Etnografía agrícola de Vasconia. XI. Hierbas, helecho y hojarasca para el ganado

Antes, gran parte del ganado se alimentaba casi en exclusiva en pastos comunales y terrenos abiertos, es decir en prados naturales.

En Sara (I.) a este tipo de campo, fuera de poblados y sin vallado alguno se le llama “larrea”, útil por sus pastos, pero también por recoger en él leña, helechos y árgomas [1].

Entre las hierbas que se forman espontáneamente en los prados de la Vasconia húmeda  se hallan la grama (“ildabizarra”), la “alkabelarra” (Dactylis Hisp), la avena salvaje (“larreoloa”), la bardana (“lapabelara”) y la retama (“larreitsasa), que no se siegan y sirven de alimento para el ganado que se echa al monte, y en la Vasconia media, que sólo riega la lluvia, la denominada “broza” (San Martín de Unx, N.), que constituye el alimento del ganado menudo (lanar).

Ahora se va generalizando la estabulación. Esto requiere prados artificiales, que constituyen base fundamental en la economía rural, y su número ha aumentado considerablemente a partir del siglo XVIII, muchos de ellos creados como prados-manzanales, y a base de destruir arboledas, y roturar a mano helechales y brezales sobre tierras altas e inclinadas la mayor parte de las veces. En la parte oceánica y Pirineo se cultiva la yerba en prados acotados (“belardi”, “belai”, “soro”, “sorrua”, “belar-soro”, “belastegi”). Otros prados o terrenos llanos se labraban o preparaban para pastizales como los campos de maíz o trigo. Luego la semilla se echaba a voleo. Tras eliminar la vegetación natural y roturado el terreno, se abonaba a continuación con cal y estiércol, y durante aquél año y al siguiente se tenía como patatal antes de sembrar la hierba de pasto. El terreno para pasto artificial recibe en la Navarra oceánica y pirenaica el nombre de “feneral”.

En estos prados artificiales se siembra alfalfa (“luzerna”, “alfafie”) o mielga (“argibelar”); esparceta o pirigallo; trébol (“trefle”, “ferrua”), que se siembra por primavera o agosto siguiendo las mismas operaciones que al sembrar el maíz; alholva (“allubre”, “allurbia” o “rica”), que en el área septentrional se sembraba a voleo en septiembre-octubre y se cortaba en abril-mayo, mientras que en la Llanada alavesa la temprana se sembraba entre noviembre y febrero; y otros forrajes como el maíz forrajero, que va en aumento; el yero o algarroba; el nabo; la zanahoria; la remolacha forrajera para alimento de los cerdos; y habas que se da al ganado revueltas con paja. En Amorebieta (B.) se usaban como forraje para el ganado remolacha, nabo y alhelíes amarillos (éstos últimos en la posguerra), la alfalfa se daba bien en esta población pues una vez sembrada crecía durante ocho o diez años. En este mismo enclave se sembraba el trébol silvestre (“frantzesa”), entre el maíz, pero duraba poco tiempo y daba para pocos cortes, por lo que los caseros la dejaron de sembrar.

Hierbas

Abono, cultivo, siega, transporte, almacenamiento y conservación

Los herbales se abonan intensamente entre enero y febrero o poco antes, y después de los cortes grandes, realizados a mano, con la basura de los establos o con nitrato [2].

Advertía Vicario de la Peña a los agricultores del pasado que la operación de abonado de los prados debía hacerse con sumo cuidado “pues al abonarlos con estiércol de cuadra lleva éste las semillas del país que se dan con más facilidad y matan la alfalfa y el trébol” [3].

En los prados de Sara (I.) se esparcía el abono por diciembre, pero esta operación se aplazaba hasta fines de marzo o hasta abril, cuando se deseaba que los rebaños paciesen en tales campos durante el invierno. Con el abono preciso se logran dos o tres cortes al año, dependiendo de la latitud, por ejemplo en Abecia (A.) se hacen dos en primavera y uno a finales de verano o principios del otoño; en Bernedo (A.), no se dejaba de segar entre mayo y octubre; en el valle de Roncal (N.), los segaban entre julio y primera quincena de agosto; en Uhart-Mixe (I.)  un primer corte en junio o “belar” y un segundo en agosto-septiembre o “sohu”; en Sara (I.) al primer corte se denomina “belarra” y al segundo “urrisoroa”, mientras que a la yerba que crece después y se destina a pasto para el ganado (vacas y ovejas) llaman “mutur-bazka”.

Segada la hierba (“belarra”) en franjas, se reúne en pequeños montones, que en Sartaguda (N.) llamaban de diversas formas: “sierras”, “ríos”, “lombros” y “caballones” para definir distintos tipos de hilera, y se dejaba secar en el campo unos días, revolviéndola con la horca para que se secara bien de todos los lados. Así no fermentaba.

El instrumento utilizado para la siega es la guadaña (“sega” en I.) [4], no solo utilizada para cortar la hierba sino también helechos y árgomas. En esto de segar pueden observarse varios cambios y variaciones: la “sega”, usada más comúnmente, era la que tenía un mango (“kiderra”) para asir; algunos, sin embargo, preferían un mango con manijas (“eskutillak”) aparejadas, hacia 1954 sustituidas por una sola, pero al parecer de peor resultado. En el Valle de Roncal (N.) la guadaña recibía los nombres de “dailu”, “daila” o “taia”. Segaba la hierba la misma familia y solo los grandes propietarios contrataban peones que gran parte de las veces eran las mismas cuadrillas de segadores de la mies. A partir de 1964, aproximadamente, se generalizaron las máquinas cortadoras de hierba de fabricación industrial, de tipo pequeño o medio.

Una vez segada la hierba, y ya seca, era recogida con un rastrillo largo (“arraztelu”) y se depositaba en la casa o la borda a través de un hueco que iba de la cuadra al pajar que estaba encima (“sabai”, “sabayao”), donde una vez introducida mediante bieldos de dos o tres dientes (“sardeak”; “fuxinak” en I.) se pisaba para que ocupara el menor espacio posible, y quedara garantizada su sequedad y aireación. Más tarde, para facilitar el trabajo, algunos agricultores pusieron poleas, mientras otros sacaron puertas a la fachada para poder trasladar directamente del carro (“orga” en I.) al pajar. Varios más veían peligro de incendio o de contaminación del aire al guardar el forraje en casa, por ello preferían hacer almiares al aire libre de hierba seca (“bedar siku-metak” en Gernikaldea, B.; “mandio” en Berastegi, G.).

Nuestros informantes de Carranza (B.) opinan que cuando se siega hierba verde para las vacas y se hace necesario amontonarla en el portal de la casa para ir suministrándosela en veces, siempre se corre el riesgo de que se caliente y que al echársela les ocasione desarreglos digestivos. Se afirma que es más probable que se caliente cuando la siega se hace con luna creciente que con menguante.

Durante el trabajo de secado de la hierba en el verano ocurre en ocasiones que es necesario recogerla precipitadamente porque amenaza tormenta o porque se aproxima la noche. En los tiempos en que la hierba seca se almacenaba a granel y no se enfardaba se solía guardar en el “sobrao” de la casa, esto es, en la tercera planta del caserío, que cumple las funciones de desván. Se decía que si la hierba no estaba suficientemente seca pero la luna era menguante se podía recoger y almacenar en el “sobrao” sin que se reviniese o humedeciese de nuevo; sin embargo si estaba en creciente se corría el riesgo de que se calentase, se reviniese y se encaneciese, enmoheciese, llenándose de polvo y estropeándose.

La siega de prados en declive –esto sucede en el monte Aldapa de Ezkurra (N.)- exige a los segadores atarse a un poste clavado en el suelo pues de otra manera no podrían mantenerse en equilibrio, dada su rapidísima vertiente. Este monte, escribe Julio Caro Baroja en 1944, está dividido en franjas estrechas y largas, casi desde la cumbre hasta la base, cada una de ellas propiedad de un vecino, al objeto de que todos trabajen en las mismas condiciones, y que no haya uno que disfrute de las partes más asequibles y fáciles de segar, mientras los otros trabajan en las peores [5].

Para transportar la hierba, se usaban las tabletas a caballo o en carro, y si se hacía individualmente, a hombros, se han usado arpilleras o telas gruesas (“manyiriak”), con una suerte de bastidor triangular (“kakola” o “arkera”), de unos 145 x 30 cm.  y un palo flexible que se sujeta a dicho bastidor, si son cantidades pequeñas, en la década de 1940 todavía se empleaban en Bera (N.). En Uhart-Mixe (I.) utilizaban para este tipo de transporte un aparato de madera llamado “leatxun” (en la localidad suletina  de Liginaga lo conocen como “iatzuiñak”). Constaba de una base formada por un armazón de dos varas paralelas (“giderrak”) unidas en sus extremos con dos traviesas. La carga de heno descansaba en este armazón. Sobre una de las traviesas antes mencionadas se encontraba fijado un pie derecho (“piketa”), provisto de orificios en los que se podía meter una clavija (“xiri”). Por su parte superior se introducía el extremo perforado de una vara plana (“aga”), ligeramente curva que abrazaba por arriba el haz de heno. La otra extremidad del “aga” caía encima de la otra traviesa a la que estaba fijada una cuerda. Una vez cargado el “leatxun” y comprimido el haz de heno mediante el “aga” y la cuerda, el que debía transportarlo lo colocaba sobre sus hombros de manera que las varas del armazón se apoyaran en ellos. Si la siega es grande, a principios de verano, se procede a la construcción de un almiar o varios, en el mismo campo generalmente. El almiar, bien sea de hierba seca o de helecho, recibe el nombre de “meta”. Antes de ello, y como se ha dicho, al segar la hierba se hace en franjas y queda en el campo durante algún espacio. Después se van reuniendo en pequeños almiares, y cuando ya está definitivamente seca, se hace el grande, con toda bien apelmazada. Si la “meta” se construye en llano, se pone previamente un palo largo que sirva de eje y luego tres o cuatro pequeños haciendo de base. Si se construye en declive, el armazón es algo más complicado, porque hay que tener en cuenta el agua, que, deslizándose por el terreno, podría deteriorar la base de la “meta” si ésta no estuviera algo elevada.

En Liginaga y Sara (I.), al montón de hierba que el segador corta de un golpe de guadaña lo llaman “naia”, “belhar-naia”. La hierba segada se seca al sol en el mismo herbal, y después se recoge en la granja. Las operaciones que se efectúan con la hierba, se designan así, respectivamente:

  • “Dallatu” y “pikatu”: segar, con guadaña o con máquina segadora. El segador va dejando detrás de sí en hilera la yerba segada; esta hilera o montón de yerba se llama “belar-maila”. El golpe de guadaña que el segador dirige sobre la yerba se denomina “besaira”.
  • “Naiak iaurri” y “mailak edatu”, extender la hierba alineada por la guadaña: es operación que se hace con un rastrillo a fin de que lo segado se seque. Hacia 1960 lo hacían con máquina en algunas casas.
  • “Itzuli” e “higitu”, darle vuelta o revolver lo ya esparcido, a fin de que se seque también por el otro lado; esto lo hicieron posteriormente algunos con máquina tirada por vacas.
  • “Bildu” y “bildu lerroka”, recoger en largos montones alineados (“lerro” es en Sara el nombre del primer montón alargado que se forma al recoger la hierba, ya seca), lo que también se hace con rastrillo.
  • “Mondoiltu” y “metatu”, apilar formando almiares (“meta ttikietan bildu” es amontonar en pequeños almiares y “meta aundietan bildu” amontonar en grandes almiares sirviéndose del bieldo o transportar el heno a casa); esto se hacía antiguamente con rastrillo o a mano; posteriormente con “altxarraztelu” o bieldo.
  • “Sabailat sartu”, meter la hierba en la granja, lo que se hacía por una “trampa” o ventana grande del desván. Para el transporte se empleaban carros tirados por yuntas de vacas o de bueyes (“orga” es el tipo de carro aconsejado para ello en I.) [6] o a hombros, en tal caso se forma un haz de heno (“haxia”) y se coloca sobre la “kakola”, el “bazkasayal” o “iatzuiña” [7], y en él es conducido.
  • Los montones de hierba que se hacen para su mejor conservación, se llaman “mondollak” y “belar-meta”. Se dice “belarmeta zirian iten da”: el almiar de heno se hace alrededor de un palo. El palo o poste (“ziri”) sirve de sostén. En la base hay un bastidor de palos sobre el cual se apoya la hierba. Para medir el heno la unidad de peso usual es el “kintal” (50 kg.). Es costumbre en Iparralde no segar la hierba silvestre sino que sirve de pasto al ganado que se echa al monte.  La siega  se hace con guadaña y el golpe que el segador dirige sobre la hierba se denomina “besaira”. La dispersión y agrupamiento del heno se hacen con rastrillo; la formación de almiares se hacía antaño con las manos y con bieldo más tarde. La siega actualmente con segadora mecánica.

El yero y la alholva se segaban por San Cristóbal (10 de julio) y se dejaban secar en la parcela antes de llevarlos a casa para alimentar a los bueyes. La alholva o “rica” (Abecia, A.) es el primer cultivo en sembrarse, normalmente en octubre. Se utiliza para alimentar a los bueyes en época de siembra, cuando tienen que desarrollar un trabajo duro. Se puede utilizar de diferentes maneras: seca y madura, o en verde, cuando ya tiene el grano. Si el ganado vacuno, poco antes de ser sacrificado, ha consumido alholva (“allorbie”) la carne suele tener un gusto desagradable, pero si esa alholva ha sido sembrada en cuarto menguante de la luna no le da ese gusto.

Al yero o algarroba lo tenían en el valle de Améscoa (N.) por un “pienso de mucha fuerza”. Se sembraba mucho yero y había que hacerlo en mengua, como todos los “mestos”. Se “guadañaba” antes que el trigo y era muy malo de trillar. A la paja llamaban “malcarra” y era un excelente pienso para las ovejas. Había que tener cuidado de que los cerdos no comieran mucho grano de yero crudo, porque se hinchaban y morían.

En cuanto a la arveja, que antiguamente se menciona en los libros de tazmías del valle de Améscoa como “arvejuela” (en realidad beza), de ella se daban en este valle dos clases, arveja redonda y arveja cuadrada. A la arveja llamaban “aiskol”. A principios del siglo XX aún se sembraba “arvejuela” pero en poca cantidad. Es una planta de ciclo corto que se desarrolla y madura en poco tiempo. Se sembraba “a pedrada” (a voleo), se segaba con guadaña y se trillaba para separar el grano de la paja. La paja servía, como la del yero, de pienso para las ovejas.

La esparceta o pipirigallo [8], que se siega en verde, la “pagacha” (trébol en Bernedo, A.) y las en Áraba conocidas como “menuncias” [9], en la Zona Media de Navarra como “menuceles» [10] o simplemente “prado” [11] en Aoiz (N.), recibían un corte entre junio y agosto. En Abecia (A.), sin  embargo, la esparceta podía recibir hasta tres cortes anuales. Se utilizaba la guadaña (“sega”; “aguadaña” en Apodaca, “dallo” en Berganzo, A.; “korañie” en Abadiño, B.) o la máquina segadora (“aguadañadora” en Cigoitia, A.; “bedarra ebeitteko makina” en Abadiño, B.), si la superficie era amplia, en tierras de no mucha pendiente. En el caso de los yeros y alholvas, en Berganzo (A.), si las plantas estaban tumbadas no había otro remedio que arrancarlas a mano. Después de segar la yerba, se procedía a esparcirla y voltearla con “horquillos” u “horquijas” (bieldo de cuatro puntas) a fin de que se secara: después se recogía con rastrillos (“eskubarak”) y bieldos (“sardak”) y apilaba en almiares (“belar metak”), en el mismo campo,  sobre una sencilla plataforma y en torno a un palo vertical, o se llevaba al henil del caserío (en Apodaca, A. se guardaba en el “salgategi” encima del “portegado”  de la casa) mediante sábanas a propósito (“manyiriak”) en carros o remolques. Era un trabajo duro e ingrato, pues a veces ocurría que no dejaba de llover y la hierba cortada se pudría en el prado y había que quemarla. La hierba fresca era destinada para el consumo inmediato de los rumiantes del caserío o se guardaba para comida de invierno, por los procedimientos descritos o en silos posteriormente, que primero fueron de obra y ahora son metálicos. Se creía que para mantener la salud del ganado era imprescindible que comieran algo fresco. A menudo lloviendo y con mucho frío iban los labradores al huerto a por nabos. Para protegerse de la lluvia se colocaban dos sacos en la cabeza, a modo de gorro y capa. Por Navidad se comenzaba a sacar los nabos, que se habían sembrado por la Virgen de Agosto (día 15), y duraban hasta marzo.

En el valle vizcaíno de Carranza se empleaba como forraje el “vallico” (“ballico” según el DRAE), una planta vivaz de la familia de las gramíneas, muy parecida a la cizaña, de la cual difiere en ser más baja y tener las espigas sin aristas, buena para pasto además de para formar céspedes. Cuando se recogían las patatas había piezas que «se echaban a vallico en vez de a nabos», es decir, se sembraban con vallico. Se obraba así porque esta gramínea proporciona más comida. Era condición abonarlo muy bien y al mes y medio o dos de haber realizado la siembra ya «se les podía dar la primera corta», es decir, ya se podían segar por primera vez antes de que cayeran las primeras heladas. Si se segaba pronto, de tal modo que diese tiempo a que creciesen nuevamente las plantas, el frío no las afectaba. En cambio, si helaba recién segado el “vallico” se chamuscaba y podía llegar a desaparecer. Se decía que se helaba por el corte.

Algunas piezas de “vallico” «daban tres cortas», es decir, ofrecían la posibilidad de hacer tres siegas: a últimos de febrero, primeros de marzo y finales del mes de mayo o a primeros de junio la última. A veces, en un intento por aprovechar la tierra al máximo, se iba segando por la cabecera «de punta a punta», esto es, se segaba la parte más alta de la pieza de un extremo al otro, y a la vez se iba abonando. Después de esparcir el abono se maquinaba o araba.  Se solía obrar así cuando interesaba que la planta echase semilla (“granilla”), a últimos de abril o primeros de mayo. Se les daba a los bueyes como pienso.

Viana (N.) ofrece un terreno muy propicio para el cultivo de plantas forrajeras, al disponer de secano y de regadío, con las que no solo ha atendido las necesidades internas de consumo sino que lo ha comercializado hacia el exterior, principalmente el País Vasco:

  • Alholva. Se cultivó mucho para forraje en seco y más en secano que en regadío, la consumían los ganados caballar y mular, pero no el vacuno, ya que daba mal gusto a la leche. Volteándola en verde con la tierra era un excelente abono  De la semilla se obtiene goma (fenogreco) útil en la fabricación de explosivos. En 1984 se dedicaron a este cultivo 10 Ha de secano.
  • Arvejana. Se cultivaba normalmente en secano, y en verde servía como forraje para toda clase de ganados. En seco se trituraba en harina para pienso. Se cultiva muy poco por la mucha mano de obra que requiere.
  • Alfalfa. Siempre se sembraba en regadío y le daban  hasta cuatro cortes, el último se destinaba para recoger la simiente, por cierto muy bien pagada. Servía en verde para la alimentación de toda clase de ganado, incluso para cerdos. La cortaban  con la dalla o guadaña, después  con cosechadora que incluso enfarda.  En 1984 se cultivaba en 70 Ha de secano y en 100 de regadío [12].
  • Esparceta. Antes se cultivó algo.
  • Guisante. Cultivado como planta forrajera para el ganado se solía sembrar con algo de avena o cebada, que servían de “caña” para enredarse la planta.
  • Mixtura. También llamado “mestos”, se llama al cultivo conjunto de la arvejana, yero y alholva.
  • Trébol. Muy poco y en regadío.
  • Veza. Se cultivó bastante para grano y forraje, y en la actualidad cuenta con ayudas PAC europeas para estimular su cultivo.
  • Yero. Es cultivo de secano y se consumía en verde y en grano por el ganado lanar, y en harina por el vacuno.

Desde hace unos años, mediados de la década 1980, los agricultores suelen prensar la hierba cubriéndola con plástico negro para preservarla de la luz, formando balas cilíndricas que garantizan el anaerobismo (privación de oxígeno). Es una especie de ensilado que favorece el proceso de conservación in situ basado en una fermentación del pasto que produce ácido láctico y una disminución del pH, lo que permite retener las cualidades nutritivas del pasto original mucho mejor que el henificado, pero precisa de maquinaria moderna costosa (empacadora) durante el proceso.

Por lo general, el casero, confiado en la abundante pluviosidad que hace crecer la hierba sin apenas cuidados, sólo se preocupaba del abonado con estiércol, sin introducir productos químicos ni nuevas variedades forrajeras que dieran mayor poder alimenticio y mayor rendimiento.

De las plantas mencionadas, hay varias leguminosas que merecen un apunte etnográfico. Aseguran en la Cuenca de Pamplona y pueblos de la Navarra media occidental que cuando cae el “aguazón” y comen la alfalfa las ovejas o yeguas se hinchan y “revientan”. En los valles pirenaicos utilizan su cocimiento cuando se produce deshidratación en los animales y en la Ribera occidental navarra lo recomiendan para aumentar la memoria [13]. La alholva es escasamente conocida en Iparralde, aunque se trate de un excelente forraje, pero es muy discutido por el perfume que comunica tanto a la carne del vacuno como a su leche, aunque dicen que el olor característico de la planta desaparece de la carne si el animal destinado a la venta de carne deja de ser alimentado con ella 8 ó 10 días antes de su sacrificio. Especialistas en el tema aconsejan sustituir este forraje por maíz, trébol encarnado  (“pagotxa”), el violeta (“frantzes-belarra”) o el híbrido; asimismo son de considerar la esparceta común y la almorta, leguminosas vivaces que crecen espontáneamente en los prados, o la veza tanto común (“txirta”) como vellosa. De ellas, la esparceta es un forraje (“salgue” en Apodaca, A.) de gran poder alimenticio para el ganado. Se siega por mayo o junio, es planta de un solo corte anual. Una pieza sembrada dura muchos años, aunque son escasas las piezas de esparceta en toda la zona por su escasa rentabilidad. Se almacena en fardos.

Se ha constatado que en Navarra, en 1926, se cultivaban plantas forrajeras para alimento del ganado, tales como el nabo (“arbia”, “arbi”), el yero (también denominado arveja y algarroba, “etxillarra” en Sara, I.), que se consume en verde o su grano seco tras trillarse la planta; la remolacha forrajera (“txerri arbi”, “prantze arbi”); la veza o alverjana; y la almorta, con claro predominio de las tres primeras [14]. Es el fruto del algarrobo, que es una vaina azucarada y comestible, de color castaño por fuera y amarillenta por dentro, con semillas muy duras, astringente y alimento energético (que llegaron a comer los voluntarios hambrientos en la guerra civil); y el yero, llamado “girón” en la zona sur de la montaña en Navarra,  muy resistente a la sequía, con buen contenido nutritivo para los animales rumiantes, aunque mortal para los cerdos si después de comerlo beben agua. Si las personas lo ingerían se creía que producía idiotismo.

Una planta herbácea, usada para forraje del ganado y producción de aceite, que se extiende por Navarra a partir del la década de 1980 es la colza, que aviva los campos con el color amarillo de sus flores. Se adapta a la mayoría de los suelos, incluyendo las tierras ligeras. Las variedades de invierno se siembran desde el 20 de septiembre al 20 de octubre; las de primavera, según el frío y la pluviometría de la zona, en febrero o en la primera quincena de mayo. Tiene unas necesidades elevadas de nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio y azufre) pero las restituciones al suelo, una vez cosechada, también son elevadas. Su recolección es entre finales de junio y julio y se efectúa mecánicamente, con las mismas cosechadoras de cereal. Las producciones son mayores en la zona de la Baja Montaña y Zona Media que en las zonas intermedia y semi-árida, al ser más húmedas: valles de Elorz y Valdorba, aunque se ha extendido a Tierra Estella, Cuenca de Pamplona y llega a la Ribera (Villafranca).

El helecho y la hojarasca

Análogos a los de la corta de hierba son los trabajos que producía la anual y mucho más penosa de la siega (“iratzepikatzea” en Sara, I.) del helecho (“garo” en partes de Gipuzkoa; “iaztia” en Liginaga, I.; “iratze” o “iratzia” más comúnmente), planta que crece espontáneamente en las alturas y allá donde antes ha habido bosques. Propiamente no se empleaba como alimento del ganado sino para hacerle con él su cama (“aspia” en Sara, I.) en la cuadra, una vez seco, y reutilizarlo después, mezclado con sus excrementos, como abono natural (“gorotza”, “iaurki”), por lo que resulta planta de primera utilidad, aún dado su carácter silvestre. No obstante se recurría a él como alimento sustitutivo del ganado en los años secos, de escasez de pasto [15]. El helechal o pieza de helecho se denomina “iaztorra” en Liginaga (I.) y “ialekua” en Sara (I.), población donde por “larrekia” se entiende el terreno cercado o amojonado donde se recogen helecho y árgoma. Muchas casas lo tienen en propiedad y otras lo arriendan al municipio, que los tienen como propiedad comunal.

Históricamente ha sido tan apetecible su aprovechamiento que su recolección estaba regulada en el Derecho Foral y las Leyes de Cortes en Navarra, con el fin de evitar conflictos vecinales. Antiguamente cada casa tenida asignado su helechal en el monte, y en las escrituras se determinaban sus límites, no obstante lo cual se producían conflictos la roturar los helechales para transformarlos en prados y tener necesidad de otros nuevos, llegando a apropiarse de los de otros vecinos que no los utilizaban. Desaparecido en gran parte el ganado y sometido a un sistema de estabulación moderno el existente, el helechal va siendo sustituido por pastos de siega o de grano. El helecho se corta una vez que empieza a enrojecer en otoño –en las ordenanzas del valle de Baztán se prohíbe hacerlo antes del 1 de septiembre- y la corta (“garopathia”, “garopaitha”) constituye en algunos pueblos verdadero acontecimiento colectivo, al que se dedica la familia por completo durante todo el día: también se efectúa con guadaña, aunque ésta suele sufrir por la resistencia del tallo y la presencia de piedras,  y una vez cortado se coloca en almiares (“idi-metak”, “iratzmetak”) como la hierba. Su siega era uno de los trabajos más duros debido en gran medida a los instrumentos primitivos que se utilizaban para su corta, hasta aproximadamente 1915 un hacha (“segur”) pequeña con mango en ángulo (también llamada “iguithia”) y como complemento un gancho o garabato de madera para descubrir la rama antes del golpe. Después vino la guadaña o sega” con hoja mayor que la de cortar hierba a cuyo mango se sujetaban una o dos varas o palos para favorecer la caída de la planta cortada. Se afilaba con un martillo y un hierro a modo de yunque (“txinguria”).

Al principio del otoño efectuaban los vecinos de Sara (I.) la siega del helecho, según informa José Miguel de Barandiarán en 1965. “Iratzepikatzea” es el nombre de esta operación. Muchas casas poseen “ialeku” (campo de helecho) de su propiedad y otras lo tienen en terrenos comunales tomados en arriendo mediante pago de cierta cuota anual. El helecho tiene aquí mucha importancia por ser hoy el elemento más importante del lecho, “aspia”, del ganado.

La ringlera de helecho que el segador deja detrás de sí, según va trabajando en una misma dirección, se llama en Sara “iratze-maila”, hilera de helecho. De trecho en trecho apila con su guadaña lo ya segado, formando así pequeños haces llamados “iratzefala”. O dejando la ringlera entera apoyada sobre los helechos aún no segados del lado izquierdo, siega éstos al retornar en dirección opuesta, formando de dos ringleras una. Esta se denomina “iratzelerroa”, de la que también se hacen pequeños montones o “iratzefalas” cuando el helecho se haya secado. Más tarde el helecho es transportado de allí en carros o en trineos para apilarlos en grandes almiares, “iratze-meta”, cerca del domicilio de su dueño. O es apilado en el mismo sitio, para ser transportado a casa en el momento en que se necesita o cuando el dueño se halle menos agobiado por otros trabajos.

En Sara y Liginaga (I.), además del helecho como cama para el ganado y base del abono que se esparcirá en los campos de cultivo, está el árgoma (“otia”, “ota”), más utilizada antaño, que se segaba con guadaña para trasladarla al “iastor” y a los establos, y extenderla para su secado. En el próximo Uhart-Mixe (I.) se contrataba a trabajadores (“langileak”), hombres y mujeres, para esta labor.  Para alimento de las vacas sólo eran utilizados sus últimos retoños (“otexima”). El que los va a recoger se servía de una hoz para cortarlos, para lo cual empuñaba el instrumento con la mano derecha envuelta en un trozo de piel de oveja para su protección, mientras  con la otra empuñaba una horquilla de madera (“urtxil”) que sostenía la rama por debajo del retoño. Transportados a casa, eran desmenuzados en una artesa de madera llamada “otaska” mediante una cuchilla o pala de hierro cuyo nombre era “pikadera”. El árgoma desmenuzada se mezclaba con nabos y esta mezcla (“yoki”) se daba a las vacas.

El transporte del helecho y del árgoma nacidos en el monte se llevan al caserío mediante trineo (“liha”, “liña”) [16], dada la dificultad que ofrecen las pendientes para introducir el carro. El sistema de tiro es la yunta de bueyes o de vacas.

En diciembre y enero cuando se habían helado los helechos por el rigor del invierno, en Bernedo (A.) se segaban para hacer las camas de los “cortines” (pocilgas), mientras que solo se cogen para “chucarrar” o “chumarrar” (quemar el pelo y la piel) al “cocho” (cerdo) el día de la matanza.

En este mismo pueblo también recogían en el monte carros de hoja de roble para echar de cama en las cuadras al ganado. Como último remedio cogían hoja de haya que se pudría peor. Hoy se han sustituido por paja de cereal. Y para el invierno se recogían gavillas de “abarras” (ramas) con hoja de roble, chopo y mimbre para dar de comer a las ovejas y cabras. Se guardaban atadas en los pajares y corrales.

En Iparralde (Liginaga) también se recogía la hojarasca de los bosques (“ostua”) para cama de ovejas y vacas, pero esta práctica no estaba del todo arraigada en otros pueblos de la zona.

En pueblos alaveses como Bajauri, Obécuri y Laño alimentaban al ganado con hojas de árboles. En los meses de julio y setiembre se podaban los chopos, fresnos, olmos, robles y chaparros. Las ramas jóvenes que habían salido de la poda del año anterior, como de un metro de largas, las ponían a secar a la sombra, de pie contra la pared, cuando estaban oreadas las reunían en gavillas y las guardaban en las bordas. A este tipo de forraje se le llamaba “cortas”. Cuando el ganado se quedaba en casa, debido a las fuertes nevadas, se les ponían colgadas para que se alimentasen. El ganado comía las hojas dejando limpias las gavillas. Muchos chopos y carrascos viejos tienen las cicatrices de esas podas.

Dentro del enfoque que busca aprovechar todos los recursos disponibles, se halla la costumbre de alimentar a los animales de casa con los desperdicios sobrantes. Así, en Abadiño (B.) se daba a comer al ganado las mazorcas de maíz defectuosas, con poco grano (“txorokil”) y aún estando verdes se les da como alimento. A las vacas se les daba triturado en la máquina que se tenía en casa (“artue birrintzeko makinie”)  y a las gallinas entero.

Imagen de la portada: Paisaje típico de la Navarra oceánica con helechal y pradera con una meta en su espacio interior (Fuente: Mapa de vegetación potencial de Navarra 1: 25.000, cf navarra.es)

Notas

[1] Si, por el contrario, está  amojonado y cercado recibe el nombre de “sorhua”. Si, además de estas condiciones, tiene arbolado, recibe el nombre de “barrendegia”.

[2] Cada tres o cuatro años se solía echar al prado también cal, cosa que en la década de 1960 ya se solía hacer menos. La máquina cortadora de hierba de producción industrial se fue afirmando hacia 1965.

[3] VICARIO DE LA PEÑA, Nicolás. Noble y leal valle de Carranza. [Bilbao], Junta de Cultura de Vizcaya, 1975 [1935], pág. 166.

[4] En Iparralde (Dohozti, Liginaga …) las partes de la guadaña reciben los siguientes nombres: su hoja se llama “ahua”; el mango “gidarra”; el asidero de la mano derecha “manllua” y el de la izquierda “eskutokia”. La  gauadaña se aguza con piedra afiladera de forma alargada denominada “xorrotxarri”, “dallarri” o “eskuarri”. La vaina en que se guarda recibe el nombre de “xitxu” o también “kopa”. Suele ser de palo de aliso o de nogal, fabricada en el pueblo. La misma vaina sirve también de depósito de agua para mojar en ella la piedra de afilar, cuando se va a proceder a aguzar la guadaña. El corte o filo se adelgaza martilleándolo sobre un pequeño yunque (“inkude”) de hierro, operación que recibe el nombre de “pikatzen”. Del mismo modo se aguja la hoz o “ihitai”.

[5] CARO BAROJA, Julio. La vida rural en Vera de Bidasoa. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1944, págs. 60-61.

[6] Es una carreta larga de madera. Excepto el eje y las llantas de las ruedas y una parte del dispositivo del freno que son de hierro. Tiene dos ruedas (“errota”) con radios que giran alrededor de un eje (“organnaxa”), fijo. Otras partes de la carreta son: “olzu” u “orgenalzu”, que es el estribo del carro; “timoi” o varal; “errotasapel” o guardabarros, que cubren cada una de las dos ruedas; “laatz” o armazón de madera vertical o inclinada hacia delante, fijado delante del estribo de la carreta; el “orgatorni” o torno de mano de madera situado en la parte trasera de la caja del carro; “arrasti” o freno que se maniobra con la ayuda de una manivela de hierro fijada en el extremo del varal (a veces en la parte trasera de la carreta) y que se aplica a cada una de las ruedas por medio de tacos de madera llamados “espalakoiak”; “atei” o clavija de hierro que atraviesa el extremo del varal con el fin de que este último articule con el yugo; “aker” o trozo de madera fijado al varal detrás del “atei” o clavija que sirve de pie a los varales cuando éstos no son enganchados al yugo; “orgetxe” o caja de madera enganchada al estribo del carro y que sirve para el transporte de ciertos productos como maíz y otros granos, así como de las novillas o cerdos que son llevados al mercado. Las carretas son tiradas por vacas o bueyes uncidos al yugo.

[7] Nombre de un aparato de madera que sirve para conducir al hombro la hierba. Bastidor de palos provisto de una cuerda con la que se sujeta a aquél la carga de hierba.

[8] Uno de los pastos que consideraban más gustosos y alimenticios que mezclaban con simiente de trébol, ambos hoy en proceso de recuperación por un ganadero de Úriz (Arce, N.).

[9] Semillas de poco precio, entre ellas el yero, la alholva, la arveja, el centeno etc. Véanse LÓPEZ DE GUEREÑU GALARRAGA, Gerardo.Voces alavesas. Bilbao, Euskaltzaindia, 1998 (2ª ed.), págs. 116 y 195 . Este autor recoge la palabra “comuña” como pan de “menucia”, es decir, el que se realiza con ellas; y RUIZ DE EGUINO, Kepa (ed.) “Voces y palabras antiguas de Agurain”, en Salvatierra-Agurain, 2011. URL: http://www.salvatierra-agurain.es/voces-y-palabras-aguraindarras

[10] Plantas y legumbres que se siembran en la hoja blanca del barbecho, es decir, en el año en que descansan las tierras de labor: girón o yero, aiscol o arveja/almorta, guisón o arvejuela y la veza o beza.

[11] Paja, hierba, avenilla, veza, gerón (o girón) y alholva.

[12] La tendencia al cultivo de esta planta forrajera en el Valle del Ebro ha ido incrementándose desde 2012 debido a su gran calidad asegurada por la climatología (alto nivel de evapotranspiración gracias al sol), regadíos crecientes y suelos calizos, lo cual, pese a la rotación exigida cada cinco años con otras plantas, está permitiendo exportarla en seco a países árabes, del Mediterráneo, a Francia y, sobre todo, a China.

[13] FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, Margarita. “Alfalfa”. Gran Enciclopedia Navarra. Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1990. Tom I, pág. 219.

[14] URABAYEN, Leoncio. Geografía de Navarra. Pamplona, Ed. Emilio García Enciso, 1931, pág. 150-151.

[15] ARIZKUN CELA, Alejandro, Economía y sociedad en un Valle pirenaico del Antiguo Régimen. Baztán 1600-1841, Pamplona: Gobierno de Navarra, 1988, pág. 207-

[16] Cuando está formado por una gruesa rama de árbol ahorquillada, entre cuyos brazos van atravesadas otras ramas, se llama “sagarta” (Liginaga, I.).