnográfica, impulsados por don José Miguel de Barandiarán.
En homenaje
a quienes han investigado las romerías navarras
Introducción
“En cualquier rincón de esta tierra ha nacido una romería, se ha levantado una capilla, ha ardido el fervor popular hecho a veces al calor de la leyenda”, ha escrito José Luis Larrión[2]. A lo que añade Francisco Pérez González, que fue arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela: “En cada romería se dan cita la fe y la devoción, la tradición y las costumbres, los sentimientos de pertenencia a una comunidad y la identidad de nuestros pueblos. Todo ello expresado a través de medios materiales e inmateriales, los primeros en forma de ermitas, tallas de vírgenes y santos y los segundos mediante ritos, ceremonias, música y textos. En definitiva, las romerías son un buen ejemplo de inculturación del evangelio, de la relación que desde tiempos pretéritos ha existido entre la fe, la solidaridad y la cultura”[3].
Cabe preguntarse si estas circunstancias se han mantenido imperturbables en los últimos tiempos, aquellos que aún pueden rescatarse de la memoria de nuestros informantes. Como es lógico pensar, puesto que la vida es un continuo discurrir, son varios los factores que han incidido en la religiosidad proverbial de la Navarra tradicional. Observa Imbuluzqueta[4] los siguientes: el primero de ellos es la no asimilación correcta del espíritu de cambio en la Iglesia surgido del Concilio Vaticano II (1962-1965); el segundo, el cambio político social, derivado de la desaparición del régimen franquista y del inicio de la democracia; el tercero, la consecuencia del incremento del nivel de vida y el correspondiente acceso al pragmatismo de la comodidad, de una nueva cultura del ocio, de formas de vida, hasta entonces inalcanzables. A todo ello hay que sumar, además, la industrialización de la Comunidad -sin olvidar que en algunos ambientes surgió una especial sensibilidad social, debido, de forma de destacada, a las doctrinas de Juan XXIII, especialmente en la encíclica Pacem in terris-, el abandono progresivo de la sociedad rural y la correspondiente concentración urbana en torno, sobre todo, a Pamplona. En la práctica la sociedad navarra ha iniciado en el siglo XXI un grado de secularización insospechada a mitad del siglo XX, pero que viene incluso de más atrás.
Navallas[5] apunta que la religiosidad en torno a las romerías ya se vio afectada progresivamente por una normativa de la iglesia en el siglo XVIII que prohibía las romerías de doble jornada (que exigían por la distancia al lugar de origen pernoctar en ellas o en sus alrededores) para evitar excesos nocturnos. En el siglo XIX les afectaron las guerras, cuando las ermitas, centro de las romerías, se usaron para defensa. También las desamortizaciones, que hizo que algunas se abandonaran. No sólo concernió al número de ermitas la despoblación de zonas rurales sino también la incuria y los intereses particulares que o las demolieron para aprovechamiento de sus piedras o las transformaron en pajares, cuadras, almacén de herramientas agrícolas y hasta en lazareto y depósito de cadáveres, y en algún caso en escuela, siendo éste el mejor de sus aprovechamientos, como se deduce de la consulta a la Contribución a un catálogo de las ermitas de Navarra publicado por López Sellés[6]. Observaba este autor poco antes de iniciarse la década 1980, que la merindad de Sangüesa contaba con el mayor número de ermitas de todo Navarra (439), aunque paralelamente era la que mayor porcentaje de desaparecidas tenía (81%), especialmente en Arce (Artzibar), valle con condiciones de vida más duras[7].
No obstante, la devoción popular a sus santos y advocaciones ha permanecido inquebrantable a lo largo de los años en torno a las romerías, y no sólo por la emocionalidad suscitada por el aprecio a las propias raíces, la afectividad hacia símbolos, creencias, oraciones o cantos locales, sino porque todo ello es inseparable de su dimensión festiva, del componente lúdico, que se goza en la simple expresión de la vida, tanto humana como religiosa cristiana. Las romerías son auténticas manifestaciones de la fe del pueblo, en las que oración, penitencia, canto y manjar, se entremezclan sin separación alguna. Esto le lleva al sacerdote Jesús Arraiza a concluir que “Navarra es romera por los cuatro costados. Tan dentro está la romería del alma popular navarra que con razón podemos decir que en esta tierra casi no existe monte sin ermita ni pueblo sin romería”[8].
Características generales de las romerías navarras
- Las romerías están más cerca de lo votivo que de lo penitencial, aunque conserven varios rasgos mortificantes. De lo votivo, porque se orienta al culto de los santos o a la veneración de las imágenes queridas, con un matiz impetratorio contra plagas, enfermedades o cualquier tipo de peligros que puedan acechar a los bienes de la tierra. Es el caso de San Gervás de Arzoz, Santa Elena de Esquíroz y Santa Felicia de Labiano, a los que se acude para pedir protección contra los dolores de cabeza; San Antonio de Guembe, a donde caminan los niños tardos en hablar y los mozos y mozas casamenteros; San Jorge de Azuelo, protector contra la rabia; San Urbano de Gascue, para la sanación de los reumáticos; Virgen de Nora de Sangüesa, a la que durante siglos se ha invocado contra los naufragios y accidentes de los almadieros; Nuestra Señora de Arguínoain de Sarriés, a cuya romería se acude buscando alivio para los ojos enfermos, y no digamos San Gregorio Ostiense, de Sorlada, contra las plagas que asolan los campos[9].
- La mayoría de ellas, y a las que atendemos, son romerías ordinarias, si excluimos las extraordinarias, que fueron las peregrinaciones a los santos sepulcros de Cristo en Jerusalén por los palmeros, al de San Pedro de Roma por los romeros, y al de Santiago de Compostela por los jacobeos. Las ordinarias, que también podrían clasificarse como “pequeñas” en contraposición a las “grandes” (que atraen a personas de todo el valle y lugares cercanos a este), son las numerosas que cada pueblo, villa o ciudad ha venido celebrando cada año en virtud de votos y juramentos hechos en momentos de calamidades, visitando determinados santuarios, singularmente, los de santos abogados como Sebastián, Antón, Águeda, Gregorio, Quiteria, Pedro mártir, Roque, etc. Y entre ellas están[10]:
- Las romerías penitenciales: con el tiempo ha ido desapareciendo aquel espíritu penitencial de la Edad Media tan exigente en ayunos, pies descalzos y arrastre de cadenas, aunque sin desaparecer del todo en las romerías de la merindad de Sangüesa, con los cruceros entunicados que van a Roncesvalles, San Miguel de Izaga, San Pedro de Usún, Trinidad de Lumbier, Santa Coloma de Meoz, y Santa María de Ujué (los apostolados de Tafalla y Olite, los penitentes al Santo Cristo del Amparo de Aibar, los peregrinos a Javier). En todas ellas se ha impuesto el aspecto específico de la purificación, entendido como sacrificio penitente[11].
- Las romerías festivas: junto a estas manifestaciones, nos encontramos de manera generalizada con otras romerías más alegres y joviales, algunas cargadas de ritos ancestrales, como la de San Gregorio de Sorlada, cuya cabeza sirve para bendecir agua pasándola por el cráneo, y con ella, luego bendecir los campos para matar toda clase de insectos. Se aprecia un cambio en el motivo por el que se acudía a las ermitas por el único recurso de acudir a los santos abogados en petición de favores para concebir las romerías como jornadas de convivencia festiva, algo notable en la Ribera estellesa en su fecha preferida para visitar santuarios el lunes de Pentecostés. Mendavia acude a Legarda, Sesma a Almuza, Lerín a La Blanca, Cárcar a La Gracia, Azagra a San Esteban de Argadiel, y en días posteriores Andosilla va a Santa Cruz el 3 de mayo; Lodosa a San Gregorio el día 8. Dieron gran personalidad y tipismo a las romerías de esta comarca la participación de carrozas adornadas con abundancia de follaje, y de parejas de novios sobre caballos enjaezados. Ranchos, costilladas, calderetes, música, danzas y mucha alegría en el campo. Al regreso era tradicional entrar en el pueblo con los caballos a galope tendido y haciendo pruebas de habilidad y fuerza. Muy típico en las romerías de la merindad estellesa fue también “correr la rosca”[12].
- La celebración lúdica es compatible con la religiosa, pues ambas convergen, por un lado, con Dios, el santo o la santa advocados y, por otro, con la familia o los amigos ausentes del pueblo, que ahora retornan con tal motivo, y la degustación de viandas en una misma fiesta del todo gratificante. Las romerías son, como explica Navallas, “eventos de unión colectiva”, tras recopilar 765 de ellos en 448 centros de devoción. Es por eso que la romería aporta un sentido de identidad fuerte. También opinaba así Ollarra, al afirmar que “las romerías son motivo de encuentro, de arraigo y de continuidad espiritual y de parentesco”[13].
- Las romerías se ordenan según dos ejes de celebración: Primavera (de forma general) y Pascua de Pentecostés. Jimeno Jurío se ha ocupado de su descripción[14]:
- Fiestas de primavera. Los labradores navarros, poco dados a florituras literarias, vivían, antes de la progresiva industrialización, en la estación de primavera, con graves preocupaciones: los campos sembrados, los prados verdeantes, el viñedo y los frutales florecidos eran todavía una esperanza, constantemente amenazada por heladas tardías menguadoras de las cosechas de uva, fruta, hortaliza y cereal. Seguida sin solución de continuidad el peligro de la sequía y, a medida que se aproximaba el verano, el de tronadas y nublados malignos, capaces de arrasar sembrados, viñedos y heredades, y, con ellos, el pan de un año. El labrador vivió durante la primavera en continua zozobra. De ahí que la sociedad rural, cuya base de subsistencia era el campo y la ganadería, plasmara sus preocupaciones vitales tratando de atraerse la protección de Dios y de los santos en provecho propio. La estación se caracterizó por las rogativas, romerías y conjuros contra las tormentas, por los votos y ritos en honor de los abogados contra el hielo. (Santo Toribio, San Marcos, San Pedro Mártir, 12, 25 y 29 de abril), por las bendiciones de los campos con la imagen de San Miguel de Excelsis, la reliquia del Lignum Crucis (3 de mayo), el agua pasada por las cabezas de San Jorge de Azuelo (23 de abril) y San Gregorio de Sorlada (9 de mayo), encomendándose a Santa Bárbara “cuando truena” (14 de mayo), a San Isidro (15 de mayo), Santa Columba de Meoz (19 de mayo) y Santa Quiteria contra la rabia (22 de mayo).
- Pascua de Pentecostés. Popularmente conocida como Pascua de mayo y celebrada el domingo y lunes. Fueron típicas las romerías a santuarios y ermitas, especialmente vistosas en las villas de la Ribera de Estella, como hemos visto, donde participaban carruajes enramados con chopo, tamariz y flores, caballerías enlazadas y música. Terminada la misa, los asistentes eran obsequiados con pan y vino, costumbre mantenida en Cárcar, y despachaban ranchos y calderetes en los sotos, en un clima de convivencia festiva que caracterizó igualmente el regreso a los pueblos. A la llegada solían prodigarse ciertas competiciones deportivas, como carreras a caballo (Cárcar) o pruebas de tiro con los carros (Sesma). Antes de ella, y en un clima religioso-festivo, tenía lugar en algunas poblaciones (Pamplona, Cortes…), en la Pascua de Resurrección, la procesión del encuentro de Jesús y su Madre, con rituales de saludos y genuflexiones, y la bajadica del ángel en la Plaza Nueva de Tudela[15].
- El calendario de las romerías se organiza con distintos criterios y se pueden establecer seis distinciones que han ido evolucionando con el tiempo[16]: 1. Las romerías con fecha fija que se celebran en su propia festividad. 2. Aquellas que son trasladadas al fin de semana más cercano a la misma. 3. Romerías a ermitas que organizan sus citas en función de la fecha de algunos santos como Marcos, Isidro y Gregorio. 4. Romerías que mueven su calendario en función de las fechas de la Pascua de Resurrección, que son movibles: Ascensión del Señor, Pentecostés, Santísima Trinidad y Corpus Christi. 5. Romerías con una fecha fija de comienzo, pero que modifican el ciclo condicionadas por determinadas fechas pascuales, como el Corpus o la celebración de las primeras comuniones. 6. Ciclos, organizados en función de la coincidencia de las fiestas de carácter local y que son programadas a veces por las cofradías y los propios ayuntamientos. Actualmente se prefiere la celebración en domingo para propiciar la participación de hijos del pueblo (incluidos los sacerdotes). De todas formas, los doce meses del año se hallan sembrados de romerías, desde el 17 de enero en que van a su ermita de San Antonio los de Urdax y los de Lakuntza, hasta el 18 de diciembre con los de Ugar a su Virgen de la O. Abril, mayo, junio son meses romeros, especialmente en torno a san Marcos (25 de abril), san Isidro (15 de mayo), san Juan Bautista (24 de junio), o en las fiestas de la Ascensión, la Trinidad o Pentecostés.
- La festividad, que da origen a la romería, se abre con el canto de la aurora, porque la entonan al rayar el día un grupo de personas (auroros) de ambos sexos mientras recorren las calles recitando letras populares alusivas a la celebración religiosa de la jornada. Explica Caro Baroja: “en las procesiones penitenciales y en otras peregrinaciones de este tipo, se han solido cantar auroras y composiciones en castellano: han dado lugar a que sacerdotes y devotos compongan himnos, de forma similar a como ocurre en otras muchas partes de España. Habrá de señalarse, también, que, sobre todo, durante los siglos XVIII y XIX, de las pequeñas prensas e imprentas de Pamplona, etc. han salido pliegos de gozos, e imágenes piadosas, aunque en esto no se haya llegado a la abundancia de Cataluña o Valencia. A veces la musa popular es ingenua y de buen idioma. Otras barroca y hasta un poco gerundiana. En ocasiones, los fieles, al cantar, han llegado a hacer ininteligible el texto, por lo mismo que contiene palabras poco usuales. La piedad popular se ciñe a un ámbito histórico o tradicional, en el que han ocurrido hechos milagrosos, por ejemplo, apariciones, liberaciones, curas etc., que la justifican. Es, en suma, un ámbito protegido desde tiempos remotos, un ámbito familiar y querido[17].
- Son varios los rasgos diferenciales entre las romerías navarras. Uno de ellos, el más pragmático, el gastronómico, puesto que en la mayoría de ellas el calderete, la costillada, el pan, el vino y el queso se consideran esenciales para expresar la fiesta. En él son de ver algunas peculiaridades, como los perrochicos de los aezcoanos en Orreaga-Roncesvalles, los camarones del valle de Arakil en Legarra, los ajos y cebollas asadas en el Villar de Corella, los ziquiros en San Urbano de Gascue y en Santa Lucía de Arañotz las tacitas de plata, llamadas “barquillas”[18], con que varios ayuntamientos sirven el vino a los romeros, la culeca, pan y huevo, en la Ribera, y la empanada de conejo, chorizo y huevo de Fitero. También son peculiares de las romerías navarras los cruceros de Arce, Erro, Lumbier y Ujué, los dantzaris de Ochagavía, los ritos tradicionales de ramos y abrojos de San Quirico de Navascués, y muchos otros rasgos más[19]. También son característicos los gozos o composiciones poéticas en loor de la Virgen o de los santos, divididos en coplas con sus estribillos, que, salmodiados de memoria por el pueblo, narran la vida del santo o su aparición en el lugar con giros arcaicos de tonos seculares.
- Las “romerías al revés”, en expresión de Jesús Arraiza, son llamativas en nuestra tierra, tal son los casos de San Miguel de Aralar y San Gregorio Ostiense, de Sorlada, porque aparte de ser visitadas sus efigies en sus respectivos santuarios, tienen sus ciclos de visita a numerosos pueblos y ciudades. La cabeza de San Gregorio en el pasado iba más allá de nuestras fronteras, en tanto que hoy en el tiempo pascual visita Valdega, Valle de Yerri y Valdechauri y en los pueblos acostumbran a cantarle: “Guardián de Navarra, resuene tu voz, por todos sus campos, ¡sed su defensor”. El peregrinaje del arcángel San Miguel acompañada su figura con el Lignum Crucis abandona su santuiario en marzo para visitar el valle del Arakil, la Cuenca toda de Pamplona con sus cendeas, Valdizarbe, Larráun, Imoz, Valdegoñi, Valdechauri, Yerri, Guesálaz, las Basaburúas, Ulzama, Atez, Odieta, Baztán, Cinco Villas, Leiza, Goizueta, Pamplona, Tafalla y La Oliva, y se le despide con “Adiós, Miguel Arcángel, Ministro General, será siempre tu trono la cumbre de Aralar”. Otra romería única es la Javierada, a la que puede definirse como “romería de la Navarra total”.
- Por responder a un hecho sociológico real, no puede dejar de mencionarse que el colectivo de inmigrantes andaluces, organizados en hermandad, ha incorporado al calendario religioso popular navarro, la celebración de dos romerías del Rocío; la primera fiesta, en honor de la Blanca Paloma, tiene lugar, desde mediados la década 1980, en el paraje de La Barca, en Azagra, por entender que es el más parecido al de las marismas almonteñas; la segunda se celebra en la Laguna de Rada desde 1995 con una marcha desde la parroquia del lugar, una vez colocada la imagen de la Virgen del Rocío en un carruaje, con una parada para el rezo del Ángelus y otra para consumir bocadillos y vasos de rebujito. Los asistentes bailan y cantan a la Virgen del Rocío.
Abordaremos ahora la exposición en detalle de las distintas advocaciones que mueven a la devoción popular de las gentes, cuyos polos de atracción son las ermitas y santuarios (prestigiados por enterramientos y el número de reliquias), y la forma en que se articulan estas devociones en las romerías, y lo haremos según una jerarquización presidida por la Santísima Trinidad, con mayor detenimiento en la figura de Jesucristo como Salvador del mundo y los lugares de su Pasión, la Santa Cruz, el Calvario y el Sepulcro, atendiendo a la Sagrada Familia (la Virgen Santísima y su esposo San José además de San Joaquín y Santa Ana), el Precursor de Jesucristo San Juan Bautista, los Ángeles del Cielo, el Colegio Apostólico, los Padres de la Iglesia, para terminar con los Patronos de Navarra, los santos y santas de devoción, aludiendo finalmente a los exvotos como objeto ostensible empleado por los cristianos para agradecer un favor recibido de lo Alto.
La Santísima Trinidad
La devoción a la Santísima Trinidad está muy extendida en Navarra, hasta el punto de existir unas setenta y ocho localidades que o disponen de una ermita de esta titularidad o acuden en romería a santuarios presididos por ella[20].
La Trinidad de Erga
Destaca sobre el conjunto de las ermitas objeto de romería la dirigida a la Trinidad de Aguinaga (Trinitate en euskera), en la cima del monte Erga, sobre Irurtzun y el corredor de Arakil, que se levanta en jurisdicción de Aguinaga, en el valle de Gulina. Algunos la llaman Trinidad de Irurtzun, por la proximidad a este lugar, incluso Trinidad de Gulina, por la misma razón con respecto a esta localidad del municipio de Iza. Ha sido descrita con precisión por el sacerdote Emilio Linzoain[21]. El lugar donde se halla la ermita es majestuoso por la vista que desde su cima se observa: un monte, Erga, que se yergue solitario entre los valles de Araquil, Gulina e Imotz. Su altitud máxima es de 1088 m., aunque el eremitorio no está situado en la cota más elevada sino a 980 m de altitud, en el límite de Aizkorbe (Arakil) con Aguinaga (Gulina). Se le llama también monte de la Trinidad. Para unos “Erga” sería equivalente a pastizal, en la lengua vernácula, sin embargo, se cree que la palabra tendría relación con antiguas creencias mitológicas acerca de la maldición que recibieron las hijas de la Dama de Amboto, Mari, que las convirtió en piedras. De suyo aún algunos hombres que procesionan a la ermita se escapan furtivamente del cortejo para acudir a una roquera próxima y arrancar de ella a golpes un fragmento (chimistarria) que guardan para colocarlo en la ventana o chimenea de su casa como protector contra el rayo. Esta observación es de los años 70 del pasado siglo. Otros opinan que si se lleva a casa es “por ser un objeto raro que sirve de adorno”[22].
Como en otros varios casos, que iremos mencionando más adelante, la erección de la ermita en tan áspero paraje, se debió, según la leyenda, a una intervención sobrenatural, que se hizo sensible en el traslado de los materiales por manos misteriosas. Esta explica que los materiales de obra de cada jornada de trabajo eran llevados desde los términos de Malaun (en la opinión de los de Gulina), Lizerretako soro (Aguinaga) o Bordazarreta (Aizkorbe), que se disputan la ubicación primera. Eran llevados misteriosamente en la noche al emplazamiento actual, señal inequívoca de que aquí debía erigirse el templo, y así se hizo. A pesar del riesgo que importaba el edificar en semejante lugar, los operarios no sufrieron el menor accidente[23].
El mayor de sus atractivos, pues no son abundantes las representaciones de la Santísima Trinidad en Navarra, es su representación labrada en mármol blanco, pulimentado, de un metro de altura, con la corona del Padre Eterno y el INRI del crucifijo dorados, atribuible al estilo gótico[24].
Desde tiempo inmemorial, continúa Jesús Linzoain, hasta finales de la década 1970, ha sido costumbre en toda esta zona, dejar mandas pías para la Trinidad de Erga, San Miguel de Excelsis (en el monte Aralar), Arantzazu (Oñate en Gipuzkoa), Oskía, San Bartolomé de Beorburu, Nuestra Señora del Rosario de la parroquia propia y el Hospital de Pamplona, consistente en el pasado de sendos robos, medios robos o cuartales de trigo, y de ellas se hacía cargo el ermitaño. Además, el ermitaño de la Trinidad estaba autorizado a pedir limosna en ocho leguas a la redonda. Aún se mantenía en la década anterior el recorrido habitual que éste hacía con motivo de la demanda, que abarcaba una gran extensión, por los valles de Gulina, Arakil, Ollo, Juslapeña, Atez, Imotz, Basaburúa Mayor, Larraun y cendea de Iza, con hospedaje asegurado en todos estos lugares. Al recibir la limosna, el ermitaño ofrecía a la veneración del bienhechor una reproducción de la imagen de la Trinidad de Erga en una capillita que dejó de utilizarse en 1969.
Es detallada la descripción de las romerías que hace don Jesús Linzoain, como sacerdote que sin duda participó en ellas.
La primera romería se produce el primer domingo después de Pentecostés. En la ermita se celebra misa, y el sermón se basa en el misterio de la Trinidad a cargo de un predicador extraordinario. Se reza por los bienhechores. Además de los del valle de Gulina, acuden de otros muchos pueblos de la zona. Se sube sin formar procesión, sin cruces parroquiales. El predicador y los sacerdotes del valle de Gulina, tomaban parte en el ágape ofrecido en la casa del ermitaño a los bienhechores. El martes siguiente a Pentecostés era el día en que subían a la Trinidad los venidos del valle de Arakil con la imagen de San Miguel de Excelsis, del santuario de Aralar, y el pueblo de Aguinaga. El lunes siguiente a la Trinidad es la peregrinación del Valle de Imotz y de la villa de Irañeta, también los pueblos del valle de Arakil. Los pueblos que integran el Valle de Imotz (Etxaleku, Eraso, Goldaratz, Latasa, Muskitz, Oskotz, Urritza y Zarrantz) acuden en procesión con las cruces parroquiales portadas por los alcaldes de sus respectivos lugares. Iriberri, del valle de Atez, se une a la peregrinación, por ser anejo de la parroquia de Muzkitz.
El martes siguiente a la Trinidad hace su procesión el valle de Gulina. Suben los cinco concejos que lo integran, con las cruces parroquiales. Los de Larumbe y Sarasate vienen a Gulina, y los peregrinos de estos tres pueblos coinciden con los de Zia en Aguinaga, para hacer la ascensión al santuario. Dos fornidos jóvenes del pueblo de Gulina, vistiendo sobrepelliz, suben la pequeña imagen de la Virgen del Rosario de la parroquia desde la iglesia propia hasta la Trinidad. Desde 1967 el valle de Juslapeña hace su romería, que antes lo hacía el miércoles siguiente.
Hasta los principios de la década 1970 las procesiones solían llegar a la Trinidad para las ocho horas (las siete solares). La cruz procesional de Erga, traída por el ermitaño, salía a la puerta de la iglesia para dar a cada cruz parroquial el ósculo de bienvenida. El camino se hacía a pie, saliendo de la correspondiente iglesia parroquial mientras repicaban las campanas. Algunos iban montados en caballerías. La andadura transcurría entre el canto de letanías y el rezo del rosario, dirigidos por los sacerdotes, que vestían sotana, sobrepelliz y estola. Dentro de la ermita, mientras se llegaba al presbiterio, se cantaba la triple invocación del Agnus Dei. Los sacerdotes del valle oían confesiones, celebraban misas rezadas y distribuían la comunión. Alrededor de las 10 horas, cuando se veía acercarse la imagen de San Miguel de Excelsis, acompañada por el párroco y fieles de Irañeta, comenzaba la celebración de la misa cantada. Terminada la misa, durante la cual hacía su entrada en la ermita el Ángel de Aralar, se cantaba en latín la letanía de los santos; tenía lugar la adoración del Lignum crucis de la efigie de San Miguel, entonándose en euskera las letrillas tradicionales; y finalizaba el acto con el canto de un responso popular en latín.
Mientras, en los fogones de la casa del ermitaño, crepitaban los leños encendidos, la ermita obsequiaba con rico caldo de carne a los ocho portadores de las cruces parroquiales, y, después de la celebración de la misa, se servía desayuno y almuerzo a todos los sacerdotes. Los peregrinos de cada pueblo ocupaban, año tras año, el mismo lugar de la casa, para despachar con buen apetito las viandas llevadas consigo; y el importe del vino consumido corría a cuenta del concejo.
A las 12 horas, el tañido de la pequeña campana, convocaba a los fieles para iniciar el regreso desde el interior de la ermita. Dicha en ésta la invocación Sancta María, partían los ocho pueblos precedidos por las cruces, formando una sola procesión en la que se mantenía el siguiente orden: los niños, seguidos de los jóvenes, los hombres, la autoridad del valle, el clero, las mujeres, las jóvenes y las niñas. El ermitaño acompañaba con su cruz, y una vez andado el camino que corre paralelo a la casa, se oían los sonidos de los metales al tocarse cuando la de la Trinidad daba el beso de despedida a las cruces parroquiales. Durante este retorno, se cantaba la letanía de la Virgen, intercalando la invocación Sancte Michael, aplicándose a esta letra una música de aire maestoso, muy peculiar. La procesión de los ocho pueblos era mucho más nutrida que la actual. Los fieles cantaban el Ora pro nobis. Cuando el campanero de la parroquia veía desde la torre que la cruz retornaba, comenzaba el repique festivo de las campanas, que callaban al ingresar la procesión en el recinto sagrado. Se consideraba como obligatoria la asistencia de una persona, al menos, de cada casa. En el camino había parajes llamados kontalekue, en los que el alcalde de cada pueblo hacía el recuento de los asistentes, nombrando las casas[25].
La falta de ermitaño, el número exiguo de sacerdotes asistentes, la última reforma litúrgica, la mitigación del ayuno eucarístico, la despoblación de algunos pequeños pueblos y, sobre todo, el nuevo ritmo de vida del trabajo, obligaron a que en los últimos años se suprimieran varios de los usos descritos. En la actualidad, la mayoría de los pueblos se aproximan a la ermita usando vehículos a motor.
Además de las romerías, se mantuvieron expresiones de devoción popular: las gentes de Aizkorbe interrumpían su trabajo para musitar una oración al escuchar el tañido de la campana de la Trinidad. En Beunza, al subir a la Iglesia parroquial, recitaban el credo, mirando a la ermita de Erga y los feligreses de Muzkitz un padrenuestro, puesta la mirada en la ermita de Erga.
Basílica de Santa Marina y Trinidad de la sierra de Urbasa
Descrita por Nicolás Arbizu, la ermita de Santa Marina-Trinidad interesa a los romeros de los pueblos de Bakaiku, Iturmendi y Urdiain[26]. La ermita-santuario se halla en lo alto de la llamada barga, ladera norte de la Sierra de Urbasa. Se sitúa en un pequeño llano junto a otras edificaciones (andretxes o albergues para las gentes de los pueblos) y a una altura de 1050 m sobre el nivel del mar, en tanto los pueblos mencionados del valle de la Burunda se hallan a unos 550 m. Su silueta resalta entre los dos acantilados o paredes rocosas de Oineta y Ansumendi. Sobre Bakaiku, sobresalen las tres grandes peñas de Iruaitzeta (la más cercana a la ermita está horadada y, desde Bakaiku, se vislumbra el perfil de la cabeza de un “soldado romano”) y sobre Urdiain, la muralla rocosa de Urdinzo.
La ermita, en su origen, pertenecía a toda la Burunda y más tarde pasó a depender de Iturmendi, Bakaiku y Urdiain. Los valles, circunstantes a la ermita, Arakil, Ergoiena, Aranatz y Améscoa tenían sus días para acudir a la ermita e invocar a la Trinidad y a Santa Marina, y eran bien acogidos.
Son tres los días señalados como romería a la ermita: Pazkolaugarren (cuarto día después de Pascua de Pentecostés) en que se sube la imagen de la ermita tras la novena celebrada en el pueblo. Después de la misa se reparte pan, queso y vino, que se reparte en tazas de plata; Santísima Trinidad, cotitular de la ermita, en que se celebra gran fiesta con música y comida compartida, bajo los pinos que rodean la ermita, y baile en la plaza. Históricamente, el tradicional zortziko era lo que se bailaba, siendo el alcalde del pueblo, prior ese año, el que iniciaba el baile; Santa Marina (18 de julio): día solemne dentro de las fiestas patronales de Iturmendi, fiesta semejante a la del día de la Trinidad, en la que se participa en armonía y buena vecindad, olvidando las viejas rencillas con los vecinos de Urdiain (que dejaron de acudir oficialmente a mediados del siglo XIX) y con todos los que acuden a la fiesta. Tras el almuerzo regado con vino, tiene lugar la procesión con la imagen de Santa Marina, rodeando la ermita y entonando el Cántico de las Criaturas, la imagen la llevan vecinos de ambos pueblos; la misa es a las 12 y, después de venerar la reliquia, comienza la música y el baile y hacía las 14 horas, se pasa a comer en familia o cuadrilla en los andretxes o bajo los pinos que rodean la ermita, y por la tarde en los pueblos se merienda y baila.
El día de la Santísima Trinidad se celebra la fiesta en el pueblo del que ha sido prior ese año. Es preciso señalar que esta ermita fue y es lugar de devoción, reunión y encuentro festivo de todos los que pasaban o trabajaban cerca de ella. Los primeros, los numerosos pastores de la sierra, sobre todo de las tres majadas de Bakaiku, Iturmendi y Urdiain; los leñadores, carboneros y otros oficios relacionados con el bosque o las canteras; de los arrieros, viajeros y pasajeros de la calzada que discurre bajo la ermita y actualmente de los montañeros y senderistas, y específicamente de los voladores de parapente.
La Santísima Trinidad de Arre
La basílica de la Santísima Trinidad de Arre, situada cabe Pamplona en el municipio de Ezcabarte, en las proximidades del monte San Cristóbal, tiene adosados varios edificios que recuerdan las distintas funciones asumidas durante siglos como albergue de peregrinos, siendo uno de los hospitales más antiguos de Navarra. Explica Navallas[27] que La Trinidad tuvo dos cofradías, eclesiástica y laica, una se encargaba de la basílica y la otra del hospital. Fue autorizada a pedir limosna por todo el reino, para su mantenimiento, por el Consejo Real, en 1745.
El ciclo de romería se inicia el día de san Isidro Labrador, 15 de mayo, continúa la víspera de la Trinidad, con carácter doble, sigue al día siguiente, y finaliza en septiembre para reunión de los cofrades.
El sábado anterior a la Santísima Trinidad, visita la ermita la imagen del Arcángel San Miguel del monte Aralar en compañía de los vecinos de Villava, población cercana por el sur. La romería parte de la parroquia de Villava a las siete 7:30 de la mañana y marcha presidida por la cruz parroquial hasta la muga con Arre, donde saluda al Arcángel con el clásico ósculo, y ambos continúan en procesión entonando canciones hasta el recinto sagrado. La celebración eucarística culmina con la veneración de la imagen de Aralar y su cántico de bienvenida: “Miguel, Miguel, Arcángel Miguel, guardad, guardad a este pueblo fiel”. Es costumbre que el ayuntamiento de Arre obsequie a los asistentes con chocolate caliente acompañado de bizcochos.
El mismo día, los vecinos de algunos de los núcleos de población que componen el valle de Egüés (Ardanaz, Badostain, Egüés, Elcano, Elía, Gorraiz, Olatz, Ustárroz y anteriormente también las de Azpa, Ibiricu y Sagaseta) y los de la cendea de Galar acuden en romería a la ermita para la celebración de la santa misa a las 9:00 horas. A su cruz se unen las de la cendea de Galar. La procesión conjunta se inicia desde las piscinas de Villava con la entonación de letanías durante el trayecto. Tras el encuentro de las cruces a la manera tradicional en el puente del Arga, se celebra en la basílica la Eucaristía y a su término se venera al Arcángel, a quien se despide con el cántico: “Adiós, Miguel Arcángel, ministro general…”. También lo hacen las cruces entre sí con el beso acostumbrado.
Para implorar la lluvia se celebró, el 13 de mayo de 1955, una rogativa de unos treinta pueblos de la cuenca de Pamplona, principalmente los que acuden a la romería de Nuestra Señora del Perdón, en Astrain, calculando El Pensamiento Navarro que sumarían unos tres mil quinientos hombres y mil quinientas mujeres. Al regresar los peregrinos, llovió. Esta fue costumbre arraigada en el pasado, dentro de la Cuenca de Pamplona[28].
La Trinidad de Lumbier
La romería a esta ermita situada en la parte nororiental de la sierra de Leire, con el municipio de Romanzado al norte y los dos Urraúles bordeando norte y oeste, y con Yesa, Liédena y Sangüesa al sur, es una de las más sacrificadas de Navarra. La festividad de la Santísima Trinidad es el día en que los irunberritarras ascienden a la ermita a iniciativa de la Hermandad fundada en 1850.
Las campanas de la parroquia de la Asunción convocan a los penitentes y feligreses de Lumbier, a las 7:45 de la mañana para iniciar todos juntos el recorrido hasta la ermita poco después. La comitiva está presidida por la bandera, que más tarde se recoge para el ascenso, y después marchan en hilera los entunicados que cubren su cabeza con capillos y llevan las cruces levantadas con los brazos por encima de los hombros durante el trayecto. Algunos van descalzos y el resto de los romeros caminan después, tras la gran cruz negra portada por el mayordomo, precedidos por el párroco. Una hora les cuesta subir la escabrosa pendiente desde el Puente de las Cabras, sobre el Salazar, hasta la ermita, pasando por “La Llana” y serpenteando el terraplén por la “Costera”. El rezo de las estaciones del viacrucis, alivia la carga pesada de los que aportan las cruces. Al llegar a la estación XIV se cubren la cabeza, que quedó descubierta durante el ascenso, y recuperan la posición. Tras la misa devota celebrada al abrigo de la ermita se procede a la bendición de los campos y el cántico de la salve, mirando hacia Ujué. Es el momento de recuperar fuerzas con el almuerzo de picafría (menudos de cordero), típico del lugar. En el descenso, más liviano, algunos mantienen la costumbre de llevar a cada a casa ramitas de boj, garantes de su recorrido romero. Al llegar al Puente de las Cabras, se reza un responso por los almadieros ahogados al conducir sus almadías a través de los angostos pasos con las tumultuosas aguas que bajan por las foces de Arbayún y Lumbier, al pie de la sierra. La romería finaliza en la parroquia de la Asunción con el rezo del ángelus”[29].
La Trinidad de Iturgoyen
La ermita de la Santísima Trinidad está localizada sobre una planicie en las estaciones meridionales de la Sierra de Andía, a unos 1222 m de altitud y a 6,5 km de Iturgoyen (valle de Guesálaz). Es un edificio de estilo románico tardío. Nos transmite Arturo Navallas[30] las dos versiones de la leyenda que dio origen a la ermita, ambas con un denominador común: la aparición de una paloma. La primera relata que un pastor de Iturgoyen la recogió del lugar donde hoy se levanta la ermita y se la llevó a casa en su zurrón, pero la paloma volvía al lugar de origen, de forma reiterada. Los vecinos del cercano pueblo de Lezáun, al reconocer este hecho, reclamaron como propio el terreno de su aparición. Para resolver el asunto, citaron a sendos pastores, de Lezáun e Iturgoyen, para determinar quién podía llevarse la paloma a su localidad; la paloma se negaba a marchar con el de Lezáun, siendo el de Iturgoyen, quien pudo hacerlo. El ave, no obstante, volvió a la montaña. La segunda versión describe cómo los vecinos de una y otra localidad, iniciaron la construcción del templo en el lugar donde consideraban había aparecido. Lo edificado por los de Lezáun encontraban derrumbado al día siguiente y lo levantado por los de Iturgoyen continuaba su proceso correctamente. La localización definitiva quedó para los Iturgoyen.
Su romería congrega a muchos de los vecinos del valle de Guesálaz, aunque también acuden del valle de Goñi y feligreses de Azanza, Goñi y Munárriz, así como pobladores del valle de Yerri (Riezu, Villanueva de Yerri) y de Lezáun.
La Trinidad de Oscáriz
La Trinidad de Oscáriz es la ermita más pequeña de Navarra, fue construida en el siglo XVII y está situada en el atrio de la parroquia. La población pertenece al valle, que constituye municipio, de Lizóain-Arriasgoiti, en la comarca de Aoiz. Los vecinos mantienen la tradición heredada de sus padres. Unos acuden caminando como los de Redín, que portan una imagen del Niño Jesús en sus andas (es una talla de vestir del siglo XVII), y los de los pueblos de Beortegui, Janáriz, Lérruz, Leyún, Lizoain, Mendióroz, Uroz, Urricelqui, Yelz, Zalba y Zunzarren, llegan hasta el cruce de acceso a Oscáriz, desde donde todos unidos en procesión acuden hasta la ermita, precedidos por sus cruces parroquiales y los estandartes del Sagrado Corazón y de la Virgen María[31].
La Santísima Trinidad de Ituren
Una más, esta ermita localizada en la cumbre del monte Mendaur, reúne a los devotos de Arantza, Elgorriaga, Goizueta, Santesteban, Sumbilla y Zubieta, que tradicionalmente rodean la ermita como ritual previo al acceso al templo; algunas personas lanzan una piedra al tejado, “para tener suerte en el amor”[32].
La devoción al Santo Cristo
La devoción a la figura de Cristo crucificado atrae a peregrinos de casi setenta poblaciones navarras. Está ligada al lugar donde se le adora con especial fervor, en ermitas bajo su advocación de Iragi, Alsasua, Cataláin, Aibar y Allo, principalmente, que gozan de fama milagrera.
El Santo Cristo de Burdondogui, en Iragi
La ermita está situada en un paraje de densa vegetación, a 1350 m de altitud. Acuden a ella los del valle de Esteríbar (Zubiri, Eugi, Olloki…) no sólo sus propios vecinos sino también los de valle próximo de Anué (que tiene su epicentro en Olagüe) e incluso los de Baztán. Tiene una leyenda sorprendente, pues se dice que Cristo vivió allí para bendecir el agua de una insignificante charca. Las romerías son el lunes primero después de Pentecostés y el 14 de setiembre, Exaltación de la Santa Cruz[33].
Los de Lantz, del valle de Anué, acudían a la ermita del Santo Cristo, el segundo día de Pascua de Pentecostés, o por la Santa Cruz, como anteriormente se ha dicho, y solían ir sobre todos los jóvenes que asistían a una misa celebrada por el cura de Iragui.
Se le considera abogado contra las afecciones de la piel (granos, sarna, herpes) El agua del “Pozo del Santo Cristo”, que se encuentra cerca de la entrada a la ermita, se la llevan los romeros como remedio para los posibles enfermos. Sobre las facultades curativas de esta agua, existe una anécdota recogida por Ana Rosa Casimiro: “llegó a Lantz uno de Madrid con un familiar enfermo para curar con el agua de Burdondogui. Se encargó a dos del pueblo el ir a buscarla y hacia allá se pusieron en camino con un garrafón. Pero empezó una tormenta y tronaba, y llovía mucho. Como estaba muy malo se volvieron y entonces cogieron agua del río de Lantz (seguramente el Elzarrain afluente del Ulzama) entregándola a esta persona, como si fuese agua de Burdondogui. A los veinte días llegó a Lantz una carta de agradecimiento, porque el enfermo se había curado “. El informante asegura “que se curó porque tenía fe“[34].
El Santo Cristo de Otadia, en Alsasua
El Día de la Invención de la Santa Cruz lo celebra Alsasua en la ermita del Santo Cristo de Otadia, con una misa que se inicia a las 9:00 de la mañana del 3 de mayo. La celebración de la Eucaristía continúa diariamente hasta el 14 de septiembre, día de su Exaltación, en que se organiza la solemne romería oficial, una vez finalizada la novena previa.
Preside el templo un crucificado de gran belleza y tamaño realizado en el segundo tercio del siglo XVI. Según leyendas populares era imposible cambiar de lugar a la imagen de la Cruz hasta el punto que le atribuían resultados perniciosos si esto sucedía, como la muerte de algunos que lo habían intentado, o la del proyecto frustrado de los vecinos de Urdiain, que trataron de trasladarla a su parroquia en un carro tirado por una pareja de bueyes, sin lograr pasar la muga de entre las dos poblaciones porque quedaban paralizados; o la protección de los navegantes en situaciones de peligro. La devoción de los vecinos de Alsasua y su entorno se transmitieron a las generaciones actuales que depositan sus flores en la ventana derecha del muro hastial, cuando rezan a lo largo del año, o acuden a las funciones religiosas, como las de septiembre en que en la mañana de la Exaltación de la Santa Cruz esperan la llegada de algunos representantes del ayuntamiento de la villa, acompañados por un grupo de txistularis. El párroco sale a recibirlos y bendice los campos y las empresas con el relicario del Lignum crucis[35].
Después de doce años de ausencia (2013), el ayuntamiento acudió a la ermita en corporación con la bandera del pueblo acompañado de txistularis y en procesión desde el edificio municipal a la ermita, sin la presencia de los concejales de EH Bildu, según refiere el periodista[36], “a petición de los vecinos y con el deseo de fomentar el sentimiento de unión y hermandad, y recuperar la tradición”[37]. La corporación municipal abastece a los asistentes vino y puros, vino cuya bebida en tacitas de plata se ha restringido, aunque era lo tradicional, y sustituido por vasitos de plástico de uso individual como recuerdo de la cercana pandemia del Covid para evitar contagios. Alrededor de la ermita compartida con Urdiain se escucharon los sones del zortziko, que a mediodía protagonizaron los quintos de este año con el que fue elegido como primer “rey” a la cabeza, Oier Cuerdo Larraza.
El Santo Cristo de Cataláin
La devoción al Santo Cristo y su imagen gótica del siglo XIV convierte a Cataláin en el centro religioso por excelencia de la Valdorba, si proseguimos hacia la zona media de Navarra, y en término de Garinoain, con un ciclo completo de romerías que comienzan el domingo cercano a san Marcos (25 de abril) y finalizan el domingo siguiente a la Exaltación de la Santa Cruz, en septiembre, fiesta oficial del santuario. Se decía que Barasoain, otra población del mismo valle, abre la puerta de Cataláin y Garinoain la cierra. El origen de esta romería está documentado por acuerdo del Ayuntamiento de Leoz, de 27 de noviembre de 1884, como consecuencia de la terrible plaga de cólera que afectó a las poblaciones de la zona, aunque el principio de estas romerías se pierde en la noche de los tiempos[38]. En el transcurso de la solemne misa, se incluye un pequeño acto simbólico en el que el alcalde de Leoz hace entrega de un cirio al celebrante. Es un referente del compromiso reseñado en uno de los puntos del acuerdo en 1884 cuando comenzaron las romerías[39]. Han quedado para el recuerdo las salidas de madrugada de los romeros, que, con las cruces procesionales, engalanadas con flores, caminaban desde su localidad para asistir juntos a la celebración. Hoy casi todos llegan directamente y el encuentro se produce ante la bella portada románica del templo[40].
Francisco de Olcoz [41] describe en 1956 las romerías de los pueblos valdorbeses con las que demuestran su profunda devoción al Santo Cristo. Y así lo corroboran años más tarde los etnógrafos Daniel Miranda y Juan Jesús Recalde[42]. Unzué, Echagüe, Mendívil y Bézquiz la celebran el día 29 de abril, día de san Pedro mártir. El día 3 de mayo, fiesta de la Invención de la Santa Cruz, el ayuntamiento del distrito de Leoz, con todos los pueblos que lo componen, y son: Uzquita, Leoz, Iriberri, Iracheta, Amunarizqueta, Artariain, Olleta, Amatriain, Maquirriain, Bézquiz, Benegorri y Sansomain. Los pueblos de Olóriz, Artariain, Benegorri y Olleta, del concejo de Leoz, repiten su romería al Santo Cristo el día 15 de mayo, san Isidro labrador. El día 2 de junio, otro pueblo de Leoz, Sansoain. El día 11 de junio, san Bernabé, vuelven Iracheta e Iriberri. El 19 de junio, san Gervasio, Leoz y Uzquita. El martes anterior a la fiesta del Corpus Christi lo hacen los de Orisoain. El domingo de la Santísima Trinidad viene en romería a Cataláin el pueblo de Pueyo. Barásoain, lo hace el día de san Marcos, 25 de marzo, o el domingo más cercano a esa fecha. Garinoain, uno de los días de las rogativas de la Ascensión del Señor, en el mes de mayo, y también el Viernes Santo por la tarde, que acuden procesionalmente a Catalain el pueblo, y tiene lugar el sermón de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Finalmente, el pueblo de Salinas de Monreal (o de Ibargoiti) y Tafalla, aunque no pertenecen al valle, la hacen el sábado anterior a la fiesta de san Juan Bautista, ya en junio, aunque antiguamente llegaban la víspera de dicha fiesta.
Sobre las diez de la mañana tenía lugar la misa solemne, con diácono y subdiácono, y sermón extraordinario. Antes más, el encargado del sermón de la fiesta celebraba la misa primera o al alba en Catalain, y consagraba formas para las comuniones, que se distribuían en el santuario a los muchos fieles que acudían a comulgar. Se oía a los fieles en confesión desde las primeras horas de la mañana.
En la actualidad, según Miranda y Recalde, estas romerías siguen manteniendo un sentido primordialmente religioso, de peregrinación y, en algunos pueblos, de marcada penitencia. Pueyo ha destacado en esto, incluso con signos externos: cruz de peregrino muy pesada, hábitos y cánticos penitenciales, recorrido a pie, etc. También aparece la motivación de las rogativas cuando la sequía aprieta. Y dentro de lo social, siempre son bienvenidos los reencuentros, las amistades renovadas y alguna que otra reconciliación, al pie de la Santa Cruz.
Las celebraciones litúrgicas son el punto central. Después se explayan con algunas músicas regionales de gaitas y tambor, y se concluye con una comida de hermandad por grupos, por pueblos, etc., a veces subvencionada o preparada por los concejos o ayuntamientos y, finalmente, después de los últimos cantos y despedidas, se realiza el camino de regreso. En los últimos años, acompaña la fiesta general de todo el valle en Catalain, un grupo de dantzaris con txistu y tamboril de Leoz-Iracheta, que ameniza y embellece la celebración.
La organización de las romerías de los pueblos y la general del valle, parece ser una función de las autoridades civiles. La parte litúrgica sí corría a cargo de los sacerdotes, pero incluso, en las celebraciones grandes, en épocas pasadas, eran los regidores los que señalaban la pompa y solemnidad (número de celebrantes, quién daría el sermón, etc.). Y tenía su razón de ser, puesto que ellos pagaban todo.
Hoy en día, parece que la organización es popular puesto que incluye la liturgia, festejos con txistu y dantzaris, gaiteros, pequeñas ferias o mercados, puestos de aperitivos y de “chuches”, etc. Quizá se ha perdido un poco el sentido de peregrinación para convertirse en día campestre. Los desplazamientos en vehículos a motor propician los regresos rápidos a las casas para comer, después de tomar unos aperitivos con los familiares, amigos o conocidos en los bares de las localidades próximas.
El Santo Cristo del Amparo, en Aibar
Se venera en la parroquia de San Pedro. La leyenda refiere que la figura fue traída desde Jerusalén por los caballeros oriundos de Aibar que acompañaron al rey Teobaldo II de Navarra en la Cruzada. En la víspera del 3 de mayo, Invención de la Santa Cruz, cantan los aibareses la siguiente aurora a las 8:00 de la mañana: “Salve, cruz, árbol sagrado, / que nos das el fruto, que nos das el fruto / de la Redención. / En Tí, muriendo, la vida, / triunfó de la muerte / y vida nos dio. / En Tí, sus manos clavadas / por no castigarnos, está el Redentor. / En Tí, sus brazos abiertos / Jesús nos espera, y ofrece el perdón. / Vuelve, pecador, tu vista al mártir / que muere por tu ingratitud. / Deja, si quieres salvarte, del vicio / la senda y sigue el camino / de la Santa Cruz. / Cantad a Dios…” [43]
El Santo Cristo de las Aguas, en Allo
Los gozos que se cantan en esta ermita del piedemonte de Montejurra, en la comarca estellesa, durante la veneración del Lignum crucis, cada 14 de setiembre, Exaltación de la Santa Cruz, dicen: “Pues tan grande es tu bondad, / Santo Cristo, y tu poder, / danos agua de beber / de eterna felicidad. / Eres en Allo aplaudido, / Santo Cristo venerado / con el título agraciado / de las Aguas; y es sabido / que en esta Villa has vertido / raudales de tu bondad…”.
La tradición cuenta que un malhechor, perseguido por la justicia, se había refugiado en una corraliza cercana al pueblo, acuciado por una gran tormenta, y escuchó el mensaje, “No temas”, que llegaba desde unos matorrales. Avisó a los vecinos de lo sucedido y acompañado también por el cabildo parroquial acudieron hasta el zarzal del que salía la voz y encontraron una imagen del Santo Cristo Crucificado. Fue llevada, inicialmente, a la iglesia, aunque se construyó un templo en el lugar en el que había aparecido. Su título “de las aguas” viene dado por las intervenciones positivas referenciadas en épocas de sequía o bien de sequía o de lluvias intensas, cuando con tales motivos, se recurría al Santo Cristo que desde la Basílica del Santo Cristo de las Aguas se trasladaba a la iglesia parroquial con el fin de reclamar su intervención. Todavía hay personas, generalmente mayores, que en estos trances suben a la basílica de Santo Cristo y hacen sonar su campanillo: en parte, para que no se produzcan riadas, y en parte también, para que las tormentas no vengan acompañadas de granizo y pedrisco[44].
El Santo Cristo de Cabredo
En la ermita del Santo Cristo, en el Alto Ega, una leyenda reza sobre el muro: “Cuando pasas mírame / y contempla bien mis llagas / y verás qué bien ves / la sangre que derramé. / ¡Hombre pídeme perdón!”, / pues aun cuando me has puesto así, / yo ya no quiero más de ti, / que un contrito corazón”[45]. En la cercana población de Zúñiga, en otra ermita dedicada al Santo Cristo, una inscripción recuerda al caminante: “Por muy deprisa que vaya, cuando paso por aquí, no me olvido Jesús mío, que en la Cruz estás por mí”. Se acude el Jueves Santo, Viernes Santo, Corpus Christi, el 3 de mayo y el 14 de septiembre[46].
Ermita del Santo Cristo, en Miranda de Arga
Más que una ermita en sentido tradicional, es un humilladero. Sirve de término al viacrucis penitencial por los campos el Domingo de Ramos. La procesión de Viernes Santo, desaparecida no ha mucho, desviaba su recorrido para detenerse y orar ante esta imagen del Crucificado. Hoy es frecuente ver a unas venerables ancianas, desgranando sus oraciones, charlando amigablemente y de paso, tomar el sol en las escalinatas. Cada vez que un labrador pasa delante de ella para dirigirse al trabajo, ya sea montado en un tractor o en caballería, se santigua y musita un padrenuestro. El dato es de 1978[47].
El Día del Cristo, en la ermita de la Santa Cruz (Tudela)
La Cofradía de la Santa Cruz promueve esta romería hacia el templo cercano a Tudela, en la margen derecha del río Ebro. Los tudelanos rinden culto al Cristo del siglo XVII que preside el retablo, que, según tradición, bajó flotando sobre las aguas del río Ebro y se detuvo frente al lugar en que se emplazó la ermita, llamada de la Santa Cruz. Después de misa se reparten panecillos y almendras a los cofrades. Tras la comida, por la tarde, entre músicas y jotas, se celebra la romería popular. La vuelta a su lugar de origen la hacen los carros engalanados con forraje y flores, acompañados de músicas. En la ermita también tiene su trono la Virgen de la Muela, del siglo XIV, de la que se dice asimismo que su imagen flotó en las aguas del Ebro sobre una rueda de molino. Una sequía prolongada o la amenaza de algún mal es motivo suficiente para sacar el Cristo en procesión hasta la Iglesia de la Magdalena, ida y vuelta, especialmente en época de rogativas[48]. En tiempos recientes se ha agudizado el carácter festivo del día, repartiendo la Orden del Volatín -uno de cuyos fines es mantener las tradiciones tudelanas- culecas (bollos dulces rellenos de uno o dos huevos cocidos) a la hora de la merienda de los niños, y balones para los más pequeños, en tanto la Hermandad del Santo Cristo de la Santa Cruz reparte los tradicionales panecillos y bolsas de cacahuetes una vez finalizada la misa[49].
La Santa Cruz
El 3 de mayo, día en que se celebra de Invención de la Santa Cruz, también llamada popularmente “La Cruz de Mayo”, es decir, en que se conmemora el descubrimiento de la Cruz de Cristo por Santa Elena en Jerusalén, es fecha importante en el calendario para labradores y pastores iniciándose la práctica diaria de conjurar las tormentas hasta la Cruz de septiembre, día de su Exaltación. Nos recuerda José María Jimeno Jurío que caracterizaron la fiesta las bendiciones del campo, con procesiones-rogativas y conjuros con el Lignum crucis de tradición medieval. Se colocaban cruces de madera en cabezos o montes de cada término municipal o concejil, rezando los sacerdotes los conjuros[50]. Fue práctica general en toda Navarra, lo mismo que la de tañer un toque especial desde la Invención de la Santa Cruz al 14 de septiembre, Exaltación de la Santa Cruz. El repique fue popularmente conocido en tierra Estella y la Ribera como tente nublo o téntere nublo, tradicional desde la Santa Cruz de Mayo hasta Santa Cruz de septiembre. Esta costumbre se ha mantenido hasta tiempos muy recientes[51].
Veamos ahora algunas romerías específicas, considerándolas de norte a sur de la Comunidad Foral.
Arraioz (Valle de Baztán)
El padre capuchino Vidal Pérrez de Villarreal escribía en 1990: “Puedo citar como romerías de alguna importancia, sobre todo para los pueblos de Arráyoz y Lecároz, las que se hacen a la Cruz de Legate; se erigió esta Cruz con su correspondiente viacrucis, en 1901, y todos los años se acude en romería a su cumbre en la cruz de mayo y en la de septiembre; además de esto, hay otras muchas fechas a discreción de grupos de amigos y familiares que saben unir la práctica montañera con la visita a la Cruz”[52].
Orbaizeta (Valle de Aezkoa)
Al crucero de Barrakaldea se iba haciendo rogativa y rezando letanías, tres días antes de la Ascensión “pidiendo por las cosechas” y tres días después, es decir, el día de San Marcos. Las cruces del monte se bendecían el día de Santa Cruz, el 3 de mayo, y se llevaban a los campos, colocándolas en cuatro términos del pueblo: Malkei, Arlagain, Txantxalain y el alto de Berabez. Iba el cura del pueblo a colocarlas, montado en un caballo, acompañado del sacristán y de un miembro del ayuntamiento, que solía ser el depositario. Su finalidad era “que vayan bien los campos“ y “evitar la pedregada“. Un informante aseguró que se colocaban en estas cruces ramos bendecidos, costumbre que ya ha desaparecido, informa Carmen Munárriz en 1990.[53]
Ezkurra (Basaburúa Menor)
A la romería a la ermita de la Santa Cruz en Ezkurra, en la comarca del Alto Bidasoa, se acude en la tarde del día 3 de mayo. Entre las costumbres desaparecidas los mayores recordaban la del día de Viernes Santo en que una persona cubierta con una sábana blanca con dos orificios para ver, caminaba descalza, portando una cruz de madera hasta la ermita, una vez rezados los oficios. Muchos feligreses le acompañaban con gran recogimiento. Se rezaba el viacrucis en el interior con repetición del padrenuestro en las estaciones tercera, novena y decimocuarta[54].
Solchaga (Valdorba)
Lo más curioso de la ermita de la Santa Cruz es la inscripción en piedra que existe sobre la puerta. Fuera de la primera línea, que se halla completamente borrosa, Tomás López Sellés pudo leerla en 1953, aun cuando todas las letras están seguidas, sin separación de palabras. En el centro de la leyenda, una cruz bajo la que hay una calavera y la fecha de 1580. Dice así la inscripción: “Vos cruz santa sois camino / por donde viene a la iglesia / la fuente de siete cannos / obra costosa i perpetua / sois vaculo en que me arimo / que para tan fracas fuercas / i tan aspero camino mal / andara quien no os lleba-Sois el pendon victorioso / aquel de la cruz vermega / de quien enemigos huien / i a quien amigos se allegan / sois escalera del cielo / i por ser alta y derecha / pareceis agria a la bista / i llana al que va por ella-ioannes recari ermitanno edifico esta ermita con la limosna de la buena gente i con su trabajo. 1580“[55].
Cascante
Romería al cabezo de La Cruceta. El 21 de mayo los romeros se concentraron junto a la cruz para seguir la bendición de los campos que pronunció el párroco. Además de los típicos almuerzos, se repartieron entre los asistentes 75 kg de almendras garrapiñadas y saladillas. El carácter festivo de la jornada culminó con el concurso de carrozas. La jornada terminó con un concierto de música en la plaza del pueblo.
Otras localidades acuden puntualmente a sus ermitas de la Santa Cruz: Betelu a la de Irigoyen; Ayegui a la de Montejurra; Esparza a la del Perdón; Villatuerta a la de Maurien; Ayechu a la de la cumbre del Aldasur; Andosilla, Falces, etc.
El Calvario y el Santo Sepulcro
San Adrián
Nos explica Javier Pagola que en esta localidad existía un Calvario a principios del siglo XX, que fue derribado al crecer el pueblo, pero se construyó otro. El “cristero” era una curiosa institución que recaía en quien pedía el cargo, nunca en los ricos, pero tampoco necesariamente en los más pobres. El cristero se encargaba de cuidar “el calvario”, una ermita que el jueves santo vestía de gala, colocando para su adoración un crucifijo grande sobre un precioso juego de cama. El cristero, que entraba en funciones el día de Jueves Santo, hacía guardia todo ese día en el Calvario. Lo que salía de la bandeja se dedicaba a una lámpara que ardía permanentemente ante el Santo Cristo y lo restante era para él. El cristero se encargaba también de cuidar el altar de los pasos de la parroquia. Y también actuaba en los viáticos: tenía una cesta llena de cabos de vela que se repartían entre los que acompañaban al sacramento; al terminar, volvía a recogerlos. Todos los viernes del año la “cristera” (suponemos su mujer) iba de casa en casa pidiendo limosna, con la mantilla puesta y un pucherico de barro, y gritando: «Fulana ¿haces limosna al Santo Cristo?[56].
Hay también ermitas del Calvario en las afueras de poblaciones de la Zona Media y Ribera Estellesa, como Aberin; Sorlada; Los Arcos, Funes, Mendaza y Viana (objeto de devoción especial durante la Cuaresma cuando acuden en romería para rezar en ellas el Via Crucis); Miranda de Arga y Sesma (en forma de humilladero), y Lodosa, presididas en su mayor parte por una talla del Crucificado de época barroca que en algún caso se saca en procesión el Viernes Santo. Reciben atención religiosa preferente en la Semana Santa, en especial de las cofradías.
Solamente existe en Navarra una ermita del Santo Sepulcro, que pertenece a Sesma, y se abre al culto en Semana Santa. Junto a ella se encuentra la estación número XIII del antiguo Via Crucis.
El Salvador
Después de ser sepultado, Jesucristo resucitó mostrándose victorioso sobre la muerte y aseguró nuestra salvación eterna. De este hecho sin igual que da sentido a la vida del cristiano dan fe una serie de ermitas dedicadas al Salvador del mundo, y no sólo ermitas sino el Monasterio de Leire, cuya iglesia dedicada a Él recibe un culto permanente y, en particular, la visita de romeros en el primer sábado de mayo en que acuden las personas que ostentan el nombre de Leyre o Leire; el sábado siguiente, al final de las fiestas de agosto de Yesa, ascienden sus feligreses con la imagen de Santa María, procedente de su ermita; el primer domingo de octubre llegan los vecinos de la antigua población de Tiermas, para celebrar a San Virila, y cierran el ciclo los Amigos de Leire el penúltimo domingo de octubre.
Falces
La basílica de El Salvador del Mundo está construida sobre una antigua capilla dedicada a Santo Domingo de Silos, porque existe la creencia de que bajo el templo estaba la cueva en la que se retiró antes de ingresar en el monasterio de Silos. Sustituye a un templo de comienzos del siglo XVII sobre la base de otro anterior gótico. El día 9 de noviembre es el día de El Salvador, con asistencia de los vecinos, que acuden caminando a ella. En siglos pasados la fiesta tradicional era el día de la Ascensión.
Lesaka
Los lesakarras inician el recorrido para acudir hasta la ermita de Salbatore, a las 7:00 h de la mañana del día de Viernes Santo, con el rezo “Presta nazazu, Jauna, Gurutze-Bidea surekin baturik egiteko” (“Prepárame Señor, para que haga contigo el viacrucis”), que es encabezado por una cruz de madera y acompañada por otras pequeñas cruces portadas por niños. En el interior veneran la imagen de Cristo Crucificado, una talla hispano-flamenca del siglo XV. En tiempos pasados, acudían primero las mujeres a las 6:00 de la mañana y los hombres, una hora después; entre las estaciones, solía rezarse el rosario. En el retorno fueron recordados durante muchos años los fallecidos en la guerra civil y se rezaba por ellos, de forma nominal[57].
Itsaso
La festividad de la Ascensión del Señor se conmemora con gran solemnidad con la celebración de la Eucaristía en el interior de la ermita de El Salvador. Es la fiesta religiosa por excelencia de Basaburua Mayor. Los vecinos de Arrarats, Beruete, Erbiti, Gartzaron, Ihaben, Itsaso, Jaunsarats y Orokieta-Erbiti, marchan a la parroquia de San Pedro de Itsaso, con sus cruces profesionales para iniciar el rezo de las letanías y marchar todos juntos hasta la ermita de El Salvador. La mayoría recorre cantando en procesión los 2 km hasta la ermita. Desde allí la bendición de los campos, en primer lugar, posteriormente la celebración eucarística y la veneración de la estampa enmarcada de la cruz. No puede faltar la despedida a la virgen: “Agur, Jesusen Ama…” Para finalizar, el aperitivo bajo el porche antes del retorno hasta la parroquia, acompañados por los cánticos en las letanías. Algunas costumbres se perdieron como el rezo de 40 credos por la tarde, cuando la festividad de la Ascensión se celebraba el jueves. El lunes marchaban de Udabe a Beramendi, el martes al revés, el miércoles de Itsaso a la ermita del Salvador y el jueves, de nuevo. También se acudía el 3 de mayo”[58].
Imbuluzketa
La ermita de San Salvador se halla rodeada por una campa en este enclave del valle de Esteribar, reconocible por una cruz de hierro en su tejado. También se acude a ella el día de la Ascensión. Años atrás se ascendía en procesión presididos por la cruz parroquial y cantando las letanías.
Obanos
La ermita se encuentra próxima a la parroquia, donde se cree se cruzan los caminos a Santiago procedentes de Somport y Roncesvalles. Las fechas importantes en que se recurre a ella son por Domingo de Ramos, con la tradicional bendición, la Ascensión del Señor y el Corpus Christi, punto de salida de la procesión con acompañamiento de los niños comulgados por primera vez.
Los Padres de la Virgen María
San Joaquín
Aribe
A San Joaquín, y a la Virgen María niña, se les canta en la ermita de san Joaquín de esta villa aezcoana: “Por ser el Padre de la Virgen / y del Niño-Dios, abuelo, / eres Joaquín para Aezkoa / protector, guía y consuelo, / Aezt, guiendako, Jokin, gidari ta zaindari zira”, que quiere decir “Eres Joaquín, para Aezkoa, / protector, guía y guardián,… “Cogida de tu mano / la Virgen, flor celestial, / María, a quien profesamos, cariño y amor filial. / Los pueblos de nuestro valle, / dulce, Madre de bondad, / iremos a Roncesvalles, / tu imagen a venerar, Orreaga joanen gira Bisita egitera” (“Iremos a Roncesvalles, tu imagen a visitar”)[59].
Santa Ana
Su esposa Santa Ana, madre de la Virgen María, sólo cuenta con una ermita en el pueblo baztanés de Arizkun, frente al palacio de los Ursúa, en el barrio de Bozate. La festividad de los Padres de la Virgen suele celebrarse a veces en fechas cercanas al 26 de julio. Un lienzo de Santa Ana y San Joaquín, enseñando a leer a María, preside el templo[60].
San José
A juicio de Jimeno Jurío es una festividad (19 de marzo) sin precedentes antiguos en Navarra. Quizás por ello, afirma, y por coincidir ordinariamente dentro de la Cuaresma, es pobre en folklore y rica en tradiciones reposteras que caracterizan la jornada (virutas, buñuelos, torrijas o randillas, etc.) En la Navarra Media y la Ribera es conocido como “San José buñuelero“ o “San José, el randillero“[61].
Aguilar de Codés
No celebran una romería específica, las visitas suelen hacerse con carácter particular y es costumbre encomendarse a San José al salir de viaje desde los propios vehículos a su paso, ya rezando una oración, santiguándose o únicamente tocando la bocina. Se trata de una pequeña ermita en dirección a Azuelo[62].
Eguaras (Valle de Atez)
La celebración eucarística se repite los domingos de Ramos y del Corpus.
El Precursor de Jesucristo. San Juan Bautista
De la abundancia de ermitas que han existido o existen en Navarra destinadas al culto de San Juan Bautista en los últimos cien años da fe Julio Caro Baroja (su dato es de 1979)[63], prueba de su veneración continuada, y cita: Aberin, Arazuri, Arístregui, Arizau, Asnoz, Bacaicoa, Baquedano, Barbarin, Beruete, Burlada, Cintruénigo, Cortes, Esain, Gallués, Huarte-Araquil, Ibiricu de Egüés, Ilundain, Irañeta, Iribas, Izurdiaga, Lecumberri, Mendavia, Obanos, Ochovi, Olaberri, Olagüe, Olóndriz, Orrio, Ostiz, Oyeregui, Pedriz, Saldías, Sumbilla, Tabar, Traibuenas, Urzante, Urriza y Zudaire (poblaciones donde hay iglesia); Añorbe, Artieda (derruida junto al río), Arbeiza, Barasoain, Carcastillo, Cascante, Enériz, Erasun, Gallipienzo, Lodosa (desaparecida), Munarriz, Ollobarren, Ulzurrun y Ustárroz, aparte de las que están exclusivamente bajo la advocación de la Degollación del Santo[64].
Sus cofradías han sido estudiadas por Gregorio Silanes[65], quien recoge las de Ostiz, compuesta por vecinos, las del valle de Olaibar, Miranda de Arga, Peralta, Torralba del Río, Aguilar de Codés, Lumbier y Burlada. El mismo investigador señala también algunas cofradías bajo la advocación del martirio del Bautista, denominadas “de la degollación de Sanjuan”, como las de Cintruénigo, Tudela y Torrano. Las celebraciones en torno al Bautista, coincidentes con el solsticio de verano, han gozado de gran popularidad a lo largo del territorio foral, así como en otras muchas regiones, caracterizándose sus festejos por la alegría vivida en las calles y plazas de forma extrovertida. A lo largo de su víspera, y en su festividad, se documentan diversos ritos, algunos seculares, en torno al día más largo del año. Bailes, danzas y paloteados, enramadas, mascaradas y otros ritos se pueden rastrear a lo largo de Navarra, como en el resto de Europa, en donde se celebró con gozo durante la Edad Moderna y hasta bien entrado el siglo pasado. El fuego, el sol y el agua, como símbolo de purificación, a una con la vegetación, fueron los protagonistas del festejo. Bañarse en el río o en la fuente, beber agua al amanecer, recibir al sol en un paseo de madrugada, y, sobre todo, saltar las hogueras, junto a un fuego purificador, han sido constantes a lo largo de los siglos. En ocasiones, acompañaban a esos ritos las campanas, coplas y canciones, algunas de las cuales han llegado a nuestros días. La quema de peleles y monigotes va desde Larraun a la cuenca del Alhama en Cintruénigo –chapalangarras[66]-, Corella –juanberingas– o Fitero –el viejo y la vieja-. Las hierbas y ramas bendecidas en su día, eran consideradas como aptas para alejar las tormentas y contra maleficios y enfermedades del ganado. Balcones y picaportes se decoraban con ramas de cerezo, olivo y frutales. Hasta tal punto se popularizó esa costumbre que, en 1772, una ordenanza municipal pamplonesa lo prohibió con severas penas pecuniarias. La localidad de Torralba del Río conserva la ceremonia del moro Juan, para representar la victoria de los vecinos sobre un salteador llamado Juan Lobo, al que atrapan junto a la balsa.
Pero a nosotros siguen interesándonos los aspectos devocionales cristianos de la festividad, no siempre separados del aspecto profano, que se destacan en las poblaciones a que haremos referencia:
Alsasua (Valle de Imotz)
La ermita se halla en el paraje de Zungitu. “La hoguera de la noche de San Juan. Es una tradición que resiste el paso del tiempo y congrega a los alsasuarras de todas las generaciones para conmemorar el cambio de solsticio de invierno a verano. La corporación municipal acude acompañada por los txistularis. Todo se inicia con la celebración religiosa y veneración de la reliquia. Posteriormente se procede al encendido de la hoguera con las ramas de fresno conservadas en la ermita desde el año pasado, lo que se hace en las inmediaciones de la ermita. Son las ramas de fresno y helechos que han decorado los muros y el suelo del templo en la misa del día de San Juan, y que una vez terminada la ceremonia se retiran en un rincón cerca del presbiterio y guardan hasta el próximo año. Algunas viviendas y comercios decoran la entrada con alfombras de helechos o cuelgan enramadas en los balcones. Es la fiesta mayoritaria, porque el 29 de agosto, Degollación del santo, solo una treintena de personas mayores acuden a la misa que se celebra para conmemorar su martirio. Las ramas de fresno, un poco más secas, aguardan silenciosas su destino”[67].
Urdiain (Valle de Imotz)
Escribe Arturo Navallas: “A la misa de San Juan se acude la tarde noche de san Juan, el viernes posterior al Corpus, fiesta del Sagrado Corazón. La primera cita trae con diferencia a los vecinos de Urdiain, que acuden tras la comitiva encabezada por un grupo de chicas ataviadas con el traje tradicional, que cantan y bailan, seguidas por los txistularis, la corporación municipal y el párroco, con salida desde la parroquia de la Asunción, a las 19 horas. La veneración de la reliquia está acompañada por el cántico de despedida, “Esquerrik asko Jauna”, “Muchas gracias Señor”.
Al final de la ceremonia religiosa se inicia el baile de las dantzaris. Mientras se consume el fuego encendido en la hoguera, se escuchan los cánticos que inician así: “Egun bai egun honek San Juan dirudi, ez da San Juan baina hala alunbra bedi” (“Este día parece San Juan, no es San Juan pero así pues, que lo alumbre”). El resto del texto de la canción se refiere a la existencia de siete fuentes con caños de oro y otra de metal blanco y alude también a los ángeles que bailan. Las chicas están colocadas en círculo y, unidas por las manos, ejecutan un movimiento pendular con ellas elevándolas hasta la altura de los ojos. Visten el traje propio de Urdiain, doble falda azul marino con reborde verde; con la falda superior cubren la cabeza, hombros y espalda durante el baile y el desfile. Los más jóvenes saltan sobre las brasas de la hoguera para iniciarse en el rito del fuego purificador tradicional. La fiesta se termina de madrugada. La noche de la víspera de San Juan y al día siguiente se cantaba un “pregón festivo”[68].
Igantzi (Yanci)
A la ermita se la llama de San Juan Zahar o San Juan Xar. Se le considera abogado contra las enfermedades cutáneas. Sobre esto nos dice José María Iribarren, en Retablo de curiosidades (1940): “En Yanci, junto a la ermita de San Juan, surte una fontanica que cura las enfermedades de la piel. Muchos romeros acuden a ella en la noche del Santo y de las fogatas. Tras lavarse, arrojan a las zarzas los lienzos y toallas con que se secan, por suponer que en éstos ha quedado la enfermedad. Los gitanos, que, por lo visto, no comparten esa última creencia, hacen en ese día un buen acopio de pañuelos, lienzos y servilletas”[69]. Hace bastantes años, en 1920, le contaron esta costumbre a don José Miguel de Barandiarán, según lo anota él mismo en el tomo segundo de El mundo en la mente popular vasca, pero hizo la siguiente observación: “Las toallas o pañuelos con que los pacientes se secan después del baño, se dejan en los zarzales de alrededor. El sacristán de Yantzi se encarga de recogerlos”[70]. Para Navallas es uno de los pocos casos, junto con la Virgen de Lourdes de Salinas de Oro, en que la ubicación del altar para las celebraciones eucarísticas está dentro de una cueva, excavada de forma natural en la roca. El paraje es singular y se encuentra en el interior de un bosque de “carpes”. Bajo la cueva, a la que se accede desde el río Latsa, por unas rústicas escaleras, afloran tres salidas de agua de un manantial al que atribuyen propiedades curativas de la piel. Las personas beben de las tres bocas e impregnan distintos paños con agua para humedecerse la cara, el cuello y los brazos con ese fin[71].
Corella
Iribarren, en su libro De Pascuas a Ramos, que vio la luz en 1946, describe una tradición relativa a la ermita de San Juan Bautista en Corella, que dice así: “en Corella y extramuros de la ciudad existe una basílica dedicada a Sanjuan, al que allí llaman, familiarmente, San Juanillo, por ser su imagen muy pequeña. Víspera de su fiesta y a las 7:00 de la tarde, trasladan procesionalmente la diminuta efigie del Precursor desde su ermita a la parroquia del Rosario. En las andas suelen poner un rosco, blanco y enorme como un salvavidas (antes de usar las andas era el párroco quien lo llevaba en brazos pero el personal se apretujaba cerca de él para oír las cuartetas que se le cantaban, algunas de reproche por haberles desfavorecido con alguna pedregada y porque los vecinos solían llevar sus propios Juanberingas y aquello terminaba en desorden) Y es costumbre ancestral colgar sobre las calles, por donde pasa la comitiva, unos muñecos de paja, de muy diversas formas y cataduras, llamados Juanberingas. Los tales Juanberingas, a los que suelen colocarse cencerros en el cuello o en la entrepierna, penden sobre la calle, sujetos bajo los sobacos por una cuerda, tendida de balcón a balcón y manejada muy hábilmente. A la entrada del santo se hace danzar a los peleles en forma grave y ceremoniosa, con un suave y donoso vaivén. Pero en la tarde del día 24, cuando el Bautista sale de la ciudad para volver a su santuario, la danza de los pobres Juanberingas se hace frenética, rabiosa. Sus cuerpos, sacudidos, saltan y se derrengan en cien grotescas contorsiones; los tirones son tan brutales que los pobres muñecos acaban mutilados, descuajeringados, maltrechos. Por la noche, sus entrañas de paja van a dar en la panza de los asnos meditabundos”[72].
Cascante. Bajo la denominación de San Juan Bautista de Urzante, también se le llama Nuestra Señora del Pilar de Urzante. Se acude a la ermita el 12 de octubre[73].
Devoción a la Virgen María
La Purísima Concepción
La devoción a la Purísima Concepción de María reúne a los romeros del valle de Arce en la ermita románica sita en el despoblado del que toma nombre el valle, el primer domingo de agosto. Aporta solemnidad a la santa misa la coral Orreaga Abesbatza, que termina con el canto de la salve a la cercana Virgen de Roncesvalles.
Hay varias ermitas más en Navarra dedicadas a la Purificación de María, como la románica del señorío de Vesolla, en término municipal de Ibargoiti, y las de Abárzuza (Yerri) e Igúzquiza (Piedemonte sur de Montejurra), pero más interesantes son las de Arguiñano y Cintruénigo.
Arguiñano
La ermita de la Virgen Purísima de Icomar, en la Sierra de Andía, perteneciente al pueblo de Arguiñano, forma parte del valle de Guesálaz. Se erigió en el pasado para atender a pastores y gentes obligadas a trabajar fuera de sus casas y pueblos durante temporadas. Es una romería reciente, desde 2012, en que se desarrolla junto a la balsa y ruinas de aquella ermita desaparecida. Participan en su romería, además de Arguiñano, los pueblos de Irujo y de Lezaun, el tercer domingo de junio, que suben portando en sus andas la imagen de la Virgen Inmaculada. La misa se celebra junto al muro de la ermita, al aire libre. Un documento guardado en el archivo parroquial de Arguiñano, de fecha 27 de octubre de 1928, relata la historia protagonizada por dos pastores, de Iturgoyen y Arguiñano, respectivamente, que acudían diariamente a rezar a la imagen de la Virgen, que se encontraba entre las ruinas del antiguo templo. El interés porque la imagen de la Virgen estuviera protegida de la intemperie y venerada en un lugar más apropiado, les obligó a pactar una prueba por la que el ganador depositaría la imagen en su parroquia de origen. Una vez rezado el rosario, los dos pastores marcharon corriendo hasta sus poblaciones, volvieron hasta la ermita y retornaron con la Virgen hasta sus pueblos respectivos. El pastor de Arguiñano fue el más rápido y la imagen fue colocada en el retablo de su parroquia dedicada a San Martín[74].
Cintruénigo
La festividad de la Inmaculada Concepción de María se celebra en la denominada ermita de la Purísima, “Purisma”, en el habla local. La basílica está considerada también como el segundo templo dedicado a María Inmaculada en Navarra, tras la desaparecida ermita de Torralba del Río y sin duda más monumental. Al amanecer se canta la aurora: “Este día, celebra la Iglesia / el gran misterio de la Redención. / Es el dogma de la Inmaculada / el más misterioso de la Religión. / ¡Oh! bello esplendor (bis). / Es María, que fue concebida / para ser la Madre del Hijo de Dios”. La imagen de la Virgen se traslada a la parroquia de San Juan Bautista, para su veneración especial cada 25 años (antes lo hacían cada 50). En tal cita la imagen es llevada en procesión portada por doce hermanos del Santo Sepulcro acompañada por las distintas cofradías y todos los miembros de la Corporación Municipal, permaneciendo en ella del 1 de mayo al 7 del mismo mes. La gran hoguera encendida en las inmediaciones de la basílica de la Purísima sirve de calefactor colectivo mientras se degustan pastas y vino generoso ofrecidos por los miembros de la hermandad a los asistentes al finalizar la ceremonia[75].
La Anunciación de Nuestra Señora
A Ella se le rinde culto en Idocin y en uno de los pueblos de la desolada comarca de la Vizcaya, Irangoiti o Irangote, en la Zona Media Oriental de Navarra. A la de Idocin, en el término de El Montico se le rinde culto por igual bajo la advocación de la Encarnación. El día de la romería, domingo más próximo al 25 de marzo, en la santa misa se le canta a la Virgen “El Ángel vino de los Cielos / y a María anunció / y el gran misterio de Dios hombre / que a los Cielos admiró. / Virgen madre, Señora nuestra / recordando la Encarnación / te cantamos tus hijos todos / como estrella de salvación…”, intercalado con el rezo de tres avemarías. En tiempos pasados visitaban a la ermita las madres embarazadas, que rezaban un rosario para tener un buen parto. En cuaresma se rezaba el Via Crucis[76].
En Irangoiti o Irangote, estaba la Virgen de Nuestra Señora de la Anunciación que era patrona de toda la Vizcaya y todos los pueblos acudían a ella en diferentes romerías. Su imagen se encuentra actualmente en la nueva parroquia de Mutilva y vuelve cada año al valle en la fiesta que celebran sus descendientes, paseándola en procesión y presidiendo la Eucaristía. En Irangoiti, al despoblarse el lugar, la iglesia quedó convertida en ermita y adscrita a la parroquia de San Vicente de Gardaláin, municipio de Ezprogui, en la comarca de Aibar.
Desde Sabaiza, otro de los pueblos vecinos, se iba a la ermita de Irangoiti el 19 de junio (otros dicen que el 18) y se pedía que viniera buena cosecha; los hombres se confesaban ese día. Tras recoger la cosecha, se volvía en septiembre a dar gracias. De camino a la ermita, cuando pasaban por la cruz, se rezaba un credo, los hombres se retiraban la boina.
Los vecinos se juntaban en la iglesia hacia las 9 de la mañana al toque de campana. En ella se iniciaba el rezo del primer misterio del rosario en medio de un silencio sepulcral y en el trayecto por la senda que conducía a la ermita se terminaba. No había orden especial en la procesión.
Antes de la despoblación del valle, que se produjo en la década 1960, recuerdan los mayores que otros pueblos del mismo también acudían a Irangoiti: Gardaláin el 25 de marzo, día de la Anunciación y con Loya y Moriones el día de San Isidro. Ese día pagaba la misa Moriones, Gardaláin ponía el pan y el vino. Guetadar, que pagaba la misa, iba con Julio y Arteta, el 4 de mayo, día de Santa Mónica y subía el cura de Moriones. Ese día acudían también Guetadar, Sabaiza y Gardaláin. Por Santa Bárbara, 4 de diciembre, pagaba la misa Gardaláin y acudían Sabaiza y Guetadar y tras la misa todos iban a pasar el día a Gardaláin. La mujer del ermitaño (“la ermitaña”) cocinaba dos corderos para todos. El menú del almuerzo constaba de ensalada, cordero, fruta y tortadas, tortas con el ingrediente probable de almendras.
A partir de 1949, peregrinaban juntos Sabaiza, Usumbelz, Gardaláin, Moriones y Ezprogui y repetían por San Isidro. Para entonces Guetadar ya se había despoblado.
En 1963 se abandonó la ermita de Irangoiti por su estado de ruina, pero esto no impidió la romería en día señalado de la primavera, aunque se hiciera bajo la responsabilidad de la Diputación Foral de Navarra, propietaria desde entonces de aquellas tierras. La Virgen de Sabaiza pasó a depositarse en el Museo de Navarra por su valor artístico de estilo renacentista, y anualmente la sección de Montes del Servicio de Agricultura es la encargada de su transporte y devolución tras la romería[77].
Nuestra Señora de Gracia
Nuestra Señora de Gracia o “llena de gracia” es uno de los títulos más populares que se le otorgan a María. El ángel Gabriel al saludar a María para solicitarle si estaría dispuesta a aceptar el privilegio de ser Madre de Dios, la saluda, según el Evangelio de San Lucas, como “completamente agraciada” por ser elegida para llevar en su seno al único Hijo del Creador, Jesús. En el aspecto devocional esta advocación y la anterior vienen a significar los mismo, pero bajo este nombre recibe culto en Cárcar, donde tiene su ermita y su romería “a la Virgen de Gracia”.
Como en tantos otros lugares, esta Virgen tiene sus leyendas. Una dice que la imagen de la Virgen fue tallada en Cárcar por encargo de unos vecinos de Los Arcos, pero al ir a recogerla con una mula e intentar transportarla con varias caballerías, éstas se negaban a hacerlo, por lo que la Virgen quedó para siempre en Cárcar. También cuenta la tradición, que dos caminantes se encontraban junto a la ermita en medio de una horrible tormenta, rezaban a la Virgen cuando un rayo atravesó el sombrero de uno de ellos sin que se lesionara ninguno de los dos.
El lunes de Pascua de Pentecostés hay misa solemne en la ermita y se ofrece a los presentes besar el manto de la Virgen, que se pasea en derredor a la ermita. Unos se lo pasan por los ojos, otros lo besan y abrazan. Hay bollos especiales de pan y vino para los asistentes. Las autoridades tienen su comida. Este día hacen su presentación oficial y a caballo las parejas de novios.
José María Jimeno Jurío aporta algunos datos de interés etnográfico que nos llevan a conocer mejor las devociones particulares. “A la Virgen de Gracia, había que rezarla en voz alta, contándole las cosas como se le dicen a una persona muy amiga. De vez en cuando, en tiempo de sequía, epidemias o calamidades públicas, venía la Virgen desde su basílica para recibir en la parroquia el homenaje de un novenario. Cada barrio rivalizaba en adornar y acompañar a su Virgen adorada. Las mujeres le contaban sus problemas. Vecina había que no sabía expresar en voz alta su sentir, y requería la colaboración de la decidora”[78]. Cuando una vecina se veía en una necesidad, acudía a ella a exponérsela. Luego las dos iban al templo, se colocaban delante de la imagen, y la decidora decía en voz alta el problema: “¡Virgen de Gracia! mira esta vecina, amiga mía; tú ya la conoces. Mira que tiene un hijo mucho malico…” Y seguía exponiendo la necesidad. A medida que hablaba, aumentaba su fervor y el tono de voz, y terminaba implorando protecciones, intercalando incluso piropos muy directos. Las decidoras eran mujeres de pueblo, con el alma hecha de fe, espontaneidad y amor. Eran ingeniosas, ocurrentes, llenas de desparpajo y confianza en su Virgen, a la que trataban como una amiga.
Son los vecinos de Cárcar, Andosilla, Lerín y San Adrián los que acuden a la cita anual. Como en otras poblaciones de La Ribera, la concentración convierte la romería en una jornada festiva en su sentido más amplio, primero el almuerzo antes de la misa que se celebra en el exterior del templo, construido en el siglo XVII y ante la imagen del siglo XIV. Después, la comida y los entretenimientos vespertinos, barracas de feria, hinchables, puestos de venta de artículos y chucherías. Algunos jóvenes mantienen la tradición de ir en carrozas decoradas con enramadas arbóreas y flores, como testigo vivo de otras épocas en las que las parejas de novios llegaban con sus caballos engalanados y desfilaban posteriormente por las calles de Cárcar. Hoy lo hacen en vehículos motorizados, aunque también engalanados[79].
Nuestra Señora de la Esperanza o de la O
A la Expectación de la Virgen María, otra de las denominaciones que recibe, se le rinde culto en las ermitas de cuatro localidades, incluida Pamplona.
Pamplona
La ermita o basílica, así también llamada, está situada en la parte occidental del Casco Antiguo, en la plazuela de la Virgen de la O, cerca del Portal Nuevo de la Taconera. Apenas tiene 100 m2. de superficie y su antigüedad se alarga hasta el siglo XIV, aunque fue reconstruida en 1987. La preside una talla en piedra de la Virgen grávida, con el Niño en sus brazos, de 178 cm de altura. Se gran peso obligaba antaño a procesionarla sobre un carro tirado por bueyes. En la década 1940 se mantenía una junta encargada de fomentar su devoción, se celebraba misa diaria, gracias a la generosidad de una persona piadosa, y destacaba la presencia de las lavanderas al acudir y volver de sus faenas. Se recuperó la romería del tercer día de Pascua de Pentecostés, con oficio de Eucaristía solemne, precedido de lanzamiento de cohetes y fuegos artificiales en la tarde de la víspera, y encendido de hogueras con sarmiento en la plaza de la ermita delante de la casa del prior de la cofradía de labradores del burgo. Se tiraban nueces, castañas y manzanas a los niños. Los corredores de comercio celebraban su fiesta anual con misa y comida de hermandad. Por iniciativa del párroco de San Lorenzo, de quien depende en la actualidad, se revitalizó la cofradía y se le dio un nuevo impulso a una tradición en declive. Desde 1971 se celebra misa en ella todos los días 18 de cada mes y de forma especial el correspondiente al mes de diciembre, en su onomástica, que se anuncia con el rezo de su novena el día anterior[80].
Ciriza (Valle de Etxauri)
El acceso procesional hasta la ermita se inicia desde la propia cima del puerto de Etxauri, portando la imagen de la Virgen, un bello conjunto con el Niño Jesús y San Juanito, del siglo XVI, mientras se rezan los cinco misterios del santo rosario. La decoración floral de la hornacina de la Virgen suele estar adornada con una rama repleta de cerezas, que es el producto típico de la zona, a cada lado[81]. Al finalizar la santa misa, se canta el himno a la Virgen, con gran entusiasmo: “Con amor, con cariño y con celo, con ternura, lindeza y cantor. Veces mil, mi dulcísimo sueño, hacia Ti, yo mi vista elevara, con los labios, perdón, imploraba, hacia Ti yo sentía candor. Veces mil, mi dulcísimo sueño, hacia Ti yo mi vista elevaba, con los labios perdón, imploraba, hacia Ti yo sentía el candor”[82]. Se acude el domingo cercano a san Bernabé, 11 de junio y el 18 de diciembre, su día particular.
Ugar (Valle de Yerri)
Se va en las rogativas de la Ascensión, el 8 de septiembre y el 18 de diciembre. Después de la novena a la Virgen, se encaminan los fieles a la ermita para darle la enhorabuena “por su maternidad del Salvador”.
Valtierra (Bajo Aragón)
Antiguamente, el 16 de diciembre, antevíspera de la Virgen de Esperanza, se encendían hogueras en su ermita y el ermitaño repartía viandas entre los niños[83].
Nuestra Señora de Belén
Esta advocación se relaciona con el nacimiento de Jesús, por eso el calendario mariano celebra la fiesta de la «Virgen de Belén» el mismo día de la Natividad de Nuestro Señor, el 25 de diciembre.
Olazagutía/Olazti (Valle de Imotz)
Fermín Leizaola recogió de sus informantes en 1975 lo siguiente: “Antes, la víspera de San Juan los jóvenes de Olazagutía solían ir a la noche hacia Ciordia para ver allí las hogueras. Al día siguiente de madrugada subían con los jóvenes de Ciordia hasta la fuente del Batueco (de agua sulfhídrica con propiedades medicinales) y de allí, después de comer algo, bajaban mojándose con el rocío de la noche -que ese día, según dicen, tiene propiedades especiales- hasta la ermita de Nuestra Señora de Belén en donde muy de mañana oían misa”.
Añade que el día de Santa Ana, 26 de julio, se celebraba hasta 1936 una misa mayor a las 11,00 h. de la mañana a la que acudía todo el pueblo con el ayuntamiento en corporación. Solían ir con la comitiva desde el pueblo tocando el txuntxun los txistularis Baltasar Zavala, Facundo Urcelay y Andrés Gastaminza. Tocaban delante de la ermita en la campa de Azpiko dormiyo una vez había finalizado la misa y habían besado las reliquias. En este momento se organizaba una alegre romería con zortzikoak y kalegirak. El Ayuntamiento solía invitar a los asistentes a tomar queso y beber vino en katilu (taza) de plata, más tarde fueron cacahuetes. También antes, cuando había una persistente sequía, se solía ir a esta ermita a rogativas para que lloviese. Debía encontrarse en mal estado a finales de la década 1960, puesto que el entretenimiento de los niños en día de fiesta era cazar las lechuzas que anidaban en su interior. De suyo fue derruida en 1971 y su imagen titular, una talla de estilo gótico germánico del siglo XV, se instaló en una hornacina de la ermita de San Sebastián[84].
La Natividad de Nuestra Señora
Suman al menos catorce las ermitas y santuarios que congregan peregrinos en torno a la festividad de la Natividad de Nuestra Señora (o María) por su onomástica, el 8 de setiembre, reafirmándose así el culto fervoroso que se le tiene a la Virgen María en Navarra. Las ermitas toman el sobrenombre del lugar donde se encuentran o bien el calificativo de su patrocinio, pues, como escribió Caro Baroja, “la fama de algunas romerías también está en relación con un determinado ámbito geográfico, e incluso las peregrinaciones a santuarios famosos”[85].
Santa María de Roncesvalles o de Orreaga
Goza de gran devoción general, pero de modo especial en los valles de Aezkoa, Arce, Erro, Esteríbar y localidades de Aoiz, Burguete, Espinal, Oroz-Betelu, Valcarlos, a las que se suman pueblos bajonavarros, actualmente franceses, y fieles de la parroquia de San José, de Pamplona.
El culto a la Virgen de Roncesvalles tiene su leyenda explicativa, recogida por Dolores Baleztena y Miguel Ángel Astiz en su libro Romerías navarras[86]. Dice así:
“En tiempos de la reina doña Oneca, en el siglo IX, unos pastores guardaban sus rebaños. Dormían tranquilos una noche, cuando, despertando de improviso, creyeron soñar viendo correr ante ellos un ciervo con las astas iluminadas por extraños resplandores… detúvose ante unas peñas, de las cuales brotaba una fuente, y oyeron con asombro voces dulcísimas que entonaban alabanzas a la reina del cielo. Maravillados los pastores, corrieron a comunicar a los monjes de Ibañeta el extraordinario suceso. Y como éste se repitiera varias noches en presencia de todo el pueblo atraído por tan singular maravilla, decidieron ir a Pamplona y solicitar permiso del Obispo para hacer una investigación en el lugar de las apariciones del ciervo misterioso (que él mismo había vislumbrado en un sueño). Otorgada la licencia… empezaron a remover la tierra allí donde el ciervo detenía su carrera, y pronto pudieron comprobar a poca profundidad la existencia de un arco de piedra; y bajo su clave, la imagen de María Santísima. Se postraron todos fervorosos…. Entonando la salve… al oír el suave murmullo de la fuente convertirse en palabras que cantaban alabanzas a la Madre de Dios. Desde aquel momento, quedó entronizada en Roncesvalles aquella estatua de la Virgen…, que se supone escondida allí con el piadoso intento de librarla de profanaciones”.
Navallas[87] anota los gozos que rememoran aquella circunstancia: “Salve, refulgente estrella, / Salve, vida y salvación, / Salve, azucena bella, / Salve, imán del corazón. / Entre luces celestiales / Y aromas del paraíso, / Diste en este pueblo aviso / De morar en sus umbrales. / Un gran ciervo, con su huella, / De tu imagen dio razón”.
Agustín Irigaray[88] describe hacia 1933 cómo se desarrollaban las peregrinaciones de los valles cercanos a Roncesvalles:
“Son cinco las peregrinaciones que tienen lugar en la semana siguiente a la de la Ascensión del Señor, por este orden: el lunes la villa de Burguete; el martes la de Valcarlos; el miércoles el valle de Arce; el jueves el pueblo de Espinal, y el viernes el valle de Erro. La de Burguete, apañadita y con ciertos ribetes de aristocrática, en lo que cabe dentro de las modestas pretensiones de la población. La de Valcarlos, más numerosa y menos ordenada que la anterior. Lo cual se explica por dos razones: porque tienen que escalar la mole del Pirineo andando más de mil metros, pecho arriba, por caminos de vericuetos y peñascales; y… porque no tienen que pasar por la calle de Burguete, que es de compromiso. La de Valdearce, conmovedora, porque toman parte un ciento de romeros cargados de pesadas cruces, que recorren leguas de camino en plan de verdadera penitencia. La de Espinal, disciplinada y seria, como quien trata de dar la nota de ejemplar en el concurso. Y la del valle de Erro, también edificante y conmovedora, por idénticas razones que la de Valdearce…
Fervor de los romeros. Todas tienen su mérito, porque de manera primordial las informa a todas un sentimiento profundamente religioso, y una devoción peculiarísima a la Virgen de Roncesvalles, patrona de la montaña y medianera de los vascos en estos reinos pirenaicos. …Las procesiones de cruceros se organizan un poquito antes de llegar a Burguete, en una explanada a donde van acudiendo sucesivamente todos los pueblos del valle; y su formación es la siguiente: cruces parroquiales (22 en el valle de Arce y pocas menos en el valle de Erro), después los penitentes cargados con el pesado madero (antaño esta formación de los grupos indicados era inversa, es decir, primero formaban los penitentes y después las cruces parroquiales). Siguen en tercer lugar los cabildos, con el resto de los fieles cantando la letanía de la Virgen, y cierran el cortejo religioso dos largas filas de mujeres y niños con los estandartes de diversas cofradías…vez que pasaban las procesiones por el pueblo de Burguete, el Párroco y el alcalde salían a esperar de oficio a la entrada del mismo; y colocados en el puesto de honor con sus colegas forasteros, los acompañaban hasta la salida de la villa. Y otro tanto hacían al regreso de aquéllas…. Los penitentes, que en todo el trayecto llevan sobre los hombros el pesado madero, lo levantan con los brazos en cruz al pasar por la calle de Burguete y al entrar en Roncesvalles, recitando en alta voz la letanía lauretana. En medio de la procesión, y de trecho en trecho, van los alcaldes de los pueblos de bastón y capa, símbolo de autoridad. ¡Es algo verdaderamente conmovedor aquel largo desfile de penitentes entunicados, crucíferos, cofradías, sacerdotes y monaguillos, con aquella mescolanza de cantos patéticos y rezos semitonados…, aquel murmullo de oraciones de mujeres y de niños!… el entusiasmo de los vecinos conmueve los corazones, cuando se les ve, en competencia, lavar la cara a las viviendas y barrer afanosamente la carretera para dejarla como un espejo.
En este admirable cuadro el canto rítmico de los romeros resuena en montes y valles de eco en eco repetido, mientras, en los intervalos de fervoroso silencio y recogimiento, se aprecia el ruido seco de las pisadas de la compacta muchedumbre en la dura carretera…¡Ya empieza a escucharse, a lo lejos, el eco apagado de las campanas del Santuario, que a mayor proximidad se va haciendo más perceptible! …en una curva que hace la carretera, se descubre en toda su belleza la Colegiata, que hasta entonces había permanecido oculta detrás de un bosque frondosísimo de robledal y hayedo. ¡Hay en todo ello un no sé qué de sobrenatural y divino!”
Estas romerías en esencia han permanecido inalterables a lo largo del tiempo, manteniendo su tono penitencial y su marcha a pie.
Jimeno Jurío escribe en 1966: “Aézcoa, Arce y Erro compiten en devociones y en valores etnográficos. La de Arce es la más dura de estas romerías, con sus entunicados, llevando la cruz cogida por un tramo horizontal con sus manos levantadas por encima de las cabezas y apoyado el vertical en sus espaldas. Es señorial la de Aézcoa, caminando sus hombres y mujeres con los típicos trajes aezcoanos: alcaldes de capa ongarina, ribeteada de rojos vivos, chaquetas y chalecos de paños negros, calzón recogido y sombrero de fieltro; mozas penitentes descalzas, cara cubierta con tul negro, con los santoscristos de sus muertos acunados sobre sus regazos; más mozas con faldas de paño negro plegado, medias blancas y chaquetillas con pechera negra y pañuelo lila; niños de pastores pirenaicos y niñas con flores del valle. También peregrinan a Roncesvalles las villas de Valcarlos y Burguete. En septiembre lo hacen los pueblos fronterizos franceses, pertenecientes a la merindad navarra de ultrapuertos”[89].
José Luis Larrión lo ve así: “Llegan cantando el Ave María… las mujericas detrás también rezan y alientan a sus hombres. Algunas de ellas, cubierto su rostro con la túnica, se confunden entre los hombres y arrastran los pies descalzos por las piedras del camino… Comienza la letanía, mientras atraviesan el arco de entrada a la Colegiata, y en derechura penetran hasta la iglesia, para descansar las cruces en las grandes columnas y postrarse en penitencia, ofrendando a la Virgen su largo caminar. Los últimos en entrar son los ayuntamientos y autoridades del lugar a que corresponden… acuden a misa mayor, para presidir la Santa Misa con sus banderas y estandartes… el alcalde ofrenda su vara, como símbolo de lo que su pueblo hace y preside la comitiva ya en la iglesia, como luego la fiesta que tiene lugar en la plaza de la Colegiata para dar buena cuenta del almuerzo primero, de la comida después… las cruces quedaron en la iglesia. La Despedida en torno a la Virgen a la que rezan la Salve en acción de gracias”[90].
El calendario de las peregrinaciones se ha ido adaptando con el paso del tiempo: el valle de Arce no acude sólo sino con Oroz-Betelu (los que hacen el mayor esfuerzo por acudir dada la distancia)[91] y aún, el jueves que sigue a Pentecostés, van las gentes del valle de Aézcoa, y el miércoles anterior al 8 de septiembre, Natividad de María, los franceses de los pueblos fronterizos, que al entrar en la iglesia cantan: “Orriako ama, Ama pare gabea, Betikotz da zurea, Euskaldun jendea“ (Madre de Orreaga, Madre sin igual, Siempre tuya, la gente euskalduna)[92]. El 1 de mayo, por la tarde, llegan los feligreses de la parroquia de San José de Pamplona para su celebración particular. Las Peñas de Pamplona lo hacen desde 1967, el último domingo de ese mes.
Las adaptaciones se explican por los cambios producidos por la transformación de la actividad laboral de los pueblos de los valles citados, agrícola y ganadera, hacia la industrial. La progresiva emigración hacia los núcleos urbanos, de mayor tamaño, ha influido notablemente en el calendario tradicional, de manera que las romerías han sido concentradas en los domingos del mes de mayo. Pese a ello algunos rituales se repiten para los que llegan desde los valles o poblaciones situados al este, sur y oeste de Roncesvalles, como es el recibimiento y despedida con bandeo de campanas en Burguete al acercarse y salir de la calle principal. También, el intercambio de las varas de los alcaldes, al llegar al núcleo urbano y su devolución al marcharse, al atardecer. Las varas son depositadas en el altar mayor de Santa María antes de la misa y los romeros se colocan en uno de los laterales con sus cruces. A continuación, se inicia el saludo y canto de la salve y a la Virgen: “Salve, Orriagako Ama Virginia”, “Salve, madre virgen de Orreaga“[93].
El ciclo actual de peregrinaciones comienza el 1 de mayo con el valle de Aezkoa. Los Valles de Erro, Arce y Oroz-Betelu comienzan el camino en Garralda. En Burguete son recibidos con bandeo de campanas, aunque en el trayecto por la calle Mayor dejan de sonar para que puedan escucharse las letanías, plegarias y sus cánticos, hoy acompañados por altavoces.
Los valcarlinos ascienden desde Valcarlos el primer domingo de mayo. Los romeros, tras recorrer los 17 km que le separan del santuario se concentran en la fuente (Iturria) de Ibañeta, y desde allí acceden a la iglesia procesionalmente ordenados en dos filas y acompañados de cuatro monaguillos, vestidos con sus albas blancas y los crucifijos colgados en el pecho, todos tras la cruz procesional, en tanto los del valle de Arce acuden hasta la Venta de Espinal para iniciar la peregrinación conjunta el segundo domingo de mayo.
El tercer domingo de mayo corresponde peregrinar a los valles de Erro y de Esteribar desde la década 1980.
El cuarto domingo de mayo inician su romería desde la parroquia los vecinos de Espinal, presididos por la cruz parroquial.
Los de Burguete tienen reservado el quinto domingo de mayo o en su defecto, el 1 de junio. Parten de la parroquia de san Nicolás entre rezos de letanías y el rosario. Los niños y jóvenes marchan mezclados con el resto de personas, pero se mantiene la separación de los hombres, que inician el recorrido tras la cruz procesional, en dos filas, luego siguen los sacerdotes, la bandera oficial y la corporación municipal, y finalmente las mujeres en dos filas portando los estandartes en el centro.
Los de Aoiz han recuperado la romería a la Virgen de Roncesvalles en 1985, después de cuatro siglos de ausencia. Suelen hacerlo el segundo o tercer domingo de junio[94].
En todo caso, la última del ciclo tradicional es la de Burguete.
La Cofradía de Santa María de Roncesvalles aglutina a 3.700 cofrades, muchísimos más que los habitantes que actualmente residen en la zona. El superávit que registra en sus gastos en 2022 se dirigió a colectivos sociales como Cáritas, Manos Unidas o el comedor social París 365, sito en la capital[95].
La Virgen de Jerusalén, en Artajona
En la víspera de la Natividad de la Virgen comienzan los actos a favor de Nuestra Señora de Artajona o Virgen de Jerusalén, así llamada porque tiene su propia historia, íntimamente relacionada con las cruzadas y con el capitán artajonés Saturnino Lasterra, que como premio a su actuación en su lucha contra los infieles recibió del rey Godofredo de Bouillón una preciosa imagen de la Virgen. Lasterra emprendió el camino a la patria chica con los bolsillos vacíos. Pagaba la posada dejando allí la imagen de la Virgen que inevitablemente acababa en la alforja del valeroso capitán. Llegado a Artajona, la imagen quedó en la iglesia, pero desaparecía de ella para encontrarse, con gran sorpresa de los vecinos, en un olivo de una finca de los herederos de Lasterra. Allí se erigió una ermita en su honor. Otra historia, que figura en un impreso, asegura que la imagen es tan vieja que la hizo Nicodemus y la adoró san Lucas.
En su interior se descubrió un manuscrito, redactado por José de Orovia en 1729, que explica cómo la imagen de la Virgen fue realizada por Nicodemus, discípulo de Cristo, dorada por San Lucas Evangelista, rescatada por Godofredo Buillón, rey de Jerusalén, en la conquista de 1099, y entregada como mérito en sus ofensivas al capitán Saturnino Lasterra, que la trajo a Artajona junto con tierra del Santo Sepulcro y una reliquia del Lignum Crucis. Es, pues, una imagen relicario. Fue realizada en los afamados talleres franceses de Limousin, a comienzos del siglo XIII en cobre dorado y con algunas zonas esmaltadas, y responde a la iconografía de María sede sapientiae. Hasta comienzos del siglo XVII se le denominaba Virgen de la Oliva (por haber aparecido en el olivar propiedad de los Lasterra tras echársela en falta). Según la tradición, fue depositada inicialmente en una ermita que se edificó en el término de Elizaldea, luego trasladada a la parroquia de San Saturnino mientras se edificaba otro templo, el actual, en el olivar del propio Saturnino Lasterra, en el que por dos veces consecutivas aparecía la imagen. La realidad es que existió una primera ermita, otra románica posterior, y la que alberga la imagen de la Virgen, que fue inaugurada el 8 de septiembre de 1714[96].
En la tarde de cada 7 de setiembre (víspera de la Natividad de Nuestra Señora y comienzo de las fiestas patronales) se canta la aurora: “Viva la Virgen, nuestra Patrona, / que en Artajona apareció. / Somos tus hijos, los que cantamos / gloria a la Virgen y gloria a Dios. / Aurora, bella de nuestras almas, / orgullo seas de paz y bien, / los de la aurora, entusiasmados, / hoy te gritamos: ¡Jerusalén!”)[97]. Se traslada la imagen de la Virgen desde su ermita adjunta al colegio de los PP. Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María, donde tienen su seminario misional, hasta la iglesia de San Pedro, mientras bandean las campanas de la de San Saturnino, con la presencia de la corporación municipal. Terminadas las fiestas regresa la Virgen a su ermita con idéntico acompañamiento y solemnidad.
Nuestra Señora de Cuevas, en Viana
Desde hace siglos ha sido la romería más importante de la ciudad de Viana. La ermita tomó su nombre del lugar así llamado en su término. Actualmente, la víspera de la Natividad de la Virgen, 7 de septiembre, bajan a ella los cofrades y el público en general, a celebrar unos cultos marianos para la ocasión (vísperas y rosario). Y, a continuación, se reparte a los cofrades pan y vino. Pero la romería más concurrida se celebra desde principios del siglo XX el lunes de Pascua de Resurrección. A ella acude una gran muchedumbre, no solo de Viana, sino de Moreda y Oyón (Álava), Aras, y Logroño. Los antiguos medios de locomoción como carros, caballos, mulos, burros y hasta los más recientes tractores con sus remolques han dado paso a los automóviles. Tan solo una pequeña parte de los asistentes recorre el camino a pie. Los cohetes y la campana anuncian la solemne misa, presidida por la imagen de la Virgen, que se celebra al aire libre. Hay años en que danzantes y gaiteros amenizan en el acto, y tampoco faltan espontáneos recitando versos propios en honor a la Virgen. Una vez concluido el acto religioso, los mayordomos invitan a autoridades, clero y conocidos a un aperitivo en los locales de la ermita. La campa parece una feria por la cantidad de puestos de golosinas y objetos diversos que aprovechan la ocasión. Las familias y cuadrillas de amigos se desparraman por todos los lugares cercanos, especialmente en la falda del próximo Montecillo, en donde almuerzan, mientras otros van a besar a la Virgen con los niños pequeños[98].
Santa María de Belate, en Alkotz
El antiguo monasterio de Belate en las proximidades de Alkotz, en el valle de Ultzama, ha desaparecido tras la guerra de la Convención en 1794-95, de Francia contra España y Portugal, y haberse aprovechado su piedra para otras construcciones. Se edificó más tarde una ermita sobre sus vestigios para recordar su existencia y la imagen de la Virgen del siglo XIX fue trasladada a la parroquia de San Esteban de Alkotz, y es en ella donde la veneran con gran solemnidad todos los pueblos del valle de Ultzama[99].
El día 1 de mayo los vecinos de Alkotz marchan con la cruz procesional y la imagen de la Virgen, hasta el puente sobre el río Ulzama, muga territorial, al encuentro del resto de romeros del valle, que llegan precedidos por sus correspondientes cruces parroquiales para acceder todos juntos en procesión hasta la iglesia parroquial de San Esteban. Primero caminan los portadores de las cruces, después, la imagen de la Virgen portada por dos personas sobre sus andas y, tras ella, el párroco y resto de los asistentes. Una vez colocadas las cruces a ambos lados del presbiterio, comienza la solemne misa, oficiada tanto en castellano como en euskera. Algunos niños y niñas recitan varios versos, manteniendo una tradición anterior, cuando únicamente eran recitadas por “angelicas”, vestidas como tales. Finaliza la romería con el beso de despedida de cada una de las cruces, que ofrecen un muestrario magnífico de orfebrería de los siglos XVII a XIX, que se conservan en el valle de Ulzama.
Otra cita importante que reúne a los feligreses del valle de Ultzama y algunos del valle de Baztán para acompañar a la Virgen de Belate hasta el antiguo monasterio, tiene lugar el 8 de septiembre, Natividad de la Virgen. Es una romería que ha recuperado hacia 1990 la asociación de adoradores nocturnos del valle de Ultzama. La procesión se inicia en las Ventas de Ultzama, los feligreses precedidos por una cruz procesional y la imagen de la Virgen en brazos de una sola persona. Caminan a lo largo de 1 km, rezando el rosario y entonando canciones marianas, entre misterio y misterio, hasta llegar al templo[100].
Lantz. Los de este pueblo, después de que la imagen de Nuestra Señora de Belate se trasladara a la iglesia parroquial de Alkotz, comenzaron a peregrinar a esta iglesia. Antiguamente no había día fijo “se iba cuando se hacía la siembra“ y “se hacía el viaje para que lloviese y así creciese la cosecha. Se le pedía a la Virgen con mucho fervor y casi siempre llovía “. Con el tiempo, se fijó la romería en el segundo día de las Pascuas de Mayo (lunes de Pentecostés). Solía asistir casi todo el pueblo con “el ayuntamiento en corporación“, e iban en procesión presidida por la cruz: el cura y los hombres delante, y las mujeres detrás. Al salir del Lantz, y al volver, bandeaban las campanas, también al llegar a Arraitz. Desde aquí se llegaba a Alkotz por el monte. Una vez llegados a la iglesia, el cura de Lantz celebraba misa solemne, y después el Ayuntamiento invitaba a los feligreses a almorzar. Generalmente el menú consistía en cordero en chilindrón y cuajada, preparado por la Posada. El regreso se hacía nuevamente en procesión, acompañando el cura de Alkotz hasta la salida del pueblo. Todo el trayecto, tanto a la ida como a la vuelta, se hacía rezando el rosario y cantando[101].
Nuestra Señora del Soto, en Caparroso
Una leyenda, pintada en el cuadro colgado en la sacristía, el 8 de abril de 1701, da cuenta de que estuvieron a punto de naufragar unos vecinos de Caparroso que intentaban vadear el río Aragón, totalmente desbordado, pero gracias a la invocación de la Virgen pudieron salvarse. Allí se construyó una primera ermita. Indica el cuadro, traducido del latín: “Todo náufrago halla en María puerto seguro…” La ingenua pintura muestra una barca atestada de trece hombres de distinta condición, a juzgar por sus vestimentas, otros tres ya en el agua, y todos ellos encomendándose a la Virgen del Soto, que aparece con resplandores en el Cielo, junto a la primitiva ermita. Se trata de un exvoto colectivo, como lo es también el del milagro de San Francisco de Javier contra la plaga de langosta que asoló los campos de Sangüesa entre 1687-78[102]. Todos los domingos de mayo a octubre acuden los vecinos a la santa misa, al igual que “los días de la Virgen”, especialmente el 15 de agosto, Asunción de Nuestra Señora, con su novena previa, y el 8 de septiembre, el de la Natividad. Muchos devotos marchan caminando los 2 km que le separa del centro urbano para visitar a la Virgen a cualquier hora y día[103].
Nuestra Señora de Zuberoa, en Garde
Entre las ermitas de esta población roncalesa, se encuentra la de Nuestra Señora de Zuberoa, a 1050 m. de altitud. Cuenta la tradición que la imagen de la Virgen fue encontrada por un pastor de bueyes en la oquedad de un roble cuando buscaba a un toro que había marchado varias veces durante la noche hacia allí. Le puso una esquila para seguirle, y su sorpresa fue mayúscula al encontrar al toro de rodillas ante la Virgen y con dos candelas encendidas sobre sus cuernos. Los vecinos de Garde intentaron construir una ermita junto al camino real de Aragón, hoy carretera a Ansó, pero lo que edificaban durante el día quedaba destruido por la noche, hasta que lo hicieron en el lugar de la aparición. Un exvoto colgado en el muro izquierdo del presbiterio recuerda la salvación del marino Felipe de Atocha y Maisterra en el siglo XVI, perseguido por unos piratas que le atacaron en el mar de vuelta de Nápoles, de cuyo trance quedó en la ermita una gruesa maroma de barco con una bala incrustada en ella, al que se atribuye, en agradecimiento por este hecho milagroso, haber donado una importante suma para su construcción[104]. Se la visita al día siguiente de la Pascua de Resurrección, el lunes de Pentecostés, el 8 de septiembre Natividad de Nuestra Señora, y el 15 de octubre Santa Teresa de Jesús. Esta última se debe en honor a la Virgen que les protegió del cólera en 1855 por esa fecha[105].
Desde el otro lado de la muga del Puerto acudían incluso en el siglo XX mujeres poseídas (autxak) para ser liberadas de sus demonios.
Nuestra Señora de Muskilda, en Ochagavía
También una leyenda explica la aparición de la Virgen a un pastorcillo, lo que no es casual porque los pastores fueron los primeros a los que se anunció en Belén el nacimiento del Niño Dios y fueron los primeros en adorarle.
Un pastorcillo perdió un toro y lo encontró escarbando en la tierra. Al acercarse vio al pie de un árbol una imagen de la Virgen María, la tomó en sus brazos, pero como las vacas se le desparramaban dejó la imagen al pie del árbol prometiéndose volver al día siguiente a por ella, pero al volver la vista vio que la imagen había desaparecido. De regreso a casa perdió el toro y volvió a encontrarlo en el mismo sitio haciendo reverencias ante la imagen. El pastorcillo tomó la imagen en sus brazos, pero al verlo un hombre le acusó de haberla robado. Lo llevó a Ochagavía y le encerró en una habitación, llevando la imagen a la iglesia del pueblo. Pero al día siguiente ni la imagen de la Virgen ni el niño estaban donde los había dejado. Resultado, que la Virgen fue entronizada en el valle y el niño quedó allí de ermitaño, dedicando todo su esfuerzo a levantar en aquel lugar un templo acarreando piedras con la ayuda de un borriquillo. Y se cuenta que llenaba de piedras las alforjas del borriquillo y le dejaba irse solo hasta el roble, mientras él quedaba preparando la nueva carga[106].
El conjunto de Muskilda lo forman la basílica, la hospedería y la casa del capellán y ermitaño.
Unos gozos que datan de 1755 aluden al descubrimiento de la Virgen por el pastor, y dicen así: “Hallóos el santo zagal / buscando al res estajado, / donde vió al uno postrado / los otros apacentar / debajo el árbol nombrado / que en honra del Pyrineo / en Musquilda os puso Dios / para amparar todo el suelo”. Leyenda parecida a la de la Virgen de Zuberoa, patrona de Garde[107].
A Nuestra Señora se la invocaba ante las desgracias y calamidades, pidiéndole su protección (como le sucedió al marino Carlos Lizarazu capitán de un navío maltés que logró vencer a tres navíos turcos invocando su asistencia, lo que explica la presencia en el santuario de una bandera de los caballeros de Malta).
El día por excelencia de la celebración litúrgica y popular de los ochagavianos es el 8 de setiembre, Natividad de Nuestra Señora, inicio de las fiestas de Ochagavía, aunque el calendario de romerías es extenso: el 23 de abril festividad de san Jorge que se traslada al domingo siguiente, con misa, almuerzo en los alrededores con pan y vino facilitado por el Ayuntamiento; el 3 de mayo, Invención de la Santa Cruz, se traslada al domingo siguiente; 11 de junio, san Bernabé, acude Ezcároz; el 10 de junio, san Cristóbal, Izalzu; el 26 de julio, santa Ana, como en el 3 de mayo; el 8 de agosto, san Ciriaco, se trasladó al 17 de setiembre, según voto de los de Ochagavía (ya que el 8 de agosto de 1622 cayó una gran pedregada sobre los campos y para que se vieran libres en los sucesivo de tales males); el 15 de agosto, Asunción de Santa María, misa solemne con autoridades y pueblo; y el 8 de setiembre el día grande es para Ochagavía.
Describe Dolores Baleztena: “Después de la misa mayor se organiza la procesión. Al aparecer la Virgen en la puerta de la basílica para presidirla, en la plazoleta le están esperando los famosos danzantes de Ochagavía. Al son estridente de la gaita empiezan su baile, nervioso, rudo, primitivo. Brincan como diablillos, juguetones, ágiles, alegres, haciendo resonar cascabeles y castañuelas, adornada su blanca vestimenta con cintas multicolores. Rodean a la Virgen y parece como si quisieran jugar con ella. Unas veces se alejan y bailan el complicado baile de los pañuelos. Vuelven corriendo a rodearla y le presentan el cuadro de un brioso paloteo. Dijérase que quieren con estos saltos sacar el frío padecido en los largos días vividos en la montaña, entre nieves y nieblas, y desquitarse del continuo andar lento tras los rebaños. El célebre “bobo”, con su atuendo original y cara enmascarada, les anima, atizándoles grandes zambombazos. Y como final de la brillante exhibición, bailan por turno la jota individual, en la que se superan en garbo y agilidad. Y después de aquel derroche de brío y fortaleza, aún les quedan alientos para lanzar al final un vibrante ¡Viva la Virgen de Muskilda!, contestado con entusiasmo por toda la concurrencia”[108].
El himno a la Virgen de Muskilda, tal como lo recoge Maite Mauleón, es el siguiente: “Montañas del Salazar, / campos de valor y fe / dadme nuevas de mi Madre, / la madre que siempre amé; / Ella es mi niñez, mi cuna meció, / por eso, desde niño, / siempre la quise yo. // Es la Virgen de Muskilda, / mi consuelo en el penar, / es el amor de mi alma / desde que yo supe amar. / En mi juventud, mis pasos guió, / por eso desde niño, / siempre la quise yo. // Desde ese trono de gloria, / Reina y Madre del amor, / escucha a tus hijos, / calma su pena y dolor; / que nunca en la vida / me olvide de ti / para que en mi agonía / te acuerdes tú de mí”.
Lo cantan en la romería del 8 de septiembre, en las misas que la Hermandad ofrece por sus difuntos, en los funerales que se celebran en la parroquia y siempre que se suba a la ermita. La melodía es cantada. También en otros pueblos adaptan la letrilla a su Virgen patrona[109].
Virgen del Portal, en Villafranca
Debe su título a su proximidad a una de las puertas del recinto amurallado, ya desaparecido. Era costumbre llevar las caballerías el 17 de enero para dar tres vueltas en torno al templo, encender hogueras en la plaza el 7 de septiembre, víspera de la Natividad de la Virgen María, y hacer una solemne novena en la parroquia, del 31 de agosto el 7 de septiembre, que se celebra todavía. En estas dos fechas tenía lugar un curioso rito de pasaje. Tanto al salir la imagen hacia la parroquia como a su regreso, colocaban en el centro de la calle, y en una fila, a los enfermos, sentados unos y otros arrodillados, con el fin de que las andas y la imagen pasaran por encima de ellos, esperando de la Virgen el alivio de sus dolencias[110].
Santa María del Plu, en Marcilla
Según cuenta una vieja leyenda, nuestra Virgencita se crió en los montes con sus hermanas de Ujué y de la Blanca de Marcilla. Riñeron un día. La del Plu y la Blanca optaron por fijar su residencia en tierras llanas bañadas por el río Aragón. Desde entonces les rezan los de Marcilla. Todavía en el siglo XVII se le dominaba a esta imagen Virgen del Puy, vocación importada por peregrinos jacobeos y pobladores francos medievales. Dentro de la misma centuria comenzó a llamarse del Pluy, hasta cristalizar en el nombre actual[111].
El nombre actual de la Virgen del Plu de Marcilla es una derivación popular del anterior Santa María del Pruno, del latín prunus, ciruelo, árbol en el que la tradición sitúa su aparición. Sobre una capilla anterior fue ampliado el edificio en 1474 y su configuración actual corresponde a la segunda mitad del siglo XVII[112].
Con fecha 8 de septiembre de 1521, Natividad de la Virgen, tuvo lugar una reunión en la ermita, a toque de campana, para presentar un documento de dieciséis folios en los que se especificaban, en ochenta capítulos, las normas y deberes de los habitantes de Marcilla; es el primer reglamento de su comunidad de habitantes conocido[113].
Nuestra Señora de Andión, en Mendigorría
El 1 de mayo celebra este pueblo su romería a Nuestra Señora de Andión (que antiguamente se celebraba el 3 de mayo, día de la Santa Cruz) y se repite el 8 de setiembre, día de la Natividad de María. Al despuntar el día, los auroros despertaban al pueblo con una aurora hecha plegaria, acompañada por instrumentos de cuerda, que reza así: “Salve, salve, excelsa Patrona / te saludan tus hijos amantes / que tu imagen veneran constante / como Reina del cielo feliz. // Tú a tus hijos invictos guiaste / a la cumbre inmortal de la gloria / y ciñeron laurel de victoria / con valor peleando por ti./ /Desde el trono de Reina potente / socorres a tus hijos bondadosa / tus plegarias cariñosas / que anhelantes dirigen a ti“. Y desde 1945 esta otra aurora compuesta por Emilio Alfaro, con letra de Martín Corera, que comienza de este modo: “Saludemos, fervientes devotos / a la excelsa patrona de Andión / ofrezcamos en prenda de amores / las primicias de tierna oración. // Salve, salve, te dicen tus hijos / dulce reina y Madre de Dios. / Salve, salve, repiten los tuyos / esperando tu bendición. // Cuántas veces por nuestros pecados / merecimos castigo y dolor / a tu inmenso poder le debemos / el olvido, la gracia y el perdón…..”. La misa se celebra al aire libre, una vez se llega a la ermita desde el pueblo tras hora y media de caminata en compañía de carros engalanados y en un ambiente festivo que continúa tras la comida consistente en calderetes, fritadas, costillas de cordero, leche frita, café, copa y puro, continuándose la diversión en el pueblo por la tarde.[114] También acuden a su romería fieles de Artajona y de Lerín.
Virgen de Arrigorría, en Arraiza
La Virgen de Arrigorría es considerada como abogada contra las fiebres tifoideas, y muchos enfermos del valle de Etxauri acudían a la ermita para implorar sobre sus dolencias. Una estrofa de los gozos recuerda su eficacia: “En doliente noche oscura, / Tú los clamores oíste. / Del pobre enfermo, del triste, / Que a Ti acudió sin ventura / Tu protección, madre amada, / No sólo las fiebres quita / De cuantos van a tu ermita / Con la salud recobrada”. Se le honra el domingo siguiente a la Anunciación, el domingo siguiente a san Isidro y el domingo siguiente a la Natividad, el 8 de setiembre[115].
Nuestra Señora de Codés, en Torralba del Río
La fiesta por antonomasia en este santuario de Torralba es la fecha del domingo siguiente a la Natividad de la Virgen.
Se cuenta que en tiempo del rey godo Leovigildo existía cerca de Logroño una ciudad llamada Cantabria, que no quería dejarse dominar. Comprendiendo la inutilidad de su resistencia decidieron ocultar la imagen de la Virgen de su devoción en una cueva al pie de la montaña, cuyo recuerdo se perdió al sucumbir los cántabros en las ruinas de su ciudad sitiada. Hasta que el año 1350 una luz misteriosa iluminó de repente la selva sombría y guio a los moradores de la comarca al lugar donde hallaron la imagen, junto a una piedra de jaspe verde a cuyo contacto habían de producirse prodigiosas curaciones. Y en ese lugar se levantó el santuario[116].
Baleztena y Astiz escriben en 1944 que “hay memoria de que en el primitivo templo estuvo a su servicio un santo ermitaño de nombre Juan (Ioannes de Codés) que aplicaba a los enfermos unos lienzos pasados por la imagen de la Virgen logrando que estos se curasen al contacto de ellos, y que aunque le fue prohibido hacerlo por el Obispo de Calahorra y el Tribunal de la Inquisición a causa de la denuncia de médicos y cirujanos, lo cierto es que el prodigio se mantuvo. Visitando la sacristía del santuario, pueden verse en ella, gran número de exvotos colgando de sus paredes. Algunos cuadros de pinturas ingenuas nos cuentan más a lo vivo los favores recibidos por mediación de la Celestial Señora…. En el atrio de la iglesia, acabada la misa, se adora la artística arqueta que contiene tres preciosas reliquias: un Lignum crucis, un trozo del manto de Nuestra Señora y otro pedacito de madera de la mesa donde celebró Cristo con sus discípulos la última Cena… En la sacristía piden los devotos lienzos pasados por la Santa imagen. Y los conservan cuidosamente para aplicarlos en los momentos de apuro de enfermedades… Entretanto, fotógrafos, vinateros y puestos de caramelos, rifadores de relojes y tabaco, y botellas de anís riojano, alborotan la plaza. Por entre ellos, la juventud canta jotas bravas, ríe, grita, y se retrata en grupos que prueban la paciencia del “minutero” ante los telones con motivos de balconadas al mar y palomas sobre las masas del cielo azul… Cantan ellos a gritos también, cogidos del hombro, entonando difícilmente las coplas en fuerza de querer agotar la fuerza de sus pulmones[117].
En la descripción de Navallas[118] se explica que Torralba del Río ha tenido nueve ermitas a lo largo del tiempo, pero la que ha tenido y tiene mayor entronque territorial es la de la Virgen de Codés (que significaría “piedra” en bajo latín). El santuario era un monasterio dependiente de San Jorge de Azuelo desde el siglo X y posiblemente hasta el siglo XIII.
El templo alcanzó sus mayores cotas de éxito a lo largo de los siglos XVI al XVIII, y lo fue gracias entre otros a la atribución del prodigio más destacado, por intercesión de la Virgen, como fue la liberación de un preso de las manos del bandido Juan Lobo, de su refugio en Malpica, y su aparición, sin la atadura de los grillos de madera, a la puerta de la ermita en 1523. También como consecuencia de las curaciones de llagas y heridas, por contacto con los paños bendecidos bajo los pies de la Virgen que con tanta fe imponía el ermitaño Juan del Merino, llamado posteriormente Juan de Codés y que se sucedieron a partir de 1530.
La Virgen de Codés era considerada protectora de determinadas enfermedades e infecciones, cuya curación se suponía, podía lograrse por el contacto de paños bendecidos por el capellán del santuario, que se colocaban en forma de cruz sobre las llagas. Acudían muchos peregrinos en los pueblos de comarcas alavesas próximas y de La Rioja, además de Navarra[119].
Las fechas actuales del calendario de peregrinaciones, que a veces difieren de las tradicionales, son: el último domingo de abril, Torralba del Río; el primer domingo de mayo, Desojo; el segundo, Azuelo; el domingo siguiente a san Isidro, la Berrueza y Aguilar de Codés; el último domingo de mayo, fiesta de la Cofradía de Codés; por Pentecostés la romería general de Navarra, La Rioja y Álava, más la particular de Espronceda; el domingo siguiente a la Natividad de la Virgen, como se ha dicho, la fiesta de Codés precedidas de novena[120].
Se reúnen los romeros en la villa de Torralba del Río, iniciando desde allí su ascendente marcha procesional. No faltan penitentes con grandes cruces y cadenas en los tobillos. Arriba se dejan cruces y cadenas, se lavan y se curan, y oyen misa al aire libre, debido a la gran cantidad de personas que acuden a la basílica. Hasta el presente disponía cada pueblo de su dependencia propia en la hospedería aneja al santuario. La Eucaristía es acompañada musicalmente por el coro de Espronceda, al corresponderle su particular peregrinaje, aunque es frecuente escuchar jotas dedicadas a la Virgen de Codés, como éstas del jotero Jacinto Ramírez, natural de Mirafuentes, conocido popularmente como “El cantor de la Virgen de Codés”:
“Logroño, Navarra y Álava, / afiancemos bien la fe; / y aprendamos los caminos / a la Virgen de Codés”.“Para querer, los de Torres; / para bailar los de Mués / y Navarra, Rioja y Álava / para visitar Codés”.“Una mujer de Armañanzas, / le dijo a otra de Espronceda; / A la Virgen de Codés / subo a verla cuando quiera”.
“San Fermín está en Pamplona / y en Estella San Andrés / y en los montes de Torralba / nuestra Virgen de Codés”.
“Sansol, Desojo y El Busto / labradores son los tres; / siempre han puesto su confianza / en la Virgen de Codés”.
“Un cofrade de Torralba / le decía a uno de Acedo; / Nuestra Virgen de Codés / vale más que el mundo entero”[121].
Advocaciones de la Soledad y de la Misericordia
Cristo, antes de entregar su alma a Dios en la cruz, pidió a su Padre que perdonase a quienes habían pedido su muerte en la crucifixión, y le insultaban. A sus pies estaba su Madre Dolorosa, que sintió piedad por su Hijo lacerado y la ha querido transmitir a sus fieles devotos, que esperan de ella su indulgencia en el momento del juicio final. A las ermitas de la Virgen de la Soledad acuden en romería los vecinos de Fitero y Errazu; a la de la Misericordia los de Ablitas.
Fitero (Bajo Alhama)
Según la leyenda, la reconstrucción de la ermita de la Virgen de la Soledad pudo hacerse para conmemorar las horas en que el recién nacido, Juan Palafox, sufrió el riesgo de morir en el lugar donde fue abandonado tras su nacimiento desde las 8:00 de la mañana a las 10:00 de la noche del 24 de junio de 1640. Fue descubierto y rescatado por Pedro Navarro, tras haber sido depositado por una criada a la que la madre del bebé le había ordenado arrojarlo al río, en el lugar que hoy ocupa la ermita de la Virgen de la Soledad. Así pretendía resguardar el honor y el crédito de la madre. Juan de Palafox llegó a ser un hombre muy destacado en la monarquía española, sobre todo en la España del Nuevo Mundo y en la Iglesia. Ocupó la sede episcopal de Puebla de México y cuando volvió a España en 1649 fue nombrado obispo de Burgo de Osma, cargo que ostentó desde 1654 hasta su muerte en 1659. Fue beatificado en la catedral de Burgo de Osma en 2011. Juan de Palafox nunca olvidó a Pedro Navarro, en cuya familia vivió los nueve primeros años de su vida hasta ser reconocido por su padre Jaime de Palafox Rebolledo[122].
Errazu (Valle de Baztán)
En la fachada de la ermita a Nuestra Señora de la Soledad figura esta leyenda: “Emen Salve bat errezacen da” (Récese una salve)[123].
Ablitas (Bajo Queiles)
Los ablitenses recuperaron en 1994 la romería a la Virgen de la Misericordia, en el Santuario de Borja, provincia de Zaragoza. Una tradición, que se remonta al año 1695, relata que una niña de este lugar se perdió en el regreso del santuario, y fue acompañada por una señora hasta su casa; al volver de nuevo al santuario al año siguiente, reconoció que había sido la Virgen de la Misericordia. Los romeros recorren a pie los 25 km. que les separa del santuario el tercer domingo de mayo[124].
Devociones marianas de ámbito comarcal
Existen en Navarra romerías de ámbito comarcal ligadas a un santuario mariano de especial devoción, que actúa como epicentro atractivo. Así la iglesia de Santa María de Ujué con devotos procedentes de los pueblos de la Ribera Alta de Navarra, en el Bajo Aragón, que también se proyecta sobre la Ribera del Ebro; la ermita de la Virgen del Yugo, en Arguedas, otro de los santuarios ribereños; y la iglesia de la Virgen del Puy, en Estella, cuya devoción se extiende por Tierra Estella atrayendo no sólo a los fieles de su capital -Estella, en su santuario- sino de los valles de Allín, Yerri y Guesález en dirección norte y este, y por La Solana hacia el sur hasta Ayegui.
No hay que olvidar, sin embargo, la existencia de una serie de ermitas erigidas para el culto a la Virgen María, que generan un movimiento devocional de cierto alcance, en su valle o en poblaciones algo más distantes, pero que no pueden ser consideradas santuarios parangonables a los ya mencionados. Son las ermitas dedicadas a la Virgen del Pilar, a Nuestras Señoras de Arquijas, de los Remedios, del Patrocinio, del Camino, del Rosario, de Soterraña y de Eunate.
Romerías a Santa María de Ujué
El 2 de mayo de 1943 tuvo lugar la consagración de la Ribera a la Virgen en la romería a la basílica de Santa María de Ujué. El vicario general de entonces, don Luis Idoy, leyó el acto de consagración delante de los alcaldes de Ujué, Tafalla, Pueyo, Lerga, Eslava, Gallipienzo, Santacara, San Martín de Unx, Pitillas, Aibar, Peralta, Murillo el Cuende, y Barasoain, las poblaciones concernidas por esta devoción.
Ya existen noticias antecedentes de las romerías en el siglo XI, cuando dio inicio el caminar penitencial de los tafalleses hacia Ujué, agradeciendo a la Virgen de la Paloma (Ujué podría derivar del término euskérico “usoa” paloma) su ayuda en momentos en que la ciudad del Cidacos, se hallaba sitiada por los moros. De acuerdo con la tradición es en 1045 cuando nace esta romería de Tafalla, aunque la constancia documental es del siglo XV. La explicación que se da a esta tradición es por agradecimiento de haber sido librada la ciudad del cerco (y la batalla consiguiente en el término de Torreta-Barranquiel desde donde se ve la silueta del santuario entonces una ermita humilde), en la llamada arrancada de Tafalla, que los reyezuelos moros Abderramán, de Huesca; Almuctadir Billah, de Zaragoza, y Zima de Tudela, unidos al rey de Aragón Ramiro, querían someterla sin lograrlo por la oposición de las huestes del rey de Navarra García.
Así como la erección de otras ermitas tienen en su origen una aparición de la Virgen, la de Ujué también posee su leyenda. Se cuenta que en Ujué se apareció la Virgen en el año 758, reinando Navarra Íñigo Arista. En lo más alto de la sierra un pastor cuidaba su rebaño mientras se entretenía en lanzar piedras aquí y allá. De pronto fijó su mirada en una paloma que repetidas veces entraba y salía por el agujero abierto en una peña. Llegó a tirarle piedras y hasta su cayado, y al comprobar que la paloma no se inmutaba, se decidió a explorar la cueva. En el fondo de la gruta se destacaba brillante una preciosa imagen de la Virgen con el Niño en sus manos y a sus pies la paloma. Se postró de hinojos el pastor y después de adorarla corrió al pueblo para dar a conocer la buena nueva que como tal fue recibida por todos los vecinos, iniciándose así la primera romería. En realidad, no hay documento que lo demuestre, y es más posible hablar de un voto inmemorial de los de Tafalla hacia el santuario de Santa María. Ya en el siglo XV cada casa de Tafalla estaba obligada a enviar en peregrinación al santuario a un miembro del hogar.
La aurora de Tafalla convoca al pueblo a la peregrinación: “Despertad, devotos de María / y con entusiasmo al templo acudid / a formar procesión en este día / que es el destinado para a Ujué partir. / Contritos venid, / y siguiendo la antigua costumbre / de esta romería, vámosla a cumplir”, y reunidos salen de Tafalla, entonando cantos y rezando el rosario centenares de cruceros para unirse en la Cruz del Saludo, a escasa distancia de Ujué, con los procedentes de Olite, Beire, Pitillas y otros pueblos con sus sacerdotes y autoridades (los alcaldes de Ujué y de Tafalla se intercambian las varas de mando, en simbólico gesto fraterno). A las 4 de la tarde, tras comulgar y asistir a misa solemne, emprenden el regreso tras la despedida de la Virgen; al retomar la Cruz del Saludo se canta la Salve o el Regina Coeli y al llegar a Tafalla, en la tardeada, el volteo de campanas recibe a los penitentes; desde hace unos años la Hermandad de los Doce Apóstoles sale hasta la entrada de la ciudad a esperarles con la imagen de la Virgen de Ujué que se venera en la parroquia de Santa María, a la que con el correr de los siglos se han ido sumando las localidades de la Ribera Alta -que la tienen como “Patrona de la Ribera”- acompañadas en la actualidad por gentes de toda Navarra. Esta romería a Ujué está llena de tipismo popular y de espíritu penitente y oracional. Los hombres visten túnica negra, ceñida a la cintura por burdo esparto y cubierta la cabeza con caperuza; llevan a sus espaldas la cruz de madera maciza y pesada; otros, Cristos adornados con hierbas campestres y flores. En 2001 todavía acudían muchos peregrinos con cadenas en los pies y entonando antiguas melodías. Todos entonan cantos propios de cada localidad y rezan el rosario, precedidos por las cruces parroquiales, los sacerdotes y los ayuntamientos. En palabras de Ollarra, “la procesión ha sido larga, ruda, medieval, única, de gentes que llevan a la Virgen una fe enorme -con su nombre en los labios morirán- y un montón de cosas que pedirle”[125].
Tras el rezo del rosario y un responso cantado por todos, alzan las cruces y cual torrente se derraman los romeros en fervorosa catarata en un adiós clamoroso. “Adiós, Reina del Cielo / Madre del Salvador. / Adiós Madre adorada / Adiós, adiós, adiós. / De tu divino rostro / la belleza al dejar, / permíteme que vuelva / tus plantas a besar”. Los cantos se interrumpen con vivas a la Virgen de Ujué, a la religión, al Santo Padre. “Adiós, hasta el año que viene”, “Si no vengo aquí, será porque te estoy viendo en el cielo”, “Adiós, majica”, le dicen familiarmente mirándola por última vez[126].
El calendario de las romerías es el siguiente: el domingo anterior a san Marcos (25 de abril) está protagonizada por los vecinos de Peralta[127] y Funes (estos desde 2015). El domingo siguiente a san Marcos acuden al santuario los vecinos de Beire, Murillo el Cuende, Murillo el Fruto, Pitillas, Santacara y Tafalla. Los Doce Apóstoles de Tafalla caminan hasta Ujué la noche del 30 de abril al 1 de mayo. Los peregrinos de Carcastillo, Figarol y Mélida acuden también el segundo domingo posterior a san Marcos, junto con los de Olite, aunque marchan separados en el último tramo desde el crucero. Los vecinos de Eslava marchan a Ujué el sábado cercano a san Isidro. El domingo siguiente a san Isidro son los vecinos de Aibar y Ayesa, los que caminan hasta Ujué. Los feligreses de Gallipienzo acuden el domingo siguiente al 20 de mayo; el domingo siguiente al 21 de mayo pueden coincidir también con los romeros de Lerga. El domingo de la Ascensión es el día que van los vecinos de San Martín de Unx desde hace más de trescientos años (anteriormente solo marchaban los hombres en número de 33 miembros en recuerdo a la edad de Cristo), van entunicados (con “hábitos”) y con las cruces penitenciales, rezando las tres partes del rosario (“rosario de la aurora”) e intercalando cánticos dedicados a la Virgen. La salida tradicional se realiza a partir de las 3:00 de la mañana desde Santa María del Pópulo, para llegar a las cinco a la misa del alba. La romería actual es mixta. La Hermandad del Apostolado de Olite mantiene la tradición, iniciada en 1886, de acudir a Ujué en la noche de Pentecostés (a la 1 de la madrugada desde la parroquia de San Pedro). Los romeros de Pueyo acuden en el día segundo de la Pascua de Pentecostés. Los de Barasoain terminan el ciclo el domingo de la Santísima Trinidad. Los de Peralta también se han sumado en romería que celebran el domingo anterior a san Marcos[128].
Los motivos por los que se acude en peregrinación a la Virgen de Ujué son varios, por agradecer la salud, pedirle perdón, seguir la tradición de padres a hijos, que heredan de sus padres las cruces, el reencuentro con los amigos, y pedir su amparo ante inseguridad de los cultivos. “¡Virgen de Ujué, danos agua!”, gritan los labradores.
Romería de los “Doce Apóstoles» de Tafalla. Los miembros de la “Hermandad del Apostolado y Esclavos de Nuestra Señora” de Ujué”, fundada en 1607, hacen su camino a Ujué de noche. Están obligados individualmente a hacer la romería por diez años consecutivos. Además, deben concurrir todos los hermanos, así activos como jubilados, con hachas a las procesiones de Semana Santa. Doce de los activos se vestirán la túnica para llevar el paso de la Cena y el Santo Sepulcro. Cuando cae alguno de ellos enfermo, se le vela, se le socorre si se haya necesitado; se le encomienda a Dios mandando celebrar una misa delante del Crucificado, y, fallecido, se le ofrecen sufragios. Todos los hermanos deben comulgar varios días de fiesta al año, que ya se indican en el reglamento[129]. La romería de los Doce Apóstoles es en la noche del 30 de abril al 1º de mayo. Media hora antes de las doce de la noche del 30 de abril, doce hombres, cubiertos con túnicas y capillos negros, portando farolillo y báculo, se dan cita en la iglesia de Santa María de Tafalla. Al sonar la primera campanada que inicia el día, rezan el acto de contrición y salen de la iglesia guiados en silencio por el capellán de la Hermanad del Apostolado. Son 16 los que reglamentariamente deben marchar, aunque siempre les acompaña algún hermano jubilado. “Al regreso rezan tres rosarios y varios responsos; preside un mayordomo y al hermano que se encarga de los avisos se le llama andador, término que recuerda la antigüedad de esta hermandad”, según Cabezudo Astrain[130].
Romería de la Parroquia de Santa María de Olite. La Parroquia de Santa María organiza su propia romería el domingo siguiente a san Marcos, aglutinando a la mayoría de los olitenses, coincidiendo en el día de la partida de los de Tafalla. Explica Carmen Jusué esta romería en un pasado no tan lejano[131]: “De víspera había volteo de campanas y cohetes. Al día siguiente, a las 5:00 de la mañana, había de nuevo un gran volteo de campanas para despertar a los peregrinos, seguido de una misa al llegar a la Cruz enfrente de Ujué, donde se organizaba la procesión con los romeros de las localidades circundantes (Carcastillo, Figarol, Mélida Beire, Pitillas, Murillete, Murillo el Fruto, Carcastillo y también los de Tafalla). Los romeros de Olite van en penúltimo lugar, seguidos por los de Tafalla, que son los que abren y cierran la procesión. Siempre ha sido costumbre que fueran vestidos de romeros con túnica y capuchón negros. En Olite no era muy frecuente llevar cruces o cadenas, como en otros pueblos, sino que todos iban con una “vara“ o con paraguas, aunque siempre hay casos de personas que llevan cruces pesadas (era famosa la de Juanito Miguel de 33 kilos), o bien cadenas. Al llegar la procesión al Santuario, cada pueblo canta su canción ante la Virgen. Los de Olite cantan: “A la Virgen milenaria / a quien Reyes veneraron / y el corazón le dejaron / como prueba de su fe / venimos hoy los navarros / henchidos de devoción / a cantar esta canción / ¡Viva la Virgen de Ujué!”. También cantan: “Reina la más hermosa / Virgen bendita de Ujué / eres de la Ribera / testigo de ardiente fe (bis )/ /Desde lo alto de la montaña / donde tu trono entre roca está / eres María de la Ribera / dulce Patrona, Madre sin par (bis) // Y en este día en que celebramos/tu excelsa fiesta Virgen de Ujué / déjanos pedirte que se conserve / en nuestras almas siempre la fe (bis)”. Después se celebra la misa mayor siempre presidida por el ayuntamiento de Tafalla, actualmente oficiada por el obispo de Pamplona. A continuación, y mientras transcurre la misa de los auroros de Tafalla, la gente recorría el pueblo y compraba recuerdos como las famosas almendras de Ujué, martillos y “virgenicas” de dulce. Ya llegada la hora de comer cada cual comía su companaje (lo habitual carne albardada y naranja). Una vez finalizada la comida se acudía al Santuario y se cantaba a la Virgen la Salve Regina y se volvía a cantar en la Cruz, de donde se emprendía el regreso. Cerca del pueblo se organizaba la procesión en una fila (previamente habían salido los curas y los chicos con faroles a esperar a los romeros) y los acompañantes a los lados. Se rezaba la letanía de los santos. Al llegar a Santa María, se terminaba la letanía, se rezaba un responso, y el sacerdote acababa con un sermón”. En 1990 anotaba la etnógrafa: “Actualmente la mayor parte de los peregrinos no van andando, únicamente unos cuantos. Casi toda la gente va en coche, oye misa y se vuelven a casa. Son pocas las personas que se quedan a comer y muchas menos las que vuelven andando. En Olite se ha perdido casi la costumbre de ir vestido de romero, mientras que en otros pueblos como Tafalla, estas costumbres se están potenciando cada vez más”.
Romería de los “Doce Apóstoles de Olite”. Participan en ella exclusivamente los miembros de la Hermandad del Apostolado de Olite desde 1883. Alberto Galdona la describía así en 2021[132]: “A las 12:30 de la noche del domingo de Pentecostés, la hermandad se reúne en la entrada de la iglesia de San Pedro. Se colocan las túnicas en la calle, y así entran en el templo. El prior de la hermandad, Javier Ignacio Sola, también párroco de Olite, les recibe a la entrada. Acceden en fila de a uno, por riguroso orden de antigüedad en la hermandad. Se colocan en los bancos, uno tras otro, junto al pasillo central. Dirigen a la Virgen la misma canción que los romeros de Santa María, a la que le añaden: “Cantad valientes hijos de San Pedro / cantad a la Virgen, con fe y devoción…“El prior reza un responso y bendice los faroles y las varas de los nuevos hermanos. Los romeros se despiden de sus familiares en la llamada Fuente del Chorrón, e inician el camino hacia San Martín de Unx. A las 3:00 de la mañana hacen su paso por el cruce y entran en la carretera de Sangüesa hasta llegar al puente de Ujué, pasados 10 minutos. Allí realizan la primera parada. Toman algo de agua y fruta, y encaran, a continuación, la subida al crucero de Ujué. Lo alcanzan a las 4:20, con la silueta de la fortaleza de Ujué en el horizonte. El último tramo es el de más recogimiento. Son algo más de 900 m para llegar a la Virgen, y en cuya basílica el párroco les aguarda para la misa. Después del rito, desayunan en el mesón, abierto para la hermandad, un desayuno que reparten los propios hermanos. Los hermanos preparan la vuelta a casa. Antes de llegar, dos últimas paradas. Una, para el almuerzo, que celebran en la Cabaña de Badarán. El menú consta de menestra de verduras y costillas, y de postre, leche frita. Este almuerzo es una tradición relativamente nueva. Anteriormente, se hacía a base de un cordero asado en el horno de pan de Olite. La última parada es en el Huerto del Hermano, a la entrada de Olite. Los hermanos van llegando. Se asean y descalzan. Otra de las tradiciones es entrar descalzo hasta la iglesia de Santa María de Olite. Los hermanos se colocan en fila de a uno, menos el que lleva la bandera. Con las campanadas de los cuartos de la una, realizan la marcha hasta el templo olitense. En este caso, el prior, José Ignacio, les esperaba en la entrada del castillo para realizar junto a ellos los últimos 200 m. En la iglesia de Santa María el aforo está limitado y controlado, pero el paso de la hermandad por las calles congrega a familiares y a visitantes que pasan el día en Olite. Una vez en una iglesia, los hermanos se colocan en el altar con una cesta de mimbre y 26 hogazas de pan bendecidas en el centro. Rezan a la Virgen para finalizar con unas palabras del prior, y el reparto de los panes al cuidado de los dos cargos de la hermandad: el secretario, Javier Vidaurre y el mayordomo, Javier Ulibarrena, el hermano con más antigüedad”.
Romería a la Virgen del Yugo, en Arguedas
Concentra a los romeros de Arguedas, Valtierra, Cadreita, Mélida, Milagro, Carcastillo, Figarol, Rada y Tudela.
La leyenda de la aparición de la Virgen sitúa este hecho hacia el año 1189. Bajo el ardiente sol de las Bardenas, escribe Dolores Baleztena[133], un pobre labrador, cojo de nacimiento, araba sus tierras. Sintiéndose cansado de tanto trabajar, y después de haber comido, se tumbó a sestear debajo de un pino. Soltó la yunta de bueyes y dejó colgando del árbol el yugo. Luego de echarse una buena siesta, quiso de nuevo ponerse al trabajo y al ir a descolgar el yugo, quedó maravillado al ver sobre el pino una imagen de María Santísima. Lleno de gozo corrió al pueblo a contar lo sucedido, pero se burlaron de él, y sin hacerle ningún caso, le dijeron que estaba loco. El pobre se volvió muy triste al campo y arrodillándose ante la Virgen, le pidió le indicara lo que tenía que hacer para que le creyesen y vinieran todos a adorarla. Mientras rezaba, sintió unos calambres terribles en la pierna mala, y al ponerse en pie, vio que su cojera había desaparecido, dando por seguro que esa era la prueba por la que había suplicado. Más que corriendo voló al pueblo a mostrarse a todos los vecinos sano de su padecimiento. Ante tan patente milagro, creyeron, porque vieron, como Santo Tomás. Y emocionados y felices constataron la presencia prodigiosa de la imagen. La llevaron con todo honor a la parroquia, hasta poder levantarle un templo a ella dedicado.
Hubo en él gran número de exvotos ofrecidos a la Virgen por sus curaciones, pero de ellos sólo han quedado dos. Uno cuenta la curación de la mujer del arguedano Esteban de Cegama, en 1696, y el otro la sanación de un cazador en 1719.
En el pasado también los devotos de la Virgen del Yugo le han pedido agua para sus campos, además de protección contra el cólera y en tiempos de guerra[134].
Las fechas de la romería tradicionales han sido el 25 de marzo festividad de la Anunciación y el 8 de septiembre la Natividad. La primera ha sido trasladada al lunes de Pascua de Resurrección y la segunda al primer domingo de septiembre. La celebración del lunes de Pascua reúne a feligreses de Arguedas, Cadreita, Mélida y Rada, llegan también vecinos desde Tudela, Milagro, Figarol y Carcastillo. Mélida y Caparroso han tenido fechas independientes.
El himno a la Virgen del Yugo se cantó hasta el año 1949[135], en que fue sustituido por nuevas letrillas entonadas con la melodía del Ave María de Lourdes. Las de aquella época decían así: “Como el Iris, en los cielos, / aparece toda bella, / esa cándida azucena, / esa Virgen, sin igual // Ya tenemos quien aplaque / del Eterno la justicia / y quien siempre oiga propicia / los clamores del mortal. // Pues sois vos, mi Madre, / Madre clementísima / ¡Oh, Virgen del Yugo! / miradme propicia; / tus ojos son fuente, / de gracia infinita / que vierten al alma / la luz y la vida. // Volved a nosotros, / volveos benigna, / sin Vos, perecemos, / salvadnos, María”.
En la actualidad se cantan estos gozos: “Sois de Dios, paloma bella, / de cielo y tierra dulzura; / sed del Yugo, Virgen Pura, / de mi navecilla estrella”. “Lirio del valle gentil , / de Jericó linda rosa, / palma de Codés graciosa, / torre de blanco marfil, / de Israel princesa bella, / de Arguedas prenda segura; / sed del Yugo Virgen pura, / de mi navecilla estrella”[136].
Romería a la Virgen del Puy, en Estella
La aparición de la Virgen del Puy tuvo lugar el 25 de mayo de 1085, en la montaña sobre el pueblo de Lizarrara o Lizarra, cuya iglesia era San Pedro, según la tradición popular., recogida por Pérez Ollo y Navallas[137]. Unos pastores de Abárzuza apacentaban su ganado en este pequeño montículo cubierto de matorrales, donde hoy se eleva la basílica, y contemplaron el descenso de luces del cielo, en forma de estrellas, a lo largo de varias noches, en el lugar donde había sido enterrada una imagen de la Virgen, tras la conquista de la península por los moros. Los versos de la aurora se refieren a su aparición: “Entre zarzas, espinos y abrojos, / en el Puy la Virgen se apareció / y hoy Estella la venera y se postra de hinojos / rindiendo culto de veneración. // Cantando con gran devoción / el santo, santo rosario vamos todos a rezar, / porque la aurora viene y nos viene a alumbrar”[138].
Navallas[139] recoge en su libro Ermitas de Navarra las vicisitudes que atraviesa la celebración de esta romería en Estella-ciudad, para explicarnos que han sido las trece barriadas las que hacían su romería en fechas siguientes a la Pascua Florida. Se nombraba un prior por barrio y era el encargado de hacer la recolecta para sufragar los gastos de la doble romería. A las 6:30 de la tarde sonaba el tambor del Ayuntamiento en casa del prior para iniciar la subida al Puy y cantar la salve. Posteriormente, se encendía una hoguera y repartía queso, pan y vino; a golpe de tambor descendían a su barrio. Al día siguiente, se repetía el ceremonial, y la comitiva acudía hasta la casa del nuevo prior, nombrado por el saliente, para acudir después a misa.
Algunos barrios mantienen hoy la romería los sábados y domingos de mayo, pero sin hoguera ni tambor. También han sido tradicionales las romerías de los gremios. En la actualidad, únicamente es la calle de Puy la que mantiene una celebración particular.
El programa de romerías actual comienza el 1 de mayo con la visita de las poblaciones de Villatuerta (Estella oriental) y Arandigoyen (Yerri). El origen de esta romería se remonta al siglo XVII. El encuentro entre los alcaldes de Villatuerta y Estella ha ido modificándose con el paso del tiempo. Antiguamente, el intercambio de las respectivas varas, representativas de su autoridad, se hacían en el Alto del Moro, situado en la muga de las dos poblaciones, y desde allí marchaban conjuntamente hasta la basílica. En 2018, para recuperar la participación popular, se trasladó el encuentro a la plaza de San Martín, lugar en el que estaba situado el antiguo ayuntamiento. Son recibidos por el grupo de danzas, y la asociación de vecinos del barrio de San Pedro reparte pastas, café y moscatel a los acompañantes. Desde allí marchan conjuntamente hasta el Puy, para la celebración de la Santa Misa.
El primer domingo de mayo se congregan los vecinos del valle de Allín. En la celebración de la Eucaristía se ofrece una vela iluminada, como representación de los nueve confirmados de 2018, los frutos del campo, especialmente espárragos, las flores tradicionales del mes de mayo, y el pan y vino para la ceremonia. Interviene en la Eucaristía al coro del Valle de Allín, donde también intervienen vecinos de las localidades del concejo de Metauten. La misa finaliza con el himno a la Virgen, que interpretan de pie, mirando a su imagen: “Virgen del Puy bendita, escucha mi oración, no me abandones nunca, dame tu protección”. Maite Mauleón recoge un cántico diferente que ya no se canta y que dice así: “Por Reina y por Patrona / que aclama la ciudad, / te adora toda Estella / en tu sagrado altar. // ¡Oh!, madre de esperanza / y venturosa paz. // Tú elevas las plegarias / al Padre Celestial / Tú que oyes cariñosa / la voz de la ciudad, / te pide confiada / bendiciones y paz. // A Ti nos acogemos, / sagrada Virgen del Puy / que no nos apartemos / un momento de Ti. // Por Reina y por Patrona / te aclama la ciudad, / te adora toda Estella / en tu sagrado altar”[140].
El tercer domingo de mayo corresponde peregrinar a Bearin, Eraul, Muruarren y Zábal.
La festividad de la Virgen del Puy, el 25 de mayo, se celebra en Estella con una sucesión de misas a lo largo de todo el día y son los auroros quienes homenajean a la Virgen con sus cánticos. La misa se oficia a las 11 horas y puede considerarse que tiene carácter de oficialidad a la que acuden los representantes municipales presididos por su alcalde. La comitiva está presidida por la bandera de la ciudad y marchan también los dantzaris, gaiteros y banda municipal.
El sábado anterior a Pentecostés marchan los vecinos de Abárzuza en la peregrinación más numerosa de todas. El canto de la aurora antecede la salida de los romeros a las nueve de la mañana, presidida por las autoridades, el mayordomo, que porta el pendón, y la mayordoma, que lleva el escapulario y el farol. El Alto del Muro y Bearin son dos puntos en los que se detienen los romeros para entonar los cánticos. A las 11 comienza la misa con ofrecimiento de los primeros frutos y posteriormente el almuerzo con tortilla de “perrechicos” y las “pasticas de la Virgen”, con vino ofrecido por el Ayuntamiento. En el retorno, rezo en la iglesia de Bearin y parada en lo alto, para tomar un refrigerio[141].
Devoción a la Virgen del Pilar
La vinculación histórica de Navarra y el Pilar tiene su origen en la Baja Edad Media. La reina Doña Blanca se sintió enferma perdiendo el habla y el conocimiento e invocó a la Virgen del Pilar que le respondió: “Sirvienta mía, doña Blanca, arrimadvos a aqueste pilar mío e habréis salud”. Al instante la Reina recuperó el habla y la consciencia. En agradecimiento, la Reina, acompañada por el Príncipe de Viana, peregrinó a la basílica de Zaragoza del 13 de julio al 10 de setiembre de 1433, tal como consta en el Libro de los Milagros del siglo XIV. Con ocasión de su peregrinación, la reina de Navarra también fundó una cofradía u orden caballeresca (“A Ti me arrimo”), con sede actual en su Capilla de la Iglesia de San Nicolás de Pamplona.
Su devoción ha tenido también un gran recorrido en Navarra, como lo atestigua el número de capillas, ermitas, cofradías, imágenes o retablos a Ella dedicados. Así, hay que mencionar las poblaciones de Tudela, Sangüesa, Tafalla, Falces, Arróniz, Lerín, Azagra, Murchante, Cortes, valle de Aranguren, Lekunberri, Gartzain, Navascués, Otiñano, Oskia, Ziga, Artajona, Santacara, Lakuntza, Cascante, Valtierra, Cirauqui, Maya, Viana, Estella, Urroz-Villa, Corella, Puente la Reina, Pamplona…
Actualmente se conservan ermitas bajo la advocación de la Virgen del Pilar en lugares tan distantes en la geografía como el valle de Baztán (Gartzain, Maya y Ziga), la Burunda (Iturmendi), Larraun (Lekunberri), Guesálaz (Garisoain), Bajo Alhama (Cascante) y Tudela, poblaciones tanto vascoparlantes como castellanohablantes, sin distinción.
De todas ellas elegiremos algunos ejemplos.
Lekunberri (Valle de Larraun)
La celebración de la santa misa en castellano cambia a euskera después de la consagración, durante la cual suena la campana de la ermita, sustituyendo las campanillas manuales. Los cánticos alternan también las dos lenguas, “Juntos, como hermanos, miembros de una iglesia” y “Agur, Jesusen Ama”, (“Adiós Madre de Jesús”), entre otros. Con el tradicional himno a la Virgen del Pilar, finaliza la Eucaristía: “Virgen Santa, Madre mía / Luz hermosa, claro día / que la Tierra Aragonesa / te dignaste visitar. / Este pueblo que te adora / de tu amor favor implora / y te aclama y te bendice / abrazado a tu Pilar”[142].
Oskia (Atondo)
La reconstrucción de la ermita data de 1570, siendo Pedro de Atondo e Irigoyen abad de Atondo, pero la financiación fue a cargo de Pedro de Amaolea, armero vecino de la ciudad de Zaragoza, que, al pasar enfermo el puerto de Oskia, invocó, como aragonés que era, a la Virgen del Pilar y formuló promesa de poner su imagen en el paraje, si curaba, y sanó de manera sorprendente. Agradecido, además del dinero necesario, proveyó a la ermita de numerosas bulas romanas y perpetuas, según relata Pérez Ollo (2003, 249).
Garisoain (Valle de Guesálaz)
El 12 de octubre tiene rango de primera clase en el calendario popular. Continúa en pie la costumbre de hacer hoguera delante del templo, la víspera por la noche; antiguamente, los mozos disparaban cohetes, bandeaban la campana y amenizaban la velada con música. Ese día se dan cita en el pueblo los vecinos residentes fuera, convocados por el cimbalillo de la ermita, por la caza de los montes y el calor de la convivencia[143].
Urzante
Se mantiene la romería el 12 de octubre al cabezo de Urzante, en Cascante, aún con tiempo desapacible para combatir el cual se ofrece a los asistentes pastas y mistela. Acuden los devotos de Murchante y Cascante.
Nuestra Señora de Arquijas
Mantiene su influencia sobre la comarca del Alto Ega (Zúñiga), La Berrueza (Acedo), valle de Lana (Galbarra) y muga con Álava (Santa Cruz de Campezo).
El último domingo de junio acuden los vecinos de Acedo a la ermita de la Virgen de Arquijas, situada en un pequeño montículo a poco más de 2 km de Zúñiga. El edificio fue construido en siglo XIII, de estilo protogótico cisterciense. Es ermita compartida con la población alavesa de Santa Cruz de Campezo, que acude el domingo siguiente a su festividad, el 24 de septiembre. Los feligreses de Zúñiga lo hacen el último domingo de mayo; Gastiáin (del valle de Lana) marcha el sábado siguiente a San Marcos[144].
Nuestra Señora de los Remedios
La Virgen de los Remedios, también conocida como Virgen de Gracia y del Buen Remedio, es una advocación mariana venerada desde finales del siglo XV, muy extendida en Navarra, desde Etxarri-Aranatz en la Burunda al valle de Etxauri (Etxauri pueblo), cendea de Galar (Esparza), Valdorba (Orisoain), piedemonte de Montejurra (Arróniz), Luquin (con iglesia y culto que atrae a fieles de Arellano, Barbarin y Urbiola con motivo del rezo su novena), y Cárcar (a cuyo culto asisten romeros de Andosilla, Lerín, San Adrián, si bien a la Santísima Virgen le dan el sobrenombre “de la Gracia o Nuestra Señora de Gracia”, considerada anteriormente).
Cuenta Luqin, en el piedemonte de Montejurra, con iglesia compartida en lo devocional con la imagen de la Virgen del Milagro, ambas presentes en el retablo mayor barroco como cotitulares del templo. Esta situación no parece incomodar a los fieles, pues el canto popular recuerda: “Dos santas tenemos / las dos una son / porque solo es una / la Madre de Dios”. En el pasado, los limosneros a su cargo se desplazaban a postular por tierras alavesas de Lanciego, Alcanadre, Salvatierra, Laguardia y hasta Vitoria, y, por tierras navarras, a la Berrueza, Valdega, la Solana, Etxauri, Yerri, Orba, Arakil y pueblos como Lerín, Peralta, Artajona, Andosilla, Sesma, Cárcar, Lodosa, Falces, Milagro, Valtierra y Mañeru. Esto hizo que su culto se difundiera, a lo que ayudaron las estampas y grabados que se editaron y divulgaron por Álava, las dos Castillas, Aragón y Navarra. Así mismo los beneficiados por sus milagros contribuyeron agradecidos con sus exvotos[145].
Les acompaña a ambas Señoras una leyenda reseñada en una poesía escrita en 1868 en que las imágenes de ambas Vírgenes fueron encontradas enterradas bajo dos losas de piedra en un campo cercano a Luquin por un honrado vecino, que fue eclipsado por la luz que emanaba del interior donde estaban depositadas. “Era un día de grata memoria / y de mayo el simbólico mes / en que el campo se viste de flores / alfombrando la vega a través. / Un honrado vecino se hallaba / trabajando su hermosa heredad, / cuando ve que su arado tropieza / entre losas que ignora, allí estar. / De las manos de un noble criado / toma ufano el pesado azadón, / y rompiendo la tierra afanoso / latir siente su fiel corazón … / asombrados quedaron sus ojos / al mirar de la Virgen la faz / en las dos poderosas efigies / que auguraban la dicha y la paz…”. Las imágenes de la Virgen de los Remedios y de la Virgen del Milagro, son trasladadas a la parroquia para el rezo de la novena que finaliza con una misa y posterior procesión hasta su sede habitual en la ermita[146].
Nuestra Señora de los Remedios de Arróniz recibe el nombre de Virgen de Mendía, por el término elevado en el que se halla emplazada. Por san Gregorio, el 9 de mayo, fecha en que se celebra la bendición de los campos, sube el ayuntamiento con tambor y hay la costumbre de rociar con el agua del Ostiense los oídos de los sordos, y el 8 de septiembre, Natividad de Nuestra Señora. Desaparecida la ermita de la Santa Cruz, las mujeres que acuden a la de la Virgen de los Remedios suelen rezar un credo mirando al lugar donde aquella estuvo[147].
Nuestra Señora del Patrocinio
Su sede de Milagro, en la Ribera del Arga-Aragón, es más que una ermita, mereciendo por su prestancia más la categoría de basílica, notable por su antigüedad y magnificencia de estilo barroco.
La devoción fue impulsada hace más de trescientos años por los roncaleses con motivo de la trashumancia de sus ganados y el transporte de la madera en almadías por el río Ebro próximo, teniendo que ver en ello los originarios de Uztárroz, que probablemente extenderían la devoción a la Virgen del Patrocinio. El libro de la novena a la Virgen, editado en 1911, explica el procedimiento para recabar fondos con objeto de dar brillantez a las celebraciones en su basílica, consistente en la suelta de un cochinillo por las calles de Milagro, al que llamaron “el cuto de la Virgen“, con la oreja cortada y un collar para reconocimiento público, suelta que duraba desde junio a febrero del año siguiente. Esta práctica se mantuvo hasta mediada la década de 1960. Los vecinos facilitaban su alimentación y descanso hasta que el engorde apropiado hubiera culminado antes del sorteo del mismo. En 1963 fueron recaudadas 14.080 pts. en el sorteo del cerdo[148].
La romería se celebra el segundo domingo de noviembre. El sábado anterior se traslada la imagen a la parroquia. A los nueve días se devuelve o “baja” a la basílica. El día de la fiesta es el señalado para la tradicional rifa del “cutico” de la Virgen[149].
En Uztárroz, era tradición cantar a la Virgen del Patrocinio un himno con la melodía del canto a la Virgen de Muskilda, de Ochagavía, pero con otra letra, el primer domingo de noviembre, rogando a la Virgen por la protección a los pastores que en esas fechas partían con los rebaños hacia la Ribera del Ebro, así como el 2 de julio en agradecimiento por au regreso.
Virgen del Camino
Se han conservado ermitas con su advocación en Monteagudo (Ribera del Ebro), Iturgoyen y Arguiñano (Guesálaz), Badostáin (Egüés), Arribe (Leitzarán), Villanueva (Yerri) y Burgui (Roncal).
Monteagudo
La pequeña imagen de la Virgen del Camino, colocada en el camarín que preside el templo, es de estilo románico y su talla coincide en el tiempo con la fecha a la que se atribuye su aparición en 1114. El relato de su leyenda por Jimeno Jurío es similar al encuentro de imágenes marianas en otros lugares de Navarra, escondidas durante el periodo de las invasiones agarenas. Varios resplandores nocturnos localizados en el pequeño monte de Itura, cerca de Malón, en Zaragoza, animaron a los vecinos de Monteagudo a visitar el lugar y descubrir así una imagen de la Virgen, de la que salían músicas celestiales, medio oculta en un zarzal. Fue trasladada a la iglesia de la localidad, pero la imagen regresó en dos ocasiones no al lugar donde fue encontrada sino junto al camino de Tarazona. Allí donde fue encontrada por primera vez se edificó una ermitica que luego fue transformada en santuario a raíz de un suceso acaecido hacia 1530: aconteció que, al abrir una sepultura en el cementerio antiguo, los trabajadores toparon con una fuente subterránea. Uno de ellos llevó agua y barro a casa para un hijo tísico, frenético y desahuciado. “Sanó con el agua, y el barro le curó una quebradura. La noticia corrió, llegaron los devotos, se multiplicaron los casos portentosos, creció una basílica digna, con casa para el capellán y hospedería para los visitantes. El 21 de septiembre de 1911, centenario de las apariciones, fue inaugurado un pilar de piedra junto al monte Itura. Cuando pasan los devotos, acostumbran a depositar a sus pies pequeñas piedras, besadas previamente[150].
Nuestra Señora del Rosario
El segundo día de Pentecostés todos los pueblos del valle de Elorz -Zabalegui, Elorz, Guerendiain, Imárcoain, Noain, Óriz, Otano, Torres de Elorz, Yárnoz y Zulueta- se dirigían al primero de ellos, con ermita de la Virgen del Rosario en Zabalegui, en procesión encabezada con la cruz parroquial y el cura de cada pueblo. Las campanas anunciaban la llegada de todos ellos y a continuación se celebraba un solemne acto religioso. La romería terminaba con la procesión por todo el pueblo de todas las cruces procesionales y la Virgen del Rosario, patrona de Zabalegui y de su cofradía. Con el paso del tiempo esta tradición ha desaparecido. Esta romería se celebraba en octubre, el día 7, mes del Rosario. Estuvo unida a su cofradía (desaparecida en la actualidad) y a las fiestas del pueblo que coincidían en estas fechas. Desaparecida la romería se ha mantenido como fiesta el primer domingo de octubre[151].
También tiene ermita en Muez (valle de Guesálaz) y en Zugarramurdi (Comarca de Baztán).
Nuestra Señora de Nieva o de la Blanca, también llamada Soterraña
Santa María de las Nieves nació de un portento singular cuando el 5 de agosto de 358 cayó en Roma una nevada, que señaló el espacio y la planta que habría de tener la nueva basílica mariana, siendo en la actualidad la basílica de Santa María la Mayor. Arraigada devoción en Navarra, importada por los dominicos, la Virgen de Nieve, de Nievas o de Soterraña, quedó convertida en abogada poderosa contra males y peligros que acechaban al labrador, cuando la trilla estaba en todo su apogeo. Además del pedrisco y del rayo, un peligro mayor amenazaba rastrojeras, pajares, seles, sabayáus y casas -el fuego- castigo que podía dejar sin pan a las familias. Cualquier calamidad hallaba remedio haciendo una novena o llevando la imagen de la Virgen en procesión[152].
Zabaldica
En este pueblo del valle de Esteríbar se le tiene gran devoción como “especial abogada de rayos, centellas, en los partos y toda clase de dolores”. José María Iribarren, en su libro De Pascuas a Ramos, copia de una estampa: “A baldados, tullidos y cojos, / los que sufren grandísimo mal, / si a Tí vuelven con llanto los ojos, / Tú los curas, salud celestial”[153]. Y Gerardo López de Guereñu, en Devoción popular en España a la Virgen Blanca y a Nuestra Señora de las Nieves, trae unas amplias alabanzas, en donde se relatan la curación de tullidos, cojos, heridos de bala, parturientas, cautivos y enfermos de diversas dolencias. Se va el 15 de mayo y el 5 de agosto[154].
Iribarren dice que en la zona de Estella se canta la siguiente copla: “En Lerín está la Blanca / y en Arellano está Uncizu, / en Dicastillo está Nieva, / pero en Allo el Santo Cristo”[155].
Sansoain, de Urraúl Bajo
Los de Sansoain hacían romería a su ermita de Las Nieves tres veces al año: el 3 y el 15 de mayo y uno de los días de las rogativas de la Ascensión. Los hombres llevaban tortilla y las mujeres natilla. Esta costumbre con sentimiento de los vecinos, fue cortada hace unos pocos años, según testimonio de Gregorio Tejada Aranguren, de Sansoain[156].
Su culto está muy repartido por Navarra en Viana, Los Arcos, El Busto, Puente la Reina, todo Valdizarbe (Uterga, Legarda, Muruzábal, Obanos, Tirapu, Enériz), Valtierra, Peralta, Funes, con imágenes en sus parroquias, pues ha contado la Virgen de Soterraña con gran devoción al ser abogada de las buenas cosechas en pueblos con base agrícola.
Santa María de Eunate
La salve a la Virgen de Eunate, en Muruzabal, la cantan el día de San Bartolomé, 24 de agosto, en los funerales de los cofrades y actualmente en las misas de cofradía. Los domingos de mayo también la cantan otros romeros de Valdizarbe. Dice así “Salve, mil veces Reina de Gloria / paz y victoria del que va a ti / misericordia, dulce bonanza / firme esperanza del infeliz. // A ti clamamos, niños, doncellas / nuestras querellas oigan tu voz / tú vas buscando del raudo giro / parte un suspiro del corazón. // Madre clemente, tierna María / acoge pía tú nuestra voz, / que nuestros labios siempre te llamen / que nos inflame siempre tu amor”[157]. Son los vecinos de Adiós los que comienzan la romería el primero de mayo. El último sábado del mes congrega a todos los pueblos del valle (Muruzábal, Adiós, Biurrun, Enériz, Legarda, Obanos, Puente la Reina, Ucar, Uterga); el lunes de Pascua y el 24 de agosto acuden los de Muruzábal; el primer domingo de septiembre lo celebran las personas que llevan el nombre de Eunate y el domingo próximo al 2 de noviembre, los cofrades[158].
La devoción a la Virgen María de los valles pirenaicos
Ya hemos mencionado antes las romerías en loor de la Virgen con ocasión de la Natividad en las ermitas de Zuberoa, en Garde, y de Muskilda, en Ochagavía. Ahora me referiré a otras romerías pirenaicas de importancia en los valles de Salazar y de Roncal.
Nuestra Señora de Arburúa
Nuestra Señora de Arburua, denominada también Virgen de la Peña, desde su origen, está situada sobre la cumbre de su mismo nombre, de unos 1030 m de altitud, en término de Izal, valle de Salazar. En una de las remodelaciones de la iglesia fueron retirados los exvotos, cadenas y velas que estaban colgados en las paredes de la ermita como reconocimiento de las curaciones atribuidas a la gran devoción que los peregrinos han tenido y tienen hacia la Virgen de Arburua. En la actualidad son seis las citas de los romeros. Comienza el ciclo el pueblo de Izal, de manera exclusiva, el 1 de mayo. A las demás convocatorias acuden siete de los pueblos del Quiñón de Atabea, agrupación de pueblos a nivel administrativo: Gallués, Güesa, Iciz, Igal, Izal, Ripalda y Uscarrés. Finaliza el ciclo el sábado que sigue al 14 de septiembre, día de las Exaltación de la Santa Cruz, en la que las siete cruces parroquiales, que han permanecido en la ermita, salen al exterior para acompañar a la Virgen en su procesión.
Antes también debía acudirse a ella el 25 de mayo, el viernes de la semana de la Ascensión y el 8 de septiembre, Natividad de la Virgen.
En la celebración eucarística los mayordomos de cada localidad se sitúan en los primeros bancos con túnicas negras. El cántico de la salve comienza: “Dios te salve, Virgen pura, / Reina del Cielo y la tierra, / Madre de misericordia, de gracia y virtudes llena. // Vida y dulzura, en quien vive / toda la esperanza nuestra, / Dios te salve, a ti llamamos / desterrados hijos de Eva./ A ti, Madre, suspiramos / gimiendo y llorando penas, / en este tan triste valle / de dolores y miserias. // Ea, pues, dulce Señora, / Madre y abogada nuestra, / esos tus piadosos ojos, / a nosotros siempre vuelvas. // Y después de este destierro, / con benignidad nos muestras / a Jesús, fruto bendito, / de tu vientre, hermosa perla. // ¡Oh, clementísima aurora! / ¡Oh, piadosísima estrella! / ¡Oh, dulcísima Patrona! / adorada en cielo y tierra. // Virgen Santa de Arburuua, / por nosotros a Dios ruega / para que seamos dignos / de alcanzar la vida eterna”. La melodía de la Salve a la Virgen de Arburua, está posiblemente inspirada en el planctus gregoriano Stabat Mater con el texto de la secuencia[159].
Los gozos que se recitan son los siguientes[160]:
“Ya que os puso en esta altura, / la providencia del Cielo, // Sed nuestro amparo y consuelo / Virgen Santa de Arburúa. // Del Carmelo vid florida / a esta peña trasplantada, / Vos sois Madre inmaculada / de Jesús, que es nuestra vida / y de todos bendecida / por vuestra dulce ternura. // Sed nuestro amparo… // Arca de la nueva alianza, / que en vuestro seno escondisteis / y nueve meses tuvisteis / de nuestro perdón la fianza, / en Vos, pone su confianza / la villa de Izal, segura, // Sed nuestro amparo…// En bendita y feliz hora, / os mostráis en este monte / para que en este horizonte / brilléis, refulgente aurora, / siendo nuestra conductora / en esta mañana oscura. // Sed nuestro amparo… // Al oír vuestra campana, este Israel acogido, / vuelve su afecto rendido / a Vos, Reina Soberana, / hija de Joaquín y Ana / en Vos la fe es segura. // Sed nuestro amparo y consuelo… // Vuestros devotos cofrades / dicen, que sin cuento son / los prodigios admirables / que hacéis, Hija de Sión, / fecundáis con riegos suaves, / los campos de esta espesura. // Sed nuestro amparo y consuelo… // Si la sequía nos viene/o si llueve en demasía, / vos sois remedio, María, / que nuestro aliento sostiene, / el afligido en Vos tiene / su refugio y su ventura // Sed nuestro amparo y consuelo…// El partido de Atabea / acude a Vos con fe viva, / os invoca en rogativa / y alcanza cuanto desea / como lo que pide sea / para la vida futura. // Sed nuestro amparo y consuelo…// Postrados con reverencia/os rogamos que en la muerte / hagáis feliz nuestra suerte, / con vuestra amable presencia / ¡piedad!, Madre de clemencia, / vida, esperanza y dulzura. // Sed nuestra amparo y consuelo…
Los cantan, siempre que los vecinos de cualquier pueblo del valle de Salazar, celebren misa en la ermita y el primer domingo de junio, llamado “día de las siete cruces”, en que acuden los vecinos de Izal, Gallués, Uscarrés, Igal, Iciz, Güesa y Ripalda, portando cada pueblo la suya.
Maite Mauleon añade también el cántico a la Virgen de Arburúa que es el siguiente: “Reina del Cielo, Virgen María / aleluya, aleluya / enhorabuena, gloria, alegría / aleluya, aleluya. // El que en tu seno, carne le diste / aleluya, aleluya / y entre tus brazos muerto, tuviste / aleluya, aleluya // Resucitado ya nunca muere / aleluya, aleluya / Cristo ha triunfado sobre la muerte. / Aleluya, aleluya. ,// Ruega, señora, por los que ahora / aleluya, aleluya / peregrinamos entre las sombras ./ Aleluya, aleluya”.
Antiguamente era un Regina Coeli, canto pascual a la Virgen, que. en 1988, Jesús Baquedano acopló a esta melodía la letra en castellano que cantan actualmente[161].
En la década de 1960 la romería congregaba a feligreses desde Bigüezal y Aspurz hasta Jaurrieta, Ochagavía e Izalzu y desde poblaciones cercanas de los valles de Urraúl y Romanzado. Primero acudían a la Eucaristía por los difuntos, y, tras el almuerzo, a la solemne misa mayor[162].
José María Iribarren, en su libro De Pascuas a Ramos, 1946, refiriéndose a endemoniados, embrujados y hechizados, dice: “También a la ermita de Nuestra Señora de Arburua, sita en el valle de Salazar y en la cumbre de un monte, acudían hasta hace poco enfermos de este género de los valles de Salazar y Roncal, y hasta de la zona vasco-francesa”[163].
La Virgen de Arburúa además cuenta con su leyenda que, quizás por aproximación geográfica, es parecida a la de Nuestra Señora de Musquilda: un pastor observó que el toro de la manada se ausentaba todas las noches. Intrigado ante el hecho, puso al toro una esquila. Fue a buscarle y se lo encontró de rodillas, con sendas hachas encendidas en los cuernos, bajo un roble donde se hallaba la imagen de la Virgen. El pastor bajó corriendo al pueblo, anunció el prodigio, y todos acudieron a contemplarlo. Esta aparición se consigna en los gozos que hoy se cantan en Garde, y que resultan tan enrevesados como los de Ochagavía: “Esto os descubrió y sonoro / festivo ante vos postrado / con sus dos hachas al lado/ en sus dos astas un toro. / Cierto del caso y tesoro / va todo Garde en un vuelo”[164].
Nuestras Señoras de Idoya y de Arrako
A la primera se acude el lunes de la Pascua de Resurrección y en las rogativas de san Marcos. La leyenda resume brevemente que la imagen de la Virgen fue encontrada junto a una balsa que allí existía cerca de manantial próximo a Isaba, dentro del valle de Roncal.
Los gozos a Nuestra Señora de Idoya se cantan en la novena los sábados de mayo y el primer domingo de julio, “día de las Idoyas“, y el día 15 de agosto, desde que don Julián Cilveti, entonces párroco de Isaba, organizó la romería[165].
Los gozos dicen así:
“Gozoso el Valle del Roncal, / en vuestra esperanza apoya; // Madre de Dios, de Idoya / Roncalesa celestial. // En este valle os plantasteis / del campo, flor olorosa / y con su fragancia, hermosa, / todo el término bañasteis, / desde entonces lo formasteis paraíso terrenal. // Madre de Dios de …// Aunque siempre a ti llamamos / en este valle, señora / no es de lágrimas ahora / de gozo, si la nombramos, / pues cuando a ti suspiramos / el consuelo está puntual. // Madre de Dios, de Idoya…// Cualquiera que humilde viene / con segura confianza, / de vuestro poder alcanza / el favor, si le conviene, / la gracia en Vos es perenne / como copioso el caudal. // Madre de Dios, de Idoya…// Nuestra mísera flaqueza, / a tu amparo siempre corre / por ser de David la torre, / que a todos vence, firmeza / sed pues vuestra fortaleza / contra el medio infernal. // Madre de Dios, de Idoya…// En este valle frondoso, / os colasteis, fértil palma / con que se alimenta el alma, / del fruto más provechoso, / en él, halla su reposo / hasta la gloria inmortal // Madre de Dios, de Idoya…// Sois astro en este horizonte, / hermosa como la luna, / que ilustráis sin mengua alguna, / a este valle y a este monte, / para que el alma se remonte / al comercio celestial. // Madre de Dios, de Idoya…// Todos rindan mil tributos / a la que es Reina de todos / y por diferentes modos, / le alaben, aves y brutos, / las plantas, flores y frutos, / en su idioma natural. // Madre de Dios, de Idoya…// Muy unida y en concordia, / con emulación reverente, / acude a Vos toda gente, / pidiendo misericordia, / líbranos de la discordia / y de la culpa mortal. // Madre de Dios, de Idoya, / Roncalesa celestial”.
Isaba posee también otra ermita dedicada a la Virgen de Arrako, situada en el llano de Belagua a unos 10 km de Isaba y 970 m. de altitud. El himno que en su honor se canta con motivo de la romería el 26 de julio, festividad de Santa Ana, dice así:
“Gloria, gloria, a la Virgen de Arrako izabares, venid a cantar / vuestra Madre amorosa os llama / de su gloria, el himno entonad. // ¡Oh Virgen, pura y sin mancha / de Jesús Madre querida / de nuestros montes, la Reina / entre flores escogida. // Vos, aroma delicado / y celestial hermosura / que de sus nieves de invierno / destaca por su blancura. // Gloria, gloria, a la virgen de Arrako…// Sois la estrella de los valles, / los montes y la pradera / que al caminante diriges / y al pastorcillo recreas / con los rayos refulgentes / entre brisas deliciosas / y tu ternura de Madre / la más dulce y cariñosa. // Gloria, gloria a la Virgen de Arrako / Izabares, ven a cantar; / vuestra madre amorosa os llama / de su gloria, el himno entonad”...[166]
Los roncaleses de Burgui, así como los vecinos de Castillonuevo, en el Almiradío de Navascués, y comarca de Roncal-Salazar, también acuden en romería a la ermita de Nuestra Señora de la Peña, en término de Salvatierra de Esca, en la cercana provincia de Zaragoza. Los castejoneros -este es el gentilicio de los de Castillonuevo- comenzaron a marchar a la ermita el 20 de junio de 1886 como voto por haberse librado de la peste por su intercesión y eso que tienen tres horas de camino hasta llegar a ella.
Devociones marianas de ámbito local
Se incluyen en este apartado aquellas manifestaciones de fe dirigidas a la Madre de Dios con motivo de romerías, novenarios, rogativas y otras oraciones en el marco de ermitas y santuarios que, si bien pueden atraer a fieles de ámbitos externos, sin embargo, centran la devoción en el lugar donde se erigen.
Nuestras Señoras del Villar y de Araceli, en Corella
En esta ciudad de dimensión media pero rico patrimonio histórico-artístico, hay dos santuarios dedicados al culto de la Virgen María en sus advocaciones del Villar y de Araceli
La tradicional romería a la Virgen del Villar se produce el segundo domingo de Pascua Florida. El cuadro colgado en la sacristía rememora la leyenda de la aparición de la Virgen a unos pastores sobre un rosal, en los montes comunes de Argenzón, en el siglo XVI, de ahí que también sea denominada como Virgen de la Rosa. La salve cantada en el ofertorio de la misa, lo recuerda: “Salve, salve, reina de Corella, / salve, salve, Virgen de la Rosa, / salve, salve, salve la Madre de Dios, / salve, salve, salve Virgen del Villar”. Los gozos recuerdan también el lugar de su aparición en la antigua villa de los Villares, desolada en 1534: “Vuestra aparición sagrada, / fue en la villa del Villar, / en el sitio que el lugar, /montes de Argenzón llamaba; / siendo tradición que estaba / tal tesoro, en un rosal, / socorrednos amorosa, / Madre de Dios del Villar”[167].
También se venera en Corella a Nuestra Señora de Araceli, cuya imagen fue descubierta el 10 de diciembre de 1674 bajo el suelo de la ermita de Santa Lucía en el despoblado de Araciel, antiguo poblamiento situado en la Dehesilla, al límite de la Rioja[168], y trasladada a la ermita de Santa Ana, situada junto a la actual fuente de su nombre, en 1676. Su culto creció de la mano de las hijas de Santa Teresa, que se intitularon “camareras de la Virgen de Araceli”. En 2016 se interrumpió en ella el culto permanente, pero anteriormente acudían en romería los corellanos en primavera con su ayuntamiento al frente, lo mismo que hacían camino de Yerga o del Villar y antes de Nuestra Señora de Mismanos[169]. Según el benedictino Gregorio de Argaiz, el origen de la ermita corellana estuvo relacionado con visiones y órdenes del emperador César Augusto y de la sibila Tiburtina. Pretendieron otros haber sido traída la imagen de la Virgen desde Jerusalén, por los discípulos de san Pedro. Araciel tiene la fuerza suficiente para hacer soñar vinculaciones con el “arakelitanos” del itinerario de Antonino Pío, y del obispo Idacio, como pensó Julio Altadill[170]. Jimeno Jurío piensa que la antigua imagen de la Virgen debió ser enterrada hacia 1606 en un hueco de la “piedra natural sobre la que está fundada toda la dicha iglesia”, quizás un sepulcro primitivo, y aquí fue hallada el 10 de diciembre de 1674 por el albañil Francisco de Muro. El templo se había arruinado a fines del siglo XV y el obispo Juan González de Munébrega urgió su reconstrucción en 1566. Pudo ser entonces cuando la imagen fue enterrada[171].
Nuestra Señora de Erkuden, en Alsasua
Como protectora de los beneficios climatológicos, se marchaba a su ermita con frecuencia en rogativa cuando lo requerían las necesidades de los cultivos. Unos sencillos labradores introdujeron en el río la imagen que se venera, durante varios días, convencidos de que llegarían las lluvias con esta práctica, poco habitual, pero que solía realizarse también en otros lugares[172]. Los feligreses de Alsasua acuden el día 2 de julio, festividad de la Visitación de María a Santa Isabel, para celebrar la Eucaristía. Al finalizar, se reza un responso por los difuntos acompañado por el cántico: “Acuérdate de Jesucristo“. A continuación, se traslada la imagen de la Virgen hasta la parroquia para rezar una novena. Hoy se transporta en un vehículo, pero en el pasado acudían los feligreses en procesión encabezados por la cruz parroquial y cantando las letanías y el rosario para retornar con la Virgen de la misma forma hasta la parroquia. Una vez allí, frente su pórtico, comienza el cántico del himno a la Virgen: “A la Virgen de Eerkuden, acudamos con fervor, que en su mano está la lluvia y en su mano tiene el sol”. Las campanas completan con su sonido el acompañamiento de los romeros en la salida y son recibidos al llegar a la ermita con los cohetes festivos de recibimiento, tras una hora de caminata. La celebración eucarística se realiza en el exterior de la ermita. El cántico a la Virgen impregna de sentido a las dos celebraciones: “Ama Birjiña Erkudengoa / elurretako zuria / Esku batian eguzkia ta / Beste eskuan curia / hark guretako gorderik dauka / konbeni zaigun guztia” (”La Madre Virgen de Erkuden, Blanca de las Nieves, en una mano el sol y en la otra la lluvia; Ella guarda para nosotros cuanto nos conviene”)[173].
El almuerzo posterior es un buen momento para degustar los bocadillos de tortillas que llevan los asistentes, y el queso y pan bendecido que reparte la ermitaña; el ayuntamiento ofrece el vino en las tradicionales tacitas de plana”[174].
Nuestra Señora de Arnotegui, en Obanos
La basílica de Nuestra Señora de Arnotegui, también llamada de San Guillermo, está situada en el alto de su mismo nombre a unos 2 km del centro urbano. Sus orígenes se pierden en el siglo XIII. Es un edificio cuya fama surge al amparo de la leyenda de dos hermanos, príncipes de Aquitania, Santa Felicia y San Guillermo, en el siglo XIII, que relata cómo Felicia en su retorno de la peregrinación a Santiago decide dejar de lado las pompas habituales de la corte y se instala en Amocáin (valle de Egüés). Los duques de Aquitania envían en su búsqueda a su hermano Guillermo y ante la negativa de regreso por parte de Felicia y en un arrebato de ira, le clava una daga causándole la muerte. Arrepentido por el fallecimiento de su hermana, decide hacer penitencia de por vida como humilde ermitaño en la ermita de Nuestra Señora de Arnotegui.
A la ermita se accede en dos ocasiones: el segundo domingo de Pascua, con el relicario de San Guillermo, que es un cráneo forrado de plata en 1965, y el penúltimo domingo de septiembre, con la imagen de la Virgen, una copia moderna de aquella talla del siglo XIII. Una vez en el interior de la ermita, la imagen de la Virgen, adornada con flores y los primeros racimos de uva, en honor a su nombre, Virgen de las Viñas, se desmonta de sus andas y coloca en la hornacina central. También la cabeza relicario de San Guillermo queda expuesta en el presbiterio.
En el primer jueves de Pascua, a esta cabeza se le hace pasar mediante un embudo agua y también vino que se les considera así bendecidos, para ser repartidos entre los asistentes ante el claustro de la Parroquia de san Juan Bautista, en Obanos. La Sociedad de Cazadores reparte a los presentes bocadillos de chorizo y de queso, además de pastas para celebrar el momento. Se considera que “agua y vino curan el dolor de cabeza si es bebido por la mañana, y lo pone, si se toma por la tarde”, según dicen.
Los gozos a la Virgen de Arnotegui se cantan durante su novena del mes de septiembre, con la melodía a cuatro voces de Luis de Iruarrizaga, que dicen así: “Madre de amor y consuelo, / Madre de nuestros pesares, / que hoy con tiernos cantares / te da el alma y corazón. // Ojos que vieron tus ojos, / nunca olvidarte pudieron, / tuyos nuestros padres fueron / y sus hijos tuyos son. // Es el canto de tus hijos / aroma de tiernas flores, / el trino de ruiseñores / que raudos vuelan a Ti; / Madre mía, Madre mía, / vuelve tus ojos a mí”[175].
José Goñi Gaztambide publicó en Pregón del otoño de 1965, un trabajo sobre Juan de Undiano, ermitaño de Arnotegui en 1586 con fama de santidad, que fue reformador de los eremitas navarros, por el que se determinó el número de los que habría de tener Navarra -no más de 60- que morarían en otras tantas ermitas[176]. También informó a las autoridades eclesiásticas sobre el estado en que vivían los “solitarios de Cristo” de Córdoba[177]. Los hermanos Estornés le definen como un intelectual escritor de versos en vascuence y poseedor de una biblioteca a tener en cuenta[178].
Santa María de Eguiarte
Eguiarte, caserío del valle de Yerri, a medio camino entre Lácar y Alloz, cuenta con una iglesia dedicada a Santa María, de origen románico e interior barroco. La imagen actual de la Virgen es de estilo hispano-flamenco que no coincide con la que tuvo en la época de su construcción, y de su hallazgo, que recuerdan las estrofas de sus gozos: “Cuando el tosco arado abría, / la tierra dura y pesada, / apareciste cercada, / de una claridad divina,… / Lácar y Alloz anhelantes, / un gran pleito suscitaron, / porque el tesoro encontraron, / entre las mugas lindantes”, pues la iglesia está edificada en la muga de aquellos dos pueblos[179]. Su romería es por la Ascensión, cuarenta días después del Domingo de Resurrección.
Nuestra Señora de Sancho Abarca, en Fustiñana
La aparición o hallazgo de la Virgen se produjo en las proximidades del castillo de Sancho Abarca, de ahí su nombre. Un pastor llamado Ibar, roncalés natural de Garde o Urzainqui, encontró al pie del castillo y sobre una capillita en la roca una imagen de la Virgen “sobre una funda de almohada blanca labrada de negro, cubierta de blanco a modo de pabellón y con una rosa bordada de grana”. Sobre un ladrillo encontró también una vela y once dineros aragoneses, y un cornado navarro, el día 7 de abril de 1569. En su retorno a Fustiñana para comunicar el hallazgo se lo comentó a un cazador de Tauste y juntos volvieron a las ruinas del castillo para venerar la imagen. Cada uno marchó a su lugar de origen y transmitió lo sucedido a las autoridades eclesiásticas. Los de Tauste, que se encontraban celebrando la función de Jueves Santo, organizaron a continuación una procesión para acudir hasta el lugar; también los de Fustiñana promovieron al día siguiente una expedición, compuesta por el vicario bachiller y el alcalde de la villa, acompañados por varios vecinos, para comprobar si la historia contada era cierta. El disgusto de estos últimos fue indescriptible al comprobar que los de Tauste se habían llevado la imagen a su población. Elevaron una queja al arzobispo de Zaragoza y pleitearon por considerar que la imagen había sido encontrada en territorio navarro y tenían por tanto todos los derechos sobre la misma. El arzobispo, no obstante, sentenció a favor de los de Tauste, aduciendo que éstos habían acudido con prontitud y procesionalmente al lugar, y los de Fustiñana lo hicieron al día siguiente enviando una comisión. El hecho de que los de esta población contasen con otra Virgen milagrosa apoyó la tesis a favor de los taustanos”[180].
La romería a la ermita es el primer domingo de setiembre. Asisten también vecinos de Buñuel, Cortes y Fustiñana.
La leyenda muestra una vez más las relaciones que han existido en el pasado entre Roncal y la Ribera del Ebro, en razón a la trashumancia del ganado lanar y el paso de las almadías por el río camino de Tortosa.
Nuestra Señora de Aitziber, en Urdiain
Según Pérez Ollo, Aitziber es, en los mitemas de los gentiles que animan el paraje, ermita construida por aquellos, que jugaban a pelota con piedras redondas (txingas) lanzadas desde Aizaga, lugar de la Burunda, y a cuyas mujeres los romeros veían peinarse en Jentillen laihua, la ventana abierta en el farallón de Layene que cierra por el sur el valle de Sarabe[181]. López Sellés la menciona también como Alcibar[182]. José María Satrústegui nos dice que “en Urdiain las rogativas de San Marcos se hacen en procesión a la ermita de la Virgen de Aitziber. Se celebra misa allí y a continuación se obsequia con pan y vino a los hombres asistentes. Al sacerdote le preparan el desayuno caliente en el caserío cercano de Sarabe. Los tres días anteriores a la Ascensión son también días de rogativas. Uno de los días se va a Aitziber, otro a la ermita de San Pedro y el tercero a la de San Juan. En las dos primeras procesiones el Ayuntamiento reparte pan y vino, con queso, a los hombres que acuden. Ahora -se refiere a 1955- apenas asisten los hombres y lo toman las mujeres. Era obligatoria la asistencia a estas procesiones. Se pasaba lista y cobraban multa a las familias que no tuvieran ningún representante. Esta pena se llamaba ixuna[183].
Virgen de la Nora o Santa María de la Nora, en Sangüesa
En el siglo XVIII se la consideraba “único asilo de los naufragios del río Aragón, siendo el baluarte principal de su orilla, y los lienzos pintados de su iglesia, mudos panegiristas de sus innumerables prodigios“. No anda errado José María Iribarren, en su De Pascua a Ramos, al suponer relacionado el patrocinio con los almadieros y el paso del río en este punto. Pero el origen de este aspecto devocional hay que buscarlo en el hecho de que nuestra Virgen fue originalmente “Del Carmen“, patrona de los marineros, como es bien sabido. “Recientemente pude oír de una señora anciana -explica Jimeno Jurío- una larguísima oración, sarta de relatos milagrosos, como este: “Un marinero subió / a la popa dirigente / y le acometió un desmayo; / cayó a la mar de repente. / Dijo en el aire: Virgen del Carmen, /confesión pido, tu amparo dadme. // Cuando a las aguas llegó, / la hermosa Carmelitana / le recogió con su manto; / su persona quedó sana. / Puso en su pecho su escapulario / la Carmelita como el sagrario”. Las pinturas murales alusivas al patrocinio de la Nora desaparecieron en la feroz riada de la noche del 24 al 25 de septiembre de 1787, que asoló la ciudad, pereciendo ahogados 585 vecinos[184].
Nuestra Señora del Romero, en Cascante
Los actos más importantes de esta basílica han sido trasladados al segundo domingo de septiembre, cuando finaliza el decenario a la Virgen, bajo la advocación de la Asunción. Maite Mauleón recoge dos auroras relativas a la festividad mariana: “¡Oh, romero florido!, que en tu mano está, / tienes la gloria en el Cielo ¡oh!, gloria inmortal / por eso te proclamamos, Madre de nuestra ciudad, / tienes la gloria en el Cielo, guárdanosla / ¡oh! Virgen del Romero, guárdanosla, / la gloria en el Cielo”. Y esta otra compuesta por Bautista Guerra Hernández: “Ya ha rayado el alba / ya ha llegado el día / en que nuestro pecho / contempla alegría, / por eso entonaremos / las glorias de María, / nuestra Madre del Romero / es la flor de esta ciudad, / el consuelo y el amparo, / el refugio y la humildad”[185].
La Virgen que preside el templo, que sale en procesión únicamente cada 25 años, es imagen de vestir y fue realizada en 1700, como el edificio y la galería porticada de 39 arcos que la une a la población[186].
Nuestra Señora del Poyo, en Bargota
Su nombre Poyo (Puy) viene del latín pódium, que significa sitio elevado. Hace referencia a su emplazamiento en una pequeña altura. Respecto a su imagen y santuario, explica Juan Cruz Labeaga, existen dos leyendas de origen desconocido. Se cuenta en la primera las circunstancias que acompañaron a la aparición de la Virgen. Se trata de un plagio literario y piadoso de otras muchas apariciones en las que se da el fenómeno de la traslación de la imagen por no querer permanecer en determinado lugar. La leyenda reproducida en Verdad y Caridad en el año 1924 y firmada por “El solitario de Iranzu“, dice así: “según una tradición, tan pronto como se divulgó el milagroso hallazgo, los habitantes de Viana, conculcando los derechos de los de Bargota, se llevaron la imagen a su ciudad para que ella recibiese el culto y veneración de sus hijos. Pero al Cielo no agradó esta conducta y la bendita imagen volvióse al lugar de la primitiva aparición. Los de Viana no se dieron por vencidos y por segunda vez se la llevaron y por segunda vez la imagen huyó de la ciudad. Se repitieron semejantes tentativas con idéntico resultado, de modo que, vencidos por la evidente voluntad de la Virgen, cedieron con gran contentamiento de los habitantes de Bargota, que desde entonces fueron los custodios fieles de la venerada imagen”. Otra leyenda se refiere a que la Virgen se apareció en un zarzal. Entonces ¿por qué se llama del Poyo?, se pregunta Labeaga, y es por esta circunstancia por lo que en todo tiempo se la haya cubierto de verdes y frescas hojas. También este suceso suena a tópico en las apariciones marianas. Este zarzal existe en una de las paredes laterales de la ermita, teniendo sus raíces adheridas al mismo muro, y lejos de secarse siempre se halla muy lozano, y tantas cuantas veces ha sido cortado ha retoñado. Para la gente sencilla es un zarzal milagroso y extraordinario[187].
Su romería se celebra el domingo siguiente a san Isidro, aunque en otro tiempo lo era en su festividad, 15 de mayo, y en el domingo anterior a la Pascua de Pentecostés.
Los versos de la aurora animan a los vecinos a acudir hasta el santuario: “Hoy al Poyo a pedirle a la Virgen / todo bargotano con fe y devoción / que nos guarde las almas, los frutos, / la paz en el pueblo y cristiana unión, / que nos guarde las almas, los frutos…”[188]
Y esta es una muestra resumida de las muchas advocaciones de la Virgen María presentes en Navarra en la actualidad (unas 139)[189]. Otras 64 se conocen por el lugar al que se peregrina, del que reciben su nombre[190]. Podemos asegurar, pues, que Navarra es “mariana” por los cuatro costados.
Devoción al arcángel San Miguel
Para los cristianos, el arcángel Miguel, jefe de los ejércitos celestiales, es el protector de la Iglesia y abogado del pueblo elegido de Dios, pues según la tradición, tomaría parte en el Juicio final, pesando las almas en una balanza, como así aparece representado en algunos tímpanos de iglesias navarras (la homónima de Estella, por ejemplo). La Iglesia católica lo considera como patrono y protector de la Iglesia universal.
Miguel es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, uno de los ángeles caídos (Apocalipsis 12:7), que, como hemos de reseñar, interviene en la historia de Teodosio de Goñi, primer arquitecto de la iglesia de San Miguel in Excelsis. Por su papel militante, se le reconoce en el arte, también en el navarro, como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón.
Navarra, a lo largo de su historia, ha demostrado tener una gran devoción al Arcángel San Miguel, lo que se constata a través de un altísimo número de parroquias, monasterios, ermitas, retablos e imágenes dedicadas a su culto, que suman más de 320 referencias directas[191].
Navarra cuenta con 56 parroquias dedicadas a San Miguel Arcángel, extendidas por todo su territorio y dos basílicas, además del santuario de San Miguel de Excelsis, del monte Aralar. En otras 20 parroquias o iglesias existe un retablo dedicado a San Miguel, y en 140 iglesias más se venera una imagen del santo Arcángel. Además de las citadas, se constatan 20 parroquias o iglesias que cuentan con retablo dedicado a San Miguel. En otras 140 iglesias navarras existen efigies de San Miguel Arcángel[192].
Fernando Pérez Ollo, en su libro Ermitas de Navarra, cita referencias de hasta un total de 110 ermitas a lo largo de la historia, de las cuales unas siguen en uso, otras sin culto o derruidas y de otras sólo queda su recuerdo del lugar en que se levantaron. Se mantiene el recuerdo de otras 64 antiguas ermitas de San Miguel, a través de documentación histórica, de imágenes guardadas ahora en otros templos o de topónimos en otras localidades que van desde Valcarlos a Tudela, o de Acedo a Petilla de Aragón[193].
Dos son los santuarios dedicados al Arcángel San Miguel, que ahora trataremos individualmente: San Miguel de Excelsis, en lo alto del monte Aralar, y San Miguel, sobre el de Izaga.
San Miguel de Aralar
La devoción a San Miguel Arcángel, bajo la advocación del ángel de Aralar, gozó en su santuario, desde la Edad Media, de la predilección y protección de los reyes y nobles. Un hecho recogido en el Libro de los Milagros de San Miguel, y que la tradición sitúa a finales de siglo XI, relata que don Pedro I de Aragón y de Navarra (1090-1091)[194] padecía una grave enfermedad que le llevó inicialmente a Roma y Salerno para implorar por su curación, que resultó infructuosa. En su retorno ascendió penitencialmente a San Miguel y quedó sanado. Este milagro aumentó notablemente el prestigio de Aralar convirtiéndolo en uno de los santuarios religiosos más visitados del reino, gracias en gran parte a la devoción extendida a través de la Santa Cofradía de San Miguel, fundada en el siglo XII, por medio de sus hermanos y heredades[195].
La existencia de este santuario está ligada a la leyenda de Teodosio de Goñi, recogida por el padre capuchino Tomás de Burgui, hecho que se sitúa en el siglo VIII, que después ha estudiado al detalle Julio Caro Baroja, la han descrito Dolores Baleztena-Miguel Ángel Astiz, y José Luis Larrión la desmenuza en tono divulgativo[196]:
“Don Teodosio estaba casado con doña Constanza de Butrón, mujer adornada con grandes virtudes cristianas. Eran los tiempos del rey Witiza, y don Teodosio tuvo que ausentarse a defender los intereses del rey. La esposa hizo que los padres de su marido vinieran a vivir con ella, aposentándolos en su propio cuarto y lecho nupcial, como filial homenaje con respeto y devoción.
Teodosio, de regreso de la guerra, tropezó con un ermitaño que le dijo que doña Constanza le era infiel. El amargor se cebó en él, de tal manera que, al entrar en su casa y comprobar que, efectivamente, había dos cuerpos en el hecho, sin vacilación alguna, hundió en ellos el arma de que se hallaba prevenido.
Aterrorizado por el crimen que acababa de cometer, diose a la fuga y al salir de su casa, halló a doña Constanza, que venía de orar en el templo. Comprendiendo que había matado a sus propios padres, decidió marchar a Roma para implorar del Papa el perdón de su crimen. Juan VII le impuso la dura penitencia de arrastrar de por vida una cadena ceñida a la cintura y al cuello por fuertes argollas, hasta que por voluntad divina quedase rota. La prueba evidente por parte de Dios de que había obtenido el perdón, se daría en el momento en que se le desprendiese la cadena, y en el sitio donde ocurriese esto, don Teodosio debía levantar un templo en honor de San Miguel Arcángel. El peregrino penitente inició su marcha de regreso con la vista puesta en un lugar de la Sierra de Andía, desde el que, siquiera de lejos, pudiera otear la casa de doña Constanza. Pero era preciso superar la tentación y esconderse más. Y al hacerlo enredose la cadena en las raíces de un árbol, pudiendo comprobar que, al darle un tirón, uno de los eslabones quedó desprendido[197]. Teodosio subió a la cumbre del monte Aralar, donde había una profunda cueva que, al decir los habitantes de la comarca, albergaba a un terrible dragón. Un día que el caballero estaba sentado a la boca de la sima, vio salir de allí al dragón. Sin fuerzas y sin armas, solo se le ocurrió decir:
-¡San Miguel me valga!.
En este momento se oyó el estampido de un trueno y una luz deslumbradora iluminó la aparición del Arcángel. El dragón quedó muerto (o lo mató el Arcángel) y don Teodosio se vio libre de las cadenas.
Comprendiendo que había cumplido la penitencia, volvió con su esposa y edificaron el Santuario y una casa de retiro y oración a la que cedieron sus bienes. En ella acabaron sus días. Y afirma la leyenda que el Arcángel San Miguel dejó sobre el monte una imagen suya que le representa sosteniendo la cruz sobre la cabeza y que constituye hoy una estampa familiar por los caminos y pueblos de Navarra en su anual peregrinación para bendecir las casas y los campos”[198].
Por espacio de tres siglos permaneció la primitiva iglesia sin ampliarse -excavaciones arqueológicas demostraron la existencia de una iglesia primitiva de estilo prerrománico en la base de la actual- que recrecería su descendiente don García Arnalt de Goñi y se dotaría de las tres naves de piedra actuales gracias a numerosas donaciones de particulares, cofradías e instituciones, en particular de nuestros reyes. El Infante de Navarra don Ramiro, padre del rey don García Ramírez “el Restaurador”, al volver de Tierra Santa, a donde había acudido para sumarse a la conquista de Jerusalén en 1099, trajo consigo un trozo del Lignum crucis que se insertaría en la cruz sobre la cabeza del Ángel que se venera en el santuario. Atraen particularmente la atención del peregrino, las gruesas cadenas de hierro, pendientes de la pared de la primitiva Iglesia: son las que Teodosio arrastró durante los años de su penitencia y que engalanan San Miguel.
A la derecha del altar, donde se venera la imagen de San Miguel, hay un agujero que señala la tradición como boca de la sima por donde huyó el demonio. Es costumbre, introducir por él la cabeza y rezar quedamente tres credos, “para que rabie el demonio, viendo que nada puede contra nuestra fe”, explicó una joven, mientras por las profundidades de la sima suben hasta los oídos de penitente el silbar de vientos y extraños ruidos.
Como se ha explicado anteriormente, el “Angelico” de Aralar, como muchos le llaman, recibe numerosas romerías, pero al mismo tiempo él protagoniza una romería al “revés” visitando numerosas poblaciones navarras desde el Domingo de Resurrección, en que comienzan, al final del mes de junio e, incluso hasta finales de setiembre, como ahora veremos.
Sigamos a Arturo Navallas cuando se refiere a la primera de ellas en su libro Romerías de Navarra[199].
“Las romerías al Santuario, se inician el domingo de la Ascensión del Señor que suben los feligreses de Huarte Arakil[200]. El sábado siguiente, “Larunbetletari”, sábado de letanías, lo hacen Beruete, Goldaratz y Oderitz. El domingo de Pentecostés: el valle de Arakil (Aitzcorbe, Egiarreta, Ekai, Errotz, Etxarren, Etxeverri, Hiriberri Arakil, Ihabar, Irurtzun, Izurdiaga, Satrustegi, Urritzola y Zuhatzu.
La festividad del Corpus Christi se celebra con gran solemnidad en el santuario y tiene una peculiaridad especial al incorporar la visita a la ermita de la Santísima Trinidad en el recorrido procesional habitual. Se trata de un pequeño edificio situado muy cerca del templo.
El programa religioso de la jornada se inicia con dos misas previas a la Mayor y la posterior procesión, con la custodia bajo palio, una vez entonado el Pange lingua. La comitiva marcha encabezada por la cruz de plata, neogótica, con su gran macolla[201], seguida de la imagen de san Miguel hasta la ermita, desde la cual se bendice los campos y a los feligreses mientras se canta el Tantum ergo. Una vez finalizada la procesión termina el acto religioso en el interior del santuario, con la veneración del Lignum crucis, que forma parte de la imagen de San Miguel y se entona el cántico habitual “Mikel, Mikel, Mikel, gurea” (Miguel, Miguel, Miguel el nuestro).
El primer domingo de junio es el día resaltado como Día de la Cofradía a la que acuden los cofrades y sus amistades más cercanas.
El tercer domingo de julio, el santuario de Aralar se llena de familias. La Cofradía de San Miguel entrega un pergamino en el que se nombra “Amigo de San Miguel” a cada niño que ha sido presentado en el santuario. Este acto fue iniciado en 2004, como sustitución a los tradicionales bautizos que se celebraban hasta 1990[202].
Durante el mes de agosto la iglesia se llena de feligreses y de forma especial los de Irañeta, el primer domingo de agosto, y de Lakuntza, el tercer domingo.
Una concentración romera de especial solemnidad tiene lugar el primer domingo de septiembre. Es la romería protagonizada por el arciprestazgo con la denominación de “Día de Absolbicio”, fiesta de las absoluciones en que los peregrinos acuden a confesar sus faltas y a comulgar. Acuden los feligreses de los valles de Araitz (pueblos de Arribe, Atallu, Azckarate, Betelu, Gaintza, Intza y Uztegui), Basaburua (Aitzarotz, Arrarats, Beramendi, Beruete, Erbiti, Gartzaron, Igoa, Ihaben, Itsaso, Jauntsarats, Orokieta-Erbiti y Udabe), Imotz (Eraso, Etxaleku, Goldaratz, Latasa, Muskitz, Oskotz, Urritza y Zarrantz), y Larraun (Albiasu, Aldatz, Alli, Arruitz, Azpirotz, Baraibar, Errazkin, Etxarri, Gorriti, Iribas, Lekunberri, Lezaeta, Madotz, Mugiro, Oderitz y Uitzi), y las poblaciones de Leitza y Areso.
El encuentro de los peregrinos, acompañados por las cruces, parroquiales de cada localidad, algunas con gran antigüedad e interés artístico, se produce en la antigua casa del guarda forestal a unos 4 km del Santuario. Suelen llegar con las cruces los de Areso, Leitza, Betelu, Intza, Gaintza, Errazkin, Uztegi, Arrarats, Beruete, Itsaso, Ihaben, Jaunsarats, Orokieta-Erbiti, Gartzaron, Goldaratz, Aldatz, Alli, Arruitz, Astitz, Baraibar, Etxarri, Gorriti, Lekunberri, Oderitz y Uitzi.
Tras el saludo de recibimiento de la imagen de San Miguel a las cruces parroquiales, comienza un acto de preparación de las confesiones posteriores. El buen clima favorece la celebración multitudinaria de la Santa Misa en el exterior del templo, con presidencia de todas las cruces.
Las poblaciones que componen el paraje denominado Urritzi (palabra euskérica que significa lugar de avellanos): Albiasu, Alli, Astitz, Baraibar, Iribas, Madotz y Oderitz acuden al Santuario en fechas cercanas a San Miguel. Es una romería especial para solicitar agua para el pasto del ganado, y llegan fundamentalmente las personas dedicadas a las tareas agrícolas.
Las personas mayores recuerdan cuando marchaban caminando en rogativa, cantando las letanías, degustaban buen almuerzo antes de la santa misa y volvían de la misma manera a sus lugares de origen. “Dános lluvia saludable a esta tierra árida…”, reza el comienzo de las rogativas tradicionales. Hoy se acercan en vehículos para la celebración de la Eucaristía, solicitar el preciado líquido y venerar la imagen de san Miguel.
La celebración de la festividad de san Miguel comienza el 21 de septiembre con el inicio del rezo de la novena e incluye una ceremonia eucarística especial para los Hermanos Cuidadores, el sábado de esa semana.
El día 29 puede considerarse como el día cumbre de asistencia de feligreses al Santuario de Aralar -es la Dedicación de San Miguel Arcángel- con celebraciones eucarísticas numerosas. El recuerdo de los difuntos tiene lugar el domingo siguiente a la festividad, el 21 de septiembre, con la celebración de una misa por los cofrades fallecidos, miembros de la hermandad y bienhechores del santuario. El domingo anterior a Navidad es el día de los montañeros: Mendigoizale Egun Haundia. El origen de esta tradicional romería tuvo lugar en septiembre de 1964, como acto solidario tras los fallecimientos de los montañeros Javier Ardanaz, Emilio Castiella, y Ángel Ganuza. En la actualidad se celebra una misa cantada por la coral de Lekunberri, con baile del aurresku, recuerdo especial de los fallecidos y veneración de la imagen de san Miguel. Después, música de trikitixa y pandero en la explanada y comida en la hospedería. Acuden unos 20 clubes de Navarra”.
El texto de Navallas alude a los “hermanos cuidadores”. Pero ¿de quienes se trata? La expresión se refiere a la otra romería, a la que protagoniza el Arcángel por tierras allende su Santuario. En un centenar de localidades navarras, hay una casa de hermanos “cofrades”, aquellas que reciben la efigie y a quienes la portan. Les acogen (al capellán que porta la imagen del Ángel y a su acompañante) con cubierto en la mesa y habitación donde descansar (y en otra se habilita una capillita donde pasará la noche la imagen del Arcángel San Miguel). Fue don Mariano Arigita, chantre del Santuario y autor de su historia[203], quien dio impulso a estas casas en torno a 1914, dotándolas de nuevos estatutos, cuando los hermanos incluso juraban su cargo en el santuario y se comprometían a atender a la comitiva, entonces con las caballerizas. Hoy, aquella estructura se mantiene, si bien ha evolucionado y se ha adaptado. Sin embargo, el respeto y la solemnidad con la que se le acoge sigue siendo la misma. En Casa Eslava, de Gartziriain, concejo de Juslapeña, por ejemplo, que se inició en esta labor en 1981, la llegada de la efigie de san Miguel ha sido desde entonces día de muchos comensales, entre familia y amigos. “El capellán don Jesús Sótil dejaba la imagen en la habitación de la amatxi, incluso después de que muriera”[204].
Seguimos el relato de Arturo Navallas.
La salida oficial del Arcángel acaece en la tarde del Domingo de Resurrección en que desciende hasta Baraibar, acompañada por miembros de la cofradía y otros devotos. Los vecinos de esta población, presididos por su cruz parroquial, les esperan en el inicio del término municipal para acompañarles hasta la Iglesia parroquial de San Miguel.
El lunes posterior al Domingo in Albis llega a Pamplona, donde permanece una semana. En el transcurso de su recorrido por Navarra participa en romerías a otros santuarios: el domingo siguiente acude a Oskia con los feligreses de Huarte Arakil y el primero de mayo repite en Oskia con el valle de Arakil. El domingo de la Santísima Trinidad marcha procesionalmente desde Villava a la Trinidad de Arre, pasa la noche en Irañeta, y asciende a la Trinidad de Erga al día siguiente. La imagen de San Miguel permanece en Huarte Arakil durante las fiestas de San Juan y el 25 de junio va en rogativa a Santa María de Zamartze. En la festividad de Santiago recorre el camino de Egiarreta a Itxasperri para la celebración eucarística y bendición de los campos. Finalmente, el segundo domingo de agosto celebran con él la romería en la ermita de Igaratza en Gipuzkoa.
La imagen del Ángel de Aralar, acompañada por los miembros de la agrupación tolosarra Aralarko Adiskideak, acude a las 9:00 de la mañana hasta el aparcamiento de la desaparecida Casa Forestal para recorrer los 6 km restantes hasta la ermita de Andramari de Igaratza, en Erreniega, y cumplirse con la tradicional visita de San Miguel a tierras guipuzcoanas, iniciada en 1947[205].
Como explican Baleztena y Astiz, las ancianas mujeres de los contornos del santuario, tenían hasta hace no muchos años (cabe pensar que hasta la década 1930 más o menos) impuesta la obligación consigo mismas de subir en invierno al santuario para hilar nueve días y ofrecer después sus trabajos al Ángel.
En tierras navarras, el recorrido del Arcángel ha llegado a abarcar 340 localidades, como ha sucedido en 2026. A título anecdótico, si se quiere, pero muy indicativo de la devoción con la que se acoge en las poblaciones la imagen de San Miguel de Aralar, daré el calendario de visitas que mantuvo en 1977 (no se haga caso de los días puesto que se refieren a aquel año transcurrido)[206]:
Marzo 12, sábado: Escolapios de Tafalla. Monasterio de La Oliva.
Marzo 13, domingo: Traibuenas. Virgen del Soto en Caparroso.
Marzo 19, sábado: Festividad de San José. Arruazu.
Marzo 20, domingo: Lacunza.
Marzo 26, sábado: Sagüés, Burlada y Paternain.
Marzo 27, domingo: Cizur Mayor, Esquíroz, Cizur Menor, Gazólaz y Tajonar.
Marzo 28, lunes: Noáin, Salinas, Esparza, Potasas, Galar, Muru Astrain.
Marzo 29, martes: Zariquiegui, Undiano y Astráin.
Abril 10, domingo de Pascua: A las siete de la tarde, en Baráibar.
Abril 11, lunes: Albiasu, Lezaeta, Errazquin, Betelu, Arriba e Inza.
Abril 12, martes: Gaínza, Uztegui, Azcárate, Atallo, Azpíroz y Lecumberri.
Abril, 13, miércoles: Huici, Gorriti, Arruiz, Echarri, Muguiro y Aldaz.
Abril 14, jueves: Madoz, Odériz, Astiz, Iribas, Alli, Urriza y Goldáraz.
Abril 15, viernes: Latasa, Zarranz, Eraso, Echalecu, Oscoz y Múzquiz.
Abril 16, sábado: Cía, Aguinaga, Gulina, Larumbe, Sarasate, Erice de Iza, Ochovi y Huarte Araquil.
Abril 17, domingo: Procesión de Huarte Araquil a Osquía.
Abril 18, lunes: Zuasti, Aldaba, Izu, Orcoyen, Pamplona del 19 al 23.
Abril 24: Salida de Pamplona a mediodía, visitando Ariz, Atondo, Anoz y Lete.
Abril 25, lunes: Beásoain, Eguíllor, Ilzarbe, Ulzurrun, Saldise, Ollo, Senosiáin, Arteta y Goñi.
Abril 26, martes: Azanza, Aizpún, Munárriz y Urdániz.
Abril 27, miércoles: Izu, Asiáin, Olza, Lizasóain, Ororbia y Arazuri.
Abril 28, jueves: Artázcoz, Izcue, Ibero, Otazu y Echauri.
Abril 29, viernes: Elio, Ciriza, Echarri, Vidaurreta y Belascoáin.
Abril 30, sábado: Arraiza, Zabalza, Larraya, Ubani y Villanueva de Araquil.
Mayo 1, domingo: Procesión del Valle de Araquil a Osquía.
Mayo 2, lunes: Udabe, Beramendi, Ichaso, Yaben, Jaunsarás y Beruete.
Mayo 3, martes: Igoa, Arrarás, Garzarón, Erviti, Oroquieta, Juarbe, Ilarregui y Elzaburu.
Mayo 4, miércoles: Auza, Larráinzar, Escuelas, Gorronz, Lizaso, Urriola, Cenoz, Elso y Guerendiain.
Mayo 5, jueves. Iráizoz, Alcoz, Arraiz, Olagüe, Leazcue, Egozcue y Lanz.
Mayo 6, viernes. Arizu, Etuláin, Burutáin, Esáin, Ciáurriz, Ripa, Aróstegui y Eguaras.
Mayo 7, sábado: Ciganda, Erice de Atez, Berasáin y Beúnza. Noche en el Santuario.
Mayo 8, domingo: Rogativas de Huarte Araquil al Santuario.
Mayo 9, lunes: Basongaitz y Uterga.
Mayo 10, martes: Legarda, Muruzábal, Larráin, Adiós y Obanos.
Mayo 11, miércoles: Artazu, Sarría y Puente la Reina.
Mayo 12, jueves: Hasta la tarde en Puente. Noche en Mañeru.
Mayo 13, viernes: Lerate, Irurre, Garísoain, Echarren, Guirguillano, Muzqui, Arzoz y Esténoz.
Mayo 14, sábado: Izurzu, Muniáin, Guembe, Azcona, Arizala, Andéraz y Abárzuza.
Mayo 15, domingo: Iruñuela, Ibiricu y Lezáun.
Mayo 16, lunes: Muez, Villanueva, Arizaleta, Ugar, Arguiñano, Iturgoyen y Riezu.
Mayo 17, martes: Irujo, Vidaurre, Salinas de Oro, Usi, Larráyoz, Osácar, Beorburu y Nuin.
Mayo 18, miércoles: Marcaláin, Belzunce, Garciriáin, Navaz, Unzu, Ollacarizqueta, enfermos de Urroz Villa y Aoiz.
Mayo 19, jueves: Ascensión del Señor. Urroz, Lumbier y noche en el Santuario.
Mayo 21, sábado: Larumbeletari. Rogativas en el Santuario. Tarde, Echalar y Lesaca.
Mayo 22, domingo: Vera de Bidasoa y Sumbilla.
Mayo 23, lunes: Yanci y Aranaz.
Mayo 29, domingo: Pentecostés. Rogativas en el Santuario del Valle de Araquil.
Junio 1, miércoles: Arístegui, Osinaga, Sarasa, Añézcar, Hnas. Hospitalarias, parroquia del Salvador de Pamplona y Berrioplano.
Junio 2, jueves: Berriosuso, Berriozar, Escuelas, Oronsospe, Aizoain, Hermanitas de los Pobres, Agustinas de San Pedro y PP. Capuchinos de Extramuros.
Junio 3, viernes: Recorrido a señalar por extramuros.
Junio 4, sábado: Trinidad de Arre, Ansoáin, Artica, Ixurrieta y Yábar.
Junio 5, domingo: Yábar e Irañeta.
Día 6, lunes: Procesión a la Trinidad de Erga. Noche en el Santuario.
Junio 9, jueves: Corpus Christi. Fiesta en el Santuario.
Junio 11, sábado: Leiza.
Junio 12, domingo: Areso, Arano y Goizueta.
Junio 13, lunes: Hasta la tarde en Goizueta. Noche en Ezcurra.
Junio 14, martes: Erasun, Zubieta, Ituren, Elgorriaga, Santesteban y Donamaría.
Junio 15, miércoles: Gaztelu, Oiz, Urroz, Labayen y Saldías.
Junio 16, jueves: Legasa, Narvarte, Oyeregui, Colegio San Martín, Oronoz y Arrayoz.
Junio 17, viernes: Ohárriz, Colegio de Lecároz, Lecároz, Garzáin e Irurita.
Junio 18, sábado: Urdax, Zugarramurdi y Elvetea.
Junio 19, domingo: Elizondo.
Junio 20, lunes: Arizcun, Errazu, Maya y Azpilcueta.
Junio 21, martes: Bordas de Irurita, Zuraurre, Ciga, Aniz, Berroeta y Almándoz.
Junio 23 al 2 de julio: En Huarte Araquil.
Julio 25, lunes: Echaverri, Eguiarreta y Santiago Itxasperri.
Setiembre 10, sábado: Lizarraga de Ergoyena.
Setiembre 11, domingo: Unanua y Torrano.
Setiembre 24, sábado: Bacáicoa, Iturmendi, Capuchinos de Alsasua, Religiosas de Ciordia y Olazagutía.
Setiembre 25, domingo: Urdiáin y Alsasua.
En días a señalar, en octubre, Arbizu y Echarri Aranaz.
Después de lo cual la imagen de San Miguel regresa al Santuario.
Por lo que se ve, el itinerario de la imagen es amplísimo, pues cubre numerosos valles y cendeas: Araiz, Larraun, Imoz, Gulina, Iza, Ollo, Goñi, Echauri, Zizur, Galar, Valdizarbe, Yerri, Guesalaz, Bortziriak (Cinco Villas de la Montaña), Basaburúa, Ulzama, Anué, Juslapeña, Malerreka, Bertizarana, Baztán, ciudades como Pamplona y Tafalla, así como poblaciones de cierta entidad (Ansoain, Huarte, Villava…).
Reciben al Arcángel en los pueblos vestidos de gala, con volteo de campanas, con presencia del ayuntamiento o concejo y el párroco revestido de capa y roquete. El capellán que lo trae desde su santuario bendice con él los campos, visita a los enfermos, si es el caso reposa en casa del cofrade, saluda y se despide dejando tras de sí la pregunta, “¿Nor Jaungoikoa bezala?…” “¿Quién como Dios? Nadie como Dios. / San Miguel Arcángel / gran batallador / hunde en el abismo / al infernal dragón. / San Miguel Arcángel / oye la oración / de este pobre pueblo / que pide perdón. / Nunca en este pueblo / tome posesión / el negro pecado / del blasfemador”.
Baleztena y Astiz nos relataron en 1944 cómo fue la llegada del Ángel a Pamplona:

38. Solemne recibimiento a San Miguel en la Diputación de Navarra, según el protocolo establecido por Ignacio Baleztena
“Junto al antiguo portal de la Taconera…es el lunes siguiente de la Pascua de Resurrección… Hace años era costumbre en este día “estrenar los majos” de la estación (ponerse ropa nueva del tiempo) El cabildo de San Nicolás, con sus roquetes blancos y recién rizados pasea grave esperando… Hay impaciencia entre el concurso de las gentes. Una tradición corrida desde Dios sabe cuándo de boca en boca, dice que, si en el momento de ver al Ángel entrar se le pide una gracia, la concede. Bandean las campanas sonoras a la llegada del Ángel de la Casa de Misericordia, delegado especial de Pamplona para recibir al de Aralar. Se planta en medio de la carretera rodeado del clero y de los cofrades con velas encendidas y medallas colgando de cintas rojas… El Ángel de la Misericordia acude presuroso a recibir al de Aralar, y después de inclinarse corteses uno y otro, se dan el beso de paz y amor, coreado por gritos de júbilo… Camina el Ángel de la Misericordia delante del de Aralar, como indicándole el camino que ha de seguir… Frente a San Lorenzo se reza un responso por las almas de los ladrones ajusticiados por haber robado la imagen del mismo Santuario[207]. Mientras está en la ciudad, las campanas marcan su recorrido… incansable recorre las parroquias, las casas donde hay enfermos que lo solicitan, conventos, asilos, recibiendo de todos tributos de paz y amor. En el Ayuntamiento se le hace una recepción con todos los honores, y en la Diputación, la casa de los navarros, todos los diputados, empleados, personal, esperan al Ángel en el zaguán, recibido a los sones de la Marcha del Reino. En la Capilla de la casa, se celebra una misa, adorando todos al final la imagen, mientras el público canta las populares letrillas… Antes de abandonar la ciudad, bendice el Ángel desde la Taconera los campos trazando cruces hacia los cuatro puntos cardinales, mientras los fieles se postran cuatro veces también hacia el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. Su última visita, ya en los límites de la ciudad, es para los presos de la cárcel…[208] le acompañan unos pocos hasta el Puente de Miluce. Y, menos aún, sus más fieles montañeros, más adelante, resistiéndose a dejarle. Y todos, mientras le ven perderse hacia las honradas tierras de la Cuenca, repiten con cariñoso fervor: “Agur, Miguel gurea / Datorren urte artean” (“Adiós nuestro Miguel / Hasta el año que viene”)[209].
Existen varias canciones entonadas por el pueblo fiel en su recibimiento, durante su veneración, como en su despedida, que dicen así:
¡San Miguel Arcángel gran batallador! / presenta las almas al Tribunal de Dios. / ¡Quién como Dios! ¡Nadie como Dios! / ¡San Miguel Arcángel gran batallador! // Presenta la mía a la Madre del Señor, / tutela del hombre amigo de Dios. // ¡San Miguel Arcángel gran batallador! / que en fiera batalla, a Luzbel venció. // Hijos de la Iglesia, todos a una voz: / Cantemos alegres un himno de amor. // ¡Viva la alegría!, ¡viva la ilusión!, / ¡viva nuestro pueblo!, ¡viva nuestro Dios! // Si con Dios luchamos y con San Miguel / El infierno todo se ha de estremecer. // Tu pueblo entero pone en Dios su fe, / defiéndenos siempre patrón San Miguel.
Arcángel Miguel:
Miguel, Miguel // Arcángel Miguel, // guardad, guardad // a este pueblo fiel // Por Pascua nos llega / el Ángel Miguel; / se alegra la tierra, / los hombres también. // Un fuego en la noche / la Pascua anunció, / y un Ángel anuncia: / “Ya resucitó”. // La fe renovada / en tiempo pascual / nos hace testigos / de vida inmortal. // Miguel nos enseña / de Cristo la Cruz; / el leño sagrado / será nuestra luz. // Venció en la batalla / Miguel al dragón; / y en la Cruz de Cristo / la muerte murió. // Hoy llega a nosotros / el Ángel de paz / trayendo mensajes / de amor y unidad. // Abuelos y nietos, / el hoy y el ayer / veneran gozosos / al mismo Miguel. // La fe que nos guardas / desde Aralar / produzca en nosotros / frutos de verdad. // Queremos pedirte, / Arcángel Miguel, / que el pueblo navarro / sea siempre fiel. // El pueblo navarro / quiere, en tu honor, / tener como lema: / “Nadie como Dios”. // Bendice a Navarra, / Arcángel Miguel, / defiende a esta tierra, / protege su fe. // Pidamos al Ángel / Miguel de Aralar / que juntos vivamos / en la eternidad.
Mikel, Mikel, // Mikel gurea, // Gorde, gorde // Euskal Herria // Goazen, euskalduna, / Aralarrera / Mikel Aingerua / bisitatzera // Aralartik zatoz, / herririk herri, / sinismenez zahar / animaz berri. // Urtero zatozu / gure artera / Kristoren fedean / gu sendotzera. // Euskalen lurrean / ginen gu jaio, / Gure ama lurra / bedeinkatzera / zatozkigu lagun / gure elizara // Biziaren zainak / sendo itzazu, / fede argiz inor / ez dadin antzu. // Gogoz elkarturik / hainbeste jende / ez gaitezen eror / etsaien mende // Bizia dakardu / jaunak emana, / horregatik gatos / gu zuregana. // “Jainko aina nor da? / gure sinismena / bizirik dago. // Ongi etorria / gaur denok zuri / zu zaitugulako / gure zaindari. // Euskaldun guztien / zaindari zara / orregatik gatos / zu agurtzera. // Gurekin zaude hemen, / Aingeru Deuna / bizkor guregan / itxaropena // Denok pozik gaude, / zaindari umil, / aiton-amonak / eta neska mutil / eginez galde, / sasi-jauntxoei esan / zenien: “Alde!” // Zinezko kristauak / bedeinkatzera / urtero etorri / zaitez honera. // Herriko gaixoei / eman osasun. / horixe eskatzen / dizugu egun. // Jaunaren aingeru / leial ta zintzo, / bidez-bide eraman / gu zeruraino. // Nor Jainko aina / zeru-lurretan? / berari gorapen / gizaldietan!.
Adiós Miguel Arcángel / Agur Mikel Aingeru:
Adiós, Miguel Acángel // ministro general, // sea siempre tu trono // la cumbre de Aralar // Escucha de esta tierra / la cálida oración, / concédenos la gracia / de ser fieles a Dios // Queremos ser testigos / del Reino de tu Amor: / una fe y un bautismo / y un solo corazón // Si nuestra vida siente / el peso del dolor, / despierta la esperanza, / danos tu protección. // Que nuestra fe esté cerca / del pobre en su aflicción, / y sean los cristianos / testigos de tu amor.
Agur, Mikel Aingeru // agintari aundia, // izan beti tronutzat // Aralar mendia // Bakarrikan nahi dugu / gure Jaungoikoa, / fede bat, bataio bat, / bihotz bat osoa // Goiaingeru ahaltsua, / jarrai gu laguntzen! / bazoaz baina gurekin / zu zara gelditzen. // Guregana etorri / zu zarenez gero, / zuregana igorik, / hor gaituzu gero! // Zeruetan betiko / elkartu gaitezen, / santutasun bidetik / jo dezagun hemen! // Buruzagi zoriontsu // Mikel Goiaingeru! / gutaz oroitu eta / gu beti babestu! // Bazoaz Aralarra / Aingeru Santua / zerua iristeko / ema.
Otros dos cánticos se suman a los anteriores:
“San Miguel Arcángel, oye la oración, de este pobre pueblo, que pide perdón” (frases repetitivas. Obanos)[210].
“De Navarra los guerreros, / corren todos a Aralar, / por defender a María, / Jesús, se la regaló, / una cruz en su bandera, / cruz que brilla como el sol, / por defender a María, / Jesús, se la regaló / y en ella lleva escrito: / ¡navarros! ¿quién como Dios? (Se cantaba después de la novena, durante la adoración de la reliquia y en la ermita de la Virgen de Zamartze, a la que subía la imagen del Arcángel en procesión. Huarte Arakil)[211].
San Miguel de Izaga
El ciclo de Izaga tiene su protagonista en la ermita románica de San Miguel, en el término municipal de Zuazu, valle de Izagaondoa, en tierras de Aoiz, en la llamada Peña de Izaga, a una altura de 1353 m. En ella se veneran dos imágenes del Arcángel; la mayor, la del “amo” permanece siempre en el santuario; la menor, la del “criadico”, manejable por tamaño y menor peso, durante el invierno era llevada por el ermitaño de pueblo en pueblo recaudando fondos para la ermita del “amo” y para cobrar las cuotas de los cofrades, abarcando los valles de Lónguida, Izagaondoa y ambos Urraúles.
Escribe Caro Baroja, en 1972, que las peregrinaciones a San Miguel de Izaga, se fundan en la fe en que el Arcángel ha salvado a las gentes del país de muchas calamidades. Ofrecen en ocasión grave el peregrinar en penitencia y cumplen con la promesa. El día de la peregrinación, en cada lugar, se oye misa. Salen luego los arrieros que, sobre mulas, llevan los enseres necesarios a la cumbre (1353 m), desde la que baja el sonido de la campana. El lugar de cita de los romeros es Ardanaz de Izagaondoa: el párroco les recibe con capa pluvial en la cruz del término. Los hombres, vestidos con túnicas negras, y cargados de cruces, suben en dos filas: las mujeres y los niños les siguen en la ascensión, cantando y rezando. En la ermita, llena de “cruceros“, se dice misa mayor, con sermón. Después se da el Pan. Fuera de la ermita, a continuación, se reúnen todas las cruces parroquiales y alrededor de ellas se arrodillan los peregrinos. De lo alto se recitan los conjuros y se bendicen los campos: “¡Agua, Señor, para nuestros campos!” es el grito unánime. La peregrinación principal es la que aún conserva el nombre vasco de “Astegaitz“ (la “semana del mal“). Por un lado, llegan los pueblos del valle de Lónguida, por otro los de Ibargoiti, Unciti, etc.[212].
La romería congrega a las gentes de los valles contiguos, de modo similar a como sucede con Roncesvalles; el 8 de mayo es la peregrinación de Artaiz, Zuazu, Reta y Ardanaz. El miércoles antes de la Pascua de Pentecostés, la de los pueblos del valle de Lónguida, con todo el clero, el ayuntamiento y las cruces parroquiales alzadas. El mismo día, pero partiendo de otro lado, llegan los de Alzórriz, los del valle de Unciti y los vecinos de Idocin y Sengáriz (de Ibargoiti). El día segundo de Pentecostés suben los de Izagaondoa, y algunos de Urraúl Alto. El 29 de septiembre peregrina el pueblo de Zuazu, sin el párroco. Como la imagen del Arcángel venerada en la ermita de la peña de Izaga, no puede moverse del altar en que recibe el culto, la procesión de bajada se hace con otra, a la que de modo familiar llaman el “criadico”[213].
Antiguamente, los romeros marchaban caminando en romería desde cada una de las localidades, despedidos por toques de campana y recibidos por los pueblos de tránsito, de la misma manera. Hoy comienza el canto de las letanías tradicionales en la iglesia y salen primero los cruceros, después los portadores de las cruces parroquiales (o “cruces blancas”) y finalmente el grupo mixto de los acompañantes[214].
El día de la Santísima Trinidad, en el interior de la parroquia de la Purificación de Zuazu comienzan los romeros a cantar el “Kyrie eleison, Christe eleison…”. Los romeros continúan su cántico, precedidos por las cruces procesionales para ascender a San Miguel. Son los vecinos de los pueblos del valle de Izagaondoa y los de Artaiz, fieles a la cita anual. Como es habitual, al llegar a la Peña, llamada popularmente “cantasalves”, se hace una parada obligada para rezar tres avemarías con la mirada dirigida a Santa María de Roncesvalles, con cuya romería coinciden en el tiempo; más tarde, será el cántico de la salve en dirección a Santa María de Ujué. Al paso de la subida, cortan los romeros manojos de ramas de acebo, para pasarlos después por la imagen del Ángel. Y ahora con ellos decoran sus cruces o las cuelgan de sus túnicas… las llaman “colostias”, desfiguración seguramente de la palabra vasca “gorostiak” con que se señala al acebo. Llegados a la ermita, tienen lugar la celebración eucarística y el canto de los gozos, y, al exterior, la bendición de campos. Después los asistentes repondrán fuerzas con el almuerzo[215].
Sáez de Albéniz aporta datos interesantes sobre la romería de los fieles del valle de Lónguida[216].
“Las cruces blancas o parroquiales representaban a cada una de las parroquias del valle y eran portadas por el hombre más joven de la casa del pueblo en la que ese año había recaído la responsabilidad. Sus portadores vestían una túnica blanca y la cabeza descubierta. Tras ellas se situaban las “cruces negras” que pertenecían a distintas familias del valle y eran guardadas en sus respectivas iglesias. Las cruces negras eran portadas por hombres que vestían túnicas negras que, en algunos casos, cubrían sus cabezas con capuchas del mismo color al llegar a un pueblo, al comenzar el ascenso de la peña (de Izaga) o al llegar a la ermita, según distintas informaciones.
En las primeras décadas del siglo XX, se recuerda que hubo penitentes que ocultaron su identidad permaneciendo permanentemente velados. Tras los porteadores de las cruces se colocaban los habitantes del valle. Otra versión indica que ”de cabeza” iban el alguacil del valle y un concejal, detrás seguían los penitentes, “los de las cruces blancas “de cada pueblo y las mujeres”. En Ardanaz (de Izagaondoa) se paraba para almorzar. Existía entre sus habitantes y los del valle de Lónguida, un pacto tácito por el que cada casa tenía asignado su espacio, generalmente, la bajera o zaguán de una vivienda, para cobijarse durante el almuerzo. Éste consistía en cordero asado, que se había cocinado el día anterior. Después, los romeros proseguían su camino hacia la peña de Izaga. El ascenso era difícil, pero también las vistas merecían la pena. Precisamente en una zona elevada, desde donde se tenía una amplia panorámica del espacio circundante, los presbíteros, mirando a todos los puntos cardinales, bendecían los campos con la ayuda del hisopo, después de que todos cantasen la Salve.
Era costumbre ir recogiendo durante el camino ramas de colostia (acebo), que los penitentes colocaban en lo alto de su cruz. De vuelta, se pondrían en la ventana o en la puerta de la casa como protección contra la tormenta y “todo tipo de males”. Y así, rezando letanías, llegaban hasta la ermita donde había una misa concelebrada. Después, los romeros se sentaban en la campa para degustar la comida que había sido transportada por un macho guiado por un hombre. Cada pueblo llevaba su propio mulero. Los sacerdotes y los miembros de la corporación del valle comían en un pequeño fogón existente en el Santuario la comida que para ellos habían preparado los hombres de Zuazu. Antes de atardecer volvían a sus núcleos de población y las campanas sonaban otra vez en cada pueblo para recibirles. Los romeros y todos los que no habían podido acudir, por razón de enfermedad o edad, se reunirían en la iglesia. Allí “se despedían del santo”, cantaban una canción y finalizaban al grito de “¡Viva San Miguel!”. En algunos pueblos fue costumbre que después los hombres fuesen a casa del que había llevado la cruz blanca, para tomar algo y comentar los detalles de la romería con los que no habían podido ir. Era tradición que en ese aperitivo nunca faltasen pimientos (como en Murillo de Lónguida)”.
Estos son los gozos al Arcángel san Miguel que rezan en su ermita de Izaga los naturales de los valles de Lónguida e Izagaondoa:
“Pues en la Corte del cielo / gozas tan altos blasones / dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel, consuelo. // De la escuadra celestial / sois el primer coronel / que al atrevido Luzbel / venciste en guerra campal / echando al fuego infernal / su rabia y furioso anhelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Vos al hombre desterraste / que profanó el Paraíso / bien que con piadoso aviso / su enmienda solicitaste / pues con piedad le enseñaste / a llevar con paz su duelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Vos al pueblo de Israel / sacaste libre a buen puerto / y guiaste en el desierto / porque Dios sirviese fiel / dándole por pan, aquel / Maná que bajó del cielo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // De la escuela de María / fuiste el Cabo principal / y Embajadores especial / de quien Cristo se valía / cuando a su madre quería / dar en el mundo consuelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Cuando Cristo en la oración / estaba en el huerto triste / vos del cielo le trajiste / el consuelo en su aflicción / dando alivio en la ocasión / de su mayor desconsuelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Mucho aprecio en el juicio / de Dios tu virtud alcanza / pues te fía la balanza / para hacer de juez oficio / pesando virtud y vicio / del grande y del pequeñuelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Las empresas más gloriosas / fía Dios a tu destreza / y emplea tu fortaleza / en las más dificultosas / hace obras tan pasmosas / que admiran la tierra y cielo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Abogado y protector / de la Iglesia militante / cuida siempre vigilante / de darle auxilio y favor / y cuando el riesgo es mayor / tanto es mayor tu desvelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo. // Dad pues, Arcángel glorioso / aliento a nuestra esperanza / pues tenéis tanta privanza / con el Todo Poderoso / venga a todos presuroso / vuestro favor en un vuelo. // Dad a nuestros corazones / Arcángel Miguel consuelo”[217].
Los discípulos de Jesús
De entre los discípulos de Jesús, los apóstoles Pedro y Bartolomé cuentan con mayor devoción popular.
San Pedro
Las ermitas dedicadas a san Pedro se reparten por todo el territorio: Alsasua-Urdiain, Arruazu, Barasoain, Elizondo, Eraúl, Erratzu, Iturmendi, Jaurrieta, Lerate, Muruzábal (San Pedro de Auriz), Peralta (San Pedro de Arlas), Torrano, Salinas de Oro, Urroz villa, Usún y Villafranca.
Es santo muy ligado a la protección de los campos en la actividad agrícola. Es abogado contra las heladas. Explica Jimeno Jurío que fue tradicional en la Navarra Media y en la Ribera bendecir en las iglesias ramos de olivo o de chopo, que los labradores colocaban en sembrados y viñas para protegerlos[218].
Las romerías con mayor predicamento son las siguientes:
San Pedro de Usún (Valle del Romanzado)
La ermita de San Pedro de Usún está en un lugar histórico que antiguamente fue un monasterio consagrado en el año 829 por el obispo Opilano, y además fue un espacio habitado. Se localiza en una terraza a la derecha del río Salazar, en la boca de la foz de Arbayún. La romería que se celebra allí ha sufrido muchos cambios: antes era una peregrinación más penitencial, con romeros entunicados y llevando cruces de penitencia, y cada pueblo salía desde su propia parroquia.
Hoy no es así, aunque conserva su espíritu religioso. La procesión hasta la ermita parte de la parroquia de San Saturnino de Usún, con las cruces parroquiales de Murillo-Berroya, Arboniés, Usún, Bigüezal, Domeño y Berroya en cabeza, seguidas por la imagen de san Pedro en andas (hasta 2012 se trasladaba también la Virgen de Domeño) Durante el trayecto se reza, se bendicen los campos, se hace una oración por los difuntos en el puente sobre el río Salazar y luego se celebra la misa en el exterior de la ermita, si el tiempo lo permite. Hoy la celebración sigue teniendo el mismo recorrido general, pero se ha ido simplificando desde la década 1980, pues son bastantes participantes los que se trasladan en coche[219].
No lejos de allí, en el valle de Urraúl Bajo, en término de Nardués-Aldunate, se halla la pequeña ermita de San Pedro, al que lo fieles de Nardués, Aldunate, Tabar y San Vicente acudían en romería el 29 de abril, día del martirio del santo. Los del resto del valle iban a Artieda, en cuya iglesia se le venera. A la ermita llevaban para comer tortilla. En la actualidad solamente van a la ermita los de Aldunate, Nardués-Aldunate y Tabar. Todos los demás pueblos van a Artieda. En Artieda hay un término que llaman Santi Petri. Es posible que allí estuviera la antigua ermita objeto de las romerías[220].
San Pedro de Alsasua
Se cree que, en esta ermita, el 20 de enero de del 717, fue electo y ungido el primer rey de Navarra García Ximénez, según lo explica una placa sobre la puerta de entrada que, al parecer de López Sellés y de Pérez Ollo, es apócrifa. La ermita fue reedificada en 1647. Una sentencia que resolvió un viejo litigio de propiedad entre Alsasua (el altar mayor apoya en su demarcación) y Urdiain (el resto del edificio), determinó que Urdiain peregrinase a ella el 29 de junio, festividad de san Pedro, y Urdiain lo hiciese el domingo próximo inmediato al de Alsasua, práctica que se sigue manteniendo, con presencia de los ayuntamientos, cabildos y cruces alzadas correspondientes. Después de la misa y antes de comer los quintos bailan un zortziko con el “Rey” elegido en el año[221] en cabeza detrás del primer edil municipal. La asistencia es multitudinaria y festiva. Antes, el Ayuntamiento repartía el vino en tazas de plata, pero la pandemia del covid aconsejó hacerlo en vasos desechables) y también obsequia puros[222].
En el mismo valle de la Burunda celebran a san Pedro los pueblos de Urdiain e Iturmendi. José María Iribarren, al dar cuenta de la romería de los de Urdiain, dice que «las jóvenes del pueblo, verdaderas amazonas, se reúnen en la puerta lateral del mediodía de la ermita de San Pedro, que corresponde a su término, y allí, en corro, y entonando un cántico tradicional, cadencioso y sencillo, lleno de encanto para ellos y ellas, proclaman que son suyos la ermita, los terrenos, los montes y todo”[223]. Según parece les preocupaba entrar en litigio con el pueblo vecino, como les sucedió a los de Alsasua con Urdiain.
Hasta finales del siglo XX se celebraba en Iturmendi romería festiva con baile de zortziko y comida como en los pueblos vecinos de Urdiáin y Alsasua en su conocida ermita de igual advocación, pero, a raíz de un suceso criminal, se eliminó la fiesta y actualmente ha quedado la celebración de la misa en la ermita el día de san Pedro. La ermita está situada entre el pueblo y la ladera norte de la sierra Urbasa[224]. Algunas personas mayores recuerdan cuando una de las imágenes del santo se introducía en la regata o lavaba la cara para pedir buen tiempo[225].
San Pedro de Arlas
Situada en Peralta junto a la Venta de Arlas, de donde toma el nombre, fue erigida en 1977 en sustitución de una anterior, presidida por la Virgen, abandonada en el siglo XIV a consecuencia de la peste bubónica. Protagoniza la romería la cofradía en honor a san Pedro, cuyos miembros, tras la misa de víspera, el 28 de junio, acuden al domicilio del alcalde que ofrece a los cofrades, todos hombres, y asistentes, pan, queso y vino. Rompe la mañana del 29 la aurora y el rezo del rosario de los cofrades encaminados a la ermita. Tras la misa mañanera regresan al pueblo montados en sus caballos y con un ramo de flores en la mano, antecedidos por el pendón rojo de la cofradía y la banda de música. Les acompaña el alcalde actual que va entre el que ostentó el mismo cargo el año anterior y el que lo ostentará el año siguiente. Recorren varias calles y al llegar a la casa del que este año le corresponde ser alcalde, los cofrades beben, sin desmontar, un vaso de vino y se vuelve cada cuál a su casa para asistir después a la procesión, con la imagen del santo, y a la misa solemne en la parroquia[226].
José María Jimeno Jurío advierte en sus escritos que no hay que confundir al apóstol Pedro con el dominico italiano San Pedro de Verona (1205-1252), conocido como San Pedro Mártir, lo que lleva a confusión con el discípulo de Cristo, pues si al primero se recurre para proteger los campos, al segundo le temen los agricultores por lo contrario. En Cortes desconfían de él, viene a ser uno de los espíritus maléficos que se venga de los pobres labradores enviando heladas catastróficas sobre viñas, plantíos y frutales. Se dice que “es el peor santo del año”. El 29 de abril es fecha peligrosa. No deben edrarse las viñas hasta que pase ese día. Se cree que en “en pasando ese santo, ya no hay peligro de heladas”. Le llaman “San Pedrillo” en Gastiain, y “Pedrete” en muchas partes. En Oteiza decían que, por ser tan malo, uno de la Larraga daba cien fajos de sarmientos “pa quemarlo”. En un pueblecito de la Cuenca de Pamplona Jimeno oyó decir que “San Pedro Mártir murió con la boca llena de granizo”[227]. Lo que no parece tener lógica, pues en Galicia, por ejemplo, se le considera protector contra las tormentas. Más bien parece que su onomástica coincide con el período del campo en que ligan[228] los frutales, siendo el mes de abril un mes de fuertes contrastes climatológicos y una helada a destiempo impide que así sea.
San Bartolomé
La devoción al apóstol San Bartolomé se ve reflejada en varias romerías dirigidas a otras tantas ermitas repartidas por el territorio: Abáigar, Aguilar de Codés, Artajona, Azpirotz, Lumbier, Rocaforte, Uharte Arakil y Zurucuain.
Destacaré de entre ellas las más interesantes.
Abáigar (Valdega)
La ermita de San Bartolomé se sitúa en el límite de Abáigar con Oco. La procesión que rodea la ermita evoca todavía, en parte, la antigua costumbre de darle tres vueltas para ahuyentar el miedo. Algunos dicen que debía hacerse con los ojos cerrados; otros, rezando un padrenuestro. Aunque hoy esta práctica pervive sólo de manera minoritaria, la celebración sigue conservando su carácter devocional. La misa solemne comienza con el himno a san Bartolomé: ”Apóstol de Cristo San Bartolomé / Testigo que diste la vida por él / El pueblo ferviente que hoy viene a tus pies / te pide que aumentes su amor y su fe / el pueblo ferviente que hoy viene a tus pies / Te pide que aumente su amor y su fe”, y concluye con el canto de la jota dedicada al santo: “Para honrar a nuestro santo Bartolomé / hoy los pueblos de este valle hemos venido con emoción / para honrar a nuestro santo Bartolomé / Todos juntos le pedimos paz y armonía en buena unión / Y que a todos nos bendiga, hemos venido con devoción / Para honrar a nuestro santo Bartolomé”[229]. Existe además una cofradía de san Bartolomé extendida por toda la comarca. El 24 de agosto, día de su fiesta, acude mucha gente no sólo de Abáigar, sino también de los pueblos cercanos (Abáigar, Ancín, Etayo, Legaria, Mendilibarri, Murieta, Oco y Olejua), para rendir culto al santo cada 24 de agosto. La celebración tiene un aire de romería muy animada, con venta de frutas, dulces, helados y otros productos, y constituye para los vecinos de Abáigar un acontecimiento de gran importancia.
Artajona
En tiempos pasados, la distancia hasta la ermita de Artajona, de 2,5 km, se recorría en carrozas y carros engalanados, y algunos fieles acudían montados en sus yeguas. Se ofrecían los primeros racimos de uva negra y se recitaban coplas. Hoy, estos medios han sido sustituidos por automóviles, aunque todavía hay quienes llegan a pie. La ceremonia religiosa se celebra con gran solemnidad y, durante el ofertorio, se canta la aurora de san Bartolomé con la melodía de la de san Isidro. Al concluir la Eucaristía, se bendicen los campos y se pide al santo su protección sobre las cosechas[230].
Rocaforte, llamado en tiempos Sangüesa la Vieja
San Bartolomé es su patrono y celebra las fiestas a lo largo del fin de semana cercano a su festividad, 24 de agosto. Con tal motivo, los rocaforteros, ataviados con la festiva vestimenta blanca y roja, y acompañados por sus representantes municipales, junto a los de Sangüesa, caminan hasta el convento de San Francisco, también denominado Oratorio de San Bartolomé. Según la tradición, Sangüesa la Vieja fue visitada por san Francisco de Asís en su marcha a Santiago de Compostela, como peregrino, en la primavera de 1213, junto con Bernardo de Quintaval, noble caballero de Asís, que se quedó para cuidar a un enfermo y el propio oratorio. Algunas tradiciones transmitidas por los cronistas franciscanos en las Florecillas, atribuyen la fundación del oratorio al propio san Francisco de Asís. Son varias las leyendas que se transmiten sobre la presencia del Poverello[231]. La más comentada es sobre la morera que hizo crecer el santo al golpear con su báculo una roca, que se secaba cuando los franciscanos se marchaban y reverdecía a su regreso. Sus hojas servían para sanar las llagas y las pequeñas astillas que se extraían del tronco servían para curar los miedos de los niños ante la oscuridad. También se refieren a la citada Fuente de San Francisco, cuyo origen se atribuye al santo. Se encuentra próxima al oratorio y a sus aguas se les atribuyen propiedades curativas; la construcción actual data de 1784. Es allí donde depositó la concha que trajo de su viaje a Compostela, con objeto de que los enfermos bebieran el agua milagrosa. De la, también citada, “piedra del descanso”, desde donde meditaba, se desconoce dónde estaba[232].
Santiago el Mayor
Ligado a la peregrinación a Compostela, cuyos caminos – el de Roncesvalles y el de Somport- cruzan Navarra, es titular de varias ermitas: Azpilikueta (valle de Baztán), Bakaiku (valle de Imotz), Ganuza (Sierra de Santiago de Lokiz), Pueyo (Valdorba), pero es en Egiarreta donde se encuentra la ermita románica de Santiago de Itxasperri, que atrae la devoción de todo el valle de Arakil (Aizkorbe, Egiarreta, Ekai, Errotz, Etxarren, Etxeberri, Hiriberri Arakil, Ihabar, Izurdiaga, Satrustegi, Urritzola y Zuhatzu). Desde antiguo ha sido sede de las Juntas del valle de Arakil. Ahora, el día de Santiago, a la romería general acude la imagen de San Miguel de Excelsis.
Sobre el predicamento del Apóstol Santiago habla el texto situado a la entrada de la ermita de Santiago de Pueyo, en el valle de Orba: “En esta ermita entrarás, fiel, con suma confianza, / colocando tu esperanza en Santiago creerás. / A la Virgen del Pilar, presente en el mismo altar, / saludarás afectuoso, pidiéndole generoso / su intercesión singular. / Santiago, la fe predicó en nuestro histórico suelo, / y Pueyo por este celo, la cultivó y la esmeró / este pueblo lo eligió por abogado y patrón, / honrando en él a María, Madre de Dios del Pilar, / pues en Santiago mostró el amor que nos tenía“ [233].
San Andrés
Su presencia es menor, aun cuando tiene ermitas en Ziga (Baztán) y Guirguillano, entorno de Mañeru, que recibe el nombre de San Andrés de Orendáin.
Arturo Navallas llama la atención sobre la sencilla celebración en la ermita de San Andrés de Unanu, en Tierra de Aranatz: “a la entrada está colocado el cestillo de trocitos de pan que cada familia prepara por orden todos los domingos y que se traslada de forma especial el día de San Andrés a la ermita. La misa, celebrada íntegramente en euskera, finaliza con la veneración de las reliquias del santo, junto con las de san Pedro y san Isidro y la recogida individual de un trocito de pan bendecido”[234].
San Marcos
El 25 de abril es el día de San Marcos, fiesta del Evangelista que era antiguamente de guardar. Los pueblos que tenían ermita eran Arraioz, Burutain, y Ziga, desde donde se bendecían los campos hacia los cuatro puntos cardinales. San Marcos es fecha importante en el calendario agrícola. Día de rogativas a ermitas y campos, cantando letanías y conjurando los sembrados para librarlos de hielos y plagas, y obtener lluvias benéficas y la sazón de las cosechas. Este día debían sembrarse las habas y el maíz[235]. Compartió con santo Toribio y san Pedro de Verona el patronazgo contra las heladas tardías. En algún pueblo de la Ribera llaman a estos tres “los santos de capa“. “Entre Toribios, Marcos y Pedretes, cortan las uvas sin hocetes“ (dicho de Tierra Estella)[236].
Otros discípulos
Hay algunas ermitas que comparten titularidad dos apóstoles. Tales son los casos de san Juan y san Pablo (Eratsun, Ollo, Oskotz y Vidaurre); y de los santos Felipe y Santiago (Cáseda). La de la Conversión de san Pablo, en Labiano (valle de Aranguren), comparte titularidad con Santa Felicia (un caso parecido a la ermita de Nuestra Señora de Arnotegui, en Obanos, con San Guillermo de Aquitania, hermano de aquella).
La de Cáseda se halla situada sobre el monte que corona el Calvario. Los penitentes, algunos entunicados, marchan el Viernes Santo a las 9:00 de la mañana, en conmemoración de la muerte del Señor. Llevan la imagen del Crucificado, un gallo, alusivo a las negaciones de san Pedro, el pendón de Semana Santa y algunas cruces de madera. Recorren las estaciones situadas en la ladera que asciende hasta la ubicación de la ermita. Finaliza el acto religioso con el canto de la Salve Regina a la Virgen de Ujué[237].
Santa María Magdalena
Tras la muerte de Jesús, sus discípulos temieron represalias de quienes instigaron su crucifixión y se encerraron en el Cenáculo. Entre ellos se encontraba María Magdalena, de quien el Maestro había expulsado siete demonios y le había acompañado al pie de la Cruz. A ella le fue mostrado el sepulcro vacío, tras la Resurrección, al tercer día, y fue a comunicárselo al resto de discípulos.
El culto de esta santa se debió popularizar en el siglo XII, traído a este lado de los Pirineos por caballeros borgoñones que ayudaban en la reconquista a Alfonso el Batallador.
María Magdalena tiene sus devotos en Navarra, donde cuenta con romerías a las ermitas de Azanza (valle de Goñi), Goizueta (valle de Urumea), Grocin (valle de Yerri) y Leache (Val de Aibar). En Navarra hay hasta 24 ermitas dedicadas a la Magdalena.
La de Azanza atrae a los fieles de todo el valle. Estuvo sostenida por una cofradía de hermanos pertenecientes a los pueblos de Aizpún, Azanza y Urdánoz, que oían misa en ella a diario desde el 3 de mayo al 4 de setiembre. La ermita, perteneciente en el pasado a las poblaciones citadas, a las que se sumaron Munárriz y Goñi, estuvo abandonada hasta 1970 en que se reconstruyó y se eligió para celebrar en ella el Día del Valle. Los mayores recuerdan que al término de la romería el día de la festividad de la santa -22 de julio- se rezaba en ella un responso por los cofrades fallecidos[238].
En Goizueta, hasta mediada la década 1970 se mantenía una procesión el día de Viernes Santo hasta la ermita, compuesta por encapuchados descalzos que acompañaban las representaciones de la Pasión, con las efigies de la Flagelación y de Jesús con la cruz a cuestas y la de san Miguel, arropado por unos niños vestidos de angelitos, que cerraban el cortejo. Una vez llegados a la plaza del Ayuntamiento, un concejal colocaba una bandera negra, adornada con cinta roja, en el suelo, y la persona que representaba a san Miguel la pisoteaba para simbolizar el triunfo de los ángeles sobre el demonio. Eran los llamados “Pasos de San Miguel”, que recuerdan los mayores. También se acudía el día de Jueves Santo y en época de rogativas”[239].
La imagen de la santa se traslada en procesión, desde su ermita de Santa María Magdalena, en Grocin, hasta la parroquia de San Martín, con el bandeo de sus campanas resonando hasta su llegada, para el canto de las vísperas. Es uno de los pocos lugares en los que se cantan las vísperas completas en latín, con gran devoción y Salve Regina final, con acompañamiento del órgano. Tras la misa hay traca final y cena popular al anochecer[240].
Los vecinos de Leache suben a la ermita de Santa María Magdalena en tres ocasiones: Ascensión del Señor en rogativa, el día de la festividad, desde 2003, y el viernes de fiestas, cercano al segundo domingo de agosto. Algunos mayores recuerdan vagamente que se ascendía con cruz procesional y rezando el rosario. La imagen de la santa preside la Eucaristía desde una hornacina situada en el presbiterio y la llevan en procesión alrededor de la ermita una vez interpretada la Salve Regina final. Durante el recorrido se cantan las letanías y se procede a la bendición de los campos[241].
Madrugaban los de Lakuntza, en el valle de Arakil, en la Pascua de Resurrección para visitar la ermita de la Magdalena, ya derruida en la década 1950, y regresaban anunciando a los vecinos, en un euskera híbrido, el gozo de la Resurrección, dialogado entre la Virgen y María Magdalena: “Zer esaten didaz Madalenia? / Resuzitatua dala beroren semia. / Ay, au gozua! Ay, au gozua! / Pazko eguna da ta gloriosua” (¿Qué me dice Magdalena? Que tu hijo ha resucitado. ¡Ay, qué dulce! ¡Ay, qué dulce! Es el glorioso día de Pascua) Dejó de rezarse en la década 1980[242].
La Imagen de la Magdalena se encuentra en la iglesia parroquial de Baríndano, Améscoa Baja, y las procesiones de rogativa con su imagen se han hecho de la manera siguiente: reunido el pueblo en la iglesia de Baríndano, se llevaba la imagen de la Santa procesionalmente por el camino de Iturriqui hasta la ermita de San Cristobal, donde se celebraba la misa. Acabados los actos litúrgicos, regresaba la procesión a la iglesia de donde procedía[243].
Santas y santos mártires de la Iglesia
Son numerosos los santos sujetos a devoción y veneración en Navarra, hasta dieciocho, considerados mártires de la Iglesia en los tres primeros siglos de nuestra era bajo la dominación del Imperio Romano. Sacrificaron su vida por defender su fe cuando se desataron las persecuciones contra los cristianos, para obligarles a que abjurasen de ella, aceptando someterse al tormento y la muerte por Dios. En el caso de las santas por defender, además, su pureza. Fueron y son todavía cuantiosos sus milagros, lo que explica se les tenga como protectores en diferentes situaciones, principalmente ante peligros o problemas de salud.
El primero de ellos -protomártir- es San Esteban, en el siglo I; en los dos siguientes siglos las Santas Marina, Apolonia, Águeda, Columba, Bárbara, Fe, Quiteria; y los Santos Tirso, Cristóbal, Sebastián, Adrián, Blas, Jorge, Vicente, Quirico, Urbano y, a caballo del siglo III y IV, Lucía, Engracia y Donato. El culto a todos se pudo difundir en nuestra tierra gracias al doble impulso de la romanización y de los caminos a Santiago de Compostela.
Ahora me referiré a ellos, considerando que ya se ha contemplado la influencia de los discípulos de Jesús en las romerías de Navarra, todos, menos San Juan evangelista, mártires de la naciente Iglesia.
Al protomártir San Esteban se le rinde culto en las romerías a sus ermitas en Urdax, (comarca del Bidasoa), Orbaizeta (Aezkoa), Azagra (ribera estellesa), Bearin (Yerri) y Añorbe (Valdizarbe). El esta última población se le canta el himno siguiente, al son del acordeón: “Venimos con alegría, / siguiendo la tradición, / San Esteban, Protomártir, / a implorar tu bendición. / Con tu vida nos invitas / a vivir de corazón / esa fe de nuestros padres, / en Jesús el Redentor / T u camino seguiremos / trabajando con tesón, / en el campo, en la casa, / dando gracias al Señor. / San Esteban, te apedrean / y tú les das la razón, / que nosotros te imitemos /venciendo el mal con amor “.[244] En Azagra también se recuerda en el canto su martirio por lapidación en defensa “de la ley de gracia de su Redentor”. Sin embargo, en Orbaizeta, antes de la restauración de su ermita, el que pasaba por sus ruinas, dejaba un mechón de pelo porque era bueno para curar el dolor de cabeza; tras su restauración, se va en romería el primer domingo de agosto. Tras la misa se hacía una comida en Almonte por grupos de familias, y después se bajaba al pueblo, donde se hacía fiesta[245].
En la romería de Napal (Romanzado) a la ermita de San Esteban de Ugarra, los romeros rezaban a la Virgen de Ujué donde hay ahora una cruz[246].
A la ermita de Santa Marina acuden fieles de la Burunda (Bakaiku, Iturmendi, Urdiain) y bastante lejos de allí, en Ayesa (Val de Aibar). Situada en la sierra de Urbasa, actualmente son Iturmendi y Bakaiku, los pueblos que suben a la ermita en los días de la Trinidad y Santa Marina, 18 de julio. Son fiestas concurridas, frescas, en las que predomina la juventud y presiden los ayuntamientos de los dos pueblos, alternándose en el primer puesto sus alcaldes respectivos. La corporación da prestancia a la misa y a la procesión con la imagen de la santa alrededor de la ermita., que, según la tradición, ayuda a evitar “el dolor de tripas”[247]. El zortziko, bailado con solemnidad ritual ante las autoridades y cuyos pasos trenzaba antaño el propio alcalde, abre la algarabía retozona y alegre de la romería. Al descender de la sierra por la tarde, y llegar a la divisoria de los términos municipales de ambos pueblos, se detienen los romeros en el prado llamado Danzalarre, donde los que llegaron primero esperan a los rezagados para despedirse mutuamente con el eco jovial de la última danza[248].
Según la tradición, los habitantes de la Burunda pidieron a esta virgen y santa gallega que calmara un temporal y así poder recoger la cosecha (otra tradición más incierta relata que se acudió a ella para eliminar una plaga de langostas)[249].
En la misa se canta: “Viva por siempre Santa Marina / que en esta cumbre tiene su altar / y reine siempre triunfante, Cristo, / en este pueblo, noble y leal. / Siempre seremos fieles devotos, / nuestra abogada siempre serás / y con tu ayuda perpetua siempre, /devolveremos el bien por el mal”[250]. El ayuntamiento prepara el almuerzo en la borda común, consistente en chistorra y queso; el vino se sirve en las clásicas tácitas de plata que llevan grabadas las iniciales de la población que corresponde.
Santa Apolonia de Alejandría, popularmente conocida como Santa Polonia, de quien se dice fue martirizada después de arrancarle la dentadura, tiene su romería muy concurrida a la parroquia de Mendigorría el 9 de febrero, en que se venera la reliquia de la santa. Es abogada contra los dolores de muelas, en consideración al tormento a que se la sometió en la persecución a los cristianos del tiempo del emperador Decio[251].
Santa Águeda de Catania tiene sus romerías en los pueblos de Legarda (Valdizarbe) y Undiano (cendea de Zizur). Su festividad es el 5 de febrero. También cruelmente martirizada en la persecución de Decio, por el procónsul de Sicilia Quintianus, que mandó le amputaran sus pechos al no acceder ella a sus placeres, su culto se extendió rápidamente por los territorios del Imperio Romano, por esta razón el pueblo la ha considerado patrona de las madres lactantes, especialmente contra el temido “mal de pechos”. Asímismo de las nodrizas. Pero también se le ha considerado valedora ante el fuego de la concupiscencia y el fuego físico, porque, según cuenta la historia, al año de su martirio, el Etna entró en erupción incendiando y quemando la región de Catania. Aquellos lugareños paganos que se encomendaron a la mártir se vieron libres del fuego. Más modernamente se le atribuyó también la capacidad de ahuyentar malos espíritus mediante retoque de campanas, como consta en algunos documentos y en la práctica habitual en pueblos próximos al río Aragón y en la cuenca de Pamplona. Se creía que el sonido de las campanas en la noche de su festividad “preservaba de incendios a los pueblos y de tormentas de verano a los campos”[252]. En las diferentes comarcas de nuestra comunidad ha sido festejada por la juventud, especialmente femenina, con coros, toque de campanas y cuestaciones, siendo célebres las coplas alusivas al martirio. Su fiesta se conmemora con solemnidad en Cáseda con campanas, procesión, cohetes, música y la participación del ayuntamiento en los actos religiosos[253].
Eporita pertenecía a una familia pagana de España, pero por la ingenuidad que la caracterizaba fue llamada Columba, en versión castellana “paloma”, que tras su martirio al defender su virginidad y ser degollada, pasó a ser reconocida como Santa Columba o Coloma. Destaca en Navarra su romería a la ermita románica de Meoz (valle de Lónguida). Aloja en su interior un sepulcro rectangular, decorado con la cruz de Santiago en la cubierta. Este sepulcro ha sido considerado por la tradición, como el lugar donde fue depositado el cuerpo momificado de Santa Colomba, ahora inexistente. El mismo habría sido trasladado desde Roma, por el marino Vélez de Atocha, originario de Garde, en agradecimiento por su salvación, bajo el amparo de la virgen de Zuberoa, ante la amenaza de unos piratas en el siglo XVI. Se conserva una calavera atribuida a la santa que debían rozar con la mejilla los penitentes que llegaban entunicados, afectados por dolores de muelas, en tiempos pasados. El procedimiento era extraño: corriendo a un lado la losa del sepulcro, con la calavera en sus manos se la pasaban por la mejilla, en tanto había que rezar una oración. La romería se celebra el segundo domingo de junio. Llegan vecinos de Aós, Artajo, Ayanz, Meoz y Murillo de Lónguida, lo que equivale a todo el valle, con la “cruz blanca” al frente, es decir, la cruz parroquial[254].
Una tradición que corre por Lónguida, y recoge Jimeno Jurío, dice así: “Una noble joven, natural de Italia, quiso hacerse monja, retirándose del mundo y haciendo vida penitente en estos montes de Meoz. Un hermano suyo, príncipe italiano, anduvo buscándola por todas partes. Logró al fin descubrir su paradero, intentó convencerla para que dejara aquella vida. Enfurecido, ante la negativa de su hermana, sacó el puñal y la mató. En aquel momento sonaron las campanas en un alto próximo. El príncipe reconoció el pecado e hizo penitencia. El cuerpo de la santa se guardó en la ermitica de su nombre”, pero, como se ha explicado, de él sólo queda la calavera[255].
La devoción a Santa Bárbara está entrañada en el pueblo. Hoy día se peregrina a sus ermitas en lugares tan opuestos geográficamente como Mañeru, Monreal y pueblos del valle de Elorz, Abárzuza, Arizala y Lezaun (valle de Yerri), Estella, Lerga y Eslava (Val de Aibar), Legarda (Valdizarbe) y Gorriti (valle de Araitz).
En Monreal, merindad de Sangüesa, la imagen de Santa Bárbara de Nicomedia se sube procesionalmente desde la iglesia parroquial hasta la ermita de la Higa con salida hacia las 8:45 de la mañana del 3 de mayo, popularmente llamada fiesta de la “cruz de mayo” por celebrarse el día correspondiente a la Invención de la Santa Cruz, y allí se quedará hasta setiembre. Entonces la volverán a bajar en procesión. Esta romería se extendía por todos los valles que rodean la Higa (llamada “de Monreal” que viene a situarse más o menos en el centro geográfico de Navarra), distribuyéndose las subidas en distintos días, según los lugareños. Así, al valle de Elorz le tocaba el primer sábado después de la fiesta de la cruz. Según cuentan los mayores del valle, antiguamente se salía de madrugada con sus respectivos párrocos. Llegados a la ermita, se celebraba misa y después se bendecían los campos, pidiendo a Dios, por la intercesión de Santa Bárbara, la protección sobre sus cosechas. De vuelta para casa, los pueblos recibían a los romeros con bandeo de campanas y con una cena pagada por el concejo. En Elorz, a esta fiesta la llamaban “Elizabesta“, que viene a significar “fiesta de la iglesia”. Para esta romería la iglesia daba una especie de gratificación para todos los que iban a Monreal, sacada de los fondos primiciales, y que consistían en “tres robos de trigo, tres cántaros de vino, más 11 reales y 14 maravedíes”. Esta tradición de Elorz desapareció en el siglo XIX con la abolición de los diezmos y primicias del gobierno de Espartero. Desde 1945 en el concejo de Noain se sustituye la romería del primer domingo de mayo por una misa en honor a Santa Bárbara en la parroquia. Se bendicen los campos y, “se da a adorar la reliquia”, en una entrañable jornada festiva[256].
Con motivo de esta romería a la ermita de Santa Bárbara se cantan unos gozos, tanto el 3 de mayo como el domingo siguiente a la Natividad, que la vuelven a bajar al pueblo.
Los gozos son los siguientes:
“Pues sois virgen coronada / y mártir muy excelente, // Sednos, Bárbara, abogada…/ ante Dios, Omnipotente // En Nicomedia naciste / de linaje esclarecido, / de bienes enriquecido, / noble y hermosa os visteis / y todo lo aborrecisteis / desde niña, penitente. // Sednos Bárbara, abogada… // Milagrosamente fuisteis / santamente bautizada / y vuestra alma rociada / con dones que recibisteis / del Cielo, que vos abristeis / con la oración ferviente. // Sednos Bárbara, abogada…// En torre muy alta y fuerte / vuestro padre os encerró, / la soledad os sirvió / de una espiritual fuente, / dando a los vicios muerte, / con vuestro valor paciente. // Sednos Bárbara, abogada…// Dos ventanas os dejaron / para allí la luz central / pero por vuestro mandar, / la tercera fabricaron / que Dios Trino consagraron / ardores de amor valiente. // Sednos Bárbara, abogada…// A los ídolos que hallaste / de vuestro padre, escupiste / y en un mármol esculpiste / la cruz, con que ablandaste / la dureza que hallaste / en piedra tan resistente. // Sednos, Bárbara, abogada…// Vuestro padre, enfurecido/por ver que erais cristiana / y que estado de casada por vos era aborrecido, / con un puñal, atrevido, / fue tras vos, siendo inocente // Sednos Bárbara, abogada…// Pero Dios os preservó, / abriéndose una gran peña / que os recibió a halagüeña / y en su centro os conservó / en vida, que reservó / para mejor oriente. // Sednos, Bárbara, abogada…// A vista de este prodigio, / debía al padre cesar / y su furor mitigar, / ni de aquel, dejar vestigio, / pero en tan cruel litigio / quedó su error persistente. // Sednos, Bárbara, abogada…// El cabello es desgarro / arrastrándoos por tierra, / tratándoos como fiera / y a más rabias se empeñó / porque al fin, se despeñó / en daros al presidente // Sednos, Bárbara, abogada…// Este juez, vil y tirano, / después del primer azote, / peine de hierro y del corte / de los pechos inhumanos, / dejó a la paternal mano, / que en vos obrase insolente, // Sednos, Bárbara, abogada…// El padre, pues, irritado, / levantó la fiera espada, / vuestra cabeza cortada / quedó y entrante tan rodado / a Dios, pía, habéis rogado / por quien os llama fielmente. // Sednos, Bárbara, abogada…// El padre por el arrojo / y el malvado presidente, / fueron por Dios altamente / muertos con grande sonrojo / de un rayo, que fue despojo / de trueno y fuego ardiente. // Sednos Bárbara, abogada…// A vos, pues, os suplicamos / que nos libréis de los rayos, / de repentinos desmayos, / como de vos esperamos / y que contritos, partamos / a la patria permanente. // Sednos Bárbara abogada…/ Virgen, mártir exaltada, / en milagros eminente. // Sednos Bárbara, abogada/ante Dios Omnipotente”[257].
El relato se corresponde con la historia del martirio de la santa, al que su propio padre Dióscoro, gobernador sátrapa, fue quien, tras haberla puesto a prueba encerrándola en una torre sin éxito, le dio muerte decapitándola en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo le alcanzó dándole muerte. Esto explica que se la considere patrona de los mineros y de los artilleros, y de quienes trabajan con explosivos debido a la asociación de su leyenda con los rayos, cuya festividad se celebra por la Iglesia católica el 4 de diciembre.
En el caso de Legarda, los estribillos recordados son similares a los otros lugares con la misma advocación: “Santa Bárbara, bendita, / que en el cielo estás escrita, / con papel y agua bendita, / Santa Bárbara, doncella. / Líbranos de la centella, / y del rayo, mal airado. / Jesucristo está enclavado, / en el árbol de la Cruz. Paternóster, amén Jesús”. Y esta variante dice: “Santa Bárbara bendita. / En el cielo estás escrita. / Haz que las nubes se deshagan. / Como la sal en el agua”[258].
En la ciudad de Estella, la ermita se halla en el monte Arieta; el 15 de mayo sube el gremio de labradores. Reciben pan y vino los que acuden. Los vasos de plata en donde se sirve el vino, se llaman “cocos”, tal vez por su forma que asemeja a un coco partido por la mitad.
Una romería peculiar es la de los mineros de Beriain que trabajaron en las minas de potasa en los distintos pozos de la comarca de Galar desde 1962. La localidad se convirtió en hogar de los cientos y cientos de trabajadores procedentes de Andalucía, Asturias, Galicia o Extremadura. Se buscó pronto la protección de la santa con una imagen colocada en una cueva cercana a las escombreras y un lago. En la década 1990, el ayuntamiento mandó construir en el casco urbano de Beriain su ermita, que imita la boca de una mina, en la calle del Bosquecillo. Desde entonces la procesión comienza el 4 de diciembre en la ermita con la oración del sacerdote a santa Bárbara. Acto seguido cuatro hombres con el atuendo clásico de los mineros, buzo azul y casco blanco con su lámpara, cargan con la patrona en hombros, y comienzan el recorrido procesional seguidos por un grupo de gaiteros hasta la Iglesia parroquial donde se celebra la misa. El acto también se considera un homenaje a los viejos mineros, en especial a los que murieron. La misa en honor a santa Bárbara finaliza con el cántico a la santa.
La explotación de la potasa cesó en 1997, pero la romería se sigue celebrando.
Santa Fe de Epároz, antiguo monasterio cisterciense, luego sanjuanista, ha sido un referente para todo el valle de Urraúl Alto como centro espiritual en el que en el pasado se daban misiones populares con gran asistencia de los pueblos vecinos (Adoain, Ayechu, Elcoaz, Imirizaldu, Irurozqui, Ongoz, Ozcoidi, Zabalza), incluso de Lumbier. En realidad, el monasterio, está en término de Ezcániz o Baratzagaiz, su nombre antiguo, hoy despoblado, del que se conserva su Crucificado gótico, impresionante, con los brazos en posición semejante al de Puente la Reina traído por peregrinos renanos en su marcha a Santiago de Compostela, que hoy se expone en el Museo de Navarra. En el pasado los romeros del valle de Urraúl Alto llegaban juntos a pie y entunicados, con cruces de penitencia, de madera, entonando las letanías. Hoy el cortejo procesional lo encabeza la imagen de la Virgen del Rosario y en la campa situada ante la ermita se procede a la bendición de los campos, primero con agua bendita y a continuación con la cruz de Adoain portada por el párroco[259]. Hace 50 años antes de la despedida se rezaba el rosario. La advocación de la santa francesa, de Agen, pudo tener en el pasado una dependencia de la abadía de Santa Fe de Conques, nada de extraño pues la santa padeció martirio bajo el emperador Maximiano en la Galia romana, en la parrilla como San Lorenzo.
A Santa Quiteria se la venera en Goñi, Bigüézal, Viloria, Burlada y Tudela. Su festividad es el 22 de mayo. En época medieval se la consideró protectora contra las tempestades y posteriormente abogada especial contra la rabia, creencia que la leyenda atribuye al hecho de que los perros siempre se calmaban en su presencia. En la ermita de Goñi había una reliquia de la santa, por ello era muy venerada en el siglo XIX. Bigüezal tiene su ermita en las afueras del pueblo, al este. Todos los años, por su festividad, se rezaba una novena en honor de la santa. La función tenía lugar por la tarde, a última hora. La noche del último día se hacía una hoguera de bojes en la puerta de la ermita, sobre la que saltaban los jóvenes. Fue suprimida hacia 1960, pero anteriormente a Bigüezal acudían los pastores y algunos vecinos a bendecir a los perros, según el rito del monasterio de Leyre, y se les daba pan con agua y sal, previamente bendecidos. La actividad romera de los vecinos de Bigüezal es muy amplia, porque participan en las ceremonias religiosas de San Pedro de Usún, en Santa María del Campo y en San Quirico, en Navascués, y también en Santa Lucía de Racas en Aspurz.
Los feligreses del Valle de Lana iban a la ermita de Viloria a rismar[260], es decir, liberarles de sarna a los perros. En algunos lugares, se repartían unos cordoncitos protectores de las mordeduras y se rezaba una jaculatoria en presencia de un perro rabioso: “Santa Quiteria pasó por aquí, perro rabioso no me muerde a mí“.[261] Según tradición burladesa, santa Quiteria era hermana de santa Felicia de Labiano. Su cuerpo (huesos y polvo), es venerado en la parroquia de Burlada. Era tan milagroso que pretendieron llevarlo a la catedral de Pamplona; pusieron la arqueta sobre una mula, llegó al portal de Francia, se plantó y no hubo forma humana de hacerle dar un paso hacia delante; tuvieron que volver las reliquias a Burlada. De ahí que los burladeses celebren en su honor las fiestas pequeñas, con elección de mayordomo e ingreso en los “mozos“ cuando era un lugarejo de Val de Egüés, antes de constituirse en ayuntamiento independiente, según explica Jimeno Jurío[262].
El día de Santa Quiteria, los romeros de Tudela acuden a la ermita de la santa, que se halla en la jurisdicción de la parroquia de San Jorge. Los devotos acuden al soportal de la rústica iglesia llevando en la mano manojos de tomillo o romero. “Antiguamente acudían a esta romería muchas gentes de los pueblos comarcanos. Llegaban en carro, con música de campanillas, desde Ablitas y Murchante, Cabanillas y Fustiñana. Aún siguen llegando algunos, pero cada vez son menos”. Los cofrades de Santa Quiteria, después de la fiesta, reparten bollos con chorizo y almendras bendecidos durante la misa. Juan Antonio Fernández recogió en el siglo XVII una curiosa leyenda: una moza de 24 años en una noche de gran viento y tormenta, se sintió fuertemente aquejada del mal de la rabia y decidió implorar protección a la santa. Encendió un candil para alumbrarse en el camino y trepó monte arriba. A pesar de la fortaleza del viento, el candil no se apagó y sin notar persona que le abriese la puerta, pudo penetrar en la ermita y rezar ante la imagen de santa Quiteria, quedando al momento curada del ataque. En memoria de esto, aún se conserva cuidadosamente el candil, que cuelga de una pared no lejos del altar. Luis Gil Gómez recoge una invocación que solían decir “hace muchos años” los chicos en diversas ocasiones: “Santa Quiteria / pasó por aquí; / que el perro rabioso se aparte de mí”. Hace tiempo era costumbre, antes de la fiesta, marcar a fuego a los perros con un escudo de la santa y cuando se iba a aplicar sobre el costillar del can, la mujer encargada de la marca pronunciaba con voz semitonada un ensalmo o conjuro (que no se ha conservado) También para los chicos se imploraba protección, pero, a cambio del quemazo, se les ataba a la muñeca un cordón o cinta de color rojo[263].
Los vecinos de Fustiñana, en la misma comarca tudelana del Ebro, acuden a la romería de la Virgen en el santuario de Sancho Abarca de Tauste, limítrofe con Navarra. Los ermitaños de este santuario repartían por la Ribera los “cordones de Santa Quiteria”, que eran atados a las muñecas como amuleto protector contra las mordeduras de perros rabiosos, o también al pezón de la boina, y con este fin se rezaba la jaculatoria: “Santa Quiteria pasó por aquí, perro rabioso no me muerde a mí”[264]. Cuando había comunidad de religiosos en la ermita de Sancho Abarca, y posteriormente los santeros, recorrían las Cinco Villas aragonesas y otros pueblos comarcanos pidiendo limosna. A cambio, los religiosos, y luego los ermitaños, daban a los niños unas hilas o cordoncitos de colores que ataban a una de las muñecas, llevándolos hasta que terminaban rompiéndose. Se decía que los cordones tenían la bendición de santa Quiteria, y que preservaban de mordeduras de perros rabiosos. La costumbre desapareció hace mucho tiempo, durante la segunda república española[265].
A San Tirso se le venera en Oteiza de la Solana y en Azcona (Yerri). Con la imagen del santo se realiza una ceremonia con sabor muy tradicional. El domingo anterior a su festividad, el 28 de enero, unos voluntarios se desplazan por la mañana, a pie, hasta la ermita, situada a unos 4 km de Oteiza. Toman la estatua del santo y marchan hacia la villa. En un punto denominado El Macusero les espera el pueblo para salir en procesión desde la “piedra de la Salve”, y de esta manera el santo, al que tienen como protector de los campos, hace su entrada en la parroquia de San Miguel. Aquí permanecerá hasta el día 9 de mayo, en que se le llevará nuevamente a su ermita, organizándose una romería y una fiesta popular en la explanada de la ermita. El regreso del santo a su ermita se ha trasladado al 1 de mayo, como en otros lugares, con el fin de asegurar la presencia de los que viven en el pueblo y fuera de él[266].
En Azcona, sin embargo, no hay ermita, pero sí devoción[267]. Nos la traslada Luis Antonio Montes tal como la vivió en su niñez-primera juventud: “La procesión va a salir ahora. Abren marcha los tres monaguillos, el de la cruz y los de los ciriales largos. Todo el pueblo se organiza en dos filas, primero los hombres, luego las mujeres. Por un momento todas las miradas se dirigen al santo, a nuestro querido San Tirso. El que no lo conoce, queda sorprendido, porque su imagen es una talla pequeñita, chocante. Lo llevan dos hombres: uno delante, y el otro detrás. Cierra la marcha el Ayuntamiento en pleno y el clero. Tratándose de un acto religioso, se ha iniciado el rezo del rosario. Entre misterio y misterio, se entonan unas letritas humildes, plenas de fe: “San Tirso glorioso / tened caridad / regad nuestros campos / que hay necesidad”. Vamos llegando, pero hay quien se ha adelantado, porque ya se oye diáfano el campanillo de la ermita. Le llamaban así. No era campana, ni campanil, sino campanillo. Por cierto, que este de San Tirso tenía la voz de plata, mejor dicho, de cristal. Agudo, penetrante, fino, como un dardo lanzado con fuerza por el aire. Se oía desde muy lejos, redondamente. Se va a proceder a la bendición de los campos. El sacerdote, revestido, lleva un libro en la mano izquierda y en la otra el hisopo que moja en el acetre. San Tirso está allí presidiendo la ceremonia. “Señor, libra estos campos de toda epidemia, del rayo y del pedrisco, y haz que sus frutos lleguen a su sazón perfecta. Te lo pedimos por intercesión de San Tirso presente aquí y siempre contigo por los siglos de los siglos”. El sacerdote repite esta oración a los cuatro puntos cardinales, en medio del silencio y del fervor de la gente. Ello causa cierta impresión al comprobar la religiosidad del pueblo. La figura del sacerdote adquiere fuerza cuando portando el hisopo, extiende su brazo derecho de aquí para allá, en un gesto enérgico y amplio, como queriendo abarcar el término municipal todo, desde Larraga a Cirauqui. Algunos quedan fuera encargados de preparar el condumio. Ya se ha comenzado esta tarea, pues hay varias fogatas encendidas y se empieza a notar un tufillo apetitoso. Todos han venido bien provistos, casi con exceso, pero la caminata y el aire han abierto el apetito desordenadamente. Con toda probabilidad no quedarán demasiados rastros. Por aquí y por allá se ven ensaladas como cordero, chilindrón, o cuchifrito, calderete de conejo, alguna tartera de ajoarriero y hasta un par de redondas tortillas de patatas. Lo más chocante para mí era la costumbre tradicional de llevar para postre arroz con leche, con lo dificultoso que resultaba su transporte. Los mozos y las mozas se han puesto a jugar al corro y danzar una especie de baile de la era. Cada uno se levanta y estira las piernas. El Ayuntamiento entabla conversación con los vecinos y el clero se despide ya, tal vez porque a don Celestino no le vaya muy bien la parte profana de la jornada”.
No queda claro por qué se relacionaba a san Tirso con la protección de los campos (se habla de que paró tormentas tras rezarle), pero así lo consideraban también en Bernedo (Álava), cuya ermita, excavada en la roca, se halla en la Sierra de Toloño. A esta ermita también suben por mayo de rogativas pueblos navarros como Lapoblación y Meano.
Queda también el dato de López Sellés. A san Tirso se le veneraba en Esparza (comarca de Aoiz), en Pamplona y en Gallipienzo, que guarda las ruinas de su ermita. Allí era “Santitirso”[268].
San Cristóbal ha sido muy venerado en Navarra, de modo especial en Tierra Estella y Cuenca de Pamplona, y aún lo es en buena medida. López Sellés lo ha advertido en 52 ermitas repartidas mayormente por la Navarra Media: Valle de Yerri (Murugarren, Villanueva), Valdizarbe (Biurrun, Adiós). Val de Mañeru (Cirauqui, Guirgillano), Valle de Lana (Ulíbarri), Val de Echauri (Bidaurreta), Valdega (Etayo)…, no sólo por ser el gigante que llevó al Niño Jesús en sus hombros al cruzar el caudaloso río, sino porque se convirtió en patrono de peregrinos y viajeros.
En lo alto del monte Esquinza, en término de Cirauqui y en un entorno de gran calma y serenidad, se encuentra la ermita de San Cristóbal. Antiguamente, la romería se celebraba tres días antes de la Ascensión, por lo que siempre coincidía en lunes. La comitiva partía desde la parroquia de San Román acompañada por las banderas de las cofradías de la Vera Cruz y del Rosario, y el párroco iba rezando las letanías de los santos hasta el Molino de la Central. Allí se hacía una breve parada para descansar. Después, la procesión continuaba por el camino de las Culebrinas hacia la ermita, aunque muchas personas preferían subir a caballo o en machos, como era costumbre. Con el paso del tiempo, estos medios fueron sustituidos por coches y tractores. Actualmente, se celebran varias romerías a este lugar. Los vecinos de Cirauqui suben el primer sábado de mayo, mientras que los de Alloz y Lácar lo hacen el sábado anterior a la Ascensión del Señor. Tras la misa, se bendicen los campos. El dinero recaudado en estas celebraciones se entrega a los representantes de Cirauqui para ayudar al mantenimiento y conservación de los edificios[269].
Los gozos se cantan el 10 de julio en la ermita, en el ofertorio de la misa, a cargo de los asistentes de Cirauqui y Lorca, y dicen así: “Pues lleváis al Redentor / en hombros, con valentía, / sed Cristóbal nuestro guía / y nuestro gran protector: / En un río caudaloso / que a nadie daba camino, / para todos peregrino, / vos hacéis de barco gozoso / para todos amoroso / soi seguro conductor. // Sed Cristóbal nuestro guía / y nuestro gran protector: // Entre la gentilidad / os sacó Dios a la luz / enarbolando su cruz / en medio de la impiedad; / recibió la cristiandad / en vos, un nuevo esplendor. // Sed Cristóbal nuestro guía / y nuestro gran protector”[270].
Además, este lugar también era frecuentado por chicas jóvenes que acudían acompañadas por sus padres para tratar de llegar a acuerdos matrimoniales con muchachos de Cirauqui y de otros pueblos. A esta práctica, en el lenguaje popular, se le llamaba “ir de vistas”.
En Villanueva de Yerri conservan una tradición singular para honrar a San Cristóbal en su ermita, ya que mantienen una vela encendida desde el 3 de mayo hasta el 14 de septiembre. Antiguamente, se reponía diariamente, pero en la actualidad lo hacen semanalmente[271].
En término jurisdiccional de Baríndano, muy próxima a Zudaire, se halla la ermita de San Cristóbal, en el valle de Améscoa Baja, elegida por los amescoanos para colocar en ella las imágenes barrocas de Nunila y Alodia, a las que han tenido especial devoción en el pasado y a quienes se dirigían la mayor parte de las rogativas que se hacían por cuenta del valle. En ella se asienta la Cofradía de San Cristóbal que hunde sus raíces más allá del siglo XVI[272].
El 20 de enero celebran a San Sebastián muchos pueblos repartidos por Navarra, pues su devoción fue creciendo conforme se extendían las pestes en los siglos XV y XVI, ya que se le tiene por protector frente a ellas, y esto explica que Olite, Tafalla, Sangüesa y Pamplona lo tengan como patrón. El por qué se le relaciona con la peste tiene que ver con la vida del santo y el martirio al que fue conducido, por ser tribuno romano convertido al cristianismo. Pero, a decir verdad, sólo con una parte de su martirio, pues sufrió éste en dos momentos consecutivos. Primero asaeteado sujeto a un árbol por orden del emperador romano Maximiano (en la iconografía más común), de cuyas heridas curó gracias a los cuidados de Irene, viuda de otro mártir, Cástulo, para ser finalmente apaleado en el circo Palatino hasta su muerte en el 288. Y se ha relacionado la rapidez de la trayectoria de las saetas por el aire hasta impactar en el cuerpo de Sebastián con la manera como se difunden los miasmas malignos de la peste en la atmósfera ante la proximidad de seres contagiados. Su drama personal se condensa en la aurora que le cantan en Lakuntza: “Sebastián defensor de la iglesia, capitán de la guardia de honor, que el imperio gentil abandonas, por servir al verdadero Dios…”[273]
En el valle de Roncal se venera a San Sebastián de Navarzato, con referencia a la antigua villa así llamada, despoblada en el siglo XIII, y a su ermita románica sita en ella. Al santo se le atribuyen allí propiedades curativas contra las epidemias de personas y animales domésticos, así como al agua que mana bajo la ermita y se distribuye en botellas entre el vecindario. En la misa del 1 de mayo resuenan los gozos: “Campeón muy valeroso, / Del Cristianismo escogido / rogad por todo afligido / Sebastián, mártir glorioso”[274]. En las Memorias de Gayarre, de Julio Enciso, se dice que la madre del tenor prometió, durante su embarazo, ofrecer al niño y ponerlo bajo la protección de San Sebastián. Dice Enciso: “muchos años después tuve ocasión de visitar la ermita, acompañado del mismo Gayarre, y todo el humilde y pobre altar en que se halla colocada la imagen de San Sebastián, lo vi rodeado de magníficas y ricas coronas de laurel y oro, de las que pendían anchas cintas, en las que se leían Al cantor sin rival, Al incomparable artista, Al gran tenor Julián Gayarre, etc. Eran las coronas que los distintos públicos habían arrojado a la escena en las noches de las grandes ovaciones y más señalados triunfos del artista, y que su padre, Mariano Gayarre Mainz, llevaba allí con cariñoso celo. Gayarre no perdió jamás, en las vicisitudes de su existencia, la devoción a aquella ermita”. Gayarre se llamó Julián Sebastián. El lugar en donde se halla la ermita es Nabarzato o Nabarzatu[275].
Los devotos de San Adrián se concentran en Sangüesa (San Adrián de Vadoluengo), Lizarraga (Tierra de Aranatz), Etxarri-Aranatz (Burunda), Eulate (valle de Améscoa), Iturgoyen (valle de Guesálaz) y Mirafuentes (Berrueza).
La romería a la ermita del santo en Lizarraga está situada en la sierra de Urbasa, se celebra el tercer sábado de junio. Cuenta la tradición que unos leñadores en grave apuro, invocaron al santo, quien les socorrió de inmediato. Los leñadores levantaron una ermita de madera y tallaron la imagen de San Adrián con la rubia y el martillo[276]. Los vecinos de Iturgoyen no son partidarios de llevar la imagen de san Adrián de su ermita al pueblo, pues “en cierta ocasión en que la imagen fue llevada a la parroquia, una pedregada arrasó todos los pastos”. En cambio, la imagen de san Adrián de Lizarraga, es todo lo contrario, pues si la sacan en rogativa para impetrar la lluvia, antes de tres días se cumplen los deseos de los vecinos[277]. En la campa denominada Piezas de San Adrián se organizan las comidas después de una exhibición de aizkolaris. En este pueblo de Lizarraga la ermita de San Adrián ha tenido gran favor entre los romeros locales. Hay que tener en cuenta que el valle de Guesálaz se suministraba de carbón gracias a las carboneras situadas en la Sierra de Andía en terrenos pertenecientes a la dicha localidad. Hoy en día aún se observan restos de algunas de ellas cerca de la Ermita de San Adrián, patrono de los carboneros. El día de su fiesta el pueblo celebraba una romería hasta el santuario de la serranía donde está situada la imagen del santo con un hacha en la diestra. Tras el mediodía comían ahí las gentes del lugar y luego regresaban al pueblo. Por la tarde tenía lugar un curioso desfile en el que se efectuaba el traslado de las mujeres recién casadas montadas en un carro engalanado. La comitiva llegaba hasta una era donde disfrutaban de un baile al suelto con los mozos. El ingenio decorado era tirado por dos mozos haciendo el papel de bueyes y guiados por otro que hacía de pastor. La comitiva al acabar en lo más alto del pueblo junto a un aska arrojaba a la pareja al agua[278]. El “ritual” se ha recuperado en 1983 con ligeras modificaciones, que consisten en pasear a las parejas de recién casados o a las que cumplen sus bodas de plata, sentados sobre un carro pintado de color rosa, engalanado de ramas y flores[279].
En Mirafuentes, el acto más entrañable relacionado con este santo, que se celebra el 16 de junio, es la víspera del día, el 15. Se reza el rosario en la ermita a las 9 de la noche, se canta la Salve y la aurora dedicada a San Adrián., compuesta por Jacinto Ramírez y dice así: “El martirio sufrió San Adrián, / en aquellos tiempos de persecución, / de persecución. / Le quemaron vivo en la hoguera / unos cuantos hombres de mal corazón (bis). / Con su grande amor, / con su grande amor. / San Adrián como fue siempre bueno, / por aquellos hombres pedía perdón (bis). / Con sincero amor, / con sincero amor. / Les pedía a los de Mirafuentes, / que no abandonasen nuestra religión (bis)”. El texto se refiere a que, tras los tormentos que sufrió Adrián de Nicomedia por reprochar al emperador la muerte de varios cristianos, fue enviado a la hoguera, pero en ese preciso momento cayó del cielo una inmensa tromba de agua que extinguió completamente el fuego e impidió que el cuerpo mutilado del santo se quemara. A los pies de la ermita se arma una hoguera en honor a él, que en su tiempo fue quemado vivo, en torno a la cual se cenan unos bocados regados por el vino que el ayuntamiento ofrece consumido en unas antiguas escudillas de plata propiedad del municipio. Quien lo desea salta por encima de la hoguera. Al día siguiente se salía en procesión para llevar el santo a la iglesia y decirle allí una misa. Y terminaba el día con el juego de la calva de todos en buena unión[280].
Según la tradición, San Blas de Sebaste era conocido por su don de curación milagrosa, que aplicaba tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al clavársele en la garganta una espina de pescado. Este sería el origen de la costumbre de bendecir las gargantas en recuerdo del santo turco-armenio el día de su fiesta el 3 de febrero.
En Los Arcos, somontano que llega hasta Viana, la festividad de san Blas comienza a las 7:00 de la mañana con el canto de la aurora: “Mañana venturosa de alegría sin par, es la que hoy celebramos en honor de San Blas. Hoy todos cantamos al Santo patrón, en el día que alegra nuestro corazón”. Después se ofrece una sopa de ajo en el recinto anejo a la ermita, situada a unos 200 metros del centro urbano.
Antiguamente, la celebración incluía una misa a las 9:00 de la mañana, presidida por los cofrades, durante la cual se bendecían los alimentos que llevaban en sus cestas. Más tarde tomaban unas porciones de bacalao, llamadas bidijas, acompañadas del vino que preparaba el mayordomo. Luego procedían a desdibijar algunas piezas de bacalao destinadas al rancho de la tarde.
A las 15:00 horas tenía lugar el rezo del Rosario y la veneración de la reliquia, acto al que acudía numeroso público. Además de los cofrades, se compartía el bacalao y el vino, servido en la misma jarra, considerada casi una reliquia por su valor simbólico. Esta jarra conserva la inscripción: “Jesús María Joseph. De la cofradía de San Blas. Año 1816”.
Según recoge el libro de la cofradía, la comida destinada a los cofrades consistía en pescado, en memoria de la espina que el santo sacó de la garganta de un niño desahuciado por los médicos. De ahí el dicho: “Por San Blas, besugo atrás”, es decir, que se consume un pescado humilde, probablemente abadejo.
Con el tiempo, el antiguo reparto de bidijas y vino ha sido sustituido por bocadillos de chistorra a la brasa, queso y nueces después del rosario de la tarde, además del rancho de bacalao para los cofrades al final de la jornada. El 3 de febrero, a las 13:00 horas, se bendicen las tradicionales rosquillas y los bolsos con alimentos.
En Corella, al Santo, procedente de una ermita de San Blas ya desaparecida, según Iribarren en 1957 “lo sacaban en procesión, poniéndole en las andas un rosco”[281]. También lo hacían en Lodosa, pero aquí, además, se llevaban los animales delante de la iglesia, adornados con cintas y roscos. El párroco los bendecía desde un balcón.
En Navarra ha habido, además de las presentes, 21 ermitas dedicadas a este santo. Hoy las poseen en activo Artavia, Cintruénigo, Riezu y Ubago.
La devoción a San Jorge se concentra en Azuelo, valle de Aguilar, en el antiguo monasterio benedictino existente, al menos, desde el siglo X. En la iglesia de Azuelo se conserva la cabeza de san Jorge, en tanto que sus restantes despojos son venerados, con el nombre del santo traducido como Sant Jordi, en Cataluña, comunidad de la que es patrón. Nacido a fines del siglo III en Capadocia (Asia Menor), algunas fuentes señalan que san Jorge era miembro de una rica familia labradora, mientras que otras aseguran que fue un destacado militar del ejército romano. Por haberse enfrentado al emperador Diocleciano, al negarse a apostatar de su fe cristiana, y por haber repartido sus bienes a los pobres, fue encarcelado y decapitado. La supuesta cabeza -el cráneo- se custodia en el interior de una arqueta relicario, labrada en plata finales del siglo XVI[282]. Y aunque la fiesta no ha trascendido apenas fuera de su localidad y sus alrededores, se pasa agua para su bendición a través de la cabeza-relicario del santo de Azuelo, como en Sorlada con la de san Gregorio y en Obanos con la de san Guillermo. Se guarda también un brazo relicario de san Gregorio Ostiense, de madera, que data del siglo XVI, por el que también pasaban agua para bendecir los campos. Ambos objetos eran llevados por los pueblos de la merindad en épocas de epidemias, singularmente de rabia.
La romería a la ermita de san Jorge, en Barbarin, piedemonte sur del Montejurra, tiene su fecha de celebración el 23 de abril y goza de arraigo desde el siglo XVI gracias a la existencia de una cofradía propia. Ese día se bendicen los campos.
Una curiosa costumbre se mantiene desde el siglo XVII, en Los Arcos, en que el pan bendito era lanzado a los asistentes por una ventana de la ermita dedicada a San Vicente. Hoy, arruinado el edificio, el lanzamiento de los panes bendecidos se realiza desde el balcón de la Casa Consistorial y el reparto de vino embotellado se regala a los asistentes en su puerta de acceso. El origen más que probable de esta costumbre de lanzar el pan puede ser que en las épocas de hambre, el ayuntamiento repartía pan entre la población. Terminado el lanzamiento del pan la charanga recorre las calles. Esta práctica de lanzar pan desde el ayuntamiento comienza en 1945.
La ermita de San Quirico (o Quiriaco) está situada en la cumbre del monte de su nombre, a 1.172 m., asomándose a Bigüezal y Navascués. Sobre la puerta, la fecha “1868”. En el altar, las imágenes de San Quirico y de su madre Santa Julita. Se acude el 16 de junio (Navascués), 25 de junio (Bigüezal) y segundo día de Pentecostés (Aspurz). Julio Ruiz de Oyaga, en Diario de Navarra del 11-8-1956, explica que, en la procesión de Navascués hasta la ermita, al llegar a cierta piedra apartada a poca distancia del camino, los romeros comienzan a apedrearla. Dicen que dicha piedra es el diablo que mató a San Quirico, recordando con esto el martirio del santo, que fue muerto estrellándole contra la pared. Asegura Jimeno Jurío, que san Quirico tuvo ermitas en todas partes y desde el punto de vista etnográfico es un tesoro en prácticas rituales, algunas de sabor arcaico que se han venido transmitiendo, por ejemplo, esta historia referida al Santo: “A mitad de camino por la sierra, hay en una roca marcas de dos pisadas, una grande y otra chica, hondas, como de pie en la nieve. Cuentan por aquí que el demonio perseguía a San Quirico monte arriba. Cuando el diablo le iba alcanzando, el chico se santigüó y, de un salto, se presentó en la cima donde está la ermita. El diablo renunció a seguirle y en la peña quedaron las huellas”. Lo dicen los “gozos” con lenguaje retorcido: “Vuestra imagen bien se vio / en Navascués que proteges / la veneración mereces / donde tu pie se sentó”. Momentos antes de llegar, los romeros recogen piedras y apedrean la zancada del diablo maldito.
Un poco más arriba, está la cruceta; es en pequeño “La Cruz de Ferro” en la ruta jacobea del puerto de Manzanal: un montón de piedras que crece un poco cada año por las que van depositando los peregrinos a su paso. La corona una cruz. Aquí cantan las Salve. Llegados a la cumbre, almuerzan y asisten a la misa, besan el manto de la imagen, cantan los “gozos”, conjuran montes y campos desde la balconada excelsa, juegan a la calva una libra de aceite o una limosna para la ermita, comen e inician el descenso. Paran a merendar en el “descansadero”; el pueblo pone el vino. Más adelante, los peregrinos protegen sus personas con un rito vegetal, colgándose al cuello o poniendo en bandolera ramas de haya, que también cuelgan a la cruz, y a veces a las campanas que bandean para recibir a los romeros.
San Quirico es protector de niños, y de campos contra tormentas. Además de la romería de Navascués, celebran en diferentes fechas las suyas, los vecinos de su Almiradío -Aspurz y Ustés- y Bigüezal., perteneciente al Romanzado[283].
Según información que Jimeno Jurío obtuvo de un informante de Navascués – Carlos Pelairea Moriones de casa Garatxiko-, “era Quirico un santico de tres años. Un día, los franceses hicieron en la calle una hoguera enorme, con mucha leña, con mucho fuego. En medio de ella pusieron a Santa Julita. Un francés muy malo que tenía al niño Quirico en los brazos en una casa próxima, pretendió besarle. El santo no lo consintió y clavó sus uñas en la cara del gabacho, llenándosela de arañazos. Enfurecido, el franchute estrelló a la criatura contra la pared, destrozándole los sesos, y lo tiró luego por la ventana a la hoguera como un trapo. Madre e hijo se abrazaron y se fueron volando al cielo”. El informante, llevado de la sabiduría popular no siempre conforme con la historia verdadera de los hechos, confundió a los secuaces del gobernador Domiciano, al servicio del emperador romano Diocleciano, con los “franchutes”. La biografía de Quirico le hace natural del Licaonia, en el Asia Menor, lo mismo que a su madre, Santa Julita, que juntos padecieron martirio en Tarso de Cilicia[284].
El vecindario de Navascués celebra una romería tradicional a la ermita de la sierra. En un punto del trayecto ascensional, los participantes depositan piedras sobre un montón. Al regreso se adornan con collares hechos con ramas de árboles y reparten pan y vino[285].
En Pueyo se reconstruyó la ermita dedicada a Julita y Quirico, abandonada desde los años sesenta, y se recuperó la romería.
Su festividad es el 16 de junio.
San Urbano de Gascue es el centro devocional del valle de Odieta cuya ermita concita la devoción a San Urbano papa, que lo fue del 222 al 230, y tuvo que enfrentar el problema del primer antipapa de la historia de la Iglesia en la persona del cismático Hipólito de Roma. Su ermita, y consecuente romería a ella, tiene, como en muchos otros casos, su leyenda. Cuentan que un pastorcillo cojo rezaba diariamente a san Urbano pidiéndole que le liberase de su mal. Una mañana lo vio aparecer sobre un espino e instintivamente se arrodilló, sin darse apenas cuenta de que la rodilla, siempre rígida, se doblaba sin dolor. Corrió al pueblo de Gascue a dar la buena nueva, y al sucederse los favores de san Urbano, hicieron los vecinos voto de acudir todos los años al fondo del valle, lugar conocido por Ustelaga, donde se alzó una ermita. Hay a la puerta un reseco espino donde según la tradición se apareció san Urbano al pastor. Los gozos a san Urbano se hacen eco de aquella circunstancia: “La santa reliquia / veninos a adorar, / que todos los males nos sabrá curar. / De lo alto del cielo / se dignó venir / hacia un pastorcillo / a quien vio sufrir. / Sobre un gran espino /su planta posó, / cuando un pastorcillo / se le apareció. / La gran muchedumbre / en torno a su altar / gozosa le pide / le tenga piedad”. La devoción al santo, al que se atribuyen poderes contra las enfermedades reumáticas (“mal de humores y gente lisiada”), se extendió a partir de entonces por multitud de pueblos: de Juslapeña, de la Barranca, de la Ulzama, de Larraun, Atez, Baztán, Anué, Basaburúa, Oláibar… tierras muy alejadas unas de otras unidas por una devoción. La romería es el 25 de mayo, trasladada al último domingo del mes. La oración al santo dice: “Ponemos por intercesor ante Ti, a tu gran pontífice San Urbano, cuya vida sea ejemplo para la nuestra, y de quien deseamos vernos protegidos por los méritos de su martirio. Por nuestro señor Jesucristo. Amén”[286]. Después de la misa, hasta 1973 se efectuó una procesión alrededor de la ermita cantando el Veni Creator y la urnita limosnera bajo palio. Al término, los romeros se esparcen por la campa a despachar la comida y luego viene el canto y el baile con música de acordeón. Escriben Baleztena y Astiz en 1944 “que al ariñ-ariñ siguen la jota o los pasos de la porrusalda cogidos todos del hombro a los compases del chistulari, se cantan zortzikos en el dulce euskera de Odieta o Basaburúa, y emiten irrintzis, mientras a los lados de la vereda, la turba plañidera de los mendigos y nubes de cojos, mancos, tullidos, ciegos imploran alargando la mano”[287], aunque fueron erradicados en la década 1960. “Hay tenderetes donde se venden recuerdos del santo”, añade Larrión[288]. Y ha sido costumbre, hasta principios del siglo XX, “ir de vistas”, es decir, apañar noviazgos para futuras bodas que los padres ya habían concertado de antemano y si éstas llegaban a buen fin, los esposos volverían al año siguiente a la romería[289]. Era también ocasión para entablar relaciones y negocios.
A nivel de prácticas individuales, numerosos devotos colocaban su imagen sobre la puerta de sus casas, con el propósito de impedir que la temible enfermedad cruzase el umbral de su recinto doméstico, práctica devocional extendida por buena parte de Navarra. Otra práctica de religiosidad popular fue el novenario, cuyo rezo debía efectuarse ante una imagen de san Urbano. El papa León XII concedió -en 1884- indulgencia plenaria a quienes visitaran la ermita de san Urbano bajo ciertas condiciones, como las de haber confesado y comulgado una vez al año, en un Septenio, en uno de los días desde el 16 de mayo al 7 de junio, rezando por determinadas intenciones (la concordia de los Príncipes Cristianos, extirpación de las herejías, la conversión de los pecadores, y exaltación de la Santa Madre Iglesia)[290].
La zona geográfica visitada por el ermitaño e imagen de san Urbano de Gaskue es tan sólo comparable por su magnitud con la que recorre san Miguel de Aralar, en sus itinerarios a través de toda la Merindad de Pamplona, y con la que coincide parcialmente. El número de pueblos visitados por el penúltimo ermitaño Ignacio Astiasarán (en 1964) y sus dos predecesores ascendía a 408, cifra que supone un 56% de las entidades de población de Navarra. El radio medio de la zona visitada era de 60 km., siendo los límites del área de su recorrido Zugarramurdi, Tabar, Bera/Vera de Bidasoa, Abartzuza, Mezkiritz, Altsasu/Alsasua, Leitza y Obanos[291].
A Santa Lucía se la venera en muchas poblaciones de nuestra comunidad. López Sellés recoge hasta 53 ermitas en Navarra, que han existido o existen, principalmente en las comarcas de Aoiz, Estella, Tafalla, Pamplona y en valles como Ulzama, Imotz, Burunda, Guesálaz, Romanzado, incluso Ribera del Ebro. Su festividad es el 13 de diciembre. Es una mártir siracusana representada iconográficamente con los ojos en un plato, porque, según la leyenda, le fueron arrancados al ser martirizada. Es venerada como patrona de los invidentes y de las modistas, las cuales solían celebrar la fiesta con meriendas en los costureros. Fueron tradicionales las rifas de tocino por el sistema de la flor[292] en las ermitas de la santa en Salinas de Oro y Muniain (Guesálaz) y en pueblos de la Cuenca de Pamplona como Unzu (Juslapeña) y Asiain (Olza)[293].
Arturo Navallas anota el cántico de los gozos en la ermita de santa Lucía de Arruitz, valle de Araitz, desde tiempo inmemorial: “Luzia, zure diez gaude / Triste ta urrikarriak / Argitu ditzazu arren, / gure bihotzeki begiak. / Gastetandik hasi zinen / Jesus onari segitzen; / lagun zaiguzu guri ere / bide hori ikasitzen / zinez beharra daukagu / Zure deboto Luzia /. Argitu ditzazu arren / gure bihotzeko begiak” (“Lucía, te venimos a llamar / Tristes y pecadores / Por favor enciende nuestros ojos del corazón. / Desde joven comenzaste / a seguir a Jesús / Enséñanos a nosotros / aprender ese camino. / De verdad necesitamos / con tu ayuda / tus devotos Lucía”…[294]
Algo parecido sucede con Santa Engracia, llamada por muchos “Santa Gracia”, con devociones bien repartidas por Navarra, que fue víctima de las persecuciones del temido Diocleciano en el 303 de nuestra era. Nos dice Jimeno Jurío que antaño fueron numerosas sus ermitas desde Uitzi, Elizondo e Irurita hasta Fustiñana y Lodosa, pasando por Urdiain, Uharte-Arakil, Mendaza, Lácar, Lorca, Beásoain, Eguillor y Ujué[295]. “Los vecinos de Uitzi y Leitza, en el valle de Araitz, son los únicos que acuden a la ermita en el día de su festividad, el 16 de abril. Es una romería íntima, a la que asisten unas 40 personas de edad media alta, de las dos poblaciones, caminando o en coche. Llevan velas para honrar a la santa y le cantan su himno al final de la Eucaristía, celebrado en euskera: “Engracia Birjina, loriatsua, / Martiri santa jaunarerna, / Gutaz egin ezazu otoitz ona, / Jesukristoren esposa” (“La gloriosa Virgen Engracia, Santa Mártir del Señor, / reza una oración por nosotros, / la esposa de Jesucristo”). La consideran abogada contra los dolores de cabeza. Antiguamente se organizaba una procesión con la imagen alrededor de la emita y el Ayuntamiento de Uitzi obsequiaba con queso y vino a los asistentes. La festividad termina en una comida de hermandad en Uitzi, con cordero asado como plato principal[296]. El valle de Larraun acudía a la ermita de Uitzi oficialmente el jueves de la semana de Pentecostés, con la obligación de que hubiera un representante de cada casa; también daba dos hachas de cera para la ermita. Los asistentes de mayor edad recuerdan estos hechos. Como también que los cuidadores de la ermita gozaban del privilegio de usar la casa para guardar las yeguas”[297]. Los de Uztárroz (Roncal) acudían a ella contra los trastornos de hígado, el mal de pechos y los dolores de cabeza, puesto que la santa fue una de las más salvajemente atormentada en la Caesaraugusta hispano-romana: arrastrada por las calles del tiro de unos caballos, azotada con garfios hasta sacarle el hígado y atravesada su cabeza con un clavo. El 16 de abril, su festividad, acuden a la ermita y le cantan: “Santa Engracia, que es gentil / decimoxesto de abril, / aunque sea Jueves Santo / hay que tocar tamboril”[298].
Los agricultores navarros la invocaban, también, por considerarla protectora de los campos. La visitaba el valle de Larráun en la ermita que comparte con san Isidro en Uitzi cantándole estos versos, invocándola como reguladora del clima y abogada de todo mal: “Euritean eguzkia / Leortean bendebala. /Guztion amparo ata itzala / Zera birjina egokia / Sendagarri poderosa / Zera gure min guziena” (Sol en la lluvia / Un rayo de sol en la sequía. / El refugio y la sombra de todos / La Virgen es la más indicada/ Una medicina poderosa / La que cura todos nuestros dolores)[299].
Según la tradición, San Donato, que era nativo de Nicomedia, metrópoli de Bitinia, en Anatolia, bajo el Imperio Romano, fue martirizado el 7 de agosto de 362 durante el reinado de Juliano el Apóstata. Los devotos se reparten por los valles de Araitz, Ergoiena, Ollo, Barranca, Aranatz y Mañeru. Tiene ermita propia en jurisdicción de Uharte-Arakil, bajo el título de San Donato y San Cayetano. Es la ermita con culto a más altitud de Navarra (1.494 m.) con 860 m. de desnivel. Hacia 1932 Uharte-Arakil interrumpió la romería, solo seguida por Arbizu, en Tierra de Aranatz y el valle de Ergoiena el domingo siguiente al 7 de agosto, festividad de tales advocaciones. Y el mismo año en que dejó de celebrarse esta visita procesional, hubo una gran tormenta que arrasó las cosechas de ambos valles, circunstancia que se comentó mucho entre los vecinos. La última ocasión en que se reconstruyó la ermita fue en 2005, ya que estaba muy castigada por las condiciones meteorológicas, que obligan a retirar la campana para guardarla en la parroquia de Uharte-Arakil hasta la siguiente romería. Esta población y los del valle de Ollo son los que obsequian a los romeros con un refrigerio tras la santa misa.
Hay otras ermitas dedicadas a san Donato: en Betelu, valle de Araitz, en que la romería es presidida por la Virgen del Sagrario que se traslada desde la Parroquia en la ocasión; y en Lizarraga de Ergoiena, situada en el centro del pueblo, por lo que la asistencia se limita al domingo siguiente al 7 de agosto.
Devoción a los santos padres Agustín y Jerónimo
Los padres de la Iglesia son un grupo de escritores cuyas enseñanzas tuvieron gran peso en el desarrollo del pensamiento y la teología cristiana según su interpretación de la Biblia, la incorporación de la tradición y la consolidación de la liturgia. A menudo los padres de la Iglesia tuvieron que dar respuesta a cuestiones y dificultades emergentes, planteadas por la moral y la teología, en medio de un ambiente convulsionado por persecuciones externas y conflictos internos producidos por herejías y cismas de la Iglesia postapostólica. Por eso, se les considera como los continuadores inmediatos de la obra que los Apóstoles habían iniciado.
Del conjunto de los que se han considerado padres de la Iglesia occidental, Agustín de Hipona (396-430), Jerónimo de Estridón (342-420), Ambrosio de Milán (340-397) y Gregorio Magno (540-604), los dos primeros han despertado la devoción de los navarros, si bien no en la dimensión que cabría suponer.
San Agustín
Recibe romería el 28 de agosto en la ermita del santo en la finca de Artikutza, en término de Goizueta, población de la cuenca del río Urumea lindante con Gipuzkoa, que, por circunstancias de la historia, después de haber sido posesión de la Colegiata de Roncesvalles y ser desamortizadas sus posesiones, éstas pasaron a manos particulares que finalmente, en 1919, fueron compradas por el Ayuntamiento de San Sebastián para completar su abastecimiento de agua mediante un embalse, el de Añarbe. Pues bien, en este lugar se celebra romería al santo, a la que acuden fieles de Arantza, Beintza-Labaien, el mismo Goizueta y Lesaka, Cinco Villas de la cuenca del Bidasoa, y, por parte guipuzcoana, de Astigarraga, Atáun, Oiartzun y San Sebastián. La santa misa termina con el himno a la Virgen de Roncesvalles. El programa profano es de cuenta del ayuntamiento donostiarra[300].
San Jerónimo
El culto a San Jerónimo se centra en su ermita de Salinas de Oro, valle de Guesálaz. Ha sido siempre una romería multitudinaria, con personas llegadas de Arzoz, Belascoain, Esténoz y Viguria. Según la tradición guardaban en la ermita como reliquia un trozo de la piedra, engastada en plata, con la que se golpeaba San Jerónimo en el fervor de su penitencia y se llevaba por distintos pueblos en burra por el santerico de la ermita para recaudar fondos para su mantenimiento. Son dos las versiones diferentes de la llegada de esta piedra a Salinas. Unos dicen que fueron los cruzados quienes la trajeron y otros que fue trasladada desde Roma directamente. En la década 1970 desapareció de la parroquia. Es una de las romerías que gozan de mayor afluencia de personas. La leyenda popular cuenta que san Jerónimo se apareció a un ermitaño en una cueva cercana a la ermita. Allí fue construido un oratorio con altar para la celebración de misas, hace un siglo más o menos según indica López Sellés. Se trata de la ermita de Nuestra Señora de Lourdes, localizada a unos cinco minutos de la de san Jerónimo, en una gruta natural del roquedo[301].
Se acude a la ermita de san Jerónimo el primer sábado después del 13 de diciembre, santa Lucía, con objeto de celebrar en la campa aledaña un almuerzo con su baile y festejos. Antiguamente, en que la romería era multitudinaria, las mujeres de la localidad aprovechaban el momento para vender el turrón que ellas mismas habían elaborado en sus casas y se rifaban piezas de los tocinos de las primeras matanzas. A dicho lugar también se sube el 30 de septiembre, en mitad de las fiestas de san Miguel, y el 15 de mayo en honor a san Isidro. Ese día la imagen del santo es procesionada desde el templo parroquial hasta la ermita, donde se celebra una misa cantada. Tras ella los vecinos disfrutan de una comida popular en sus aledaños a base de costillas de cordero[302].
Veneración a los santos protectores del campo y de los animales
Estos son, en cuanto a las plagas y enfermedades del ganado y animales domésticos se refiere, san Gregorio Ostiense y san Antón abad, y como preservadores de inclemencias, san Isidro y san Simeón.
San Gregorio Ostiense
Sorlada
La basílica de San Gregorio Ostiense está situada a 1,5 km de Sorlada, en el valle de la Berrueza, sobre el cerro de Peñalba. El santuario de San Gregorio ha sido el centro religioso más importante de Navarra entre los siglos XVI y XVIII, y uno de los más activos de España, gracias a la protección que el santo desplegaba mediante el agua pasada por su cabeza, que se asperjaba sobre los campos y las cosechas, en una sociedad predominantemente rural, contra las plagas de langosta y pulgón en viñas, huertas y campos[303].
Cómo comienza a extenderse esta veneración se explica porque por el año 1039 una gran plaga de langosta asolaba los campos de la Rioja y parte de Navarra, razón por la cual se envió a Roma una embajada que intercediera ante el papa Benedicto IX, para que mandara algún santo varón que al tiempo de predicar la doctrina de Cristo librara de la plaga. Se hicieron en Roma públicas rogativas con ayuno general, a fin de alcanzar de Dios el cese de aquel azote y, al tercer día, un ángel reveló al pontífice que cesaría la plaga si enviaba a Navarra a Gregorio, obispo-cardenal de la ciudad italiana de Ostia, notable por la santidad de su vida y talento extraordinario. Su predicación dio los frutos apetecidos, tanto espirituales en el pueblo, como materiales al cesar totalmente la plaga. Pero el obispo murió en Logroño el 9 de mayo de 1044. El ilustre prelado dispuso que después de su muerte fueran colocados sus restos sobre un caballo para que se enterraran allí donde el animal se parase por tercera vez. Se cumplió su voluntad, y el caballo, seguido por los discípulos del santo, cayó por primera vez en Mués, repitiendo la caída en un altozano cerca de Sorlada, y, finalmente, sobre el pequeño montículo denominado de Piñalba (o Piñava), hoy Peñalba, donde había una ermita dedicada a san Salvador. Allí fue enterrado y también olvidado, hasta que, doscientos años después, los obispos de Pamplona y Bayona, don Pedro Ximénez y don Sancho de Axco, que regresaban de la peregrinación a Compostela, enterados de la historia, hicieron rogativas para hallar los restos, lo que consiguieron de una manera milagrosa, cuando vieron bajar del cielo unas luces que despedían sus rayos en dirección del lugar buscado. Ante numeroso público quedó al descubierto el sepulcro, levantándose en aquel lugar una ermita que más tarde, en el siglo XVIII, se convirtió en un templo magnífico. En su interior y en preciosa arca de plata se guardan celosamente algunos huesos del obispo de Ostia, bajo tres llaves que actualmente se conservan en poder del párroco de Sorlada[304].
La santa cabeza se contiene en un relicario forrado de plata, de estilo barroco, realizado en 1728. Ha recorrido gran parte del territorio español, sobre todo en el siglo XVIII, gracias a sus atribuidos efectos taumatúrgicos. La primera salida documentada, aún sin forrar de plata, de la reliquia, está fechada el 16 de mayo de 1598 a Logroño y por petición del propio ayuntamiento. Cada año acudían al santuario centenares de emisarios de parroquias, ayuntamientos y concejos de Navarra, Castilla y Aragón, de Álava, Guipúzcoa y Señorío de Vizcaya, singularmente los días 12 de marzo (san Gregorio papa) y el 9 de mayo (san Gregorio Nacianceno). Según refiere un documento del archivo de Sorlada, en el año 1756 el obispo de Pamplona concedió licencia para que la reliquia de san Gregorio fuese a Teruel, Valencia, Segorbe, Orihuela, Murcia, Guadix, Granada, Jaén, Málaga, Córdoba, Sevilla, Extremadura y La Mancha, por disposición real y en carruaje pagado por la Real Hacienda, “para implorar del todopoderoso, por mediación del santo, el remedio de las plagas de la langosta, oruga, pulgón y otras que infectan los expresados reinos y provincias[305]. La circulación de la santa cabeza ha quedado reflejada en el dicho popular “anda más que la cabeza de san Gregorio”, atribuido a los que viajan mucho.
El agua, una vez pasada por el relicario de plata, era guardada en tinajas dentro de la basílica. Solía acudir a por ella un enviado, ermitaño principalmente, con una ofrenda para el santo (consistente en cera, aceite o dinero) y se llevaba el agua acompañada de un certificado de autenticidad[306]. Los ingresos por limosnas permitieron embellecer la basílica.
Tradicionalmente, el recibimiento de la santa cabeza, portada siempre bajo palio, tocada para la ocasión con la mitra episcopal, se preparaba en cada localidad con gran boato, al toque de campana y con la presencia de autoridades y representantes del cabildo, revestidos de sobrepelliz, y presididos por uno de ellos con capa y estola blanca, con cruz parroquial e incensario. Solía cantarse el Iste Confesor y el Veni Creator a su llegada, para proceder posteriormente a la bendición del agua necesaria, veneración de la reliquia y conjuración posterior de los campos, casas y asistentes signando la señal de la cruz con la reliquia, mientras se pronunciaba “La bendición de Dios Padre Omnipotente y del Hijo y del Espíritu Santo, descienda y permanezca sobre nuestros campos, nuestras viñas, y sobre nuestras vidas, para que den el fruto deseado. Amén”[307].
La cabeza tiene en su vértice un agujero y otro bajo el cuello. De esta forma, en determinadas solemnidades y en presencia del pueblo, se introduce agua de la cisterna del Santuario por el orificio superior, la cual, después de regar la santa reliquia, vierte por el orificio de abajo a una tinaja, donde la recogen para repartirla a los fieles de los pueblos comarcanos. O a los fieles asistentes. El agua pasada por el relicario se mezcla con agua del país y se esparce por los campos simbólicamente con un ramo que hace de hisopo[308].
Los de Lekeitio (Bizkaia) le llamaban “agua bendita de gusanos “, y los del valle navarro de Salazar “agua de ratones”.
El calendario de peregrinaciones al santuario de Sorlada está sujeto a un programa bien determinado para evitar aglomeraciones. El 9 de mayo es la festividad de san Gregorio, cuya celebración se ha determinado trasladar al domingo más próximo a esta fecha, y es ocasión en que acuden la mayoría de los pueblos de la Berrueza y de otras áreas próximas, incluida Tafalla. El de Etayo, con promesa de enviar un individuo de cada casa por lo menos. La regla la establecía el alguacil el día de las vísperas al vocear: “¡Mañana, San Gregorio. Uno de cada casa, y si no dos reales de pena!”. En cambio, Piedramillera tiene su peregrinación especial el domingo de Pentecostés; al día siguiente Los Arcos. En ocasión tal el alcalde de esta villa cambia su vara con el de Sorlada y las cruces parroquiales de los dos pueblos “se besan“, como es tradición. También el párroco de Sorlada “cede“ el mando al párroco de Los Arcos, hasta que a las 6:30 de la tarde termina la romería. Al segundo domingo de mayo se ha trasladado la festividad de san Isidro, y llegan los feligreses del pueblo alavés de Alda, antes también los de San Román de Campezo. Acedo, el domingo último de mayo. El tercer domingo de septiembre, lo celebran los cofrades[309].
El primer cántico obligado para dar comienzo a la Eucaristía es el versículo inicial del himno y los diez versos siguientes: “Venid, / cantad al gran protector. / Venid, / cantad su gloria y honor. / Italia fue su cuna, / España su amor; / sepulcro, glorioso / Navarra os dio”. Y la despedida con estas letrillas: “Adiós, Gregorio Ostiense, / glorioso, cardenal, / protege a tus navarros, / del maligno infernal. / Bendice nuestro pueblo, / que con gran devoción / implora en tu partida / tu amante bendición“[310].
San Gregorio es invocado también contra la sordera. Para ello hay que visitar la basílica y, en el camarín del santo, “pisar el ladrillo” o mojarse los oídos con agua pasada por la cabeza. Algunos lo consideran conseja vulgar. Pero el monje Andrés de Salazar sostuvo en su Historia de San Gregorio, la eficacia del agua para curar a sordos. Abogacía y ritos son, a su vez, préstamo de san Gregorio Magno papa, invocado como curador de sorderas en localidades guipuzcoanas y de Iparralde[311].
Lo curioso es que a este ladrillo también se le atribuye otro poder y es que, se decía, la pareja de novios que lo pisara juntamente se casaría en breve plazo, lo mismo que se atribuía a un ladrillo en la ermita dedicada a san Antonio en Guembe, valle de Guesálaz.
La basílica de san Gregorio, junto con la de Torralba del Río dedicada a la Virgen de Codés, acogen las prácticas devocionales de los valles que rodean su entorno geográfico: la Berrueza, Valdega, Somontano de Viana-Los Arcos, valle de Aguilar y el alto Ega.
Por último, decir que también existen ritos de pasar el agua por la cabeza del santo, y entenderla bendecida, en los pueblos de Gauna (san Bitor), en Álava, y Azuelo (san Simeón) y Obanos (san Guillermo), en Navarra.
Irurre
En este pueblo del valle de Guesálaz, le cantan unas letrillas a san Gregorio durante la comunión: “Venid, cantad al gran protector / venid, cantad su gloria y honor. / Italia su cuna / España su amor / sepulcro, glorioso / Navarra os dio. / Venid, cantad / De campo sediento / oíd el clamor / y oíd la plegaria / del buen labrador. / Descienda del cielo / feliz bendición / mirad compasivo / los campos en flor”, y las estrofas de despedida: “Adiós Gregorio Ostiense, / glorioso cardenal / protege a tus navarros / del maligno infernal. / Bendice nuestro pueblo / que con gran devoción / implora en tu partida / tu amante bendición. / Tu sagrada cabeza / siempre nos visitó / y en su paso glorioso / grata impresión dejó”[312].
Améscoa Baja
En este valle montañoso se celebraba la fiesta de san Gregorio Ostiense desde muy antiguo. En el último cuarto del siglo XVIII consideraban a san Gregorio Ostiense el más valido protector contra las plagas del campo, y, en sus apuros, acudían a su intercesión enviando un sacerdote que celebrase misa en su santuario de Sorlada e hiciese una ofrenda dineraria a la basílica y a su capellán[313]. Según un informante de San Martín de Améscoa, “era una fiesta grande en San Martín la de San Gregorio Ostiense. Todos los que se encontraban con fuerzas, hombres y mujeres, partían muy de madrugada, en grupo y presididos por el cura, camino de la Basílica del Santo. Llevaban un pequeño almuerzo para recobrar energías después de la misa. El aguacil, Gabiria, subía al alto de Lokiz, a la muga de lo de Améscoa con la parzonería de Santiago y allí asaba los corderos para los romeros. Los chicos bajaban hasta el Corral Nuevo (a media hora de distancia del pueblo) y entretenían su espera haciendo explotar en una hoguera unos fósiles a los que llaman calbarros. Los romeros les arrojaban las churrupilas (almendras y chochos) compradas en el Santuario. Mientras tanto, en el pueblo no cesaban de bandear las campanas. En ese día había vino a discreción en la torre y en la procesión. El gasto corría por cuenta del Concejo. La fiesta terminaba con un animado baile en la plaza”[314].
Viana
Un rito se repetía, por lo menos desde el siglo XVI. El día de la Santa Cruz, 3 de mayo, el Ayuntamiento mandaba colocar cuatro cruces de madera en los términos municipales. Los clérigos rociaban cruces y campos con el agua bendita de san Gregorio, para proteger las cosechas. La costumbre de traer el agua bendita de san Gregorio, desde su santuario de la Berrueza, ha llegado hasta mediados del siglo XX. Ni aún en tiempos de la República, con sus leyes antirreligiosas, cesó esta piadosa costumbre, y así, en 1932, marchó un alguacil al santuario y le dieron 15 pts “de gastos y limosnas por el agua de san Gregorio“[315].
San Isidro labrador
San Isidro nació en Madrid, alrededor del año 1082, y de la capital de España es patrono. Fue un humilde campesino que trabajaba la tierra con gran fe y devoción. A pesar de su pobreza, nunca dejó de asistir a misa ni de ayudar a los más necesitados. Se cuenta que, mientras él oraba, los ángeles del Cielo araban la tierra por él, como recompensa a su fidelidad.
Antes de conocer por estos campos a san Isidro, explican Jimeno Jurío y Gregorio Silanes[316], los agricultores navarros tuvieron como valedores a san Lamberto (en Pamplona), san Simeón de Cabredo (valle de Aguilar) labradores, a santo Toribio y santa Engracia (16 abril), san Jorge (23 abril) y san Gregorio Ostiense (La Berrueza), en mayo. Santo Toribio es abogado especial contra hielos, plagas de langostas y tormentas[317]. Zúñiga, Cabredo y Marañón acudían a la iglesia de Bujanda (pueblo alavés de la Cuadrilla de Campezo) a venerar el cuerpo incorrupto de San Fausto labrador, tenido como protector de montes y cultivos, favorecedor del buen tempero, cuya fiesta se celebra el 14 de octubre.
La festividad del patrono de los labradores -continúa- ha pasado desapercibida en los pueblos de la Ribera del Ebro durante siglos, siendo introducida su celebración durante el siglo XVII, cuando algunas cofradías de labradores propietarios lo tomaron por patrono. Impulsó la fiesta el movimiento cooperativista durante las primeras décadas del siglo XX, consolidándola posteriormente las Hermandades de Labradores. La relativa modernidad de la fiesta se palpa en el vacío del folklore ritual. Los actos suelen reducirse prácticamente a la participación de los labradores en actos religiosos (auroras, procesión, misa,) y comidas de hermandad. En las poblaciones del valle del Ebro son organizadas por los mayordomos de las cofradías. Los labradores suelen adornar sus andas con albahaca y roscones en Ablitas y Cabanillas, y con espigas la imagen en todos los pueblos. En ocasiones de sequía llevaban los de Cadreita la efigie del santo al monte pidiendo el beneficio del agua. Los de Carcastillo, con reliquia del patrono de Madrid en la parroquia, celebran la fiesta con gran solemnidad, llevando las andas los cuatro muchachos que han contraído matrimonio más recientemente[318].
En San Adrián (Ribera del Alto Ebro), la víspera por la tarde había un largo bandeo de campanas que duraría como dos horas, se cantaban vísperas y por la noche Salve. Las familias de los cuatro mayordomos entrantes se reunían a cenar en la casa del que tuviera un sitio más espacioso en la calle, porque delante de ella se encendía la hoguera y se instalaba la música para que todo el mundo bailase. La fiesta comenzaba con la aurora (“San Isidro, con su oficio honrado, / a sus labradores ejemplo les dio / iba a la misa, antes de ir al campo / antes de ir al campo a hacer su labor. / Y esta es la cosecha, y esta es la cosecha, / y esta es la cosecha del buen labrador”), acompañada de violines y guitarras. Llevaban los auroros este día unas alforjas con roscos y anís de las que todos comían y bebían. Había misa mayor y procesión. La imagen del santo era portada en unas andas llenas de roscos y flores; en las cuatro esquinas se colocaban unos roscos más grandes, uno de los cuales era regalado al predicador. Presidían la procesión los cuatro mayordomos salientes y portaban las andas los cuatro entrantes. Tras los actos religiosos, todos los cofrades celebraban un ágape en un salón alquilado a tal efecto. Podían comer todo lo que quisieran de roscos, queso, pan, nueces e igualmente beber vino. Además, cada cofrade llevaba a su casa, envuelto en un pañuelo limpio, un rosco entero y un “cacho” de rosco. Por la tarde había música[319].
En Cintruénigo (Bajo Alhama), es fiesta de gran importancia. Lo tradicional ha sido comenzar la festividad en la madrugada con el canto de la aurora dedicada al santo: “Hoy es día de aquel San Isidro, / labrador insigne, gran madrugador, / que acudía todas las mañanas, antes de ir al campo, / al templo de Dios, al templo de Dios. / Venid, venid con fervor, venid con fervor. / Labradores, invitemos todos la piedad cristiana / de este labrador”. Según un programa del año 1967, a las 9:30 de la mañana partía de la Casa Social (Bodega Cooperativa de Cintruénigo), la Junta Rectora, con su bandera, y acompañada por los socios. Se dirigía hasta el Centro Parroquial, y desde allí “en compañía de las restantes corporaciones y a los acordes de la banda municipal” marchaban hacia la parroquia, en donde se celebraba misa. A continuación de la fiesta, los socios tenían aperitivo en el salón de la Casa Social. En la actualidad se sigue festejando esta celebración, en la mañana, con una misa en honor al santo y procesión en la que se saca su efigie portada en andas, que suelen acompañar unas jóvenes que portan como ofrenda al santo bandejas de espárragos y otros frutos del campo. A continuación de la celebración religiosa tiene lugar una recepción para los socios en la Casa Social[320].
La celebración de san Isidro de ninguna manera ha pasado desapercibida para los labradores[321].
Los de Cáseda van en procesión a la ermita de San Zoilo, continuando los festejos por la tarde en San Isidro del Pinar, concejo dependiente de su municipio donde antiguamente se levantaba una ermita de san Isidro. En Dicastillo celebran a su patrón en la ermita titular, al igual que los agricultores de Aras, Elcano y Eltzaburu. Los de Legarda acuden a la de Santa Bárbara. De Gardalain, Moriones y Loya, en la Vizcaya de Navarra, acudían a la ermita de Irangoiti o Irangote, unidos todos cantando el rosario. Agricultores del valle de Ezkabarte, próximo a Pamplona, acuden con las cruces procesionales de sus concejos a la basílica de la Trinidad de Arre cada 15 de mayo. Por su lado, los vecinos de los pueblos del valle de la Berrueza y los de Aguilar de Codés, suben al santuario mariano de Aguilar de Codés para celebrar al santo labrador. Una manifestación del fervor popular se registra en el valle de Juslapeña, a 12 km de la capital navarra, hoy municipio compuesto por trece concejos, dedicados tradicionalmente a la agricultura. Disponen tan solo de una imagen de san Isidro para todo el valle, imagen viajera ya que mantienen la costumbre de hacer que pernocte, por riguroso turno, durante un año en cada parroquia. Esta tradición cuenta con más de cien años.
Los vecinos de Salinas de Pamplona, en su romería a la Virgen del Perdón, llevan consigo la imagen de san Isidro.
También los agricultores pertenecientes a la Hermandad de Labradores de Pamplona, acudían a la misa de once a la iglesia de San Agustín, en la capital navarra.
Parte importante de la celebración es la bendición de los campos, costumbre que se mantiene. Así, por ejemplo, en la basílica de la Trinidad de Arre, a donde acuden los labradores del valle de Ezkabarte en procesión con sus cruces y desde allí se bendicen los campos en dirección a los cuatro puntos cardinales. También había bendición de campos en San Martín de Unx, a veces con agua bendita traída desde San Gregorio de Sorlada y se mantiene la práctica en otros pueblos como Arellano, Aras, Azagra, Mendigorría, Cascante, Dicastillo, Mélida y Viana.
Los vecinos del Ayuntamiento de Olóriz, compuesto por Bariaín, Echagüe, Eristáin, Mendivil, Olóriz, Oricin y Solchaga, acompañados por otros labradores de la zona, acuden el día de san Isidro a Cataláin para honrar a su patrono en la festividad con la imagen de la Virgen del Rosario y por la tarde en procesión por la localidad con la imagen de San Isidro, cuyas andas van decoradas con las verdes espigas de los primeros trigos y cebadas. Hasta la década 1970 seguían acudiendo con la Virgen del Rosario portada por los solteros, y la de san Isidro por los casados. Los vecinos de Artariain y Benegorri acudían también con las imágenes de sus respectivas vírgenes y los de Sánsoain y Solchaga se sumaban a la romería directamente. Entre las piezas musicales entonadas en la celebración eucarística. destaca el cántico de la aurora con sus cinco estrofas alusivas al santo: “Hoy es día de aquel San Isidro / labrador insigne, gran madrugador, / que acudía todas las mañanas, / antes de la aurora, antes de la aurora, / al templo de Dios, al templo de Dios. / San isidro era con los pobres, / muy caritativo y su compasión, / llegó a tanto que en tiempo de nieves / a los pajarillos les daba ración, / a los pajarillos les daba ración, les daba ración…”[322]. Esta romería era de las más concurridas en épocas pasadas, cuando la actividad agrícola y ganadera era prioritaria sobre la industrial.
Los de Biurrun (Valdizarbe) rezan a san Isidro el domingo cercano al 15 de mayo en la ermita de san Cristóbal. Se bendicen los campos, se sube leña para disfrute de los niños para preparar los almuerzos posteriores a las ceremonias religiosas. Los años de sequía acuden los de Muneta (valle de Allín) a la ermita de San Martín de Arria para solicitarle agua para sus campos.
Los labradores de Estella van el día de san Isidro a la ermita de santa Bárbara situada sobre la cumbre del monte Areta, sin salirse de su demarcación.
Hay hogueras la víspera del santo en las calles de Mendavia, Sesma y San Adrián; repartían pan y vino a los asistentes en Guirguillano y Etxarren de Guirguillano. La imagen del santo es llevada procesionalmente sobre andas repletas de verduras.
En Muez[323] (Guesálaz), la imagen de san Isidro “visitaba a la Virgen” de la ermita de la Virgen del Sagrario en los primeros días de mayo, antiguamente en la festividad de san Gregorio, para bendecir después los campos.
En la festividad de san Isidro, en Arellano (Tierra Estella) se le llevaba en procesión, pero actualmente acuden los vecinos de manera independiente para la celebración de la santa misa y bendición posterior de los campos. En la bendición de los campos se hace referencia, expresa a los términos bendecidos[324].
En Labiano (Aranguren), abría el día el canto de la aurora. A las once de la mañana se celebraba la misa y a continuación se marchaba procesionalmente a “Bidezabalburua” (“El mirador”) desde donde se bendecían los campos. La imagen del santo era adornada con un manojo de espigas de cebada. Desde hace unos años, se hace la bendición desde la era de Hospitalekoa, por la tarde, y, a continuación, hay una merienda popular. Se cantaba la aurora: “Hoy es día de aquel San Isidro / Labrador insigne gran madrugador (bis) / que acudía todas las mañanas / antes de la aurora al Templo de Dios / Todos con fervor (4 veces) Labradores intentemos todos / la piedad cristiana de este labrador (bis)”[325].
San Isidro sustituyó al titular de la ermita de san Esteban, en Luquin, poniéndole su nombre en 1879, después de 500 años de haber sido su titular, lo que se hizo tras haber sido reedificada[326].
En Aoiz se celebraban las fiestas chiquitas que comenzaban el día 14. Al atardecer, había vísperas en la iglesia y después, en una plaza, se encendía una hoguera sobre la que saltaban los mozos (Amichis dice que se hacía a la puerta de la casa del prior de la cofradía de san Isidro organizadora de los actos y que se consumían en ella los sarmientos que anunciaban las fiestas por venir). Por la calle salían las cuadrillas, acompañadas de acordeones, gaitas y otros instrumentos, después iban a cenar y a jugar a la carteta, un juego de cartas que podía durar toda la noche y en el que se apostaba dinero. A la mañana siguiente había misa solemne y procesión con la imagen del santo, rodeado de espigas y acompañado por la banda municipal. Después había concierto, se tomaba el aperitivo y un menú típico de estas fiestas. A la tarde tenía lugar el baile, con la tradicional Jota del chocolate, que era bailada por cuatro mayordomos pertenecientes a la cofradía de los labradores, vestidos de doncellas, en sustitución de la figura de las mozas mayordomas que bailaban en las fiestas patronales. Durante los días de san Isidro era costumbre “echar la rosca” a las largas picas que llevaban los mozos para recogerlas casa por casa, que eran confeccionadas por las mozas y las ensartaban “con un grito muy conocido e intrascribible”. Algunos mozos solían ofrecer tartas a las autoridades y llevar una de ellas a los presos de la cárcel[327].
En la Montaña navarra la festividad de san Isidro es de celebración relativamente reciente. En el valle de Arce, según varios testimonios, parece que comienza a celebrarse hacia el año 1949. Con anterioridad a esa fecha no se guardaba fiesta. Posteriormente sí. No existen ritos propios de este día, salvo la misa. En Saragüeta (valle de Arce) nos informan de una rogativa que se ofrecía en una ermita, sin nombre, que cuenta con una cruz de piedra tallada[328].
Añade Navallas que la festividad de san Isidro condiciona el inicio de 44 romerías, entre las que se encuentran dos colectivas, coincidentes, en cuanto a su advocación de San Bartolomé el 24 de agosto: en Abáigar, a la que acuden las poblaciones de Valdega y en Beorburu, a la que ascienden los feligreses de Juslapeña, con sus cruces parroquiales, y que ambas repiten romería en la festividad de san Isidro[329].
La protección de los campos es frecuente solicitarla en otras romerías cuya protección se encomienda, además de a otros santos, a la misma Virgen María o a santa Cecilia (Garinoain). Es el caso de Viana en la romería a la Virgen de las Cuevas, el lunes de Pascua Florida. Al terminar la santa misa se canta el himno a la Virgen en estos términos: “A tus plantas, o Virgen de Cuevas, con afectos de fe y devoción. Que eres guardiana de nuestros campos, que eres zagala bella y sin par, Madre amorosa, Reina magnífica, timbre de gloria de la ciudad”.[330] También en Artajona se solicita la protección de las cosechas a san Bartolomé, al que se canta su aurora con la melodía de la de San Isidro[331]. También ocurre en Sesma, donde se aprovecha la romería a la Virgen de Almuza para llevar en procesión la imagen de san Isidro Labrador que preside la bendición de los campos.
San Simeón de Cabredo
Según una piadosa tradición, Simeón era un agricultor de Cabredo, envidiado por sus convecinos, porque cuando acudía diariamente a misa, al oír las campanas que convocaban a la celebración, los bueyes, a los que había dejado en el campo, seguían mientras tanto haciendo el trabajo, como si él los estuviera dirigiendo. Además, si necesitaba aventar la parva, pedía aire y éste acudía desde el monte Yoar, en la Sierra de Codés; si tenía sed, mandaba el cántaro a la fuente y éste volaba por el aire para cumplir la orden. Los vecinos, convencidos de que aquello tenía que ver con la brujería o con poderes demoníacos, quisieron matarle, pero los bueyes le trasladaron hasta Azuelo, donde fue acogido. Posteriormente, levantó una ermita y se convirtió en anacoreta. Refiere la tradición que hizo muchos milagros.
En el término de Azuelo, valle de Aguilar, fuera del casco urbano, se encuentra la ermita medieval que lleva el nombre de san Simeón de Cabredo, reconstruida en el siglo XVI y restaurada durante el barroco. La romería a la ermita con misa en la parroquia de Azuelo tiene lugar el domingo anterior al día de san Juan, 24 de junio.
La iglesia de San Jorge de Azuelo, antiguo monasterio benedictino, aloja en su mobiliario un retablo de san Simeón y una arqueta romanista realizada a comienzos de siglo XVII, que guarda los restos del cuerpo del santo Simeón. El traslado de su cuerpo a la arqueta fue efectuado el 1 de junio de 1603 en presencia de los representantes y fieles de las poblaciones de Aguilar, Cabredo, Desojo, El Busto, Espronceda, Melgar (pueblo desaparecido próximo de Sansol), Torralba y Torres del Río, presididos por sus cruces parroquiales. San Simeón de Cabredo era el patrono de los labradores del valle de Aguilar y celebraban su romería particular el 1 de julio ya en el siglo XVII. La arqueta se lleva procesionalmente hasta la ermita a las 11:30 horas en comitiva presidida por el pendón parroquial rojo de la iglesia de Santiago de Cabredo. En el interior se cantan los gozos a San Simeón: “Cabredo tiene la gloria / de ser tu pueblo natal, / y aunque silencio glacial / sobre ello guarde la historia / de esa incuria, supletoria / es la veraz tradición“…. “Un día permitió el cielo / que las mulas te arrastraran / de la era y te llevaran / hasta el convento de Azuelo, / dando tumbos por el suelo / sin la más leve lesión. / Los monjes te recogieron / y al ver un prodigio tal / con cariño fraternal / el hábito te vistieron, / desde novicio en ti vieron / de la virtud un campeón…”[332].
Como en Sorlada y Obanos, también se pasa agua para su bendición a través de la cabeza-relicario de San Jorge en Azuelo, aunque, además, el santuario posee un hueso o canilla embutido en un relicario en forma de dragoncillo de plata, por el que pasaban el agua para bendecir campos y animales, y una risma del santo, con la que rismaban a animales incluso personas que lo solicitasen para preservarles de la rabia[333].
San Antón abad
Se celebra el 17 de enero. Es el abogado protector de los animales. Nos dice Jimeno Jurío que su estampa era colocada en bordas, establos y cuadras. En su festividad los animales de labor debían descansar, so pena de ser castigados por el santo. Se daba a los animales alimentos bendecidos (trigo, cebada, alholva y otros piensos)[334].
En Goizueta, valle del Urumea, los fieles solemnizan la fiesta depositando en el suelo de la ermita, antes de la misa, unos velones encendidos ante el altar de san Antón, pero no bendice a los animales, que ya no los hay, sino a los presentes y a las viandas que aportan.
En Lakuntza, valle de Arakil, los fieles participan con gran devoción en la misa y recuerdan los tiempos en los que se acercaban a implorar al santo un buen parto para sus cerdos y vacas y depositaban un donativo para el mantenimiento del culto, a través de la ventana posterior desde la que se contemplaban las imágenes.
En Zudaire, Améscoa Baja, antiguamente acudían los vecinos con sus caballerías, vacas, cabras, etc., para ser bendecidos por el párroco, después de la celebración de la santa misa. Previamente, debían dar tres vueltas alrededor de la ermita.
Existe la leyenda en Osácar (Juslapeña) de que un vecino estaba trabajando el día de san Antonio. De pronto vio aparecer un cerdo rojo, que se le acercó. Y el hombre le dijo: “Kendu ortikan txerri gorri” (Retírese el cerdo rojo de la ortiga). Y el cerdo le contestó: “Ez naiz txerri gorri, Andoni Deuna baño” (No soy un cerdo rojo, sino San Antonio)[335].
La “ermitica de San Antón”, reducida a un nicho que guarda la efigie del santo, al sureste de la ermita de la Virgen de Jerusalén, en Artajona, es objeto de una práctica tradicional en su fiesta el 17 de enero. A principios del siglo XX era la fiesta de los carreteros: la sanantonada. Vestidos de fiesta, con su blusa negra y el pañuelo blanco al cuello, su atuendo habitual, iban todos a la misa mayor celebrada en la ermita de la Virgen. Terminada la celebración marchaban con sus reatas de caballerías, a pasarlas por la ermitica, dando tres vueltas a su alrededor, mientras rezaban tres padrenuestros. Cuantos tenían caballerías hacían lo mismo. Por la tarde los carreteros continuaban la fiesta. El día estaba lleno porque había que hacer las inscripciones para la rifa del “cuto de San Antón”, sorteado a media tarde por un sistema muy primitivo, conservado hasta nuestros días. Eran típicas las meriendas de gorrín y cordero asado. A ningún carretero se le ocurriría marchar de viaje con su carro o galera ese día: ello sería exponerse a desgracias. Todos sabían que un año salió un compañero de viaje con carga de paja hacia Pamplona, y cuando pasaba al par del santo, el carro patinó en el hielo, dando vuelta de campana. Quizás como justificación del nombre de la fiesta, se cuenta una anécdota ocurrida a Urbano Jurío, ya difunto, quien forzado un año a cargar vino en una galera, el día de san Antón, sin terminar la tarea, comentó con sus compañeros: “¿San Antón, y nada? Pues Santonada”. Y dejando el trabajo, se asociaron al festejo[336].
En Corella, “el pilar del santo” se alza delante de la ermita de Nuestra Señora del Villar. Las gentes acostumbraban a dar vueltas y vueltas alrededor de él hasta que se mareaban y no podían más. A esto llamaban “dar las revueltillas”. También daban las “revueltillas” más sosegadamente, montados en sus caballerías. O en la iglesia, en torno a la imagen del santo, que colocan sobre unas andas. Esta última costumbre subsistía en la década 1940.[337] Estas prácticas no fueron exclusivas de Corella, sino que eran de uso común, por ejemplo, en Allo también se obligaba a las caballerías a dar tres vueltas en torno a la ermita, y el “pilar del santo” existió en Artajona, Barillas y Tulebras. En Tudela y villas comarcanas, el “pilar” fue sustituido por una cruz colocada con este fin en la plaza mientras el conductor rezaba un padrenuestro[338].
En la basílica de la Purísima, Cintruénigo también tiene su pilar, el llamado “pilar de San Antón”. Rememora la tradicional bendición de los animales empleados para las labores agrícolas de otros tiempos, y reúne a muchos cirboneros, con gran atractivo para los más jóvenes, que se acercan con sus perros hasta la ermita. Tras la lectura del comienzo del Libro del Génesis y posterior bendición, los propietarios dan tres vueltas al pilar, portando sus mascotas en brazos. En el pasado se acudía con las caballerías y todo tipo de animales de labor que caminaban hasta la ermita de la Purísima junto con sus acompañantes para ser bendecidos por un sacerdote. Allí daban las “revueltillas” al pilar, rezando un padrenuestro a la imagen de Ssn Antón, que se conserva en la hornacina interior[339].
Los patronos de Navarra: San Fermín y San Francisco de Javier
Según una tardía tradición, Fermín (Pompelo ca. 272-Amiens ca. 303) habría sido hijo de Firmo, senador de la Pamplona romana, convertido con toda su familia a la fe cristiana a raíz de la predicación de san Honesto, discípulo de san Saturnino. Con el tiempo, el joven Fermín llegaría a ser primer obispo de su ciudad natal y evangelizador de la Galia, en una de cuyas ciudades, Amiens, sufriría el martirio por degollación el 25 de septiembre del 290, bajo el imperio de Diocleciano.
Francisco de Jaso y Azpilicueta nació de noble familia navarra el 7 de abril de 1506 en el castillo de Javier. En 1525 se trasladó a París donde cursó estudios de filosofía y artes. En esta ciudad conoció a san Ignacio de Loyola, amistad que imprimió un nuevo carácter a su vida. Fue ordenado presbítero el 24 de junio de 1537 en Venecia, y se dedicó a obras de caridad en varias ciudades de Italia, incorporado a la naciente Compañía de Jesús.
Carlos I de España y Juan III de Portugal solicitaron la evangelización de sus posesiones ultramarinas a la Compañía de Jesús y Francisco de Javier fue el encargado de esta expedición que partió hacia las Indias orientales. Durante diez años evangelizó incansablemente la India y el Japón donde convirtió a muchos a la fe católica. Estaba ya a punto de entrar en China cuando murió el 3 de diciembre de 1552 en la isla de Sancián. Según la tradición, en el momento de su muerte el Cristo de su castillo natal sudó sangre.
Las festividades de los santos son el 7 de julio y el 3 de diciembre respectivamente. El papa Alejandro VII les nombró copatrones de Navarra en 1657.
San Fermín
Tienen ermitas dedicadas al santo las localidades de Azpilkueta (Baztán), que se distingue por haber en ella otra ermita dedicada a San Francisco Javier; Azkarate (Araitz), con participación de bertsolaris y baile de aurresku en el ofertorio de la misa del 7 de julio; y Pamplona, con su iglesia de san Fermín de Aldapa (además de una parroquia con él como titular), que se ubica en la cuesta del mismo nombre. La imagen de San Fermín de medio cuerpo realizada en el siglo XVI preside la solemne misa que se celebra el domingo siguiente a su festividad del 25 de septiembre. La ceremonia finaliza con la veneración de su reliquia, antes de iniciarse la procesión con la imagen del santo por el barrio de la Navarrería. Los dantzaris del Ayuntamiento interpretan la danza “Ezpatatxiki” a la salida del cortejo, encabezado por la cruz procesional. Los Gigantes de la ciudad y la banda municipal forman parte de la comitiva junto a la corporación infantil, protagonista de las Fiestas de San Fermín Txikito. El canto de la aurora se interpreta en la calle del Carmen: “Mártir y Obispo, Fermín glorioso, cuida amoroso a esta ciudad. Dale a Pamplona felices fiestas. Que sean estas, de gozo y paz”. Y la jota dedicada al santo, junto a la fuente de Santa Cecilia, en su regreso: “Al glorioso San Fermín, cantamos así: es la jota de Navarra, la que hoy te reza, la que hoy te canta. Es la jota de tu Navarra, Fermín bendito, la que hoy te ensalza. Es la jota de tu Navarra la que te reza, la que hoy te canta. Con la jota de tu Navarra, va la oración del pueblo que te ama”[340].
Las fiestas “mayores” son las que se inician el 6 de julio, víspera de la festividad del santo, con el lanzamiento del “chupinazo” desde el ayuntamiento de la ciudad. Son los conocidos mundialmente “Sanfermines de Pamplona”, que, junto a un programa profano, mantiene su esencia religiosa.
Las fiestas comienzan con las Vísperas y continúan con la Procesión de San Fermín, que es el acto religioso central. Desde 1480, las Vísperas fueron el primer acto oficial de las fiestas, y desde 1941 adoptaron la forma actual, con salida de la Corporación Municipal hacia la Capilla de San Fermín en la iglesia de San Lorenzo, acompañados por gigantes, cabezudos y la banda municipal. El día 7 parte de esta iglesia la procesión con presencia de las cruces alzadas de las parroquias históricas, gremios, corte de san Fermín, cofradías, clero, autoridades religiosas y civiles, dantzaris, txistularis y la imagen del santo portada en andas. Precede la comitiva la comparsa de gigantes y cabezudos, para el divertimento de la población, especialmente infantil. La muchedumbre, vestida de blanco y rojo, participa activamente con vivas al santo en castellano y euskera.
El programa religioso termina el día 14 con la Octava en la Capilla de San Fermín, a la que asiste el ayuntamiento de gala. Tras la ceremonia, la comparsa de gigantes vuelve a bailar ante la casa consistorial, cerrando así el ciclo religioso de las fiestas.
San Francisco de Javier
La Marcha a Javier, popularmente llamada Javierada, es la gran romería de Navarra al castillo de San Francisco, donde nació el santo, en la localidad de Javier, comarca de Sangüesa. Se cumple así con una tradición religiosa profundamente arraigada, que también se entiende como un fenómeno social y cultural de gran alcance.
Hay dos principales Javieradas en los sábados dentro del marco de la Novena de la Gracia, en torno al 4-12 de marzo, que son fechas vinculadas a la canonización del santo. Acuden miles de peregrinos a pie, no sólo desde Pamplona sino desde toda Navarra y aún de fuera de ella, y también lo hacen mediante otros procedimientos. Existen varios itinerarios que acercan al santuario y, en particular, a su basílica anexa al castillo natal. Muchos peregrinos salen de Pamplona y recorren unos 55 kilómetros hasta Javier; otros proceden de la Ribera, con trayectos más largos y exigentes, y también hay grupos que llegan desde otras merindades. El camino más habitual pasa por localidades como Noáin, Monreal, Liédena y Sangüesa, donde muchos peregrinos pasan la noche antes de realizar el tramo final hasta el santuario. Ese último recorrido se hace por el Via Crucis delimitado con cruces de piedra que acompañan la subida de Sangüesa a Javier, lo que refuerza el sentido penitencial y devocional de la marcha.
Para muchos participantes, además de la fe, intervienen motivos para peregrinar como el deportivo, la convivencia, la aventura personal o el deseo de reencontrarse consigo mismos. A la vez, la romería ha llegado a convertirse en una expresión de la identidad navarra, hasta el punto de que algunos la interpretan como un rito de paso, especialmente entre los jóvenes.
La veneración al santo es antigua, aunque la forma actual de las Javieradas es relativamente reciente. Entre los hitos más importantes figuran la beatificación y canonización de san Francisco Javier en el siglo XVII, la gran romería de 1886, impulsada para pedir protección frente a la epidemia del cólera, y las peregrinaciones de 1940 y 1941, que se consideran el antecedente inmediato de las Javieradas modernas. A partir de entonces, la romería fue consolidándose con una organización más estable, con asistencia sanitaria, seguridad y una participación masiva, sobre todo juvenil.
Además, a las dos peregrinaciones generales, se suman en el tiempo de la Novena de la Gracia, y cada una en su día, la Javierada monástica, representaciones de la Cuenca de Pamplona y Roncesvalles, de la Zona de Estella, Zona Media y valle de la Solana, Zona Mendialde y Sangüesa, la sacerdotal, de la Zona de la Ribera, en Pentecostés la de los enfermos y al final de mayo el Día de los Javieres y la Javierada escolar. Los pueblos de Sada, Azpilikueta y Javier también tienen su jornada. Los “apóstoles” de Gallipienzo marchan a Javier el primer domingo de mayo en marcha nocturna.
Al arciprestazgo del valle de Roncal le tocaba cada tres años ir el 3 de diciembre, onomástica del santo, al castillo de Javier con desplazamiento de los representantes de las autoridades, varios danzantes y vecinos. Tras la misa se le bailaba el ttun-ttun.
Además del santuario de Javier sólo hay una ermita más con su nombre en el barrio de Apaioa de Azpilikueta (Baztán), pues se cree que en esta localidad el santo fue engendrado por su madre María de Azpilicueta, aunque su nacimiento fue en Javier. Se va el 7 de julio, el 3 de diciembre y el 30 de noviembre, fiestas que eran las “chiquitas” del pueblo en 1957[341]. Su construcción fue financiada en 1687 por Juan de Labaqui (nacido en el caserío Labakia de la localidad), hacendado residente en el Puerto de Santa María, en Cádiz.
Santas entregadas a la oración y penitencia
En este apartado incluiré a las santas Felicia de Aquitania (n. h. 1200), Zita de Lucca (1218-1278), Brígida de Suecia (1302-1373), Catalina de Siena (1347-1380) y Rita de Casia (1381-1457) Todas ellas santificaron su vida entregándose a la oración, la penitencia y las buenas obras en favor del prójimo más necesitado. Fueron mujeres de su tiempo obligadas a casarse, incluso las santas Rita y Brígida tuvieron hijos, y sólo después de viudas pudieron desprenderse de sus bienes e ingresar en una orden religiosa. La santificación la encontraron las santas Felicia, Zita y Catalina por medio del trabajo doméstico sin brillo alguno para lo demás, en tanto Catalina y Brígida tuvieron influencia en el gobierno de la Iglesia (la primera en el decisivo regreso del papa Gregorio XI desde Aviñón a Roma y la segunda como fundadora de la Orden del Santo Salvador) Dos recibieron los estigmas de Cristo (Rita y Catalina) y otras tuvieron visiones sobrenaturales. A varias de ellas les acompañaron leyendas milagrosas: el pan de los pobres convertido en rosas ante la mirada inquisidora de terceros (Felicia y Zita) o las abejas que entraban y salían sin daño alguno de la boca de Rita.
En la devoción popular de los navarros, todas ellas tuvieron importancia, como ahora veremos.
Santa Felicia de Labiano
Es el título que recibe santa Felicia de Aquitania porque su historia se relaciona con esta villa del valle de Aranguren, que rodea Pamplona por el este. Su vida está ligada al Camino de Santiago y a la suerte de su hermano Guillén (o Guillermo) y la historia legendaria de su pecado, como fue el asesinato de su hermana a mano airada. En la ermita de la Conversión de San Pablo de aquel lugar yace el cuerpo incorrupto de Felicia, y de cómo llegó allí desde el ducado de Aquitania, es algo que nos explica el cuadro existente en el interior del templo, que por su extensión voy a resumir:
En Navarra se conserva por tradición la historia de los santos hermanos Felicia y Guillermo, a quienes se atribuye un origen regio, pues habrían sido hijos de los reyes de Francia. Desde jóvenes mostraron una profunda inclinación religiosa y, tras obtener el consentimiento de sus padres, emprendieron juntos la peregrinación a Santiago de Galicia. El relato subraya lo admirable de que abandonaran los placeres de la corte por las durezas del Camino, y más aún que lo hicieran con tanta pobreza y confianza en Dios.
Felicia, sin embargo, llevaba en el corazón un propósito todavía más firme: quería consagrarse por completo al servicio divino y conservar su pureza virginal. Por ello pidió a su hermano que siguiera solo su camino, mientras ella permanecía apartada del mundo para vivir de un modo humilde y entregado a Dios. Guillermo aceptó finalmente su decisión, aunque con gran dolor, y se separó de ella. Felicia, libre de toda apariencia mundana, buscó un lugar donde servir como criada y ejercitar, en una condición baja y trabajosa, la obediencia, la humildad y la mortificación.
En esa vida de servicio, Felicia destacó especialmente por su austeridad y su caridad con los pobres. Daba a los necesitados parte de su comida, lo que despertó la sospecha de su amo, que temió que la joven le robara provisiones. Pero al observarla con más atención descubrió que, en realidad, escondía el pan en una vasija de agua para repartirlo después entre los pobres. Admirado por semejante virtud, él y toda su casa pasaron a respetarla profundamente, reconociendo en ella una criada extraordinaria por su modestia, su paciencia y su deseo constante de agradar a Dios.
Cuando Guillermo regresó a Francia, sus padres se entristecieron al no ver a Felicia con él, y supieron luego que ella permanecía sirviendo en el señorío de Amocáin, en el valle de Egüés[342]. Guillermo volvió entonces a buscarla e intentó convencerla para que regresara a su tierra. Ella se negó con firmeza, afirmando, en esencia, que prefería morir antes que abandonar el camino que había elegido para Dios. Ciego de ira y movido por la defensa del honor familiar, Guillermo la mató clavándole su daga en el pecho. Pero tras el crimen, Dios le hizo comprender su pecado, y él mismo acabó retirándose a una ermita, donde llevó vida penitente hasta ser tenido por santo.
Los señores de Amocáin, al advertir la desaparición de Felicia, la buscaron con angustia y hallaron su cuerpo sin vida. Conmovidos por la inocencia de la víctima, la enterraron en la iglesia del lugar. Poco después ocurrió un prodigio memorable: la señora de Amocáin vio que de la sepultura brotaba un clavel hermoso y fragante, que nacía de la misma herida por la que había muerto la santa. Al abrir el sepulcro, comprobaron el milagro y reconocieron la santidad de Felicia. Entonces colocaron sus restos en un arca preparada con toda la dignidad posible.
La fama de nuevos prodigios no tardó en crecer. El arca salió de la iglesia de manera misteriosa y fue encontrada después en el campo; al intentar devolverla al templo, se volvió tan pesada que nadie pudo moverla. Por consejo del clérigo, se colocó sobre una mula, dejándola avanzar libremente, y el animal caminó por sí solo hasta que cayó junto a la antigua basílica de la Conversión de San Pablo, en Labiano. Allí quedó finalmente depositado el cuerpo de Felicia, manifestándose así la voluntad divina de que ese fuera su lugar de veneración.
A partir de entonces, su culto se extendió entre los fieles, que acudían a honrarla y a pedir su intercesión, confiados en los favores recibidos por su mediación. El texto insiste en que no todos los milagros pudieron ser recordados por falta de antiguos historiadores, pero da por cierto que fueron muchos y que ayudaron a aumentar la devoción a Santa Felicia en Navarra y fuera de ella[343].
El relato legendario no se ocupa tanto de su hermano Guillén, quien, tras su vuelta de Santiago, arrepentido de su crimen, sólo logró encontrar la paz como ermitaño en la villa de Obanos, en el Valdizarbe navarro, junto al pequeño templo de Nuestra Señora de Arnotegui, entregado a obrar el bien en favor de los demás, razón por la que sería aclamado por los habitantes del lugar como santo, san Guillermo de Arnotegui. Este drama humano, con conversión final, ha sido dramatizado en la plaza de Obanos durante bastantes años, protagonizado por sus habitantes, con amplia repercusión turística.
Añade don Jesús Equiza, que fue párroco de la iglesia de la Purificación de María de Labiano: “No hay datos precisos sobre el origen de esta vida ejemplar, pero su meollo histórico se remonta muy atrás. El documento más antiguo encontrado hasta ahora es de 1510. Martín de Andosilla, canónigo de Pamplona, publica una obra (escrita probablemente unos 30 años antes) en la que supone ya muy consolidada la devoción a Santa Felicia. En torno a su santuario, comienza a desplegarse su vida. Ya en el siglo XVI peregrinan a él todas las parroquias de los valles de Aranguren, Egüés y Unciti, fieles de Burlada y de Pamplona. Todas en día fijo. Además, el domingo posterior al Corpus Christi peregrinaban y peregrinan miles de personas, a título individual. Una comunidad de seis seroras (o monjas) atendía el santuario, cuidando de su limpieza y del decoro del culto. Seguían la regla de San Bernardo y se mantuvieron en la basílica hasta 1872. Actualmente se celebran dos romerías, una la del valle de Aranguren, el martes anterior al Corpus Christi y, otra, abierta a todos, el domingo posterior al mismo, al que llaman “día de la octava” (Día del domingo infraoctava del Corpus Christi), que se remonta probablemente a mediados del siglo XIV. Las romerías van a más, pues crece el sentido de la fiesta-romería, con el estilo propio de nuestra tierra, aunque en la actualidad han desaparecido las romerías de los valles de Egüés y de Unciti. Además, añade, “el relato legendario sobre la vida de Santa Felicia, muerta a manos de su hermano Guillermo, sirvió para catequizar sobre el abandono de privilegios y la vivencia de la pobreza, así como el perdón obtenido con la vida penitente”[344].
En la primera de las romerías al santuario, desde la parroquia van llegando los portadores de las cruces parroquiales de las nueve localidades del valle para continuar todos juntos hasta la ermita. La misa comienza a continuación y posteriormente se forma una comitiva de los portadores de cruces y resto de asistentes, junto con la imagen de la Virgen con el Niño y el relicario de la santa, llevados en sendas andas, para bendición de los campos junto a la Cruz (intersección del camino de Góngora y del camino de la ermita). En el regreso al templo se procede a la veneración de la reliquia de santa Felicia y los feligreses se acercan a la urna de la santa para frotar pañuelos, boinas y rosarios buscando su protección, pues es sabido que ella protege contra los dolores de cabeza[345] y “en accidentes habituales, especialmente en tumores fríos o lamparones“, tal como recogen algunos impresos de fines del siglo XIX[346].
A su romería se iba también “a vistas”, llevándose, en algunos casos, a los niños un poco retrasados[347].
La urna que contiene los restos de Santa Felicia, al igual que con los de San Pedro de Usún, se llegaron a sumergir en el agua en tiempos de sequía, algo que condenó como superstición y sacrilegio el canónigo pamplonés Martín de Andosilla en su libro De Supersticionibus, redactado a finales de siglo XV y editado en Lyon en 1510[348] práctica que Caro Baroja denomina “casi fetichista de la divinidad”[349].
Santa Zita
La única ermita dedicada a esta santa se halla en San Martín de Unx, en una colina de la sierra de Guerinda poblada de pinares, a escasos kilómetros de la basílica de Nuestra Señora de Ujué. Se cree que su devoción fue traída por un caballero italiano que, quizás, vino a guerrear por esas tierras.
En un cuadrito colocado a la entrada de la ermita se cuenta la vida de la “gloriosa santa”, para instrucción de los fieles que se acercan en romería, el siguiente sábado tras el 27 de abril, su festividad, por no coincidir con la romería de los de Tafalla a Ujué.
Dice así:
“Fue Sta. Zita de nacimiento, humilde hija de un pobre paisano, su padre se llamó Lombardo, su madre Bonísima; heran [sic] ambos pobres pero temerosos de Dios, nació Zita al principio del siglo XIII en una aldea llamada Monsafraudi, a poca distancia de la ciudad de Luca. Hechizaba a todos la dulzura de su genio y su modestia; hablaba poco, y trabajaba mucho y oraba con frecuencia cuando dejaba la labor siendo niña, bastaba oír que alguna cosa era ofensa a Dios, para mirarla con horror; en diciendo su madre esto manda Dios y esto prohíbe, al punto obedecía. Siendo de 12 años la pusieron a servir, con un ciudadano de Luca llamado Futiudi (consérvase esta casa el día de hoy, con singular generación), adornados todos los cuartos de ricas y preciosas pinturas que representaban las principales virtudes de la santa. Hallándose Zita en el humilde estado de criada se persuadió que la principal virtud era cumplir con sus obligaciones, madrugaba mucho cuando los demás dormían, ella oraba oyendo misas muy de mañana como era sirviente todo lo de la casa lo provenía y el Señor la ejercitó por medio de las criaturas y nunca acertaba a dar gusto a su ama y más con los chismes que la contaban los demás imputándola todo lo malo que ellos ejecutaban, hallándose tan abatida Sta. Zita, jamás se disculpaba ni salió de su boca la más mínima queja, y viéndola tan sufrida, mudaron de concepto todos los de la casa y ya veneraban, Santa: fue grande la devoción que tuvo a María Santísima a quien debía el don de pureza tanto que jamás miró a hombre alguno a la cara; nunca se desnudó la ropa ni aún cuando más calor hacía, nunca se levantó aún cuando más que hacer tenía; en cierta ocasión, un criado le dijo algunas palabras descompuestas, cayó desmayada; ya se iba a salir de casa, sino hubieran despedido al criado: ayunaba casi todos los días del año a pan y agua; andaba con los pies descalzos aún en el invierno. Dormía sobre la dura tierra reclinando la cabeza sobre unos sarmientos. Después de muerta encontraron su virginal cuerpo rodeado de un cordel que se entravió dos dedos en la carne. Le concedieron sus años que entre año hiciere algunas devotas peregrinaciones bastante distantes siempre a pie y en ayunas. En cierta ocasión no pudo salir a visitar al Sto. Ángel que se venera en Luca dos leguas distante: quiso ir por la tarde y quiso darle Dios este consuelo; estando en el Santuario continuamente se le oía decir. «sí Divino esposo mío yo osamo» [sic]; Tenía como una celdelilla en un rincón de la casa la que vieron los criados muchas veces llena de resplandez y claridad, Acordose un día que tenía que masar, llegó apresurada a remedar su falta y encontró amasado el pan. Cierta Señorita de poca edad, amiga de su ama, sabiendo su pronta obediencia la enviaron en cierta ocasión con vocados supuestos a un paraje distante media legua cuando estaba lloviendo a cántaros y volvió calada de agua sin quejarse. Cuando su amo estaba con solo ver a Zita se desanimaba la cólera. Era grande su caridad con los pobres, y el motivo de ayunar a pan y agua era para tener más que dar, y viéndola tan limosnera le dio licencia para que ella distribuyera a los pobres la limosna. En cierta ocasión le pidió un pobre un traguito de vino y hasta hoy se conserva el pozo en que no teniendo vino acudió a coger agua que se volvió vino y se llama el pozo de Sta. Zita. Jamás se la oyó hablar mal de nadie, todo su deseo era salvar almas y oyó en su vida maravillosos milagros. Cayó enferma y al recibir el viático se le apareció la Virgen María; al quinto día veintisiete de abril de 1272 a los setenta de su edad. Su cuerpo se conserva en la Iglesia de San Juliano: cuéntanse más de 150 milagros. Es abogada de calenturas tercianas y cuartanas. Un devoto”.
La santa es patrona de las sirvientas domésticas y abogada “poderosísima”, según reza un viejo impreso, “de calenturas, tercianas y cuartanas”.
Sobre su romería, escribía José Javier Uranga Ollarra en 1960[350]. “El día de la fiesta de la Santa acude en romería a la Ermita el pueblo de San Martín, con su clero y su Ayuntamiento, la cruz alzada y los monaguillos, la chiquillería y las chavalas, los mozos y una larga ringlera de jumentos cargados de companaje. Conforme nos acercamos a la ermita llegan a nuestros oídos las voces y a nuestros ojos los colores de la gente. Toda una vanguardia de burros, atados a las matas alrededor de la ermita, da la alerta con su gutural trompetería. La ermita se asienta en un pequeño rellano, a media ladera. Es modesta de sillarejo, con la puerta de arco de medio punto y una graciosa espadaña en la que voltea una campanica. Adosada a su estructura gótica, está la casa del ermitaño, también de piedra. Cerca de la ermita se ven restos de edificaciones de distintas épocas, que denuncian la existencia de algún antiguo poblado en el lugar”.
Durante la misa se interpretan, indistintamente, estas canciones:
CORO: “Zita, Zita / Gloriosa Santa / Zita, Zita / Santa Bendita.
PUEBLO: Hoy todo este pueblo / entona en tu honor / los himnos triunfales / con todo fervor // Tenías doce años / y fuiste a servir / ¡Enséñanos Zita / tu santo vivir! // Honesta y humilde / su Vida pasó / y gran caridad / siempre practicó. // Un capitán fue
quien la restauró / y a estas romerías / impulso les dio. // Es Santa tan buena / que nunca dejó / sin darle una gracia / a quien la invocó. // De todo peligro / te puede librar / si humilde a sus plantas / te postran a orar. // Bendice a tu pueblo / que te viene a honrar / y quiere en tu ermita / tus glorias cantar. // Adiós Santa Zita / vamos a marchar / la fe en esta Villa / no falte jamás”.
La otra canción era interpretada a medias entre el coro y el pueblo:
CORO: “Hoy en tu día / llego hasta ti.
PUEBLO: Oh Santa Zita / ruega por mí (bis). // En cuerpo y alma / me ofrezco a ti / Oh Santa Zita / ruega por mí. // No me abandones / hasta morir. / Oh Santa Zita / ruega por mí. // Rosa temprana / del mes de Abril. / Oh Santa Zita / ruega por mí. // Ama a este pueblo / de San Martín. / Oh Santa Zita / ruega por mí. // Así su gloria / no tendrá fin./ Oh Santa Zita / ruega por mí. // Llegó la hora de / despedir. / Oh Santa Zita / ruega por mí”.
Tras la misa y la comida se despedía a la santa con una salve.
En el transcurso del día, el sacerdote rezaba dos responsos, costumbre ya desaparecida: uno en cierto lugar del camino, al creer que en tiempos pasados hubo en él un combate; y el otro responso se reza ante la tumba del capitán que mandaba la fuerza, y que, al caer herido de gravedad, dispuso fuera llevado a la ermita próxima, que resultó ser la actual de santa Zita, muriendo al poco y testando a favor de ella todos sus bienes, a condición de que fuera dedicado su culto a la santa italiana. Y desde entonces viene la costumbre de la romería, según la tradición.
La romería a santa Zita comprendía también dos ceremonias finales, antes de marchar: la bebida de agua del pozo “milagroso” de la santa, y la búsqueda de la piedrecilla que, según dicen, sirve para combatir el dolor de muelas. Y nunca ha faltado la bendición de los campos por el sacerdote celebrante de la santa misa, al término de ésta.
Continúa Ollarra: “En la ermita sólo quedó la guardia civil y los ermitaños recogiendo las cosas. Eran las tres de la tarde cuando los romeros entraban en San Martín, cantando otra vez las letanías después de haber rezado el Rosario completo en la hora y media de trayecto, y cantado otro responso, y una salve a la Virgen de Ujué en aquel punto del camino [la Crucica] en que se comienza a ver la torre de Santa María. Por la tarde, continuó la fiesta en San Martín, mientras la Santa se quedaba sola en su ermita, …. Otros años, cuando la sequía apretaba los trigos, la traían al pueblo con la procesión a pasar unos días, hasta que mandaba el agua del cielo”.
Finaliza la romería con la visita a la basílica de Nuestra Señora del Pópulo, ya en el pueblo. Los participantes, a continuación, se desparraman para continuar la fiesta.
Los de Pueyo peregrinan a la ermita de santa Zita el domingo siguiente a san Marcos (25 de abril).
Santa Brígida
De las once ermitas que hubo en la ciudad de Olite, antigua corte de los reyes de Navarra, solo se conserva la dedicada a la santa sueca, santa Brígida. Está situada en una planicie a la derecha de la carretera que conduce a Peralta.
La romería se celebra el 22 de mayo, santa Rita de Casia, aunque desde 1982, la romería “del monte”, como se le llama, se ha trasladado al sábado más cercano por comodidad de los que vienen desde Pamplona. Antaño, la procesión que se dirigía a la ermita salía a las 7:00 de la mañana de la parroquia de Santa María, con los sacerdotes, algún miembro del ayuntamiento y muchos niños. En la procesión se rezaba el rosario y al llegar al término de la ermita se cantaba una salve mirando a Ujué. Los niños llevaban un zacuto con un pucherico de arrozada y una naranja, y algunos un simple bocadillo. A las 9:00 de la mañana se celebraba la misa mayor en la ermita y a continuación clero y ayuntamiento almorzaban sopa de huevo, asadurillas, patorrillo o menudicos. Al párroco era típico darle arroz con leche y un budín. A partir de la década 1960, comenzó a ir mucha gente. Iban con carros, con mulas, después con tractores y ahora en automóviles. Se hacía calderete y los niños “echaban” versos: “Virgen de Santa Brígida / que estás en alto roquete / dale a mi padre buen trigo / para que me dé buen zoquete”. Se bendecían los campos con agua bendita. Quizás hay que resaltar la masiva asistencia de los veinte últimos años (desde 1970), cuando antes la afluencia era escasísima. A las 4:00 de la tarde, anteriormente, se hacía la despedida en la ermita y se cantaba: “Adiós Santa Brígida / niñera del Señor. / Adiós Santa Brígida / adiós, adiós, adiós“. Después se bajaba hasta el pueblo en procesión informal y se entraba en la iglesia de Santa María. Quizás sea destacable la gran afluencia de chiringuitos, en los últimos años, que ofrecen diversos productos a la venta, cuando antes tan solo acudía una churrera[351]. Después hay conciertos musicales en la campa exterior hasta la noche.
Santa Catalina
En el presente existen ermitas de esta advocación en Enériz (Valdizarbe) y Azcona (valle de Yerri), pero en el pasado debieron existir más según dato de López Sellés[352]. La de Azcona tiene cierto mérito, pues se corresponde con el arte románico y posee un coro renacentista del siglo XVI, igual que la estatua de la santa. Está en despoblado y el sábado más cercano al 15 de mayo, san Isidro, acude en romería todo el valle.
López Sellés aporta la leyenda del nacimiento de la ermita de santa Catalina, en Tafalla, ya desaparecida, que toma de la Geografía, tomo II, de Altadill. Se refiere a la muerte del obispo Chávarri: nos dice que “en el paraje mismo en que se cometió el asesinato, se colocó una columna de piedra con la imagen de San Sebastián, y más adelante se convirtió en una ermita con la advocación de Santa Catalina; bien pudiera haber sido dicha ermita el hospital de la misma advocación, situado hasta hace poco tiempo en la misma plaza del mercado, límite probable de la población, por el E., en aquellos tiempos”[353].
Santa Rita
Es abogada de los imposibles. Fueron focos devocionales los conventos agustinos en la Ribera, singularmente Marcilla y Calahorra. En Cabanillas practicaban un rito floral, similar al que tiene lugar el “Domingo de la Rosa” en la basílica de la Virgen de Jerusalén de Artajona durante el mes de mayo. Llenaban de rosas la peana de la santa y las repartían, cuidando de hacerlas llegar a los enfermos. Poniendo pétalos en el agua, tenía la virtud de curar todos los males, tal creían algunos antiguos en Cabanillas[354].
Según la tradición, santa Rita de Casia recibió el estigma de Jesucristo en la frente, al mismo tiempo que empezó a exhalar olor a rosas, que mantuvo milagrosamente el resto de su vida, como signos del amor que le tenía.
Dos abades a la vera del Camino de Santiago
Ellos son Virila y Veremundo, de la Orden de san Benito, ligados a los monasterios navarros de Leire e Irache, de los que fueron abades. Cuentan también con sus devotos.
San Virila
San Virila lo fue del Monasterio de San Salvador de Leire, centro importante de espiritualidad desde el siglo IX en el reino de Navarra y panteón de nuestros reyes. Su vida tiene tintes legendarios. Se cree que nació en Tiermas hacia el 870, lugar hoy despoblado en término de Sigüés, perteneciente a la provincia de Zaragoza, en la raya con Navarra. Sabemos de su fallecimiento en la abadía hacia el 950, y de su propia existencia gracias a un registro de 928 firmado por el obispo Galindo de Pamplona, que se encuentra preservado en el Libro Gótico de la catedral de Pamplona. Pero lo que más llama la atención de su figura es el episodio legendario de su desaparición del monasterio y reaparición trescientos años después, tiempo dilatado que para él pasó como un soplo.
Según esta tradición, en un día de primavera, el abad Virila se encontraba paseando por el bosque que rodea el monasterio. Durante su caminata, meditaba intensamente sobre la naturaleza del gozo eterno y la inmortalidad, un misterio que le resultaba incomprensible. En ese momento, su atención fue capturada por el canto de un ruiseñor cuyo trino melodioso lo envolvió de tal manera que se sentó junto a una fuente para escucharlo mejor, quedándose profundamente dormido.
Al despertar, Virila notó que algo en el monasterio había cambiado: las edificaciones eran distintas y desconocidas para él, y ninguno de los monjes presentes parecía reconocerlo. Después de consultar los archivos de la abadía, se descubrió que él era el abad Virila, quien había desaparecido tres siglos atrás.
El culto a san Virila comenzó a extenderse en el reinado de Sancho III el Mayor, en el siglo XI, por medio del Camino de Santiago, junto al culto de dos santas oscenses, mártires, Nunilo y Alodia, cuyos restos son venerados como los de san Virila, en este cenobio.
El primer domingo de octubre, festividad del santo, llegan a Leire los vecinos de la antigua población de Tiermas para celebrar al abad Virila. Ellos fueron depositarios de los restos del santo a raíz de la exclaustración de los monjes en 1820 y desamortización de los bienes eclesiásticos por el ministro Mendizábal en 1824. Aquellos restos se llevaron a la catedral de Pamplona, que los devolvió a Leire en 1979. Asimismo, Tiermas entregó al monasterio de Leire una canilla del santo como reliquia que se da a venerar a los peregrinos. Desde 1980 se celebra la romería.
San Veremundo
San Veremundo fue abad del Monasterio de Santa María la Real de Irache, en el itinerario a Santiago de Compostela. Lo fue entre 1056 y 1098. No se sabe con certeza si nació en Arellano o Villatuerta, hacia 1020, localidades que se disputan la veneración de sus reliquias. Como no quedaba claro cuál había sido el lugar de nacimiento del santo, los dos pueblos acordaron alternarse, cada cinco años, en la custodia del relicario, que está cinco años en uno de los pueblos y los cinco siguientes en el otro, haciéndose este traslado el 3 de septiembre, festividad en las dos poblaciones.
Los de Villatuerta aluden a que san Veremundo decía “desde mi celda veo mi casa” y es posible por la situación geográfica de ambos lugares, y los de Arellano replican que “Veremundo, cuando era niño, echaba a rodar un cántaro por la cuesta de Zaballa hasta la fuente de Arellano y volvía lleno de agua”. El traslado de las reliquias de san Veremundo, desde Villatuerta a Arellano, y viceversa, se convierte en una peregrinación cada cinco años en la actualidad (antes lo era de cinco meses) por las distintas localidades por las que transcurre el itinerario de su entrega, con paradas en Irache y Dicastillo. La misa solemne en que se las despide, el domingo más próximo al 8 de marzo festividad de san Veremundo -por eso se dice «Mientras el mundo sea mundo, el ocho de marzo San Veremundo»- está apoyada por unas letrillas tradicionales, con alusiones específicas al conflicto resuelto: “En Villatuerta creen naciste. / En Arellano dicen que allí. / Es que benigno de ambos quisiste. / Amor y culto ferviente a ti…/ En Dicastillo y en la Solana / rivalizando en santa unión. / Ante tus restos cantan Hosana. / Cuando celebran tu traslación”[355].
Maite Mauleón aporta los gozos a San Veremundo que se cantan en Villatuerta y Arellano y en la procesión de ese día, así como en el traslado de la arqueta con las reliquias del santo de uno a otro pueblo y viceversa. Y son los siguientes. “
“Veremundo, fieles, cantemos / honor y gloria hoy sin cesar, / que a nuestro santo siempre debemos / agradecidos, reverenciar. // San Veremundo insigne / oye nuestra oración: Te suplicamos la inmensa gracia, / que nos alcance la salvación. // De Montejurra al sur u oriente, / cual bello faro apareció, / con sus virtudes, luz, refulgente, / esta comarca iluminó. // San Veremundo insigne…// En Villatuerta, creen, naciste; /en Arellano dicen, que allí; / es que benigno de ambas quisiste / amor y culto ferviente a ti. // San Veremundo, insigne…// Irache ilustre vierte en tu alma, / sabiduría y santidad, / entre los monjes llevas la palma / y ellos te aclaman por su abad. // San Veremundo insigne…// En ti los reyes, la fortaleza, / en ti los monjes, buscan virtud, / en ti el artista, pura belleza, / en ti el enfermo busca salud. // San Veremundo, insigne…// Grandes milagros tú, por María, / siempre dispensas al labrador, / en tempestades, plagas, sequía, / atiendes presto a su clamor. // San Veremundo insigne…// Si la comarca fue atribulada / por carestía cruel y anormal, /en la Hostia Santa fue remediada / por la paloma providencial. // San Veremundo insigne…// En Dicastillo y en La Solana, / rivalizando en santa unión, / ante tus restos cantan ¡hosanna! cuando celebran tu traslación. // San Veremundo insigne…”.[356]
El calendario de romerías y encuentros en torno a san Veremundo y la Virgen románica de Irache (cuyo original guarda Dicastillo pues la de Irache es una copia) pueden concretarse en cinco fechas: la festividad de san Veremundo, el domingo más próximo al 8 de marzo; la visita de la cabeza-relicario de san Gregorio Ostiense, en mayo, a determinar; la visita a la Virgen de Irache en Dicastillo, el último domingo de mayo; la romería de los vecinos de Ayegui al monasterio, el primer domingo de junio, y finalmente el día de las llamadas Irache, el tercer domingo de julio.
El largo gobierno de san Veremundo como abad de Irache -42 años- y sus aciertos en el cargo que dieron un gran esplendor a la abadía, hicieron que se le considerase patrón del Camino de Santiago en Navarra.
Tres santos, tres referentes devocionales
Se trata de san Nicolás de Bari, san Martín de Tours y san Antonio de Padua. Aunque de distinta importancia en el devocionario popular cristiano, con ellos cerramos el panorama que nos hemos trazado.
San Nicolás de Bari
Nacido en Patara en el 270 y fallecido en el 343, ambas poblaciones de la Turquía actual, es uno de esos santos del cristianismo primitivo envuelto en la leyenda, pues se le atribuyen milagros que se anotaron siglos después de su muerte, fruto de la tradición conservada. Se dice, que rescató a tres niñas obligadas a prostituirse, que calmó una tormenta en el mar, que salvó a tres soldados inocentes de una ejecución injusta y taló un árbol poseído por un demonio. Nombrado obispo de Mira (actual Dembre en Turquía), fue encarcelado durante la persecución de Diocleciano, pero sería liberado tras la ascensión de Constantino a la jefatura del Imperio Romano.
Uno de los motivos por lo que se ganó fama entre los niños, a los que obsequiaba con regalos, es por su intervención en el rescate de las tres niñas que iban a ser deshonradas, facilitando a sus padres varias monedas de oro para conseguirlo. Este patronazgo especial sobre los niños se manifiesta en Navarra en la figura del “obispillo”, que, con sus acólitos, recorre las casas del pueblo el 6 de diciembre, festividad de san Nicolás. El “obispillo” bendecía” a los animales del establo, en tiempos en que aún existían, y recibía “limosnas” en especie o dinero con que mantener un pequeño ágape infantil o apoyar alguna buena causa. Se celebra este curioso rito en la Zona Madia de Navarra y valle de Roncal, hoy en progresiva recuperación.
Los niños de Muruzábal (Valdizarbe), durante su recorrido por las calles, cantaban en 1978[357]:
“San Nicolás coronado / Arzobispo muy honrado, / si no nos dan, no nos den, / aquí no nos detendrán, / porque somos escolanos, / del Santo San Nicolás.
Bendita el agua traemos / y venimos a rezar, / y al mismo tiempo pedimos, / lo que ustedes quieran dar, / y si de agrado nos dan, / el Santo bendecirá.
Aleluya, Aleluya, celebremos todo el día, / y en honra a San Nicolás, / la meriendica caerá”
Tres ermitas de san Nicolás reciben culto en sus romerías.
La del desolado medieval de Rada, en término actual de Traibuenas, municipio de Murillo el Cuende, localidad del bajo Aragón, la iniciaron en 1999 los vecinos del pueblo nuevo de Rada, pueblo de colonización, que acuden a ella el domingo posterior a la Santa Cruz, y los de Traibuenas llegan el domingo más cercano al 7 de octubre, festividad de la Virgen del Rosario. Ellos fueron los primeros en retomarla, en 1980, una vez fue reconstruida la ermita por el Gobierno de Navarra, que considera el lugar sitio arqueológico de interés. Las vistas desde su posición geográfica son magníficas, aunque arrecie el fuerte viento o castigue el sol con fuerza. Los fieles de Rada celebran el acto con la presencia de una imagen del santo que de ordinario permanece en la parroquia.
Uterga y Tirapu, en el Valdizarbe, tienen las ermitas adosadas al cementerio, lo que induce a los de esta última población a rezar un responso por los fallecidos tras oír misa. Uno y otro celebran la fiesta del santo. En Uterga también por la Ascensión y recorren en procesión las calles del pueblo[358].
San Martín de Tours
Casi setenta ermitas hubo dedicadas a este santo de origen húngaro nacido en Panonia en el 316 y fallecido en Candes, Francia, antes Galia bajo dominación del Imperio Romano, al que Martín sirvió como soldado de caballería. Mientras intervenía como tal en una campaña militar cerca de Amiens, se produjo el hecho que, según la tradición, cambió su vida. A las puertas de la ciudad se encontró con un mendigo semidesnudo. Martín cortó en dos su capa y dio la mitad al mendigo para que se abrigara. Esa noche soñó que era el propio Jesús el que se ponía su capa. A partir de ese momento se bautizó, dejó el ejército y se dedicó a la predicación uniéndose a los discípulos de Hilario de Poitiers. El año 371 fue nombrado obispo de Tours por aclamación popular, aunque no dejó de defender la caridad y el ascetismo. Conocemos su vida y milagros por la biografía que de él escribió uno de sus discípulos, Sulpicio Severo.
Su festividad es el 11 de noviembre.
Varias costumbres sencillas, de carácter religioso, tienen lugar en algunas ermitas navarras. En la de Guerguitiain (Izagaondoa), como en otros pueblos del valle, se mantenía la tradición de que cada familia llevase a la misa una hogaza de pan que, tras la bendición del párroco, se convertía en pan bendito y se repartía entre los asistentes.
López Sellés anota en 1952 que había una romería de niños, organizada por el ayuntamiento, a la ermita de San Martín de Gomacin, hoy demarcación de Puente la Reina, el jueves siguiente a la Dominica in Albis[359]. El 1 de mayo, los feligreses marchan en pequeños grupos a lo largo de los tres kilómetros y medio que les separa de Puente la Reina y se agrupan en un altozano para ascender hasta la ermita cantando las letanías, encabezados por un representante de la Cofradía de la Pasión, vestido con túnica negra, quien porta un crucifijo y unas campanillas que tañe a su vez. Posteriormente se oficia la misa en el exterior, si el tiempo lo permite[360].
La víspera de su festividad, en Cintruénigo, se hacía hoguera cerca de la ya desaparecida ermita dedicada a él. Hasta mediados del siglo XX, aproximadamente, a la hora de misa mayor, nueve y media, se salía en procesión de la parroquia hacia la ermita, se iba con cruz alzada. En el trayecto, se entonaba el himno Iste confessor, y en la ermita se cantaba la misa. Acabada ésta se iniciaba en el presbiterio la antífona de laudes y al regreso el Non sumus digni y Aeterne Deus[361].
San Antonio de Padua
Antonio nació como Fernando Martins de Bulhões en Lisboa en 1195 e ingresó en la orden de San Agustín, pero tras conocer el martirio de cinco frailes menores en Marruecos decidió cambiar de orden e ingresar en la de San Francisco. Compartiendo la vida de los frailes en la ermita de Olivais, decidió adoptar el nombre de Antonio por estar aquella dedicada a san Antonio Abad. Conoció a san Francisco de Asís en persona, quien, sabedor de las grandes dotes de Antonio como predicador y conocedor de las Escrituras, le encargó la formación de los hermanos. Se le conoce como “de Padua”, por el lugar de su fallecimiento en Italia.
Hay dos romerías en Navarra que se dirigen a ermitas de su titularidad, la más notable es la de Guembe, en el valle de Guesálaz, que reúne a los vecinos de toda la comarca. Antaño algunos penitentes venían caminando descalzos y muchos de los exvotos eran colgados de las paredes. Era considerado como protector de los niños a los que les costaba hablar y acudían también aquellas personas que padecían insomnios. El porqué de su patronazgo sobre los niños puede estar en relación a que, estando el santo orando solo, le visitó el Niño Jesús (por eso las imágenes de san Antonio de Padua lo retratan con Él en brazos), pero también porque una de las versiones de su muerte sostiene que, cuando murió, los niños lloraron en las calles y todas las campanas de las iglesias repicaron por sí solas. Según otra interpretación, san Antonio, famoso por el don de su palabra elocuente, favorecería a los niños tardos en hablar.
La romería a la ermita de san Antonio de Padua en Guembe, fue en otro tiempo una de las romerías con gran asistencia de todos los pueblos del valle de Guesálaz. Hoy, sin embargo, tiene un carácter más local y se celebra el domingo más cercano al 13 de junio, en su onomástica. El pequeño templo está en un montecillo y a su celebración acuden muchos niños. Se celebra la misa y luego se toman refrescos y chucherías que se venden en puestos junto a la ermita[362]. Se dice que el que pisa un ladrillo que hay en la puerta se casará en un año, pero a ese ladrillo se le da por desaparecido[363]. Esto se debe a la fama del santo como reconciliador de parejas de novios.
Al santo de esta ermita se le dedicaba una novena que acaba ese 13 de junio. Ésta tenía los siguientes cánticos de gozos[364]:
“Pues vuestros santos favores / Dais de quien sois testimonio, / humilde y glorioso Antonio / rogad, por los pecadores. // Vuestra palabra divina / portó a los peces del mar / que salieran a escuchar / vuestro sermón y doctrina / y pues fue tan peregrina, / que extirpó diez mil errores. // Humilde y glorioso Antonio…// Sois de Jesús, tan amado, / que a solas con Él jugáis, / haciendo, porque la amáis, / su profeta regalado, / su celador estimado / y luz de sus confesores. / Humilde y glorioso Antonio.. /
La alusión a los peces del mar tiene sentido, porque en Rímini, a donde había ido a predicar san Antonio, cuando los herejes de allí le trataron con desprecio, se dice que se dirigió a la orilla del mar con el fin de predicar, a cuya prédica se sumaron gran multitud de peces reunidos ante él, a los que habló de Dios y después bendijo.
Se le reconocen poderes como taumaturgo de poderes polifacéticos, según rezan otros conocidos gozos: “Sanáis, mudos y tullidos, / paralíticos, leprosos, / endemoniados, furiosos, / restituyéis (sic) los sentidos: / volvéis los bienes perdidos / y curáis todos dolores. // Sanáis de gota coral, / ciegos, contrahechos, llagados; / Consoláis, desconsolados, / curáis de cualquier mal. // De tres días ahogados / resucitasteis diez niños”[365]. Sin duda son beneficios relacionados con su amor y devoción inquebrantables por los pobres y los enfermos.
La segunda de las romerías se dirige a la ermita de Aguinaga, en Arriasgoiti, el domingo cercano al 13 de junio. Suben feligreses de las poblaciones del valle de Lizoain (Beortegui, Lérruz, Lizoain, Mendióroz, Redín, Zalba y Zunzarren); del valle de Egüés (Elía, Eransus y Ustárroz); también llegan de Urroz Villa. Al finalizar la misa se bendice el agua para asperjar los campos en el transcurso de la procesión que se tiene alrededor del templo. Antiguamente iban en procesión todos los pueblos del valle de Arriasgoiti, incluidos los que hoy están despoblados[366].
En la parroquia de Lodosa celebraban una novena a san Antonio; durante esos días, las madres con niños pequeños ponían al pie del retablo mayor unas figuritas, denominadas niños o “muñequitos de piedra”, que tenían sobre el altar durante el novenario, con el fin de obtener la protección del santo sobre los en ellas representados[367]. De modo especial contra las lombrices intestinales que pudieran padecer.
Medios para asegurar la protección de los campos
Se ha aludido a lo largo del texto a las rogativas y conjuros para alejar los males que puedan afectar a las cosechas, puestas en peligro por sequías, temporales o plagas, pero el tema, que siempre ha traído de cabeza a los labradores, merece un tratamiento más detenido.
Rogativas
La rogativa es una procesión durante la cual se cantan las letanías a Dios y a los santos para pedir protección del cielo. La Iglesia prescribió con carácter oficial las letanías mayores (25 de abril san Marcos) y las menores los tres días precedentes al jueves de la Ascensión. Generalmente se hacían a ermitas o lugares donde las hubo, y desde allí eran bendecidos los campos[368].
Además de las rogativas “oficiales“, cada pueblo tenía otras propias, nacidas generalmente de votos hechos en momentos de calamidades públicas. Dieron paso a la romería. Durante la Edad Media tuvieron carácter penitencial. Era obligación que participara al menos uno de cada casa, y frecuente hacer el recorrido con los pies descalzos. Muchas veces iban a santuarios alejados, lo que exigía comer e incluso pernoctar en ellos. Normalmente los concejos daban la comida de pan y vino a los participantes, práctica mantenida por algunos pueblos hasta nuestros días. Para beber el vino tenían unas tazas especiales de plata, en pueblos de la Borunda, Yerri y Aguilar; dicen que, aunque beba en ellas un enfermo no contagia al resto[369].
Labeaga hace equivaler “letanías” con “rogativas”. Tenían un carácter penitencial y de impetración para invocar la protección divina sobre las cosechas del campo. En este último sentido coincide esta celebración con las rogativas en las que, generalmente, en una sociedad eminentemente agrícola se pedía la lluvia para los campos resecos. Los santos más invocados eran el Cristo del lugar (si lo hubiese), san Roque, Nuestra Señora de la Soledad, santa María Magdalena y sobre todo san Juan Bautista, Nuestra Señora de Nieva y Nuestra Señora de Cuevas (en Viana), y el acto religioso consistía en procesiones, misas, rezos, etc., que a veces duraban siete días. También en este caso (Viana), asistía el Ayuntamiento de una forma oficial. Generalmente eran los propios vecinos, particularmente, o a través de alguna cofradía, los que promovían las rogativas[370].
Las rogativas extraordinarias, fuera de las oficiales y ordinarias ya aludidas, fueron muy frecuentes en épocas de sequías prolongadas, pestes, guerras y otras calamidades. Frecuentemente tenían carácter penitencial y se acompañaban de los iconos de especial devoción o los patronos de las localidades. En Pamplona las imágenes de san Fermín, las Vírgenes del Camino y del Sagrario y el Cristo del Perdón de los Trinitarios fueron procesionadas frecuentemente en el pasado. En Tudela, durante el siglo XVII y parte del XVIII, las imágenes que se procesionaban en las rogativas eran las de la Virgen del Buen Suceso y la del Cristo del Carmen Calzado. Si se incorporaba la imagen de santa Ana, siempre se colocaban por su graduación e importancia. En ocasiones puntuales también se procesionó el Cristo de la emita de la Santa Cruz y la Virgen de los Remedios de san Nicolás. En Corella, la Virgen del Villar, a la que apodaban “la llovedora”. En Estella, la Virgen del Puy. En Arguedas la Virgen del Yugo. En Sorlada, la santa Cabeza de San Gregorio Ostiense, considerada un verdadero talismán contra las plagas en Navarra y allende nuestras fronteras[371].
Conjuros
Describe Jimeno Jurío el conjuro como rito y oración imprecativa tendente a evitar un mal, practicado a lo largo del año. Los hubo oficiales, realizados por el clero con ceremonias y preces, recogidas en “rituales” y “manuales”, y privados, a cargo de personas o grupos a título particular.
Entre los de carácter oficial, figuran los exorcismos eclesiásticos para librar de daños a personas, animales y campos, como los destinados a expulsar demonios de los cuerpos de posesos y embrujados. Son ejemplos las devociones a la Virgen de los Conjuros venerada en la parroquial de Arbeiza (Allín), a donde llegaban posesos de muchas partes, singularmente de La Rioja y Navarra, para librarse de diablos, brujos y espíritus malignos por medio de los exorcismos; a la Virgen de Doniansu, en Muru-Astrain, a la que se atribuye poder curativo contra maleficios y hechicerías; y también a otras Señoras como la de Arburúa en el valle de Salazar o de las Nieves en Oroz Betelu en situaciones parecidas. Han perdurado hasta nuestros días conjuros clásicos para proteger los animales (a san Antón) como las rismas de San Jorge y Santa Quiteria contra la rabia, y contra las plagas agrícolas y las tormentas. Los obispos de Pamplona demandaban constantemente a los clérigos que acudieran con cruces e hisopos a los “conjuratorios” de las iglesias para increpar a las nubes y “rezar los evangelios a las tempestades“, al sobrevenir tronadas, aún a riesgo de su vida al exponerse a la furia de los rayos cunado se practicaban desde los campanarios de las iglesias.
Entre la multitud de conjuros de carácter privado, algunos tienen origen antiquísimo, como los que utilizan determinadas piedras fósiles o de forma especial para librar la casa de rayos e incendios; sumergir imágenes y reliquias de santos en el agua para obtener la lluvia; colocar en hogares y fincas el ramo bendecido; encender el tizón de Navidad o la vela del monumento durante las tronadas; arrojar piedrecillas recogidas durante los bandeos del Sábado Santo, cuando retumban los truenos, y otros muchos con que se intenta proteger a las personas, los animales, las cosechas o la casa[372].
De modo especial, la estación de la primavera se caracterizó por las rogativas, romerías y conjuros contra las tormentas, por los votos y ritos en honor de los abogados contra el hielo (santo Toribio, san Marcos, san Pedro Mártir, 12, 25 y 29 de abril); por las bendiciones de los campos con la imagen de san Miguel de Excelsis y la reliquia del Lignum Crucis (3 de mayo); el agua pasada por las cabezas de san Jorge de Azuelo (23 de abril) y san Gregorio de Sorlada (9 de mayo); encomendándose a santa Bárbara “cuando truena“ (14 de mayo), a san Isidro (15 de mayo), santa Columba de Meoz (19 de mayo) y santa Quiteria contra la rabia (22 de mayo)[373].
También se practicó de manera tocante a la magia la inmersión de imágenes en el agua, como forma de amenaza o castigo si no se alcanzaba lo solicitado. En Lumbier era costumbre antigua que, al padecer sequía los campos, clero y colonos marcharan procesionalmente al monasterio de san Pedro de Usún, cantando himnos con gran devoción. Oída la misa, llevaban la imagen del santo a la orilla del río. Algunos interpelaban: “San Pedro, socórrenos en esta necesidad y logra de Dios la lluvia“. Repetían la fórmula dos y tres veces y exclamaban: “que sumerjan la imagen de san Pedro, si no consigue de Dios la gracia solicitada en esta necesidad urgente”. Alguien prometía que el santo lo haría así. Según decían, siempre llovía antes de las 24 horas. De forma semejante, los vecinos de Labiano llevaban procesionalmente el cuerpo incorrupto de Santa Felicia, en tiempo de sequía y lo sumergían en el agua[374]. Esto hasta mediado el siglo XIX.
Este proceder de la inmersión lo trata con detalle Iribarren y no se crea que es exclusivo de Navarra, pues, como explica en De Pascuas a Ramos, editado en 1946, lo practicaron también en Huesca y Cuenca, incluso en antiguas civilizaciones. En Alsasua ocurrió no hace mucho un caso de este género, que refiere Barandiaran. Unos sencillos labradores introdujeron en el río la imagen que se venera en una de las ermitas del pueblo (debe de ser la de Nuestra Señora de Erkuden, aunque también se cuenta lo hicieron los de Olazagutía con santa Ana, los de Torres del Río con san Cristóbal y en Caparroso con san Ponciano) y así la tuvieron durante varios días, esperando que, tras esto, había de llover. En Valcarlos, dice José María de Luzaide, cuando quieren que llueva, meten en agua los rosarios.
Con ocasión de avenidas se llegaron a llevar a la orilla de los ríos las imágenes para pedir que cesase la inundación. El mismo Iribarren cuenta el suceso ocurrido en Tudela con motivo de una de ellas. Fue llevada la imagen de santa Ana -patrona de la ciudad- a la entrada del puente sobre el Ebro y la muchedumbre imploraba el descenso de las aguas embravecidas, cuando se oyó a una voz potente decir: “¡Santana, mengüete; si no capucete!”. Que era decirle: o mengua el Ebro o te damos un remojón. Y así, se extiende con otras anécdotas similares[375].
La forma de agradecer los favores mediante exvotos
Los fieles obsequiaban exvotos a la Virgen o santos de su predilección, tenidos por protectores, en cumplimiento de una promesa, ya fuera en prueba de gratitud o devoción. De ahí viene su nombre, del latín ex voto suscepto que significa «de la promesa cumplida». También se buscaba dejar memoria y recuerdo del suceso encomendado, contribuyendo de ese modo a la fama del intercesor, generando emociones y reacciones en cuantos contemplasen el exvoto.

67. Molde para exvotos de cera en forma de corazón del tipo de los que se ofrecían a San Babil, abogado de los reumáticos, en la iglesia de San Pedro de Puente la Reina
Existe una gran variedad de exvotos: figuras de cera que reproducen partes del cuerpo humano, muletas, escayolas, ropas, trenzas, cartas, armas, banderas, dibujos, medallas, grilletes, condecoraciones y también pinturas (destacando el hecho de la curación o el socorro en momentos de peligro. Ricardo Fernández Gracia cataloga hasta 29 de estas pinturas conservadas, la mayor parte relativas al siglo XVIII)[376].
Explicaba José María Iribarren en 1946[377], que, en muchas iglesias y ermitas, junto a las consabidas figuritas de cera, representando brazos, piernas, pechos, cabezas y cuerpos, suelen verse trenzas de pelo, como ocurría en la ermita de Nuestra Señora la Blanca de Zufía. Eran cabelleras de jóvenes que se retiraron a la vida del claustro y que las enfrentaron a la imagen de su devoción, como símbolo de su renuncia al mundo.
En Corella y en la capilla de la Virgen del Villar, hay una campana que fue fundida con el bronce de un cañón cogido a los moros en la toma de Tetuán, el año 1860. La mandaron fundir dos militares corellanos que pelearon en aquella campaña: el general Joaquín Morales de Rada y el entonces capitán César Goñi.
En la ermita de Nuestra Señora de Muskilda, en Ochagavía, puede verse una bandera, muy ajada, de los Caballeros de Malta, y pintada en la bóveda una batalla naval. Dejó esta bandera y mandó pintar la batalla Carlos Lizarazu, “cuéntase -de esto escribe don Salvador Napal- que fue capitán de navío maltés; en un encuentro con la flota turca, estando sumamente apurado y rodeado de buques enemigos, animó a su tripulación, invocando a la Virgen de Muskilda e hizo voto de visitarla si salía con vida. Arremetió entonces contra los enemigos y logró echar a pique dos navíos y apresar el tercero”[378].
En la iglesia de Peña y al costado de la capilla del Santo Cristo, cuelga una enorme cadena rematada en recios grillos abiertos. Se ha transmitido por tradición que cadena y grillos pertenecieron a un cautivo de Orán, que, habiendo invocado al Cristo, vio con asombro que las argollas que le ceñían brazos y piernas se abrían milagrosamente.
En el santuario de la Virgen de Zuberoa, patrona de Garde, se conserva como exvoto una recia maroma, de las que sirven de amarre a los barcos, en la que aparece incrustada una bala de cañón de regular calibre. La dejó don Felipe de Atocha, vecino del pueblo, que en uno de sus viajes por mar fue atacado por un barco pirata y, habiendo recurrido a la Virgen, consiguió salvar la vida y la bolsa.
En el santuario de San Miguel de Excelsis, antes de ingresar a la capilla, cuelgan del muro a poca altura unas cadenas. Dice la tradición que son las mismas que arrastró Teodosio de Goñi en expiación de su parricidio. Muchos devotos suelen pasarse en torno a la cabeza el extremo de las mismas, como remedio y preventivo contra cefalalgias y trastornos mentales.
En el santuario de la Virgen de Codés, lo explicaba Juan de Amiax, beneficiado de las parroquias de Viana, a principios del siglo XVII, las curas por los paños benditos de Nuestra Señora se hallaban conmemoradas en una colección de romances, que hacían alusión a los exvotos presentes (tablas con pinturas y pechos de plata entre ellos), que ya se colocaban por entonces[379].
En la iglesia de Ujué y en una arquilla de plata metida en la pared sobre el altar de san Joaquín, está el corazón del rey Carlos II de Navarra, apellidado injustamente “el Malo”, quien dispuso en su testamento que su víscera cordial fuese a parar a Ujué como demostración del amor que profesaba a Santa María.
En Ujué es el padre Clavería, el que nos informa en su monografía de 1919, que de las paredes del santuario pendían diversos exvotos que daban fe de los favores alcanzados por intercesión de la Virgen en numerosos devotos. Todos ellos habrían sido eliminados por decisión del párroco, Guillermo Lacunza, que lo fue hasta 1885. En la segunda década del siglo XX, tan solo “quedaban dos cuadros en la sacristía que rememoraban dos favores especiales obtenidos por la mediación de Nuestra Señora de Ujué”. Ninguno de los dos ha llegado a nuestros días ni se encuentra reseña alguna sobre ellos[380].
En la parroquia de Santa María de Sangüesa, se veían dos curiosos exvotos colocados sobre la cornisa del muro izquierdo del presbiterio. Eran un yelmo antiguo y una bandera que, al decir de las gentes, constituyen un trofeo de la batalla de las Navas. En el presbiterio de esta misma parroquia y sobre el muro de la parte del evangelio hay un cuadro oscurecido por los años. Representa un guerrero (Roque Amador jefe de los escuadrones del ejército del Príncipe de Viana) lanzándose con su caballo desde el puente de la ciudad al río (acuciado por el ataque de los partidarios de don Juan II rey de Aragón). Es el exvoto de un caballero que, según se refiere, salvó la vida gracias a la Virgen del Rocamador[381].
En el santuario de la Virgen de Legarda, situado en las afueras de Mendavia, y en uno de los laterales del altar, puede verse un arca de hierro y una cadena con grillos que, según relación que allí se conserva, son testimonio de un milagro obrado el año 1468, en la persona del soldado Tomás Ramírez, natural de Lodosa, el cual, hallándose cautivo en Berbería, sujeto con las dichas cadenas y encerrado en el arca, se vio libre y a salvo merced al valimiento de la Virgen, patrona de Mendavia[382].
En la iglesia de la colegiata de Roncesvalles, y a ambos lados del nicho de piedra que cobija las estatuas orantes de Sancho el Fuerte y su mujer, cuelgan dos trozos de cadenas que donó este rey a la Virgen y que, según se cree, proceden de las que rodeaban la tienda de Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa.
En la parroquia de San Martín de Unx, se veía en la década 1960 una enorme panoplia llena de navajas, puñales, pistolones y trabucos. Eran armas que, a raíz de una misión que hubo en la villa, entregaron voluntariamente los vecinos más pendencieros. Esto sucedió gracias a que los misioneros realizaron una labor de pacificación y de desarme admirable, gesto del que quedó memoria en una leyenda puesta en la cabecera del frontón. Esto ya había sucedido en Tafalla tras la predicación del Padre Calatayud en 1731[383].
Conforme se desarrollaron las normas del Concilio Vaticano II fueron retirándose de iglesias, santuarios y ermitas los exvotos que durante generaciones fueron depositando los creyentes agradecidos. Así ocurrió en Ujué, Puente la Reina, Guembe, Allo, Zúñiga y en muchos otros lugares. Sólo se han conservado algunos exvotos pictóricos por su valor artístico o referencial. Así, explica Ricardo Fernández Gracia que los exvotos pictóricos existentes en el santuario de Santa Felicia de Labiano son “el grupo más abundante e interesante de los que se han conservado en la Comunidad foral, pertenecientes a los siglos XVIII en su mayoría”[384].
El interés de los que se han conservado se debe -explica Ricardo Fernández García- a su escasa proporción respecto a los que hubo hasta las últimas décadas del siglo XIX y primera mitad del XX. Fueron momentos en los que la mayor parte de aquellas expresiones de religiosidad popular corrieron muy mala suerte, al no gozar de consideración social y no ser valoradas por parte de estudios y especialistas. En muchos casos, se veían en ciertas manifestaciones una religiosidad caduca que había que superar y, sin tener en cuenta todos sus valores, se destruyeron casi en su totalidad. En 1882, la Congregación de Ritos desaconsejó la presencia de los exvotos de cera en los altares y su determinación se publicó en el Boletín Oficial Eclesiástico del obispado de Pamplona.
En la documentación conservada acerca de los beneficios sobre la salud concedidos a los devotos de las Vírgenes de los Remedios y del Milagro presentes en el retablo mayor de la parroquia de Luquin (Tierra Estella), se califica a los exvotos como “milagros”, particularmente a los de cera y metal, denominación con que también se les conocía en otros lugares, México particularmente[385].
Bibliografía
AICÚA MARÍN, José María-ASIRÓN SÁEZ, José María (1990). “Arte y cultura”, en El valle de Elorz. Naturaleza, Historia, Arte. [Elorz], Parroquia San Miguel (Noain), págs. 102-212.
ÁLVAREZ DEL PALACIO, Eduardo (1995). “La actividad física-lúdica en el Siglo de Oro español, Apunts, Educación Física y Deportes, (42), pp. 7-25. Universidad de León, T.E.U. Educación Física.
ÁLVAREZ VIDAURRE, Ester-ORDUNA PORTÚS, Pablo Miguel-ÁLVAREZ VIDAURRE, Pablo (2013). “Aspectos etnográficos de lo festivo en el valle de Guesálaz y Salinas de Oro”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 88, págs. 25-46.
AMIAX, Ioan de (1608). Ramillete de Nuestra Señora de Codés. Pamplona, Carlos Labayen.
AMICHIS GOIBURU, José (1990). Mi pueblo. [Pamplona], Grupo de Cultura “Bilaketa”.
ANÓNIMO (2022). “La devoción a San Miguel en Navarra”, La Verdad, nº. 4295, del 23 de setiembre.
APESTEGUÍA, Goya (1988). Un poco de Cirauqui. Pamplona, edición de la autora.
ARAMBURU URTASUN, Mikel (1989). ”Folklore festivo del Valle de Arce”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 54, págs. 343-376.
ARBIZU GABIRONDO, Nicolás (1992). “Ermitas de Iturmendi”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 59, págs. 95-114.
ARBIZU GABIRONDO, Nicolás (2024). Ermita de Santa Marina-Trinidad (Bakaiku-Iturmendi-Trinidad). Edición del autor.
ARDANAZ, Naiara (2007). “Grabado de San Miguel Excelsis”, Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, Pamplona, Universidad de Navarra. Pieza del mes de julio de 2007. Enlace: https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/aula-abierta/pieza-del-mes/2007/julio
ARIGITA, Mariano (1904). Historia de la imagen y santuario de San Miguel de Excelsis. Pamplona, Imprenta y Librería de Lizaso Hermanos.
ARRAIZA FRAUCA, Jesús (1990). “Romería”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, X, pp. 17-22.
ARRAIZA FRAUCA, Jesús (1996). “Religiosidad popular”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, María Amor (Dira.) Etnografía de Navarra. Pamplona, Diario de Navarra, II, págs. 625-638.
ARREGUI GARBIZU, José Miguel (1998). “Javierada versus Marcha a Javier. Historia de una polémica”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 71, págs. 7-18.
AZANZA LÓPEZ, José Javier (2017). “Arquitectura de coplillas y gozos. Santuarios marianos en Tierra Estella”. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, Universidad de Navarra, Pamplona, 4 de octubre. Enlace: https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/actividades/ciclos-y-conferencias/2017/arquitectura-de-coplillas-y-gozos
BALEZTENA ASCÁRATE, Dolores (1976). “Navarra por Santa María”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 258. Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
BALEZTENA, Dolores – ASTIZ, Miguel Ángel (1944). Romerías navarras. Pamplona, Gráficas Bescansa.
BARANDIARÁN, José Miguel de (1960). El mundo en la mente popular vasca (Creencias, cuentos y leyendas). San Sebastián, Auñamendi.
BARRAGÁN LANDA, Juan José (1978). “Las plagas del campo español y la devoción a San Gregorio Ostiense”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 29, pp. 273-298.
BEGUIRISTAIN, María Amor (2023). “Devoción y culto a San Isidro Labrador. Materiales para el Atlas Etnográfico de Vasconia”, Investigaciones etnográficas en Vasconia. Pamplona, Etniker Euskaleria, nº 4, págs. 91-144.
BEGUIRISTAIN GÚRPIDE, Mª Amor-ZUBIAUR CARREÑO, Francisco Javier (1978). “La celebración de San Nicolás en la villa de Muruzábal”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 28, págs. 45-47.
BEGUIRISTAIN GÚRPIDE, Mª Amor-ZUBIAUR CARREÑO, Francisco Javier (2002). Retazos de la historia de Obanos, […], Fundación Misterio de Obanos.
BURGUI, Tomás de (1774). San Miguel de Excelsis como Príncipe Supremo de todo el Reyno de Dios en Cielo y Tierra y como Protector Excelso, aparecido y adorado en el Reyno de Navarra. Pamplona, Oficina de Josef Miguel de Ezquerro.
CABEZUDO ASTRAIN, José (1971). “Tafalla”, Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 115.
CAJA DE AHORROS MUNICIPAL DE PAMPLONA (1977). “El Ángel andariego”, en Calendario 1977. Pamplona, CAMP, págs. 64-68.
CARO BAROJA, Julio (1969). “La leyenda de Teodosio de Goñi”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 3, págs. 293-345.
CARO BAROJA, Julio (1972 A). Etnografía histórica de Navarra. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra-Editorial Aranzadi. Vol. II**.
CARO BAROJA, Julio (1972 B). Etnografía histórica de Navarra. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra-Editorial Aranzadi. Vol. II***.
CARO BAROJA, Julio (1979). La estación del amor (Fiestas populares de mayo a San Juan). Madrid, Taurus.
CASIMIRO ITURRI, Ana Rosa (1990). ”Estudio etnográfico de Lanz (Navarra”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra. San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs. 319-351.
CHRISTIAN, W. A. (1979). Religiosidad popular. Estudio antropológico en un valle español. Madrid. Tecnos.
CIERBIDE MARTINENA, Ricardo (1990). “Ujué: evocación histórica y mariana”, en Cuadernos de Cultura Tafallesa, nº 5, diciembre (Tafalla, 350 años como ciudad), págs. 33- 47.
CLAVERÍA ARANGUA, Jacinto (1919). Estudio histórico artístico de la imagen, el santuario y la villa de Santa María de Ujué. Pamplona, Casa Huarte.
CLAVERÍA ARANGUA, Jacinto (1944). Iconografía y santuarios de la Virgen en Navarra, Madrid, Patronato de la Biblioteca Olave, I y II.
CRUCHAGA PURROY, José de (1970). “Un estudio etnográfico de Romanzado y Urraúl Bajo”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 5, págs. 143-265.
DÍEZ Y DÍAZ, Alejandro (1988). “Las ermitas de Puente la Reina”, Príncipe de Viana, Anejo 9. Comunicaciones del Primer Congreso General de Historia de Navarra, págs. 85-94.
DOMENCH GARCÍA, José María (2018). Navarra y sus tradiciones. (…), Almuzara.
EQUIZA, Jesús (1988). “Labiano: estudio etnográfico-histórico (IV): La religión”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 51, págs. 49-114.
EQUIZA, Jesús (1993). “El valle de Aranguren”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra”, nº 62, págs. 219-242.
EQUIZA, Jesús (2001 A). “Labiano en el siglo XIX a través de una colección de fotografías”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 76, págs. 5-24.
EQUIZA, Jesús (2001 B). Labiano. Santuario de S. Pablo y Sta. Felicia. Historia y actualidad. Móstoles, Nueva Utopía.
ESTORNÉS LASA, Bernardo y Mariano (1970). ”Un camcionero vasco del siglo XVI en Obanos”, Fontes Linguae Vasconum, núm. 5, págs. 231-233.
FERNÁNDEZ GRACIA (2000). Nacimiento e infancia del Venerable Palafox. Pamplona, Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero.
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2017 A). “Exvotos, una religiosidad perdida”, Diario de Navarra, Pamplona, 3 de marzo, págs. 64-65 del suplemento Diario 2.
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2017 B). “Mirando al cielo y celebrando: algunos ejemplos”, Diario de Navarra, Pamplona, Diario de Navarra, 13 de octubre, págs. 68-69 del suplemento Diario 2.
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2019). “Lo sagrado: santoral y grandes advocaciones marianas”, Diario de Navarra, 15 de marzo, págs. 76-77 (Diario 2)
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2021). “Fiesta e imagen de Santa Águeda”, Diario de Navarra, 5 de febrero, pág. 62 (Diario 2).
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2023) Exvotos pintados en Navarra. Pamplona, Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro.
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2024). “Testimonios de una religiosidad perdida”, Diario de Navarra, 18 de noviembre, págs. 45-45 del suplemento Diario 2.
FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (2026). “Un santuario con dos advocaciones marianas en Luquin”, Diario de Navarra, 20 de abril, págs. 52-53 de Diario2.
FERNÁNDEZ JÁUREGUI, Rosa Esther (1990). “Estudio etnográfico de Mendigorría (Navarra)”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra, San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs. 353-407.
FERNÁNDEZ LARREA, Pilar (2021). “Garciariáin recibe al Ángel en pandemia”, Diario de Navarra, 16 de mayo, última página.
GALDONA, Alberto (2021). “Romería a Ujué con la luz de faroles”, Diario de Navarra, 24 de mayo, pág. 24.
GARCÍA JAURRIETA, Daniel (2007). “Las ermitas: «monumentos» de segunda categoría. Apuntes sobre una desaparición anunciada: la ermita de Nuestra Señora del Camino (Nagore)”, Cuadernos de Etnología y Etnografía Navarra, nº 82, págs. 57-65.
GÁRRIZ, Javier (1923). La villa de Garde en el Valle de Roncal. Ensayo de una monografía parroquial. Pamplona, Casa Editorial de G. Huarte.
GIL GÓMEZ, Luis (1972). “De la vieja Tudela. Paisajes y recuerdos”, Navarra. Temas de Cultura Popular. Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº140.
GOÑI GAZTAMBIDE, José (1965). “Juan de Undiano, ermitaño de Arnotegui, reformador”, Pregón, 85, s. p.
GUTIÉRREZ, Natxo (2022). “Alsasua riega sus raíces”, Diario de Navarra, 30 de junio, pág. 35 (Zona Norte).
HOMOBONO MARTÍNEZ, José Ignacio (1989). “San Urbano de Gazkue: ermita, romería y otras expresiones de religiosidad popular”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 54, págs. 407-502.
HOMOBONO MARTÍNEZ, José Ignacio (1990). “Fiesta, tradición e identidad local”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 55, págs. 43-58.
HUALDE GÁLLEGO, Fernando (2022). Romerías a san Miguel de Izaga. Pamplona, Xibarit, Col. Navarra, nº 4 (Fotografías de Joseba Urretavizcaya).
HUALDE GÁLLEGO, Fernando (2023). Lumbier asciende a la Trinidad. Pamplona, Xibarit. Col. Navarra, nº 6. (Fotografías de Joseba Urretavizcaya).
HURTADO DE SARACHO, Arántzazu (1970). “Medicina popular”, Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 86.
IBARRA MURILLO, Orreaga (2012). “Un reglamento de la romería del Valle de Erro a Roncesvalles”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 87, págs. 71-85.
IDOY HERAS, María Mercedes (1981). “Estudio etnográfico de Izurdiaga (y III). Grupo territorial, culturización y apéndice”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 38, págs. 157-208.
IMBULUZQUETA ALCASENA, Gabriel (2005). Navarra. Etnografía. Pamplona, Gobierno de Navarra.
IMBULUZQUETA, Gabriel (2011). Sabías que… Pamplona, EGN.
IRIARTE LANDARECH, Alfonso (2023). “Romería a Ujué”, Diario de Navarra, Pamplona, 16 de abril, pág. 13.
IRIBARREN, José María (1946). De Pascuas a Ramos. Galería religioso-popular-pintoresca. Pamplona, Editorial Gómez.
IRIBARREN, José María (1981). Sanfermines. Pamplona, Ediciones y Libros.
IRIBARREN, José María (2003). Retablo de Curiosidades. Pamplona, Diario de Navarra. (Reed. de la de 1940).
IRIGARAY, Agustín (ca. 1933). Estampas del Pirineo. Madrid-Pamplona-San Sebastián, Librería San Martín-Regino Bescansa-Eusebio Ostériz-Manuel Conde López.
JIMENO ARANGUREN, Roldán (2002). San Guillén y Santa Felicia. [..] Fundación Misterio de Obanos.
JIMENO JURÍO, José María (1966). “Historia y leyenda en torno a la Virgen de Jerusalén de Artajona”, Príncipe de Viana, nº 102-103, págs. 65-108.
JIMENO JURÍO, José María (1969 A). “Roncesvalles”, Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 57.
JIMENO JURÍO, José María (1969 B). “Ujué”, Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 63.
JIMENO JURÍO, José María (1969 C). “Valcarlos. Valle de Carlos”, Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 53.
JIMENO JURÍO, José María (1970). “Datos para la etnografía de Artajona”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 4, págs. 5-126.
JIMENO JURÍO, José María (1974 A). “Cortes de Navarra (Calendario festivo popular II)”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 18, págs. 451-490.
JIMENO JURÍO, José María (1974 B). “Ermitas de Sangüesa”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 193. Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
JIMENO JURÍO, José María (1974 C). “Ermitas Merindad de Tudela”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 209. Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
JIMENO JURÍO, José María (1974 D). “Folklore de Alsasua”, Navarra. Temas de Cultura Popular. Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 213.
JIMENO JURÍO, José María (1976 A). “Garisoain. Museo de Bernabé Imberto”, Navarra. Temas de Cultura Popular. Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 249.
JIMENO JURÍO, José María (1976 B). “Ritos mágicos en la merindad de Tudela”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 22, págs. 21-46.
JIMENO JURÍO, José María (1987). Antropología navarra. En Obras completas, tomo 50, reed. por Pamiela, en Pamplona, 2010, págs. 294-309.
JIMENO JURÍO, José María (1990 A). “Calendario festivo. Primavera”, Panorama, nº 15. Pamplona, Gobierno de Navarra.
JIMENO JURÍO, José María (1990 B). “Conjuro”, Gran Enciclopedia Navarra. Pamplona, tomo III, págs. 370-371.
JIMENO JURÍO, José María (1990 C). “Fiestas de primavera”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo V, págs. 120-121.
JIMENO JURÍO, José María (1990 D). “Pascua de Pentecostés”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo IX, pág. 45.
JIMENO JURÍO, José María (1990 E). “Pascua de Resurrección”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo IX, pág. 45.
JIMENO JURÍO, José María (1990 F). “Rogativa”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo IX, pág. 492.
JIMENO JURÍO, José María (1990 G). “Romería”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo X, págs. 17-22.
JIMENO JURÍO, José María (1990 H). “San Antón”, Gran Enciclopedia Navarra, tomo X, pág. 121.
JIMENO JURÍO, José María (1990 I). “San Marcos”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo X, págs. 135-136.
JIMENO JURÍO, José María (1990 J). “Superstición”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo X, págs. 402-403.
JIMENO JURÍO, José María (1996). “Etnografía histórica en un pueblo navarro: Monreal”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 67, págs. 49-72.
JIMENO JURÍO, José María (2010). Etnografía histórica al airico de la tierra. En Obras Completas. Pamplona, Pamiela, tomo 50, págs. 401-402. Datos referidos a 1973.
JUSUÉ SIMONENA, Carmen (1990). “Encuesta etnográfica de Olite (Navarra)”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra, San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs. 519-603.
LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz (1982). “Bargota”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 389. Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz (1990). “Estudio etnográfico de Viana (Navarra). Datos geográficos y culturización”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra, San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs. 635-737.
LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz (2004). “Nuestra Señora de Rocamador de Sangüesa: Culto, arte y tradición”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 79, págs. 5-61.
LABEAGA MENDIOLA, Juan Cruz (2005). “Religiosidad popular en Viana”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 80, págs. 179-212.
LAMELA NOBAJAS, María del Rosario (1977). “Armañanzas”. Navarra. Temas de Cultura Popular, Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 298.
LAPEIRE MUNÁRRIZ, Nahiara (2025). “Alsasua recupera su tradición”, Diario de Navarra, Pamplona, págs. 22-23.
LAPUENTE MARTÍNEZ, Luciano (1972). “Estudio etnográfico de Améscoa”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº. 11, págs. 123-166.
LAPUENTE MARTÍNEZ, Luciano (1984). “Sierra de Urbasa”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 211. Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
LAPUENTE MARTÍNEZ, Luciano (1986). “Las instituciones político-administrativas de la Améscoa Baja”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 48, págs. 275-304.
LARRAONDO NAVASCUÉS, Mª Paz (1990). “Estudio etnográfico de Cintruénigo”, en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra, San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs. 187-276.
LARRIÓN ARGUIÑANO, José Luis (1969). “Romerías”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 42, Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
LEIZAOLA CALVO, Fermín de (1975). “La ermita de Nuestra Señora de Belén y sus fragmentos de lápidas romanas: Olazagutía (Navarra)”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 21, págs. 445-456.
LINZOAIN LINZOAIN, Emilio (1979). “La Trinidad de Erga (Aguinaga)”, Navarra. Temas de Cultura Popular. Pamplona, Diputación Foral de Navarra, nº 350.
LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo (1967). Devoción popular en España a la Virgen Blanca y a nuestra Señora de las Nieves. Vitoria, Obra Cultural de la Caja de Ahorros Municipal de la Ciudad de Vitoria.
LÓPEZ SELLÉS, Tomás (1972-1975). “Contribución a un catálogo de las ermitas de Navarra”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 10, págs. 57-90 y nº 11, págs. 175-231 y nº 12, págs. 313-350; nº 14, págs. 169-218 y nº 15, págs. 301-358; nº 16, págs. 117-158; nº 18, págs. 491-525; nº 19, págs. 93-113; nº 21, págs. 457-492.
MACUA AZCONA (2023). Estudio etnográfico de Allo. Pamplona, Lamiñarra.
MADRAZO, Pedro de (1886). España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia. Tomo III: Navarra y Logroño. Barcelona, Tipografía de Daniel Cortezo.
MARIUEZKURRENA ITURMENDI, David (2004). Mirafuentes. Estudio etnográfico. Pamplona, Lamiñarra.
MARTINENA, Juan José (2026). “El robo de San Miguel de Aralar en 1689”, Diario de Navarra, 17 de abril, pág. 66 de Diario 2.
MAULEÓN ORZAIZ, Maite (2009). Cánticos de devoción populares en Navarra. Estella, edición de la autora.
MIGUÉLIZ VALCARLOS, Ignacio (S.a.). “San Gregorio Ostiense”, Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, Universidad de Navarra. Enlace: https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/itinerarios-visitas/san-gregorio-ostiense
MIRANDA, Daniel-RECALDE, Juan Jesús. Encuesta sobre religiosidad en La Valdorba (Navarra).
MONTES ANDÍA, Luis Antonio (1990). Memorias de un chico de pueblo. Estella, edición del autor.
MUNÁRRIZ ELIZONDO, María del Carmen (1990). “Estudio etnográfico de Orbaiceta (Navarra)”, ), en BEGUIRISTÁIN GÚRPIDE, Mª Amor. Contribución al Atlas Etnográfico de Vasconia. Investigaciones en Álava y Navarra, San Sebastián, Eusko-Ikaskuntza, págs.605-633.
MUNÁRRIZ Y VELASCO, P. L. (1898). Santuario del Yugo. Pamplona, J. Lorda.
NAPAL, Salvador (1932). Historia y novena de Nuestra Señora de Musquilda. Pamplona, Imprenta y Encuadernación La Acción Social.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2021) Romerías de Navarra. Pamplona, Arzobispado de Pamplona y Tudela.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2022 A). ”Romerías de Navarra. Ermitas medievales: inicio de la tradición”, Diario de Navarra, 4 de junio, págs. 32-33.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2022 B). “Romerías de Navarra: poblaciones grandes: advocaciones de la Virgen”, Diario de Navarra, 28 de mayo, págs. 28-29.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2022 C). “Romerías de Navarra: romerías de los valles: con cruces parroquiales”, Diario de Navarra, 14 de mayo, págs. 32-33.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2022 D). “Romerías de Navarra. Romerías en las cumbres: más de cien ermitas”, Diario de Navarra, 21 de mayo, págs., 26-27.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2022 E). “Romerías de Navarra. Romerías penitenciales: la marcha de entunicados”, Diario de Navarra, 7 de mayo, págs. 30-31.
NAVALLAS REBOLÉ, Arturo (2024). “Romerías de Navarra: romerías de junio”, Diario de Navarra, 1 de junio, págs. 66-67 (Diario 2).
OLCOZ Y OJER, Francisco de (1956). “Monasterios, basílicas y ermitas Baldorbeses”, Príncipe de Viana, nº 64, págs. 247-327.
OLLARRA [José Javier Uranga] (1960). “Santa Zita, una santa italiana, tiene su ermita en San Martín de Unx”, en Diario de Navarra, Pamplona, 30 de abril.
OLLARRA [José Javier Uranga] (1964). “·A Ujué con los cruceros de Tafalla”, Diario de Navarra, 28 de abril. Sección Desd’el gallo de San Cernin.
OLLARRA [José Javier Uranga] (1980 A). “San Antonio de Aguinaga”, Diario de Navarra, 21 de junio. Sección Desd’el gallo de San Cernin.
OLLARRA [José Javier Uranga] (1980 B). “Santa Bárbara de Higa”. Diario de Navarra, 2 de mayo. Sección Desd’el gallo de San Cernin.
OLLARRA [José Javier Uranga] (1991). “San Miguel, en la frontera”, Diario de Navarra, 11 de abril. Sección Desd’el gallo de San Cernin.
OMAECHAVARRIA, Ignacio (1963). [“San Francisco de Asís y Rocaforte”], Diario de Navarra del 4 de mayo.
ORDUNA PORTÚS, Pablo Miguel (2015-2015). “Revisión etnográfica del ciclo festivo anual en el valle pirenaico de Roncal”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 89, págs. 31-59.
OTAZU RIPA, Lorenzo (1978). “Miranda de Arga, miscelánea de la historia local”, Navarra. Temas de Cultura Popular, nº 315, Pamplona, Diputación Foral de Navarra.
PAGOLA, Javier (1990). “Apuntes de etnografía del pueblo de San Adrián”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 55, págs. 75-90.
PELAIREA GARBAYO, Alberto (1925). San Miguel del Aralar. Pamplona, Imprenta de Ricardo García Enciso.
PÉREZ DE VILLARREAL, Vidal (1982). “Abaigar, un pueblo navarro”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 40, págs. 871-896.
PÉREZ DE VILLARREAL, Vidal (1990). “Arráyoz, un lugar del Baztán: estudio etnográfico”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 56, págs. 261-305.
PÉREZ OLLO, Fernando (1983). Ermitas de Navarra. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra.
PÉREZ OLLO, Fernando (1986), “Ermitas y romerías”, en Navarra. Guía y mapa. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra.
PÉREZ OLLO, Fernando (1990). “Ermitas”, Gran Enciclopedia Navarra, Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, tomo IV, págs. 341-344.
PÉREZ OLLO, Fernando (2003). Lugares, ermitas y personajes. Pamplona, Diario de Navarra. Biblioteca básica navarra, nº. 48.
RECALDE RECALDE, Juan Jesús (2020). La Bizkaia de Navarra. Memorias de un valle en silencio. Pamplona, Lamiñarra.
SÁEZ DE ALBÉNIZ ARREGUI, Mª Pilar (2010). Vivir para vivir. Estudio etnológico en el Valle de Lónguida, Aoiz, Valle de Arce y Oroz-Betelu. Pamplona), Gobierno de Navarra-Fundación Itoiz-Canal de Navarra.
SAROBE PUEYO, Víctor Manuel (1995). La cocina popular navarra. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra.
SATRÚSTEGUI, José María (1969). “Aspecto práctico del agua”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 1, págs. 67-103.
SATRÚSTEGUI, José María (1971). “Pregón festivo de San Juan”, Fontes Linguae Vasconum, nº 8, págs. 171-180.
SATRÚSTEGUI, José María (1979). “Ritual de bendiciones de San Gregorio Ostiense”, Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, 1979, nº 31, págs. 179-184.
SILANES SUSAETA, Gregorio (2006). Cofradías y religiosidad en el Reino de Navarra durante el Antiguo Régimen. Pamplona, Fundación Universitaria de Navarra.
SILANES SUSAETA, Gregorio (2017). “Santuarios, romerías y devociones en la merindad de Estella”, Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro. Universidad de Navarra. Enlace:
https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/actividades/ciclos-y-conferencias/2017/santuarios-romerias-y-devociones-en-la-merindad-de-estella
STEGMEIER, Ion (2021). “Arturo Navallas compila a lo largo de 8 años las romerías de Navarra”, Diario de Navarra, 30 de diciembre, pág. 54 de Diario 2.
UNZUETA ECHEBARRIA, Antonio (1982).“Nuevos datos sobre el reformador de ermitaños y poeta vasco Juan de Undiano”, Fontes Linguae Vasconum, núm. 39, págs. 329-337.
USUNÁRIZ GARAYOA, Jesús María (1996). “Romerías y rogativas”, en BEGUIRISTAIN GÚRPIDE, María Amor (Dira.). Etnografía de Navarra. Pamplona, Diario de Navarra, II, págs. 498-510.
VIDONDO, Asier (2022). “Roncesvalles aguarda ya a sus romeros”, Diario de Navarra, 19 de abril, pág. 33 (Sangüesa y Merindad).
ZUBIAUR CARREÑO, Francisco Javier y José Ángel (2007). Etnografía de San Martín de Unx. 30 años de investigaciones en un pueblo de la Navarra Media. (Pamplona), Ayuntamiento de San Martín de Unx – Consorcio de Desarrollo Zona Media de Navarra.
Créditos fotográficos
1. Desolvidar.patximendiburu.blogspot.com; 2. Regino Bescansa, 1944; 3. Desolvidar.patximendiburu.blogspot.com; 4. Diario de Noticias 15.01.2011; 5. Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, 1976, 8, 24; 6. https://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Pérez_Ollo; 7. Etniker.com; 8. Peregrino, 2002,84; 9. www.ondavasca.com; 10. Eduardo Buxens para Diario de Navarra 06.05,2022; 11. El autor; 12. Regino Bescansa, 1944; 13. https://nabarralde.eus/la-romeria-de-san-urbano-de-gaskue/; 14. rocio.com; 15. christianpau-blogspot.com; 16. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro; 17. Iñaki Gaztelu; 18. Calcografía Nacional; 19. https://corobarasoain.blogspot.com; 20. Salinas (ciudadtudela.com); 21. www.dantzatlas.navarchivo.com; 22. Diario de Navarra 06.12.2025; 23. JLVWiki para Wikipedia; 24. valledearce.com; 25.ochagavia.com; 26. azuelo.com; 27. Regino Bescansa, 1944; 28. iglesianavarra.org; 29. La Voz 02.04.2024; 30. visitnavarra.es; 31. Diario de Navarra 13.11.2024; 32. es.wikipedia.org; 33. Iñaki Gaztelu; 34. Roldán Jimeno; 35. Fran Contreras para ABC 06.03.2025; 36. Museo de Navarra; 37. Iñaki Gaztelu; 38. premindeiruna.blogspot.com; 39. elblogdesimeonhidalgo.blogspot.com; 40. A.N.R. para Diario de Navarra 14.05.2022; 41. Diario de Navarra 04.05.2026; 42. Javier Bergasa para Diario de Noticias 04.12.2023; 43. Blanca Aldanondo para Diario de Navarra 22.05.2024; 44. Iñaki Gaztelu; 45. Iñaki Gaztelu; 46. Archivo Diario de Navarra (Art. María Lizaso 08.01.2026); 47. El autor; 48. Iñaki Gaztelu; 49. es.wikipedia.org; 50. es.wikipedia.org; 51. Cristina Aguinaga; 52. azuelo.com; 53. navarratelevision.es; 54. Iñaki Gaztelu; 55. Íñigo Alzugaray para navarra.com; 56. Uni2aJesús; 57. Juan Mari Ondikol para Diario de Noticias 04.12.2016; 58. Ricardo Fernández Gracia, Imagen y mentalidad, Pamplona 2017, pág. 279; 59. navarchivo.com; 60. Galdona para Diario de Navarra 06.05.2014; 61. tripnavarra.com; 62. sanveremundo.com; 63. Iñaki Gaztelu; 64. es.wikiloc.com; 65. Arturo Navallas para Diario de Navarra 01.06.2024; 66. Catálogo Monumental de Navarra IV*, pág. 165, lám. 194; 67. Museo Etnológico de Navarra.
Imagen de la portada: – Romería a la ermita de San Fermín en Azkarate (Valle de Araiz), 7 de julio de 1990 (Foto: Iñaki Gaztelu)
Notas
[1] Sel autor se ha basado en la consulta de más de 600 personas que le han transmitido oralmente las tradiciones perdidas, una documentación que ha completado con las fuentes escritas. Para su ejecución ha recorrido 45.000 kilómetros y tomado 1.500 fotografías a color (NAVALLAS, 2021).
[2] LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 28.
[3] NAVALLAS REBOLÉ: 2021, 7.
[4] IMBULUZQUETA, 2005, 39.
[5] NAVALLAS, 2022 E, 32.
[6] LÓPEZ SELLÉS, 1972-1975; STEGMEIER, 2021 A, 54: en la entrevista de este periodista, Arturo Navallas asegura que, según el nomenclátor consultado y su propia comprobación sobre el terreno y la toponimia, las ermitas existentes en Navarra a lo largo del tiempo han sido 1.768. En 1734 bajaron a 1.286; en 1850 se redujeron a 1050, posiblemente menos, unas 973; en la década de 1950-60 se contaban unas 603. En 2021, eran 543, y en 423 de ellas se celebran hasta 765 romerías, permitido por el buen estado en que se encuentran. Alejandro Díez añade que en 1785 la diócesis de Pamplona contaba con 1.286 ermitas, un número para él casi increíble. La gran mayoría tenía su origen en la Alta Edad Media. Unas estaban atendidas por ermitaños y otras por mujeres llamadas beatas, reclusas o seroras y frailas (DÍEZ Y DÍAZ 1988, Anejo 9, 85).
[7] Entre las desaparecidas en este valle Tomás López Sellés menciona las siguientes: San Martín en Arrieta; San Miguel y Santa Cruz en Artózqui; Santa Colomba en Asnoz; Nuestra Señora de la Agonía en Azparren; ermita de Etarte en Espoz; San Miguel en Gorraiz; Salbatore y Santiago en Imízcoz; la Concepción de Nuestra Señora y Santo Domingo de la Calzada en Muniáin; Ermitazar en Osa; la Ermita en Saragüesa; San Ramón en Uli Alto; San Juan en Uloci; San Bartolomé en Urdíroz; Elizazar, Ermitaldea y Virgen Santísima del Carmen en Úriz; además de la de Nuestra Señora del Camino en Nagore, en total 202. Algunas conservan las cimentaciones y otras han desaparecido o solo ha perdurado su huella en la toponimia. Únicamente la de Arrieta se mantiene en pie y hasta hace unos años las de Artozqui y Nagore, aseguraba en la década de 1970 (LÓPEZ SELLÉS, 1972-1975). Con actitud severa GARCÍA JAURRIETA (2007, 82, 58 y 65), remarca la destrucción y expolio del “patrimonio de segunda categoría” (iglesias en despoblado, puentes y por supuesto ermitas) abandonados a su suerte “bajo el amparo de las instituciones”.
[8] ARRAIZA, 1990, X, 17-22; ID., 1996, II, 625-638.
[9] La lista de santos protectores y el tipo de beneficios que aportan a sus fieles es larga, pero, aun así, la recoge el sacerdote Jesús Arraiza: San Adrián (Iturgoyen), carboneros; Santa Águeda (general), mal de pechos; San Antón (general), protector de los animales; San Antonio de Padua (Guembe), novios; San Blas (general), gargantero; San Babil (Sangüesa, Tudela), todo dolor, especialmente reúma; Santa Bárbara (general), tormentas; San Bricio (San Martín de Améscoa), patrón de los carboneros; Santa Coloma (Meoz), mal de muelas; Santa Elena (Esquiroz), mareos y males de cabeza; santa Engracia (Uitzi Leitza), dolor de cabeza; san Eutropio (Lesaka), hidropesía; SantaSFe de Baratzagaitz (Epároz), niños llorones; Santa Felicia (Labiano), dolores de cabeza; San Gervás (Arzoz), dolores de tripas e hijadas; San Gregorio Ostiense (Sorlada), su agua contra las plagas del tiempo; San Isidro (general), campos agrícolas; Santa Inés (Montaña), protectora del sueño; San Joaquín (Pamplona, Aribe), esposas estériles, plagas de roedores; San Jorge (Azuelo, Barbarin), rabia; San Judas (San Agustín de Pamplona), causas imposibles; San Lorenzo (Baztán), diviesos o fuegos; Santa Lucía (Racax, Unzu, Arañotz de Eltso-Iraizotz), buena vista; San Marcos (rogativa general), roña del trigo; San Miguel (Aralar), dolores de cabeza y esposas estériles; San Pedro mártir (general), protector de cosechas; San Quirico (Navascués), todos los dolores y tormentas; Santa Quiteria (Bigüezal, Urzainqui y Tudela), tormentas y rabia; San Raimundo (Fitero), mancos y tullidos; San Ramón Nonato (Muniáin de la Solana), embarazadas; Santa Rita (Marcilla), causas difíciles; San Roque (Murchante, Cintruénigo, Tafalla), peste; San Simeón (Cabredo, Azuelo), labradores; Santiago (en su Camino), peregrinos; San Tirso (Esparza de Salazar), “mal de vientre”[9]; San Urbano (Gascue, Santo Domingo de Pamplona), reúma; Santa Zita (San Martín de Unx), abogada de calenturas, tercianas y cuartanas, empleadas de hogar y fiebres palúdicas; San Zoilo (Cáseda), mal de riñones; Nuestra Señora de Uncizu (Arellano), protección para los aquejados por los males del hígado y los cálculos vesicales. Y en cuanto a las Vírgenes: Virgen de los Conjuros (Arbeiza), epilepsia; Virgen de la Tos o Santa Tosea (Eraúl), la tos; Virgen de Arguiloa (Sarriés), vista; Virgen de Idoya (Isaba), dolor de cabeza; Virgen de la Nora (Sangüesa), náufragos; Nuestra Señora de Donienso o Donianzu (Muru Astrain), exorcismos; Nuestra Señora de Arrigorría (Arraiza, Etxauri), fiebres (ARRAIZA, 1990, X, 17-22; ID., 1996, II, 625-638).
[10] Es una adición de JIMENO JURÍO, 1987 (2010, 296-300).
[11] USUNÁRIZ, 1996, II, 498.
[12] El día de Santiago, 25 de julio, en Cárcar, este día, después de la misa, detrás de la iglesia se “corre la rosca”. La Cofradía de los Santiagueros se encargan de correr con una “rosca” en las manos y los niños tienen que ir a atraparlos. El que pilla al santiaguero se come la rosca. SAROBE (1995, 213) registra también esta costumbre en la romería de San Jorge de Barbarin y también lo hace LÓPEZ SELLÉS (1973, 14, 192). El Diccionario de Autoridades relaciona el juego con una apuesta entre parejas o más miembros “korrikalaris” y el que llega primero la recibe como premio (ÁLVAREZ DEL PALACIO, Eduardo. “La actividad física-lúdica en el Siglo de Oro español”, Apunts, Educación Física y Deportes, 1995, (42) 7-25) Págs. 20-21).
[13] OLLARRA, 1980 A; NAVALLAS, 2022 E, 32.
[14] JIMENO JURÍO, 1990 C, V, 120-121; ID. 1990 D, IX, 45.
[15] Al juntarse el Santísimo, llevado bajo palio, y la imagen de la Virgen, un niño-ángel baja por medio de una maroma, quita el velo negro a la efigie mariana y el público celebra el encuentro con aplausos.
[16] NAVALLAS, 2021, 12.
[17] CARO BAROJA, 1972, II***, 230-231.
[18] En Uharte-Arakil reciben el nombre de katilus.
[19] Las enramadas de San Juan de Arbizu y Alsasua; los aros de haya cruzados ante el pecho en San Quirico; las vendas y gasas desparramadas en la cueva de San Juan-zar de Igantzi (Yanci), el beso a los ojos del platillo de Santa Lucía de Racax (Ustés) mientras se dice: “Santa Lucía los ojos perdió y Dios en un platillito se los devolvió”; el beso de las cruces parroquiales con la procesional del santuario; las ramas de acebo (corostias) colocadas en la cruz penitencial de los cruceros montañeses; el intento de pisar el ladrillo misterioso por parte de los jóvenes en San Antonio de Guembe para encontrar novio durante el año, etc.
[20] En lo sucesivo, cuando se aporten cifras de este tipo debo explicar que están tomadas del libro Romerías de Navarra, de Arturo Navallas Rebolé, autor que, entre otros, será muy citado, aunque cabe el error por mi parte al evaluarlas. En cualquier caso, estamos hablando de una práctica devocional del presente, sin extendernos en tiempos lejanos. Hay que tener en cuenta que la festividad de la Santísima Trinidad es fiesta movible y se celebra el domingo después de Pentecostés.
[21] LINZOAIN, 1979, 3-31.
[22] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 356-357.
[23] Según información recogida por Fermín Istúriz Albistur en la revista La Avalancha, en 1912, que cita Jesús Linzoáin, pág.12.
[24] Manuel de Lecuona (Zeruko Argia, 30 nov 1969) se detiene en la explicación del símbolo de la Paloma en esta representación saliendo de la boca del Hijo y de la del Padre, que sugiere que el Espíritu Santo procede de ambos, misterio que el concilio de la Iglesia de Lyon II (1274) definió como dogma. Ante el riesgo de su profanación, se decidió bajar la imagen de la Trinidad al pueblo de Aguinaga. De aquí era subida, cada año, en carreta de bueyes, a su ermita, donde permanecía mientras duraban las procesiones. Dado su peso, la operación de subida y bajada se hacía con dificultad. Para obviar ésta, se construyó entre los años 1941-1949, una nueva imagen de pasta, copia exacta de la auténtica, para que presidiese permanentemente la ermita.
[25] Esta práctica de sentirse cada casa en la obligación de enviar un representante a la romería era una práctica habitual, tal como se recoge también en la romería a la ermita de San Julián en Isaba y en la de San Miguel de Urzainqui (Roncal)
[26] ARBIZU, 2024.
[27] NAVALLAS, 2021,108-110.
[28] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 349; JIMENO JURÍO, 1996, 67, 60.
[29] ARRAIZA, 1996, 625-638; NAVALLAS 2021, 206-207.
[30] NAVALLAS 2021, 331-332.
[31] NAVALLAS, 2022 C, 33.
[32] NAVALLAS 2021, 24.
[33] LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 21; LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 177; NAVALLAS, 2021, 105-106.
[34] CASIMIRO ITURRI, 1990, 341.
[35] NAVALLAS, 2021, 64-65.
[36] GUTIÉRREZ, 2022, 35.
[37] LAPEIRE, 2025, 22-23.
[38] Barasoain desde 1657; Unzué desde antes del 1666; Sansoain desde antes del 1791; Olleta desde antes del 1779; Olóriz anterior a 1801; Maquírriain desde 1884; el distrito de Leoz a mitad del XIX (OLCOZ, 1956, 17, 64, 265-267).
[39] NAVALLAS 2021, 248-251.
[40] NAVALLAS, 2022 C, 32.
[41] OLCOZ, 1956, 64, 265-267.
[42] Daniel Miranda y Juan Jesús Recalde. Encuesta sobre religiosidad en La Valdorba (Navarra)
[43] NAVALLAS, 2021, 464.
[44] MACUA, 1979, 26-28; NAVALLAS, 2021, 414-415.
[45] LÓPEZ SELLËS, 1972, 12, 316; NAVALLAS 2021, 408.
[46] NAVALLAS, 2021, 411.
[47] OTAZU RIPA, 1978, 15.
[48] LARRIÓN, 1969, 24-25; JIMENO JURÍO, 1984, 25.
[49] LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 24-25; LÓPEZ SELLÉS, 1975, 19, 110; NAVALLAS 2021, 502.
[50] JIMENO JURÍO, 1990 A, 44, 50: en la Navarra llana prefirieron poner ramos para protección contra los rayos, y pequeñas cruces hechas en casa en tierras de Pamplona, Estella y la Montaña. Tuvieron preferencias especies de hoja temprana: mimbre (área de Sangüesa), avellano (Améscoa), haya (Juslapeña), lombardía, olmo negro o chopo (Ribera del Arga y Ebro), olivo (Navarra media), zugarro (olmo), astigarro (arce) en Orba y Cuenca de Pamplona. Puestas la cruz o el ramo en una pieza sembrada, las gentes estaban plenamente convencidas de que evitaba pedregadas. Cuando un segador descubría el ramo o la cruz, todo el tajo debía parar a echar un trago. LARRAONDO (1990, 79) añade: en Cintruénigo, el día de San Pedro Mártir, 29 de abril, teniendo presente que este santo guardaba antaño una gran relación con la protección de los campos de labranza, existía la costumbre, hoy desaparecida, de llevar a misa mayor (sobre las 10:00h. de la mañana), ramas de chopo y olivos, para bendecirlos, y luego los colocaban en los campos sembrados para liberarlos de tormentas y pedrisco (redacción entre 1985 y 90).
[51] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 415-416.
[52] PÉREZ DE VILLARREAL, 1990, 56, 302.
[53] MUNÁRRIZ, 1990, 619-620.
[54] NAVALLAS, 2021, 22.
[55] LÓPEZ SELLÉS, 1974,18, 516.
[56] PAGOLA, 1990, 55, 76-77 y 78-79.
[57] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 337; NAVALLAS, 2021, 31.
[58] NAVALLAS, 2021, 62-63.
[59] NAVALLAS, 2021, 157.
[60] NAVALLAS, 2021, 33.
[61] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 404.
[62] NAVALLAS 2021, 402.
[63] CARO BAROJA, 1979, 122.
[64] Curiosamente el número de parroquias dedicadas a san Juan Bautista es muy superior al de ermitas. FERNÁNDEZ GRACIA (2023, 34-37) aporta el número de 43 parroquias (en sexto lugar tras san Martín, la Asunción, san Pedro, san Esteban y san Miguel) y “por lo que respecta a ermitas casi llegan al centenar), mientras Navallas sólo reseña 16.
[65] SILANES, 2006.
[66] IRIBARREN, 1946, 151: Idéntica costumbre a la de Corella con el Juanberingas hay en Cintruénigo con el fantoche llamado Chapalangarras, en mal recuerdo de aquel inquieto militar de Lodosa, que peleó a las órdenes de Mina en la Francesada, y que, en 1822, cuando la Guerra Realista, cometió con su columna volante muchas atrocidades en la Ribera. LARRAONDO: era costumbre que, en la víspera de San Juan, el día 23 a las 12:00 del mediodía, al bandear las campanas de la torre, después de haber tocado el Ángelus, para anunciar la festividad del día siguiente, las vecinas bailaran las chapalangarras de balcón a balcón, tirando de la cuerda que las sostenía; y otras chapalangarras las sacaban a bailar por las calles, con panderetas y cantando las canciones y coplas de San Juan. Esta costumbre se mantuvo todavía en la década de 1920. (LARRAONDO, 1990, 256-257)
[67] NAVALLAS, 2021, 64-65.
[68] SATRUSTEGUI, 1971, 8, 171-180; LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 335; NAVALLAS 2021, 73-74.
[69] IRIBARREN, 2003, 40.
[70] BARANDIARÁN, 1960.
[71] NAVALLAS, 2024, 67.
[72] IRIBARREN, 19456, 150-152.
[73] LÓPEZ SELLÉS,1975, 19, 98.
[74] NAVALLAS 2021, 323-324.
[75] LARRAONDO, 1990, 260; NAVALLAS 2021, 506-507; FERNÁNDEZ GRACIA 2023, 58.
[76] NAVALLAS, 202, 209-210.
[77] RECALDE, 2020, 395-398.
[78] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 64.
[79] LARRIÓN, 1969, 42, 26; JIMENO JURÍO, 1987 (2010), 298-300; NAVALLAS, 2022 B, 28.
[80] NAVALLAS, 2021, 95.
[81] NAVALLAS, 2024, 66.
[82] NAVALLAS 2021, 128.
[83] JIMENO JURÍO, 1974 C, 29. Esto de encender hogueras ante la ermita también se practicaba en Isaba (Valle de Roncal) ante la ermita de San Julián, en la víspera de Santa Águeda el 4 de febrero
[84] LEIZAOLA, 1975, 21, 451, 454. Informantes: Andrés Gastaminza (antiguo txistulari) y Victorino Larraza; NAVALLAS, 2021, 72.
[85] CARO BAROJA, 1972, II***, 225-226.
[86] BALEZTENA- ASTIZ, 1944, 4 y 10.
[87] NAVALLAS, 2021, 146.
[88] IRIGARAY, ca. 1933, 157-170.
[89] En el pasado, explica JIMENO JURÍO (1966, 57, 23-24), las gentes de Ultrapuertos mantuvieron la tradición de llegar en peregrinación hasta la Virgen de Roncesvalles pese a la obligatoriedad de hacerse protestantes impuesta por la reina de Navarra Juana de Albret: “En llegando a una cruz de piedra que estaba fuera del portal, muchas de aquellas gentes se arrodillaban y caminaban de rodillas hasta llegar a la presencia de la sacra imagen, ensangrentadas rodillas y pies…”
[90] LARRIÓN, 1969, 42, 3-5; JIMENO JURÍO, José María (1969 C, 53, 31).
[91] SÁEZ DE ALBÉNIZ, 2010, 195.
[92] Antaño había en el Pirineo navarro otros templos con peregrinaciones transfronterizas, como
el de la Trinidad del Larun y el de la virgen de Zuberoa en Garde (Roncal). Pero hoy sólo quedan
las romerías a la Virgen de Ainhoa en Labourd, con peregrinos de Baztán, Urdax y Zugarramurdi, y a la Virgen de Roncesvalles. Esta última, además de ser protectora de los peregrinos a Santiago está considerada madre de los habitantes del Pirineo occidental.
[93] NAVALLAS, 2021, 148-154.
[94] NAVALLAS, 2021, 148-154.
[95] VIDONDO, 2022, 33.
[96] NAVALLAS 2021, 426-427.
[97] MAULEÓN, 2009, 406. Compuesta por el religioso artajonés Vidal Urra.
[98] LABEAGA, 1990, 682-683; ID. 2005, 80, 195.
[99] Arraitz-Orkin, Auza, Eltso, Eltzaburu, Gerendain, Gorrontz-Olano, Ilarregi, Iraitzotz, Larraintzar, Lizaso, Suarbe, Urritzola-Galain y Zenotz.
[100] NAVALLAS, 2021, 98-99; 2022, 32.
[101] CASIMIRO ITURRI, 1990, 341.
[102] FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 72-75.
[103] NAVALLAS 2021, 489; FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 101102.
[104] GÁRRIZ, 1923, 124-125; NAVALLAS 2021, 177; FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 30.
[105] LÓPES SELLÉS, 1972, 11, 204; ORDUNA, 2014-2015, 89, 55.
[106] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 166-168; LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 20.
[107] IRIBARREN, 1946, 35-36.
[108] BALEZTENA ASCÁRATE: 1976, 12-14.
[109] MAULEON 2009, 79. Incorpora el pentagrama con la versión cantada por Laura Alicia Gaztambide en 1998.
[110] JIMENO JURÍO,1974 C, 30; LÓPEZ SELLÉS, 1975, 19, 113.
[111] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 134.
[112] NAVALLAS, 2022 B, 29.
[113] NAVALLAS, 2021, 490.
[114] FERNÁNDEZ JÁUREGUI, 1990, 389-390.
[115] NAVALLAS 2021, 125.
[116] LARRIÓN, 1969, 42, 15.
[117] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 152-153.
[118] NAVALLAS, 2021, 377-379.
[119] HURTADO DE SARACHO, 1970, 86, 27; SILANES, 2017.
[120] PÉREZ OLLO, 1986, 38.
[121] LAMELA, 1977, 16-17.
[122] FERNÁNDEZ GRACIA, 2000; NAVALLAS 2021, 510-511.
[123] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 327.
[124] NAVALLAS, 2021, 511-512.
[125] OLLARRA, 1964; JIMENO JURÍO, 1969 B, 63, 29; LARRIÓN, 1969, 42, 8.
[126] BALEZTENA ASCARATE: 1976, 8; CIERBIDE, 1990, 45.
[127] Estos al llegar al crucero de Ujué, según la tradición, dan tres vueltas en torno a él y ya en la basílica, además de besarse las cruces de Peralta y Ujué, los párrocos de uno y otro pueblo intercambian sus capas pluviales.
[128] ZUBIAUR CARREÑO, 2007; NAVALLAS 2021, 453-461.
[129] LARRIÓN, 1969, 42, 8-9.
[130] CABEZUDO ASTRAIN, 115, 18-19.
[131] JUSUÉ, 1990, 553-555.
[132] GALDONA, 2021, 24.
[133] BALEZTENA, 1976, 15.
[134] MUNÁRRIZ Y VELASCO, 1898.
[135] MAULEÓN, 2008, 92-93. Transcrito de la versión cantada por Asunción Setas en 1997.
[136] NAVALLAS, 2021, 488.
[137] PÉREZ OLLO, 1983, 92; NAVALLAS 2021, 298-302.
[138] MAULEON 2009, 419
[139] NAVALLAS, 2021, 298-302.
[140] MAULEÓN 2009, 110-111. Transcripción cedida por Antonio Roa y realizada de la versión cantada por Isabel Jordana Arza.
[141] NAVALLAS, 2021, 298-302.
[142] NAVALLAS 2021, 60.
[143] JIMENO JURIO, 1976 A, 20.
[144] NAVALLAS, 2024, 67.
[145] FERNÁNDEZ GRACIA, 2026, 52-53.
[146] NAVALLAS 2021, 423.
[147] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 14, 190-191.
[148] NAVALLAS 2021, 500.
[149] “Cuto” es el nombre común que se da al cerdo en Navarra.
[150] JIMENO JURÍO, 1974 C, 24; NAVALLAS 2021, 517.
[151] AICÚA-ASIRÓN, 1990, 123.
[152] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 113.
[153] IRIBARREN, 1946, 27.
[154] LÓPEZ DE GUEREÑU, 1967; LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 181-182.
[155] LÓPEZ SELLÉS, 1973,14,180.
[156] CRUCHAGA, 1970, II, 5, 190-191.
[157] MAULEÓN 2009, 30-31. Transcrita de la versión cantada por Victoria Echeverría en 1998.
[158] NAVALLAS, 2022 C, 32.
[159] MAULEÓN 2009, 28-29. Figura el pentagrama.
[160] MAULEON 2009, 77-78. Figura el pentagrama donde se transcribe la versión cantada por María Sarriés en 1999.
[161] MAULEÓN 2009, 78. Incorpora el pentagrama transcrito de la versión cantada por Maitane Tainta Laspalas, en 1997.
[162] NAVALLAS 2021, 162-163.
[163] IRIBARREN, 1946, 33.
[164] IRIBARREN, 1946, 36-37.
[165] MAULEÓN 2009, 54-55. Incluye su transcripción musical de la versión cantada por Bernabé Contín en 1998; LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 205.
[166] MAULEÓN 2009, 56-57. Transcripción de la versión cantada por Pilar Arboniés en 1997.
[167] JIMENO JURÍO, 1974 C, 19; NAVALLAS 2021, 508.
[168] NAVALLAS 2021, 509-510.
[169] FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 46-48.
[170] JIMENO JURÍO, 1974 C, 5.
[171] JIMENO JURÍO, 1974 C, 6.
[172] IRIBARREN, 1946, 330; LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 330.
[173] Tomado de MAULEÓN 2009, 80. Se canta el día 2 de julio, en que la imagen de la Virgen es trasladada a la iglesia del pueblo, en la novena, que se le reza en los días siguientes, así como en el regreso de la imagen a su ermita. El texto de Mauleón incorpora la transcripción de la versión cantada por Ana Zudaire Vidán, en 1998.
[174] NAVALLAS 2021, 66-67.
[175] MAULEÓN 2009, 102. Transcripción a partir de la versión cantada por Jesusa Jaurrieta en 1997.
[176] GOÑI GAZTAMBIDE, 1965, 85, BEGUIRISTAIN-ZUBIAUR, 2002, 19-23; JIMENO ARANGUREN, 2002.
[177] UNZUETA, 1982, 39, 334-337.
[178] ESTORNÉS, 1970, 5, 231-233.
[179] NAVALLAS 2021, 315.
[180] IRIBARREN 1946, 95-97; NAVALLAS 2021, 498-499.
[181] PÉREZ OLLO, 1983, 245.
[182] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 335.
[183] SATRUSTEGUI, 1969, 87.
[184] JIMENO JURIO, 1974 B, 193, 27.
[185] MAULEÓN, 2008, 312-313, 319-320.
[186] NAVALLAS, 2022 B, 29.
[187] LABEAGA, 1982, 22.
[188] NAVALLAS, 2021, 392-393.
[189] Anunciación, Nuestra Señora de la; Asunción de la Virgen; Camino, Virgen del; Caridad, Virgen de la; Carmen, Virgen del; Concepción Purísima; Dolores, Nuestra Señora de los; Esperanza, Virgen de la; Gracia, Virgen de la; Milagros, Virgen de los; Misericordia, Virgen de la; Natividad de la Virgen; Virgen de la O de la Esperanza; Patrocinio, Nuestra Señora del; Piedad, Nuestra Señora de la; Pilar, Virgen del; Perdón, Nuestra Señora del; Remedios, Virgen de los; Rosario, Virgen del; Sagrario, Nuestra Señora del; Salvador, Virgen de San; Socorro, Virgen del; Soledad, Virgen de la; o, simplemente, Santa María (NAVALLAS, 2021).
[190] Aitziber, Nuestra Señora de; Almuza, Santa María de; Andión, Virgen de; Aniz, Nuestra Señora de; Arbeiza, Nuestra Señora de; Arburúa, Nuestra Señora de; Arguiloa, Virgen de; Arnotegui, Virgen de; Arquijas, Nuestra Señora de; Arrazubi, Nuestra Señora de; Arrigorría; Artederreta; Basagaiz, Nuestra Señora de; Beata Sis, Santa María de; Blanca, Santa María la; Belate, Nuestra Señora de; Campo, Nuestra Señora de; Carrascal, Virgen del; Castillo, Nuestra Señora del; Codés, Virgen de; Cólera, Virgen del; Cuesta, Nuestra Señora de la; Cuevas, Virgen de; Dehesa, Virgen de la; Eguiarte, Santa María de; Erkuden, Nuestra Señora de; Eunate, Santa María de; Gorriza, Nuestra Señora de; Icomar, Virgen Purísima de; Idoya, Nuestra Señora de; Irache, Nuestra Señora de; Irantzu, Nuestra Señora de; Jerusalén, Virgen de; Legarda, Virgen de; Legarra, Nuestra Señora de; Mendigaña, Santa María de; Monlora, Nuestra Señora de; Morondoa, Nuestra Señora de; Muskilda, Virgen de; Nieva, Nuestra Señora de; Nieves, Virgen de las; Nora, Virgen de la; Olagüe, Nuestra Señora de; Oskia, Nuestra Señora de; Olmo, Nuestra Señora del; Peña, Nuestra Señora de la; Plu, Nuestra Señora del; Portal, Nuestra Señora del; Portegado, Nuestra Señora del; Poyo, Nuestra Señora del; Puy, Virgen del; Rocío, Virgen del; Romero, Nuestra Señora del; Roncesvalles, Santa María de; Sancho Abarca, Virgen de; Soto, Nuestra Señora del; Ujué, Santa María de; Uncizu, Nuestra Señora de; Villanueva, Nuestra Señora de; Villar, Nuestra Señora del; Yugo, Nuestra Señora del; Zamartze, Santa María de; Zuberoa, Nuestra Señora de; Zumadoya, Virgen de (NAVALLAS, 2021).
[191] Fuente: Semanario diocesano La Verdad, nº 4295, Pamplona, 23 de setiembre de 2022.
[192] Las parroquias o basílicas dedicadas a la advocación de San Miguel son las de las siguientes poblaciones: Aoiz, Arraiza, Arribe, Artazu, Badostáin, Baraibar, Barbatáin, Barillas, Beramendi, Beunza, Cábrega, Cadreita, Cárcar, Cía (Iza), Ciriza, Corella, Ecala, Eraul, Eguillor, Egozcue, Eraso, Erice, Eslava, Estella, Etxarri (Larraun), Idoy, Igantzi, llarregui, Iturmendi, Larraga, Larrain (Adiós), Leitza, Lizoain, Lodosa, Marcaláin, Mendivil, Metauten, Noain, Olaiz (Olaibar), Olaldea (Oroz Betelu), Olazagutia, Olcoz, Orcoyen, Oteiza, Pamplona, Sarria (Puente la Reina), Sagüés, Salinas de Ibargoiti, Salinas de Oro, Udabe, Uitzi, Urdániz, Urroz, Uterga, Zarranz y Zufía. Arguedas y Peralta tienen basílicas dedicadas a San Miguel.
[193] Cuentan con ermita de San Miguel las 45 localidades siguientes: Abaigar, Abárzuza, Abaurrea Alta, Ablitas, Ainzoain, Alzuza, Alloz, Ansoain, Aranarache, Arguedas, Aristu, Arizaleta, Arizkun, Arruitz, Artozqui, Arzoz, Atondo, Barásoain, Barbatáin, Beunza, Echavarri (Allín), Elía (Amocáin), Esténoz, Galdeano, Gastiáin (Iriberrigutxia), Goñi, Idoate (compartida con Lerruz), Irañeta, Iroz, Izal, Lerruz (compartida con Idoate), Lizarraga (Ergoyena), Mezkiriz, Olaz (Galar), Rocaforte, San Martín de Unx, Santesteban, Ucar, Ujué, Uli (Lónguida), Urdániz, Vidángoz,, Villatuerta, Zabalza (Urraul), Zuazu (Izaga) y Zuza. A esta relación puede añadirse, considerando que no es propiamente una ermita, el torreón primigenio del castillo de Javier, dedicado al Arcángel San Miguel.
[194] Hijo del rey Sancho Ramírez, antes de asumir el reinado, siéndolo de Monzón.
[195] OLLARRA, 1991; NAVALLAS, 2021, 46.
[196] BURGUI, 1774; BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 191-196; CARO BAROJA, 1969, 3, 293-345; LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 18-19.
[197] En el pueblo de Goñi, en el valle del mismo nombre, hay una ermita dedicada a san Miguel, cuya fama le viene por creerse que es allí donde se le apareció el Arcángel a Teodosio de Goñi y rompió un eslabón de la cadena que llevaba como penitente.
[198] Caro Baroja es de la opinión que este relato tiene una semejanza extraordinaria con la leyenda de San Julián, el hospitalario, que tuvo amplia divulgación en la Edad Media, y que está estrechamente relacionada con las rutas jacobeas. A este respecto es curiosísimo advertir que casi al pie del valle de Goñi, en Ororbia, y también en Vidaurreta, hay retablos con representación de la vida del santo hospitalero, parricida involuntario también y penitente. Con la de San Julián se relacionan, a su vez, otras leyendas terribles, como la de San Albano (CARO BAROJA, 192, II**, 374).
[199] NAVALLAS, 2021, 47-51.
[200] Uharte-Arakil es una excepción en el devocionario popular cristiano de Navarra, pues en su término municipal se encuentran el santuario de san Miguel de Excelsis, la ermita de san Donato y el monasterio de Santa María de Zamartze, tenido por cuna del cristianismo ligado al santuario de san Miguel.
[201] Término artístico referido al conjunto de carácter ornamental compuesto por tallos, flores y hojas que nacen del pie de la cruz procesional.
[202] Destinado a niños desde que nacen a los 14 años sin que se requiera el bautismo previo. A los niños se les entrega un cómic para colorear y leer con la leyenda de Teodosio de Goñi además de un diploma en que se certifica ser el niño/a amigo/a del Santuario y se le pide su protección de por vida. El capellán levanta la imagen y dice: “¿Quién como Dios? Nadie como Dios”. Seguidamente acerca la imagen y los niños la tocan o le dan un beso.
[203] ARIGITA, 1904.
[204] FERNÁNDEZ LARREA, 2021.
[205] PÉREZ OLLO, 1986, 38; NAVALLAS, 2021, 47-51.
[206] CAJA DE AHORROS MUNICIPAL DE PAMPLONA, 1977, 64-68.
[207] A lo largo de los siglos, la imagen ha sufrido sucesivos robos, uno en 1620, siendo abad del Santuario don Miguel de Leiza, robo frustrado pues los ladrones quedaron milagrosamente inmovilizados; y otro en 1689, en el que Manuel González y Juan de Jáuregui, éste menor de edad, tomaron la imagen, tirando la cabeza de la misma, que no estaba cubierta de plata, a poca distancia del santuario. Fueron detenidos, el mayor de edad ahorcado y el menor condenado a presidio perpetuo. Un tercer robo de la imagen se produjo en 1797 (MARTINENA, 2026, 66). Según Navallas el responso se reza por el alma de tres carboneros vascofranceses que robaron la efigie y fueron ajusticiados en la Taconera a finales del siglo XVIII (2021, 92) Añade que: la primera visita que hacía la imagen de San Miguel de Aralar, al llegar a Pamplona, era a la ermita de San Roque, que estaba situada entre los glacis de la Cuesta de la Reina y la antigua cárcel.
[208] Cuando en esa época se encontraba la prisión en el rellano anterior a la Cuesta de Larraina.
[209] Esta descripción se ha mantenido en el tiempo a grandes rasgos, pero con matizaciones aportadas por las crónicas de años anteriores y posteriores a 1944. Por ejemplo, en la visita a la ciudad de 1918, en la fecha de su llegada, un 8 de abril de tiempo francamente invernal, la efigie del Ángel fue llevada, como de costumbre, se dice, a la vigilia de la Adoración Nocturna de San Lorenzo. Las visitas oficiales se han modificado en los últimos años: hasta 2015 se celebraba una Eucaristía en la capilla del propio Ayuntamiento con asistencia del alcalde y concejales vestidos de gala, lo que fue sustituido al año siguiente por un simple acto en el salón de recepciones. En el caso del Parlamento, la imagen era recibida por su presidente, junto con los diputados que le acompañaban hasta el salón de plenos donde se instalaba una mesa a modo de altar para efectuar la bendición. Este tradicional encuentro fue modificado al año siguiente, siendo recibida en la sala de recepciones institucionales, en vez del salón de plenos, y se negó la aportación de 180 € habitual. En 2017 se suspendió definitivamente. En la década siguiente ya no se le recibió oficialmente en el Palacio de Justicia, sustituyéndose por una recepción en la plaza con asistencia reivindicativa de los ciudadanos, entre ellos profesionales del Derecho. En 2025 la visita oficial del Ángel al Palacio de Navarra, iniciada en 1925 por iniciativa del diputado foral Ignacio Baleztena Ascárate, fue cancelada. El 29 de abril de 2025, los dantzaris de Ardantzeta de Noáin (que tienen como patrón a San Miguel) interpretaron en el atrio de la catedral de Pamplona, con acompañamiento exclusivo de las campanas, una danza para recibir a la efigie de San Miguel de Aralar. Hay que recordar que el Santuario de San Miguel de Aralar ha tenido siempre una subordinación directa a la sede catedralicia de Pamplona. Primero, a través de la iglesia de Zamartze, de la que dependió. Más tarde, San Miguel superó en importancia al monasterio de Huarte-Arakil y fue a partir de 1206 cuando se adscribió directamente a la Chantría catedralicia. Los chantres fueron abades, patronos y administradores del santuario de Excelsis. De suyo, tradicionalmente, la imagen de san Miguel de Aralar ha llegado a Pamplona en la tarde de la fiesta de la Dedicación de la Catedral, martes siguiente a la “Dominica in Albis“ (domingo después de la Pascua de Resurrección).
[210] María Amor Beguiristáin, natural de Obanos. Década 1950.
[211] MAULEÓN, 2009, 152. Versión cantada por María Ollacarizquta, en 1998)
[212] CARO BAROJA, 1972, II***, 231.
[213] CARO BAROJA, 1972, II***, 226.
[214] NAVALLAS, 2022 E, 31.
[215] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 69; NAVALLAS, 2022 E, 31.
[216] SÁEZ DE ALBÉNIZ, 2010, 189-191
[217] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 252-254.
[218] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 409.
[219] NAVALLAS 2021, 204-205; y 2022 C, 32.
[220] CRUCHAGA, 1970, II, 5, 190.
[221] El 6 de enero se sortean las cartas de la baraja entre los quintos (los que cumplirán los 19 años en el transcurso del año recién comenzado) y aquel al que le toca el rey de espadas será elegido “rey de los quintos” encargado de organizar los actos lúdicos de las fiestas “pequeñas” por santa Águeda (5 de febreo). De esta costumbre también participan las chicas (quintas) de cuyo sorteo sale elegida la “reina de las quintas”, compañera del “rey” en la organización de los actos. La primera tarea que se les impone es aprender los pasos del zortziko, jota y porrusalda. Los quintos realizan una cuestación a su favor con que sufragar los gastos de txistularis, comida y bebida. Los chicos se incorporaron tardíamente a esta costumbre en 1905, pues antes era una fiesta casi femenina. Recuerda el txistulari Cruz Mari Martínez Larrea el dicho usado para solicitar la limosna: “Santa Águeda es una niña que de lo verde se enamora. Por eso, deme una limosnita, señora”. De ahí el color verde de los trajes con que quintos y quintas realizan su cuestación (Carlota Soriano para Diario de Navarra del 6 de febrero de 2023, pág. 1)
[222] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 129-134; JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 96-97; LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 331; PÉREZ OLLO, 2003, 279-280.
[223] IRIBARREN, 1946, 98.
[224] ARBIZU, 1992, 59, 95-96.
[225] NAVALLAS, 2021, 70.
[226] LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 23.
[227] JIMENO JURÍO, 1974 A, 468; y 1990 A, 44.
[228] Periodo de floración en la primavera en que se produce la polinización y consecuente fecundación, de donde se originan las semillas del fruto.
[229] NAVALLAS 2021, 388.
[230] NAVALLAS, 2021, 428. En Càrcar (Virgen de la Gracia), Azagra (Virgen del Rocío), Mendavia (Nuestra Señora de Legarda), Cascante (La Cruceta) y Murchante (San Gregorio costumbre desde 2018 a cargo de la Hermandad del Rocío), las gentes acuden a las romerías en carrozas (tractores incluso monturas) decoradas con ramas y flores, como testigo vivo de otras épocas en las que las parejas de novios llegaban con sus caballos engalanados y desfilaban posteriormente por las calles ante la expectación de los vecinos. A la ermita de Nuestra Señora de Mismanos (Tudela), hasta 1931 se desplazaban las gentes en carros entoldados y engalanados con ramajes. Terminada la misa, se corrían “joyas” y se celebraban otras competiciones, además de ponerse todos los asistentes, tudelanos y murchantinos, a jugar a la taba, que es el juego clásico de Murchante, según refiere Iribarren y anota López Sellés en 1957 (LÓPEZ SELLÉS, 1975, 19, 107-108).
[231] JIMENO JURÍIO, 1973 (2010), 122-123.
[232] OMAECHAVARRIA, 1963; JIMENO JURÍO, 1974, B, 15-17; IMBULUZQUETA, 2011, 157.
NAVALLAS 2021, 235-236.
[233] NAVALLAS 2021, 260.
[234] NAVALLAS 2021, 87.
[235] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 71; y 1973 (2010), 50, 408;
[236] JIMENO JURÍO, 1990, X, 136.
[237] NAVALLAS, 2021, 227-228.
[238] NAVALLAS, 2021, 129-130.
[239] NAVALLAS 2021: 20; LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 321 trae información de Antón Xavier Berroeta (Diario de Navarra 15.4.72)
[240] NAVALLAS, 2021, 317.
[241] NAVALLAS, 2021, 466.
[242] JIMENO JURÍO, 1990 A, 29; NAVALLAS, 2021, 80.
[243] LAPUENTE, 1986, 48, 299.
[244] NAVALLAS 2021, 276.
[245] MUNÁRRIZ, 1990, 619.
[246] CRUCHAGA, 1970, 5, 190; LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 201-202.
[247] NAVALLAS 2021, 68-69.
[248] LAPUENTE, 1984, 30; ARBIZU, 2024.
[249] ARBIZU, 1992, 24, 59, 96.
[250] MAULEÓN, 2009, 173. Transcrito de la versión cantada por Esther Galarza, en 1997. La cantan en la misa de las fiestas patronales y en las romerías a la ermita, a la que acuden los vecinos de Iturmendi y Bakaiku en día de la Santísima trinidad y los de Iturmendi el 18 de julio.
[251] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 414.
[252] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 412-413.
[253] FERNÁNDEZ GRACIA, 2021, 62.
[254] JIMENO JURÍO, 1990 A, 56; SÁEZ DE ALBÉNIZ, 2020, 196; NAVALLAS, 2021, 199.
[255] JIMENO JURÍO, 1973 (2010). 87-88. ID. 1973 (2010), 50, 415. ID., 1990 A, 56.
[256] OLLARRA, 1980 B; AICUA-ASIRÓN, 1990, 122.
[257] MAULEÓN 2009, 162-163. Transcritos de la versión cantada por Javier Oroz Sarasate en 1999.
[258] NAVALLAS, 2021, 279.
[259] NAVALLAS, 2021, 200-201.
[260] Risma es un hierro como los de marcar ganado; una varilla, con un sello o cruz en un extremo y una empuñadura de madera en el otro. “Rismar” es marcar a personas como animales con el hierro, rusiente al fuego, para librarlos de la rabia (JIMENO JURÍO, 1990 A, 37). Dice Jimeno Jurío: “me consta la existencia de rismas de la santa en Urzainki (Roncal), Larraona, Baquedano (Amescoa), Viloria de Lana y Tudela. Fue la de Viloria tan eficaz, y por ello tan estimada, que llevaban a “rismar“ animales gentes de toda la comarca e incluso de lugares lejanos, como Sesma. JIMENO JURÍO, 1990 A, 57.
[261] IRIBARREN 1946, 43; NAVALLAS 2021, 369.
[262] JIMENO JURÍO, 1990 A, 57.
[263] GIL GÓMEZ, 1972, 140, 28-30.
[264] JIMENO JURÍO, 1873 (2010), 50, 416; ID, 1990 A, 58.
[265] JIMENO JURÍO, 1974 A, 484. La ermita se alza sobre un elevado cabezo, al oriente y frente al del Fraile, en jurisdicción de Tauste y muy cerca de la muga con Navarra. Noticias sobre el santuario y su imagen, que reivindica para Fustiñana, en CLAVERÍA ARANGUA, 1944, 11, 497-503.
[266] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 14, 202; NAVALLAS, 2021, 341-342.
[267] MONTES ANDÍA, 1990, 118-121.
[268] LÓPEZ SELLÉS, 1975, VII, 21
[269] NAVALLAS 2021, 292.
[270] MAULEÓN 2009, 127-128.Transcritos de la versión cantada por Fermín Goñi Esparza en 1997.
[271] NAVALLAS 2021, 321.
[272] LAPUENTE, 1986, 48, 298-299.
[273] NAVALLAS 2021, 81.
[274] NAVALLAS 2021, 183.
[275] LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 206-207; PÉREZ OLLO, 2003, 237.
[276] DOMENCH, 2018, 107-108.
[277] SATRUSTEGUI, 1969, 1, 88.
[278] ÁLVAREZ-ORDUNA-ÁLVAREZ, 2013, 88, 35-36.
[279] NAVALLAS, 2024, 67.
[280] MARIEZKURRENA, 2004, 231-233.
[281] LÓPEZ SELLÉS, 1977, 19, 100-101.
[282] IMBULUZQUETA, 2011, 148; SILANES, 2017.
[283] JIMENO JURÍO, 1990 A, 75.
[284] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 89; ID. 1990 A, 73.
[285] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 409.
[286] PÉREZ OLLO, 2003, 197-198; NAVALLAS 2021. 143.
[287] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 102-103.
[288] LARRIÓN ARGUIÑANO, 1969, 42, 12.
[289] Esto lo mencionan Iribarren, Baleztena-Astiz, Jimeno Jurío y Pérez Ollo (2003, 209).
[290] HOMOBONO, 1989, 21,54.
[291] HOMOBONO, 1989, 21,54.
[292] DRAE: juego de naipes consistente en la reunión de tres cartas del mismo palo.
[293] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 416.
[294] NAVALLAS 2021, 58-59.
[295] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 70.
[296] NAVALLAS, 2021, 61.
[297] NAVALLAS, 2021, 61.
[298] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 70.
[299] JIMENO JURÍO, 1990 A, 37.
[300] IMBULUZQUETA, 2005, 53.
[301] LÓPEZ SELLÉS,1973, 14, 175; NAVALLAS 2021, 336.
[302] ÁLVAREZ-ORDUNA-ÁLVAREZ, 2013, 88, 36-38.
[303] Abogado “contra la langosta, pulgón y otros insectos o sabandijas dañosas de los campos, así como de la epidemia, gusano, o cosa que los corroe y priva de dar fruto“, tal dice la novena del santo. IRIBARREN, 1946, 44-45.
[304] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 109-111; PÉREZ OLLO 1983, 228; FERNÁNDEZ GRACIA, 2019, 76.
[305] BARRAGÁN, 1978, 29.
[306] JIMENO JURÍO, 1990 A, 52-54.
[307] SATRUSTEGUI, 1979, 31, 179-181.
[308] MADRAZO, 1887, III, 186-187; CARO BAROJA, 1979, 100.
[309] CARO BAROJA, 1972, II***, 226-228; NAVALLAS, 2021, 375-377.
[310] NAVALLAS 2021, 371-375.
[311] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 113-118; IRIBARREN, 1946, 44-47; JIMENO JURÍO, 1990 A, 54.
[312] NAVALLAS 2021, 329.
[313] LAPUENTE, 1986, 48, 298.
[314] LAPUENTE, 1972, 11, 148.
[315] LABEAGA, 2005, 80, 180-189.
[316] JIMENO JURÍO 1990 A, 55; SILANES, 2017.
[317] JIMENO JURÍO 1990 A, 55. Pero López Sellés no incluye en su Contribución a un catálogo de ermitas de Navarra las de san Lamberto y santo Toribio.
[318] JIMENO JURÍO, 1976 B, 22, 40.
[319] PAGOLA, 1990, 55, 76 y 83-84.
[320] LARRAONDO, 1990, 254-255.
[321] NAVALLAS 2021, 250-251; BEGUIRISTAIN, 2023, 109-118.
[322] O bien, en Labiano, valle de Aranguren: “Hoy es día de aquel San Isidro / Labrador insigne, gran madrugador (bis ) /que acudía a todas las mañanas / antes de la aurora al templo de Dios. / Todos con fervor (4 veces) / Labradores imitemos todos / la piedad cristiana de este labrador (bis)”. EQUIZA, 2001 B, 136.
[323] NAVALLAS 2021, 333.
[324] NAVALLAS 2021, 416.
[325] EQUIZA, 1988, 20, 51, 79 y 89.
[326] NAVALLAS 2021, 424.
[327] AMICHIS, 1990, 48-50; SÁEZ DE ALBÉNIZ, 2020, 192.
[328] ARAMBURU, 1989, 21, 54, 351.
[329] MAVALLAS, 2022 C, 32.
[330] NAVALLAS 2021, 398.
[331] NAVALLAS 2021, 428,
[332] IMBULUZQUETA, 2011, 148-149; SILANES, 2017; NAVALLAS, 2021, 407.
[333] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 403-404. Existieron “rismas” en las Améscoas, Viloria, Roncal y otras partes, con el signo de santa Quiteria. En 1904 aún se rismaron los animales con ocasión de varios casos de rabia en Murieta, Piedramillera y pueblos comarcanos. Era la “risma” un hierro como los de marcar ganado, consistente en una varilla con un sello o cruz en el extremo y enmangue de madera para su manejo (JIMENO JURÍO, 1990 A, 37-38).
[334] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 401-402.
[335] LÓPEZ SELLÉS ,1974, 16, 133.
[336] JIMENO JURÍO, 1970, 4, 112-113.
[337] IRIBARREN, 1946, 72-73.
[338] JIMENO JURÍO, 1990 H, X, 121.
[339] NAVALLAS 2021, 507-508.
[340] NAVALLAS 2021, 95.
[341] LÓPEZ SELLÉS, 1973, 15, 324-325.
[342] El caserío de Amocáin se halla erguido en un alto en el camino de Echalaz a Galduroz, hoy en despoblado.
[343] Transcripción completa del texto enmarcado en el santuario en EQUIZA, 2001 B, 47-51. La leyenda ha sido recogida por distintos autores, por ejemplo, BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 17-20. Una variante de esta leyenda nos dice que allí donde cayó la mula con el cuerpo de Felicia, surgió un manantial, algo parecido a lo que se dice de la fuente de San Fausto en el pueblo de Ancín en el municipio de Metauten. Allí se rememora la leyenda del paso de San Fausto por el pueblo, según la cual la mula que transportaba su cuerpo fallecido, removió la tierra con su casco y ahí brotó agua. Nacido en la localidad de Alguaire de Lleida, ordenó que su cuerpo sin vida fuera transportado en una caballería y caminase libremente hasta que diera su último suspiro, que se produjo en la población alavesa de Bujanda. Es allí donde su cuerpo incorrupto es venerado por los pueblos cercanos de Álava y las poblaciones de Ancín y Genevilla de Navarra. Hay un tiempo denominado de San Fausto que comienza después de la Pascua y finaliza el primer fin de semana de octubre. NAVALLAS 2021, 365.
[344] EQUIZA, 1993, 62, 234-235; ID. 1988, 51, 111-112; ID. 2001 B, 74-75.
[345] BALEZTENA-ASTIZ, 1944, 25-26; IRIBARREN, 1946, 54-57; NAVALLAS, 2021, 112-114.
[346] LÓPEZ SELLÉS, 1972, 11, 202; JIMENO ARANGUREN, 2002; FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 80, 84, 86.
[347] IRIBARREN, 1946, 54-55.
[348] El mundo ritual navarro de la época estaba, como en el de otras partes, plagado de prácticas similares, que respondían a una mentalidad mágico supersticiosa. Tal es el caso practicado en algunas localidades de sumergir la imagen del santo o de la santa con el fin de obtener la interrupción de la sequía: los de Labiano intentaban obtener la lluvia sumergiendo en el agua al cuerpo incorrupto de Santa Felicia. Conminar a un santo con una invocación condicionada fue bastante general. Algo parecido se cuenta acerca de esta práctica en Torres del Río con la imagen de san Cristóbal, en Caparroso con la de san Ponciano, en Olazagutía con santa Ana y en Alsasua con la Virgen de Erkuden. JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 106-107.
[349] CARO BAROJA, 1979, 103.
[350] OLLARRA, 1960.
[351] JUSUÉ, 1990, 555-556.
[352] LÓPEZ SELLÉS, 1975, 21, 483.
[353] LÓPEZ SELLÉS, 1974, 18, 523.
[354] JIMENO JURÍO, 1990 A, 58.
[355] IRIBARREN, 1946, 93-94; NAVALLAS, 2021, 344-345.
[356] MAULEÓN, 2009, 195-196. Transcripción de la versión cantada por Elisa San Martín, en Villatuerta, en 2007.
[357] BEGUIRISTAIN-ZUBIAUR, 1978, 28, 45-47.
[358] NAVALLAS, 2021, 287, 289, 492.
[359] LÓPEZ SELLÉS, 1974, 16, 124-125.
[360] NAVALLAS, 2022 A, 33.
[361] LARRAONDO, 1990, 260.
[362] NAVALLAS, 2024, 66.
[363] JIMENO JURÍO, 1990 A, 72; ÁLVAREZ-ORDUNA-ÁLVAREZ, 2013, 88, 38.
[364] MAULEÓN, 2009, 123-124. Transcripción de la versión cantada por Juana Oyaga, María Jesús y Elena Bronte en 1997.
[365] JIMENO JURÍO, 1990 A, 72.
[366] NAVALLAS, 2021, 198.
[367] JIMENO JURÍO, 1973 (2010), 50, 402; ID, 1990 A, 72.
[368] JIMENO JURÍO, 1990 E, IX, 492.
[369] JIMENO JURÍO, 1990 A, 40-41.
[370] LABEAGA, 1990, 683.
[371] FERNÁNDEZ GRACIA, 2017 B, 68.
[372] IRIBARREN, 1946, 32-33; JIMENO JURÍO, 1990 B, III, 370-371.
[373] JIMENO JURÍO, 1990 D, IX, 45.
[374] JIMENO JURÍO, 1990 J, X, 40-403.
[375] IRIBARREN, 1946, 9-12.
[376] FERNÁNDEZ GRACIA, 2017 A, 64-65.
[377] IRIBARREN, 1946, 211-212.
[378] NAPAL, 1932, 27; FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 161-166.
[379] De la diversidad de estas limosnas o exvotos que dejaron en el santuario los beneficiados por los milagros de Nuestra Señora, dan cuenta estas cuartetas: “Contémplense las paredes / cubiertas y entapizadas / de muletas, brazos, piernas, / cabezas, manos, gargantas, / pechos, ojos, pies, narices, / cuerpos, huesos y mortajas, / triunfos de vuestras victorias / dignas de ser alabadas”. (AMIAX, 1608, IV, 137-181). Sobre otras curaciones y la edición de Amiax ver ITÚRBIDE DÍAZ, José Javier (2016) “Entre el Renacimiento y el Barroco: Ramillete de Nuestra Señora de Codés”, en La pieza del mes de octubre de 2016. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro (enlace: https://www.unav.edu/web/catedra-patrimonio/aula-abierta/pieza-del-mes/2016/octubre)
[380] CLAVERÍA, 1919, 107; FERNÁNDEZ GRACIA 2023, 168.
[381] LABEAGA, 2004, 79, 46-51.
[382] NAVALLAS 2021, 439; FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 170-171.
[383] ZUBIAUR CARREÑO, 2007, 439.
[384] FERNÁNDEZ GRACIA, 2023, 86-96. En la parroquia de las Vírgenes de los Remedios y del Milagro de Luquin se han conservado tres de estos exvotos pintados. En la de Lerín uno (siglo XVIII). En el santuario de la Virgen de Codés otro (siglo XVIII). En Nuestra Señora del Romero, Cascante, tres del mismo siglo. En la ermita de la Virgen del Yugo en Arguedas dos más, uno del XVII y otro del XVIII. Dos en las Comendadoras de Puente la Reina (siglo XVIII). Tres en la ermita de la Virgen de Mendía en Arróniz, del XVIII. Hubo dos del mismo siglo en Nuestra Señora de la Cerca, en Andosilla, y otro también del XVIII en la iglesia de Nuestra Señora de Legarda, en Mendavia, desaparecidos.
[385] FERNÁNDEZ GRACIA 2023, 11-18, 30-31, 106. Respecto a las advocaciones a las que se dedican los exvotos que analiza el autor, que son básicamente pinturas, de los 35 se contabilizan 20 para advocaciones de la Virgen, 14 a santos, uno a un Santo Cristo, de Belén de Estella y 14 a Santos. Si el cómputo se hace sobre los 37, el número de dedicados a la Virgen aumentaría en tres, concretamente a 23.
































































