Homenaje desde Navarra a don José Miguel de Barandiarán

Transcurridos varios meses desde el fallecimiento del ilustre etnólogo y prehistoriador, don José Miguel de Barandiarán y Ayerbe [1], tres entidades de primera línea de la Cultura de Navarra -la Sociedad de Estudios Vascos, el Ateneo Navarro y la Institución “Príncipe de Viana»- aúnan sus esfuerzos para rendir un homenaje a su memoria.

Don José Miguel amaba profundamente a Navarra, como una parte entrañable de su pueblo vasco, y la respetaba en su plural fisonomía, en la diversidad de sus gentes y en el crisol de sus culturas. A Navarra dedicó una buena parte de su esfuerzo intelectual e investigador, principalmente, en lo que a la Etnología se refiere, que quizá fuese su disciplina predilecta, puesto que a la Prehistoria se dedicó partiendo de meditaciones previas, más que nada relacionadas con la religión, la filosofía o la mentalidad popular.

Que don José Miguel nos infunda ánimo para no cejar en la recuperación de la cultura de nuestra tierra, con una visión tan particular como universitaria.

Los actos de homenaje se celebraron en el Museo de Navarra durante los días 12, 13 y 14 de mayo de 1992, con el programa adjunto en nota [2].

En primer lugar, tomó la palabra Francisco Javier Zubiaur, director general de Cultura, que evocó la imagen de don José Miguel así:

“Nació el 31 de diciembre de 1889, en Atáun (Guipúzcoa), del matrimonio informado por Francisco Antonio Barandiarán Aizpuru y María Antonia Ayerbe Dorronsoro, siendo el último de nueve hermanos. Vivió su niñez y adolescencia en un ambiente de aldea, profundamente cristiano e impregnado de reminiscencias mágicas y míticas.

Realizó sus primeros estudios en la escuela del pueblo. A los 15 años se incorporó a la preceptoría de Baliarráin para estudiar latín, con ánimo de hacerse sacerdote. En 1906 inició los estudios de filosofía en el Seminario Conciliar de Vitoria. A partir de aquella fecha, y durante 30 años, permanecerá vinculado a la capital alavesa como seminarista, y luego como profesor y superior de dicho Seminario. En él comenzó a interesarse por el estudio de las ciencias naturales, y así empezó a perfilarse el científico, pues aprovechaba el verano para recorrer los montes en busca de fósiles y minerales.

Terminados los estudios de teología en el Seminario de Vitoria e interesado también por la historia de las religiones, con el ánimo de aclarar algunas dudas sobre su fe, viajó a Colonia y a Leipzig, recibiendo clases del profesor Wundt sobre psicología de los pueblos. A su regreso sintió la necesidad de investigar el suyo propio y, en 1921, fundó la sociedad de Eusko-Folklore. Antes de ser ordenados sacerdote en 1914, fue nombrado profesor de historia de las religiones en el Seminario de Vitoria y más tarde profesor de física. Su interés por las religiones le impulsó de inmediato al campo de la Etnología y la investigación de leyendas acerca de los gentiles terminó en el descubrimiento de nueve dólmenes de la Sierra de Aralar, a cuyo estudio se dedicó en unión de los profesores Aranzadi y Eguren, catedráticos de las universidades de Barcelona y Oviedo.

Fruto de aquella exploración fue el discurso de apertura que, sobre Prehistoria Vasca, leyó en el Seminario Conciliar en octubre de 1917. Discurso que motivaría el comienzo de relaciones con el Abad francés Henri Breuil, prehistoriador de fama.

En los 20 años siguientes, el trío Barandiarán, Aranzadi y Eguren realizó excavaciones en los dólmenes del Aralar guipuzcoano, de Aizcorri, de Atáun, Borunda, de Alzania, de Elosúa-Plasencia, de Urbasa, de Encia, de Belabieta, de Auriz y Aurizpegui, entre otros, y de los yacimientos de Santimamiñe, Lumencha, Ermitia, de Bolinkoba y de la cueva de Urtiaga.

Al mismo tiempo, don José Miguel había sido cofundador de la Sociedad de Estudios Vascos, en 1918, e inspirador de su laboratorio de Etnología, del que surgirán las hojas y anuario de Eusko-Folklore.

Son años de búsqueda de nuevos conocimientos por las principales capitales de la cultura europea: por Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suiza, Austria. Visitó, museos de arte, de tecnología, de prehistoria, de geología. En la década de 1930 publicó ya sus Apuntes de Geología General y de la del País Vasco (1932), la Breve historia del hombre primitivo (1933) y El hombre primitivo en el País Vasco (1934). En 1930 fue nombrado patrono regional del Museo del Pueblo Español de Madrid y, cuatro años más tarde, en Londres, miembro del Consejo Permanente de los Congresos Internacionales de Antropología y Etnología.

La Guerra Civil le sorprendió en la cueva de Urtiaga, de Itziar, realizando las acostumbradas excavaciones de verano y, en la incertidumbre del momento, decide pasar a Francia, estableciéndose primero en Belloc, siendo más tarde responsable de los seminaristas vascos huidos de la guerra en el Seminario de Bayona. Tenía en ese momento 46 años.

Gracias al apoyo económico de don Manuel de Ynchausti, abogado filipino oriundo del País Vasco, don José Miguel reemprende sus investigaciones: acudió a París, contactó con el Abate Breuil, conoció a Teilhard de Chardin, reanudó los estudios etnográficos por medio del laboratorio de Etnología y Eusko-Folklore, recibió la ayuda de los Museos de Francia y tomó parte en el Congreso Internacional de Ciencias Antropológicas y Tecnológicas de Copenhague.

Iniciada la Segunda Guerra Mundial, se estableció en Sara con su sobrina Pilar. De entonces data el primer intento, protagonizado por el Marqués de Loriana, de atraerlo a España. La ocupación alemana le permitió conocer a famosos profesores como el geógrafo Hermann o el lingüista Bouda.

En los últimos siete años de su estancia en Francia, don José Miguel de Barandiarán desarrolló una importante labor científica y divulgadora en torno a monografías locales, catalogación de monumentos megalíticos y funerarios, fundación de revistas (como “Ikuska“ o “Eusko Jakintza”, presidió la renovada Eusko Ikaskuntza y fue invitado a los más prestigiosos congresos internacionales.

Su vuelta a España se produce en 1953, al ser invitado por el Dr. Tovar, rector de la Universidad de Salamanca, para inaugurar con una serie de conferencias la “Cátedra Larramendi”. El tema de la primera es “El estado actual de los estudios vascos”. Y con su regreso comienza la interminable cascada de homenajes que don José Miguel recibió en vida, comenzando por el grupo “Aranzadi” de San Sebastián.

Con el regreso al terruño, don José Miguel se entregó apasionadamente a las investigaciones arqueológicas y a la difusión de su método etnográfico. A las exploraciones de Leze-Txiki, Intxur, Aitzbitarte en Guipúzcoa; a las excavaciones de Solacueva y Goicolaua en Álava, o de Lumentxa, Axlor o Ekain en Vizcaya y, también, de Agiña-mendi, en Lesaca, hay que añadir los 17 cursos de “Etnología del Pueblo Vasco“ de la Universidad de Navarra, entre cuyas aulas madurará la idea de “Etniker“: grupo de etnógrafos que aplicarán por todo el país su modelo de encuesta sistemática, con ánimo de testimoniar las acomodaciones a los tiempos de las sociedades.

Homenaje de la Universidad de Navarra en 1977. Preside el Rector Dr. Ponz Piedrafita, a su izda. el Decano Dr. Martín Duque, junto a él la Dr. Echaide. A la dcha. de don José Miguel, el Director de la Institución Príncipe de Viana D. Vicente Galbete (J.L. Zúñiga. Archivo UN)

Homenaje de la Universidad de Navarra en 1977. Preside el Rector Dr. Ponz Piedrafita, a su izda. el Decano Dr. Martín Duque, junto a él la Dr. Echaide. A la dcha. de don José Miguel, el Director de la Institución Príncipe de Viana D. Vicente Galbete (J.L. Zúñiga. Archivo UN)

Este es el apretado panorama sobre el que podemos comenzar a hablar, acerca de este hombre tan sencillo como titánico propulsor de la ciencia, a cuya desaparición aún cuesta acostumbrarse.

¿Es posible vivir hoy sin don José Miguel de Barandiarán? ¿Hasta qué punto ha transformado la sociedad vasca este hombre de Cultura?

Para hablar de ello, y de otros muchos temas que se suscitarán, se hallan entre nosotros tres discípulos del maestro: don José María Satrústegui Zubeldía; don Ignacio, Barandiarán Maestu, y don José María Jimeno Jurío, a los cuales les plantearé la primera cuestión: ¿Fue don José Miguel reformador de los estudios de prehistoria, etnología, de la cultura vasca en general?

José María Satrústegui (Archivo Universidad de Navarra)

J.M.  Satrústegui (Archivo Universidad de Navarra)

José María Satrústegui. Se puede hablar de José Miguel reformador, pero solo a nivel eclesiástico; porque en él hay, no una doble personalidad, entiéndanme bien, sino una doble manifestación de su personalidad, cuando habla como sacerdote, como hombre de iglesia y a nivel científico en el que a él le tocó vivir esta iniciación de la cultura, diríamos, profana, de investigación, tanto en etnología como en prehistoria. En este segundo caso, no es reformador, sino iniciador, porque esa inquietud nació aquí al tiempo de en otros países de Europa, donde se puso en movimiento el estudio de nuestros pueblos, de nuestras etnias, de nuestra cultura, y él fue sencillamente pionero.

En el primer caso, como reformador, hay anécdotas curiosas que no vamos a recordar aquí, pero que le costaron bastantes disgustos. Démonos cuenta de que el rigor dogmático en la concepción de la doctrina de la época en que le tocó iniciarse, es difícilmente comprensible a estas alturas; llevamos bastantes años desde el Vaticano II y tendríamos que volver hasta entonces. Dentro del propio Seminario de Vitoria no siempre fue visto ese movimiento aperturista según las anécdotas que nos han contado los que vivieron con él en Vitoria. Yo tengo un dato que refleja de alguna manera la violencia que él mismo se hacía, no en estos últimos años en que eso estaba superado, sino los primeros años en que yo le conocí. Cuando salían temas como el evolucionismo -parece mentira en tan pocos años el cambio que ha habido- y él vivía la convicción de que el evolucionismo era el camino, no lo proclamó abiertamente hasta bastante tarde. En privado sí, entre nosotros, y no porque dudara. Quiero que se den cuenta hasta qué punto el de la evolución no era un problema personal, sino de sensibilidad de todo un pueblo y de mentalidad que se veía como algo detestable. Había quien todavía interpretaba la Biblia al pie de la letra, una creación directa a dedito de Dios; y él, siempre en esa línea religiosa, sensible a poder herir susceptibilidades, no hacía alarde de ello, sino que seguía trabajando. Fíjense ustedes que conoció personalmente a Teilhard de Chardin, para que nos demos cuenta en qué tesitura podía estar él y qué clima encontraba. Yo no quiero decir nada más que eso. Solo apunto su experiencia como docente en el Seminario de Vitoria, lo que nosotros nos decía y lo que afuera manifestaba. En lo segundo no hace falta aclaración: más que reformador de nuestra cultura y nuestro talante, fue un iniciador, ellos, los tres grandes hombres, los tres trogloditas tal como les llamaban en aquel tiempo. Pero tampoco entonces andábamos rezagados porque era el momento, al final del siglo pasado, cuando toda esta ciencia de la cultura popular empezó a tomarse en consideración y a tratar de revalorizarla.

Javier Zubiaur. En el terreno de la prehistoria, ¿se puede también corroborar esa tesis evolucionista de don José Miguel?

Ignacio Barandiaran (josemarialeonbarandiaran.blogspot.com)

I. Barandiarán (josemarialeonbarandiaran.blogspot.com)

Ignacio Barandiarán. Evolucionista no, pero se puede asegurar que por parte de cualquiera que ha hecho una historia de la prehistoria -no diría vasca, sino a fin de cuentas en el ámbito general pirenaico-, se puede decir que hay un antes y un después de don José Miguel y, más que un después, un ahora.

En los años de los tres tristes trogloditas, sobre los que se ha mitificado, y que realmente duraron muy poco, porque pronto Enrique Eguren se marchó de la aventura por cuestiones de salud y a partir de 1936, por el estallido de la guerra civil española, el equipo se dispersó definitivamente, no hay que olvidar que, después de 1936, José Miguel en el exilio por los años 45 ó 48, retomó las investigaciones prehistóricas y siguió al pie del cañón. Me parece que hasta 1976-77. Pero cuando, con ochenta y pico años de edad, el médico le recomendó que dejara de hacer estas chiquilladas, esos alardes de juventud de andar tumbado o arrodillado en una cueva, en el caso concreto en la cueva de Axlor, excavando como lo hacía, como lo había hecho durante toda su vida, hay que reconocer que en prehistoria hay un antes y una época de madurez que ellos plantean. Claro ¿es solo mérito suyo o es una especie de maduración general que se está gestando por todas partes? En Europa occidental por los años 10 están surgiendo, como los hongos en otoño, una serie de instituciones dedicadas a este tipo de estudios, quiero decir, por ejemplo, que la misma Sociedad de Estudios Vascos es del año 18, la famosa Comisión de Investigaciones Prehistóricas, de Madrid, que organizó la Junta Superior de Estudios en 1915, y Obermaier publica El hombre fósil en 1916. Es una década realmente prodigiosa desde el punto de vista de la prehistoria.

Ahora bien, si aquí no se hubiera producido la coyuntura de la unión entre los tres grandes investigadores, Aranzadi, Barandiarán y Eguren, posiblemente nuestra incorporación a este movimiento general de progreso y desarrollo, asombro de la prehistoria, no se hubiera dado con esa celeridad y con esa intensidad. Es impresionante lo que esta gente hizo con los poquísimos medios económicos de que entonces se disponía -hoy que vamos a todas partes en todo terreno, y ellos lo tenían que hacer a pie- leemos casi con pavor las descripciones de cualquiera de sus excavaciones en la sierra de Aralar o en la sierra de Urbasa, que se desarrollan en condiciones materiales realmente penosas, como antes decía Satrústegui, aunque éste no sea un campo de carácter doctrinal en cuanto a creencias más profundas, la opinión general de la ciudadanía media, y desde luego de los círculos intelectuales, era bastante hostil a este tipo de investigaciones, que se tomaban un poco a risa.

Ahora mismo recuerdo una de las primeras publicaciones de Aranzadi, Barandiarán y Eguren, la de los Dólmenes de Atáun-Borunda, del 1917-1918, cuando tienen que refutar a un personaje tan ilustre de la historiografía española, como Marcelino Menéndez y Pelayo, que en la edición recién aparecida del año 1911 de la Historia de los heterodoxos españoles, hace un aviso a los prehistoriadores diciéndoles que dejen de perder el tiempo, buscando dólmenes en la llanada alavesa, en la Barranca y en zonas limítrofes porque jamás habían llegado los celtas a estas regiones inhóspitas. Ellos, más o menos, lo refutan en los récords que van a tener estos buenos hombres, con decenas de dólmenes descubiertos y decenas de dólmenes excavados en quince o veinte años de labor. Es, como antes se llamaba, un progreso absolutamente asombroso y un impulso realmente decisivo en la creación de unos estudios serios de prehistoria, que hasta entonces no habían pasado el nivel de los pioneros de edición local, de buena intención, pero de pocos resultados.

Javier Zubiaur. Existen críticas sobre que don José Miguel utilizaba métodos arqueológicos un tanto caducos, ¿tiene esto fundamento?

Ignacio Barandiarán. En absoluto, el mejor test -nosotros hablamos con bastante poca objetividad, quizá por nuestro afecto-, pero los test más duros que pueda haber hoy para una labor científica, al menos en este campo, suelen ser las tesinas y las tesis doctorales. Cuando gente joven, con mala intención y con espíritu muy crítico, se lanza a revisar colecciones o publicaciones que están depositadas en nuestros museos, advierten en primer lugar que las colecciones están muy bien recogidas, muy bien catalogadas, muy bien publicadas para lo que entonces era la nota media. Aun así, es una injusticia y una desvergüenza, intentar juzgar las actuaciones de los años 20 y los años 30 con los primeros 70 o los 80. Ahora bien, se ha hecho algún tipo de controles más precisos y se puede asegurar -yo no sé si será hacer sufrir a algún pretencioso de fuera de España- el sistema que hoy se llama tan pomposamente, las Coordenadas Cartesianas de aplicación en la arqueología de campo, Aranzadi y Barandiarán lo emplearon en la cueva de Silibranca en Vizcaya en 1929 y hasta el año 1953 no tuvo su primera plasmación escrita de dos autores franceses que pasan por ser, si no sus descubridores, al menos sus teóricos.

El excavar, como hacemos nosotros por coordenadas y cuadriculado el campo, no se había hecho nunca en la Península ibérica hasta 1929 en la cueva de Silibranca, y previamente se hacen en Ermitía junto a Deba en Guipúzcoa sin confesarlo. Es evidente que hoy se meten máquinas más costosas, hay una tecnología más aparatosa, las fotografías son mejores. Los dibujos -por qué no aceptarlo- de don José Miguel no son muy llamativos, aunque sean bastantes gráficos y bastantes expresivos, no son impactantes, aunque arqueológicamente son correctos, es decir, que sirven para la identificación de los materiales y esto normalmente no se hacían aquel tiempo, y no lo hacía nadie de los ya grandes maestros de la prehistoria ya fallecidos, ni uno de los grandes maestros internacionales de la prehistoria de los años 30 y 40, ni siquiera de los años 50. Hoy es un gozo ir a los museos de Navarra, de Guipúzcoa o de Vizcaya, que tienen colecciones de los años 20 y 30 auténticamente modélicas, y que dejan muy por debajo a cualquiera de las colecciones -y lo digo en público- recogidas en Asturias o Cantabria hasta el año 65.

Javier Zubiaur. ¿Se puede también considerar a don José Miguel un pionero en el campo de la Antropología teniendo en cuenta que él fue un hombre que principalmente se interesó, al menos en un principio, en la historia de las religiones, después pasó al campo de la psicología de los pueblos y se formó realmente en Alemania, que entonces era un país intelectualmente muy avanzado?

José María Satrústegui. Pienso que, efectivamente, don José Miguel, en este terreno de la etnografía, no fue, reformador, porque prácticamente no había nada. Hasta entonces, la labor que se había hecho más bien era una recogida del tipo anecdótico. La presencia de don José Miguel, en este campo de la etnografía, supuso una innovación tan profunda, que fue el inicio de la consideración de la etnografía como ciencia, es decir, Barandiarán posee una base científica para la investigación, y desde el primer momento, desde los tiempos del Seminario de Vitoria, está entre los veintitantos que redactan la primera guía, que luego tendrá sucesivas ediciones, para la recogida de datos etnográficos, que será el fundamento de todo el movimiento Etniker, etc.

Creo sinceramente que la importancia de don José Miguel ha sido, no solamente la labor personal que realizó recogiendo elementos de cultura del País Vasco, de su mentalidad, mitología, costumbres, etc. sino sobre todo haber puesto la piedra fundamental para que la etnología, convertida en ciencia, se sujetara a una metodología y unas normativas que luego darán un fruto extraordinario y que seguirán por mucho tiempo.

Javier Zubiaur. Se le acusó en alguna ocasión de ser un mero recopilador de datos y no un hombre de síntesis de esos datos. ¿Tienen fundamento o no las diferentes vertientes del trabajo de don José Miguel?

José María Satrústegui. Tiene fundamento y no lo tiene. Las cosas hay que ponerlas en su sitio y, como acaba de decir ahora Ignacio, el juicio que podamos dar con la mentalidad de los 90 a lo que ellos realizaban entonces, no es justo.

En aquel momento inicial ellos ven que ese material que se ha empezado a apreciar -hasta entonces la etnografía no se apreciaba-, se les va de las manos. No voy a citar autores en primera fila no solo a nuestro nivel, sino los mejores de aquel momento en Rusia, que decían: “recojamos, aunque sea en beneficio de los que vengan detrás “, porque nadie puede hacer un zumo o puede hacer un vino si antes no tiene la uva. Cómo se va a hacer síntesis de lo que no está recogido; en aquel momento lo que urgía era hacerse con el material, que, una vez recogido -si se recoge bien- y clasificado analíticamente, puede dar lugar a síntesis de laboratorio. Ellos pusieron el material, tocó vivir esa época de la recogida y, gracias a ese movimiento, se recuperó todo este arsenal. Después han ido evolucionando las escuelas y, efectivamente, hoy se ha entrado en el trabajo de síntesis, con acierto o con errores, a veces con audacia y otras veces quedándose cortos, pero es cosa de esta época. Creo que, si él sembró la semilla fecunda y va a tener continuidad, no será haciendo el mismo trabajo que se hizo a comienzos de este siglo, porque ese no sería hoy su talante, ya que iba por delante. Lo que hubiera hecho él si llega a estar en esta época y teniendo ya todo ese material recogido, hubiera sido efectivamente otra vez labor de adelantado. Por eso no sé si existe o no una escuela o un grupo que pueda llamarse así, de don José Miguel, pero creo que sería un flaco servicio a su nombre y a su persona el tratar de imitarle materialmente, volviendo al estado de las cosas de entonces. Creo que existe esa escuela y solo en la medida en que se siga el ritmo de ese proceso científico, actualizado, se puede llamar dignamente de José Miguel Barandiarán.

Javier Zubiaur. En el campo de la prehistoria, que es un campo diferente, ¿se puede decir qué era don José Miguel? ¿Era un recopilador, in mero recopilador?

Ignacio Barandiarán. En este campo eso parece un poco despreciativo. Ojalá los prehistoriadores fuéramos meros recopiladores. En este campo ha sido más expresamente un recopilador que un sintetizador. Se podrían poner unas detrás de otras las obras que ha escrito referidas a la prehistoria y no creo que haya más de cuatro o cinco síntesis que pasaran como tales, y el resto son simples, escuetas, desnudas, memorias de excavación. Y además, es curioso, la síntesis de don José Miguel, que son excelentes y muy breves, son muy didácticas. A mí me da la impresión de que las cuatro o cinco, que ahora recuerdo, la última de 1971 y la primera que se podía citar, quizá el discurso inaugural en la apertura del curso de Seminario de Vitoria de 1917, tiene siempre una función didáctica, están pensadas, más o menos, como él dice en el prólogo de una de esas obras, para divulgar este tipo de conocimientos y sobre todo para divulgar esta preocupación por la recuperación de las señas de nuestra identidad o de nuestro pasado.

Yo me he dedicado algún tiempo a seguirle la pista buscando un poco la confesión de sus posturas intelectuales, buscando sus referencias bibliográficas y es una aventura decepcionante. No hay citas bibliográficas nunca o casi nunca en don José Miguel, solo en la breve Historia del hombre primitivo, editada en 1934, hay una especie de confesión de quiénes son sus maestros, sus fuentes de inspiración, o al menos, los autores, en los que él apoya sus asertos, pero a la bibliografía de El hombre prehistórico del País Vasco de 1934 o en El hombre primitivo de 1953, no hay apenas citas bibliográficas. Son libros, escritos con gran claridad, con terrible claridad, que, supongo, tuvieron mucho éxito editorial y que siguen siendo libros de base, obviamente, con la carga sobre ellos de los 25, 30, 35 o 40 años transcurridos, que es una vigencia que jamás ha podido superar ninguna de las síntesis hechas en ninguna de nuestras ciencias, y desde luego, en ninguna de las ciencias relacionadas con el mundo antiguo, que tan rápidamente evolucionan en cuanto a la recogida de materiales.

La recogida de materiales, en este caso escueta y sintética para mí, es una de las grandes virtudes de don José Miguel de Barandiarán. Se pueden estrujar las uvas de este zumo y sale un licor de auténtica categoría, de muchísima graduación, no hay paja.

Javier Zubiaur. Ahora bien, ¿se da el engarce en la obra de don José Miguel de la etnografía, la antropología y la prehistoria, o son caminos paralelos?

Ignacio Barandiarán. Sí, en algunos casos sí, también su vida evolucionó en el pensamiento y hay épocas en las que parece una obsesión intentar establecer puentes, y en sus libros de prehistoria, de síntesis, es frecuente encontrar algún grabado, algún dibujo que alude a un hecho etnográfico, actual, del acervo cultural tradicional del pueblo vasco con el cual se ilustra o se aclara lo que sería la prehistoria.

Hay artículos en un momento de su vida en que se habla de paralelos entre lo etnográfico y lo prehistórico, pero es una especie de preocupación que se acaba por los años 50, y vuelve otra vez el rigor de la descripción de las piedras, de contarlas y al final, en dos o tres líneas, nada más, dice: “Esto parece Magdaleniense o Musteriense, o no se diferencia demasiado de lo que en otro sitio se llama tal cosa“, y acertó siempre, yo no sé cómo, parece un brujo, es un personaje que lo sabe todo. Los diagnósticos culturales de don José Miguel están casi siempre muy bien asentados y muy bien desarrollados.

Javier Zubiaur. Es que era un observador fundamentalmente.

Ignacio Barandiarán. Sí, era muy observador, pero muy pocas veces se le ha podido corregir en eso.

José María Satrústegui. Sobre este punto, efectivamente, puentes intencionados quizá no los haya, porque en él no se pueden separar. Cuando él hace una síntesis, hace referencia a todo. Por ejemplo, él dice que el hombre vasco domésticó al animal antes que los pueblos del norte nos trajeran los animales domésticos, por lo menos ciertos animales. Discurría de este de esta manera: ni la vaca, ni el buey, ni el caballo, ni la yegua, etc., tienen raíz o núcleo lingüístico ajeno, y si hubiera venido ese animal ya domesticado, hubiera venido con su nombre. Esto lo decía don José Miguel de Barandiarán en los años 30 y no se ha refutado. Recuerdo que, en Pamplona, en la sala de pintura que tiene la Caja de Ahorros en Castillo de Maya, un jovenzuelo, y no lo digo por desprecio, pero si por la desfachatez que tuvo, le dijo: “Eso, ¿cómo lo sabe?”. Él le contestó enérgicamente diciendo: “Eso es así, si el motor de gasoil lo hubiera descubierto en lugar de Diesel un Albadalejo, hoy se hubiera llamado Albadalejo”. Eso es síntesis.

Cuando él fórmula una afirmación, no tiene vuelta. De hecho, no se le rebate, porque era deducción natural de los elementos que tenía, sin forzar ni hacer un argumento filosófico. En el caso, por ejemplo, de las cuevas de Deba, lanzó la idea de que probablemente el pueblo vasco, el pirinaico occidental, evolucionó in situ, aquí mismo, porque encontró un cráneo que tenía el ángulo facial del hombre pirenaico occidental, luego una especie de anillo intermedio y un cromañón. Él dijo lo que sabemos hasta ahora sobre el hombre actual vasco, y es que, en prehistoria, en un mismo yacimiento hemos encontrado esos anillos y esos restos.

Javier Zubiaur. José María Jimeno ¿algo que añadir?

José María Jimeno Jurío (gerindabai.blogspot.com)

J. M. Jimeno Jurío (gerindabai.blogspot.com)

José María Jimeno. En esta relación entre etnografía y arqueología, don José Miguel puso gran insistencia en la recogida de los datos etnográficos, no por el entroncamiento entre una cosa y otra, sino porque la etnografía tenía que iluminar de alguna manera los elementos materiales que se iban descubriendo en las excavaciones, sean sílex, madera o huesos. Es decir, se puede adivinar cuál era el uso de esta pieza, pero la práctica tradicional del hombre agricultor ganadero podía dar la explicación de para qué servía este raspador, este buril o aquella determinada pieza.

Por otra parte, el hecho de que don José Miguel hiciese más labor en etnografía, más de recogida que de análisis, era comprensible puesto que tenía una intuición de que la sociedad estaba cambiando cada vez más rápidamente. De ahí la urgencia que sentía.

Alternó arqueología con etnografía, es decir, excavaciones con la realización de la encuesta en todas las partes donde estuvo, sobre todo a partir del exilio Francia. Sin embargo, también realizó labor de síntesis; así quien, lea El mundo de la mente popular vasca puede darse cuenta de que efectivamente no es una mera recopilación de datos, sino que realiza síntesis profundas que nos llevan a ver ese profundo sentimiento del hombre en este país.

Javier Zubiaur. Don José Miguel tenía siempre la meta última de realizar el Atlas Etnográfico de Vasconia, proyecto que ya se acometió viviendo él todavía y del que pudo conocer el primer volumen.

Hay una cuestión que ha suscitado don José María Satrústegui, que también tiene su interés, y es si don José Miguel realmente dejó Escuela detrás de sí o su memoria, su método, su esfuerzo han quedado baldíos. Pienso que salta a la vista que no, pero sería interesante conocer un poco la opinión de los ponentes y, sobre todo, si existe realmente Escuela ¿que la caracteriza?

José María Jimeno. Me voy a permitir, porque creo que es muy revelador, leer una carta que escribió don José Miguel en el año 1932 a un navarro de Isaba, Bernardo Estornés, donde se ve lo que era Barandiarán en su juventud y algo que ha sido a través de sus cien años de juventud.

“Querido amigo: me ha causado gratísima impresión la carta de usted. No sabía que estaba preparando una historia de Vasconia y ahora me he visto libre de una gran preocupación, la preocupación provenía en mí de la necesidad urgente de una historia de Euskadi para escuelas. En vista de que ninguno se lanzaba a esa labor reuní el año pasado en Vitoria a unos cuantos que se comprometieron a trabajar en este sentido, repartiéndose el trabajo según las aficiones y estudios de cada uno. Yo les prometí hacer la parte correspondiente a las épocas primitivas hasta la introducción del cristianismo.

Hace tiempo que la terminé, pero mis compañeros se han extendido al parecer tanto en sus rebuscas que aún están lejos de terminar sus labores. Nuestro propósito era escribir una historia en castellano que sirviese de guía al maestro y que ofreciese materiales para hacer textos euskéricos. Ya que usted tiene preparada su historia debe presentarla a la próxima junta el día 21.

Yo por mi parte presentaré lo que tengo preparado y de él podrá hacer usted el uso que quiera para su historia. No se figura la lo grata que ha sido para mí la noticia, no hace todavía ocho días que estuve instando a don Bonifacio de Etchegaray para que hiciese una historia del pueblo vasco. En igual sentido estuve hablando con don Justo Garate el domingo pasado y ahora me entero de su trabajo y doy gracias a Dios. Mande atento seguro servidor y amigo José Miguel de Barandiarán“

Leo esta carta porque aparte de su amor al país creo que hay dos notas personales muy interesantes y son su generosidad y el hecho de ser impulsor. Movilizó a todo el mundo, a Gárate, a Etchegaray y, sobre todo, trató de impulsar la formación de un equipo de trabajadores que con él realizase una obra concreta. Toda su vida fue, sobre todo, creador, educador y promotor de gentes a las que formó a su sombra según sus métodos. En etnografía esto es indiscutible. Para mí, la obra de Barandiarán, en la que puso los fundamentos científicos, a la que dio una metodología, es la Guía para la investigación etnográfica, que se está realizando ya en todo el país [3].

El éxito de Barandiarán, su enorme poder fue la fundación de los grupos Etniker. Sabéis cómo fue nombrado catedrático de etnografía en la Universidad de Navarra. En aquellos años éramos muchos los que acudíamos a escucharle y, a raíz de eso, quiso perpetuar su obra de alguna manera, no solamente dar las clases teóricas en la facultad, sino sobre todo perpetuar de una manera práctica los trabajos de campo y de ahí la fundación de los grupos Etniker.

Entonces, hacia 1965, nadie pensaba en un Atlas Etnográfico de Vasconia, aquello era una utopía, se decía, se hablaba, pero como una utopía. Era impensable que se pudiera realizar un atlas etnográfico. Sin embargo, hoy los grupos Etniker funcionan en las cuatro herrialdes. Etniker-Navarra, dirigido por María Amor Beguiristain, ha aplicado la encuesta en su totalidad, en las Améscoas por Luciano Lapuente y en San Martín de Unx por Francisco Javier Zubiaur y José Ángel Zubiaur. En la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra han aparecido artículos de distintos colaboradores de Valcarlos, Artajona, Romanzado, Raúl Alto, Aria, Valle de Elorz, Urzainqui, Barañáin, Obanos, Izurdiaga, Labiano, etc. Etniker-Guipúzcoa, unida a la Sociedad de Ciencias Aranzadi, cuyo responsable es Fermín Leizaola, realiza también estudios publicados en el Anuario de Eusko-Folklore. Etniker-Álava, que funciona desde 1976, cuenta con una nueva revista, Oitura. En Vizcaya, integrada en el Departamento de Etnografía del Instituto Labayru, tiene como responsable a Ander Manterola. Hace dos años se le hizo entrega a don José Miguel personalmente del primer tomo del Atlas Etnográfico de Vasconia.

Esperemos que esto siga funcionando por mucho tiempo, porque trabajo hay y creo que entusiasmo también.

Javier Zubiaur. En el campo de la prehistoria ¿se puede también asegurar lo mismo?

Ignacio Barandiarán. Lo que ha dicho José María es rigurosamente cierto, es más contrastable o más verificable en el campo de etnografía porque hay publicaciones, hay un nombre que engloba a todos, pero en José Miguel de Barandiarán ha habido una obsesión: unir a la gente, aunar esfuerzos y marcar metas.

En el año 1921 organizó un grupo de seminaristas y de gentes de la ciudad, de profesores, de colegios, de jóvenes estudiantes, para aunar esfuerzos y con el fin de que en el plano social se fomentasen estos estudios entre la juventud estudiosa y se inicie al pueblo en el conocimiento y respeto de los restos arqueológicos. Se dieron normas, y salían los jueves o los sábados a prospectar y se reunían en la Escuela de Artes y Oficios de [Vitoria] a clasificar materiales.

Lo mismo sucedió en prehistoria; así, en 1961 nos reunió en Lequeitio, y además puedo decirlo porque no se ha escrito esto en la historia menuda, en una asamblea que suscitó las iras de las gentes mayores que nosotros, que entonces gobernaban la Sociedad Aranzadi de San Sebastián y pensaban que era una revuelta de los jóvenes arqueólogos contra la directiva. Don José Miguel, que no era precisamente joven, salió en nuestra defensa diciendo que él había sido el que nos había convocado en Lequeitio para aunar esfuerzos entre los que estaban en Guipúzcoa, en Navarra, en Vizcaya, en Álava o en otras provincias. Para utilizar un sistema de diario uniforme, un tipo de coordenadas determinadas simplemente para aunar esfuerzos.

A partir de ahí nos reuníamos una vez al año. Cuando la Sociedad de Estudios Vascos se refundó, en la Sección de Prehistoria se intentó encauzar este tipo de preocupación. La verdad es que todos nosotros en diversas instituciones nos hemos visto rodeados de gente joven que ha ido aprendiendo los métodos que nosotros aprendimos con él, y hoy se puede asegurar que hay decenas de gentes que trabajan bien en prehistoria o en arqueología y que han aprendido directa o indirectamente de don José Miguel de Barandiarán. Han aprendido simplemente a ser serios, a trabajar con sensatez, a trabajar con cuidado, a utilizar una criba, a contarlo, a medirlo y a pesarlo todo. No sé si será un defecto o será un acierto, pero eso es lo que hemos intentado aprender y esa es su característica, una gran sobriedad, una gran honestidad y un sobre todo mucho tesón.

Javier Zubiaur. Y yo quiero hacer una última pregunta dirigida a don José María Satrústegui, para poder iniciar el debate. Una de las cosas que a mí me ha conmovido y me ha hecho reflexionar sobre la figura de don José Miguel es precisamente que por encima de un buen etnólogo, un antropólogo, un buen prehistoriador, como aquí se ha dicho, era además un sacerdote y un buen sacerdote, un sacerdote ejemplar, lo cual me ha hecho pensar muchas veces ¿por qué la personalidad de don José Miguel?, ¿cómo se había orientado hacia el campo de las ciencias?, ¿hasta qué punto don José Miguel se orientó hacia la profesión intelectual, hacia el mundo del intelecto, gracias a ser sacerdote? En fin, esta imposibilidad de separar la figura de don José Miguel como hombre de su figura trascendental como sacerdote, es lo que muchas veces me ha hecho reflexionar, y es algo que, quizás, sobre todo en este momento histórico en que ha vivido don José Miguel, ha podido hacer reflexionar a mucha gente.

José María Satrústegui. En este punto no tenemos nada que elucubrar ni nada que redescubrir porque nos lo ha repetido hasta la saciedad él públicamente. Cuando alguien le decía, “Usted habla así porque es sacerdote“. Él contestaba que era lo contrario. Él no fue a la ciencia porque era sacerdote, sino que dio el paso del sacerdocio precisamente por la inquietud que llevaba dentro.

Javier Zubiaur. Quizás quieran añadir algo al respecto sobre lo que se ha tratado aquí nuestros personajes invitados, don Vicente Madoz y don Tomás Urzainqui.

José Miguel de Barandiarán en Dima (Bizkaia) Excavación de la cueva de Axlor, 1972.

J. M. Barandiarán en Dima (Bizkaia) Excavación de la cueva de Axlor, 1972 (Archivo MAB)

Tomás Urzainqui. Desde lo científico siempre me ha llamado la atención y me ha impresionado de don José Miguel la gran capacidad de cercanía al pueblo. Ha sido un científico popular, no en el mal sentido de la palabra, sino que ha acercado la cultura al pueblo, y, de alguna manera, ha arrancado la cultura del pueblo, ha hecho ciencia, y me gustaría que pudiéramos seguirle.

Javier Zubiaur. Si el público quiere hacer alguna pregunta, cualquiera de los ponentes le contestará. ¿Hay alguien que quiera aclarar algún extremo, ampliar el panorama que se ha dado de don José Miguel?

Pregunta del público. Bastante de lo que quería preguntar se ha respondido en las intervenciones. Quería insistir en el hecho de que en un país tan dividido como el nuestro, don José Miguel de Barandiarán ha conseguido una aceptación absoluta.

Tomás Urzainqui. Por un lado, hay un ejemplo de vida, de un hombre bueno que no se ha dejado manejar.

Hace algún tiempo, en declaraciones a la prensa dijo que jamás había votado, salvo alguna vez. Esto causó gran impacto. Hay muchos partidos políticos, que lo querían atraer a su bando.

En sus entrevistas comentó con frecuencia que estaba suscrito a un periódico, allí por los años 1913 o 14, de algún partido político y que el día de su ordenación sacerdotal, el obispo les dio como consejo a los jóvenes ordenandos que no se metieran en política, y él lo tomó tan en serio que rompió su suscripción aquel mismo día, y eso que el partido al que pertenecía el periódico era más bien conservador.

Es cierto que este hombre se ha mantenido al margen, lo cual no quiere decir que no se haya comprometido en ocasiones, y lo que habría que decir, que no se ha dicho claramente, es que la causa de su exilio fue, y es triste recordarlo, una miserable envidia humana, que no tuvo nada que ver con militancias políticas ni con nada semejante.

Cuando en 1953, como antes recordaba Javier Zubiaur, el rector de la Universidad de Salamanca le invitó a dar un curso en la Universidad de Salamanca, la carta se la dirigió a Atáun porque toda la gente en España pensaba que vivía allí. Al no obtener respuesta, le dirigió una carta a Tovar. que se interesó por el tema y comprobó que la ficha de don José Miguel de Barandiarán estaba levantada por una persona bastante poco deseable, por envidia, era una especie de denuncia de filo-masón, de amante de judíos o defensor de judíos, una cosa bastante rara en aquel tiempo, y hoy más. Este hombre se mantuvo siempre al margen, aunque haya estado metido en toda la vorágine de la guerra civil y de la posguerra y aunque haya tenido una aparente militancia. El acto de su muerte y su entierro y todos los homenajes que tiene, se están desarrollando al margen de la política. Sería algo monstruoso que lo hicieran.

A partir de este momento, las intervenciones del público a favor de la vida y la obra de don José Miguel de Barandiarán fueron constantes. A modo de colofón, cabría destacar la última de ellas.

José María Jimeno Jurío. Me alegra intensamente que este homenaje a don José Miguel Barandiarán desde Navarra esté un poco dirigido, presidido por la propia Institución Príncipe de Viana y por su director general. Don José Miguel, quería mucho a Navarra, yo creo que se sentía muy navarro por haber nacido en Atáun, la última plaza que se disgregó de Navarra para integrarse en Guipúzcoa. Sin embargo, tuvo durante mucho tiempo una espina clavada, que afortunadamente entre unos cuantos navarros se la sacamos: antes de ir al exilio, había hecho una prospección en las cuevas de Atabo en Alsasua; cuando volvió del exilio, fue a ver la cueva y se encontró con que habían abierto una cantera y había desaparecido. Tras localizar los materiales de derribo a orillas del río Alzania, pacientemente recuperó piezas de sílex y otros elementos, llevándoselos a Atáun para estudiarlos. A los pocos días recibió la visita de un miembro de la Diputación de Navarra, que fue poco menos que a recriminarle el haberse entrometido a trabajar en Navarra. Don José Miguel le dio la explicación y además todas las piezas que él había recogido para que las ingresaran en el Museo de Navarra.

Para mí, esta anécdota es profundamente reveladora del talante de un hombre sin hiel, de un hombre sin veneno, sin malicia, un hombre generoso, un hombre que supera todos estos percances, acusaciones, ataques que ha recibido personalmente y que se sitúa en un plano totalmente distinto, superior a todas estas mezquindades y que ha sido, para mí, lo que le ha ganado la amistad, la admiración, la benevolencia y el cariño de la gente en todas partes.

Imagen de la portada: Don José Miguel de Barandiarán (turismoabaurrea.com)

Notas

[1] Don José Miguel de Barandiarán y Ayerbe falleció en su casa del barrio de San Gregorio, de Atáun (Guipúzcoa), el 21 de diciembre de 1991, a los 102 años de edad. En 1989 el Gobierno de Navarra le había concedido  la Medalla de Oro de la Comunidad Foral, máxima distinción que concede a quienes han destacado en la defensa, promoción o fomento de los intereses de Navarra.

[2] Día 12. Introducción musical: Sagar-Dantza (P. Sorozábal), Agurra (aurresku) (Popular), Agur Jaunak; Mesa Redonda: “José Miguel de Barandiarán. Su persona. Su obra”, con José María Jimeno Jurío (Etnógrafo e historiador), Ignacio Barandiarán Maestu (Profesor de Arqueología en la Universidad del País Vasco en Vitoria) y José María Satrústegui Zubeldía (secretario de Euskaltzaindia), como participantes, y como presentador Francisco Javier Zubiaur Carreño (Director de la Institución Príncipe de Viana). Día 13. Conferencia: ¨Culturización en Navarra¨. Resultados de la aplicación de la Encuesta Etnográfica de Don José Miguel de Barandiarán. Beca Barandiarán del año 1985. Ponentes: Mª Amor Beguiristain Gúrpide (Profesora de Prehistoria de la Universidad de Navarra, secretaria de Etniker-Navarra), Juan Cruz Labeaga Mendiola (Doctor en Historia) y Carmen Jusué Simonena (Doctora en Historia. Técnico Superior de la Administración). Presenta: Tomás Urzainqui Mina (vicepresidente de Eusko-Ikaskuntza por Navarra). Día 14. Conferencia: “Los cuentos populares en Navarra”. Beca Barandiarán del año 1991. Expone: Alfredo Asiain Ansorena (Licenciado en Filología Hispánica). Presenta: Eugenio Arraiza Rodríguez-Monte (Vocal de Literatura y Lingüística del Ateneo Navarro).

[3] Se refería a la “Guía para una encuesta etnográfica”, que publicó en la revista Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1976, nº 20, págs. 277-325.