Museo Etnológico de Navarra «Julio Caro Baroja»

Transcripción del audio de mi intervención en el reportaje videográfico El Museo Etnológico de Navarra “Julio Caro Baroja”, realizado por Eugenio Monesma, de la productora Pyrene, para la Institución Príncipe de Viana, 2017

“Ya en los años 50 la Sociedad de Amigos del País, de Pamplona, quiso abrir un museo etnológico en la calle San Antón de nuestra ciudad, pero luego ha habido, sobre todo en los años 60 y 70, una labor progresivamente acelerada –diríamos- a favor de la Etnología y aquí es obligado pensar en la figura de Julio Caro Baroja, al que el Gobierno de Navarra tuvo a bien darle al Museo Etnológico de Navarra ese sobrenombre, porque realmente ha sido como antropólogo e historiador una figura señera y clave en el desarrollo de los estudios antropológicos en Navarra.

Y no quiero olvidar algo importante, un verdadero monumento al patrimonio etnológico de Navarra como fue la película documental Navarra: las cuatro estaciones, financiada por la Institución Príncipe de Viana, que se edita en el año 70.

Y cosas que lamento un poco no haber comentado, por ejemplo la importantísima labor de José Esteban Uranga como director de la Institución Príncipe de Viana en esos años, que fue un colaborador estrechísimo de Julio Caro Baroja y su hermano Pío, que realmente se puede decir fue el factótum de la magnífica película Navarra: las cuatro estaciones, que supuso un esfuerzo tremendo de localizar personas a encuestar, de recoger canciones populares, de poner a los artesanos a trabajar, de tomar los distintos tonos del habla popular de las dos lenguas de Navarra, en fin, es un monumento al patrimonio de Navarra porque ahí es donde nosotros nos vemos reflejados.

Y volviendo a la Institución Príncipe de Viana, también quisiera resaltar la labor que desarrolló, continuando el espíritu de José Esteban Uranga, Vicente Galbete, que fue director de la Institución cuando aquel se jubiló, y fue quien encargó a José María Yárnoz la elaboración de una adaptación del Museo de Navarra para Museo Etnológico: se hicieron planos, estaba el fondo de Vera ya recogido, algunos otros materiales por aquí y por allá. No se bien por qué aquello se paró. Lo cierto es que se desarrolló, se hicieron, como digo, hasta planos.

Pues, en concreto, la Sala de Armas, un edificio magnífico, de planta palaciana, muy hermoso, se restauró con fondos de Caja de Ahorros de Navarra, pero la Diputación también intervino y hubo idea después por medio del diputado ponente de Cultura, que fue Ignacio Irazoqui, natural de Vera, conocedor y amigo de Julio Caro Baroja, de instalar en la Sala de Armas un museo etnológico, pero también se habló de que fuera sede del Museo Carlista, Biblioteca… hubo allí una serie de dudas, de incertidumbres durante el paso del tiempo y luego aquello se enfrió, y finalmente fue el Ayuntamiento de Pamplona quien llegó a utilizarlo con fines culturales.

En el año 1991 (yo me hice cargo en ese año de la dirección de la Institución Príncipe de Viana), desde un principio se iniciaron acciones diversas, contactos, sobre todo una labor de sugestión de las personas que estaban por encima de mí en el Gobierno de Navarra, como el Consejero Javier Marcotegui y el Presidente Juan Cruz Alli, que la verdad fueron muy receptivos a la idea de retomar esos esfuerzos que habían supuesto avances y retrocesos a lo largo de las últimas décadas cara a configurar este Museo.

Entonces caímos en cuenta que era propiedad del Gobierno de Navarra el Monasterio de Irache, situado en Ayegui, en un punto céntrico de Navarra, muy bien comunicado y que estaba, digamos, infrautilizado, y aún siendo infrautilizado, solamente el valor artístico-monumental que tenía atraía, en ese año precisamente, 25.000 visitantes, sin hacer ningún tipo de propaganda. Pues entonces el Gobierno de Navarra, al tiempo de crear este Museo, le asignó como sede el Monasterio de Irache y se iniciaron unas obras de adaptación del edificio para este fin.

Al principio decidimos mover el tema de las donaciones, que ha sido una vía, es y será, extraordinaria en todos los museos del mundo de adquisición de fondos, pues los museos siempre son pobres y tienen pocos recursos, pues supimos por medio de conversaciones y contactos que en el Valle de Egüés, la existencia de unas hermanas ya mayores que habían heredado de su padre una cosechadora de fabricación británica, una Ruston, y estuvieron dispuestas a donarla. Incluso aunque fuera donación eso implicaba un gasto, porque, claro, había que fletar un camión hasta allí, a unos 15 o 20 km de Pamplona, cargar en él la cosechadora, llevarla a Ayegui, con el inconveniente de que no pudo entrar en el edificio porque tenía un tamaño impresionante. Entonces se aparcó bajo un tejaroz que había en un edificio aledaño dentro del propio espacio propiedad del Gobierno de Navarra y allí se guardó y se vigilaba. Bueno, pues un buen día una persona anónima la quemó, ¡la quemó!. Eso nos supuso a nosotros un disgusto tremendo, y fue como un varapalo, ya no sólo por la pérdida en si misma, que fue una gran pérdida, sino por lo que significaba, no sé, de barbaridad contra la propia Cultura.

Finalmente, por esos devenires de la política, hubo un cambio de opinión, ese esfuerzo no se respetó, no hubo sensibilidad suficiente para continuar esa labor y el Monasterio de Irache se ofreció a Paradores de España en 2006 para transformarlo en parador. Se sacó todo ese material, se llevó a una nave industrial en el polígono industrial de Merkatondoa, de Estella, donde realmente está muy bien instalada en un almacén y la colección está a salvo, todo hay que decirlo, pero se perdió, al menos momentáneamente, esa posibilidad de hacer ese Museo e inaugurarlo.

Desde año 1992 el Museo cuenta con una partida presupuestaria que, aunque haya tenido sus recortes y oscilaciones, sin embargo el Gobierno de Navarra la ha respetado de modo que año tras año ha permitido ir incrementando la colección, tener un puesto fijo de una técnico superior en patrimonio etnológico y se ha ido haciendo una labor de inventario mediante contrataciones, también de elaboración de documentos audiovisuales, como éste que se está haciendo.

Lo importante es que continúa la labor de recuperación de materiales en este patrimonio que estaba ya casi desechado por su destrucción o negocio entre chamarileros, de pérdida, en definitiva, de un patrimonio que ha constituido el quehacer y el utillaje de nuestros antepasados y que ha conformado la historia de cada día, del devenir de los trabajos y los días,  que entronca directamente con el ser de los navarros, pero hemos podido asistir a ese milagro extraordinario de tener una colección que habla del ser de Navarra, del ser, diríamos, variopinto, multifuncional de Navarra.

Es deseable que en un futuro, y deseo que se haga pronto realidad en una exposición permanente, continúe esa labor sorda, callada, pero muy efectiva, de inventariar, catalogar, por supuesto adquirir más fondos, ponerlos en valor, documentarlos, repetir las exposiciones monográficas que han circulado por Navarra, crear un fondo documental, estudios de campo, declaraciones de bienes de interés cultural, lo que equivale a decir que se ha trabajado mucho.

Lo más valioso de todo esto, realmente, es el haber salvado un patrimonio y tener hoy día una colección soberbia. Hay quien dijo que un museo es su colección y el programa. Es verdad, porque cualquier labor difusora, pedagógica, científica que pudiera hacerse sobre un patrimonio parte siempre del conocimiento mismo de los fondos. Si esos fondos no existen es imposible hacer un estudio riguroso de nuestra cultura, en definitiva nuestra cultura tradicional».